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Blanca Sarasua Oficio de ola “Arriba, quieto y duro; indiferente, un cielo sin problemas.” Ángela Figuera

Esa ola levanta sus andamios. Es mía, y la detengo. Enhiesta me mira desde arriba inscrita en su belleza, contempla el mundo y un rato en las alturas le descubre su oficio de morir para el olvido. Sabe que es telonera de su propia impotencia. Luego dejo que siga su camino de sílabas sonoras. Y al final lo esperado. Su silencio.

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Momento para vivir “Hay que llevar el sol en la solapa. O al menos una estrella de bolsillo.” Ángela Figuera

La noche traspapela unos cuantos segundos mientras luce su insignia esta luna total, así que es el momento. Deja la ortografía de tus ojos domados para otra ocasión y mírame románico, sin ningún aderezo que oscurezca su luz. No mirarse es morir. (inéditos)

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Carmen Busmayor Pequeña albanesa del mundo A diario, cegada del olvido de sí misma entre alfabetos de arrugas, marrones pordioseros y fisuras que sólo hilvanan sus dedos de luz, en la ofrenda perenne de sus palmas para aliviar todo lo afilado o hecho pulso aterido, sin esperanza de la que colgarse. A diario, a diferencia del aire espeso, el que apenas arranca palomas a la tarde, sin un microbio en los sentimientos, como la misma luz, como su mirada más otros, con una estela de bienestar que apunta a los laberintos del abandono más una flota de estrellas navegantes por los ríos secos de la injusticia. A diario, desde el cielo sereno y afiebrado de la muerte. Entra. Salva. Mirífica.

He aquí la solicitud de esta amanecida y su familia al completo:

Let the spirit of Mother Teresa always be with us. (de Mapa de encuentros)

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(Homenaje a Ángela Figuera)

15 NO pregunta. No pregunta nunca. Ni siquiera con acento cuantitativo. No pregunta nunca. Rápidamente se inclina a esta parte donde me duelo. ¡Qué importa tanta noche con su violín de sombra! Ella no pregunta. Sencillamente me abre su corazón bello y sereno con sus rosas rojas para el abatimiento. Mi madre, acumulando arrugas. (de Inventario del silencio)

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Lorenzo Oliván Laboreo Hoy cultivo estas tierras para ver si en la azada que cae parto en dos la semilla. Cavando sobre todos estos restos quizás un templo encuentre. La cancela me dio la bienvenida chirriando y ahora tengo su óxido en mi espalda. No quiero ser trofeo frente al mundo, alzado en una mano vigorosa, si luego ha de morir quien me dio altura dejándome prendido a ese recuerdo. La flecha de avellano apunta a nadie en el cielo vacío, allá en lo hondo de un bosque sin edad. Lanchas de arena minuciosa se extienden en la playa y el mar de un lengüetazo se las bebe. Busco la mejor sombra en tanta sombra: el imán desvelado de una piel. Busco la palma que domó metales a golpe de martillo en una fragua, y vació montes de yeso y roca, hasta sacar al sol sus osamentas. Mi imagen aquí está, rota entre surcos. La lombriz fragmentada sólo aspira a cerrar su unidad en cada trozo. Con polvo en la mirada, laboreo, arqueólogo de nácares podridos; de clavos que olvidaron su soporte; de descascarilladas caracolas donde el aire no encuentra su espiral; de monedas, en fin, que sólo valen para pagar el viaje del barquero

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Rosa de los vientos No sé si este silencio es luminoso o cifra en sí toda la oscuridad, si es como el del primer día del mundo o como el día en que vendrá su fin si me cierra o me abre si me afirma o me niega si me dice o lo digo Extraña intersección ocupar justo el centro de tal encrucijada en la que soy quien soy y quien nunca pensé La rosa de los vientos ebria y quieta libre y presa a la vez de todos los contrarios

