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Antonio Jiménez Millán Clandestinidad (1974) Ha guardado la llave del desván que esconde un manifiesto con cubierta roja, los pasquines, la prensa clandestina. Ha salido a la calle. Extraño en su ciudad, ni un solo día deja de sentir los pasos que se acercan, los ojos que vigilan sin descanso. Ni en sueños lo abandonan. Al cabo de los años, ha vuelto a visitar aquella casa. El miedo sobrevive en la humedad de ese rincón umbrío, igual que algunas páginas borradas entre la ropa vieja.

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Niebla Sirenas de los barcos en el gris creciente de la niebla. Se oyen a lo lejos, atraviesan el aire hĂşmedo de noviembre mientras la nube avanza a ras de suelo, cubre los edificios y los parques extendiendo la sombra de un falso anochecer. Como el barco perdido entre la niebla se adentra la memoria en los dominios de un mar borrado, envĂ­a sus mensajes y pregunta por rostros que se fueron, por nombres confundidos en los mĂĄrgenes del tiempo y de la muerte. Y no sabe si inventa su pasado. (Del libro inĂŠdito Clandestinidad)

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Rafael-José Díaz Un poema de invierno Para Anxo Pastor

Los árboles de invierno, alineados en una y otra acera de una calle sin nombre: muros de una tumba abierta al aire que alguien recorre sin saberse ya nadie, confiado en sus pasos, en los ojos que bullen todavía en sus órbitas, en vagos sentimientos o sombras de deseos extintos, en recuerdos que asoman sus pálidos semblantes y regresan huidizos a la nada en que viven. Ningún viento los mueve, pero tiemblan de ausencia, esos árboles o muros de una tumba cavada a medida que cruzan los pasos esa calle de una ciudad irreal como las que en un sueño se recorren sin prisa, sin fatiga y sin rumbo. Esos árboles son como esqueletos, da en pensar quien camina reducido a sus huesos crujientes en el frío, para qué tanta carne si ya nadie la mira, si la vida ha quedado reducida a saludos de espectros en la niebla; esqueletos que tienden sus ramajes a unas manos que nada pueden ya acariciar. Un jadeo se escucha igual aquí que un grito y se escapa por huecos que no vemos entre árbol y árbol. Son palabras que nadie parece pronunciar, pero resuenan al tiempo que los pasos, como golpes de un cuerpo desplomado, secos golpes de huesos unos contra otros. Y los soplos de ausencia entre las ramas.

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Árboles inmóviles que no parecen vivos: acompañan los pasos y no ofrecen piedad alguna ni consuelo, y ni siquiera ternura o protección en la intemperie. El cuerpo, si acaso sigue siéndolo, avanza, retrocede, se detiene, va y viene junto al río del asfalto y ningún coche surca esas aguas de tinta, ninguna barca hay para transportarlo lejos, hacia donde nueva carne o nueva sangre broten para sus huesos secos. El cuerpo es el de un náufrago que flota un tiempo aún en el mar que lo sueña.

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Alfonso Pascal Ros A qué engañarme, son sólo invenciones A qué engañarme, son sólo invenciones lo de sentirme alguien, lo de verme por este esfuerzo mío por encima, aunque sea un momento, de la gente. Perdonen mi arrebato de soberbia, ganas de puerta grande y convencerse de que estos versos míos y estas cosas que uno piensa profundas, diferentes del resto del común de los mortales, se merecen la gloria que merecen. Que sirven a los hombres más que el pan aun poemas tan breves como este.

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Porque comprenderá usted si le digo Porque comprenderá usted si le digo que en las fotografías salgo solo, que cojeo de un brazo y siempre escribo con esta soledad codo con codo. Con este mismo abrigo y este traje visito a nadie y me reciben todos: Ahí fuera está otra vez el tipo ese hablando con su sombra, el medio cojo. Así comprenderá lo que le digo porque yo me hago cargo de su asombro por verme dibujar en este álbum nombres de nadie, aquel, sobre las fotos.

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Eva Hiernaux Certezas Incluso si no estás lo dudo * Dejar que crezca el fermento de las palabras sólo, sólo para llamarte. * en vez de vivir me he quedado mirando los trescientos sesenta grados de mi vida. * Habla la arcilla cerca del rostro, cuenta de ese hombre que creó, cuenta cómo lloraban sus ojos cuando salió de la tierra, con cuanto miedo sus manos se separaron del mineral abrazo, cómo tembló su figura al saberse solo. Sostiene sus pies el recuerdo de lo que fue. * A veces no sabes por qué surge la lágrima. Tú no lo sabes pero ella lo sabe, minúscula y discreta es toda sabiduría. * En mi pecho desnudo escrito un paisaje por venir

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Creo en la espina pero es el pétalo el que susurra a mi oído * caen los pájaros que el viento inventa dejan de ser signos en el aire para ser en la tierra semillas de sombra * barro para las manos, barro para los pies, para los ojos y el vientre, arcilla luminosa para la lengua, tierra apretada para la espalda, para las piernas. Secará el sol todo este limo perfecto y abrirá el surco de su sexo amable. Del polvo venimos y al polvo volvemos, dicen. sonríe, pues, cuando el cuerpo te pida tierra. * Hay un bosque sin adioses. Yo lo he visto. Siembran los árboles el deseo de la sombra. Suben alientos, espíritus de la tierra que dejan ecos en los laberintos de las cortezas y las hojas, donde los vientos se esconden y cambian de nombre. Yo lo he oído.

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Javier Aguirre Dicha Llevemos las palabras a la luz amanezcámoslas en la boca del día como la miel aquella de que hablabas cuando todo era nuevo pero la hierba mírala traslada sus labios hasta el horizonte se desprende quemándote dejándote en la voz un rescoldo de dicha de palabra encontrada en un abismo no serán funerales funéreos fulminantes es la yerba que brota que no escucha ni cede ante tanta catástrofe simplemente se limita a vivir como la luz como un hilo ascendente y rimando con ella hierba luz hierba luz hierba luz hierba luz y en la tierra la mano que te viera nacer una vez y otra vez

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Vuelta Y mรกs allรก de cuanto el sol propone la verdad reivindica su oleaje; no quiero hablar, no quiero ya otro traje mรกs que el que tu atrevida voz me pone; no hay sombra que en tu rostro no emocione, no hay para el mar ajeno maridaje, no hay detenida luz, y no hay lenguaje que en tempestuosa calma desentone: son las olas del tiempo emocionadas que rompen suavemente al aire puro, limpia revoluciรณn de las miradas, son la voz primeriza que en lo oscuro traza la forma que las alambradas arrumbarรก, cargada de futuro.

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María Victoria Reyzábal Dafne y todo este tiempo he transcurrido encerrada en el tronco del laurel resistiendo aguadas torrenciales acunando los embriones de las flores futuras sus siguientes frutos dulces con los poemas que les voy cantando y todo este tiempo he circulado por la savia invernal escondida como ausente haciéndome a un lado para que el escaso sol descuelgue su oro entre las ramas yertas desnuda bajo las nieves aguardando las abejas he mostrado mi predisposición deseando que alguien ose humanizar a esta dafne hija de gea amada y olvidada por apolo

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Antología de varios poetas  

Poemas de: Antonio Jiménez Millán, Rafael-José Díaz, Alfonso Pascal Ros, Eva Hiernaux, Javier Aguirre Ortiz y María Victoria Reyzabal

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