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10276 Biblioteca N acional de España

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Biblioteca N acional de EspaĂąa


MARTES DE CARNAVAL <**-' ESPERPENTOS POR DON RAMON DEL VALLE-INCLAN

LXV IÍ


Biblioteca N acional de EspaĂąa


M E M O R I A S D E L

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MARQUÉS DE BRADOMÍN ( S O N A T A S )

EDICION

NUMERADA

DE

i. i! j

CIEN

EJEMPLARES, SOBRE PA PEL REGISTRO, CON E L A U T O G R A F O D E L A U T O R CUATRO

EDITORIAL

V O L U M EN ES: 40 P E S E T A S

PUfiíO

ARENAL,

6

MADRIJJ

>


S E I S PESETAS


L LA LAMPARA MARAVILLOSA II. FLOR DE SANTIDAD III. TRAMOYA ROMANTICA

( en

prensa )

IV. RETABLO DE l a AVARICIA, Y LA MUERTE

la

LUJURIA

V. SONATA DE PRIMAVERA VI.

SONATA DE ESTIO

VIL SONATA DE OTOÑO VIII. IX. X.

SONATA DE INVIERNO CLAVES LIRICAS TABLADO DE MARIONETAS

XI.

JARDIN UMBRIO

XII.

CORTE DE AMOR

XIII.

CARA DE PLATA

XIV.

AGUILA DE BLASÓN

XV. XVI XVI] XVIII.

ROMANCE DE LOBOS TIRANO BANDERAS MARTES DE CARNAVAL DIVINAS PALABRAS

XIX. -LUCES DE BOHEMIA XX. XXI. XXII.

UN DÍA DE GUERRA

(en

prensa )

LA CORTE DE LOS MILAGROS VIVA MI DUEÑO

..


CARNAVAL ESPERPENTOS ® r

1930

i/ G L ,X V I l

-m .


MARTES DE CARNAVAL ’”»■ ESPERPENTOS


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


E S P E R P E N T O DE L A S G A L A S DE L D I F V N T OafriJfr»


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


DRAMATIS PERSONAS LA BRUJA DE LOS MANDADOS EN LA CASA LLANA & UNA DAIFA Y JUANITO VENTOLERA, PISTOLO REPATRIADO <a> UN GALOPIN MANCE= BO DE BOTICA <s> EL BOTICARIO DON SOSTE» NES GALINDO Y DOÑA TERITA LA BOTICARIA & TRES SOLDADOS DE RAYADILLO: PEDRO MA-

SIDE, FRANCO RICOTE Y EL BIZCO MALUEN* DA <s> UN SACRISTAN Y UN RAPISTA® LA MADRE CELESTINA Y LAS NIÑAS DEL PECADO

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Biblioteca Nacional de EspaĂąa


ESPERPENTO DESÍ L A S G A L A S DEL D I F V N T O ^ ^ ESCENA PRIMERA£1||^, A CASA D EL P E C A ­ DO, EN UN EN RE­ D O D E C A L L E JO ­ NESCERCA DEL M U E L L E V IE JO **’ P R IM A N O C H E . LU C E S D E LA M A ­ R IN A . C A N T O S R E C A F E T I N . G uiñ os d e las estrellas. P isa d a s d e zu ecos. B rilla la luna en las losas m o ja d as d e la a cera : T a p a d i­ llo d e la C arm elita n a : S a la b a ja con p a p el flo ­ rea d o : D o s pu ertas azules, en torn ad as sob re d o s a lco b a s: E n el fo n d o , las cam as ten didas con m ajas colch as portu gu esas: E n el r eflejo d el quinqué, la d a ifa pelin egra, con un lazo d eton an te en el m oño, cierra el so b re d e una carta: L u ce en la m ejilla el rizo d e un lunar. A la bruja qu e s e reco se el zan ca jo en el fo n d o mal alu m brado d e una escalerilla, hizo señ a


m ostran d o la carta. L a coim a m u erde la h ebra , y s e p ren d e la ag u ja en el p e c h o * LA BRUJA

¡Vamos a esc fin del mundo! ¡Si siquiera de tantas idas se sacase algún provecho!... LA DAIFA

La carta va puesta como para conmover una peña. LA BRUJA

¡Ay, qué viejo renegado! ¡Cuándo se lo lle­ vará Satan ás!... LA DAIFA

E s muy contraria mi suerte. LA BRUJA

¡Sí que lo es! ¡E l padre acaudalado y la hija arrastrada! LA DAIFA

¡Y tener que desearle la muerte para me­ jorar de conducta! LA BRUJA

¡Si te vieras con capitales, era el ponerte de ama y dorarte de monedas, que el negocio lo


puede! ¡Y no ser ingrata con una vida que te dio refugio en tu desgracia! LA DAIFA

¡No habrá una peste negra que se lo lleve! la b r u ja

Tú llámale por la muerte, que mucho puede el deseo, y más si lo acompañas encendién­ dole una vela a Patillas. LA DAIFA

¡Renegado pensamiento! ¡Dejémosle vivir, que al fin es mi padre! la b r u j a

Para ti ha sido un verdugo. LA DAIFA

¡Se le puso una venda de sangre conside­ rando la deshonra de sus canas! la b r u ja

Pudo cubrirla, si tanto no le representase aflojar la mosca, pero la avaricia se lo come. ¿Espero respuesta de la carta? LA DAIFA

Si te la da la tomas. Tienes que correr para uo hallar la puerta cerrada.


LA BRUJA

Volaré. <tm*LA B R U JA en caperu zó el m anto sob re las sien es y voló con vertida en corn eja. L a d a i­ fa d e la bata c eleste y el lazo escarlata sa le a la puerta h acien d o la jarra, y p erm an ece en el um bral m irando a la calle. P o r la otra acera, un sorch e repatriado, al qu e dicen ju an ito VentoleracMa> LA DAIFA

¡C h is!... ¡C his!... JUANITO VENTOLERA

¿Es para mí ese reclamo, paloma? LA DAIFA

¿No te gusto? JUANITO VENTOLERA

¡Un pasmo! ¿No me ve usted, niña, con las patas colgando? LA DAIFA

Pues atorníllate, pelmazo. JUANITO VENTOLERA

¿Quiere usted sacarme para fuera la llave de tuercas?


LA DAIFA

Ese timo es habanero. JUANITO VENTOLERA

¿Conoce usted aquel país? LA DAIFA

No lo conozco, pero tiene usted todo el ha­ blar de los repatriados. ¡La propia pinta! ¿No lo es usted? JUANITO VENTOLERA

No más hace que tres horas. A las seis to­ camos puerto. LA DAIFA

¿En qué Regimiento estaba usted? JUANITO VENTOLERA

Segunda Compañía de Lucena. LA DAIFA

¡Segunda de Lucena! ¿Y usted, por un ca­ sual, habrá conocido a un punto practicante que llamaban Aureliano Iglesias.^ JUANITO VENTOLERA

Buen punto estaba ése.


LA DAIFA

* ¿Le ha conocido usted, por un acaso? ¿No es una trola? ¿Le ha conocido? JtlANITO VENTOLERA

Bastante. Simpatizamos. LA DAIFA

E ra mi novio. Estábamos para casar. JUANITO VENTOLERA

Pues aquí tiene usted su consuelo. LA DAIFA

¿De verdad has conocido tú a Aureliano Iglesias? JUANITO VENTOLERA

Y tanta verdad. LA DAIFA

¿Sabes cómo murió? JUANITO VENTOLERA

Como un valiente. LA DAIFA

¡A los redaños que tenía, algunos mambises habrá tumbado!


Sg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

Jg

JUANITO VENTOLERA

Muchos no habrán sido... Siempre se tira de lejos. l a d a if a

Pero alguno doblaría. JUANITO VENTOLERA

Pudiera... LA DAIFA

¿Tú no crees?... JUANITO VENTOLERA

Allí solamente se busca el gasto de municio­ nes. E s una cochina vergüenza aquella guerra. El soldado, si supiese su obligación y no fuese un paria, debería tirar sobre sus jefes. LA DAIFA

Todos volvéis con la misma polka, pero ello es que os llevan y os traen como a borregos. Y si fueseis solos a pasar las penalidades, os estaría muy bien puesto. Pero las consecuen­ cias alcanzan a los más inocentes, y un hijo que hoy estaría criándose a mi lado, lo tengo en la Maternidad. E sta vida en que me ves, se


la debo a esa maldita guerra que no sabéis acabar. JUANITO VENTOLERA

Porque no se quiere. La guerra es un nego­ cio de los galones. E l soldado sólo sabe morir. LA DAIFA

¡Como el mío! ¿Oye, tú, le envolverían en la bandera? JUANITO VENTOLERA

N o era para tanto. ¡La bandera! Pues no dice nada la gachí. La bandera es la oreja. ¡Esos honores se quedan para los jefes ! LA DAIFA

¿Y por eso tenéis todos tan mala voluntad a los galones? JUANITO VENTOLERA

D e esas camamas, al soldado poco se le da. ¡No robaran ellos como roban en el rancho y en el haber!... LA DAIFA

Pues a tumbar galones. Pero todos lo dicen y ninguno lo hace.


JUANITO VENTOLERA

Alguno hay que lo hizo. LA DAIFA

¿Tú. por ventura? JUANITO VENTOLERA

O tro de mi cara. LA

d a if a

Mírame en este ojo. T ú te has aguantado las bofetadas igual que todos. ¿De verdad has conocido a Aureliano Iglesias? JUANITO VENTOLERA

¡De verdad! La

d a if a

¿Y le has visto caer propiamente? JUANITO VENTOLERA

Propiamente. La

d a if a

¿En el campo? JUANITO VENTOLERA

A mi lado, en la misma trinchera.


LA DAIFA

¿Con redaños? JUANITO VENTOLERA

Cuando no queda otro remedio, todo quis­ que saca los redaños. LA DAIFA

Se fué dejándome embarazada de cinco me­ ses. Pasado un poco más tiempo no pude te­ nerlo oculto, y al descubrirse, mi padre me echó al camino. Por donde también a mí me alcanza la guerra. ¿Tú de qué parte del mun­ do eres? JUANITO VENTOLERA

D e esta tierra. LA DAIFA

No lo pareces. JUANITO VENTOLERA

¿Pues de dónde me das? LA DAIFA

Cuatro leguas arriba de los Infiernos. O mu­ cho me engaño, o tú eres otro Ravachol.


JUANITO VENTOLERA

¿Pues qué me ves? LA DAIFA

La punta del rabo. JUANITO VENTOLERA

Siento no agradarte, paloma. Lo siento de veras. LA DAIFA

¿Quién te ha dicho que no me agradas? Tanto que me agradas, y si quieres convidar, puedes hacerlo. JUANITO VENTOLERA

Estoy sin plata. l a d a if a

Algo tendrás. JUANITO VENTOLERA

E l corazón para quererte, niña. l a d a if a

¿Ni siquiera tienes un duro romanonista? JUANITO VENTOLERA

Ni eso.


LA DAIFA

¿Ni una beata para convidar? JUANITO VENTOLERA

Pelado al cero, niña. LA DAIFA

¡M ás que pelado! ¡Calvorota! rUANITO VENTOLERA

E s el premio que hallamos al final de la campaña. ¡Y aun nos piden ser héroes! LA DAIFA

¡Cabritos sois! JUANITO VENTOLERA

¡Y tan cabritos! ttoteLA M A D R E d e l prostíbu lo a p a r e c e p or la escalerilla, llen án d ola c o n el ru edo d e sus fa ld a s : T ra e en la m ano una palm atoria qu e le entrecruza la cara d e reflejo s. D etrás, en re­ vuelo, bajan d o s palom as. L a du eñ a es o b esa, g ran d ota, con m uchos p ein es y rizos: Un eri sip el le rep ela las c eja s LA MADRE

¿V as a pasarte la noche con ese pelma? M étete dentro.


*ájó O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

gS

LA DAIFA

Y a has oído. ¡Que ahueques! JUANITO VENTOLERA

¿Así me da usted boleta, morena? ¡Usted no quiere ver en mí al testamentario de Aureliano Iglesias! LA DAIFA

¡Camelista! ¡Si al menos tuvieses para pa^ gar la cama! JUANITO VENTOLERA

Nada tengo. LA DAIFA

Pues la cama es una beata. Dirás que no la tienes, con las cruces que llevas en el pecho. ¡Alguna será pensionada! JUANITO VENTOLERA

T e hago donación de todo el tinglado. l a d a if a

Gracias. JUANITO VENTOLERA

Son las que me cuelgan.


LA MADRE

Ernestina, basta de pelma. LA DAIFA

E s un amigo de mi Aureliano. JUANITO VENTOLERA

¿Hacemos changa, negra? LA DAIFA

¿Y si te tomase la palabra? JUANITO VENTOLERA

Por tomada. M e das la dormida y te cuel­ gas este calvario. LA DAIFA

¡P ss!... No me convence. JUANITO VENTOLERA

T e adornas la espetera. LA DAIFA

¡Guasista! JUANITO VENTOLERA

Salte un paso que te lo cuelgo. LA DAIFA

E l ama está alerta. ¿Qué medalla es ésta?

A


JUANITO VENTOLERA

Sufrimientos por la Patria. LA DAIFA

¡Hay que ver!... ¿Y ésta? JUANITO VENTOLERA

Del Mérito. LA DAIFA

¡Has sido un héroe! JUANITO VENTOLERA

¡Un cabrón! LA DAIFA

¡M e estás cayendo la mar simpático! ¿Y esta cruz? JUANITO VENTOLERA

D e Doña Virtudes. E l lilailo que te haga ti­ lín, te lo cuelgas. Como si te apetece todo el tinglado. ¡M i palabra es de Alfonso! l a d a if a

Espera que nos conozcamos más. JUANITO VENTOLERA

¿Y cuándo va a ser ese conocimiento?


LA DAIFA

Pásate por aquí la tarde del lunes, que me toca libre. Antes no vengas. Y aun mejor apa­ ño será que me dejes la tarde libre. V en por la noche, sobre esta h ora... Si acaso te acuerdas. JUANITO VENTOLERA

M e has puesto cadena. LA MADRE

¡Ernestina! LA DAIFA

E l ama está echando café. V ete no más. T o ­ ma un recuerdo. D A I F A s e sa c a una horquilla d e l m oño y s e la o fr e c e con guiño chunguero. En~ Irase, y d e s d e el fo n d o d e la sala s e vuelve. E l so ld a d o todav ía está en la acera . A lto , fla co , m acilento, los o jo s d e fieb re, la m anta terciada, el g o rro en la oreja , la trasquila en la sien. E l tin glado d e cru ces y m ed allas d a b a sus brillos buhoneros

A


ESPERPENTO DE 22 LAS GALAS DEL D I F V NT ESCENA S E Q V N D A ^ p K D E L L ISO CRA T E S G A L IN D O . La ja d e l tapadillo, con carta d e la d a ifa , p o sa el vuelo en el relum bre d e la pupila m ágica, qu e p roy ecta so b re la acera el o jo d e l boticario. P o r una punta d el rebozo, las uñas negras, los d e d o s ra y a d o s d e l iris, oprim en la carta d e la m an flota. L a m an dad era rnete la c a b ez a curuja p or el vano d e la puerta, p e g a d a a un canto. M a ja en el m ortero un vi­ rote d e m andilón y a lp arg a ta s v^ LA BRUJA

Traigo una carta de aquella afligida para el viejo. Llámale. EL GALOPÍN

Ha salido.


H

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

Jg

LA BRUJA

¡Raro se me hace! D e ser un aparente, mal harías negándomelo. M ira, hijo, para que te crea, pésame en un santimén dos onzas de cornezuelo. EL GALOPÍN

E l cornezuelo no se despacha sin receta. LA BRUJA

¡Adonde vas tú con ese miramiento! ¡Que no despacharéis pocas drogas sin receta! Anda, negro, y te guardas las perronas. EL GALOPÍN

¡Y me busco un compromiso, si cuadra! LA BRUJA

¿Tampoco tomarás a tu cargo entregarle la carta al viejo? EL GALOPÍN

Tampoco. LA BRUJA

¡Hijo, eres propiamente una ortiga! La ley de los pobres es ayudarse.

-


H

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

J|

EL GALOPÍN

¿Quiere usted encargarse del almirez y ma­ jar un rato? la b r u ja

¡Cuernos! EL GALOPÍN

¡Los suyos! LA BRUJA

¡Malhablado! ¿Adonde salió el patrón? EL GALOPÍN

A entrevistarse con el alcalde. LA BRUJA

¿Anda en justicias? EL GALOPÍN

Le han puesto una brasa en el traste. LA BRUJA

Explica esa picardía. e l g a l o p ín

Le echaron un alojado, y anda en los pasos para que le rediman la carga.


Jg

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

gS

LA BRUJA

¡Tío cicatero! ¿A qué hora cerráis? EL GALOPÍN

A las nueve. LA BRUJA

¿Vendrá antes? EL GALOPÍN

Pudiera ser. LA BRUJA

¿Por qué no te encargas tú de darle la car­ ta? M e alargo a otro mandado, y vuelvo por la respuesta. Así la tiene meditada. trotacon ven tos entra a d e ja r la car­ ta so b re el m ostrador, y escap a arrebu ján d o­ se: E n la puerta, con arrecid o d e bruja z o ­ rrera, cruza p o r d elan te d el boticario, qu e se q u ed a suspen so, en arb olad o el bastón sob re la en coru jada, sin llegar a b a ja rlo s? * EL BOTICARIO

¡Recoge esa carta! ¡No quiero recibirla! ¡M e mancharía las manos! ¡A la relajada que aquí te encamina, dile, de una vez para siempre, que


no logrará conmover mi corazón! ¡Llévate ese papel, y remonta el vuelo, si no quieres que te queme las pezuñas! ¡Llévate ese papel, y no aparezcas más! LA BRUJA

¡Esa carta suplica una respuesta! <+s>EL B O T I C A R I O reco g e la carta, qu e con rara sugestión acu sa su cuadrilátero enci­ ma d e l m ostrador, y la tira al arroyo<p*> la b r u j a

¡Iscariote! EL BOTICARIO

¡Emplumada! la b r u ja

¡Perro avariento, es una hija necesitada la que te implora! ¡Tu hija! ¡Corazón perverso, no desoigas la voz de la sangre! el

b o t ic a r io

Vienes mal guiada, serpiente. ¿De qué hija me hablas? U na tuve y se ha muerto. Los muertos no escriben cartas. ¡Retira ese papel de la calle, vieja maldita!


LA BRUJA

¡Guau! ¡Guau! Ahí se queda para tu sonro­ jo. Que lo recoja y lo lea el primero que pase. A L E JA B A , la voz. S e d esv an ecía la coru ja p o r una esquina, con n egro revuelo. Y p o r d o n d e le bruja se ha ocu ltado a p a rece el sorch e repatriado. E n tra en el claro d e luna, la m anta terciada, el g orro la d ea d o , una tagar­ nina a trav esad a en los d ien tes: R e c o g e la car­ ta: S alu da cu ad rán d ose en la puerta: E n los o jo s las can delillas d e d o s cop as® ** JUANITO VENTOLERA

¿Qué arreglo tenemos, patrón? ¡Como una puñalada ha sido presentarle la boleta! ¿Soy o no soy su alojado, patrón? ¿Qué ha sacado us­ ted del alcalde? EL BOTICARIO

Dormirás en la cuadra. No tengo mejor aco­ modo. M i obligación es procurarte piso y fue­ go. D e ahí no paso. Comes de tu cuenta. D a­ me esa carta. M e pertenece. JUANITO VENTOLERA

¿Tiene usted la estafeta en el arroyo?


OBRAS el

DE V A L L E - I N C L Á N

8jS

b o t ic a r io

La tengo en el forro de los calzones. Dame esa carta. JUANITO VENTOLERA

Téngala usted. E L B O T IC A R IO , con rosm a d e g ato m aníaco, se esco n d e la carta en el bolsillo: M u ­ sita rehu só a leerla: E n trase en la rebotica. L a cortin eja su spen sa d e un clavo d e ja ver la fi­ gura soturna y huraña qu e tiene una abstrac­ ción gesticulante. C an tan d o s grillos en el fo n ­ d o d e sus b otas nuevas. L en tam en te se desn u ­ d a d e l traje dom ingu ero: S e reviste gorro, bata, pantu flas: R e a p a re c e b a jo la cortinilla con los o jo s p a ra d o s d e través, y toda la cara so b re el mismo lad o, torcida con una m ueca. L a coru ­ ja, con esqu in ado revu elo, ha vuelto a p o sa rse en iris m ágico qu e a b re sus círculos en la acera. E l estaferm o, g orro y pantu flas, con ana esp an tad a, se d e s p e g a d e la cortinilla. E l d escon cierto d e la g am b eta y el visaje qu e le sacu d e la cara, revierten la vida a una sen sa ­ ción d e esp e jo con vexo. L a p a lab ra s e intuye por el g esto, el g o lp e d e los pies p o r los án­ d a lo s d e la zapateta. E s un instante d o n d e


tod as las cosas s e p royectan colm adas d e mu­ dez. S e explican plen am en te con una angus­ tiosa eviden cia visual. L a coruja, p eg á n d o se a l quicio, m ete los o jo s d eslu m brados p or la puerta. E l boticario se d o b la com o un fa n tocheqm * LA BRUJA

¡Alma de Satanás! JUANITO VENTOLERA

¡Buena trúpita! EL GALOPÍN

E s una alferecía que le da por veces. JUANITO VENTOLERA

¡Cayó fulminado! EL GALOPÍN

¡Impone mirarle! JUANITO VENTOLERA

¡Animo, patrón! LA BRUJA

¡Friegas de ortigas por bajo del rabo! *+t¿.SE A N G U L IZ A com o un m urciélago,


clav ad o en los p icos d e l m anto: D esa p a ra ce en la n och e d e estrellas. Un g ato fugitivo, los o jo s en lum bre y el lom o en h o p o sale en co h ete por el can to d e la cortinilla, ram pa al m ostrador, cruza d e un salto p or encim a d e l fa n to ch e a p lasta d o : H u y e con una sardina b ajo los bi~ g otes. V ien e d etrás la vieja, qu e grita con la e sc o b a en arbolada LA BOTICARIA

¡Centellón, que se lleva la cena! ¡Ni el pro­ pio enemigo! ¡San Dios, qué retablo! ¡O tra al­ ferecía! EL GALOPÍN

¡Cayó fulminado! JUANITO VENTOLERA

Le pasó un aire. LA BOTICARIA

Hoy se cumple el año. ¡Sócrates, por qué me dejas viuda en este valle de lágrimas!


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ESPERPENTO DES£ LAS GALAS DEL DIFVNTO^^ ESCENA TERCERA RES P I S T O L O S F A M E L IC O S , C O N O JO S D E F I E B R E , M ERODEAN P O R L A S E R A S . P ed ro M a sid e cam ina con d o s palom os ocu ltos en el p e ­ cho. E l B izco M alu en d a escon d e los pepin os y tom ates para un g a z ­ pacho. F ra n co R icote, an da escotero. L leg an a las tapias d el cam posan to. G rillos nocturnos. C ru ces y cipreses. P isa las tum bas un bulto d e hom bre, qu e p or tiem pos se rasca la nalga, y saca una luz en la punta d e los d e d o s para leer los epitafios. V a g a en un m isterio d e grillos y luceros PEDRO MASIDE

¡Tenemos a la vista un desertor del Purga­ torio! Será conveniente echarle el alto.


EL BIZCO MALUENDA

Parece que el difunto busca el alojamiento y no da con la puerta. FRANCO RICOTE

¡Alto, amigo! ¡Toda la Compañía está ron­ cando, amigo! ¡Se te ha pasado el toque de re­ treta, a lo que veo! EL BIZCO MALUENDA

¿Sales de la cantina? ¡Buena hembra es la

Iñasi! FRANCO RICOTE

A lo que parece te gustan las gachís. ¿Por qué no respondes? ¿T e ha comido alguna niña la lengua? No más te hagas el muerto, pues yo te conozco, y sin que hables, he descubierto quién eres. T e diré más: El hallarte aquí es por haber venido acompañando al entierro de tu patrón. Sirves en la Segunda Compañía de Lucena. EL BIZCO MALUENDA

Escota y vente a cenar. Hay dos palomas y un gazpacho. B U L T O rem oto entre cru ces y cipre40

-


h a ce d escon ocid a en los eco s tum bales 0 » » JUANITO VENTOLERA

Parece que representáis E l Juan Tenorio. Pero allí los muertos van a cenar de gorra. FRANCO RICOTE

Convidado quedas. No hemos de ser menos rumbosos que en el teatro. JUANITO VENTOLERA

¿Dónde es la cita? FRANCO RICOTE

¡Bien conocido! A la vuelta del Mercado V iejo. Donde dicen Casa de la Sotera. JUANITO VENTOLERA

No faltaré. FRANCO RICOTE

¿Aún te quedas? JUANITO VENTOLERA

El patrón me ha guiñado el ojo al despedir­ se, y estoy en que algo tiene que contarme. Le había caído simpático, y pudiera en su última voluntad acordarme alguna manda.


FRANCO RICOTE

[Pues habrá que celebrarlo! EL BIZCO MALUENDA

¿El difunto tiene aviso de que lo buscas? JUANITO VENTOLERA

V oy a pasárselo. Justamente aquí está ente­ rrado. Patrón, vamos a vernos las caras. V en ­ go por la manda que usted me ha dejado. FRANCO RICOTE

¡Las burlas con los muertos por veces salen caras! PEDRO MASIDE

¡No apruebo lo que haces! EL BIZCO MALUENDA

Si un difunto se levanta, la valentía de nada vale. ¿Qué haces en riña con un difunto? ¿Volver a matarlo? Y a está muerto. Si ahora se levantase el boticario, por muchos viajes que le tirásemos puestos los cuatro en rueda, le ve­ ríamos siempre derecho. JUANITO VENTOLERA

¡Eso supuesto que se levantase!

.


g| O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

3jó

FRANCO RICOTE

Vamos, amigo, deja esa burla y vente a cenar. JUANITO VENTOLERA

Luego que recoja la manda. PEDRO MASIDE

¡Y a pasa de desvarío! EL BIZCO MALUENDA

Ese atolondramiento no lo tuvo ni el propio Juan Tenorio. PEDRO MASIDE

Y a estás viendo que el muerto no sale de la sepultura. ¡Déjalo en paz! JUANITO VENTOLERA

Le pesa la losa y hay que ayudarle. ¿Por qué no os llegáis para echar una mano? ¡Vamos a ello, amigos! EL BIZCO MALUENDA

¡De locura pasa! PEDRO MASIDE

¡Mucho has pimplado!


|S O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

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FRANCO RICOTE

No se levanten a una todos los difuntos y nos puedan! JUANITO VENTOLERA

Para recoger la manda del patrón, me es preciso dejarle en cueros. PEDRO MASIDE

¡M ira lo que intentas! JUANITO VENTOLERA

A eso he venido. ¿Quiere alguno ayudarme? PEDRO MASIDE

¡T e digo ahora lo que antes te dije! ¡No hay burlas con los muertos! JUANITO VENTOLERA

¡Ni el caso es de burlas! EL BIZCO MALUENDA

¡Ahí es nada! JUANITO VENTOLERA

¡Nada! EL BIZCO MALUENDA

¡Gachó! 44

j


ijg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

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FRANCO RICOTE

Cuando a tanto te pones, conjeturo que con prendas de mucho valor enterraron al difunto. JUANITO VENTOLERA

¡Un terno de primera! ¡Poco paquete que voy a ponerme! Flux completo, como dicen los habaneros. EL BIZCO MALUENDA

¡Qué va! No será sólo eso. JUANITO VENTOLERA

Sólo eso. E sta noche tengo que sacar de ganchete a una furcia, y no quiero deslucir a su lado. FRANCO RICOTE

Camélala para que apoquine y te pague un terno de gala. JUANITO VENTOLERA

Todo se andará, con la ceguera que me muestra. PEDRO MASIDE

¡La ocurrencia de vestirte la ropa del difun­ to te la sopló el Diablo!


JUANITO VENTOLERA

¿Tan mala os parece? PEDRO MASIDE

Tiene dos caras esa moneda. EL BIZCO MALUENDA

La ocurrencia no es para despreciada. Aho­ ra que se requiere un corazón muy intrépido. JUANITO VENTOLERA

Y o lo tengo. FRANCO RICOTE

Si te falta, se te viene encima todo el bata­ llón de los muertos. JUANITO VENTOLERA

No me faltará. FRANCO RICOTE

M e alegraré. JUANITO VENTOLERA

¿Ninguno quiere darme su ayuda? EL BIZCO MALUENDA

M e parece que ninguno. 46


8jg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

<j¡«

PEDRO MASIDE

Y o, por mi parte, no. Para pelear con hom­ bres, cuenta conmigo, pero no para despojar muertos. JUANITO VENTOLERA

¿Pues qué otra cosa se hacía en campaña? PEDRO MASIDE

N o es lo mismo. FRANCO RICOTE

Claramente que no. En un camposanto ia sepultura es tierra sagrada. JUANITO VENTOLERA

¡No se me había ocurrido este escrúpulo! EL BIZCO MALUENDA

¡Que salgas avante! FRANCO RICOTE

Tienes plato en la cena.

a.


Biblioteca N acional de EspaĂąa


ESPERPENTO DE¡£ LAS GALAS DEL D I F V N T 0&» ó» E S C E N A CVAR T Ag J p ^ * A SA D E LA S O T E RA: H U ERTO CON EM PA R R A D O S. Luna y lu ceros, b a jo los p alios d e la vid, con cier­ tan penum bras m oradas y v e r d o s a s . A la vera a lb a d e l p ozo, frag a n te entre arriates d e a lb ah a ca , está pu esta una m esa con m anteles. L a cam arada d e los tres pistólos m ata la esp era con el vino chispón d e aqu el p a g o, y d eco ra el triple g esto palu rdo con p erfiles flam encosom * PEDRO MASIDE

E se punto, no más parece. Filo de las doce tenemos. ¿Qué se hace? EL BIZCO MALUENDA

Pedir la cena.


FRANCO RICOTE

Esperémosle un rato por si llega. Estaría divertido que el difunto se lo hubiese llevado de las orejas al Infierno. EL BIZCO MALUENDA

¡V aya un barbián! FRANCO RICOTE

¿Tú de qué le conoces, Maside? PEDRO MASIDE

Somos de pueblos vecinos. EL BIZCO MALUENDA

¿Gallego es ese sujeto? No lo aparenta. PEDRO MASIDE

¿Y por qué no? Galicia da hombres tan bue­ nos como la mejor tierra. EL BIZCO MALUENDA

Para cargar fardos. PEDRO MASIDE

No sabes ni la media. Y con ese hablar des­ cubres que tan siquiera estás al tanto de lo que ponen los papeles. ¿Tú has visto retratado el

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Ministerio? Este amigo que calla, lo ha visto y dirá si no vienen allí puestos cuatro gallegos. 1 EL BIZCO MALUENDA

¡Ladrones de la política! PEDRO MASIDE

¡Tampoco te contradigo! Pero muy agudos y de mucho provecho. EL BIZCO MALUENDA

¡Para sus casas! PEDRO MASIDE

Para ministros del Rey. EL BIZCO MALUENDA

¿V as con eso a significar que sois los pri­ meros? PEDRO MASIDE

¡Tampoco somos los últimos! FRANCO RICOTE

La tierra más pelada puede dar hombres de mérito, amigos. EL BIZCO MALUENDA

¡Gachó! ¡Tú has dicho la mejor sentencia!


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OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

Jg

FRANCO RICOTE

Pues me beberé el chato del pelmazo que nos tiene enredados en la espera. « EL BIZCO MALUENDA

jY que se retarda! PEDRO MASIDE

¡Si los difuntos se levantaron en batallón, ha de verse negro para salir del camposanto! EL BIZCO MALUENDA

¡Ese toque de llamada se queda para el día del Juicio Final! PEDRO MASIDE

¡Como le hagan la rueda, no se verá libre hasta la del alba! Cuantos han pasado por ello, tienen dicho haber peleado toda la noche, y que los muertos caían y se levantaban. FRANCO RICOTE

Ello está claro. A los muertos no se les mata. EL BIZCO MALUENDA

No creo una palabra de tales peteneras.


Jg

OBRAS

DE V A L L E - I N C L A N

PEDRO MASIDE

¡La creencia no se enseña! EL BIZCO MALUENDA

¡Que se pronuncien los difuntos me parece una pura camama! ¡Para tus luces, este mun­ do y el otro bailan en pareja! PEDRO MASIDE

H ay correspondencia. EL BIZCO MALUENDA

¿Y batallones sublevados? PEDRO MASIDE

Estoy pelado al cero. EL BIZCO MALUENDA

¿Y Capitanes Generales descontentos? PEDRO MASIDE

Vam os a dejarlo. EL BIZCO MALUENDA

¡Panoli! ¡En el otro mundo no se reconocen los grados! PEDRO MASIDE

Poco se me da de tu pitorreo.


A P A R E C E Juanillo V en tolera, transfi­ g u rado con las g a las d e l difunto. C am isa plan­ ch ad a, terno negro, b otas nuevas con can to d e grillos. N inguna cobertura en la c a b ez a : B a jo la luna, tiene un h alo verdoso# JUANITO VENTOLERA

¡Salud, amigos! Hay que dispensar el re­ tardo. ' EL BIZCO MALUENDA

A tiempo llegas. PEDRO MASIDE

Y a estábamos con algún recelo. FRANCO RICOTE

T e habíamos sospechado de orejas en el In­ fierno. EL BIZCO MALUENDA

Y alguno, con el batallón de muertos a la rueda rueda de pan y canela. JUANITO VENTOLERA

E se ha sido mi paisano Pedro Maside. PEDRO MASIDE

Justamente. T ú habrás librado sin contra54


tiempo, pero ello no desmiente lo que otros cuentan. JUANITO VENTOLERA

¿No me oléis a chamusco? H e visitado las calderas del rancho que atiza Pedro Botero. EL BIZCO MALUENDA

¿Y lo has probado? JUANITO VENTOLERA

Y me ha sabido a maná. En el cuartel lo quisiéramos. EL BIZCO MALUENDA

¡Bébete un chato, y cuenta por derecho! ¿El vestido que traes es la propia mortaja del fiambre? JUANITO VENTOLERA

¡La propia! FRANCO RICOTE

¿Lo has dejado en cueros? JUANITO VENTOLERA

Le propuse la changa con mi rayadillo, y no se mostró contrario.