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María Victoria Reyzabal otra historia I no se acaba la noche que nos ciega con silencio mientras el acre sol desangra la luz de los colores acaso las mujeres dejen de ser madres e hijas se arranquen sus velos las esposas y se inmolen hartas de iniquidades milenios de vaciar su ser y de llenar el vientre con cardos y mariposas algunas enemigas quizá sobreviva la joven eva feliz en su nuevo paraíso de oasis con espejos señora de serpientes sin tentaciones sin nada prohibido sin caínes ni abeles sin frutales ponzoñosos compañera de un adán con todas las costillas en un edén doblemente humano menos absolutista y colérico hablante de otro lenguaje sin género encubridor así comenzará otra especie otra atlántida distinta entre las multiheliocéntricas galaxias asombradas cada cual tendrá su nombre propio sus vidriados balcones de aves sus collares de alianzas desnudas y aunque no todo resulte ideal y purísimo volverá la mañana a vestirse de encajes el astro cabalgará abovedado de poniente a levante cual antorcha de fuego portada por transparencias desde una matriz roja de fruto premitológico por la mente de eva desfilará la historia aquella superada y a punto de cerrarse en el libro infinito de la paciencia femenina II eva ha tenido tres hijas y envejece bajo la atenta mirada de un adán circunspecto 90


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la pareja se baña en los ríos sagrados la pareja se ama ante el devenir absoluto disfruta hace planes cósmicos organiza una fiesta en el ombligo del mundo una hija se casa otra se compromete sin ceder a esponsales la última vive sola precipitando verbos la primera es astrónoma la segunda doctora la tercera poeta los esposos comparten susurros infinitos eva cuida el jardín poda riega replanta abona es mujer de pragmática él recoge la mesa y asegura el tejado ambos dialogan con ceñudos arcángeles sobre salmos y sopas y misterios y danzas al alba han despertado los iniciales pares que se ciñen con ardores idénticos se sorben los poros primigenios se abrazan sobre azahares recién inaugurados se gozan bajo olivos sin precoces manzanas jadean circulares sus bocas neogramáticas pasarán muchos años y él la seguirá adorando como diosa del trigo desde toda su hombría de dios de las corrientes no se inventará el pecado para justificar la muerte no aparecerá la guerra ni ningún patriarcado pronto nacerán las nietas y llegarán los nietos se organizarán los pueblos se extenderá el mediodía más allá del océano y cuando arribe inédita la noche tendrá luna propicia sosiego por entre matorrales de alondras verdiazules pertinaz equidad con renovados pétalos licor de zarza llameante pero ésta es otra historia con rosáceo argumento

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Vidal de Nicolás Moreno Esta tierra A José Luis López de Lacalle, que era mi amigo y me lo mataron

La tierra esta que ocupas, tan extraña, fue la de mi niñez y ahora es ajena: La llenaron de mitos y de engaños los clérigos civiles que la están gobernando. Ay de los hombres libres, de las dulces mujeres que pensaron vivir en el laberinto; ay de los que soñaban que este mundo era infinito y era de todos. Esta tierra en que nací, que no era mía pues yo creía que era de todos, se ha vuelto amarga, y dura, y asesina, y ahora es de nadie, si no es de los que la han convertido en la patria del odio. La ría en que nací, el oscuro Nervión, lleva sangre en sus aguas; los montes que parían los ricos minerales son hoy rojas murallas, castillos militares que se alzan como puños de odio militante. En mi tierra cercada vivo como un exilio mi libertad borrada. Ya no soy ciudadano del mundo que soñara fraterno y solidario, abierto como un ramo de olorosos claveles. Una cárcel inmensa con centinelas de odio, un castillo con rejas donde está prohibido mirar el horizonte; una patria pequeña, llena de cicatrices, es ahora lo que tienes antes de que te mate algún torpe asesino. Portugalete, 10 de junio de 2002.

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Carta a ti Casi tus cartas como labios juntos al beso preparados. En los signos, la hermosa dimensión enamorada en papel volandero. Como labios el “te quiero, te quiero” repetido en respuesta a mis besos censurados. Todo el papel no basta en el intento de que vaya el amor empapelado, ni basta la tinta emborronada, ni una pluma soñando a cada lado. Tanto amor, impaciente en la escritura, tanta letra clavándome su dardo, tantas cartas llamándome a la reja, tanto amor en la tinta, enamorado... Así las cartas son, como tu nombre, dulcísimo panal multiplicado. Penal de Burgos, 8 de febrero de 1963 (De Alteridad, 2005)

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Anna Aguilar-Amat Sobre el hecho de amar y la escritura Homenaje a Ángela Figuera –Belleza cruel.

