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Turismo. Las Palmas de Gran Canaria

Por Ángeles Arencibia

SURF ‘AFTERWORK’ Las Palmas de Gran Canaria presume de su título de surf city, de sus olas, de su clima y de la distancia, o más bien, de la no distancia. Más de 30 spots se distribuyen a lo largo del litoral de la ciudad y están tan a mano que aquí es posible coger olas como quien va al gimnasio al salir de trabajar. mantiene la misma pasión. Conoce los siete mares y sus olas, y desde la experiencia afirma: “Esta ciudad tiene un encanto que no tienen otras: la playa está pegada y esto es un privilegio”. En otros sitios es impensable por las distancias, señala, pero aquí es normal madrugar para surfear antes del trabajo y volver al mar al terminar la jornada.

El surf llegó a Las Canteras –la playa principal y esencial de Las Palmas de Gran Canaria– con el aluvión de novedades de los sesenta. Entonces unos guiris (extranjeros) –explica Tino Armas, de www. miplayadelascanteras.com– plantaron la semilla de un deporte que hoy impregna la ciudad. Vino de fuera y se aclimató. Aquí el neopreno es el “chaque” por jacket; la cera que se pone a la tabla es el “guas” por wax; y la maniobra cutback, “el cambao”.

Algo así como el afterwork de los bares, pero con olas. Las Palmas de Gran Canaria –surf city desde 2013– dispone de más de 30 spots (incluida la famosa ola de El Confital) y siete escuelas, entre otros servicios, amén de un clima que no sabe de frío.

Hay surferos y surferas en el agua, también descalzos por el paseo de Las Canteras, en bici o en guagua -

De aquí es Luis Díaz, que en 2016 dio el pipanazo al convertirse en el primer español en ganar el Vans Open of Surfing Junior de EE. UU. y ahora compite en el circuito mundial. Y la jovencísima Lucía Machado, una figura que destaca en el panorama nacional. En diciembre la ciudad acoge el Open LPA Surf City, última competición del circuito español.

Hay surferos y surferas en el agua, también descalzos por el paseo de Las Canteras, en bici o en guagua. Se les reconoce por la tabla que llevan amorosamente, el moreno, el pelo decolorado por el sol y ese aire entre místico y despreocupado de quien se sabe tribu aparte.

Pero el surf es mucho más que un deporte: es una forma de vida, una sensación espiritual, algo parecido al yoga o, en palabras de una joven surfera, nada más que pura desconexión.

Juan Carlos García el Inglés pertenece a la segunda hornada de surferos canarios. Empezó con “una tablita de madera a los siete años” y hoy, a los 59,

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