*


ff

OBRAS

DE V A L L E - I N C L A N

Jg

EL BIZCO MALUENDA

V isto lo cual, habéis changado. JUANITO VENTOLERA

V eo que lo entiendes. EL BIZCO MALUENDA

El terno es fino. JUANITO VENTOLERA

D e primera. EL BIZCO MALUENDA

Y te va a la medida. Sólo te falta un bombín para ser un pollo petenera. El patrón se lo ha­ brá olvidado en la percha, y debes reclamárse­ lo a la viuda. JUANITO VENTOLERA

M e das una idea... EL BIZCO MALUENDA

¿Tendrías redaños? JUANITO VENTOLERA

Aventúrate unas copas. PEDRO MASIDE

¡Sobrepasaba el escarnio! 56


gS O B R A S

DE V A L L E - I N C L A N

jgS

FRANCO RICOTE

¡Ni el tan mentado Juan Tenorio! ¡Y tú, ga­ chó, no hables en verso! EL BIZCO MALUENDA

T e aventuro los cuatro cafeses. JUANITO VENTOLERA

¡Van! ¿Y vosotros no queréis jugaros la copa? FRANCO RICOTE

¿Tú te la juegas? JUANITO VENTOLERA

¡Dicho está! EL BIZCO MALUENDA

¡Gachó! ¡T e hago la apuesta aun cuando me toque ser paduano! Vam os a ver hasta dónde llega tu rejo. JUANITO VENTOLERA

La visita a la viuda no pasa de ser un cum­ plimiento. EL BIZCO MALUENDA

¿Qué plazo le pones?


JUANITO VENTOLERA

E sta noche, después de la cena. ¿Tú no apuestas nada, paisano Maside? ¿Temes per­ der? PEDRO MASIDE

Tengo conciencia, y no quiero animarte por el camino que llevas. JUANITO VENTOLERA

¿Tan malo te parece, paisano? PEDRO MASIDE

D e perdición completa. JUANITO VENTOLERA

Dando la cara no hay bueno ni malo. PEDRO MASIDE

Para vivir seguro, fuera de ley, se requieren muchos parneses. D as la cara, y te sepultan en presidio. FRANCO RICOTE

O te tullen para toda la vida con un solfeo. JUANITO VENTOLERA

¡Hay que ser soberbio y dar la cara contra 58


sg O B R A S

DE

VALLE-INCLAN

g8

el mundo entero! A mí me cae simpático el Diablo. PEDRO MASIDE

Con dar la cara no acallas la conciencia. JUANITO VENTOLERA

Y o respondo de todas mis acciones, y con esto sólo, ninguno me iguala. E l hombre que no se pone fuera de la ley, es un cabra. EL BIZCO MALUENDA

Con otros chatos lo discutiremos.


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ESPERPENTO DES£ LAS GALAS DEL DIFVNTO^'^ ESCENA Q V l N T A g ^ » A B O T IC A , C O N DOS SO M BRA S E N L A A C E R A ,. S O B R E L A S L U C E S M A G I­ C A S D E L O JO N I ­ G R O M A N T E . D entro, la viuda enlutada, con p a r c h e s en la s sien es, h a c e gan chillo tras el m ostrador. M a ja el g a ­ lopín en el gran m ortero. E l Sacristán y el R a ­ pista, a p a reja d o s, saludan en la puertajfm» EL RAPISTA

Está usted muy solitaria, Doña Terita. Las amigas debieran hacer más por acompañarla en estas tristes circunstancias. LA BOTICARIA

Y no me falta su consuelo. Ahora se fue­ ron las de enfrente.


EL SACRISTÁN

V isto como usted se había quedado tan sola, hemos entrado. LA BOTICARIA

Pasen ustedes. ¡Niño, deja esa matraca, que me quiebras la cabezal EL RAPISTA

Doña Terita, usted siempre a la labor de ganchillo, sobreponiéndose a su acerba pena. LA BOTICARIA

Crea usted que me distrae. Niño, echa los cierres. EL SACRISTÁN

Da usted ejemplo a muchas vecinas. LA BOTICARIA

No faltará quien me moteje. EL SACRISTÁN

¡Qué reputación no muerde la envidia, mi señora Doña Terita! EL RAPISTA

¡Y en esta vecindad!

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gg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

g

EL SACRISTÁN

Por donde usted vaya verá los mismos ejem­ plos, Doña Terita. T oda la España es una de­ magogia. E sta disolución viene de la Prensa EL RAPISTA

Ahora le han puesto mordaza. EL SACRISTÁN

Cuando el mal no tiene cura. EL RAPISTA

¡Y tampoco es unánime en el escalpelo toda la Prensa! La hay mala y la hay buena. V ean ustedes publicaciones como Blanco y Negro. Doña Terita, si usted desea distraerse algún rato, disponga usted de la colección comple­ ta. E s la vanagloria que tiene un servidor y el ornato de su establecimiento. LA BOTICARIA

Creo que trae muy buenas cosas esa publi­ cación. EL RAPISTA

¡De todo! Retratos de las celebridades más célebres. La Familia Real, Machaquito, La Imperio. ¡El célebre toro Coronel! ¡E l fenó-


¡jg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

flg

meno más grande de las plazas españolas, que tomó quince varas y mató once caballos! En bodas y bautizos publica fotografías de lo mejor. Un emporio de recetas: ¡Allí, culi­ narias! ¡Allí, composturas para toda clase de vidrios y porcelanas! ¡Allí, licorería! ¡Allí, quitamanchas!... i*t> E L R A P IS T A , m enudo, petulante, a p o ­ logético, cach ea en la p etaca, sop la las h o jas d e un librillo, y una qu e arranca se la p eg a en el labio. E l Sacrist��n, con aire cazurro, p or las sisas d e la sotan a s e registraba los calzon es: S a ca, envuelto en un pañuelo d e y erb as, el cu adern o d e la C o fra d ía d e l S an to S ep u lcro: C on la uña an ota una págin a y s e la muestra a la viuda, qu e suspira, pu estos los len tes en la punta d e la narizcs&* EL SACRISTÁN

¡Doña Terita, si no le sirve de molestia, quiere usted pasar la vista por esta anotación y firmar en ella su conforme? Siempre en el supuesto de que no le sirva de molestia! LA BOTICARIA

¡Pero aquí, qué pones?


tfg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

jg

EL SACRISTÁN

E l pico del entierro. LA BOTICARIA

¡Pero tú tienes conciencia? EL SACRISTÁN

M e parece. LA BOTICARIA

¡E sta cuenta es un sacrilegio! EL SACRISTÁN

Doña Terita, es usted la mar de célebre. LA BOTICARIA

'

¡Un robo escandaloso! ¡Siete duros de cera! EL SACRISTÁN

Y aun pierde siete reales la iglesia. La cera consumida sube ese pico. Siete reales que pier­ de la iglesia. LA BOTICARIA

¡E l armonio cinco duros! ¡Pero cuándo se ha visto? EL SACRISTÁN

E l armonio y dos cantores. ¡E s la tarifa!


LA BOTICARIA

¡Con estos precios ahuyentáis la fe! ¡Las misas a once reales es un escándalo! ¡Pero adonde me van a subir las misas Gregoria­ nas?... EL SACRISTÁN

¡Y la rebaja de pena que usted puede llevar con esos sufragios al finado! ¡Todo hay que ponerlo en balanza, Doña Terita! LA BOTICARIA

Las indulgencias no debían cobrarse. EL SACRISTÁN

¡Sin eso, a morir! Usted considere que no tiene otras aduanas la Santa M adre Iglesia! EL RAPISTA

Opino como Doña Terita. La Iglesia debía operar con mayor economía. No digamos de balde, pero casamientos, bautizos y sepelios están sobrecargados en un cincuenta por ciento. LA BOTICARIA

¡Y eso no se llama usura!

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i


jg

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

gS

EL SACRISTÁN

|Que va usted degenerando en herética, Do­ ña Terital LA BOTICARIA

¡Pues vele con el cuento al Nuncio Apos­ tólico! EL SACRISTÁN

Usted está nerviosa. LA BOTICARIA

¡Cómo no estarlo! EL RAPISTA

Doña Terita, visto el mal resultado de este amigo, yo me najo sin presentar mi factura. LA BOTICARIA

Puede usted hacerlo. EL RAPISTA

¿No será demasiada jaqueca? LA BOTICARIA

¡Y a que estoy en ello!... Niño, apaga los globos de la puerta. R A P IS T A , con d estreza d e novillero,


salta p o r encim a d e l m ostrador: Finústico y pe~ tulante, le presen ta el p a p el a la viuda, qu e lo rep a sa alzá n d o se los lentes, sin cab alg arlos: G esto d esd eñ o so y resign ado d e pulcra Arte~ m isa Boticariauim* EL RAPISTA

Doña Terita, si le parece dejarlo para otra ocasión, no se hable más, y a sus órdenes. LA BOTICARIA

Liquidaremos ahora. ¿Qué ha puesto usted aquí? ¡Una peseta! EL RAPISTA

Pastilla jabón d’olor, para adecentamiento del finado. LA BOTICARIA

¿Y esta partida? EL RAPISTA

D e hacerle la barba. LA BOTICARIA

M i finado tenía con usted un arreglo. EL RAPISTA

¡Doña Terita, esa partida está rebajada en

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un cincuenta por ciento! Y o le hago la barba a un viviente por tres perras, pero usted no se representa lo que impone un muerto enjabo­ nado. ¡Y su esposo no ha sido de los menos! También tenga usted por sabido que las bar­ bas de los muertos son muy resistentes y me­ llan toda la herramienta. LA BOTICARIA

¡Dos pesetas es un escándalo! EL RAPISTA

Pues pone usted aquello que tenga volun­ tad. Y si no quiere poner nada, borra el cargo de la factura. LA BOTICARIA

Naturalmente. ¿Quiere usted cobrar ahora? EL RAPISTA

Si lo tiene por bueno. LA BOTICARIA

T res cincuenta. ¡Qué robo más escandaloso! EL SACRISTÁN

Doña Terita, es usted la mar de célebre.


LA BOTICARIA

Niño, entorna la puerta. EL SACRISTÁN

Doña T erita, si acuerda que se digan las gregorianas, sírvase pasar un aviso a la P a­ rroquia. Y no la molesto más, que usted de­ sea retirarse a las sábanas. EL RAPISTA

Doña Terita, suscribo las palabras del ami­ go. En su situación de viuda nerviosa, la me­ jor medicina es el descanso. ~ *> L A V I U D A suspira, aprieta la b oca, se a b stra e en la contem plación d e sus m anos con m itones. E l galopín, a l can to d e la puerta, d e s ­ d o b la m edia h oja. S e en hebran p o r la abertura Sacristán y R a p a b a rb a s «tmt

.


ESPERPENTO DE SS L A S G A L A S DE L > DlFVNTO^é» ESCENA S E X T A g ^ N E L C IE L O R A S O ,

UN GLOBO

DE

L U Z < i« * A L C O B A GRANDE Y P U L ­ CRA , CROM OS Y S A N T I C O S PO R L A S P A R E D E S v&aEL T A L A M O D E H IE ­ R R O R U N D ID O Y B O L IC H E S D E C R IS ­ T A L T R A N S L U C ID O , P E R F IL A B A JO LA LU Z , E L C O ST A D O D O N D E R O N ­ C A B A E L D IF U N T O . E n la pila d el agua bendita, un an g elote toca el clarinete— alon es azules, faldellín m ovido al viento, las rosad as pantorrillas en un cruce d e b o lero — E n tra D oñ a T erita qu itán dose los postizos d el m oño: S e d etien e en el círculo d e luz, con una horqui­ lla a trav esa d a en la boca. R esu en a la casa con fu ertes ald abon azos. D oñ a T erita, soltán d ose las enaguas, retroced e a la puerta« V sJ


LA BOTICARIA

Asómate, niño, a la ventana. M ira quién sea. No abras sin bien cerciorarte. EL GALOPÍN

¡Qué más cercioro! Por el estruendo que me­ te es el punto alojado. LA BOTICARIA

Pues no le abras. Que duerma al sereno. EL GALOPÍN

E s muy capaz de apedrearnos las tejas. LA BOTICARIA

¡Pues no se le abre! ¡E se hombre me da miedo! EL GALOPÍN

¡Tendremos escándalo toda la noche! LA BOTICARIA

¡Y a se cansará de repicar! EL GALOPÍN

Viene de la taberna, y el vino es muy te­ moso. **& C E S A N los g olp es. L a casa q u ed a en si72


lencio. P a rp a d ea una m ariposa en el g lo b o d e luz. L a boticaria y el d ep en d ien te, en asu stada m udez, alargan la oreja. A lguien ha rozad o los hierros d el balcón es^> EL GALOPÍN

¡Ahí le tenemos! LA BOTICARIA

¡Jesús, mil veces! ¡Artes de ladrón tiene el malvado! i

EL GALOPÍN

¡Nada se sacó con dejarle fuera! A L T A N con fr a c a so d e cristales, estre­ m ecidas, rebotan tes, las puertas d e l balcón. Juanito V en tolera, entre los quicios, alg arero y farsan te, h a ce una reverencia JUANITO VENTOLERA

Doña Terita, traigo para usted una visita de su finado. LA BOTICARIA

¡A la falta de respeto une usted el escarnio! JUANITO VENTOLERA

¡Palabra, Doña Terita! E l difunto me ha de-


signado por su albacea, y usted puede com­ probar que no digo mentira si se digna con­ cederme una mirada de sus bellos ojos. ¿Teme usted enamorarse, Doña Terita? No lo deje usted por ese miramiento, que tendrá usted por mi parte una fina correspondencia. LA BOTICARIA

¡V áyase usted, o alboroto la vecindad y la duerme usted en la cárcel. JUANITO VENTOLERA

Doña Terita, mejor le irá conservándose afónica. ^ J U A N I T O V E N T O L E R A entra en la a lc o b a , hacien d o piernas, m o fa d or y chispón, los brazos en jarra. D oñ a T erita se d esp lom a perlática: E n el círculo d e luz q u ed a abierto el ruedo d e las fa ld a s. E l galopín, revolan te el m andilón, se a c o g e a la puerta. D oñ a T erita se dram atiza con un grito LA BOTICARIA

¡Niño, no me dejes! JUANITO VENTOLERA

¡Doña Terita, usted me ofende con ese re74


celo! ¡No vea usted en mí al punto alojado! Es una visita del llorado cadáver la que le trai­ go, téngalo usted presente. Si entro por el bal­ cón, usted lo ha impuesto no queriendo fran­ quearme la puerta. LA BOTICARIA

Se irá usted a dormir fuera. Y o le pago la posada. < *& D O Ñ A T E R I T A se tuerce sob re el rega~ zo la faltriquera, y cuenta las perron as: C on ellas van salien d o el alfiletero, las llaves, un ovillo d e lana<t& JUANITO VENTOLERA

E s poco el suelto, Doña Terita. LA BOTICARIA

¡Dos pesetas! ¡M uy suficiente! JUANITO VENTOLERA

¡Una pringue! M enda se hospeda en los mejores hoteles. Y a lo discutiremos, si usted se obceca. Sepa usted que el llorado cadáver se ha conducido con un servidor para no olvi­ darlo en la vida. Si usted me otorgase alguna de sus dulces miradas, tendría el comprobante.

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LA BOTICARIA

¡Respete usted la memoria de mi esposo! ¡No más escarnios! JUANITO VENTOLERA

E s usted una viuda por demás acalorada. LA BOTICARIA

¡V áyase usted! JUANITO VENTOLERA

Estoy aquí para recoger el bombín y el bas­ tón del difunto. ¡M e los ha legado! ¿Reconoce usted el terno? ¡M e lo ha legado! ¡Un barbián el patrón! ¡Se antojó disfrazarse con mi raya­ dillo, para darle una broma a San Pedro! R e­ pare usted el terno que yo visto. Hemos chan­ gado y vengo por el bombín y el bastón de borlas. V a usted a dármelos. Se los pido en nombre del llorado cadáver. Levante usted la cabeza. Descúbrase los ojos. Irrádieme usted una mirada. < * t-H A C E en torno d e la boticaria un bord o d e g a llo pinturero con castañ u elas y com p ases d e baile. L a boticaria a sp a los brazos en el ru edo d e las fa ld a s, grita p e r lá tic a s


gg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

¡jg

LA BOTICARIA

¡Cristo bendito! ¡Noche de espantos! ¡Esto es un mal sueño! ¡Sueño renegado! ¡Niño! ¡Ni­ ño! ¿Dónde estás? ¡M ójame las sienes! ¡Echa­ me agua en la cara! ¡E l espasmódico! ¡No te vayas! JUANITO VENTOLERA

¡Doña Terita, deje usted esos formularios de novela! ¡Propios delirios gástricos! E l finado difunto me ha solicitado el rayadillo, para no llevarse prendas de estima al Infierno. Los gri­ tos de usted están por demás. ¡Delirios gástri­ cos! ¡Bastón y bombín para irme de naja, que me espera una gachí de mistó! Usted tampoco está mala. ¡Bastón y bombín! ¡Doña Terita, va usted a recrearse mirándome! LA BOTICARIA

[Niño, dame el rosario! ¡Llévame a la cama! ¡Echale un aspergió de agua bendita! ¡Anda suelto el Maligno! ¡M e baila alrededor con ne­ gro revuelo! ¡Esposo mío, si estás enojado, desenójate! ¡Tendrás los mejores sufragios! ¡Aunque monten a la luna! ¡Niño, llévame a la


JUANITO VENTOLERA

¡Niño, vamos a ello y cachea un pañuelo pa­ ra ponerle mordaza! [Vivo y sin atolondrarse! ¡Y a te llegará la tuya! f^ t> D O Ñ A T E R I T A se d esm aya, asom an do un zan cajo. E l virote m andillón hipa turulato. Juanillo V en tolera le sacu d e p o r la narizt EL GALOPÍN

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! JUANITO VENTOLERA

¡Una soga! EL GALOPÍN

¿Y de dónde la saco? JUANITO VENTOLERA

D e la pelleja. <mi'LE A R R A N C A el m andilón y lo h ace tiras. E l G alopín q u ed a en alm illa: Un m a­ m arracho, con gran culera rem en dada, tiran­ tes y alp arg ates: S e limpia los o j o s o s EL GALOPÍN

¡Para eso un vendaje Barré! 78


1 JIIANITO VENTOLERA

E se pío llega retrasado. Vam os con la patrona a tumbarla en el catre. « E L G A L O P I N se m ueve, o b ed ien te a la voluntad d e l sold a d o . S acan a la d esm ay ad a d el ru edo haldu do, y la llevan en volan das. P o r la cinturilla d e l jubón negro, la cam isa on­ dula su fa ld eta . S e a p a g a la luz oportu na­ m ente -TZ*


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


ESPERPENTO DESS L A S G A L A S DE L

DIFVNTO^^ ESCENA SEPTIMA

A B O R R O S A S I­ LU ETA PO R EL E N ­ T R E D IJO D E C A ­ L L E JO N E S , E N T R E ­ V I S T A LA CA SA D E L P E C A D O . B as­ tón y bom bín, b otas con grillos en las suelas: E s ­ guinces d e avinado. E n la sala b aja las m an­ flo ta s— flo res en el pein ado, batas con lazos y volantes— cecean tras d e las rejas a cuantos pasan. Juanito V en tolera, con un esguince en la puerta*?* * JUANITO VENTOLERA

^

¡Vengo a dejaros la plata! ¡Se me ha puesto convidaros a todas! Si no hay piano, se busca. ¡Aquí se responde con cartera! ¡M adre Priora, quiero llevarme una gachí! ¡Redimir­ la! ¿Dónde está esa garza enjaulada?


g| O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

gS

LA DAIFA

¡Buena la traes! ¡T e desconocía sin las cru­ ces del pecho! ¿O tú no eres el punto que me habló la noche pasada? JUANITO VENTOLERA

¡Juanillo Ventolera, repatriado de Cubita Libre! LA DAIFA

¿Por qué no traes puestas las cruces? JUANITO VENTOLERA

Se las traspasé a un fiambre. ¡Con ellas po­ drá darse pisto entre las Benditas del Purga­ torio! LA DAIFA

¡No hagas escarnio! ¡Entre las Benditas ha­ go cuenta que tengo a mi madre! JUANITO VENTOLERA

I

¿Y tu papá, de dónde te escribe? LA DAIFA

,

A ése no lo quiere ni el Diablo. JUANITO VENTOLERA

¡Sujeto de mérito!

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j


sg O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

8¡6

LA DAIFA

¡M ira qué ilusión! Cuando te vi llegar, se me ha representado! ¡Bombín y bastón! ¡M ajo que te vienes! JUANITO VENTOLERA

¡Una hembra tan barbi no pide menos! LA DAIFA

¡Algo más gordo era el finado! JUANITO VENTOLERA

-1

Aciertas más de lo que sospechas, lo ha lle­ vado antes un muerto. Se lo he pedido para venir a camelarte. LA DAIFA

D eja la guasa. ¡V aya un temo! ¡Y los fo­ rros de primera! JUANITO VENTOLERA

¡Una ganga! LA DAIFA

^

¡Pues si voy a decirte verdad, mejor me caías con el rayadillo y las cruces en el pecho! JUANITO VENTOLERA

¡Las mujeres os deslumbráis con apariencias


panolis! ¡Todas al modo de mariposas! Las cruces, de paisano, no visten. LA DAIFA

¡M e gustabas más con las cruces! JUANITO VENTOLERA

¡No visten! ¡Vamos, niña, a ponerme los ojos tiernos!... ¡A mudar de tocata, y a darme el opio con tus miradas! LA DAIFA

¡Y si me negase! ¿M e declaré por un acaso tu fiel esclava? ¡A mí no me chulea ni el rey de los ochos, para cuanti más Juanillo Ventolera. JUANITO VENTOLERA

Por achares no entro, paloma. Soy piloto de todos los mares y no me cogen de sobresalto cambios de veleta. Déjame paso, que me está haciendo titín aquella morocha. LA DAIFA

Primero convida, y si te duele hacer la jarra, yo pago los cafeses. JUANITO VENTOLERA

¿Con copa? 84


gg O B R A S

DE

VALLE-INCLAN

|jg

LA DAIFA

Copa y cajetilla de habanos. JUANITO VENTOLERA

Dirás luego que te chuleo, cuando eres tú propia quien me busca las vueltas, como a Cris­ to la M aría Magdalena. ¡Yo pago los cafeses y cuanto se tercie! ¡Y si te hallo de mi gus­ to te redimo! ¡Se responde con cartera! ¡M adre Celeste, a cerrar las puertas! ¡Esta noche reina aquí Juanito Ventolera! • *t» E L B U L T O en cap u ch ad o d e l fa ro l y el chuzo a p a rece p or la esquina. L a M a d re C e ­ leste arruga el ru edo d e las fa ld a s, m etién dose por m edio entre la d a ifa y el s o ld a d o **» LA MADRE

¡A no mover escándalo! ¡Niña, al adentro! ¡Basta de changüí, que palique en puerta só­ lo gana resfriados! Si este boquillero quiere juerga, que afloje los busiles. JUANITO VENTOLERA

Tengo en la bolsa un kilo de billetaje. LA MADRE

Conque saques un veragua...


JUANITO VENTOLERA

¡V oy a cegarte! **& S E D E S A B O T O N A y p alp a el p e c h o : D el bolsillo interior ex tra e una carta cerrada. S e m ete p or la sala d e d a ifa s con el sob re en la mano, bu scan do luz para leerlo: Q u ed a en el círculo d e la lám paraom * JUANITO VENTOLERA

Correo de difuntos. Sin franqueo. Señor Don Sócrates Galindo. LA DAIFA

D eja las burlas. ¿De dónde conoces a ese sujeto? JUANITO VENTOLERA

¡M i expatrón! LA DAIFA

¿El boticario de Calle Nueva? JUANITO VENTOLERA

El mismo. LA DAIFA

¡Qué enredo malvado! ¿Te habló de mí? ¿Cómo averiguaste el lazo que conmigo tiene?

.i


S

obras

de

v a l l e

-inclan

sg

JUANITO VENTOLERA

No entro por achares. De tu pasado, more­ na, no se me da nada. LA DAIFA

Pues tú me has tirado la pulla. JUANITO VENTOLERA

He leído el nombre que viene en el sobre. LA DAIFA

¿Y esa carta, cómo está en tus manos? ¿Quieres aclarármelo? JUANITO VENTOLERA

V enía en el terno. <m »LA S N I Ñ A S se acunan en las m eced o ­ ras: Fum an cigarrillos d e sold a d o , d eleitán ­ d o s e con p ereza g aloch a, un hilo d e humo en la raja pintada d e la boca. L a tía coruja, qu e se reco se el zan cajo b ajo la escalerilla, susurra con guiño, qu ebran d o la hebra^sr^ LA BRUJA

V

¿Cuántos cafeses? JUANITO VENTOLERA

Para toda la concurrencia.


LA MADRE

¡Alumbra por delante el pago, moreno! JUANITO VENTOLERA

M adre Celeste, tengo para comprarte todo el ganado. ^ J U A N I T O V E N T O L E R A p o sa la car­ ta en el velador, entre la baraja y el p lato d e habichu elas: T orn a a p a lp arse los bolsillos, y muestra un fa jo d e billetes. S e gu arda los bi­ lletes, rasga el sob re d e la carta y saca un p lie­ g o d e escritura torcida^ ** JUANITO VENTOLERA

Querido padre: Por la presente considere el arrepentimiento de esta su hija, que se repu­ ta como la más desgraciada de las mujeres.” LA DAIFA

¡Esa carta yo la escribí! ¡Mi carta! Juanillo Ventolera, rompe ese papel. ¡No leas más! ¡Si te pagan por venir a clavarme ese puñal, ya tienes cumplido! ¡Dame esa carta! JUANITO VENTOLERA

¿Tú la escribiste?


Sjs O B R A S

DE

VALLE'INCLAN

LA DAIFA

Y o misma. JUANITO VENTOLERA

¡Miau! ¡V as a darte por hija del difunto! LA DAIFA

¡Difunto mi padre! JUANITO VENTOLERA

¡Qué enredo macanudo! LA DAIFA

¡Responde! ¿Difunto mi padre? JUANITO VENTOLERA

¿El boticario de Calle Nueva? LA DAIFA

¡Justamente! JUANITO VENTOLERA

¡M i expatrón! Hoy ha recibido tierra el au­ tor de tus días. Ayer estiró el remo. ¡Niña, los dos heredamos! l a d a if a

¡Qué relajo de guasa!


JUANITO VENTOLERA

¡Este flux tan majo le ha servido de morta­ ja! M e propuso la changa para darle una bro­ ma a San Pedro. ¡Has heredado! ¡Eres huér­ fana! ¡Luz de donde el sol la toma, no te mi­ res más para desmayarte! LA DAIFA

¡Ay, mi padre! LA MADRE

¡Sujetadle las manos para que no se arañe el físico! ¡Que huela vinagre! ¡Satanás de los Infiernos, estos son los cafeses a que convida­ bas! yL A T I A C O R U J A acu de con un b o tellín. D os niñas sujetan las m anos d e la d esm a ­ y a d a: E n señ a las ligas, se le suelta el moño, suspira con espasm o histérico. Juanillo V en ­ tolera, en tanto la asisten, h a ce lectura d e la

carta**»

JUANITO VENTOLERA

"Querido padre: Por la presente considere usted el arrepentimiento de esta hija que se reputa como la más desgraciada de las muje-


y

res. Una mujer abandonada, considere, padre mío, que es puesta en los brazos del pecado. Considere, padre mío, qué cosa tan triste bus­ car trabajo y hallar cerradas todas las puer­ tas. Así que usted verá. Considere, padre mío, que, falta de recursos, muerta de hambre sin este trato de mi cuerpo aborrecido. Estuve en el hospital sacramentada, y todos allí me da­ ban por muerta. ¡V ea, padre mío, cómo me veo castigada! Recibí el recado que me mandó por la asistenta, y debo decirle no ser verdad que yo arrastre su honra, pues con esa mira cambié mi nombre, y digo en todas partes que me llamo Ernestina. No tiene, pues, nada que recelar, que siempre fui hija amantísima, y no iba ahora a dejar de serlo. En cuanto a lo otro que me manda decir, también lo haré. Confor­ me estoy en irme adonde no se sepa de mi vida. Pero tengo una deuda en la casa donde estoy, y el ama me retiene la ropa. Sin eso, ya me hubiese ido a Lisboa. Dicen que allí las españolas son muy estimadas. Las compañeras que conocen aquello lo ponen por cima de Barcelo­ na. E l viaje cuesta diez duros. Tocante a la deuda, con pagar la mitad ya me dejan sacar el


baúl. Padre mío, levánteme su maldición, mire por esta hija. No volveré a molestarle. La cantidad que le señalo es la menos con que puedo arreglarme, y a su buen corazón se encomien­ da ésta su hija que lo es, Ernestina. Así es como deben preguntar. Casa de la Carmelita­ na. Entremuros, 37. UNA NIÑA

{Está bien puesta la carta! OTRA NIÑA

jLa sacó del Manual! LA MADRE

Juanillo, hojea el billetaje. Después de este folletín los cafeses son obligados.


ESPERPENTO DE LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA ££


Biblioteca N acional de EspaĂąa


DRAMATIS PERSONAL DON ESTRAFALARIO Y DON MANOLITO, IN­ TELECTUALES *■ UN BULULÚ Y SUS CRISTO= BILLAS c» EL TENIENTE DON FRIOLERA, DOÑA LORETA, SU MUJER Y MANOLITA FRUTO DE ESTA PAREJA <® PACHEQUIN, BARBERO MAR= CHOSO <s> DOÑA TADEA, BEATA COT1LLONA & NELO EL PENEQUE, EL NIÑO DEL MELONAR Y CURRO CADENAS, MATUTEROS <s> DOÑA CA= LISTA LA DE LOS BILLARES

BARALLOCAS,

MOZO DE LOS BILLARES & LOS TENIENTES DON LAURO ROVIROSA, DON GABINO CAM= PERO Y DON MATEO CARDONA, EL CORONEL Y LA CORONELA o UN CIEGO ROMANCISTA < 2> UN CARABINERO O MERLIN, PERRILLO DE LANAS

UNA COTORRA

LA ACCION EN SAN FERNAN= DO DEL CABO, PERLA MARINA ESPAÑA

DE


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


ESPERPENTO DES2 LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA Sí P R O L O G O A S F E R IA S D E SA N T IA G O E L V E R D E , E N LA R A Y A PO R ­ TU GU ESA . E L CO ­ RRAL DE UNA PO ­ S A D A , CON EN ­ T R A R Y S A L IR D E G EN TES, TRA TO S, O F E R T A S Y P IC A R D E O . E n el aram bel d e l c o fted o r, d o s figu ras a som ad as: B oin as azules, vasto en trecejo, g o z o contem plativo ca­ si infantil y casi austero, todo a cu d e a d ecir que aqu ellas cab eza s son v ascon g ad as. Y así e s lo cierto. E l viejo rasurado, expresión mí­ nima y du lce d e leg o fran ciscan o, es D on M a nolito el P intor: Su com pañero, un esp ectro d e antiparras y barbas, es el clérigo h ereje qu e a h orcó los hábitos en O ñ ate:— L a mali­ cia ha d e ja d o en olvido su nom bre, p ara d e ­ cirle D on E stra fala rio — . C orren E sp a ñ a p or


con ocerla, y divagan alguna vez p roy ectan d o un libro d e d ibu jos y com entos DON ESTRAFALARIO

¿Qué ha hecho usted esta mañana, Don Manolito? ¡Tiene usted la expresión del hom­ bre que ha mantenido una conversación con los ángeles! DON MANOLITO

¡Qué gran descubrimiento, Don Estrafala­ rio! ¡Un cuadro muy malo, con la emoción de Goya y del Greco! DON ESTRAFALARIO

¿Ese pintor no habrá pasado por la Escue­ la de Bellas Artes? DON MANOLITO

No hq pasado por ninguna escuela. ¡Hace manos de seis dedos, y toda clase de diabluras con azul, albayalde y amarillo! DON ESTRAFALARIO

¡Debe ser un genio! DON MANOLITO

¡Un bárbaro!... ¡Da espanto! 98


a¡3 O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

DON ESTRAFALARIO

¿Y dónde está ese cuadro, Don Manolito? don m a n o l it o

Lo lleva un ciego. don

e s t r a f a l a r io

Y a lo he visto. don m a n o l it o

¿Y qué? don e s t r a f a l a r io

Que si usted quiere, lo compraremos a me­ dias. don m a n o l it o

El tuno que lo lleva, no lo vende. don e s t r a f a l a r io

¿Se lo ha puesto usted en precio? don m a n o l it o

¡Naturalmente! ¡Y se lo pagaba bien! ¡Lle­ gué a ofrecerle hasta tres duros! don e s t r a f a l a r io

En cinco puede ser que nos lo deje.