Ni siquiera la edad te libra de piropos, atrás el sueño de una vida simple. Tú sigues amasando el barro del perdón y el agradecimiento. Un alfarero, pareces, modelando cacharros que cuestan cinco años de trabajo (te has vuelto un artesano lento) al cabo de los cuáles se los van a llevar, dejándote el dinero y el vacío. Cántaros primigenios donde tus dedos presionan la esperanza. A veces una jarra se rompe antes de terminarla, y sin embargo, vuelves a comenzar tras dormir el fracaso, reanalizar la técnica. No la buscas, pero consideras posible que una pieza te lleve fuera de tu taller y te acerque a una fuente donde ver completado el ciclo del agua contenida. Que alguien beba, y después beber tú. Camina, junto al sueño, la rutina, y encuentras paz en ambas. De las repeticiones brotan ciertos refinamientos en los gestos, aunque algo va perdiéndose con la vida que pasa y tus obras resultan cada vez más desnudas, sin ornamentos propios de la ira. Dejaste ya de intentar comprender y pudiste por fin ser un poco feliz. Tú sigues modelando el barro del perdón y el agradecimiento. Perdón por la belleza. Gracias porque la expectativa menudea y desengendra el miedo.

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Julia Otxoa Asistiendo a la barbarie cotidiana Asistiendo a la barbarie cotidiana, el instante tiene la turbulenta inseguridad de lo inestable y amenazador. En mi inexperiencia del horror futuro, me reconforta pensar que también a mis antepasados les tocó vivir un tiempo semejante. En su recuerdo me fortalezco. La Historia como ser circular, el presente como resistencia poética en la repetición.

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Carlos Álvarez A Angela Figuera Aymerich, vencedora de arcángeles, serafines, querubines, tronos...

No te alcanzó el aroma de la rosa, desvanecida en el hedor de tanta podredumbre escondida en su fragancia como encontró tu verso, ni tus ojos con calma trasladaron los colores ingenuos del paisaje a tus entrañas, que advertían con lúcida dureza la contienda implacable de las cosas con las cosas, del verde con el fuego, del agua con la boca siempre seca, del hombre con el hombre: no el arcángel. Si catedral airosa te mostraban orgullosa de siglos, tanta muerte como alzarla costara al hombre pueblo te helaba el corazón. Si la hermosura de la Creación un torpe lazarillo pretendía elogiarte, la tristeza multiplicada en ella por lo inicuo; la despiadada mano del acaso que algunos llaman Dios; el sufrimiento con culpables de nombres y apellidos solemnes y honorables, tus palabras vestían de blasfemia que un impulso de humana y fraternal misericordia te ponía en los labios, madre nuestra que no estás en el cielo, sino viva y en el recuerdo humilde de cuantos aprendimos en tus libros, y al contacto sereno de tus años, que no es nuestro ese pan de cada día robado también hoy... los que aprendimos que, pues la máscara de la crueldad es bella, imperdonable para el dios colectivo que albergamos negarle será el hombro a la tarea de arrancarle el dolor a la simiente de la justicia libre y la paz justa, crueldad a la belleza, a tanto insulto... tanta belleza cruel, tanta belleza. Madrid, 21 de mayo de 1984

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Marifé Santiago Bolaños La orilla de las mujeres fértiles (Fragmento)

Soy la de las flores de papel en el pelo la que se adorna el cuello con dulzuras doradas la que el desierto acunó contra la piel de la lagartija que danza sobre mi piel. Soy la que no abre del todo los ojos porque los hombres lo prefieren así la que no sabe decir quiero porque los hombres lo prefieren así a la que las cosas pasan como pasa mi andar y mi vestido de arena del desierto. Soy a la que las mujeres aconsejan no quejarse no gritar para el daño sea menos para que pueda comer un plato de comida a cambio del daño si no grito dormir en una cama si no me quejo. Recorro el mercado. Es día de feria. Si me llaman atravieso el camino de las especias y de los sabores. Si me llaman me detengo: los ojos han de estar enterrados y el cuerpo ha de moverse como el de las lagartijas en la pared del mundo. Mi mundo empieza donde me llevan, sigue donde me dejan. La lengua que hablo ya no la entienden. Sin voz, me ajusto el vestido a la cintura para que el cuerpo crezca en la distancia. Me ajusto el vestido a las piernas y dejo que los pies dancen al andar.

