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Destino nacional. Mallorca. Faros

Dice Manuel Rivas que “los faros son seres vivos. Más que formar parte del paisaje lo crean”. Y es que existen pocos elementos arquitectónicos que ofrezcan más misticismo que esas figuras aupadas en escarpados lugares, casi inaccesibles, con la promesa de un hogar próximo mientras sufren las más duras inclemencias del mar. Precisamente por esto, se convierten en bellísimo lugar de peregrinaje, especialmente en aquellos territorios en los que el mar se inmiscuye como protagonista en la historia de los paisajes que rodea.

Fue en el siglo XIV cuando empezó a funcionar el que es conocido como el segundo faro más antiguo de España y el tercero del mundo: el de Portopí Mallorca es sin duda uno de esos lugares, no solo por su condición de isla. Su conexión con el Mediterráneo puede palparse en cada rincón y sus faros contribuyen a moldear un horizonte al que han servido desde que fueron construidos. Fue en el siglo XIV cuando empezó a funcionar el que es conocido como el segundo faro más antiguo de España y el tercero del mundo: el de Portopí. Situado en el barrio homónimo de la capital mallorquina, este no fue su primer emplazamiento. El original se encontraba donde hoy se levanta el castillo de San Carlos, pero el retumbar de los disparos de los cañones rompía los cristales de la linterna del faro. Ante este problema, se decidió su traslado a su ubicación actual, donde domina el perfil del puerto natural de Palma de Mallorca con sus casi 40 metros de altura. A menos de 40 kilómetros de este emblemático faro y cerrando la bahía de

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