DON MANOLITO

V ale ese dinero. ¡Hay un pecador que se ahorca, y un diablo que ríe, como no los ha soñado G oya!... E s la obra maestra de una pintura absurda. Un Orbaneja de genio. El Diablo que saca la lengua y guiña el ojo, es un prodigio. Se siente la carcajada. Resuena. DON ESTRAFALARIO

También a mí me ha preocupado la caran­ toña del Diablo frente al Pecador. La verdad es que tenía otra idea de las risas infernales, había pensado siempre que fuesen de despre­ cio, de un supremo desprecio, y no: Ese pin­ tor absurdo me ha revelado que los pobres hu­ manos le hacemos mucha gracia al Cornudo Monarca. ¡Ese Orbaneja me ha llenado de dudas, Don Manolito! DON MANOLITO

Esta mañana apuró usted del frasco, Don Estrafalario. Está usted algo calamocano. DON ESTRAFALARIO

¡Alma de Dios, para usted lo estoy siem­ pre! ¿No comprende usted que si al Diablo le hacemos gracia los pecadores, la conse-


OBRAS

DE

VALLE-INCLAN

¡Í?S

«sü.

cuencia es que se regocija con la Obra Di­ vina? DON MANOLITO

En sus defectos, Don Estrafalario. DON ESTRAFALARIO

¡Que cae usted en el error de Manes! La Obra Divina está exenta de defectos. No crea usted en la realidad de ese Diablo que se in­ teresa por el sainete humano, y se divierte co­ mo un tendero. Las lágrimas y la risa nacen de la contemplación de cosas parejas a nos­ otros mismos, y el diablo es de naturaleza an­ gélica. ¿Está usted conforme, Don Manolito? don m a n o l it o

Póngamelo usted más claro, Don E strafa­ lario. ¡Expliqúese! don

e s t r a f a l a r io

Los sentimentales que en los toros se due­ len de la agonía de los caballos, son incapa­ c e s para la emoción estética de la lidia: Su sensibilidad se revela pareja de la sensibili­ dad equina, y por caso de cerebración incons­ ciente, llegan a suponer para ellos una suerte igual a la de aquellos rocines destripados. Si


no supieran que guardan treinta varas de mor­ cillas en el arca del cenar, crea usted que no se conmovían. ¿Por ventura los ha visto us­ ted llorar cuando un barreno destripa una cantera? DON MANOLITO

¿Y usted supone que no se conmueven por estar más lejos sensiblemente de las rocas que de los caballos? DON ESTRAFALARIO

Así es. Y paralelamente ocurre lo mismo con las cosas que nos regocijan: Reservamos nuestras burlas para aquello que nos es se­ mejante. DON MANOLITO

Hay que amar, Don Estrafalario: La risa y las lágrimas son los caminos de Dios. Esa es mi estética, y la de usted. DON ESTRAFALARIO

La mía no. M i estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las con­ versaciones de los muertos, al contarse histo­ rias de los vivos.


H

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

<jg

DON MANOLITO

¿Y por qué sospecha usted que sea así el recordar de los muertos? DON ESTRAFALARIO

Porque ya son inmortales. Todo nuestro arte nace de saber que un día pasaremos: Ese saber iguala a los hombres mucho más que la Revolución Francesa. DON MANOLITO

¡Usted, Don Estrafalario quiere ser como Dios! DON ESTRAFALARIO

Y o quisiera ver este mundo con la pers­ pectiva de la otra ribera. Soy como aquel mi pariente que usted conoció, y que una vez, al preguntarle el cacique, qué deseaba ser, con­ testó: Yo, difunto. ém üEN E L C O R R A L d e la p o sa d a , y al c o ­ bijo d el corredor, se ha jun tado un corro d e ferian tes.— B a jo la cap a p ard a d e un viejo la­ dino revelan sus bultos los m uñecos d e un tea­ tro rudim entario y popular. E l Bululú teclea un aire d e fa n d a n g o en su d esv en cija d a zanfoñ a, y el acólito, rapaz llen o d e m alicias, se


ira

le esco n d e b a jo la capa, pava m over los mu­ ñecos. C om ien za la represen tación 9 * » EL BULULÚ

¡M i Teniente Don Friolera, saque usted la cabeza de fuera! VOZ DE FANTOCHE

Estoy de guardia en el cuartel. EL BULULÚ

¡Pícara guardia! La bolichera, mi Teniente Don Friolera, le asciende a usted a coronel. VOZ DE FANTOCHE

¡Mentira! EL BULULÚ

No miente el Ciego Fidel. «& -EL F A N T O C H E , con los brazos a sp a ­ d o s ij el ros en la oreja, h a ce su aparición s o ­ bre un hom bro d e l com p ad re qu e guiña el o jo can tan do al son d e la zanfoñaq¡%& EL BULULÚ

¡A la jota jota, y más a la jota, que Santa Lilaila parió una marmota! ¡Y la marmota pa­ rió un escribano con pluma y tintero de cuer-


no, en la mano! ¡Y el escribano parió un es­ cribiente con pluma y tintero de cuerno, en la frente! EL FANTOCHE

¡Calla, renegado perro de Moisés! T ú bus­ cas morir degollado por mi cuchillo portugués. EL BULULÚ

¡Sóoo! No camine tan agudo, mi Teniente Don Friolera, y mate usted a la bolichera, si no se aviene con ser cornudo. EL FANTOCHE

¡Repara, Fidel, que no soy su marido, y al no serlo no puedo ser juez! el bululú

Pues será usted un cabrón consentido. el fa n to ch e

Antes que eso le pico la nuez. ¿Quién mi honra escarnece? /

El

bululú

Pedro M al-Casado. el fa n to ch e

¿Qué pena merece?

ém


EL BULULÚ

Morir degollado. EL FANTOCHE

¿En qué oficio trata? EL BULULÚ

Burros aceiteros conduce en reata, ganando dineros. M i Teniente Don Friolera, llame us­ ted a la bolichera. EL FANTOCHE

¡Comparece, mujer deshonesta! UN GRITO CHILLÓN

¿Amor mío, por qué así me injurias? EL FANTOCHE

¡A este puñal pide respuesta! EL GRITO CHILLÓN

¡Amor mío, calma tus furias! **& P O R E L O T R O hom bro d e l com padre, h a ce su aparición una m oña, cara d e luna y p elo d e estop a: E n el rod ete una rosa d e papel. G rita asp an d o los brazos. M an otea. S e azota con rabioso tab leteo la cara d e madera<tm*


gs

OBRAS

DE

VALLE-INCLAN

gs

EL BULULU

Si la camisa de la bolichera huele a aceite, mátela usted. LA MOÑA

¡Ciego piojoso, no encismes a un hombre celoso! EL BULULÚ

Si pringa de aceite, dele usted mulé. Le­ vántele usted el refajo, sáquele usted el fal­ dón para fuera, y olisquee a qué huele el pis­ pajo, mi Teniente Don Friolera. ¿Mi Teniente qué dice el faldón? EL FANTOCHE

¡Válgame Dios, que soy un cabrón! EL BULULÚ

Dele usted, mi Teniente, baqueta. Zúrrela usted, mi Teniente, el pandero. Abrala usted con la bayoneta, en la pelleja un agujero. ¡M á­ tela usted si huele a aceitero! LA MOÑA

Vertióseme anoche el candil al meterme en los cobertores: ¡De eso me huele el fogaril, no de andar en otros amores! ¡Ciego mentiro-


so, mira tú de no ser más cabrón, y no encis­ mes el corazón de un enamorado celoso! EL BULULÚ

¡Ande usted, mi Teniente,-con ella! ¡Cósala usted con un puñal! Tiene usted, por su bue­ na estrella, vecina la raya de Portugal. EL FANTOCHE

¡M e comeré en albondiguillas el tasajo de esta bribona, y haré de su sangre morcillas! EL FANTOCHE

Convide usted a la comilona. LA MOÑA

¡Derramas mi sangre inocente, cruel ena­ morado! ¡No dicta sentencia el hombre pru­ dente, por murmuraciones de un malvado! EL FANTOCHE

¡Muere, ingrata! ¡Guiña el ojo y estira la pata! LA MOÑA

¡Muerta soy! ¡El Teniente me mata! **i» E L F A N T O C H E reparte tajos y cuchi­ lla d a s con la cimitarra d e O telo: L a corv a h oja


reluce terrible sob re la cab eza d el com padre. L a M oñ a cae soltan do las horquillas y en se­ ñando las calcetas. R em olin o d e gritos y bra­ zos aspados-v** EL BULULÚ

¡M i Teniente, alerta, que con los fusiles es­ tán los civiles llamando a la puerta. Del Bur­ go, Cabrejas, Medina y Valduero, las cuatro parejas, con el aceitero! EL FANTOCHE

¡San Cristo, qué apuro! EL BULULÚ

Al pie de la muerta, suene usted, mi T e ­ niente, un duro por ver si despierta. ¿M i T e ­ niente, cómo responde? EL FANTOCHE

¿Cómo responde? Con una higa, y el duro esconde bajo la liga. el bululú

¿Mi Teniente, es alta la media? EL FANTOCHE

¡Si es alta la media! Media conejera.


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

EL BULULÚ

¡Olé la Trigedia de los Cuernos de Don Friolera! T E R M IN A la representación . A ire d e fa n d a n g o en la zan foñ a d e l C om padre. E l a c ó ­ lito d e ja el socaire d e la capa, y d a vuelta al corro, h acien do saltar cuatro perron as en un platillo d e peltre. E n lo alto d el m irador, las c a b ez a s v ascon g ad as sonríen ingenuam ente. DON MANOLITO

Parece teatro napolitano. DON ESTRAFALARIO

Pudiera acaso ser latino. Indudablemente la comprensión de este humor y esta moral, no es de tradición castellana. E s portuguesa y cán­ tabra, y tal vez de la montaña de Cataluña. Las otras regiones, literariamente, no saben nada de estas burlas de cornudos, y este donoso buen sentido, tan contrario al honor teatral y africano de Castilla. Ese tabanque de muñe­ cos sobre la espalda de un viejo prosero, para mí, es más sugestivo que todo el retórico tea­ tro español. Y no digo esto por amor a las for­ mas populares de la literatura... ¡Ahí están las abominables coplas de Joselito!


8j| O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

#g

DON MANOLITO

A usted le gustan las del Espartero. DON ESTRAFALARIO

Todas son abominables. Don Manolito, cada cual tiene el poeta que se merece. DON MANOLITO

Las otras notabilidades nacionales, no pa­ san de la gacetilla. DON ESTRAFALARIO

Esas coplas de toreros, asesinos y ladrones, son periodismo ramplón. DON MANOLITO

Usted, con ser tan sabio, las juzga por lec­ tura, y de ahí no pasa. ¡Pero cuando se can­ tan con acompañamiento de guitarra, adquie­ ren una gran emoción! No me negará usted que el romance de ciego, hiperbólico, truculen­ to y sanguinario, es una forma popular. DON ESTRAFALARIO

Una forma popular judaica, como el honor calderoniano. La crueldad y el dogmatismo del drama español, solamente se encuentra en la

j


Biblia. La crueldad sespiriana es magnífica, porque es ciega, con la grandeza de las fuerzas naturales. Shakespeare, es violento, pero no dogmático. La crueldad española, tiene toda la bárbara liturgia de los Autos de Fe. E s fría y antipática. Nada más lejos de la furia ciega de los elementos, que Torquemada: E s una furia escolástica. Si nuestro teatro tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magní­ fico: Si hubiese sabido transportar esa vio­ lencia estética, sería un teatro heroico como la Iliada. A falta de eso, tiene toda la antipa­ tía de los códigos, desde la Constitución a la Gramática. DON MANOLITO

Porque usted es anarquista. DON ESTRAFALARIO

¡T al vez! DON MANOLITO

¿Y de dónde nos vendrá la redención, Don Estrafalario? DON ESTRAFALARIO

Del Compadre Fidel. ¡Don Manolito, el re112


tablo de este tuno, vale más que su Orbaneja! DON MANOLITO

¿Por qué? DON ESTRAFALARIO

Está más lleno de posibilidades. DON MANOLITO

No admito esa respuesta. Usted no es filó­ sofo, y no tiene derecho a responderme con pedanterías. Usted no es más que hereje, co­ mo Don Miguel de Unamuno. DON ESTRAFALARIO

¡A Dios gracias! Pero alguna vez hay que ser pedante. E l Compadre Fidel es superior a Y ago. Y ago, cuando desata aquel conflicto de celos, quiere vengarse, mientras que ese otro tuno, espíritu mucho más cultivado, sólo trata de divertirse a costa de Don Friolera. Shakespeare rima con el latido de su corazón, el corazón de O telo: Se desdobla en los celos del M oro: Creador y criatura son del mismo barro humano. En tanto ese Bululú, ni un solo momento deja de considerarse superior por na­ turaleza, a los muñecos de su tabanque. T ie ­ ne una dignidad demiúrgica.


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OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

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DON MANOLITO

Lo que usted echaba de menos en el Diablo de mi Orbaneja. DON ESTRAFALARIO

Cabalmente, alma de Dios. DON MANOLITO

¿Qué haría usted viendo ahorcarse a un pe­ cador? DON ESTRAFALARIO

Preguntarle por qué no lo había hecho an­ tes. E l Diablo es un intelectual, un filósofo, en su significación etimológica de amor y saber. El Deseo de Conocimiento, se llama Diablo. DON MANOLITO

E l Diablo de usted es demasiado universi­ tario. DON ESTRAFALARIO

Fué estudiante en Maguncia, e inventó allí, el arte funesto de la Imprenta.


ESPERPENTO DESS LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA Sí ESCENA P R I M E R A g j ^ S A N FERN A N D O D E C A B O E S T R 1V E L : U N A C IU D A D E M PINGOROTAD A S O B R E C A N T I­ L E S . E n los cristales d e los m iradores, el sol en­ cien d e los mism os cabri­ lleos qu e en la turquesa d el mar. A lo largo d e los m uelles, un m ecerse d e arboladu ras, v elá­ m enes y chim eneas. E n la punta, estrem ecida por bocan as d e aire, la garita d el R esg u ard o. O lor d e cañ a quem ada. O lor d e tabaco. O lor d e brea. L ev an te fresco . E l himno inglés en Las rem otas corn etas d e un barco d e guerra. A la puerta d e la garita con el fusil terciado, un carabin ero, y en el m arco azul d el ventani­ llo, la gorra d e cuartel, una oreja y la pipa d el T eniente D on P ascu al A stete— D on F rio ler a — • U na som bra, raposa, cau telosa, ronda la


garita: P o r el ventanillo a sesta una p ied ra y e sca p a a g a ch a d a . L a p ied ra trae a ta d o un p a ­ p e l con un escrito. D on F rio lera lo r ec o g e tu­ rulato, y espan ta los o jo s ley en d o el p a p e lto v DON FRIOLERA

T u mujer piedra de escándalo. ¡Esto es un rayo a mis pies! ¡Loreta con sentencia de muer­ te! ¡Friolera! Si fuese verdad tendría que de­ gollarla! ¡Irremisiblemente condenada! En el Cuerpo de Carabineros no hay cabrones. ¡Friolera! ¿Y quién será el carajuelo que le ha trastornado los cascos a esa P u tifar!... Afortunadamente no pasará de una vil ca­ lumnia: Este pueblo, es un pueblo de cana­ llas. Pero hay que andarse con pupila. A Lo­ reta me la solivianta ese pendejo de Pachequín. Y a me tenía la mosca en la oreja. Caer, no ha caído. ¡Friolera! Si supiese qué vainípedo escribió este papel, se lo comía. Para al­ gunos canallas no hay mujer honrada... Soli­ citaré el traslado por si tiene algún fundamen­ to esta infame calumnia... Cualquier ligereza, una imprudencia, las mujeres no reflexionan. ¡Pueblo de canallas! Y o no me divorcio por una denuncia anónima. ¡La desprecio! Loreta


seguirá siendo mi compañera, ei ángel de mi hogar. Nos casamos enamorados, y eso nun­ ca se olvida. Matrimonio de ilusión. M atri­ monio de puro amor. ¡Friolera! E E N T E R N E C E con tem plan do un g u ard ap elo colg an te en la cad en a d el reloj, suspira y enjuga una lágrim a. P a s a p or su voz e / trém olo d e un sollozo, y se le arruga la voz, con las m ism as arrugas qu e la caracs#* DON FRIOLERA

¿Y si esta infamia fuese verdad? La mujer es frágil. ¿Quién le iba con el soplo al T e mente Capriles?... ¡Friolera! ¡Y era público que su esposa le coronaba! No era un cabrón consentido. No lo era... Se lo achacaban. Y cuando lo supo mató como un héroe a la mu­ jer, cu asistente y al gato. Amigos de toda la ^ a- Compañeros de campaña. Los dos con 3 ^ edalla de Joló. Estábamos llamados a una suerte pareja. El oficial pundonoroso, ja ­ más perdona a la esposa adúltera. E s una barcandad. Para muchos lo es. Y o no lo admito: la mujer que sale mala, pena capital. El paisano, y el propio oficial retirado, en alguuas ocasiones, muy contadas, pueden perdo-


nar: Se dan circunstancias: La mujer que vio­ lan contra su voluntad, la que atropellan acos­ tada durmiendo, la mareada con alguna be­ bida: Solamente en estos casos admito yo la caída de Loreta. Y en estos casos tampoco podría perdonarla. Sirvo en activo. Pudiera hacerlo retirado del servicio. ¡Friolera! <*X>VUELVE a d eletrear con las cid as so b r e el p a p el: L o escudriña se lo p a sa p or la nariz, o lfa tea n d o : p lieg a y esc o n d e en el fo n d o d e la

c eja s tor­ al trasluz, A l c a b o lo petaca<t+*

DON FRIOLERA

¡M i mujer piedra de escándalo! E l torcedor ya lo tengo. Si es verdad quisiera no haberlo sabido. M e reconozco un calzonazos. ¿A dónde voy yo con mis cincuenta y tres años averiados? ¡U na vida rota! En qué poco está la felicidad, en que la mujer te salga cabra. ¡Qué mal ángel, destruir con una denuncia anónima la paz conyugal! ¡Canallas! D e bue­ na gana quisiera atrapar una enfermedad y morirme en tres días. ¡Soy un mandria! ¡A mis años andar a tiros!... ¿Y si cerrase los ojos para ese contrabando? ¿Y si resolviese no saber nada ? ¡Este mundo es una solfa!


*S O B R A S Se.

DE V A L L E - I N C L Á N

¿Qué culpa tiene el marido de que la mujer le„ salga rana? ¡ Y no basta una honrosa se­ paración! ¡Friolera! ¡Si bastase!... La galería no se conforma con eso. E l principio del ho­ nor ordena matar. ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum !... E l mundo nunca se cansa de ver títeres y agra­ dece el espectáculo de balde. ¡Formulismos!... ¡Bastante tiene con su pena el ciudadano que ve deshecha su casa! ¡Y a lo creo! La mujer por un camino, el marido por otro, los hijos sin calor, desamparados. Y al sujeto en estas circunstancias, le piden que degüelle, y se sa­ tisfaga con sangre como si no tuviese otra cosa que rencor en el alma. ¡Friolera! Y todos somos unos botarates. Y o mataré como el pri­ mero. ¡Friolera! Soy un militar español y no tengo derecho a filosofar como en Francia. ¡En el Cuerpo de Carabineros no hay maridos cabrones! ¡Friolera! *

4W¡ A C A L O R A D O , se quita el g orro y m ete la cab eza p or el ventanillo, respiran do en las ráfa g a s d el mar. L o s cuatro p elo s d e su calv a bailan un b aile fatuo. E n el fo n d o d el m uelle, so b re un grupo d e m ujeres y rap a ces bam bo­ lea el ataú d d estin ad o a un capitán m ercante,


fa lle cid o a b ord o d e su barco. P achequ ín el B a rb ero, qu e fu é llam ado p ara raparle las b ar­ bas, c o je a detrás, p isán d ose la punta d e la capa. D on F rio lera , al verle, s e r ec o g e en la garita. L e tiem bla el b ig o te com o a los g atos cuando estornudan DON FRIOLERA

¡E ra feliz sin saberlo, y ha venido ese pata coja a robarme la dicha!... Y acaso n o ... Esta sospecha debo desecharla. ¿Qué fundamento tiene? ¡Ninguno! ¡E l canalla que escribió el anónimo es el verdadero canalla! Si esa calum­ nia fuese verdad, ateo como soy, falto de los consuelos religiosos, náufrago en la vida... En estas ocasiones, sin un amigo con quien mani­ festarse, y alguna creencia, el hombre lo pasa mal. ¡Amigo! ¡No hay amigos! ¡Tú eres un ejemplo, Juanito Pacheco! & C A M B IA el g orro p o r el ros y sale d e la garita. E l carabin ero d e la puerta s e cuadra, y el teniente le mira en igm ático**** DON FRIOLERA

¿Qué haría usted si le engañase su mujer, Cabo Alegría?


Sg O B R A S

DE V A L L E - I N C L A N

EL CARABINERO

M i teniente, matarla como manda Dios. don f r io l e r a

¡Y después!... EL CARABINERO

¡Después, pedir el traslado!


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ESPERPENTO DE2£ LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA Sí ESCENA SEGVNDA O S T A N I L L A DE S A N T IA G O E L V E R ­ D E , S U B IE N D O D E L P U E R T O .— C a sa s en­ calad as, patios florid os, m orunos can celes.— Ju anito P a c h ec o , P achequ ín el b a r b e r o , cuarentón c o jo y narigudo, con cap a torera y kep is azul, rasgu ea la guitarra sen tad o b a jo el jau lote d e la cotorra, chillón y crom ático. D oñ a L oreta, la señ ora tenienta, en la reja d e una casa fro n ­ teriza, se p ren d e un clavel en el rodete. P a c h e ­ quín canta con los o jo s en blanco PACHEQUÍN

A tus pies, gachona mía, Pongo todo mi caudal: Una jaca terciopelo, Un trabuco y un puñal... 123


LA COTORRA

¡Olé! ¡Viva tu madre! DOÑA LORETA

¡Hasta la cotorra le jalea a usted, Pachequín! PACHEQUÍN

¡Tiene un gusto muy refinado! DOÑA LORETA

Le adula. PACHEQUÍN

No sea usted satírica, Doña Loreta. Concé­ dame que algo se chanela. DOÑA LORETA

¿Qué toma usted para tener esa voz per­ lada? PACHEQUÍN

Rejalgares que me da una vecina muy flan\enca. DOÑA LORETA

Serán rejalgares, pero a usted se le con­ vierten en jarabe de pico.


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

jjjs

PACHEQUÍN

¡Usted no me ha oído suspirar! ¡Pues va a ser preciso que usted me oiga! doña l o r e t a

M e he quedado sorda de un aire. PACHEQUÍN

Son rejalgares, Doña Loreta. DOÑA LORETA

Pero no los recibirá usted de mano de ve­ cina, pues toda la tarde se la pasó el amigo de bureo. PACHEQUÍN

Le debo una explicación, Doña Loreta. DOÑA LORETA

¡Qué miramiento! ¡A mí no me debe usted nada! PACHEQUÍN

Han reclamado mis servicios para rapar las barbas de un muerto. DOÑA LORETA

¡M ala sombra!


H

PACHEQUÍN

Un servidor no cree en agüeros. Falleció a bordo el Capitán de la Joven Pepita. DOÑA LORETA

¡Por eso hacía señal la campana de San­ tiago el Verde! PACHEQUÍN

A las siete es el sepelio. DOÑA LORETA

¿Falleció de su muerte? PACHEQUÍN

Falleció de unas calenturas, y lo propio del marino es morir ahogado. DOÑA LORETA

Y lo propio de un barbero, morir de pel­ mazo. PACHEQUÍN

¡Doña Loreta, es usted más rica que una ciruela! DOÑA LORETA

Y usted un vivales. 126


8g O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

PACHEQUÍN

Y o un pipi sin papeles, que está por usted ventolera. DOÑA LORETA

¡Que se busca usted un compromiso con mi esposo! PACHEQUÍN

Y a andaríamos con pupila, llegado el ca­ so, Doña Loreta. DOÑA LORETA

No hay pecado sellado. PACHEQUÍN

¿Y de saberse, qué haría el Teniente? DOÑA LORETA

¡Matarnos! PACHEQUÍN

No llame usted a esa puerta tan negra. ¡Se­ ría un por de más! doña l o r e t a

¡Ay, Pachequín, la esposa del militar, si cae, ya sabe lo que la espera!

J


PACHEQUÍN

¿No le agradaría a usted morir como una celebridad, y que su retrato saliese en la Prensa? DOÑA LORETA

¡La vida es muy rica, Pachequín! A mí me va muy bien en ella. PACHEQUÍN

¿Es posible que no la camele a usted salir retratada en A B C ? DOÑA LORETA

¡Tío guasa! PACHEQUÍN

¿Quiere decirse que le es a usted invero­ símil? DOÑA LORETA

¡Completamente! PACHEQUÍN

No paso a creerlo. DOÑA LORETA

Como sus murgas esta servidora.


PACHEQUÍN

No es caso parejo. ¿Qué prueba de amor me pide usted, Doña Loreta? DOÑA LORETA

Ninguna. T enga usted juicio y no me so­ foque. PACHEQUÍN

¿V a usted a quererme? DOÑA LORETA

H a hecho usted muchas picardías en el mundo, y pudiera suceder que las pagase to­ das juntas. PACHEQUÍN

Si había de aplicarme usted el castigo, lo celebraría. DOÑA LORETA

Usted se olvida de mi esposo. PACHEQUÍN

Quiérame usted, que para ese toro tengo yo la muleta de Juan Belmonte. doña l o r e t a

No puedo quererle, Pachequín.


PACHEQUÍN

¿Y tampoco puede usted darme el clavel^ que luce en el moño? DOÑA LORETA

¿M e va mal? PACHEQUIN

Le irá a usted mejor este reventón de mi solapa. ¿Cambiamos? DOÑA LORETA

Como una fineza, Pachequín. Sin otra sig­ nificación. PACHEQUIN

Un día la rapto, Doña Loreta. DOÑA LORETA

Peso mucho, Pachequín. PACHEQUIN

¡Levanto yo más quintales que San Cris­ tóbal! DOÑA LORETA

Con el pico. <&l»DOÑA L O R E T A ríe, h acien do escalas 130


bu ch on as, y se d esp ren d e el clavel d e l rodete. L a s m angas d el p ein ad or escurren por los brazos desn u d os d e la T enienta. E n el silencio ex p resiv o d el cam bio d e m iradas, una beata con m anto d e merinillo, asom a p or el atrio d e S an tiago: D oñ a T a d e a C ald erón , q u e adu sta y espan tadiza, viendo el trueque d e claveles, se santigua con la cruz d e l rosario: L a taras­ ca, retirán dose d e la reja, toca hierrdftfe» DOÑA LORETA

¡Lagarto! ¡Lagarto! ¡Esa bruja me da espe­ luznos! m toD O Ñ A T A D E A p a sa atisban do. E l g a ­ rabato d e su silueta se recorta sob re el d estello ceg a d o r y moruno d e las casas en caladas. S e d esv a n ece b ajo un porche, y a p o co su c a b e ­ za d e lechu za, asom a en el ventano d e una guardilla^*»


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ESPERPENTO DES: LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA ESCENA TERCERA 8 ^ L C E M E N T E R IO D E 'S A N T IA G O E L V E R \DE: u n a t a p i a IB L A N C A C O N C I IP R E S E S , Y C A N C E L lN E G R O C O N U N A C R U Z .— S o b re la tie­ r r a rem ovida, el c a p e ­ llán reza atrop ella d o un respon so, y el cortejo d e m ujerucas y m arineros s e d ispersa. A l s o ­ caire d e la tapia, com o una som bra, va el T e ­ niente D on F riolera, qu e s e cruza con algunos acom pañ an tes d el entierro. Juanito P a ch eco , cojea n d o , pingona la cap a, se le em parejacp& • PACHEQUÍN

>

¡Salud, mi Teniente! DON FRIOLERA

Apártate, Pachequín.

f


PACHEQUÍN

¡Tiene usted la color mudada! ¡A usted le ocurre algún contratiempo! DON FRIOLERA

No me interrogues. PACHEQUÍN

Manifiéstese usted con un amigo leal, mi T eniente. DON FRIOLERA

Pachequín, ya llegará ocasión de que ha­ blemos. Ahora sigue tu camino. PACHEQUÍN

Conforme, no quiero serle molesto, mi T e ­ niente. DON FRIOLERA

¡Oye! ¿Por qué sales del cementerio? PACHEQUÍN

H e venido dando convoy al cadáver de un parroquiano. DON FRIOLERA

¡Poca cosa!... 134


PACHEQUÍN

¡Y tan poca! DON FRIOLERA

No hablemos más. ¡Adiós! PACHEQUÍN

Todavía una palabra. DON FRIOLERA

¡Suéltala! PACHEQUÍN

¿Qué le ocurre a usted, mi Teniente? ¡Abra usted su pecho a un amigo! DON FRIOLERA

V erías el Infierno. PACHEQUÍN

¡Le hallo a usted como estrafalario! DON FRIOLERA

Estás en tu derecho. <+»D O N F R IO L E R A , hacien d o g estos, s e a leja p e g a d o al blanco tapial d e cipreses, y el barbero, con ton eán d ose con el ritmo desigu al d e la cojera, a b o rd a un grupo d e tres sujetos


m archosos, qu e con versan en el cam pillo, fren ­ te a la n egra can cela. A q u el d e la bu fan da, calzon es d e od alisca y p ed a les am arillos, muy pinturero, es el N iñ o d el M elon ar: A q u el pom ­ p o so p ato azul con cresta roja, C urro C a d e ­ nas: Y el qu e dogm atiza con el fa g o t b a jo el carrik y el kep is so b re la oreja, N elo el P e-

neque-T^t PACHEQUÍN

[Salud, caballeros! EL PENEQUE

¡Salud, y pesetas! PACHEQUÍN

D e eso hay poco. EL PENEQUE

Pues son las mejores razones en este mundo. CURRO

Esas ladronas nunca dejan de andar de por medio: Ellas y las mujeres son nuestra con­ denación. EL NIÑO

¿Tú qué dices, Pachequín? 136


PACHEQUÍN

Aprendo la doctrina. EL NIÑO

Cultivando a la Tenienta. CURRO

¡No es mala mujer! EL PENEQUE

Cartagenera y esposa de militar, pues di­ cho se está que buen pico, buen garbo y bue­ na pierna. PACHEQUÍN

En ese respecto, un servidor se declara in­ competente. EL NIÑO

¿Todavía no le has regalado unas ligas a la Tenienta? PACHEQUÍN

Caballeros, con tanta risa van ustedes a sentir disnea. el

pen eque

No te ofendas, ninche.


PACHEQUÍN

Doña Loreta es una esposa fiel a sus debe­ res. La amistad que me une con su esposo, es la filarmonía. Don Pascual es un fenómeno de los buenos haciendo sonar la guitarra. EL PENEQUE

¡La mejor guitarra está hoy en el Presidio de Cartagena! EL NIÑO

¿A quién señalas? EL PENEQUE

Al Pollo de Triana. PACHEQUÍN

Don Pascual tiene un estilo parejo. EL PENEQUE

No le conocía yo esa gracia. PACHEQUÍN

¡Un coloso! CURRO

No miente el amigo. A Don Friolera ven­ go yo tratándole hace muchos años. En la Pla­ za de Algeciras le he conocido sirviendo en


clase de sargento, y tuve ocasión de oírle al­ gunos conciertos. ¡E s una guitarra de las bue­ nas! Entonces Don Friolera estaba tenido por sujeto mirado y servicial, de lo más razonable y decente del Cuerpo de Carabineros. EL NIÑO

¡Menudo cambiazo el que ha dado! Hoy pone la cucaña en el Pico de Teide. EL PENEQUE

Pues la mucha familia no le obliga a ese rigor. EL NIÑO

E s la obra de los galones. Se ha desvane­ cido. E n una pacotilla de cien duros, a lo pre­ sente, te pide un quiñón de veinticinco. PACHEQUÍN

Hoy los duros son pesetas. No están las cosas como hace algunos años. EL PENEQUE

¡Y todo este desavío nos lo trajo el Kaiser! CURRO

¡Y aún ha de tardar el arreglo! La España


de cabo a cabo hemos de verla como está Bar­ celona. Y el que honradamente juntó cuatro cuartos, tendrá que suicidarse. <&S»SE alejan h acien d o estacion es. S o b re las cuatro figu ras en hilera ondula una r á fa g a d e viento. A n o ch ece. E l T en ien te, con g esto s d e m aníaco, viene b ord ean d o la tapia, p a sa b a jo la som bra d e los cipreses, y continúa la ron da d e l cem enterio. B u ltos n egros d e m ujerucas con reb o zo s salpican el cam pillo. E l T en ien te se cruza con una vieja qu e le clava los o jo s d e p a jarraco : P eq u eñ a, cetrina, ratonil, va cu­ bierta con un m anto d e merinillo. D on F r io le ­ ra sien te el p eso d e aqu ella m irada, y una sú­ bita iluminación. S e vuelve y atrap a a la beata p or el moño.f+> DON FRIOLERA

¡Doña Tadea, merece usted morir que­ mada! DOÑA TADEA

¡Está usted loco! DON FRIOLERA

¡Quemada por bruja! 140


OBRAS

DE V A L L E . I N C L Á N

5jg

DOÑA TADEA

¡No me falte usted! DON FRIOLERA

¡Usted ha escrito el anónimo! DOÑA TADEA

¡Respete usted que soy una anciana! DON FRIOLERA

¡Usted lo ha escrito! DOÑA TADEA

¡Mentira! DON FRIOLERA

¿Sabe usted a lo que me refiero? DOÑA TADEA

No sé nada, ni me importa. DON FRIOLERA

V a usted a escupir esa lengua de serpien­ te. ¡Usted me ha robado el sosiego! DOÑA TADEA

Piense usted si otros no le robaron algo más. DON FRIOLERA

¡Perra!