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Carmen Bereciartua Lo escrito, escrito está La terre est couverte de gens qui ne mériten pas con leur parle. Voltaire

¿Queda algo por decir? Si pudiésemos leer hoy a Marco Aurelio o Petrarca, a Leopardi, Couperin, Spinoza o Brahms, y no ver distorsionada nuestra imagen en sus páginas... Más allá del tedio de lugares comunes y palabras envilecidas, de los intrusos de la palabra con suspenso en dialéctica; a pesar de solemnes palabras –actionis vicarii– sacralizadas por imperios de variopintas máscaras (con sus coros y coristas), siempre queda algo por decir: Balbuceos de palabras entre sombras por temor a la luz que hiere y evidencia podredumbre: estupidez laureada, manipulada la historia; la grandeza, ignorada. Palabras que encallan en arenas o en ciénagas, y palabras que navegan libres sobre una corchea de El Mar de Debussy en busca de aguas –y tempestades– nuevas. Descifrar la piedra milenaria, leer en la naturaleza, reorganizar el mundo desde dentro con palabras. Loquor aut silere? No sólo palabras; gestos capaces de torcer rumbos establecidos. Desde Las Puertas de nuestra Ítaca, un brindis con vino de Ismaro por las miradas oblicuas.

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Ramón García Mateos El sueño de las esferas Para el homenaje de la revista Zurgai a Ángela Figuera Aymerich

Pero mis versos nacen redondos como frutos, envueltos en la pulpa caliente de mi carne. Ángela Figuera

Se arrima el sueño a la entrada de las mezquitas y duerme un niño en el vientre trapezoidal de los rumiantes. La tarde acaricia el sexo de los adolescentes encelados mientras la fiebre asciende por muslos de mercurio. Una muchacha abre sus piernas ante el cuerno del lubricán. El profeta vigila las esferas oscilantes de las mujeres que pasean a sus hijos bajo el frescor de las alamedas. Cegad al profeta. Y que las manos recorran los húmedos rincones donde mana el deseo de las madres de arcilla. Cegad al profeta: que no contemple nunca los gemidos de dios.

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Pureza Canelo Si Ángela Figuera cantó la fuerza materna con desgarrada hondura, no sé si puede consolarle este poema que mando a Zurgai en recuerdo de la autora de “Toco la tierra”.

Versión de la sed Sombra busca acomodo en capas de la tierra donde habita el agua. Esta versión de la sed entra de sombra, madre mía, en la sombra. Somos reunión de sabernos materia prensada en noche, el agua transita paladar de hondura. Fuera de la sombra no pasa ya nada. Acaso fluye el silencio de nuestro patio en diciembre cuando el resplandor iba a tu almohada frente al limonero. De nuestra sombra hay otra plegada y más: amarte busca colocación entre capas de la tierra. Y sigue el agua. (De Dulce nadie, 2008)

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Amaia Iturbide Versículos del libro del barro femenino Las madres siempre florecen en la sombra: sus caminos imperceptibles se vislumbran como materia bruñida y forma fundida. Convierten el dolor del mundo en aliento humilde. Parir una palabra de barro y carne: yugo con la historia, abrazo duro. Las madres siempre dirigen la mirada hacia la otra orilla del río porque creen en la docilidad de los pasos y en el pacto con las laderas en los surcos y las hendiduras (hiedras yacientes). Tienen el laborar con lo dúctil como anuncio. Solamente el que se deja moldear por el barro sabe qué es la fuerza de la tierra y del corazón o cómo permanecer entre la entraña y el naufragio. Cuando el barro comienza a reverdecer: manos de niño. Esperanza mecida de miel, pan recién nacido: la arcilla al comienzo. Útero latiendo: la arcilla en el esfuerzo. Vibración en la oquedad: la arcilla al final. Voz de medianoche: piel de ciénaga. Huella más allá de la huella: fondo de ciénaga. Solamente el que se deja moldear por el barro sabe abrir zanjas y construir desembocaduras en la sonrisa. (Traducción de la autora)

