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Destino internacional. Madeira. Museo Cardina

Por Laura Pérez Yanes Fotografías por Rocío Eslava

PORTO SANTO EN UN MOLINO Apenas 15 minutos en avión separan a la isla de Madeira del pequeño refugio dorado de Porto Santo. Conocida por su extensa playa de aguas color turquesa, esta porción de tierra de poco más de 40 kilómetros cuadrados alberga una construcción muy peculiar: un molino que contiene la memoria de la isla en numerosos utensilios empleados por los portosantenses en tiempos de duro trabajo e ingenio. La memoria de Porto Santo permanecía dispersa en los recuerdos individuales de sus habitantes y en multitud de fragmentos de enseres y herramientas hasta que la pasión y el empeño de uno de sus vecinos transformaron esos pedacitos de historia en un proyecto muy peculiar: el Museo Cardina. Levantado sobre una planta octogonal, simulando la de los antiguos molinos de la isla, este museo, ideado y construido por Jose Cardina en la aldea de Camacha, alberga una maravillosa y singular colección de utensilios empleados por los portosantenses en

décadas y siglos pasados como método, casi desesperado, de supervivencia. La planta octogonal divide el museo en ocho secciones que convergen, en el centro de la sala, en un gran molino construido por su fundador. En el pasado, hasta un total de 41 molinos salpicaban el paisaje de Porto Santo y, precisamente, la pieza más antigua del Museo Cardina pertenecía a uno de ellos. Se trata de una gran rueda de piedra de 300 años de vida que hoy se expone en la blanca pared como símbolo de años de extenuante sacrificio e ingenio.

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