DOÑA TADEA

¡Suélteme usted! ¡Ay! ¡Ay! DON FRIOLERA

¡Bruja! ¡M e ha mordido la mano! DOÑA TADEA

¡Asesino! Devuélveme el postizo del moño. DON FRIOLERA

¡Arpía! ¿Por qué has escrito esa infamia? DOÑA TADEA

¡Se atreve usted con una pobre vieja, y con quien debe atreverse, mucha ceremonia! DON FRIOLERA

¡M ujer infernal! DOÑA TADEA

¡Grosero! DON FRIOLERA

¡Usted ha escrito el papel! DOÑA TADEA

¡Chiflado! DON FRIOLERA

¡Pero usted sabe que soy un cabrón!


jjg O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

Jg

DOÑA TADEA

Lo sabe el pueblo entero. ¡Suélteme usted! Debe usted sangrarse. DON FRIOLERA

¡Aborto infernal! DOÑA TADEA

¡M e da usted lástima! DON FRIOLERA

¿Con quién me la pega mi mujer? DOÑA TADEA

Eso le incumbe a usted averiguarlo. Vigile usted. DON FRIOLERA

¿Y para qué, si no puedo volver a ser feliz? DOÑA TADEA

Tiene usted una hija, edúquela usted, sin malos ejemplos. V iva usted para ella. DON FRIOLERA

¿El ladrón de mi honra, es Pachequín? DOÑA TADEA

¿A qué pregunta, Señor Teniente? Usted


puede sorprender el adulterio, si disimula y anda alertado. DON FRIOLERA

¿Y para qué? DOÑA TADEA

Para dar a los culpables su merecido. DON FRIOLERA

¡La muerte! DOÑA TADEA

¡Virgen Santa! ^ t f L A vieja gazm oñ a huye en señ an do las ca~ nillas. D on F rio lera se sienta al p ie d e l negro can cel, y d a n d o un suspiro, a m edia voz, inicia su m on ólogo d e cornudo,


ESPERPENTO DES£ LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA ESCENA C V A R T A A C O S T A N IL L A D E S A N T IA G O E L V E R DE, CU A N D O L A S E S T R E L LA S H A ­ C E N G U IÑ O S S O ­ B R E L O S T E JA D O S . Un borracho sa le bai­ lan do a la puerta d el B i­ llar d e doñ a C alixta. L a última beata vuelve d e la novena: A rreb u jad a en su m anto d e merinillo, p a sa fisg on a m etiendo el h ocico por rejas y puertas: E n el claro d e luna, el g a ra b ato d e su som bra tiene rem iniscencias d e vulpeja: E s c u ­ rridiza, d e sa p a re c e b ajo los p o rch es y reap are­ ce sob re la ban da d e luz qu e vierte la reja d e una sala b aja y dom inguera, alum brada por quinqué d e p orcelan a azul. S e d etien e a espiar. D on F riolera, sen tad o ante el v elad or con ta­ p ete d e m alla, sostien e abierto un álbum d e re­ tratos: S e p ercib e el pueril y cristalino pun tea-

.


d o d e su ca ja d e música. D on F riolera, en el reflejo am arillo d e l quinqué, es un fa n to c h e trá­ gico. L a b ea ta se a cerca, y p eg a a la reja su p erfil d e lechuza. E l T en ien te levanta la c a b e ­ za, y los d o s se miran un instante DOÑA TADEA

¡Esta tarde me ha dado usted un susto! Po­ día haberle denunciado. DON FRIOLERA

¡Antes había recibido una puñalada en e! corazón! DOÑA TADEA

¡Es usted maniático, Señor Teniente! DON FRIOLERA

Doña Tadea, usted está siempre como una lechuza en la ventana de su guardilla, usted sabe quién entra y sale en cada casa... ¡Doña Tadea maldita, usted ha escrito el anónimo! DOÑA TADEA

¡Jesús María! DON FRIOLERA

¡Aún conserva la tinta en las uñas!


DOÑA TADEA

¡Falsario! DON FRIOLERA

¿Por qué ha encendido usted esta hoguera en mi alma? DOÑA TADEA

¡Calumniador! DON FRIOLERA

¡Sólo usted conocía mi deshonra! DOÑA TADEA

¡Papanatas! DON FRIOLERA

¡Doña Tadea, merecía usted ser quemada! DOÑA TADEA

¡Y usted llevar la corona que lleva! DON FRIOLERA

Y o soy militar y haré un disparate. DOÑA TADEA

¡Ave María! ¡Por culpa de dos réprobos una tragedia en nuestra calle!


DON FRIOLERA

¡Considere usted el caso! DOÑA TADEA

¡Porque lo considero, Señor Teniente! DON FRIOLERA

¡El honor se lava con sangre! DOÑA TADEA

¡Eso decían antaño!... DON FRIOLERA

¡Cuando quemaban a las brujas! DOÑA TADEA

¡Señor Teniente, no tenga usted para mí tan negra entraña!... Pudiera ser que no hubiese fornicio. Usted, guarde a su esposa. DON FRIOLERA

¿Quién ha escrito el anónimo, Doña Tadea? DOÑA TADEA

¡Yo sólo sé nfis pecados! f> L A vieja s e arrebu ja en el m anto, d e sa p a ­ rece en la som bra d e la calleju ela, rea p a rece en el ventano d e su guardilla, y b a jo la luna, espía


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

con o jo s d e lechu za: S an tigu án dose o y e el cis­ ma d e los m al casad os. D on F rio lera y D oñ a L oreta, riñen a gritos, baten las puertas, entran y salen con los brazos abiertos. S o b re el v ela­ d or con tap ete d e m alla, el quinqué d e p o rcela ­ na azul alum bra la sala dom inguera. E l m ovi­ m iento d e las figuras, aqu el entrar y salir con los brazos abiertos, tienen la sugestión d e una tragedia d e fa n to ch es DON FRIOLERA

¡E s inaudito! DOÑA LORETA

¡Palabrotas, no! DON FRIOLERA

¡D ejarte cortejar! DOÑA LORETA

¡Una fineza no es un cortejo! DON FRIOLERA

¡Has abierto un abismo entre nosotros! ¡Un abismo de los llamados insondables! doña l o r e t a

¡Farolón!


DON FRIOLERA

¡Estás buscando que te mate, Loreta! ¡Que lave mi honor con tu sangre! DOÑA LORETA

¡Hazlo! ¡Solamente por verte subir al patí­ bulo lo estoy deseando! DON FRIOLERA

¡Disipada! DOÑA LORETA

¡Verdugo! <+t>DON F R IO L E R A blan de un pistolón. D oñ a L oreta, con los brazos en a sp a y el m o­ ño colg an d o, sale d e la casa d a n d o gritos. D on F rio lera la persigue, y en el um bral d e la puer­ ta, al pisar la calle, la sujeta por los pelos<t+> DON FRIOLERA

¡V as a morir! DOÑA LORETA

¡Asesino! DON FRIOLERA

¡Encomiéndate a Dios! 150


OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

ig

DOÑA LORETA

¡Criminal! ¡Que con las armas de fuego no hay bromas! i& toA B R E SE repentinam ente la ventana d el barbero, y éste asom a en jubón d e fran ela am arilla, el pescu ezo todo n u ez^ w PACHEQUÍN

¡V a el pueblo a consentir este mal trato! Si otro no se interpone, yo me interpongo, por­ que la mata. E M P U Ñ A N D O un estoqu e d e bastón, salta a la calle, y con su zan co desigu al, s e di­ rige a la casa d e la t r a g e d i a ^ don

f r io l e r a

¡Traidor! T e alojaré una bala en la cabeza. PACHEQUÍN

¡Verdugo de su señora, que no se la me­ rece! DON FRIOLERA

¡Ladrón de mi honor! PACHEQUÍN

¡A las mujeres se las respeta!


DON FRIOLERA

¡No admito lecciones! DOÑA LORETA

¡Pascualín! DON FRIOLERA

¡Pascual! ¡Para la esposa adúltera, Pas­ cual! DOÑA LORETA

¡No te ofusques! DON FRIOLERA

¡Os mataré a los dos! DOÑA LORETA

¡No des una campanada, Pascual! DON FRIOLERA

¡Pido cuentas de mi honor! DOÑA LORETA

¡Pascualín! DON FRIOLERA

¡E xijo que me llames Pascual! PACHEQUÍN

¡No lleva usted razón, mi Teniente!


DON FRIOLERA

¡Falso amigo, esa mujer debiera ser sagra­ da para ti! PACHEQUÍN

¡Así la he considerado siempre! DON FRIOLERA

¿Loreta, quién te dió esa flor que llevas en el rodete? DOÑA LORETA

Una fineza. PACHEQUÍN

No vea usted en ello mala intención, mi Teniente. DOÑA LORETA

¡Pascualín! DON FRIOLERA

¡Pascual! ¡Para ti ya no soy Pascualín! DOÑA LORETA

¡Rechazas un mimo, ya no me quieres! DON FRIOLERA

¡No puedo quererte!


PACHEQUÍN

Perdone que se lo diga, pero no merece us­ ted la perla que tiene, mi Teniente. DON FRIOLERA

Con vuestra sangre, lavaré mi honra. V ais a morir los dos. PACHEQUÍN

M i Teniente, oiga razones. DOÑA LORETA

¡Ciego! ¿No ves resplandecer nuestra ino­ cencia? DON FRIOLERA

¡Encomiéndense ustedes a Dios! PACHEQUÍN

¿Doña Loreta, qué hacemos? DOÑA LORETA

¡Rezar, Pachequín! PACHEQUÍN

¿Vamos a dejar que nos mate como perros? ¡Doña Loreta, no puede ser!


tfg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

gS

DOÑA LORETA

¡Pachequín, tenga usted esta flor culpa de los celos de mi esposo! * + & D O Ñ A L O R E T A , co n a d e m á n tr á g ic o , s e d e s p r e n d e e l c la v e l q u e b a ila a l e x tr e m o d e l m o ñ o c o lg a n te . P a c h e q u ín a la r g a la m an o. D o n F r io le r a , s e in te r p o n e , a r r e b a t a la f lo r y la p is o t e a . L a t a r a s c a c a e d e r o d illa s , a b r e lo s b r a z o s y o f r e c e e l p e c h o a la s fu r ia s d e l p is-

tolónffm* DOÑA LORETA

¡Mátame! ¡Moriré inocente! DON FRIOLERA

¡M orirás cuando yo lo ordene! *¡s® U N A n iñ a, c o m o m o ñ a d e fe r ia , d e s c a l ­ z a , en c a m is a , c o n e l p e lo s u e lto , a p a r e c e d a n ­ d o g r ito s en la re/a<Wb> LA NIÑA

¡Papito! ¡Papín! DOÑA LORETA

¡H ija mía, acabas de perder a tu madre! «^>D O N F R I O L E R A a r r o ja e l p is to ló n , s e


o p r im e la s s ie n e s , y a r r e b a t a d o e n tr a en la c a s a , c e r r a n d o la p u e r ta . S e le v e a p a r e c e r en la r e ja , to m a r en b r a z o s a la n iñ a y b e s a r la lloa­ r a n d o , rid ícu lo y viejocs*m*. DON FRIOLERA

¡Manolita, pon un bálsamo en el corazón de tu papá! <^S>DOÑA L O R E T A , c a íd a s o b r e la s r o d i­ lla s , g o lp e a la p u e r ta , g r ita s o f o c a d a , s e a r a ­ ñ a y s e mesact&> DOÑA LORETA

¡Pascual, mira lo que haces! ¡Limpia estoy de toda culpa! ¡En adelante, quizá no pueda decirlo, pues me abandonas, y la mujer aban­ donada, santa ha de ser para no escuchar al diablo! ¡Abreme la puerta, mal hombre!... ¡D a­ me tu ayuda, Reina y Madre! «•OLA t a r a s c a b a t e c o n la fr e n t e en la p u e r ­ ta y s e d e s m a y a . P a c h e q u ín m ira d e r e o j o a l f o n d o d e la s a la s ile n c io s a , y a c u d e a te n e r la . L a t a r a s c a s u s p ir a t r a n s p o r ta d a sf^>i DOÑA LORETA

¡Peso mucho! 156


PACHEQUÍN

¡No importa! Mientras no pasa este nubla­ do, acepte usted el abrigo de mis tejas. «& & SE a b r e n a lg u n a s v e n ta n a s , y a s o m a n en r e t a b lo fig u r a s en c a m is a , c o n un g e s t o es~ c a n d a liz a d o . P a c h e q u ín s e v u e lv e y h a c e un co rte d e m an gas PACHEQUÍN

¡E l mundo me la da, pues yo la tomo, como dice el eminente Echegaray! DOÑA TADEA

¡Piedra de escándalo!


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ESPERPENTO DE¡£ LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA SS ESCENA QVI NT Ag J ^ S A

A L C O B A

BARBERO: DA

A

LA

D EL

PEG A ­ PARED ,

LA CA M A A N G O S­ TA Y H O P A D A , CO N U N A CO LCH A V IS T O S A D E P A JA ­ R O S

Y

R A M A JE S ,

U N P A R A I S O P O R T U G U E S . T r a s d e la p u e r ta , la c a p a y la g o r r a c o l g a d a s co n la g u ita r r a , fin g e n un b u lto v iv ien te. P o r e l v e n ­ ta n o a b ie r t o p e n e t r a c o n e l c la r o d e lu n a , e l v e n ta lle s ile n c io s o y n o c tu r n o d e un h u e r to d e lu c e r o s . Y la b r is a y la lu n a p a r e c e n c o n d u c ir un d i á l o g o e n tr e e l v e s tig lo d e la p u e r ta , y e l p e le le , q u e a b r e la cru z d e lo s b r a z o s s o b r e la c o p a n e g r a d e u n a h ig u e r a , en la r e d o m a a z u l d e l h u e r to . E n t r a e l g a lá n c o n la r a p t a d a , e n ­ c e n d id a , p o m p o s a y co n s u s p ir o s d e s o p o n c io . L a lu n a in fla lo s c a r r illo s en la v e n t a n a z o *


DOÑA LORETA

¡Demonio tentador, adonde me conduces? PACHEQUÍN

¡A tu casa, prenda! DOÑA LORETA

¡Buscas la perdición de los dos! ¡Tú eres un falso! ¡Déjame volver honrada al lado de mi esposo! ¡Demonio tentador, no te inter­ pongas! PACHEQUÍN

¿Ya nada no soy para ti, mujer fatal? ¿Ya no dicto ninguna palabra a tu corazón? ¡Jun­ tos hemos arrostrado la sentencia de ese hom­ bre bárbaro que no te merece! DOÑA LORETA

Y o lo elegí libremente. PACHEQUÍN

¡Estabas ofuscada! DOÑA LORETA

¿Y ahora no es ofuscación dejar mi casa, dejar un ser nacido de mis entrañas? ¡Con­ sidera que soy esposa y madre!


PACHEQUÍN

¡Todo lo considero...! Y también que tu vida peligra al lado de ese hombre celoso! DOÑA LORETA

¡No me ciegues y ábreme la puerta! PACHEQUÍN

¡Olvidas que una misma bala pudo matar­ nos! DOÑA LORETA

¡No me ciegues! ¡Ten un buen proceder, y ábreme la puerta! PACHEQUÍN

¿Olvidas que nuestra sangre estuvo a pique de correr emparejada? DOÑA LORETA

¡No me ciegues! PACHEQUÍN

¿Olvidas que ese hombre bárbaro, a los dos nos tuvo encañonados con su pistola? ¿Qué mayor lazo para enlazar corazones? DOÑA LORETA

¡No pretendo romperlo! ¡Pero déjame vol-

w


ver al lado de mi hija, que estoy en el mundo para mirar por ella! PACHEQUÍN

¿Y para nada más? DOÑA LORETA

¡Y para quererte, demonio tentador! PACHEQUÍN

¿Por qué entonces huyes de mi lado? DOÑA LORETA

¡Porque me das miedo! PACHEQUÍN

¡No paso a creerlo! ¡Tú buscas verme de­ sesperado! DOÑA LORETA

¡Calla, traidor! PACHEQUÍN

Si me amases, estarías recogida en mis bra­ zos, como una paloma. DOÑA LORETA

¿Por qué así me hablas, cuando sabes que soy tuya?


PACHEQUÍN

¡Aún no lo has sido! DOÑA LORETA

Lo seré y te cansarás de tenerme, pero aho­ ra no me pidas cosa ninguna. PACHEQUÍN

M e pondré de rodillas. DOÑA LORETA

¡Pachequín, respétame! ¡Yo soy una román­ tica! PACHEQUÍN

E n ese achaque, no me superas. Cuando te contemplo, amor mío, me entra como éxtasis. DOÑA LORETA

¡Qué noche de luceros! PACHEQUÍN

¡La propia para un idilio! DOÑA LORETA

¡Dame una prueba de amor puro! PACHEQUÍN

¡La que me pidas!


DOÑA LORETA

¡Permite que me vaya! ¡Ten un noble pro­ ceder, y ábreme la puerta! PACHEQUÍN

¡Franca la tienes! DOÑA LORETA

¡Adiós, Juanito! PACHEQUÍN

¡Adiós, Loreta! DOÑA LORETA

¿No quiere usted mirarme? PACHEQUÍN

¡No puedo! ¡Temo perder el juicio y olvi­ darme de que soy un caballero! ¡Ahí son nada tus miradas, Loreta! DOÑA LORETA

¡E s de rosas y espinas nuestra cadena! PACHEQUÍN

¡Tú la rompes! DOÑA LORETA

¡No me ciegues! 164


OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

ijg

PACHEQUÍN

¿Adonde vas? Cortemos, Loreta, ese nudo gordiano. DOÑA LORETA

¡Soy esposa y madre! PACHEQUÍN

Temo que te asesine ese hombre. doña l o r e t a

Siempre la inocencia resplandece. PACHEQUÍN

Pudiera no querer darte acogida: En tal ca­ so, prométeme ser mía. d oñ a l o r e t a

¡Tuya, hasta la muerte! PACHEQUÍN

T e acompañaré para prevenir un arrebato de ese hombre demente. doña l o r e t a

¡No expongas la vida por m í!... PACHEQUÍN

E s deber que tengo.


g § g /iP A C H E Q U IN , m u y j a q u e , s e p o n e la g o r r a e n la o r e j a y e m p u ñ a e l e s t o q u e . L a t a ­ r a s c a s a le d e la n t e c o n e l p a ñ u e lo en lo s o jo s . S o b r e la c o p a n e g r a d e la h ig u e r a , s e e s p a t a ­ rr a e l p e le l e e n un c ír c u lo d e lucerosiM F*


ESPERPENTO DES£ LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA ESCENA S E X T A g ^ i N L A S A L A D O M IN ­ GU ERA, SO BRE EL V E L A D O R CON TAPETE DE GAN­ C H IL L O , E L Q U IN ­ Q UE D E PO RCELA ­ N A A Z U L IL U M IN A EL ALBU M

DE RE­

T R A T O S . P a s a p o r la p a r e d , g e s tic u la n te , la s o m b r a d e D o n F r io le r a . U n r a tó n , a la b o c a d e su a g u je r o , a r r u g a e l h o c ic o y c u r io s e a la v ito la d e a q u e l a d e f e s i o c o n g o r r illa d e c u a r ­ tel, b a b u c h a s m o r a s , b r a g a s a z u le s d e un uni­ fo r m e v ie jo , y r a y a d o c h a l e c o d e B a y o n a . E l q u in q u é d e p o r c e la n a tra n s lú c id a tie n e un t e m ­ b lo r e n c le n q u e <jjP» don f r io l e r a

¡Pina! ¡Pam! ¡Pum !... ¡No me tiembla a mí la mano! Hecha justicia me presento a mi Co~


ronel: — ¿Mi Coronel, cómo se lava la hon­ ra?— Y a sé su respuesta. ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! t ¡Listos! En el honor no puede haber nubes. M e presento voluntario a cumplir condena. ¡M i Coronel, soy otro Teniente Capriles! Eran culpables, no soy un asesino. Si me co­ rresponde pena de ser fusilado, pido gracia para mandar el fuego: ¡Muchachos, firmes y a la cabeza! ¡Adiós, mis queridos compañe­ ros! Tenéis esposas honradas, y debéis esti­ marlas: ¡No consintáis nunca el adulterio en el Cuerpo de Carabineros! ¡Friolera! ¡Eran culpables! ¡Pagaron con su sangre! ¡No soy un asesino! é t b R E C H I N A la p u e r ta y en e l u m b r a l a p a ­ r e c e D o ñ a L o r e t a . T r a s e lla , en la s o m b r a d e l p a s illo , s e a p u n ta la fig u r a d e l b a r b e r o c o n e l k e p is s o b r e u n a c e ja , y la c a p a a c a n d ila d a p o r e l e s t o q u e . D o ñ a L o r e t a c a e d e r o d illa s ju n ­ t a n d o la s m a n o s DOÑA LORETA

¡Pascual! DON FRIOLERA

¿Conoces tu sentencia? 168


OBRAS

DE

VALLE-INCLAN

DOÑA LORETA

Pascualín, si dudas de mi inocencia, si me repudias de esposa, que sea de una manera de­ cente, y sin escándalo. d o n f r io l e r a

En España, la mujer que falta, tiene pena de la vida. DOÑA LORETA

Pascual, nunca tu esposa dejó de guardarte le debida fidelidad. don f r io l e r a

¡Pruebas! ¡Pruebas! Do ñ a LORETA

¡También yo las pido, Pascual! don

f r io l e r a

¡Loreta, es preciso que resplandezca tu ino­ cencia! doña l o r e t a

Como el propio sol resplandece. ¿Quién me acusa? ¡Un hombre bárbaro! ¡Un celoso de­ cen te! ¡Un turco sanguinario! ¡Mátame, pe­ ro no me calumnies!


DON FRIOLERA

¿De dónde vienes? ¿Y ese hombre por qué te acompaña? PACHEQUÍN

Para testificar que tiene usted una perla por esposa. ¡U na heroína! DON FRIOLERA

¡Pruebas! ¡Pruebas! PACHEQUÍN

¿No le satisface a usted el hecho de que un servidor se constituya en su domicilio, para hacerle entrega de su señora? DOÑA LORETA

¿Qué respondes? PACHEQUÍN

D éjele usted que lo medite. Doña Loreta. DOÑA LORETA

T en un impulso generoso, Pascualín. PACHEQUÍN

Comprenda usted, mi Teniente, la razón de las cosas.

i


8g O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

Vj6

DON FRIOLERA

Pachequín, sal de esta casa. No puedo so­ portar tu presencia. T e concedo un plazo de cinco minutos, p a c h e q u ín

¡M i Teniente, es usted un dramático sem­ piterno! DON FRIOLERA

Pachequín, dudo si eres un cínico, o el pri­ mer caballero de España. PACHEQUÍN

Soy un romántico, mi Teniente. DON FRIOLERA

Y o también, y te propongo un duelo a dos pasos en el cementerio. doña l o r e ta

¿Vuelves a tus dudas? don

f r io l e r a

Llámales garfios infernales. p a c h e q u ín

Y o me retiro.


DON FRIOLERA

¡El demonio te lleve! DOÑA LORETA

¡Qué proceder el de ese amigo, Pascual! DON FRIOLERA

¡No me subleves! DOÑA LORETA

¡Rencoroso! DON FRIOLERA

¡E s inaudito! DOÑA LORETA

¡Palabrotas, no, Pascual! ¡Eres un soldado­ te y no me respetas! DON FRIOLERA

M e avistaré con ese hombre y le propondré un arreglo a tiros. E s la solución más hon­ rosa. DOÑA LORETA

¡Y si te mata! DON FRIOLERA

T e quedas viuda y libre. 172


Jg

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

Sg

DOÑA LORETA

Pascual, esas palabras son puñales que me traspasan, Pascual, yo jamás consentiré que expongas tu vida por una demencia. DON FRIOLERA

No sé cómo podrás impedirlo. DOÑA LORETA

¡M e tomaré una pastilla de sublimado! DON FRIOLERA

E l sublimado de las boticas, no mata. DOÑA LORETA

¡Una caja de cerillas! DON FRIOLERA

Serán inútiles todos tus histerismos. DOÑA LORETA

¿Sigues de mala data para mí, Pascual? ¡Necesitas reposo! don f r io l e r a

¡Déjame! DOÑA LORETA

¡Pascual, tendremos que divorciarnos si


persistes en tus dudas! Estás haciendo de mi la Esposa Mártir. DON FRIOLERA

¡Quieres la libertad para volver al lado de ese hombre! Nos divorciaremos, pero entrarás en un convento de arrepentidas. DOÑA LORETA

¡Tirano! DON FRIOLERA

¡Has destruido mi vida! DOÑA LORETA

¿Pascual, por qué me haces desgraciada? Recógete, Pascual. Procura conciliar el sueño. DON FRIOLERA

E l sueño huyó de mis párpados. DOÑA LORETA

¡Pascual, ten juicio! DON FRIOLERA

¡M i vida está acabada! DOÑA LORETA

Pascual, tienes una hija, me tienes a m í... 174


<jjg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

^

DON FRIOLERA

¡Loreta, me has hecho dudar de todo! DOÑA LORETA

Pascual, no seas injusto. DON FRIOLERA

¡Quisiera serlo! <W>DOlsrA L O R E T A , d e s g a r r a d o e l g e s t o , t e m b lo n a y r e b o t a d a e l a n c a , f l o j o e l c o r s é , s u e lta s la s ja r e t a s d e la s e n a g u a s , s a le c o r r e to n a , y r e a p a r e c e c o n u n a b o t e lla d e a n is e t e escarchada*} DOÑA LORETA

¡V aya, esto se acabó! Pascual, vamos a be­ ber una copa juntos: E s el regalo de Curro Cadenas. DON FRIOLERA

Y o no bebo. doña l o r e t a

Bebes, y vas a emborracharte conmigo. don

f r io l e r a

¡Contigo, jamás! ¡T e aborrezco!


5jg O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

DOÑA LORETA

Pues te emborrachas solo. DON FRIOLERA

¿Para olvidar? DOÑA LORETA

Naturaca. ¡Bebe! DON FRIOLERA

¡No bebo! DOÑA LORETA

¡T e lo vierto por la cabeza! DON FRIOLERA

¡Espera! «flW> E L T E N I E N T E r e c ib e la c o p a c o n m a ­ n o te m b lo n a , y a l a p u r a r la , d e r r a m a un h ilo d e la m o s c a a la n u e z q & t DOÑA LORETA

¡Otra! DON FRIOLERA

¿Intentas embriagarme? DOÑA LORETA

T e hará bien. 176


DON FRIOLERA

Rechazo ese expediente. DOÑA LORETA

¡Otra, digo! DON FRIOLERA

¡Si con esto olvidase! DOÑA LORETA

A lo menos te dormirás y descansaremos. DON FRIOLERA

No me dormiré. ¡No puedo! DOÑA LORETA

¡Bebe! DON FRIOLERA

¿Cuántas van? DOÑA LORETA

¡No lo sé, bebe! don f r io l e r a

¿Quién está oculto en aquella puerta? DOÑA LORETA

¡El gato!


DON FRIOLERA

¿Cuántas van? DOÑA LORETA

¡Bebe! DON FRIOLERA

Enciende una cerilla, Loreta. ¿Quién está oculto en aquella puerta? ¡No te escondas, mi­ serable! DOÑA LORETA

¡Bebe! DON FRIOLERA

¡E s Pachequín! ¡Loreta, pon una sartén a la lumbre! ¡V as a freírme los hígados de ese pen­ dejo! DOÑA LORETA

¡No me asustes, Pascual! DON FRIOLERA

¡Y no tendrás más remedio que probar una tajada! DOÑA LORETA

¡Y a la cogiste! 178


OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

Sg

DON FRIOLERA

¡Ese Pachequín es un busca pendencias! ¿A qué fué ponerse tan gallo? ¿Duermes, Loreta? Responde. ¿Duermes? DOÑA LORETA

Duermo. DON FRIOLERA

Tú, con tu actitud, le diste alas. Responde, Loreta. DOÑA LORETA

M e he quedado sorda de un aire. DON FRIOLERA

¡Impúdica! DOÑA LORETA

¡Mierda! < * * D O Ñ A L O R E T A to m a e l q u in q u é , y d e ­ ja n d o la s a la a o s c u r a s , s e m e t e p o r la p u e r ta d e e s c a p e p in ta d a d e a z u l, r e c o g id a s s o b r e u n a c a d e r a la s s u e lt a s e n a g u a s don f r io l e r a

Si tú ocupas la cama matrimonial, yo dor­ miré en la esterilla.


DOÑA LORETA

¡Duerme debajo de la escalera, como San Alejo! DON FRIOLERA

¡Loretita! Donde hay amor, hay celos. No te enojes, pichona, con tu pichón. ¿Duermes, Loretita?


ESPERPENTO DESS LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA £ E S C E N A

S E P T I M A L B IL L A R D E D O Ñ A C A L IX T A : SA ­ LA B A J A C O N P I N ­ TU RA S A BSU RD A S, D E U N S E N T I ­ M I E N T O LA R

Y

POPU­

D R A M A T I­

C O . — C o n t r a b a n d is t a s d e tr a b u c o y m a n ta j e r e z a n a ; m a n ó la s d e b o ­ le r o y c a la ñ é s , c o n o j o s a s e s in o s ; p ic a d o r e s y to r o s , a la r id o s d e l r o jo y d e l a m a r illo . — C u ­ rr o C a d e n a s , to m a c a f é en la m e s a m á s c e r ­ c a n a a l m o s tr a d o r , y c o n v e r s a c o n la d u e ñ a , q u e s o b r e un f o n d o d e b o tille r ía , d e s t a c a su b u s to p r o p in c u o , d e c u a r e n t o n a s ^ , DOÑA CALIXTA

¿Currillo, ha oído usted esa voz de que ex­ pulsan de la milicia a Don Friolera?


g

OBRAS

DE

VALLE-INCLAN

jjg

CURRO

Usted siempre estará mejor enterada, Doña Calixta. DOÑA CALIXTA

Pues no lo estoy. CURRO

Como tiene usted de huésped al Teniente Rovirosa. DOÑA CALIXTA

E se señor, para guardar un secreto, es la rúbrica de un escribano. CURRO

¿No están reunidos en el piso de arriba los tres Tenientes. DOÑA CALIXTA

Con dos barajas. CURRO

D e ahí saldrá la bomba. DOÑA CALIXTA

Sentiré la desgracia de Don Friolera. ¡Era un sujeto muy decente!


gS O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

jg

CURRO

Había dado un cambiazo. DOÑA CALIXTA

Otro vendrá que le haga bueno. CURRO

En general, la clase de oficiales es decente. El mal está en los altos espacios. ¡Allí no en­ tienden si no es por miles de pesetas! ¡La pa­ rranda de los guarismos es aquello! DOÑA CALIXTA

¡Si usted no pisa por esos suelos alfom­ brados! CURRO

¡Qué sabe usted los palacios donde yo en­ tro! Un servidor ha dejado por las alturas más pápiros que tiene el Banco de España. DOÑA CALIXTA

Currillo, es usted un telescopio contando. curro

Tómelo usted a guasa. DOÑA CALIXTA

¿Tiene usted fábrica de moneda?


CURRO

¡Así es! E l Gobierno me ha concedido el monopolio de los duros sevillanos. DOÑA CALIXTA

¡Para hacerse rico! CURRO

No tanto. La flor del negocio se la llevan las acciones liberadas. DOÑA CALIXTA

¡Guasista! Cállese un momento. ¡Arriba ha­ blan recio! CURRO

M e parece que disputan por una jugada. ^ t> E L T e n ie n t e D o n F r io le r a , e s c o lt a d o p o r un p e r r illo c o n b o r la en la p u n ta d e l r a b o , e n ­ tra en la s a la d e lo s b illa r e s . Z a n c u d o , a m a r i­ lle n t o y f la c o , s e lle g a a l m o s t r a d o r , b o r d e a n ­ d o la s g r a n d e s m e s a s v e r d e s , y s a lu d a , a lz a d a la m a n o a la v is e r a d e l r ó s a t e DON FRIOLERA

Doña Calixta, una copa de aguardiente, que no voy a pagar.


DOÑA CALIXTA

Tiene usted crédito. DON FRIOLERA

Salí de casa sin tabaco y sin numerario. Tuvimos una nube en el matrimonio, y no he querido pedirle a mi señora la llave de la ga­ veta. CURRO

Doña Calixta, si aquí me autoriza, esta co­ pa la paga un servidor. DON FRIOLERA

Currillo, no te subas a la gavia, pero ésta prefiero debérsela a Doña Calixta. CURRO

Con lo cual quiere decirse que tomará us­ ted otra, mi teniente. d o n f r io l e r a

IBueno! *+ S )L O N g e s t o c o n fid e n c ia l, s e a p a r t a a l fo n d o d e u n a v e n ta n a , y h a c e s e ñ a s a l o tr o p a r a q u e le s ig a . C u r r o C a d e n a s to m a u n a e x p r e ­ sió n d e sorna.