Poema original Bertsetak lokatz emearen liburutik // Amak itzalean loratzen dira beti: / euren bide ikusezinak materia txartatu gisara / eta forma galdatu gisara antzeman daitezke. / Munduko mina hats apal bilakatzen dute. // Lohizko eta haragizko hitz batez erditzea: / historiarekiko uztarri, besarkada gogorra. // Amek ibaiaren beste ertzerantz begiratzen dute beti / urratsen otzantasunean eta / hegiekiko itunean sinesten dutelako / ildo eta arrakaletan (huntz etzanetan). / Malgua dena lantzea dute iragarpen. // Lohiaz moldatzen uzten denak baino ez daki / zer den lurraren eta bihotzaren indarra edota / nola iraun erraiaren eta naufragioaren artean. // Lohia berdatzen hasten denean: ume eskuak. / Eztizko itxaropen kulunkatua, ogi jaio berria: buztina hasieran. / Umontzia taupadaka: buztina eginahalean. / Kofagunean dardara: buztina amaieran. / Gauerdiko ahotsa: lupetz azala. / Aztarnaz haratagoko aztarna: lupetz hondoa. // Lohiaz moldatzen uzten denak baino ez daki / irribarrean zangak irekitzen eta bokaleak eraikitzen.

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Eloísa Otero Almanaque Cada día una mella en la corteza del árbol, cada día después del naufragio. R. C.

recoger ese papel tensar la cuerda poner en hora el reloj de arena el tiempo atento del cuidado el ojo avizor el tacto la delicadeza las atolondradas manos *** [no money, no shoes] un agujero en la suela del zapato y otro en el bolsillo del pantalón calcetín horadado nomás la planta en boja ella cose el tomate y su costura tal que aguja en esta ampolla *** recuerda aquella maldición tribal de los enfados de su abuela Diké: —¡que vestía se remiende!— y las palabras ‘coraje’ (¡y me entró un coraje...!) ‘mugre’, jamás hacerle a un canalla ‘rendibú’.

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Amalia Iglesias Serna Vencida por el Ángel Cuando el ángel pasaba amasando ceniza en sus alas de amianto se posaba el invierno. Porque cada vez hace menos tiempo que todos los seres tristes se asoman a sus ojos. El deshielo desnuda sus raíces pero nada recobra otro sentido. El ángel terrible traía las manos llenas de enjambres domesticadas con el humo de sus huesos. Estación terminal, abiertas puertas blancas, postigos a la nieve. Ya nadie sembraba en las linderas las grandes esperanzas. Y mujeres de arcilla amasaban rastrojos y madres de barro enmarcaban sus nombres. El ángel se adornaba con versos de poetas en tiempos de penuria y el canto y el aliento clamaban útero, horizonte, buscaban caminos de bosque y claros de bosque y sólo encontraban muerte en fuga con su presa, palabras perdidas, ciegas de sed y saciadas de sombra (Inédito)

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Gontzal Diez Con Blanca en un bar de negros Escuchamos hablar de tatuajes y de patrias. Reímos. Y pensamos que las patrias son como cajas de zapatos sin zapatos pero con muertos que dejan huella. Se nos mezclan los acentos en el vaso: vaso vacío como una caja de zapatos. Viajamos hacia ningún lugar sin movernos apenas de donde estamos. Brindamos por la vida - aquí sonríe blanquísima por el hermano Sol y la hermana Luna y toda la parentela de planetas. Brindamos por los astrofísicos los artificieros los guardacostas y la espesura. Salimos pensando en caballos de ajedrez.

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Hoy pienso en el Volga como quien piensa en un lugar conocido y triste. Pienso también en el azar y sus sables: las lágrimas salvaron las retinas de Miguel Strogoff. Lloro como un hombre, como una mujer y como un niño. Quizá como lloran algunos perros, aunque no he visto llorar a ninguno. Mientras, pienso en el Volga caudaloso.

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Sergio Oiarzabal Emigración del nocturno ANOCHE Y DORMÍAS ME ABANDONARON LOS OJOS dos silencios redondos, dos catalejos sin sueño, dos verdes llamas conclusas, para verte adormecer las horas cegadoras de tu piel musicada hasta la mañana que volvieron a mí, con lágrimas y tulipanes que recordaban la congénita torpeza de los viejos amantes, mientras yo tropezaba con sillas, con sombras, con gigantes, con soles, y con las sábanas que cubren los enseres de mi alma, hasta la mañana que volvieron a mí. Anoche y dormías se me fugaron las manos, dos ejércitos valientes, dos halcones sin dueño, dos grandes alas que arden, para en ti acariciarse, para derretir sus nidos de ceras en tu cuerpo que alberga los fuegos hasta la mañana que volvieron a mí, con grises guantes de lana semejantes a los abuelos que apenas duermen, mientras me era imposible aplaudir en el aniversario sexto de mis llagas solas, y todo era oscuridad en la casa que mi ser habita, hasta la mañana que volvieron a mí. Anoche y dormías volando escaparon mis labios, dos claveles juntos, una palabra en carne viva, dos arreboles perseguidos, para decirte, para besar tu boca de la misma piel que la de la manzana de Eva hasta la mañana que volvieron a mí, más huecos de suspiros que esos barcos que zarpan donde lloran pañuelos los que no arriban, mientras no podía dar los buenos días a las cosas que remolonas se despertaban, y todo era silencio en el corazón del tiempo que arroja el ancla en nuestras vidas hasta la mañana que volvieron a mí, suaves como el agua, resbaladizos como peces, fugaces como vides, hasta la mañana que esos, no ya, jamás volvieron siempre.