Jg

OBRAS

DE V A L L E - I N C L A N

DON FRIOLERA

¡M ira, hijo, bebo para sacarme un clavo del pensamiento! CURRO

[Ni una palabra más! DON FRIOLERA

¿Tú me comprendes? CURRO

¡Totalmente! DON FRIOLERA

¡Tengo el corazón lacerado! ¡M i mujer me ha salido rana! CURRO

¡Siento la ocurrencia! DON FRIOLERA

¿Ya lo sabías, verdad? CURRO

Andaba ese run-run. Fúmese usted ese ta­ baco, mi Teniente. DON FRIOLERA

Estoy en ayunas, y puede marearme. ¡En186


ganado por el amigo y por la depositaría de mi honor! CURRO

La vida está llena de esos casos. ¡Hay que tener otra conformidad, mi Teniente! DON FRIOLERA

¿Para qué nacemos? CURRO

Para rabiar. Somos las consecuencias de los buenos ratos habidos entre nuestros padres. ¿No se fuma usted el veguero? DON FRIOLERA

Dame una cerilla. ¡Gracias! M ira cómo me tiembla la mano. CURRO

Eso son nervios. DON FRIOLERA

¡E s el fruto del puñal que llevo en el co­ razón! CURRO

M i Teniente, ande usted con pupila, que los señores oficiales están reunidos en el piso alto.


DON FRIOLERA

Desprecio el vil metal, hijo mío. ¡Y a sabes que nunca he sido interesado! Déjalos a ellos que prevariquen, sin acordarse de este vete­ rano. CURRO

A lo que se mienta, no va por ahí el motivo de esa reunión. DON FRIOLERA

¡A mí, plin! Tengo el corazón lacerado. CURRO

D e esa reunión pudiera salir para usted una novedad nada buena. M i Teniente, se corre que le forman a usted Tribunal. DON FRIOLERA

¡Friolera! ¿Que me forman Tribunal? ¿Y por qué? CURRO

¡M e extraña verle tan ciego! Parece que por sus pleitos familiares. DON FRIOLERA

En ellos, solamente yo puedo ser juez.


Jg

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

||

CURRO

Así debía ser. Una pregunta, mi Teniente. DON FRIOLERA

Venga. CURRO

¿De tener que solicitar el retiro, cambiaría usted de residencia? DON FRIOLERA

No lo he pensado. CURRO

Le debo a usted una explicación, Don Pas­ cual. La casa que usted habita, a mi señora le hace tilín. ¡Es una jaula muy alegre! DON FRIOLERA

¡Maldita sea! D O N F R I O L E R A a p u r a la c o p a s e r v id a en e l m o s t r a d o r , s e e n c a s q u e t a e l r o s y co n la s m a n o s m e t id a s en lo s b o ls illo s d e l c a p o t e , s a le a la c a lle , s ilb a n d o a l p e r r illo q u e le s ig u e , mo~ v ie n d o la b o r la d e l r a b o f t & doña

CALIXTA

Parece mochales.


S

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

g

CURRO

Completamente. DOÑA CALIXTA

Siento su desgracia. Era un apreciable su­ jeto. CURRO

Un viva la Virgen. DOÑA CALIXTA

Doña Loreta merecía ser emplumada. ifeD C U R R O C A D E N A S s e a c e r c a a l m o s ­ t r a d o r y p o m p o s o d e j a c a e r un m a c h a c a n t e h a c ié n d o lo

s a lta r . E s p e r a

la

v u e lta d a n d o

lu m b r e a un h a b a n o , y b a j o e l r e f l e j o d e la c e ­ rilla, su c a r a e s lu n a lle n a . R e c ib id o e l d in e r o , s e lo g u a r d a c o n un g u iñ o a jj* , CURRO

Doña Calixta, tengo en cierto lugar una pa­ cotilla de género inglés, y cornea sobre esa querencia un toro marrajo. Doña Calixta, us­ ted podría muletearlo. DOÑA CALIXTA

No me penetro. 190


ijg O B R A S

DE V A L L E - I N C L A N

CURRO

En cuanto le apunte el nombre, está usted más que penetrada. DOÑA CALIXTA

Acaso. CURRO

Y o sabría corresponder... DOÑA CALIXTA

Puede. CURRO

No se ponga usted enigmática, Doña Ca­ lixta. DOÑA CALIXTA

¡Currillo, usted anda en muy malos pasos! CURRO

Hay que ganarse el manró, y todos nos de­ bemos ayuda mutua, Doña Calixta. N os­ otros, los que con sudores y trabajos hemos sabido juntar unas pesetas, habíamos de sin­ dicarnos como hace el proletariado. DOÑA CALIXTA

¡Currillo, el buey suelto bien se lame!


CURRO

Doña Calixta, hoy todo está cambiado, y hasta son mentira los refranes. V ea usted có­ mo el obrero se conchaba para subir los jor­ nales. ¡Qué va! Hasta el propio Gobierno se conchaba para sacarnos los cuartos en con­ tribuciones y Aduanas. DOÑA CALIXTA

Esas no son novedades. CURRO

¿Doña Calixta, quiere usted que hablemos sin macaneos? DOÑA CALIXTA

Y o bailo al son que me tocan. CURRO

Pues oído al repique: Hay a la vista un ne­ gocio, si usted camela al Teniente Rovirosa. ¿Hace? DOÑA CALIXTA

Apenas llevamos trato. Buenos días. Bue­ nas noches. El, arriba o en sus guardias. Y o, aquí. La cuenta a fin de mes. Viene usted, mal informado, Currillo.


OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

gg

CURRO

O tra cosa me habían contado. DOÑA CALIXTA

Hay lenguas muy embusteras. CURRO

No ha sido en desdoro, Doña Calixta. DOÑA CALIXTA

¿Qué le habían contado? CURRO

Que el Teniente es hombre de gusto. DOÑA CALIXTA

¡Y que me deshace la cama! CURRO

No, señora. Que usted le da achares. DOÑA CALIXTA

Menos mal. curro

Y lo he creído, porque usted es muy in humana. DOÑA CALIXTA

¿M e juzgaba usted otra Doña Loreta?


Ü

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

CURRO

Nunca sería el mismo caso. Usted es libre, Doña Calixta. DOÑA CALIXTA

Nunca se es libre para pecar. CURRO

Hacer hijos no es pecado. DOÑA CALIXTA

¿Y quién los mantiene? CURRO

El Erario Público. DOÑA CALIXTA

Eso será en las Repúblicas. CURRO

En toda la Europa. Y por las señales, a pe­ sar del oscurantismo, no tardará en España. DOÑA CALIXTA

Aquí no estamos para esas modas de ex­ tranjís. CURRO

Por de pronto, ya le han dado mulé a Dato. 194


DOÑA CALIXTA

Unos asesinos. CURRO

Conforme. M is ideas también son anture­ volucionarias. El que tiene un negocio, y cua­ tro patacones, no puede ser un ácrata. Pero se guipa alguna cosa, y comprendo que el or­ den social se tambalea. Doña Calixta, los ne­ gocios están muy malos. Ahora hablan de su­ primir las Aduanas, y a nosotros es matarnos: Si todos los artículos entran libremente, se aca­ bó el contrabando. ¿Qué hace usted? Poner una bomba. doña

CALIXTA

¡Yo, no! CURRO

Porque usted ya se apaña retirada del ma­ tuteo. doña

CALIXTA

¡A Dios gracias!

y

curro

Acuérdese usted de cuando andaba en es­ tos trotes, y saque un ánima del Purgatorio.


DOÑA CALIXTA

Le rezaré un rosario. CURRO

¿Quiere usted cegar a su alojado con dos veraguas? DOÑA CALIXTA

¿Dos veraguas son cuarenta machacantes? CURRO

Propiamente. DOÑA CALIXTA

¡M e los tira a la cara! ¡Ni que fuera un pe­ lanas! Llegue usted a la corrida completa. curro

.

No da el negocio para tanto. DOÑA CALIXTA

¡Miau! * * & R E A P A R E C E D o n F r io le r a , e l a ir e d is ­ tr a íd o , lo s o j o s tristes, g e s t o y v is a je s d e m a ­ n iá tic o : E n t r a [u rtiv o , y s e s ie n ta en un rin­ c ó n . E l p e r r illo s a lt a s o b r e e l m u g r ie n to te r ­ c io p e lo d e l d iv á n y s e a c o m o d a a su la d o . A c u d e B a r a llo c a s , e l m o z o d e l ca¡etínQ&%

*


BARALLOCAS

¿Desea usted algo? DON FRIOLERA

¡Un veneno! ^ B A R A L L O C A S , c o n g e s t o c o n c ilia d o r , p o n e s o b r e la m e s a un s e r v ic io d e c a f é , y co n la p u n ta d e la s e r v ille t a a h u y e n t a a l p e r r illo d e l r e fu g io d e l d iv á n . S e p e g a en e l la b io la c o lilla q u e lle v a en la o r e ja , e n c ie n d e , h u m e a y o c u p a e l p u e s to d e l p e r r illo , a l l a d o d e D o n F r io le r a cx/*\ BARALLOCAS

¡Hay que ser filósofo! DON FRIOLERA

¡Pues yo no lo soy! BARALLOCAS

¡M al hecho!* En España vivimos muy atra­ sados. Somos víctimas del clero. No se incul­ ca la filosofía en los matrimonios, como se hace en otros países. don

f r io l e r a

¿Te refieres a la ley del divorcio?


BARALLOCAS

¡Y a nos hemos entendido! B A R A L L O C A S g u iñ a un o jo , y s e l e ­ v a n ta p a r a a c u d ir a la m e s a d o n d e a c a b a n d e s e n t a r s e E l N iñ o d e l M e lo n a r , C u r r o C a d e ­ n a s y N e l o e l P e n e q u e . E l P e r r illo r e c o b r a d e un s a lt o su p u e s to en e l d iv á n , y s a c u d e e l ter ­ c io p e lo c o n la b o r la d e l r a b c tM *


i

ESPERPENTO DESÍ LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA Sí ESCENA OCTAVA N A S A L A C O N M I­ R A D O R E S QUE A V I S T A N A LA M A R IN A . S O B R E L A

C O N S O L A ,

GRANDES C O L E S Y

C A R A ­

SO N O RO S

CONCHAS

PER­

L E R A S . E l e s p e j o , b a j o un tul. E n la s p a r e ­ d e s , p a p e l c o n k io s c o s d e m a n d a r in e s , e s c a li­ n a ta s y e s q u ife s , la g o s a z u le s e n t r e a d o r m id e ­ ra s. L a s ie r p e d e un a c o r d e ó n , a l p ie d e la c o n s o la . E n la c r is ta le r a d e l m ir a d o r , tom a n c a f é y d is c u te n tre s s e ñ o r e s o fic ia le s : L e v itin e s a z u le s , p a n t a lo n e s p o t r o s o s , c a lv a s lu cien ­ tes, un fe liz a s p e c t o d e r e lo je r o s . C o n d u c e la d is c u s ió n D o n L a u r o R o v ir o s a , q u e tie n e un o jo d e c r is ta l, y c u a n d o h a b la , s o la m e n te m u e­ v e un l a d o d e la c a r a . E s te n ie n te v e te r a n o g r a d u a d o d e c a p itá n . L o s o t r o s d o s , m u y d i-

A


v e r s o s d e a s p e c t o e n tr e sí, so n , sin e m b a r g o , d e un p a r e c id o o b s e s io n a n t e , c o m o a c o n t e c e c o n e s a s p a r e j a s m a tr im o n ia le s, d e v ie jo s un p o c o rid ícu lo s. D o n G a b in o C a m p e r o , fila r ­ m ó n ic o y o r o n d o , e s t á en e l g r u p o d e lo s g a ­ to s. D o n M a t e o C a r d o n a , co n su s o j o s s a lt o ­ n e s y su b o c a d e o r e j a a o r e ja , en e l d e la s r a n a s o®* EL TENIENTE ROVIROSA

Para formar juicio, hay que fiscalizar los hechos. Se trata de condenar a un compañe­ ro de armas, a un hermano, que podríamos de­ cir. Acaso nos veamos en la obligación de for­ mular una sentencia dura, pero justa. Comien­ zo por advertir a mis queridos compañeros que, en puntos de honor, me pronuncio con­ tra todos los sentimentalismos. EL TENIENTE CAMPERO

¡En absoluto conforme! Pero, a mi ver, de­ seo constatar que la justicia no excluye la cle­ mencia. EL TENIENTE CARDONA

Hay que obligarle a pedir la absoluta. E l Ejército no quiere cabrones.

-


|S O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

gg

EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! < ^ & D O N L A U R O ru b rica c o n un g e s t o tan ter r ib le , q u e s e le s a lt a e l o j o d e crista l. D e un z a r p a z o lo r e c o g e r o d a n t e y tr o m p ic a n te en e l m á rm o l d e l v e la d o r , y s e lo in cru sta en la ó r -

bita* » s

EL TENIENTE CARDONA

Se trata del honor de todos los oficiales, puesto en entredicho por un teniente cuchara. EL TENIENTE CAMPERO

¡Protesto! E l cuartel es tan escuela de pun­ donor como las Academias. Y o procedo de la clase de tropa, y no toleraría que mi señora me adornase la frente. Se habla, sin recordar que las mejores cabezas militares siempre han salido de la clase de tropa: ¡Prim, pistólo! ¡Napoleón, pistólo! ... EL TENIENTE CARDONA

¡Sooo! Napoleón era procedente de la A ca­ demia de Artillería. el

t e n ie n t e

ca m pero

¡Puede ser! Pero el General Morillo, que le


dió en la cresta, procedía de la clase de tropa y había sido mozo en un molino. EL TENIENTE ROVIROSA

¡Como el Rey de Ñapóles, el famoso G e­ neral Murat! EL TENIENTE CAMPERO

Tengo leído alguna cosa de ese General. ¡Un tío muy bragado! ¡Napoleón le tenía miedo! EL TENIENTE CARDONA

¡Tanto como eso, Teniente Campero! ¡M ie­ do el Ogro de Córcega! EL TENIENTE CAMPERO

Viene en la Historia. EL TENIENTE CARDONA

No la he leído. EL TENIENTE ROVIROSA

A mí, personalmente, los franceses me em­ palagan. EL TENIENTE CARDONA

Demasiados cumplimientos.

202


EL TENIENTE ROVIROSA

Pero hay que reconocerles valentía. ¡Por al­ go son latinos, como nosotros! EL TENIENTE CARDONA

Desde que hay mundo, los españoles les he­ mos pegado siempre a los gabachos. EL TENIENTE ROVIROSA

¡Y es natural! ¡Y se explica! ¡Y se compren­ de perfectamente! Nosotros somos moros y la­ tinos. Los primeros soldados, según Lord W éllington. ¡Un inglés! EL TENIENTE CAMPERO

A mi parecer, lo que más tenemos es san­ gre mora. Se ve en los ataques a la bayoneta. iltffE L

T e n ie n t e D o n L a u r o R o v ir o s a a lz a

y b a j a u n a c e ja , la m a n o p u e s ta s o b r e e l o jo d e c r is ta l p o r s i o c u r r e q u e s e le a n t o je d is p a ­ ra r s e EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! Somos muchas sangres, pero prepondera la africana. Siempre nos han mi­ rado con envidia otros pueblos, y hemos teni­ do lluvia de invasores. Pero todos, al cabo de


llevar algún tiempo viviendo bajo este hermo­ so sol, acabaron por hacerse españoles. EL TENIENTE CARDONA

Lo que está ocurriendo actualmente con los ingleses de Gibraltar. EL TENIENTE CAMPERO

Y en Marruecos. Allí no se oye hablar más que árabe y español. EL TENIENTE CARDONA

¿Tagalo, no? EL TENIENTE CAMPERO

Algún moro del interior. Español es lo más que allí se habla. EL TENIENTE CARDONA

Y o había aprendido alguna cosa de tagalo en Joló. Y a lo llevo olvidado: Tanbú, que quiere decir puta. Nital budila: H ijo de mala madre. Bede tuki pan pan bata: V oy a rom­ perte los cuernos! EL TENIENTE ROVIROSA

¡Al parecer, posee usted a la perfección el tagalo!


EL TENIENTE CARDONA

¡Lo más indispensable para la vida! EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! A mí se me ha olvidado lo poco que sabía, e hice toda la campaña en Mindanao. EL TENIENTE CARDONA

Y o he pasado cinco años en Joló. ¡Los me­ jores de mi vida! EL TENIENTE ROVIROSA

No todos podemos decir lo mismo. U ltra­ mar ha sido negocio para los altos mandos y para los sargentos de oficinas... Mindanao tiene para mí mal recuerdo: Enviudé, y he perdido el ojo derecho de la picadura de un mosquito. EL TENIENTE CARDONA

La Isla de Joló ha sido para mí un paraíso. Cinco años sin un mal dolor de cabeza y sin reservarme de comer, beber y lo que cuelga. EL TENIENTE CAMPERO

¡Las batas de quince años son muy acep­ tables!


EL TENIENTE CARDONA

¡De primera! Y o las daba un baño, les po­ nía una camisa de nipis, y como si fuesen prin­ cesas. i^ S /S U R I S A e s t r e m e c e lo s c r is ta le s d e l m ira d o r , la c e n iz a d e l c ig a r r o le v u e la s o b r e la s b a r b a s , la p a n z a s e in fla c o n r e g o c ijo satur~ n a l. B a ila n en e l v e la d o r la s t a z a s d e l c a f é , s a lt a e l c a n a r io en la ja u la y s e s u je t a su o jo d e c r is ta l e l T e n ie n te D o n L a u r o RovirosaqvmsEL TENIENTE CAMPERO

¡Qué tío sibarita! EL TENIENTE CARDONA

¡Aún de alegría me crispo al recordar su te­ soro! EL TENIENTE ROVIROSA

Permítanme ustedes que les recuerde el ob­ jetivo que aquí nos reúne. Un primordial de­ ber nos impone velar por el decoro de la fa­ milia militar, como ha dicho en cierta ocasión el heroico General Martínez Campos. Proce­ damos sin sentimentalismos, castiguemos el deshonor, exoneremos de la familia militar al compañero sin, sin, sin...


EL TENIENTE CARDONA

Posturitas de gallina. EL TENIENTE ROVIROSA

La frase no es muy parlamentaria. EL TENIENTE CARDONA

¿Queda o no queda admitida? EL TENIENTE CAMPERO

Admitida. No nos ruborizamos. EL TENIENTE ROVIROSA

Meditemos un instante y puesta la mano sobre la conciencia, dictemos un fallo justo. El apuntamiento reza así: EL TENIENTE CARDONA

Prescindamos del cartapacio. EL TENIENTE CAMPERO

¡Conforme! EL TENIENTE CARDONA

La cuestión está situada entre estos dos con­ ceptos, que llamaremos de justicia y de gracia. Primero: ¿Al teniente Don Pascual Astete y Bargas, se le expulsa de las filas pronunciando sentencia un Tribunal de Honor? Segundo:


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

J|

¿Se le llama y amonesta y conmina, de un cier­ to modo confidencial, para que solicite la ab­ soluta? Y o creo haber declarado que me pro­ nuncio contra todos los sentimentalismos. EL TENIENTE CARDONA

¿Qué retiro le queda? EL TENIENTE ROVIROSA

¡El máximo! No se muere de hambre. T o ­ davía junta al retiro, dos pensionadas. EL TENIENTE CARDONA

¡No hay como esos pipis para tener suerte! Este cura no tiene ni una pensionada. Y ha servido en Joló, en Cuba y en Africa. EL TENIENTE ROVIROSA

Pero usted ha estado siempre en oficinas. EL TENIENTE CARDONA

Porque tengo buena letra. ¡No me haga us­ ted de reír! EL TENIENTE ROVIROSA

Usted poco ha salido a campaña. EL TENIENTE CARDONA

¿Es que solamente se ganan las cruces en


campaña? ¡El Rey tiene todas las condecora­ ciones, y no ha estado nunca en campaña! EL TENIENTE CAMPERO

¡Ha estado en maniobras! EL TENIENTE ROVIROSA

No es cuestión del Rey. El Rey es un sím­ bolo, una representación de todas las glorias del Ejército. EL TENIENTE CAMPERO

¡Naturaca! EL TENIENTE ROVIROSA

Nos hemos salido de la cuestión, sin haber llegado a un acuerdo. Recapitulemos. ¿Se con­ mina privadamente al supradicho oficial para que solicite el retiro? ¿Le exoneramos pública­ mente, constituidos en Tribunal de Honor? EL TENIENTE CARDONA

Propongo que se le llame, y cada uno de nosotros le atice un capón. ¿Es que vamos a tomar en serio los cuernos de Don Friolera? EL TENIENTE ROVIROSA

Y o creo que sí. Oigamos, sin embargo, lo que opina el Teniente Campero,


st EL TENIENTE CAMPERO

E s muy duro sentenciar sin apelación. EL TENIENTE ROVIROSA

El fallo iría en consulta a la Superioridad. EL TENIENTE CAMPERO

La justicia no excluye la clemencia. EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! ¿Quieren ustedes delegar en mi, para que visite al Teniente Don Pascual Astete? EL TENIENTE CARDONA

Por mi, delegado. EL TENIENTE CAMPERO

Por mí, tal y tal. EL TENIENTE ROVIROSA

Profundamente agradecido a la confianza depositada en mí, creo que procede reunirnos esta noche. Y o traeré un borrador del acta, y si ustedes están conformes, la firmaremos. EL TENIENTE CAMPERO

Hay que pagar el café. 210


k

EL TENIENTE ROVIROSA

Y o soy huésped en la casa, y les convido a ustedes. <^S>LOS tre s e s tá n en p ie : S e a b o t o n a n , se ciñ en la s e s p a d a s , s e la d e a n e l r o s m ir á n d o s e d e r e o jo en e l e s p e j o d e la c o n s o la «w*» EL TENIENTE CARDONA

¡Partamos a la Guerra de los Treinta Años!


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


ESPERPENTO DE2£ LOS CVERNOS DE DON F R I O L E R A S E S C E N A

N O V E N A

8 ^ ^

L H U E R T O D E D O N F R IO L E R A , A LA P U E S T A DEL S O L .— L A T A P I A RO SA D A ,

LO S

NA­

R A N J O S

ESM A L­

T E S

VERDES

D E

P R O F U N D O S , EL F R U T O D E O R O .— L a e s tr e lla d e u n a a lb e r c a e n tr e a z u le jo s . B a j o la lu z v e r d o s a d e l e m p a r r a d o , m e d ita la s o m b r a d e D o n F r i o l e ­ ra : P a r c h e s en la s s ie n e s , b a b u c h a s m o r a s b r a g a s a z u le s d e un u n ifo r m e v ie jo , y j u l ó n a m a r illo d e fr a n e la . E l T e n ie n t e a p a r e c e s e n ­ t a d o en u n a b a n q u e t a d e c a m p a m e n to , tie n e a la n iñ a c a b a lg a d a y la c o n te m p la co n o j o s vi­ d r ia d o s y lá n g u id o s d e p e r r o c a n s in o . M a n o ­ lita lle v a e l p e lo s u je t o p o r un a r i1 o d e c o r a ­ lin a, la s m e d ia s c a íd a s y la s c in ta s d e la s a l­ p a r g a t a s s u e lta s . T ie n e e l a ir e tri te, la triste-


z a a b s u r d a d e e s a s m u ñ e c a s e m ig r a d a s en lo s desvanes^VKSk MANOLITA

¡Papitolín, procura distraerte! ¡A serrín! ¡A serrán!... ¡Anda, papitolín! DON FRIOLERA

¡No puedo! T u tierna edad te dicta esas pa­ labras. Serás mujer y comprenderás lo que en­ tre tu padre y tu madre ahora se pasa. T u pa­ dre, el que te dió el ser, no tiene honra, monina. La prenda más estimada, más que la ha­ cienda, más que la vida!... ¡Friolera! MANOLITA

¡Papitolín, no tengas malas ideas! DON FRIOLERA

¡M e quemo en su infierno! MANOLITA

¡Papitolín, alégrate! DON FRIOLERA

¡No puedo! MANOLITA

¡Ríete! 214


DON FRIOLERA

¡No puedo! MANOLITA

¡Porque no quieres! DON FRIOLERA

¡Porque no tengo honor! MANOLITA

¿Papitolín, te traigo la guitarra para dis­ traerte? DON FRIOLERA

¡Para llorar mis penas! A N O L I T A tr a e la g u ita r r a . D o n F r i o ­ le r a la s a c a d e su fu n d a d e fr a n e la v e r d e , y la tem p la c o n g e s t o la c r im a to r io , q u e le e s t r e ­ m e c e e l b ig o t e m a l teñ id o . L o s o jo s d e p e r r o , v id r ia d o s y m o r te c in o s , s e a le la n m ir a n d o a la n iñ a & p i DON FRIOLERA

¡Eres la clavellina de mi existencia! MANOLITA

¡Papitolín, cuánto te quiero!


DON FRIOLERA

¡Friolera! < + ¡ > M A N O L I T A , r e p e n tin a m e n te c o m p u n ­ g id a , b e s a la m e jilla d e l v ie jo , q u e le a c a r ic ia la c a b e z a , y s u s p ir a a r r u g a n d o e l p e r g a m in o d e l r o s tr o c o n u n a m u e c a d e s c o n s o la d a <£9 * DON FRIOLERA

¡Lástima que seas tan niña! MANOLITA

¡Y a seré grande! DON FRIOLERA

Y o no lo veré. MANOLITA

¡Sí tal! DON FRIOLERA

¿Tú no sabes que me he muerto esta noche? ¡E sta noche me han cantado el gorigori! MANOLITA

¡T e vas a volver loco, papitolín! DON FRIOLERA

¡Y a lo estoy!

216


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

S¡|

MANOLITA

Con la guitarra te distraes. DON FRIOLERA

¡Se acabó el mundo para este viejo! MANOLITA

T oca “El Contrabandista". DON FRIOLERA

V eré si puedo. < + bD O N

F R IO L E R A

r e c o r r e la g u ita r r a

co n u n a fa ls e t a , y r a s g u e a e l a c o m p a ñ a m ie n to d e u n a c o p la , q u e c a n ta c o n v o z q u e b r a d a y jip o n c io s d e m u c h o e s t i l o f t ^ COPLA DE DON FRIOLERA

¡Y a se acabó mi ventura! ¡Y a se acabó mi consuelo! ¡Y a no tengo quien me diga M i niño, por ti me muero! <+S>EN u n a b u h a r d a , p o r e n c im a d e lo s te ­ ja d o s , a p a r e c e la c a b e z a p e lo n a d e D o ñ a Ta~ d e a CaZaeróní^i doña

•, • ■ ' - r •

TADEA

Después del tiberio nocturno, ahora esta


juelga. ¡Tiene usted a todo el vecindario es­ candalizado, Señor Teniente! DON FRIOLERA

¿Qué pide el honrado y cabrón vecindario, Doña Tadea? DOÑA TADEA

Para poner tachas, no es usted el más com­ petente, Don Vihuela. MANOLITA

¡Cotillona! DOÑA TADEA

¡Mocosa! Con los ejemplos que recibes no puedes tener otra crianza. DON FRIOLERA

A usted la cazo yo de un tiro, como a un gorrión. ¡Friolera! DOÑA TADEA

Yo, saco la cara por mi pueblo. Adulterios y licencias, acá solamente ocurren entre fami­ lias de ciertos sujetos que vienen rodando la vida... ¡Falta de principios! Mengues y Den­ gues y Perendengues.


f& b F R E S C A

y p o m p o s a , c o n p e in a d o r d e

m u c h o s la z o s , la e s c o b a en la m a n o , y un c l a ­ v el en e l r o d e t e , a s o m a en e l h u e r to la S e ñ o r a

T enienteo^ DOÑA LORETA

¿Qué picotea usted, Doña Tadea? DOÑA TADEA

Primero, son las buenas tardes, Señora T enienta. DOÑA LORETA

Para usted serán buenas. DOÑA TADEA

Y para usted, pues tiene el bien de la salud. DOÑA LORETA

Para mí, son muy negras. DOÑA TADEA

¡La compadezco! MANOLITA

¡Cotillona! DOÑA TADEA

¡Dele usted un revés a esa moña! ¡Edúquela usted, Señora Tenienta!


DOÑA LORETA

Disimule usted, Doña Tadea. DON FRIOLERA

¡Niños y locos pregonan verdades! DOÑA TADEA

¡Chiflado! ¿Es conducta a la noche querer matar a la mujer, y ahora esta juelga? DON FRIOLERA

¿Halla usted la guitarra desafinada? V oy a templarla, para cantarle a usted una pete­ nera. DOÑA TADEA

¡Insolente! DON FRIOLERA

Y a me saltó la prima. DOÑA LORETA

M ira si puedes empalmarla, Pascual. DON FRIOLERA

V oy a verlo. No tiene muy buen avío. DOÑA LORETA

¡Son dos reales! ¿i S j


DON FRIOLERA

Y a lo sé, Loreta. DOÑA TADEA

¡Al cabo, son ustedes gente que viene ro­ dando! « • ¿ D O Ñ A T A D E A c ie r r a d e g o lp e e l v e n ­ ta n o , la T e n ie n ta é n t r a s e a la c a s a co n un r e ­ m a n g u e , y e l T e n ie n t e r a s g u e a la g u ita r r a co n r e p iq u e d e lo s d e d o s en la m adera^ COPLA DE DON FRIOLERA

Una bruja al acostarse se dió sebo a los bigotes, y apareció a la mañana comida de los ratones. fü D O Ñ A

T A D E A a b r e r e p e n tin a m e n te e l

v e n ta n o , a l fin a l d e la c o p la , y a p a r e c e c o n un g u ita r r illo , e l p e r fil a g u z a d o , lo s o j o s e n c e n ­ d i d o s y r e d o n d o s , d e p a ja r r a c o . R a s g u e a y c a n ta c o n v o z d e clu ecaG g^ COPLA DE DOÑA TADEA

¡Cuatro cuernos del toro! ¡Cuatro del ciervo! ¡Cuatro de mi vecino! ¡Son doce cuernos! 221


A N O L I T A c o r r e p o r e l h u e r to lle n a n ­ d o e l d e la n t a l d e n a r a n ja s p o d r e s , y v u e lv e a l l a d o d e su p a d r e . D o n F r io le r a d e j a la g u ita ­ rra s o b r e e l b a n q u illo , y p o n e en e l v e n ta n o e l b la n c o d e un ¡P im l ¡Parn! ¡P u m l D o ñ a T a d e a ap arece y d esap arece DOÑA TADEA

¡Grosero! DON FRIOLERA

¡Pim! DOÑA TADEA

¡Papanatas! DON FRIOLERA

¡Pam! DOÑA TADEA

¡Buey! DON FRIOLERA

¡Pum!


ESPERPENTO DESS LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA E S C E NA DECI MA A G A R IT A D E L O S C A R A B IN E R O S

EN

LA P U N T A D E L M U E L L E , S IE M P R E B A T I D A PO R LA B O C A N A D E A IR E : NOCHE R O S

DE

EN

LU CE­

E L

R E ­

C U A D R O D E L V E N T A N IL L O . U n fo n ­ d o d iv in o d e oro y a z u l p a v a lo s a s p a v ie n t o s d e un fa n t o c h e . D o n F r io le r a s e p a s e a . T r a s d e su s o m b r a , v a y v ie n e e l p e r r illo . D o n F r io le r a m e c e la c a b e z a c o n m u c h o c o m p á s . D e p r o n to s e d e tie n e , y c r u z a n d o la s m a n o s

a la e s p a ld a , h in c a la m ir a d a en e l á n g u lo d e su s b o t a s d o n d e ju e g a M e r l i n o s °ON FRIOLERA

¡Vamos a ver! ¿No puedes estarte quieto un momento con la borla del rabo?


¿ m b M E R L IN b o s t e z a , y

e n tr e lo s

c o lm illo s

a la r g a la len g u a: b la n c a , c o m o si s e c o n s u lta s e d e su s m a le s . D o n F r i o l e r a le a p a r t a co n un s ig n o e s tr a m b ó tic o d e s a b io m a n iá tic o . E l p e ­ rrillo s e le v a n t a en d o s p a t a s y h a c e u n a e s ­ c a la d e la d r id o s en la s e g u n d a o c t a v a . U n a g r a c ia q u e le e n s e ñ ó la T e n ie n ta . D o n F r i o ­ le r a s ie n t e e l a lm a c u b ie r ta d e r e c u e r d o s : E l c a n a r io , la g a t a , la n iñ a, la e s c o b a d e D o ñ a L o r e t a . ¡ E l g u ita r r e o d e s a f i n a d o d e P a c h e qu ín l E l p e r fil d e b r u ja d e D o ñ a T a d e a «W** DON FRIOLERA

¡Era feliz! ¡Friolera! ¡Indudablemente era feliz sin haberme enterado! ¡Friolera! ¡Friole­ ra! ¡Friolera! E l mundo es engaño y apa­ riencia: Se enteran los mirones, y uno no se entera: ¡Ni de lo bueno ni de lo m alo!... ¡Uno nunca se entera! Y o me quejaba de mi suerte, y nada me faltaba. ¡Todo lo tenía dentro de mi jaula! ¿Cuándo me entero? ¡Cuando todo lo pierdo! ¡Cuando nada de aquello me resta! Estas trastadas no pueden ser obra de Dios. Al que las sufre, no puede pedírsele que colabore con el Papa. ¡Friolera! Este tinglado lo gobierna el Infierno. Dios no

d


podría consentir estos dolores: ¡Ni Dios, ni ninguna persona de conciencia! ¡Friolera! ¡T o­ do lo tenía y no tengo nada! ¿Qué iba ganan­ do con dejarme corito el Padre Eterno? Le es­ toy dando vueltas, y este cisma no es obra de ninguna cabeza superior: Puede ser que Dios y Satanás se laven las manos. Toda esta tra­ gedia, la armó Dona Tadea Calderón. Con una palabra me echó al cuello la serpiente de los celos. ¡Maldita sea! •C EN TR A

u n a r á fa g a d e v ien to m a r in o , y

se a r r e b a ta n la s h o ja s d e l c a le n d a r io , c o l g a d o en un á n g u lo . L a lla m a d e l q u in q u é s e a b r e en d o s c u e rn o s . E n la p u e r ta , c o n la m a n o a n t e el o jo d e c r is ta l e s t á e l T e n ie n t e R o v i r o s a o m EL TENIENTE ROVIROSA

¡Buenas noches, Pascual! DON FRIOLERA

¡Buenas! EL TENIENTE ROVIROSA

¿Muerde ese perrillo? DON FRIOLERA

No tiene esa costumbre.


EL TENIENTE ROVIROSA

Sin embargo, podría usted llamarle. DON FRIOLERA

No hay inconveniente. ¡Ven acá, Merlín! tD O N

F R IO L E R A

d a p a lm a d a s en u n a

s illa . M e r lín s e e n c a r a m a d e un s a lt o y , m o ­ v ie n d o la b o r la d e l r a b o , s e acom oda< t& * EL TENIENTE ROVIROSA

M e trae un enojoso asunto. DON FRIOLERA

Lo adivino. EL TENIENTE ROVIROSA

M i visita tiene un carácter a la vez privado y oficial. Un hombre de ciencia le llamaría an­ fibio. Y o no lo soy, y tampoco me creo autori­ zado para emplear esos términos. DON FRIOLERA

¿Quiere usted sentarse? D eja esa silla, Merlín. EL TENIENTE ROVIROSA

Estoy más tranquilo con que la ocupe el pe­ rrito.


don

f r io l e r a

¡Bueno! EL TENIENTE ROVIROSA

Teniente Astete, un Tribunal compuesto de oficiales, me comisiona para conocer los ante­ cedentes del enojoso contratiempo ocurrido entre usted y su señora. DON FRIOLERA

H e resuelto no hablar de ese asunto. EL TENIENTE ROVIROSA

No puede usted contestar en esa forma a mi requerimiento. DON FRIOLERA

Pues así contesto. EL TENIENTE ROVIROSA

Pascual, sea usted razonable. DON FRIOLERA

No quiero. EL TENIENTE ROVIROSA

Se expone usted a que los oficiales adopte­ mos una resolución muy seria.


DON FRIOLERA

Pueden ustedes cantarme el gori-gori. EL TENIENTE ROVIROSA

No adelantemos los sucesos. En la reunión de oficiales se ha acordado que usted solicite el retiro. DON FRIOLERA

¿Y por qué? ¿Porque no tengo honor? EL TENIENTE ROVIROSA

Sobre nuestras decisiones no puedo admitir controversia. DON FRIOLERA

M is cuernos no son una excepción en la milicia. EL TENIENTE ROVIROSA

Respete usted el honor privado de nuestra gloriosa oficialidad. DON FRIOLERA

Ningún militar está libre de que su señora le engañe. ¡Friolera! En ese respecto, el fuero no hace diferencia de la gente civil, y al más pintado le sale rana la señora.

d


EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! ¡Pero se impone no tolerarlo! Los militares nos debemos a la galería. DON FRIOLERA

¿Y sabe usted mi intención oculta? ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! EL TENIENTE ROVIROSA

No sea usted guillado y solicite el retiro. DON FRIOLERA

¿Usted qué haría en mis circunstancias? EL TENIENTE ROVIROSA

Si contestase a ese pregunta, contraería una gran responsabilidad. DON FRIOLERA

¿Usted lavaría su honor? EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! DON FRIOLERA

¿Con sangre? EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente!

m


DON FRIOLERA

M añana recibirá usted en su casa dos cabe­ zas ensangrentadas. EL TENIENTE ROVIROSA

Real y verdaderamente, se impone un acto de demencia. DON FRIOLERA

¡Y lo tendré! EL TENIENTE ROVIROSA

¡Chóquela usted, Pascual! Deploro que ese granuja no sea un caballero, porque me da el corazón que le hubiera usted pasado de parte a parte. DON FRIOLERA

¡Friolera! EL TENIENTE ROVIROSA

Para mí, los desafíos representan un ade­ lanto en las costumbres sociales. Otros opinan lo contrario, y los condenan como superviven­ cia del feudalismo. ¡Pero Alemania, pueblo de una superior cultura, sostiene en sus costum­ bres el duelo! ¡Para usted la desgracia ha sido la mala elección por parte de su señora!


DON FRIOLERA

La cegó ese pendejo. EL TENIENTE ROVIROSA

¡Evidente! DON FRIOLERA

M añana recibirá usted las dos cabezas. EL TENIENTE ROVIROSA

¡Deme usted un abrazo, Pascual! ¡Pulso fir­ me! ¡Animo sereno! E l Tribunal de Honor, fia­ do en la palabra de usted, suspenderá toda de­ cisión. DON FRIOLERA

Hágale usted presente mi gratitud. EL TENIENTE ROVIROSA

Será deseo.

usted complacido en tan honroso

DON FRIOLERA

Si hoy tengo perdida la estimación de mis queridos compañeros, espero que pronto me la devolverán. EL TENIENTE ROVIROSA

Y o también lo espero.

A


H

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

DON FRIOLERA

¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! < + í> M E R L I N e n d e r e z a la s o r e j a s , y d e un s a lt o s e a r r o ja a la p u e r ta d e la g a r ita , d e s ­ a t a d o en la d r id o s , t e r r ib le la b o r la d e l r a b o . D o n F r io le r a g e s tic u la a je n o a lo s la d r id o s d e l fa l d e r o , y e s tá , c o n u n a m a n o en e l o j o d e c r is ­ ta l y o tr a en e l p u ñ o d e la e s p a d a , e l T e n ie n te D o n L a u r o R o v ir o s a c í

-


ESPERPENTO DE22 LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA 2Z ESC EN A

V N D E C IM A ¿ 2 ^ , O C H E ESTRELLA­ DA: F R A G A N C IA S E R E N A

DE

UN

HUERTO D E NA­ R A N JO S C O N EL CLARO

DE L U N A

SO BRE

LA

T A P IA :

A B R E LO S BR A Z O S E L P E L E L E E N LA C O P A D E L A H I­ G U E R A . C a n ta n lo s g r illo s y s e a p a g a n la s lu c e s d e a lg u n a s v e n ta n a s . E l b a r b e r o , e n c a ­ r a m a d o a un á r b o l, a p u n ta e l ta ja m a r d e la n a riz a c e c h a n d o u n a r e ja v e c in a , en la s f r o n ­ d a s d e o tr o h u e r to . D o ñ a L o r e t a , co n p e in a d o r lle n o d e la z o s , s a le a la r e ja , y e l g a lá n s a c a la fig u r a s o b r e la c o p a d e l á r b o l, n e g r o y to r c id o c o m o un e s p a n t a p á ja r o s DOÑA LORETA

¡Pachequín!


PACHEQUÍN

¡Prenda adorada! DOÑA LORETA

¡Qué compromiso! PACHEQUÍN

¿Te llegó mi mensaje? DOÑA LORETA

¡Estoy volada! A mí poco me importa mo­ rir, pero me sobrecoge pensar que peligra la vida de un sujeto de las circunstancias de us­ ted, Pachequín. PACHEQUÍN

¡Así habla el amor! Por lo demás, un hom­ bre es como otro, y servidorcito no le teme al Teniente. DOÑA LORETA

¡E s un sanguinario! PACHEQUÍN

¡Yo soy alicantino! DOÑA LORETA

¡Ay, Pachequín, qué negra estrella! Si tomó 234


una resolución de matarnos, la cumplirá, es muy temoso. PACHEQUÍN

Y o, donde le vea venir frente a mí, le ma­ drugo. DOÑA LORETA

Y se pierde usted, Pachequín. PACHEQUÍN

Nada me importa, si salvo la vida de una esposa mártir. DOÑA LORETA

¡M i destino es morir degollada! PACHEQUÍN

¡O de un tiro traidor...! DOÑA LORETA

Lleva una faca. PACHEQUÍN

Pues el sujeto que me avisó de andar con cautela le ha visto aceitar un pistolón. DOÑA LORETA

Morir, no me importa.


PACHEQUÍN

Ahora digo yo lo que me dijeron en cierta ocasión. La vida es muy rica. DOÑA LORETA

Cuando hay felicidad, Pachequín. PACHEQUÍN

T u felicidad es ser mi compañera. DOÑA LORETA

No puedo abandonar mi obligación de es­ posa y madre. PACHEQUÍN

¿Eso quiere decir que al considerarme co­ rrespondido me equivocaba? DOÑA LORETA

Usted necesita una mujer sin compromisos. PACHEQUÍN

¡Loretita, todo nos une! DOÑA LORETA

¡M i honra nos separa! PACHEQUÍN

¿Y la vida? 236

M


DOÑA LORETA

¡Prefiero la honra a todo! PACHEQUÍN

¡M ujer extraordinaria! DOÑA LORETA

Como debo de ser. PACHEQUÍN

M i corazón enamorado no puede consentir que una esposa modelo sufra pena que no me­ rece. Si ese hombre demente se satisface con beberse mi sangre, me avistaré con él. ¡Se la ofreceré en holocausto, a cambio de salvarte! DOÑA LORETA

¡Yo soy quien debe morir! PACHEQUÍN

M orir o matar, a mí me sale por nada. DOÑA LORETA

¿Y no vernos más? ¡Ay, Pachequín, esas no son palabras de un hombre que ama! PACHEQUÍN

Lo son de un hombre desesperado.

É


OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

DOÑA LORETA

¡No me sobresaltes! ¿Qué pretendes? PACHEQUÍN

Que mires de salvar tu vida. DOÑA LORETA

¡Dame tú el remedio! PACHEQUÍN

¿Acaso no está manifiesto? ¡Pídele alas al amor! ¡D eja ese calabozo, deja esas tinieblas! DOÑA LORETA

Calla. ¿Qué hombre eres tú? ¡Si me amas, calla! ¡No me ofusques! ¡Soy una débil mujer enamorada! PACHEQUÍN

¡Muéstralo! DOÑA LORETA

¿Y tú sabes a lo que te obligas? ¿Por ventu­ ra lo sabes? ¡Una mujer es una carga muy grande! PACHEQUÍN

Una mujer, si media amor, es un peso muy dulce!


OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

igg

DOÑA LORETA

Luego sentirás el empalago. PACHEQUÍN

¡M e calumnias! DOÑA LORETA

¡Tu desvío sería para mí una puñalada trai­ dora! PACHEQUÍN

Juan Pacheco no da esas puñaladas. DOÑA LORETA

¿No tendrás ese descarte conmigo? PACHEQUÍN

¡Pídeme el juramento que te satisfaga! DOÑA LORETA

¡Tirano! ¡Manifiesta claramente el sacrificio que pretendes de esta mujer ciega! PACHEQUÍN

¡Que me sigas! ¡T e conduciré al fin del mun­ do! Lejos de aquí pasaremos por dos casados. DOÑA LORETA

¡Tentador, mira mis lágrimas, ya que mirar

A


no sabes en mi corazón! ¡Juan Pacheco, soy madre, no pretendas que abandone al ser de mis entrañas! PACHEQUÍN

Concédeme siquiera venir una hora a mi ca­ sa. Cumple la promesa que me hiciste. ¡Loretita, has encendido el fuego de un volcán en mi existencia! DOÑA LORETA

¡Hombre fatal, no comprende que si te sigo, me pierdo para siempre! PACHEQUÍN

¡No te retendré! DOÑA LORETA

Ni me harás tuya. PACHEQUÍN

Por la fuerza no apetezco yo cosa ninguna. ¡Recuerda mis procederes cuando te tuve en mis brazos! B aja al huerto, concédeme al me­ nos hablarte con las manos enlazadas. DOÑA LORETA

¡Ay, Pachequín, tú conseguirás perderme!


Jg

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

PACHEQUÍN

¡Concédeme la gracia que te pido! DOÑA LORETA

¡M e pedirías la vida y no sabría negártela, hombre fatal! «W 'LA T E N I E N T A s e re tir a d e la r e ja y s a le a l h u e r to . S e a n u n c ia s o b r e la a r e n a d e l s e n d e r o , c o n ru m or d e e n a g u a s a lm id o n a d a s . E l g a lá n , n e g r o y z a n c u d o , s a lt a d e l á r b o l a la ta p ia lu n e r a , y d e la ta p ia a l h u e r to . C a e , a b r ie n d o la s a s p a s d e lo s b r a z o s a j * PACHEQUÍN

¡Tormento! DOÑA LORETA

¡Tirano! « a t'D O Ñ A

LO RETA,

s u s p ir a lle v á n d o s e

la s m a n o s a la s s ie n e s y e l g a lá n la a b r a z a p o r e l ta lle , b iz c a n d o un o j o s o b r e lo s p e r ifo llo s d e l p e in a d o r , p o r g u ip a r en la v a s ta a m p litu d d e lo s s e n o s a jp t DOÑA LORETA

¡La cabeza se me vuela!


PACHEQUÍN

¡M ujer adorada! DOÑA LORETA

¡Casi no te veo! PACHEQUÍN

¡Arrebato de sangre, confusión de nervios, Loretita! DOÑA LORETA

¡Tendré que sangrarme! PACHEQUÍN

¡Vida mía, me entra un escalofrío de pen­ sar que te pinchen la vena! DOÑA LORETA

¡Zaragatero! PACHEQUÍN

¡Negrona! DOÑA LORETA

¡M e pierdes! PACHEQUÍN

¡Fea! 242


H

OBRAS

DE

VALLE-INCLAN

DOÑA LORETA

¡Déjeme usted, Pachequín! PACHEQUÍN

¡No puedo! DOÑA LORETA

¡Pero usted está siempre dispuesto! PACHEQUÍN

¡Naturalmente! DOÑA LORETA

¡Qué hombre! PACHEQUÍN

¡El propio para tus fuegos! DOÑA LORETA

¡Se engaña usted, Pachequín! Y o soy una mujer apática. Déjeme usted seguir mi suer­ te. Somos en el querer muy opuestos. PACHEQUÍN

¡M e enciendes en una llama! DOÑA LORETA

¡C alla!... ¡Pasos en la casa y abrir y cerrar de puertas! ¡Estamos perdidos!

.


& & ESPAN TO

y a s p a v ie n t o s : S e d e s p r e n ­

d e d e l a b r a z o a m o r o s o y p o n e a te n c ió n a lo s v e n t a lle s d e l h u e r to . P a c h e q u ín , d e r e o jo , m i­ d e la ta p ia y t ie n d e la o r e ja c o n e l m ism o g e s ­ to p a lp it a n te q u e D o ñ a L o r e t a o j ^ PACHEQUÍN

M e parece que ha sido un sobresalto in­ motivado. DOÑA LORETA

¡Calla! PACHEQUÍN

¡No oigo nada! DOÑA LORETA

¡La niña se ha despertado y llora de miedo! ¿No la oyes, tirano? ¿No te conmueve? PACHEQUÍN

¡Vida mía, temí una tragedia! ¡Y a estaba con el revólver en la mano! DOÑA LORETA

¡Tú me perderás! PACHEQUÍN

¡Si me amas, sígueme! 244


H

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

gS

DOÑA LORETA

¿No te conmueve el llanto de ese ángel? PACHEQUÍN

¡Es fruto de tus entrañas, y no puedo me­ nos de conmoverme! DOÑA LORETA

¿Y quieres que por seguirte desgarre mi co­ razón de madre? PACHEQUÍN

Loretita, no es caso de conflicto entre opues­ tos deberes. Este nudo gordiano lo corto yo con mi navaja barbera. T ú me sigues y ese án­ gel nos acompaña, Loreta. V e por tu hija. ¡Tendrá en mí un padre, como si fuese huér­ fana! DOÑA LORETA

¿Hombre funesto, sabes a lo que te compro­ metes? PACHEQUÍN

¡No me hables más! Madre atormentada, ve a por tu hija! DOÑA LORETA

¡Seré tu sierva!


PACHEQUÍN

¡Corre! DOÑA LORETA

¡Vuelo! A M O N A , r e p o llu d a y g a c h o n a , co n m u ch o b u lle -b u lle d e la s f a l d a s , t o d a m e n e o s , s e a le j a p o r e l s e n d e r o m o r is c o , b la n c o d e lu n a y f r a g a n t e d e a lb a h a c a y c la v e le s . P a c h e q u ín , f in c h a d o s o b r e la p a t a c o ja , n e g r o y to r c id o , a b r e la s a s p a s d e lo s b r a z o s , b a j o e l n o ctu r n o d e lu c e r o s a ^ i PACHEQUÍN

¡San Antonio, si no me has dado esposa co­ mo es debido, me das una digna compañera!... T e lo agradezco igual, Divino Antonio, y so­ lamente te pido en esta hora salud, y que no me falte trabajo. En adelante tendré que man­ tener dos bocas más. ¡Son obligaciones de ca­ sado! ¡Mírame como tal casado, Divino An­ tonio! ¡M e hago el cargo de una familia aban­ donada! Preserva mi vida de malos sucesos, donde se cuentan los acaloramientos de un hombre bárbaro!...


A CLA RO

m o r is c o d e lu n a , s e n d e r illo p e r ­

fu m a d o d e v e r b e n a . C o n la m o ñ a d e s n u d a en lo s b r a z o s , s o fo c a d a , s u r g e la ta r a s c a . P a c h e q u ín a b r e e l c o m p á s d e s ig u a l d e la s z a n c a s y c o r r e a su e n c u e n tr o «írf»* PACHEQUÍN

Y o te descargo del dulce peso. DOÑA LORETA

¡Gracias! «S & A L c a m b io d e b r a z o s , la m o ñ a p o n e lo s g r ito s en la lu n a. E l r a p to r , n e g r o y to r c id o , e s c a la la ta p ia . E n c a r a m a d o , a la r g a u n a m a n o a l s e r p e n tó n d e la t a r a s c a . D o n F r io le r a , d a n ­ d o tr a s p ié s , irru m p e en e l h u e r to , lo s p a n t a lo ­ n e s p o t r o s o s , e l r o s s o b r e u n a o r e ja , en la m a ­ n o un pistolón<»¡&\ DON FRIOLERA

¡Vengaré mi honra! ¡Pelones! ¡V illa de ca­ brones! ¡Un militar no es un paisano! ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! ¡No me tiembla a mí el pulso! ¡Hecha justicia, me presento a mi Coronel! D I S P A R A e l p is to ló n , y co n un g r ito lo s fa n t o c h e s lu n e r o s d e la ta p ia s e d o b la n s o ­


b r e e l o tr o h u e r to . D o ñ a L o r e t a r e a p a r e c e , lo s p e lo s d e p u n ta , lo s b r a z o s lev a n ta d o i& tH , DOÑA LORETA

¡Pantera! 4 9 ü N U E V A M E N T E s e d e r r u m b a . A lg u ­ n a s e s t r e lla s s e e s c o n d e n a s u s ta d a s . E n su b u h a r d a , c o m o u n a le c h u z a , a c e c h a D o ñ a T a d e a . Y s e a le j a c o n u n a a r e n g a e m b a r u lla d a e l fa n to c h e d e O t e l ó o s DON FRIOLERA

¡Vengué mi honra! ¡Pelones! ¡Villa de ca­ brones! ¡Un militar no es un paisano!


ESPERPENTO DEíí LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA ESCENA V L T I M A ^ f ^ A L A B A JA C O N R E ­ J A S : E S T E R IL L A S D E JU N C O : U N A M AM PARA V E R ­ D E :

L E G A JO S

BRE

LA

SO ­

M ESA ,

Y

S O B R E E L S IL L O N , C O N FU N D A, E L R E T R A T O D E L R E Y N I Ñ O . E l C o r o n e l, D o n P a n c h o L a m e la , co n la s g a f a s d e o r o en la p u n ta d e la n a riz , llo r a e n t e r n e c id o le y e n d o e l fo lle t ín d e ‘‘L a E p o c a ” . L a c o r o n e la , en c o r s é y f a l d a b a je r a , e s c u c h a la le c tu r a un p o ­ c o m á s c o n s o la d a . S e a b r e la m a m p a r a . A p a ­ r e c e e l T e n ie n te D o n F r io le r a , r e s u e n a un g r ito y s e c u b r e e l e s c o t e c o n la s m a n o s D o ñ a P e p it a la C o r o n e la ^ EL CORONEL

¡Insolente!


DOÑA PEPITA

¡Cierre usted los ojos, Don Friolera!

-

EL CORONEL

¡Cúbrete con el periódico, Pepita! DON FRIOLERA

¡Hay sangre en mis manos! DOÑA PEPITA

¡Cierre usted los ojos, so pelma! * * t> E L C o r o n e l a p a r t a e l s illó n , y s a le a l c e n ­ tro d e la s a la lu c ie n d o la s z a p a t illa s d e t e r c io ­ p e lo , b o r d a d a s p o r su s e ñ o r a . A b ie r t o e l c o m ­ p á s d e la s p ie r n a s , y un d e d o a lz a d o , s e e n ­ c a r a c o n D o n F r io le r a o jp i EL CORONEL

¡Cuádrese usted! DON FRIOLERA

¡A la orden, mi Coronel! EL CORONEL

¿Quién es usted? DON FRIOLERA

Teniente Astete, mi Coronel.


J6

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

EL CORONEL

¿Con destino en la Ciudadela? DON FRIOLERA

Así es, mi Coronel. EL CORONEL

¿Ha sido usted llamado? DON FRIOLERA

No, mi Coronel. EL CORONEL

¿Qué permiso tiene usted? DON FRIOLERA

No tengo permiso, mi Coronel. EL CORONEL

¡Pues a su puesto! <

DON FRIOLERA

Tengo, urgentemente, que hablar a vue­ cencia. EL CORONEL

¡Teniente Astete, vuelva usted a su puesto y solicite con arreglo a ordenanza! ¡Y espere usted un arresto! 251

m


DON FRIOLERA

¡Envíeme vuecencia a prisiones, mi Coronel! ¡Vengo a entregarme! ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! ¡He vengado mi honra! ¡La sangre del adulterio ha corrido a raudales! ¡Friolera! ¡Visto el unifor­ me del Cuerpo de Carabineros! EL CORONEL

¡Que usted deshonra con el feo vicio de la borrachera! DON FRIOLERA

¡Gotean sangre mis manos! EL CORONEL

¡No la veo! DOÑA PEPITA

¡E s un hablar figurado, Pancho! ^ *& E L C O R O N E L d ir ig e lo s o j o s a la p u e r ­ ta d e e s c a p e , d o n d e s e a s o m a la C o r o n e la : J u ­ g a n d o a e s c o n d e r s e , e n s e ñ a un h o m b r o d e s n u ­ d o , y se en cu bre el resto d e l e s c o te con "L a E p o c a " «i** EL CORONEL

¡Retírate, Pepita! 252


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

DOÑA PEPITA

¿A quién mató usted? ¡Dígalo usted de una vez, pelmazo! DON FRIOLERA

¡M até a mi señora, por adúltera! LA CORONELA

¡Qué horror! ¿No tenían ustedes hijos? DON FRIOLERA

Una huérfana nos queda. M e la represento ahora abrazada al cadáver, y el corazón me duele. E l padre, ya lo ve usted, camino de pri­ siones militares: La madre, mortal, con una bala en la sien. DOÑA PEPITA

¿Tú crees esa historia, Pancho? EL CORONEL

Empiezo a creerla. DOÑA PEPITA

¿No ves la papalina que se gasta? EL CORONEL

¡Retírate, Pepita!

*


DOÑA PEPITA

[Espera! EL CORONEL

¡Pepita, te retiras o te recatas mejor con el periódico! DOÑA PEPITA

Si se ve algo, que lo lleven a la plaza. EL CORONEL

¡Retírate! DOÑA PEPITA

¡Turco! DON FRIOLERA

¡Desde Teniente a General en todos los gra- . dos debe morir la esposa que falta a sus de­ beres! DOÑA PEPITA

¡Papanatas! <«*>A R R O J A e l p e r ió d ic o a l c e n tr o d e la s a ­ la y d e s a p a r e c e c o n un r e m a n g u e , b a t ie n d o la p u e r ta . E l C o r o n e l to s e , s e c a la la s g a f a s y a b r e e l c o m p á s d e s u s c h in e la s b o r d a d a s , a l-

254


z a n d o y b a ja n d o un d e d o . D o n F r io le r a , c o n ­ v e r tid o en f a n t o c h e m a ta s ie te , r íg id o y c u a d r a ­ d o , la m a n o en la v is e r a d e l ro s, p a r e c e a t e n ­ d e r c o n la nariz*v*> EL CORONEL

¿Qué barbaridad ha hecho usted? DON FRIOLERA

¡Lavé mi honor! EL CORONEL

¿No son absurdos del vino? DON FRIOLERA

¡No, mi Coronel! EL CORONEL

¿Está usted sin haberlo catado? DON FRIOLERA

Bebí después, para olvidar... V engo a en­ tregarme. EL CORONEL

Teniente Astete, si su declaración es ver­ dad, ha procedido usted como un caballero. Excuso decirle que está interesado en salvarle

é


el honor del Cuerpo. ¡Fúmese usted ese ha­ bano! *+ l> LA C O R O N E L A irru m p e en la s a la , s o ­ f o c a d a , c o n a b a n ic o y b a t a d e la z o s . S e d e ­ rru m b a en la m e c e d o r a . E n s e ñ a un a l i g a o s , DOÑA PEPITA

¡Qué drama! ¡No mató a la mujer! ¡M ato a la hija! DON FRIOLERA

¡M até a mi mujer! ¡M i hija es un ángel! DOÑA PEPITA

¡M ató a su hija, Pancho! EL CORONEL

¿Ha oído usted, desgraciado? DON FRIOLERA

¡Sepúltate, alma, en los infiernos! EL CORONEL

Pepita, que le sirvan un vaso de agua. DON FRIOLERA

¡Asesinos! ¡Cabrones! ¡M ás cabrones que yo! ¡M até a mi mujer! ¡M ate usted a la suya,


mi Coronel! ¡M átela usted, que también se la pega! ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! DOÑA PEPITA

¡Idiota! EL CORONEL

¡Teniente Astete, ha perdido usted la ca­ beza! DOÑA PEPITA

¡Pancho, imponle un correctivo! EL CORONEL

¡Pepita, la vida de un hijo es algo serio! DOÑA PEPITA

¡Qué crimen horrendo! EL CORONEL

Teniente Astete, pase usted arrestado al Cuarto de Banderas. DON FRIOLERA

¡M e estoy muriendo! ¿Podría pasar al H os­ pital? EL CORONEL

¡Puede usted hacerlo! d

M


DON FRIOLERA

A la orden, mi Coronel! EL CORONEL

Indudablemente ha perdido la cabeza. E x ­ plícate tú, Pepita: ¿Quién te ha contado ese drama? DOÑA PEPITA

¡E l asistente!

¡


ESPERPENTO DES£ LOS CVERNOS DE DON FRIOLERA E

P

I

L

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G A

O P L A Z A

D E L

M E R C A D O E N U N A C I U D A D BLA N CA, D A N D O V IS T A A L A C O S ­ T A D E A F R IC A . F u ­ r ia s d e l s o l, c a b r ille o s d e l m a r, v e la s d e á m b a r , p a ­ r e ja s d e b a r c a s p e s q u e r a s . E l c ie g o p r e g o n a r o m a n c e s en la e s q u in a d e un c o lm a d o , y la s r a p a d a s c a b e z a s d e lo s p r e s o s a s o m a n en la s r e ja s d e la c á r c e l, un c a s e r ó n d e s t a r t a la d o q u e h a b ía s id o c o n v e n to d e fr a n c is c a n o s a n t e s d e M e n d iz á b a l. E l p e r r illo d e l c ie g o a lz a la p a t a I

a l a r rim o d e u n a v a lla d e c o r a d a c o n d e s g a r r a ­ d o s c a r t e le s , p o s t r e r r e c u e r d o d e la s fe r ia s , c u a n d o v in o a lle v a r s e lo s c u a r to s la M a r ía G u e r r e r o .— E l G r a n G a l e o t o .— L a P a s io n a r ia . E l N u d o G o r d ia n o .— L a D e s e q u ilib r a d a tm S

¡


ROMANCE DEL CIEGO

En San Fernando del Cabo, perla marina de España, residía un oficial con dos cruces pensionadas, recompensa a sus servicios en guarnición y en campaña. Sin escuchar el consejo de amigos que le apreciaban, casó con una coqueta, piedra imán de su desgracia. Al cabo de poco tiempo — el pecado mal se guarda— un anónimo le advierte que su esposa le engañaba. Aquel oficial valiente, mirando en lenguas su fama, rasga el papel con las uñas como una fiera enjaulada, y echando chispas los ojos, vesubios de sangre humana, en la cintura se esconde un revólver de diez balas. Esperando la ocasión, a su esposa festejaba,

260


disimulando con ella porque no se recelara. Al cabo de pocos días supo que se entrevistaba en casa de una alcahueta de solteras y casadas. Allí dirige los pasos, la puerta encuentra cerrada, salta las tapias del huerto la vuelta dando a la casa, y oye pronunciar su nombre entre risas y soflamas. Sofocando un ronco grito, propia pantera de Arabia, en astillas, de los gonces, hace saltar la ventana. ¡Sagrada V irgen María, la v o z tiembla en la garganta al narrar el espantoso desenlace de este drama! Aquel oficial valiente, su revólver de diez balas, dispara ciego de ira creyendo lavar la mancha de su honor. ¡Ay, no sospecha

*


que la sangre derramaba de su hija Manolita, pues la madre se acompaña de la niña, por hacer salida disimulada, y el cortejo la tenía al resguardo de la capa! Cuando el valiente oficial reconoce su desgracia, con los ayes de su pecho estremece la Alpujarra. A la mujer y al querido los degüella con un hacha, la cabezas ruedan juntas, de los pelos las agarra, y con ellas se presenta al general de la plaza. Tiene pena capital el adulterio en España, y el general Polavieja, con arreglo a la Ordenanza, el pecho le condecora con una cruz pensionada. En los campos de Melilla hoy prosigue sus hazañas:

262


Él solo mató cien moros en una campal batalla. Le proclaman nuevo Prim las kabilas africanas, y el que fué Don Friolera en lenguas de la canalla, oye su nombre sonar en las lenguas de la Fama. E l Rey le elige ayudante, la Reina le da una banda, la Infanta Doña Isabel un alfiler de corbata, y dan a luz su retrato las Revistas Ilustradas. t q & T R A S u n a r e ja d e la c á r c e l e s tá n a s o ­ m a d o s D o n M a n o lit o y D o n E s t r a fa la r io . H u e lg a d e c ir q u e s o n h u é s p e d e s d e la tren a , p o r s o s p e c h o s o s d e a n a r q u is ta s , y h a b e r h e c h o m a l d e o j o a un b u rro en la A lp u ja r r a DON ESTRAFALARIO

Este es el contagio, el vil contagio, que baja de la literatura al pueblo. DON MANOLITO

De la mala literatura, Don Estrafalario-


DON ESTRAFALARIO

Toda la literatura es mala. DON MANOLITO

No me opongo. DON ESTRAFALARIO

¡Aún no hemos salido de los Libros de C a­ ballerías! DON MANOLITO

¿Cree usted que no ha servido de nada Don Quijote? DON ESTRAFALARIO

Ni Don Quijote, ni las guerras coloniales. ¿No le parece a usted ridicula esa literatura, jactanciosa como si hubiese pasado bajo los bigotes del Kaiser? DON MANOLITO

Indudablemente, en la literatura aparece­ mos como unos bárbaros sanguinarios. Luego se nos trata, y se ve que somos unos borregos. DON ESTRAFALARIO

¡Qué lejos de este vil romancero aquel paso ingenuo que hemos visto en la raya de Portu­


gal! ¡Qué lejos aquel sentido malicioso y po­ pular! ¿Recuerda usted lo que entonces le dije? d on m a n o l it o

¡M e dijo usted tantas cosas! d on

e s t r a f a l a r io

¡Sólo pueden regenerarnos los muñecos del Compadre Fidel! d o n m a n o l it o

¡Con decoraciones de Orbaneja! ¡Y a me acuerdo! DON ESTRAFALARIO

Don Manolito, gástese usted una perra y compre el romance del ciego. DON MANOLITO

¿Para qué? DON ESTRAFALARIO

¡Infeliz, para quemarlo!


Biblioteca N acional de EspaĂąa


ESPERPENTO DE LA HIJA DEL5SS: C A P I T A N £> &


Biblioteca N acional de EspaĂąa


DRAMATIS PERSONA E L GOLFANTE DEL ORGANILLO Y UNA MU= CAMA NEGRA MANDINGA es LA POCO GUSTO, EL COSMÉTICO Y E L TAPA BOCAS, PÍCAROS DE LAS AFUERAS & UN HORCHATERO <® LA SINIBALDA, QUE ATIENDE POR LA SINI, Y SU PADRE EL CAPITÁN CHULETAS DE SARGEN= TO es UN GENERAL GLORIOSO Y LOS CUATRO COMPADRES: E L POLLO DE CARTAGENA, EL BANQUERO TRAPISONDAS, E L EX MINISTRO MARCHOSO Y EL TANGUISTA DONOSTIARRA t® EL ASISTENTE DEL CAPITÁN o UN CAMARERO DE CAFÉ es E L SASTRE PENELA Y E L BATUCO, ACRÓBATAS DEL CÓDIGO es UN CAMASTRÓN, UN QUITOLIS, UN CHULAPO ACREDITADO EN EL TAPETE VERDE, UN POLLO BABIECA Y UN REPÓRTER, SOCIOS DE BELLAS ARTES es TOTÓ, OFICIAL DE HUSARES, AYUDANTE DEL GENE= RAL, Y OTRO AYUDANTE es EL BRIGADIER FRONTAURA Y E L CORONEL CAMARASA es DOÑA SIMPLICIA, DAMA INTELECTUAL es SU ILUSTRÍSIMA, OBISPO IN PARTIBUS

es UNA

BEATA, UN PATRIOTA, UN PROFESOR DE HIS­ TORIA es EL MONARCA es UN LORITO DE UL= TRAMAR es ORGANILLOS Y CHARANGAS


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


ESPERPENTO DESS LA HI J A DE L C A P I T A N ^ ^ E S C E N A

P R I M E R A ^

y

,

A D R ID M O D E R N O : E N U N M IR A D O R E S P IO ]A E L A L O N V E R D IG U A LD A, UN

LO RO

U LTRA­

M A R IN O : L A

S IE S ­

T A : C A L L E JA U L E ­ RA

DE

M IN U S C U ­

L O S H O T E L E S . P e r s in a n a s v e r d e s . E n r e ­ d a d e r a s . R e s o l en la c a lle . E n y e r m o s s o la ­ r e s la b a r r a c a d e h o r c h a t a y m e lo n e s , c o n e l o b e s o le v a n tin o en m a n g a s d e c a m is a .— U n o r g a n illo .— A l g o lf a n t e d e l m a n u b r io , c a lz o ­ n e s d e o d a lis c a y a n d a r e s p r e s u m id o s d e b o ­ ta s n u e v a s , le a s o m a un b u c le fu e r a d e la g o rrilla, c o n e s t u d ia d o e s t r á g a lo , y s o b r e e l h o m b r o le h a c e m o r is q u e t a s e l p ic o v e r d e r o l d e l p a ñ o lit o g a r g a n t e r o .— P o r la v e r ja d e un ja r d ín s e c o n c ie r t a c o n u n a n e g r a m u c a m a # * i.