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Primeras nupcias (Gran Baile de Disfraces en el Salón de la Claustrofobia)

mañana he de hacer un examen de maleta que no se me olviden los calcetines de la gravedad ni dejar en la fresquera las cerillas de la encarnación el coro de la cirrosis cantará para Prometeo muy pronto el oleaje de la niebla desciende por los Viernes más altos basta un delfín para que no se pierda de nuevo la cosecha y mis rodillas se hunden en el placer como en el eco las uñas de las concubinas todo es una encantadora niña a los ojos de las celosías muerte aunque el tiempo dejase huérfana mi vida desde la metáfora primera no hay pez que no se ahogue en el cielo victoriano de Oscar Wilde no hay signo de interrogación no que no hinque su garfio en mi repleto corazón de abismos no hay brasa insomne no que mi voz no guarde entre sus paños vírgenes y jamás antes en la tierra como tú y yo pareciese siendo a salvo un ser mismo en el amado milagro de querernos

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Blanca Andreu Fábula de la fuente y el caballo A Diego Figuera Aymerich, en memoria de Ángela

Dicen que murió un caballo. Contaron que pasó como una sombra, que galopaba como noticia que va corriendo todos los días hasta la fuente-agua y sonidos blancos, jaurías blancas y galgo crepitartodos los días entre la nieve y en el deshielo, sobre la hierba de mayo, año tras año huía de los lobos ese caballo que ahora está muerto, atravesaba los bosques encendidos por la luna quien lo saludaba fríamente. Era castaño-acaso era una yeguaese caballo del que hablo. Nunca lo podré conocer. Me han dicho que pasó como una sombra que su vida no fue sino una sombra y sin embargo el caballo era luz. Era un caballo ateniense. En sus ojos brillaba el fuego de la verdad y la belleza, pero nadie lo conoció. Ese caballo que ahora viene vigilante hasta este poema con los ojos agrandados por el insomnio de la muerte, con la mirada de mi hermano y la sonrisa de fábula a veces miraba a los hombres, pero los hombres no sabían prestar atención a un caballo. Ni el sabio ni el indiferente se preocuparon de indagar. Y así el caballo pudo ir año tras año hasta la fuente aquella y dicen que se hicieron compañía durante los durísimos tiempos. No hablaban más que de sus cosas en un lenguaje desconocido, más misterioso que el sueco aquel caballo y aquella fuente. La fuente era una comadre de las que todavía quedan, vividora, aficionada a los chismes. El caballo era un caballero, no puede decirse otra cosa. Dicen que galopaba como noticia que va corriendo a propagar la prosperidad, como un mensaje del rojo del verano. Y nadie lo escuchó sino la fuente, nadie supo su signo ni su símbolo, nadie quiso saber sino la fuente de aquel caballo color hoja seca. 108


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En el interior de un verso sueco descansa de su soledad y ahora ha llegado a este poema antes del amanecer con grandes ojos semejantes a los de un antiguo profeta, con ojos que no se preguntan si fue Dios quien hizo la muerte, con grandes ojos elevados a la categoría de potencias. Sueño y sendero, sangre y oscuridad que suenan como campanadas. Hacia dónde vuelan. De su paso no queda vestigio alguno. Y el caballo-desde la noche-mira y aprueba no los ojos de la desapacible sino la última luz de una brizna de hierba. (De Elphistone)

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Javier Aguirre Ortiz Por más que sean negros los paraguas la sangre te lo dice: es primavera.