É


EL LORO

¡Cubanita canela! EL GOLFANTE

Ese amigo me ha dado el primer quién vive. Oírlo y caer en la cuenta de que andaba por aquí el Capitán. Después he visto asomar el moño de la Sini. No sé si me habrá recono­ cido. LA MUCAMA

E s mucho el cambio. Si usted no se me des­ cubre, yo no le saco. La niña, sin duda, tendrá más presente su imagen. EL GOLFANTE

¡Cómo me la ha pegado! Esa se ha ido ce­ gada por los pápiros del tío ladrón. LA MUCAMA

M ás es el ruido. EL GOLFANTE

Y a sé que no pagáis una cuenta y que tu amo tira el pego en su casa. Otro Huerto del Francés estáis armando. ¡Buena fama os dan en el barrio!


H

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

Jg

la m ucam a

¡Qué chance! Estamos en un purito centro de comadreo. EL LORO

¡Cubanita canela! EL GOLFANTE

Ese charlatán es un bando municipal sobre la ventana de la Sini. La andaba buscando lo­ co por esas calles, y aquí estaba esperándome el lorito con su letrero. ¡Impensadamente vol­ vía a ponerse en mi camino la condenada som­ bra de la Sini! ¡Aquí está mi perdición! Entra y dile que el punto organillero desea obse­ quiarla con un tango. Que salga, como es de política, a darme las gracias y proponer el más de su gusto. Y si no sale será que prefie­ re oír todo el repertorio. Recomiéndale que no sea tan filarmónica. la

m ucam a

¡Apártese! Tenemos bucaneros en la costa. D I S I M U L A B A S E la n e g r a m a n d in g a r e g a n d o la s m a c e ta s , y e l p ir a n te d e l o r g a n i­ lle r o b a t ió la “M a r c h a d e C á d i z ' . S a lía , en

a


t r a je d e p a is a n o , e l C a p itá n S in ib a ld o P é r e z : F l u x d e a lp a c a n e g r a , c a m is a d e a z u lin o s a l­ m id o n e s , la s b o t a s m ilita re s un a b ie r t o c o m ­ p á s d e c h a r o la d o s b r illo s , e l b o m b ín s o b r e la c e ja , e l m a n a tí ju g a n d o en lo s d e d o s . D o s p u n to s h o lg a z a n e s y u n a g o l f a a n d a r ie g a q u e r e fr e s c a n en la b a r r a c a d e l le v a n tin o , h a c e n su c o m e n ta r io a e s p a l d a s d e l C a p itá n . L a P o ­ c o - G u s t o , le d ic e n a la m o z u e la , y a lo s d o s p ir a n te s , P e p e e l C o s m é t ic o y T o n o e l T a p a -

bocasüMh LA POCO-GUSTO

¡Qué postinero! EL COSMÉTICO

Por algo es Chuletas de Sargento. EL HORCHATERO

Esa machada, se la cuelgan. EL COSMÉTICO

¿Que no es verdad, y está sumariado? EL HORCHATERO

Las Ordenanzas Militares son muy severas, y los ranchos con criadillas de prisioneros es­ tán más penados que entre moros comer toci­


no. Tocante al Capitán, yo no le creo hombre para darse esa manutención. el

tapabo cas

¡Que no fuese guateque diario, estamos en ello! Pero él propio se alaba. EL HORCHATERO

¡Boquerón que es el compadre! LA POCO-GUSTO

¿Y el proceso? EL HORCHATERO

¡Ché! Por tirar la descargada. EL COSMÉTICO

A mí no me representa un mérito tan alto, estando de buen paladar, comer chuletas. ¿Qué son de sargento? Como si fueran de cordero, ¡En estando de gusto! EL TAPABOCAS

¿Y por qué razón no van a saber buenas las chuletas de sargento mambís? la

p o c o - g usto

¡Se podrán comer, pero buenas!...


EL TAPABOCAS

Buenas. ¿Por qué no? EL HORCHATERO

Con mucho vino, con mucha guindilla, por una apuesta, limpias de grasas, lo magro ma­ gro, casi convengo. EL COSMÉTICO

Y así habrá sido. EL HORCHATERO

¡Ni eso! EL TAPABOCAS

Pues se lo han acumulado como un guate­ que diario y tiene una sumaria a pique de sa­ lir expulsado de la Milicia. EL HORCHATERO

¡Bien seguro se halla! Para que el proceso duerma, la hija se acuesta con el Gobernador Militar. LA POCO-GUSTO

La dormida de la hija por la dormida del expediente.


EL COSMÉTICO

¡Una baza de ordago a la grande! EL HORCHATERO

No llegan las pagas, hay mucho vicio y se cultiva la finca de las mujeres. EL COSMÉTICO

Quien tiene la suerte de esas fincas. Menda es huérfano. EL HORCHATERO

T e casas y pones la parienta al toreo. EL COSMÉTICO

¿Y si no vale para la lidia? LA POCO-GUSTO

Búscala capeada. ¡M ira la Sini, al timoteo con el andoba del organillo! *& & L A S I N I B A L D A , p e in a d o r c o n la z o s , f a l d a b a je r a , m o ñ a s en lo s z a p a t o s , un c la v e l en e l p e lo , c o n v e r s a b a p o r la v e r ja d e l jardini~ lio c o n e l g o lf a n t e d e l m an u brio LA SINI

No te hubiera reconocido. Aquí no es sitio para que hablemos.


EL GOLFANTE

¿Temes comprometerte? LA SINI

La mujer en mi caso, con un amigo que na­ da la niega, está obligada a un miramiento que ni las casadas. EL GOLFANTE

¿Que nada te niega? Quiere decirse que lo tienes todo con ese tío cabra. LA SINI

Todo lo que se tiene con guita. EL GOLFANTE

¿Que lo pasas al pelo? LA SINI

Según se mire. Algo me falta, eso ya pue­ des comprenderlo. T ú has podido sacarme de la casa de mi padre. ¿Que no tenías modo de vida? Pues atente a las consecuencias. ¿Lo tienes ahora? Pronta estoy a seguirte. ¡Y a te veo empalmado, pero no te lo digo por miedo! ¿Qué traes? ¡Un organillo! Vienes a camelar­ me con música. ¿V as a sostenerme con esca-

j


las y arpegios? Mírame. No seas loco. ¡Y tie­ nes toda la vitola de un golfante! EL GOLFANTE

T ú dirás que venga a ser sino un golfo, cie­ go por la mayor golfa, peleado con toda mi casta. LA SINI

¡Cuándo asentarás la cabeza! ¿D ejaste los estudios? Pues has hecho mal. ¡Y tienes toda la vitola de un organillero! ¿Qué tiempo llevas dando al manubrio? EL GOLFANTE

T res meses. Desde que llegué. LA SINI

¿Has venido siguiéndome? EL GOLFANTE

Como te lo prometí. LA SINI

Pero siempre pensé que no lo hicieses. EL GOLFANTE

Y a lo ves.


LA SINI

¡V aya un folletín! EL GOLFANTE

Por ahí sacarás todo el mal que me has he­ cho. LA SINI

T e has puesto pálido. ¿De verdad tanto cie­ gas por mí? EL GOLFANTE

¡Para perderme! LA SINI

Lo dices muy frío. No hay que hacerte caso. ¿Y qué ventolera te ha entrado de ponerte a or­ ganillero? EL GOLFANTE

Para el alpiste, y buscarte por las calles de Madrid. E l lorito en tu ventana ha sido como un letrero. LA SINI

¿Y qué intención traes? Empalmado lo es­ tás. ¿Tú has venido con la intención de cor­ tarme la cara?

j


gó O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

gó,

EL GOLFANTE

Al tío cebón es a quien tengo gana de cor­ tarle alguna cosa. LA SINI

¿Qué mal te hizo? Con éste o con otro había de caer. Estaba para eso. EL GOLFANTE

¡El amor que tienes por el lujo! LA SINI

T ú nada podías ofrecerme. Pero con todo de no tener nada, de haber sido menos loco, por mi voluntad nunca hubiera dejado de verte. T e quise y te quiero. No seas loco. Apártate ahora. EL GOLFANTE

¿Sin más? LA SINI

¿Aquí qué más quieres? EL GOLFANTE

Dame la mano. LA SINI

¡Adiós, y que me recuerdes!


ag O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

3g

EL GOLFANTE

¿Vuelvo esta noche? LA SINI

No sé. EL GOLFANTE

¿Esperas al pacha? LA SINI

Pero no se queda. EL GOLFANTE

¿Cuál es tu ventana? LA SINI

T e pones en aquella reja. Por allí te habla­ ré ... Si puedo. tm ittH U Y O S E la S in i, c o n b u lle -b u lle d e a l­ m id o n e s : V o lv ía la c a b e z a , g u iñ a b a la p e s t a ­ ñ a : S o b r e la e s c a lin a t a s e d e tu v o , s u je t á n d o s e e l c la v e l d e l p e lo , s a c ó la le n g u a y s e m etió a l a d e n tr o . E l g a c h ó d e l o r g a n illo , a l a r rim o d e la v e r ja , s e l a d e a la g o r r a , e s tu d ia n d o la a ltu ­ ra y d is p o s ic ió n d e la s ven tan asoim * EL LORO

¡Cubanita canela!


ESPERPENTO DES: L A HI J A DE L C AP I T A Nifcz& iig* ESCENA S E G V N D A g J ^ A C A S C H IN E S C A S Y CA RA CO LES M A ­ R IN O S , C O N C H A S P E R L E R A S , C O Q U IT O S LA BRA D O S, R A M A S DE M AD REPORA Y C O ­ R A L ,

D IF U N D E N

E N L A S A L A N O S T A L G IA S C O L O N IA ­ LES D E

IS L A S

O PU LEN TA S: SO BRE

L A C O N S O L A Y P O R L A S R IN C O N E ­ R A S V E S T ID A S C O N T A P E T IL L O S DE TO S

P R IM O R Y

CA SERO , ER A N

FA BU LAS

DEL

FA U S­

T R O P IC O . E l

lo r o d o r m ita en su ja u la a b r i g a d o c o n u n a m a n ta v ie ja . A la m e s a ca m illa le h a n p u e s ­ to b r a g a s v e r d e s . P a r t id a tim b era . D o n ille a e l n a ip e . C o r r e la p in ta C h u le t a s d e S a r g e n ­ to. H a c e n la p a r tid a s e is c a m a s t r o n e s . E n t o r ­ c h a d o s y c a lv a s , lu c io s c o g o t e s , lu c ia s m a n o s


|S O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

{fé

.s**»

c o n tu m b a g a s , h u m o d e v e g u e r o s , p r e s tig ia n e l ú ltim o a lb u r . E l P o l lo d e C a r t a g e n a , v ie ja ­ le s p is a v e r d e , s e s a n tig u a c o n u n a fic h a d e n a ­ c a r a d a s lucesajp\ EL POLLO

¡Apré! Esto me queda. EL CAPITÁN

¿Quiere usted cambio? EL POLLO

Son cinco mil beatas. EL CAPITÁN

A tanta devoción no llego. Puedo hacerle un préstamo. EL POLLO

Gracias. EL CAPITÁN

¿De dónde es la ficha? EL POLLO

D e Bellas Artes, EL CAPITÁN

Puede usted disponer del asistente, si desea 284*

*


mandar a cambiarla. Si toma un coche, en me­ dia hora está de vuelta. EL POLLO

Por esta noche me abstengo. M e voy a la última de Apolo. ¡Salud, caballeros! m t o V I N O S O y r isu eñ o , c o n la b r a g u e t a d e s ­ a b r o c h a d a , le v a n t ó su c o r p u le n ta e s ta m p a e l v e n c e d o r d e P e r iq u ito P é r e z : S a tu r n a l y p a n ­ z u d o , v e te r a n o d e t o r o s y ju e r g a s , fu m a d o r d e v e g u e r o s , s ie m p r e c o n lu c e s a lc o h ó lic a s en e l c a m p a n a r io , m a r c h o s o , v e r b o s o , r ijo s o , a b r ía lo s b r a z o s e l P a c h a d e la S in ib a ld a Q js* EL GENERAL

Pollo, vas a convidarnos. EL POLLO

No hay inconveniente. EL GENERAL

Chuletas, tira las tres últimas. EL CAPITÁN

¡Ha cambiado el corte!

*


EL GENERAL

M e es inverosímil, Chuletas. Peina ese nai­ pe. ¡Tú te las arreglas siempre para tirar la descargada! EL CAPITÁN

¡M i General, esa broma! EL GENERAL

Rectificaré cuando gane. EL CAPITÁN

Caballeros, hagan juego. E L V E N C E D O R D E P E R IQ U IT O P E R E Z s e c o lg ó e l e s p a d ín , s e p u s o e l r o s d e m e d io la d o , s e a ju s t ó la p e lliz a y r e c o r r ió la s a la m a r c á n d o s e un ta n g o : B u f o y m a r c h o s o , s a c a la le n g u a , g u iñ a d e l o j o y m a ta la b ic h a a e s tilo d e n e g r o c u b a n o . L a S in ib a ld a , p o r d e t r á s d e un c o r tin illo , a s o m a lo s o j o s c o lé r i­ c a , y d e s c u b r e la m a n o c o n u n a le z n a z a p a t e ­ ra, d is p u e s t a a c la v a r le e l n a lg a r io . D e t u v o e l b r a z o d e la e n o ja d a e l P o l lo d e C a r t a g e n a . E l G e n e r a l, a s o m a d o , v u e lv e a la m e s a d e ju e g o , y e l v ie ja le s p is a v e r d e , en la p u e r ta , te m p la co n a r r u m a c o s y s e rm ó n lo s ím p etu s d e la S in i

00*


<jg O B R A S el

DE

VALLE-INCLÁN

pollo

¡Vamos, niña, que estamos pasando un ra­ to agradable entre amigos! Las diferencias que podáis tener, os las arregláis cuando estéis solos. LA SINI

Don Joselito, me aburre un tío tan ganso. ¿Dónde ha visto usted peor pata? EL POLLO

¡Niña! LA SINI

Si se lo digo en su cochina cara. Y además está convencido de que lo siento. ¿Ha per­ dido? EL POLLO

Y a puedes comprender que no me entretu­ ve siguiendo su juego. LA SINI

Ha perdido y se ha consolado como de cos­ tumbre. EL POLLO

Y o me hubiera consolado mejor contigo.

*


LA SINI

Usted, sí, porque es un hombre de gusto y muy galante. ¿Ha perdido? EL POLLO

No sé. LA SINI

Ha perdido, y se ha puesto una trúpita para consolarse. EL POLLO

Vendría de fuera con ella, y será anterior al proyecto de cometer el crimen. LA SINI

¿Qué crimen? EL POLLO

Una broma. Se ha consolado de la pérdida antes de la pérdida. LA SINI

¿Y a qué ha dicho usted crimen? EL POLLO

Un texto cíel Código Penal. Erudición que uno tiene.


LA SINI

¡V aya texto! ¿Y usted se lo sabe por sopas el Código? EL POLLO

Como el Credo. LA SINI

¿Y dirá usted que se lo sabe? EL POLLO

¿El Código? LA SINI

El Credo. EL POLLO

Para un caso de apuro. la

SINI

Parece usted pariente de aquel otro que es­ tando encaminándole preguntaba si eran de confianza los Santos Olios. el

po llo

Ese era mi abuelo. LA SINI

Con su permiso, Don José.

a


EL POLLO

¡Sini, ten cabeza! * ® & B R IL L O S d e c e r illa s , h u m o d e v e g u e r o s . L o s c a m a s t r o n e s d e ja n la p a r tid a . L a s c a r t a s d e l ú ltim o a lb u r q u e d a n s o b r e la m e s a co n un tu e rto v is a je . L a m u c a m a m a n d in g a , d e la n t a l r a y a d o , c h a n c le t a s d e c h a r o l, lip u d a s o n r is a , p e n e tr a en la s a la y m is te r io s a t o c a la d o r a d a b o c a m a n g a d e l G en éralo.m * LA MUCAMA

Este papelito que horitita lo lea, Ño Gene­ ral. EL GENERAL

Lo leeré cuando me parezca. LA MUCAMA

M e ha dicho que horita y que me dé res­ puesta vucencia. EL GENERAL

Retírate y no me jorobes. Pollo, hágame us­ ted el favor de quedarse. Le retengo a usted como peón de brega. <<®S»S E D E S P E D I A N lo s o tr o s p e lm a z o s . 290


E r a n c u a t r o : U n r ic a c h o d o n o s t ia r r a , fa m o s o e m p r e s a r io d e fr o n t o n e s , un c a b e z u d o e x m i­ n istro s a g a s t in o , y un c a ta lá n tra p is o n d is ta , t a u r ó filo y g r a n e s c o p e t a en la s p a r t id a s d e S u M a j e s t a d «t®»» EL TRAPISONDAS

¿Esa cena para cuándo, Don José? EL POLLO

Ustedes dirán. EL EX MINISTRO

Creo que no debe aplazarse. el

t o n g u is t a

Cena en puerta, agua en espuerta. EL POLLO

Ustedes tienen la palabra. EL TRAPISONDAS

E sta noche, en lo de Morán. el

pollo

¿Hace, caballeros? el

t o n g u is t a

¡Al pelo!


EL EX MINISTRO

¡Naturaca! EL TRAPISONDAS

¡Evident! S A .L E L A S I N I . C h u le t a s , r e c o m ié n d o s e , c u e n ta la s fic h a s y la s d is t r ib u y e p o r lo s r e g is ­ tro s c h in e s c o s d e la c a j a . — P a g o d a s , m a n d a r i­ n es, á u r e o s p a r a s o le s .— E l a s is te n te , en b r a z a ­ d o , s a c a a b r ig o s , b a s t o n e s , s o m b r e r o s : L o s r e ­ p a r t e a tu erta s, s o ñ o lie n to , e s tú p id o , p e la d o a l c e r o . C h u le t a s d e S a r g e n t o c ie r r a la c a j a d e f ic h a s y n a ip e s y , c o lo c á n d o s e la b a jo e l b r a z o , s e m e te p o r u n a p u e r ta o s c u r a n a LA SINI

¿Le sería a usted muy molesto oírme una pa­ labra, General? EL GENERAL

Sini, no me hagas una escena. Sé mirada. LA SINI

¡V ea usted de quedarse! EL GENERAL

Es intolerable esa actitud. 292

-


la

s in i

Don Joselito, si a usted no le importan las vidas ajenas, ahueque. el

pollo

Obedezco a las damas. ¡Que haya paz! <w >EL P O L L O D E C A R T A G E N A s e te r ­ c ia la c a p a a la t o r e r a y s a lu d a m a r c h o s o en lo s lím ites d e la p u e r t a w * el

g en eral

Pollo, si quedo con vida, caeré por casa de Moran. la

sin i

¡Gorrista! el

gen eral

No me alcanzan tus ofensas. el

pollo

Si hay reconciliación, como espero, llévese usted a la niña. EL GENERAL

Sini, ya lo estás oyendo. Echate un abrigo y aplaza la bronca.


LA SINI

Eso quisieras. EL POLLO

M ano izquierda, mi General. EL GENERAL

Esta quiere verme hacer la jarra. LA SINI

Miserable. < **E L P O LLO

DE

CARTAGENA

to m a

e l o liv o c o n e s p a n t a d a to r e r a . E l G e n e r a l s e c r u z a d e b r a z o s co n h e r o ic o a la r d e y e n s a y a u n a s o n r is a d e s p r e c ia n d o a la S in ib a ld a o f EL GENERAL

M e quedo, pero serás razonable. LA SINI

¿Has perdido? EL GENERAL

Hasta la palabra. LA SINI

Esa nunca la has tenido. 294


EL GENERAL

E l uso de la lengua. LA SINI

¡Marrano! EL GENERAL

Y a sacaste las uñas. D eja que me vaya. LA SINI

¿Irte? Tom a asiento y pide algo. ¡Irte! Se­ rá después de habernos explicado. <% EL GENERAL

Tomo asiento. Y no hables muy alto. LA SINI

No será por escrúpulo de que oiga mi pa­ dre. T ú y él sois dos canallas. M e habéis per­ dido. <ms>EL C A P I T A N e n tra d e s p a c io y a v a n z a co n lo s d ie n t e s a p r e t a d o s , la m a n o en p e r [il, le v a n t a d a ci*»,

_

_

.

EL CAPITÁN

No te consiento juicios sobre la conducta de tu padre. 295


gS O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

tfg

LA SINI

¿Cuándo has tenido para mí entrañas de pa­ dre? M ira lo que haces. Harta estoy de malos tratos. Si la mano dejas caer me tiro a rodar. ¡Y a para lo que falta! EL GENERAL

Sinibaldo, aquí estás sobrando. EL CAPITÁN

Tiene esa víbora mucho veneno. LA SINI

Las hieles que me has hecho tragar. EL CAPITÁN

V as a escupirlas todas. LA VOZ DEL POLLO

i ¡Socorro!! « w E L E C O a n g u s t ia d o d e a q u e l g r ito p a ­ r a liz a e l g e s t o d e la s tres fig u r a s , s u s p e n d e su a c c ió n : Q u e d a n a p r is io n a d a s en u n a d e s g a ­ r r a d u r a lív id a d e l tie m p o , q u e a la r g a e l in s­ ta n te y lo c o lm a d e d r a m á t ic a in c e r tid u m b r e . L a S in i r e c h in a lo s d ie n te s . S e r o m p e e l e n ­ c a n to . E l C a p itá n C h u le t a s , c o n b r u s c a r e s o -


lu ció n , to m a u n a lu z y s a le . E l G e n e r a l le s i­ g u e c o n s o b r e s a lt o tau rin o . E n e l m a r c o d e la v e n ta n a v e s tid a d e lu n a , s o b r e e l [ o n d o e s t r e ­ lla d o d e la n o c h e , a p a r e c e e l G o l fa n t e d e l O rg a n illo ió JP EL GOLFANTE

¡Y a está despachado! LA SINI

¡M al sabes lo que has hecho! Darle pasa­ porte a Don Joselito. EL GOLFANTE

¿Al Pollo? LA SINI

¡A ese desgraciado! EL GOLFANTE

¡V aya una sombra negra! LA SINI

¡Por obrar ciego! ¡Y a ves lo que sacas! ¡M e­ terte en presidio cargado con la muerte de un infeliz!

.


EL GOLFANTE

¡Y a no tiene remedio! LA SINI

¿Y ahora? EL GOLFANTE

T u anuncio... ¡E l presidio! LA SINI

¿Qué piensas hacer? EL GOLFANTE

¡Entregarme! LA SINI

¡Poco ánimo es el tuyo! EL GOLFANTE

M e ha enfriado el planchazo. LA SINI

Pues no te entregues. Espérame. Ahora me voy contigo.


ESPERPENTO DESS

L A HI J A C AP I T

DE L

ESCENA T E R C E R A g ^ K P U E R T A A B IE R -

" TA:

F O N D O JA R D IN ILLO NERO:

EL

DE LU ­

RODAR

DE UN CO CH E: EL R E C H I N A R D E UNA

C A N C E L A :

EL G L O G L O T E O D E U N O D R E Q U E S E V IE R T E : P A ­ S O S Q U E B A JA N L A E S C A L E R A . C hu ­ le t a s d e S a r g e n t o le v a n t a un q u in q u é y a p a ­ r e c e c a íd o d e c o s t a d o D o n J o s e lit o . E l C a p i­ tán in clin a la lu z s o b r e e l c h a r c o d e s a n g r e , q u e e x t ie n d e p o r e l m o s a ic o c a t a lá n u n a m a n ­ c h a n e g r a . S e ilu m in a e l v e s tíb u lo c o n r o ta r lo a le t e o d e s o m b r a s :— L a c ig ü e ñ a d is e c a d a , la s o m b r illa ja p o n e s a , la s m e c e d o r a s d e b a m ­ b ú .— S o b r e un p la n o d e p a r e d , d ilu id o s fu ­ g a c e s r e s p la n d o r e s d e un c u a d r o c o n t o d a s


la s c o n d e c o r a c io n e s d e l C a p itá n . — P l a c a s , m e d a lla s , c r u c e s .— A l m o v im ie n to d e la lu z t o d o s e d e s b a r a t a . C h u le t a s d e S a r g e n t o p o s a e l q u in q u é en e l t e r c e r e s c a ló n , in c lin á n d o s e s o b r e e l b u s to y a c e n t e , q u e v ier te la s a n g r e p o r un t a jo p r o fu n d o q u e tie n e en e l c u e llo . E l G e n e r a l, p o r d e t r á s d e la luz, e s t á s u s p en só te EL CAPITÁN

No parece que el asesino se haya ensañado mucho. Con el primer viaje ha tenido bastante para enfriar a este amigo desventurado. ¡Y la cartera la tiene encima! Esto ha sido algún odio. EL GENERAL

Está intacto. No le falta ni el alfiler de cor­ bata. EL CAPITÁN

Pues será que le mataron por una venganza. EL GENERAL

Habrá que dar parte. EL CAPITÁN

Dar parte trae consigo la explotación del 300


crimen por los periódicos... ¡Y en verano, con censura y cerrada la Plazuela de las C ortes... M i General, saldríamos todos en solfa. EL GENERAL

E s una aberración este régimen. ¡La Prensa en todas partes respeta la vida privada, me­ nos en España! ¡La honra de una familia en la pluma de un grajo! EL CAPITÁN

Sería lo más atinente desprenderse del fiambre y borrar el rastro. EL GENERAL

¿Cómo? EL CAPITÁN

Facturándolo. EL GENERAL

¡Chuletas, no es ocasión de bromas! EL CAPITÁN

M i General, propongo un expediente muy aceptado en Norte América. EL GENERAL

¿Y enterrarlo en el jardín?

m


EL CAPITÁN

Saldrán todos los vecinos con luces. Para eso mandas imprimir esquelas. EL GENERAL

¿Y en el sótano? EL CAPITÁN

M i General, para los gustos del finado na­ da mejor que tomarle un billete de turismo. Lo inmediato es bajarlo al sótano y lavar la sangre. Vamos a encajonarle. EL GENERAL

¿Persistes en la machada de facturarlo? EL CAPITÁN

Aquí es un compromiso muy grande para todos, mi General. ¡Para todos! EL GENERAL

¡Qué marrajo eres, Chuletas! Vamos a ba­ jar el cadáver al sótano. Y a se verá lo que se hace. EL CAPITÁN

El trámite más expedito es facturarlo, a es­ tilo de Norte América.


EL GENERAL

¡Y siempre en deuda con el extranjero! el

c a p it á n

Si usted prefiere lo nacional, lo nacional es dárselo a la tropa en un rancho extraordina­ rio, como hizo mi antiguo compañero el Capi­ tán Sánchez. <+t>LA S I N I . a c ic lo n a d a , b a j a b a la e s c a le r a c o n un lío d e r o p a a t a d o en c u a tr o p u n ta s , r e ­ v o la n te e l v e lillo trotero «i®., LA SINI

¡Infeliz! ¡Qué escarnio de vida! M e llevo una muda... M andaré por el baúl... Aun no sé dónde voy. ¡Qué escarnio de vida! M an­ daré un día de estos... EL CAPITÁN

Con un puntapié vas a subir y meterte en tu alcoba, grandísima maula. M i General, per­ mítame darle un zarandazo de los pelos. ¡No la acoja! Hay que ser con este ganado muy terne. Si se desmanda, romperle la cuerna. la

sin i

¡Qué desvarío! Si mi papá se hace el cargo,


puesta la niña en el caso de pedir socorro, al­ guno iba a enterarse. EL CAPITÁN

¡Víbora! *&s>LA S I N I s a c a un h o m b r o c o n d e s p r e c io y s e a r r o d illa a un la d o d e l m u erto p o r la c a ­ b e c e r a , s o b r e e l f o n d o n o c tu r n o d e g r illo s y lu c ié r n a g a s . E l G e n e r a l y e l C a p itá n c a b il­ d e a n b a j o la s o m b r illa ja p o n e s a EL GENERAL

Sinibaldo, hay que ser prudentes. Si quiere irse, que se vaya. La Dirección de Seguridad se encargará de buscarla. Ahora no es posi­ ble una escena de nervios. ¡Sinibaldo, pruden­ cia! Lina escena de nervios nos perdería. Y o asumo el mando en Jefe. LA SINI

¡Don Joselito, he de rezarle mucho por el alma! M e llevo su cartera, que ya no le hace falta. No iban esos marrajos a enterrarle con ella. ¡Qué va! ¡Pues que se remedie la Sini! EL CAPITÁN

¡M i General, no puede consentirse que esa 304


fe

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

$s «Mu

insensata se fugue del domicilio paterno con una cartera de valores! EL GENERAL

M añana se recupera. ¡Sería nuestra ruina una escena de nervios! LA SINI

Las alhajitas tampoco las precisa. ¡Qué va! Don Joselito, he de rezarle mucho por el al­ ma. Adiós, Don Joselito. ¡No sé si voy man­ chada de sangre! EL CAPITÁN

M i General, imposible para el honor de un padre tolerar esta pendonada. LA SINI

¡Suéltame, Chuletas de Sargento! EL CAPITÁN

T e ahogo, si levantas la voz. LA SINI

¡Asesino! ¡Chuletas de Sargento! EL GENERAL

¿Sinibaldo, qué haces? ¡Otro crimen!


EL CAPITÁN

¡H ija malvada! LA SINI

¡H ija de Chuletas de Sargento! EL GENERAL

Sini, no te desboques. Las paredes son de cartón. Todo se oye fuera. Sini, que el asis­ tente te haga una taza de tila. Tienes afecta­ dos los nervios. No faltes a tu padre. Sini, no hagas que me avergüence de quererte. LA SINI

¡Abur y divertirse! Si algún guinda se acer­ ca para detenerme, tened seguro que todo lo canto. V oy libre. La Sini se ha fugado al ex­ tranjero con Don Joselito. ¡Abur, repito! EL CAPITÁN

¡Las hay maulas! ¡Esa correspondencia tie­ nes para tu padre, grandísimo pendón!


ESPERPENTO DE25 L A HI J A DEL C A P I I A N 2^ ESCENA C V A R T A g J | K N A

R IN C O N A D A

E N E L C A F E U N I­ V E R SA L: E S P E JO S , M ESA S D E M A R ­ M O L , R O JO S D IV A ­ N ES.

M A M P A R A

C L A N D E S T IN A . P A R E JA S A M A R -

1 E L A D A S . E n to r n o d e un v e la d o r , r a n c h o y b u lla n g a , s o m b r e r o t e s y z a m a r r a s : T ia z o s d e l r u e d o m a n c h e g o , m e le r o s , c e r e r o s , tra ta n ­ te s en g r a n o s . U n a s e ñ o r a p e n s io n is ta y un c a p e llá n c a s t r e n s e s e s a lu d a n d e m e s a a m e s a . U n s e ñ o r ito y un p ir a n te m a r ic u e la s e r e c r i­ m in an b a j o la m ir a d a c o m p r e n s iv a d e l m o z o , p r o c e r , c a lv o , g r a n n a riz , n o b le e m p a q u e e c l e ­ s iá s tic o . L a S in ib a ld a , co n m a n tó n d e f l e c o s y r a s g a d o s a n d a r e s , p e n e t r a en e l h u m o , e n ­ tre a le g r e s y s a la c e s r e q u ie b r o s d e la p a r r o -


q u ia . S e a c o g e a l rin có n m á s o s c u r o y lla m a a l m o z o c o n p a lm a s LA SINI

¡Café! EL MOZO

¿Solo? LA SINI

Con gotas. EL MOZO

Si usted quiere cambiar de mesa, me queda otra libre en el turno. Aquí, con la corriente de la puerta, estará usted mal a gusto. LA SINI

¡Qué va! Con el calorazo que hace, la co­ rriente se agradece. EL MOZO

Pues hay quien manda parar el ventilador. ¡Váaa! *9S>L L A M A B A N d e u n a p e ñ a m a r c h o s a .