Si Primavera ya tu sangre mueve, si son sus olas ya tus amapolas, si suena el corazón en las corolas y llueve, llueve, llueve, llueve, llueve, si ya el beso del sol fundió la nieve, si de muertos adioses se abren holas, si hablan siempre del mar las caracolas y la yerba saluda el viento leve, no apagues esa luz que te enamora, no ciegues las ventanas de la vida, no temas a la llama que te llama, porque el único tiempo es el ahora, porque el amor es la única salida, porque aún arde la tarde mientras ama.

*

El aire viene y va, sin ver acaso las olas de la luz, la primavera. Por qué hemos de pasar sin ver siquiera la verdadera luz de un cielo raso. El aire va vibrando paso a paso. Nos azuza, nos vicia, nos quisiera dar la luz -otra vez-, de otra manera que no sea el acoso del ocaso. Pero no vemos nunca el aire. Vamos sin ver, hollando lunas ciegas. Olas, venid, cantad de nuevo amor. Cantamos. Y allá se van las olas y alas solas, la luz fulgiendo henchida cuando amamos, cuando mueren de amor las amapolas. 110


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Rafael Martínez Desde la otra orilla I Esto somos. El fruto de la guerra, poso del azar que permanece, restos de tragedia disueltos en el odio. Aluviones de lodo encenegaron el río. Una cicatriz abierta, cubierta de musgo atraviesa y turba nuestro cuerpo. Aislados ante el futuro, eludiendo su llamada, damos pasos profundos sobre el vacío. Rehuyendo el compromiso, abandonando a su suerte nuestra historia, atravesamos de olvido el precipicio, y en la orilla ignoramos la otra orilla. II Para vestir el miedo, con la sustancia del polvo incomprendido, nos bañamos desnudos. Desprovistos de fe recorremos la obsesión del agua clara. Aislada la memoria, el sentimiento inútil, el papel sin voces, desvalijando al corazón de pruebas, nos precipitamos a escribir otra canción. Sobre la capa de aceite que ahoga el agua vertemos lágrimas de tinta incandescente. Esto somos: Voces sin cuerpo, restos de qué, mera esperanza.

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Germán Echevarría Bilbao-song “Bills Ballhaus in Bilbao...” “Happy end” Kurt Weill

No estuvo Bertolt Brecht. Un marinero tuvo en Bilbao, aquí, un amor. En una noche fue. Una mujer. Su voz. Ninguna fue como aquella, Bill, el extranjero que no tuvo otro beso verdadero, que decía cambiaba su fortuna por aquel cabaret y aquella luna y una noche de amor perecedero. Bilbao...la vieja luna reflejada en la ría, desnuda madrugada que al Abra desemboca ya perdida. La canción de Kurt Weill. La voz quebrada -Bilbao-Berlín por la canción unidasde Ute Lemper de negro maquillada.

(Premio Certamen de sonetos “Plataforma 29 de junio”, en el apartado: Bilbao)

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Federico Bilbao —Con Blas— Soneto un ángel ata con cadenas y al pronto lo desata con belleza. No hay vuelo con más luz ni más certeza, que Blas pueda citarlo con más penas. Torsión aventa luz con alas plenas. Alcor que corta el aire con destreza. Nombrado el ser humano un duelo aveza. En búsqueda de amor arden sus venas. Cadena en un planeta se hace vida y llama con urgencia a su Dios vivo y un ángel hecho ascuas se aproxima. El hombre ve la luz por más herida. Prendido en soledad arde cautivo Con Blas se hace clamor. Ángel con rima.

(Premio Certamen de sonetos “Plataforma 29 de junio”, en el apartado: Blas de Otero)

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Fernando Zamora Al fondo siempre tú A Mari Carmen

Hoy, por imperativos de este viaje va mi vida por otras carreteras por ese itinerario de fronteras bajo mantos de niebla en el paisaje. Y aquí está tu recuerdo en mi equipaje porque yo sé que candida me esperas para vivir las otras primaveras que en nuestro calendario es homenaje. Un homenaje a nuestra intensa vida pero también la espera compartida que es ilusión de amar hasta la muerte. A ti y a mí otra vez ¡quién lo diría! nos ha vuelto a tocar la lotería de estar juntos por ganas y por suerte.

(Premio Certamen de sonetos “Plataforma 29 de junio”, en el apartado: Tema libre)

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Poemas (Revista Zurgai dic 2009)  

Poemas de distintos autores. Revista Zurgai, diciembre de 2009, especial Ángela Figuera.

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