— T oreros,

c o n c e ja le s ,

c h a m e lis ta s

y

p e l­

m a s .— E l m o z o s e a c e r c ó c o n m a je s t a d e c l e ­ s iá s tic a y e s tu v o a lg u n o s in s ta n te s a te n t o a la s


c h u s c a d a s d e lo s fla m e n c o s . S ie m p r e e n t o n a ­ d o y m a c a r e n o , lu e g o d e lim p ia r e l m á rm o l, s e s a lió d e l c o r r o p a r a p o n e r e l s e r v ic io d e c a f é en la m e s a d e la Sini<>0 * EL MOZO

Le ha caído usted en gracia al Manene. M e ha llamado porque disputan sobre quien usted sea. Les ha caído usted en gracia, y la quieren sacar por un retrato que enseñó en la mesa un parroquiano. ¿No será usted la misma? LA SINI

No, señor. Y o soy muy fea para retratar­ me. ¿Pero cuándo van a dejar de mirarme esos pelmazos? EL MOZO

Están de broma. LA SINI

¡Como si en su vida hubieran visto una mujer! EL MOZO

¡Que no estará usted acostumbrada a que la miren!


LA SINI

¡Asquerosos! M e parece que van a reírse de su mamasita. EL MOZO

No es para que usted se incomode. Son gen­ te alegre pero que no falta. Están en que us­ ted es la del retrato. ¡V erá usted qué jarro de agua fría cuando los desengañe el Pollo de Cartagena. LA SINI

¿Es el parroquiano? EL MOZO

Contada la tarde que falta. LA SINI

A ver si asoma y concluye el choteo de esos puntos. Estoy esperando a un amigo que tiene la sangre muy caliente. EL MOZO

No habrá caso. V erá usted qué ducha cuando llegue el Pollo. LA SINI

¿Y si ese sujeto hace novillos?


OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

gS

EL MOZO

Combina de mucho pote habia de tener pa­ ra faltar esta tarde. ¡Raro que siendo usted una hembra tan de buten, no la haya seguido alguna vez por esas calles! LA SINI

¿Y sacado la fotografía? El punto ése verá usted que por darse importancia, esta tarde no viene. EL MOZO

Aun no es su hora. LA SINI

M e gustaría conocerle. EL MOZO

Pues fijamente hoy no falta. Casual que al irse anoche mandaba al botones a cambiarle una ficha de cinco mil beatas en la caja del Círculo. Fué motivado que viendo el atortelo del chico, que es novato, mudase de idea, y me pidió sesenta duros, cuyamente me prestó un parroquiano. ¿Qué mozo tiene hoy sesenta du­ ros? ¡Eso otros tiempos! *+ S:E N T R A N el andoba del organillo y un


v e je t e m u y p u lc r o , v e s tid o d e n e g r o : A f e ­ m in a d o s a d e m a n e s p e d a g ó g i c o s , u n a a f e c t a ­ d a c o n d e s c e n d e n c ia d e d ó m in e e s c o lá s t ic o : E l p elu q u ín , lo s a n t e o jo s , e l p a ñ u e lo q u e lle v a a la g a r g a n t a y le o c u lta e l b la n c o d e la c a m is a c o m o un a lz a c u e llo , le in flig e n un c a r á c t e r sa n tu rró n

y

sosp ech oso

de

m an dadero

de

m o n ja s : L e d ic e n e l S a s t r e P e n e la . E n v o z b a ­ j a c o n v e r s a n co n la S in i. E l G o l fa n t e le m u e s ­ tra u n a f o t o g r a f ía r r ia d o cKH

e n tr e

c ín ic o

y

am u-

EL GOLFANTE

El retrato de un pingo en camisa. ¡M ira si te reconoces! En la cartera del interfecto ha sido exhumado. LA SINI

¡Se lo ha dado el canalla, sinvergüenza! EL GOLFANTE

T rabajaba el endoso. LA SINI

''

Anduvo un mes encaprichado por sacarme esa fotografía. ¡El aprecio que hizo el asque­ roso! Entre unos. ' r otros me habéis puesto en

á


el pie de perderme. ¡Y a nada se me da! Hoy contigo... M añana se acabó el conquis, pues a ganarlo para los dos con mi cuerpo. ¿Cómo estaba de parné la cartera? EL GOLFANTE

¡Limpia! Este amigo me ha dado una ayuda muy superior para desmontar la pedrería del alfiler y los solitarios. Como que el hombre se maneja sin herramientas. ¡E s un águila! En nueve mil melopeas pignoramos el lote, en la calle de la Montera. Por cierto que voy a que­ mar la papeleta. el

sa stre

¡Aquí, no! ¡Prudencia! Pasa al evacuatorio. EL GOLFANTE

En la cartera había documentos que en unas buenas manos son sacadineros. Dos pagarés de veinte mil pesetas con la firma del Pachá Bum-Bum. Una carta del propio invicto suje­ to solicitando demoras, y una ficha de juego. La

s in i

D e Bellas Artes. ¡Cinco mil del ala! Dáme­ la, que hay que cobrarla, y a no tardar.


EL GOLFANTE

¿Cómo se cobra? LA SINI

Presentándose en caja. EL GOLFANTE

¡E s un paso comprometido! LA SINI

¡Cinco mil beatas no son para dejarlas en el aire! EL GOLFANTE

¡Conforme! Los documentos, estoy a vuel­ ta s... Hacerlos desaparecer es quemar un che­ que al portador. EL SASTRE

Hay que operar con mucho quinqué. Los presentas tú al cobro, y te ponen a la som­ bra: Se requieren otras circunstancias. Los que actúan en esos negocios son sujetos con muy buenas relaciones, que visitan los Minis­ terios. ¡El Batuco, que estos tiempos ha dado los mejores golpes, tiene padrinos hasta en la Gran Peña! Una masonería como la de los sa-


------------------------------------------------------------------------ -

gs

OBRAS

DE

VALLE-INCLÁN

gg

rasas. El Batuco ha puesto a modo de una Agencia: ¡Una oficina en toda regla! Si que­ réis entenderos con él, fijamente está en los billares. e l go lfa n te

¿No será venderse? EL SASTRE

Vosotros los pensáis y aluego resolvéis. El Batuco vive de esas operaciones y su cré­ dito está en portarse con decencia. Conoce como nadie el compromiso de ciertos negocios y puede daros una luz. Hoy todo lo hace la organización. ¡Vierais la oficina, montada con teléfono y máquina de escribir!... ¡Propiamen­ te una Agencia! el

go lfa n te

¡Mira, Penela, que la mucha gente es buena en las procesiones! el

sa stre

Para sacarle lo suyo a esos papeles hace fal­ ta el organismo de una Agencia. ¡Son otros horizontes! ¡Ahí tienes las contratas del ramo de Guerra! Para ti, cero, ni pensar en ello.

É


¡Para un organismo, ponerse las botas! Es su función propia... Ahora, si vosotros tenéis otro pensamiento... LA SINI

¡Tan incentiva pintura los sentidos me ena­ jena! ¡Suba usted por el Batuco! EL GOLFANTE

¿Se puede uno confiar? EL SASTRE

Hombre, yo siempre le he visto proceder co­ mo un caballero, y el asunto vuestro es un caso corriente. EL GOLFANTE

Pues a no tardar. EL SASTRE

Míralo, que baja de los billares. Don Arsenio, media palabra. <*s&EL B A T U C O a c c e d e , s a lu d a n d o co n e l p u t o : C h a t o , r e n e g r id o , b r is a s d e p e r fu m e r ía y a n illo s d e ju g a d o r , c a ñ a d e n u d o s , b o m b ín , b o ­ ta s a m a r illa s c o n p r im o r e s : U n ja s t ia lo t e to s c o , con h ech u ra d e p i c a d o r a s

»


<¡g O B R A S el

DE

VALLE-INCLÁN

Jg

batuco

¿Qué cuenta el amigo Penela? el

sa stre

Estaba con una pata en el aire para remon^ tarme en su busca y captura. M e había com­ prometido a relacionarle con esta interesante pareja. Tienen algunos documentos que de­ sean negociar: Cartas y pagarés de un per­ sonaje. ¿Qué dice usted? EL BATUCO

Acaso se pudiera intentar alguna travesura. ¡No sé! Sin conocer el asunto es imposible aventurar una opinión... Hay que estudiarlo. ¿Quién es el personaje? EL SASTRE

Un heroico príncipe de la Milicia. EL BATUCO

¿Con mando? EL SASTRE

Con mando. EL BATUCO

¿Quién negocia los papeles?


EL SASTRE

ü sta joven e inexperta pareja. Paseando, se han encontrado una cartera. EL BATUCO

El propietario habrá dado parte a la Poli. Esos documentos de crédito en nuestras ma­ nos son papeles mojados. LA SINI

El propietario no ha dado parte. EL BATUCO

¿Seguro? LA SINI

Tomó el tren para un viaje que será largo, y a última hora le faltó el tiempo hasta para las despedidas. EL BATUCO

Entendido. ¿Pueden verse los documentos? EL GOLFANTE

¡Naturaca! *ms>EL G O L F A N T E s a c a d e l p e c h o un l e ­ g a jillo s u je t o co n u n a g o m a . E l B a t u c o , d is i 318


m u la d o , h a c e e l o j e o : S e d e t ie n e s o b r e u n a c a r t a , s ila b e a reticen ted » > EL BATUCO

"L a rubiales se alegrará de verle, Chuletas de Sargento cantará guajiras y tirará el pego.” LA SINI

El viaje del andoba saltó impensadamente. EL BATUCO

¿Muy largo, ha dicho usted? LA SINI

Para una temporada. EL BATUCO

¡Hablemos claro! ¡Esta carta es un lazo, una encerrona manifiesta! ¿Quién ha taladrado el billete al viajero? ¿No lo saben ustedes? LA SINI

Le dió un aire al quinqué y se apagó para no verlo. el

batuco

¡Como siempre! Y algún vivales se adelantó a tomar la cartera. ¿He dado en el clavo?


LA SINI

V e usted más que un astrónomo. Usted de­ be predecir el tiempo. EL BATUCO

M e alegro de no haberme equivocado. Es caso para estudiarse y m editarse... De gran mompori si se sabe encauzar. Y o trabajo en una esfera más modesta. El negocio que uste­ des traen es de los de Prensa y Parlamento. Y o soy un maleta, pero tengo buenas relacio­ nes. Don Alfredo Toledano, el Director de E l Constitucional, me aprecia y puedo hablarle. V erá el asunto, que es un águila, y de los pri­ meros espadas. Un hombre tan travieso pue­ de amenazar con una campaña. En manos de un hombre de pluma estos papeles son un río de oro, en las nuestras un compromiso. Ese es mi dictamen. Con la amenaza de una cam­ paña de información periodística se puede sa­ car buena tajada. ¡Don Alfredo chanela como nadie la marcha de estos negocios! Cuando la repatriación, formó una Sociedad. ¡Un orga­ nismo de lo más genial, para la explotación de altos empleados! Si ustedes están confor­ mes, me pondré al habla con el maestro.


la

sin i

¡A no dejarlo! el

go lfa n te

¿Dónde nos avistamos? el

batuco

/

Aquí. ¿Hace? EL SASTRE

Entiendo que aquí ya nos hemos lucido bas­ tante. En todas las circunstancias de la vida conviene andarse con quinqué... EL BATUCO

Pues pasen ustedes por la Agencia. Pez, 31. LA SINI

¡A ver si hacemos changa! EL BATUCO

¡Seguramente! Huyo veloz como la corza herida. el

sa stre

¡Orégano sea! el

go lfa n te

Sinibalda.


gS O B R A S

DE

LA SINI

¿Qué se ofrece? EL GOLFANTE

¿Y de la ficha, qué? LA SINI

¡Cobrarla! EL GOLFANTE

¿Estás en ello? LA SINI

¡Naturaca! EL GOLFANTE

En tus manos la dejo. Y o me najo para cam biar de vitola en el Aguila.


ESPERPENTO DE£: LA H I J A D E L C A P Í ! A N•&% ESCENA Q V 1 N T A ¿ ¿ ^ N M IR A D O R E N E L C IR C U L O DE BE­ L L A S A R T E S . T um ba­ d o s en m e c e d o r a s , lu­ c ie n d o lo s c a lc e t in e s , f u ­ m an y b o s t e z a n tr e s s e ­ ñ o r e s s o c i o s : — U n v ie ­ j a l e s c a m a s tr ó n , un g o ­ m a q u ito lis y e l c h u la p o a y u d a n t e en e l t a p e ­ te v e r d e .— S e o y e la g r e s c a d e l b illa r , e l r e s ­ ta llo d e lo s ta c o s , la s s ú b ita s a c la m a c io n e s . E l v ie ja le s c a m a s tr ó n , c o n lo s le n te s d e o r o en la p u n ta d e la n ariz, r e p a s a lo s p e r ió d ic o s . F i lo d e la a c e r a e n c ie n d e n su s f a r o l e s lo s s im o n e s . P a s a la c a lle e l c a m p a n e o d e lo s tra n v ía s y e l a la r id o d e lo s p r e g o n e s «M*» PREGONES

¡Constitucional! ¡Constitucional! ¡Constitu­ cional! ¡Clamor de la Noche! ¡Corres! ¡Heral-


do! ¡E l Constitucional, con los misterios de Madrid Moderno! EL CAMASTRÓN

¡Cerrojazo de Cortes, crimen en puerta! ¡Se­ ñores, qué manera de hinchar el perro! EL QUITOLIS

¿Cree usted una fantasía la información de El Constitucional? EL CAMASTRÓN

Completamente. ¡La serpiente de mar que se almuerza a un bañista todos los veranos! ¡Las orgías de M adrid Moderno! ¿Ustedes creen en esas saturnales con surtido de ru­ bias y morenas? EL CHULAPO

No lás llamemos saturnales, llamémoslas juergas. Ese antro de locura será alguna V illaLaura o V illa-Ernestina. EL CAMASTRÓN

¿Y ese personaje? EL CHULAPO

Cualquiera. Uno de tantos beneméritos car324


camales que le paga a la querida un hotel a plazos. EL QUITOLIS

La información alude claramente a una ilus­ tre figura, que ejerció altos mandos en U l­ tramar. EL CHULATO

¡Ultramar! Toda la baraja de Generales. EL QUITOLIS

No lo será, pero quien tiene un apaño en Madrid M oderno... EL CAMASTRÓN

¿Con una rubia? E s indispensable el agua oxigenada. V ea usted los epígrafes: “La ru­ bia opulenta.” ¿Corresponden las señas? EL QUITOLIS

Sí, señor, corresponden. EL CAMASTRÓN

Pues ya sólo falta el nombre del tío cachon­ do para que decretemos su fusilamiento. EL QUITOLIS

La alusión del periódico es diáfana.

É


EL CAMASTRÓN

¡Seré yo ciego! EL CHULAPO

Y o creo que todos menos usted la hemos en­ tendido. EL CAMASTRÓN

Son ustedes unos linces. EL CHULAPO

Y usted un camándulas. Usted sabe más de lo que dice El Constitucional. EL CAMASTRÓN

Y o no sé nada. Oigo verdaderas aberracio­ nes y me abstengo de darles crédito. EL CHULAPO

Sin darles crédito y como tales hablillas, us­ ted no está tan en la higuera. Usted guarda un notición estupendo. ¡Tiemble usted que se lo pueden escacharrar! Se le ha visto en muy buena compañía. ¡Una rubia opulenta! EL CAMASTRÓN

Rubias opulentas hay muchas. La que yo sa­ ludé aquí esta tarde, sin duda lo es.


gS O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

«g

EL CHULAPO

Parece que a esa gachí le rinde las armas un invicto M arte. EL CAMASTRÓN

¡Es usted arbitrario! EL CHULAPO

¡La chachipé! EL CAMASTRÓN

Y aun cuando así sea. ¿Qué consecuencias quiere usted deducir? EL CHULAPO

Ninguna. Señalar coincidencias. EL CAMASTRÓN

Muy malévolamente. Otros muchos están en el caso de Agustín Miranda. Un solterón con una querida rubia. ¡V an ustedes demasiado lejos! <mt>SE A C E R C A

un b a b ie c a fú n e b r e , a lto ,

m a c ile n to : L a n u ez a fir m a tiv a , d e s n u d a , im ­ p ú d ic a m e n te d e s p e p it a d a , in cru sta un m o v i­ m ie n to d e é m b o lo e n tr e lo s f o q u e s d e l c u e llo : E l la z o d e la c h a lin a , v e ja d o , d e s h ila c h a d o , s e


a b o lía c o n m u rria d e f i l ó s o f o e s to ic o , a lo la r ­ g o d e la p e c h e r a : L a c a lv a a p a r a t o s a c o n o r la d e m e le n a s , la s m a n o s f la c a s , lo s d e d o s la r g o s d e o r g a n is t a , r a z o n a n su e x p r e s ió n a n ó m a la y c o m o d e fo r m a d a , d e m ú sic o f u g a d o d e un a o r q u e s t a . T o d a la fig u r a d ilu y e u n a m e la n c o ­ lía d e v a ls , c h a f a d a p o r e l h u m o d e lo s c a f é s , e l r o c e d e lo s d iv a n e s , la s d e u d a s c o n e l m o z o , la s d is c u s io n e s in te r m in a b le s EL BABIECA

¡La gran noticia! EL CHULAPO

¡Y a se la escacharraron a Don Paco! No hay nada secreto. ¡Y a se la escacharraron! EL BABIECA

¿Han leído ustedes la información de El Constitucional? ¿Saben ustedes cuáles son los nombres verdaderos? EL CHULAPO

No es difícil ponerlos. EL BABIECA

¿Saben ustedes que la rubia estuvo aquí es­ ta tarde?

,


EL CHULAPO

Y a lo sabemos. EL BABIECA

¿Y que cobró en la caja una ficha de cinco mil beatas? e l q u it o l is

¿Pago de servicios? Y o no estaba tan ente­ rado. ¡Cinco mil del ala!... EL BABIECA

Hay otra versión más truculenta. EL CHULAPO

¡Ole! EL BABIECA

¡Que le dieron pasaporte al Pollo de Car­ tagena! EL CHULAPO

¿Don Joselito? ¡Si acabo de verle en los bi­ llares! EL BABIECA

Imposible. Nadie le ha visto desde ayer tarde.

É


EL CHULAPO

¿Está usted seguro? ¿A quién, entonces, he saludado yo en los billares? EL BABIECA

Don Joselito llevaba precisamente una ficha de cinco mil pesetas. La única que faltaba al hacer el recuento. EL CHULAPO

¿Es la que cobró la rubia? EL BABIECA

Indudablemente. EL CAMASTRÓN

¡Don Joselito estará con una trúpita! EL QUITOLIS

Eso no se me había ocurrido. EL CAMASTRÓN

El Constitucional le había sugestionado a usted la idea del crimen. EL QUITOLIS

¡A ver si resulta todo ello una plancha pe­ riodística!


EL CAMASTRÓN

V erán ustedes cómo nadie exige responsa­ bilidades. N T RA

un c h i s g a r a b ís : F r é g o li, m o ­

n ó c u lo , a b r ig o a l b r a z o , fu m a a fe c t a d a m e n t e en p ip a : E s m er ito r io en la R e d a c c ió n d e " E l D ia r io U n iv e r s a l" : E l C o n d e d e R o m a n o n e s , p a r a p r e m ia r su s b u e n o s o fic io s , le h a c o n s e ­ g u id o u n a p la z a d e a m a d e l e c h e en la I n -

clusa&m^ EL REPÓRTER

¡La gran bomba! V oy a telefonear a mi pe­ riódico. Se ha verificado un duelo en condicio­ nes muy graves entre el General Miranda y Don Joselito Benegas. el

ch ulapo

¿Por la rubia? EL REPÓRTER

Eso se cuenta. el

cam astró n

¿Usted nos dirá quién es el muerto? ¿Por­ que, seguramente, habrá un muerto? ¡Acaso


res O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

EL REPÓRTER

¡No se atufe usted conmigo! Soy eco opaco de un rumor. EL CAMASTRÓN

Acabe usted. EL REPÓRTER

En la timba decían algunos que Don Joselito estaba agonizando en un hotel de V icálvaro. EL CAMASTRÓN

Esos ya quieren llevarse el suceso al distri­ to de Canille)as. ¡Señores, no hay derecho! ¡Formemos la liga Pro Madrid Moderno! Afirmemos el folletín del hombre descuartiza­ do y la rubia opulenta. ¡Ese duelo es una co­ media casera! No admitamos esa ñoñez. El descuartizado y la rubia se nos hacen indis­ pensables para pasar el verano. EL CHULAPO

¿Bachiller, qué dicen en Teléfonos de la información de E l Constitucional? EL REPÓRTER

Para empezar, demasiado lanzada... D e no 332


resultar un éxito periodístico, pueden fácil­ mente tirarse una plancha... Sin embargo, al­ gunos compañeros que han interrogado a los vecinos del hotel obtuvieron datos muy intere­ santes. Un vigilante de consumos asegura ha­ ber visto a la rubia, que escapaba con un ga­ tera. Y son varios los vecinos que afirman ha­ ber oído voces pidiendo socorro. EL CAMASTRÓN

¿Pero no sostenía a la rubia un M arte U l­ tramarino? V eo mucha laguna. EL QUITOLIS

Indudablemente. EL CHULAPO

¿Y se cree que haya habido encerrona? EL REPÓRTER

M e abstengo de opinar... La maledicencia señala a un invicto M arte. Todo el barrio coin­ cide en afirmarlo. EL QUITOLIS

Allí habrá caído como una bomba la infor­ mación de E l Constitucional.

É


EL REPÓRTER

Allí saben mucho más de lo que cuenta el periódico. EL CAMASTRÓN

¡E l hombre descuartizado! ¡Se nos presenta un gran verano! m o l R R U M P E r o d a n t e y e s tr u e n d o s a la bo~ la d e l m in g o , y d o s j u g a d o r e s en m a n g a s d e c a m is a a p a r e c e n b la n d ie n d o lo s t a c o s : V o c i f e ta n , s e in c r e p a n . L o s p r e g o n e s c a lle je r o s l le ­ g a n en ráfagasta. PREGONES

¡E l Constitucional! ¡Constitucional! ¡Cons­ titucional! ¡Clamor de la Noche! ¡Corres! ¡He­ raldo! ¡El Constitucional!, con los misterios de Madrid Moderno.


ESPERPENTO DES£ LA

HI J A

DEL

CAPITAN^^^ ESCENA

SEX N

T A

S A L O N ,

CON

GRANDES CORTE N A JE S D E T E R C IO P E L O R O JO , M O L DURONES Y DO­ R A D A S R IM B O M ­ B A N C I A S . L u jo o fic ia l con ca rg o al p resu p u es­ to. S o b r e u n a m e s illa p o r tá til, la b o t e lla

de

w h is k y , e l s ifó n y d o s c o p a s . E l V e n c e d o r d e P e r iq u ito P é r e z , a m e d io s p e lo s , en m a n g a s d e c a m is a , c o n p a n ta ló n d e u n ifo r m e , fu m a tum ­ b a d o en u n a m e c e d o r a , y a lte r n a a lg ú n r e q u e ­ rim ien to a la c o p a . D e t r á s , e l a s is te n te , in m ó ­ vil, s o s t ie n e p o r lo s h o m b r o s la g u e r r e r a d e S u E x c e le n c ia .

A s o m a e l C a p itá n

S a rg en to *» ttt* EL CAPITÁN

¿Hay permiso, mi general?

C h u le t a s d e


EL GENERAL

Adelante. EL CAPITÁN

¿Ha leído usted E l Constitucional de esta noche? ¡Una infamia! EL GENERAL

Un chantage. EL CAPITÁN

Si usted me autoriza, yo breo de una paliza al Director. EL GENERAL

Sería aumentar el escándalo. EL CAPITÁN

¿Y qué se hace? EL GENERAL

Arrojarle un mendrugo. En estos casos no puede hacerse otra co sa... Las leyes nos de­ jan indefensos ante los ataques de esos gra­ jos inadaptados. Necesitamos un diplomático y usted no lo es. ¡Chuletas, estoy convencido de que vamos al caos! Esta intromisión de la gacetilla en el privado de nuestros hogares es intolerable. 336


OBRAS

DE

VALLE-INCLAN

Jj|

EL CAPITÁN

¡La protesta viva del honor militar se deja oír en todas partes! el

gen eral

Sinibaldo, saldremos al paso de esta acción deletérea. Las Cámaras y la Prensa son los dos focos de donde parte toda la insubordina­ ción que aqueja, engañándole, al pueblo es­ pañol. Siempre he sido enemigo de que los or­ ganismos armados actúen en política, sin em­ bargo, en esta ocasión me siento impulsado a cambiar de propósito. Necesitamos un diplo­ mático y usted no lo es. Toque usted el timbre. ¿Y el fiambre? el

c a p it á n

Encajonado, pero sin decidirme a factu-. rarlo. < + b U N O F I C I A L co n d iv is a s d e a y u d a n t e a s o m ó r o m p ie n d o c o r tin a s , y q u e d ó a l c a n to , la s a c h a r o la d a s b o t a s en c o m p á s d e c u a r e n ta y c in c o g r a d o s a n EL AYUDANTE

¡A la orden, mi General!


tfg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

JjjS

EL GENERAL

A T otó necesitaba. ¿Qué hace Totó? EL AYUDANTE

Tomando café. EL GENERAL

Dígale usted que se digne molestarse. EL AYUDANTE

¿Eso no más, mi General? EL GENERAL

Eso no más. Póngase usted al teléfono y pi­ da comunicación con el Cuartel de San Gil. Que pase un momento a conferenciar conmigo el Coronel. Quedo esperando a Totó. Puede usted retirarse. EL AYUDANTE

¡A la orden, mi General! EL CAPITÁN

¡El fiambre en el sótano es un compromiso, mi General! EL GENERAL

¡Y gordo!

;*!f

..

-"!


K

OBRAS el

DE V A L L E - I N C L Á N

jjg

c a p it á n

¡M i General, hay que decidirse, y montar a caballo! EL GENERAL

Redactaré un manifiesto al país. ¡M e sacri­ ficaré una vez más por la Patria, por la Reli­ gión y por la Monarquía! Las figuras más ilus­ tres del generalato y los jefes con mando de tropas, celebramos recientemente una asam­ blea... Faltó mi aquiescencia: ¡Con ella ya se hubiera dado el golpe! EL CAPITÁN

El golpe sólo puede darlo usted. EL GENERAL

Naturalmente, yo soy el único que inspira confianza en las altas esferas. Allí saben que puedo ser un viva la virgen, pero que soy un patriota y que sólo me mueve el amor a las Instituciones. Eso mismo de que soy un viva la virgen prueba que no me guía la ambición, sino el amor a España. Y o sé que esa frase ha sido pronunciada por una Augusta Persona. ¡Un viva la virgen, señora, va a salvar el T ro ­ no de San Fernando!


H

OBRAS

DE V A L L E - I N C L Á N

jg

EL CAPITÁN

M i General, usted, si se decide y lo hace, tendrá estatuas en cada plaza. EL GENERAL

¡M e decido, Chuletas! ¡Estoy decidido! Pe­ ro no quiero perturbar la vida normal del país con una algarada revolucionaria. No montaré a caballo. Nada de pronunciamientos con sar­ gentos que ascienden a capitanes. Una acción consciente y orgánica de los cuadros de Jefes. Que actúen los núcleos profesionales de la M i­ licia. Hoy no puede contarse con el soldado ni con el pueblo! EL CAPITÁN

¡E l soldado y el pueblo están anarquizados! * * * T O T O a p a r e c e en la p u e r t a : R u b io ora~ lin o , p e c o s o , m e n u d o : U n d i je e s c a r la t a c o n e l u n ifo r m e d e lo s H ú s a r e s d e P a v ía a & > TOTÓ

¡A la orden, mi General! EL GENERAL

Totó, vas a lucirte en una comisión. Ponte al teléfono y pide comunicación con el Director


de El Constitucional. ¿Estás enterado del de­ rrote que me tiran? TOTÓ

¡Y no me explico lo que van buscando!... Si no es una paliza... EL GENERAL

Dinero. TOTÓ

Pero usted los llevará a los Tribunales. Un proceso por difamación. EL GENERAL

¿Un proceso ahora, cuando medito la salva­ ción de España? En estos momentos me debo por entero a la Patria. Tengo un deber reli­ gioso que cumplir. ¡La Salud Pública reclama un Directorio Militar! M i vida futura está en ese naipe. Hay que acallar esa campaña insi­ diosa. Ponte al habla con el Director de El Constitucional. Invítale a que conferencie con­ migo. TOTÓ

E l Brigadier Frontaura espera que usted le reciba, mi General.


EL GENERAL

Que pase. TOTÓ

M i Brigadier, puede usted pasar. EL BRIGADIER

¡He leído E l Constitucional! ¡Supongo que necesitas padrinos para esa cucaracha! EL GENERAL

Fede, yo no puedo batirme con un guiñapo. ¡Ladran por un mendrugo! ¡Se lo tiro! EL BRIGADIER

¡Eres olímpico! EL GENERAL

Aprovecho la ocasión para decirte que he renunciado mi empleo de pararrayos del ac­ tual Gobierno. EL BRIGADIER

Algo sabía. EL GENERAL

Pues eres el primero a quien comunico esta resolución.


jjg O B R A S

DE V A L L E - I N C L Á N

«¡g

EL BRIGADIER

Los acontecimientos están en el ambiente. EL GENERAL

Si ha de salvarse el país, si no hemos de ser una colonia extranjera, es fatal que tome las riendas el Ejército. EL BRIGADIER

No podías sustraerte. M e parece que más de una vez hemos discutido tu apoyo al actual Gobierno. EL GENERAL

Pero yo no quiero dar el espectáculo de un pronunciamiento isabelino. < m »E L A Y U D A N T E a s o m a d e n u e v o e n tre c o r tin a s , la m a n o le v a n t a d a a lo s m á r g e n e s d e la b o c a , la s b o t a s en á n g u lo «u* EL AYUDANTE

Una Comisión de Jefes y Oficiales desea conferenciar con vuecencia. EL GENERAL

¿Ha dicho usted una Comisión de Jefes y Oficiales? ¿Quién la preside?


EL AYUDANTE

El Coronel Camarasa. EL GENERAL

¿Por qué Camarasa? EL AYUDANTE

Acaso como más antiguo. EL GENERAL

¿Viene sobre el pleito de recompensas? EL AYUDANTE

Seguramente, no. Paco Prendes, a medias palabras, me dijo que la idea surgió al leer la información de El Constitucional. Se pensó en un desfile de Jefes y Oficiales. Luego se desis­ tió, acordándose que sólo viniese una repre­ sentación. EL GENERAL

Hágalos usted pasar. M e conmueve profun­ damente este rasgo de la familia militar. ¡Mientras la honra de cada uno sea la honra de todos, seremos fuertes! im B E L G E N E R A L s e a b r o c h a b a la g u e r r e ­ ra, s e a ju s t a b a e l fa jín , s e m ir a b a la s u ñ a s y


la p u n ta b r illa n te d e la s b o t a s . E l A y u d a n te , b a r b ilin d o , c u a d r a d o , la m a n o en la sie n , s e in c r u s ta b a en un q u ic io d e la p u e r ta , d e ja n d o p a s a r a la C o m is ió n . E l C o r o n e l C a m a r a s a , q u e v e n ía a l fr e n t e , e r a p e q u e ñ o , b iz c o , c o n un g e s t o a v is a d o y c h a t o d e f a l d e r o c o n le n te s : S e le c a ía n a c a d a m o m e n tc EL CORONEL CAMARASA

M i General, la familia militar ha visto con dolor, pero sin asombro, removerse la sentina de víboras y asestar su veneno sobre la honra inmaculada de Su Excelencia. Se quiere distraer al país con campañas de escándalo. M i General, la familia militar llora con viriles lá­ grimas de fuego la mengua de la Patria. Un Príncipe de la Milicia no puede ser ultrajado, porque son uno mismo su honor y el de la Ban­ dera. El Gobierno, que no ha ordenado la re­ cogida de ese papelucho inmundo... EL GENERAL

La ha ordenado, pero tarde, cuando se ha­ bía agotado la tirada. No puede decirse que tenga mucho que agradecerle al Gobierno. ¡Si por ventura no es inspirador de esa campaña! El Presidente, con quien he conferenciado esta

é


mañana, conocía mi resolución de dar un ma­ nifiesto al país. Entre ustedes, alguno sabe de este asunto tanto como yo. Señores, el Go­ bierno, calumniándome, cubriéndome de lodo, quiere anular el proyectado movimiento mili­ tar. Tengo que hablar con algunos elementos. Si los amigos son amigos, ésta será la última noche del Gobierno. EL CORONEL CAMARASA

¡M i General, mande usted ensillar el ca­ ballo!


ESPERPENTO DE SI i LA

HI J A

DEL

CAPI T A N ^ $ > E S C E NA ULTI MA “"[N A E S T A C I O N

DE F E R R O C A R R IL : S A ­ LA DE TERCERA. S ó r d id a s m u g res. U n d i­ v án d e g u t a p e r c h a v o m i­ ta e l p e lo t e d e l h e n c h id o . D e un c la v o c u e lg a n e l q u e p is y la c h a q u e t a g a ­

l o n e a d a d e un e m p le a d o d e la vía. S ó r d id o s i­ le n c io t u r b a d o p o r e s tr é p it o s d e c a r r e tilla s y s ilb a t a d a s , m a r tillo s y f l e j e s . E n un s ilo d e s o m b r a la p a r e j a d e d o s b u lto s c u c h ic h e a . S o n a llí e l G o l fa n t e d e l O r g a n illo y la S in ib a ld a q j^ LA SINI

¡Dos horas de retraso! ¡Hay que verlo! EL GOLFANTE

Presentaremos una demanda de daños a la Compañía.

é

r


LA SINI

¡Asadura! EL GOLFANTE

¿Por qué no? LA SINI

¡T e arrastra! EL GOLFANTE

¡Dos horas dices!... ¡Pon cuatro! LA SINI

¡Y eso se consiente! EL GOLFANTE

¡Que acabarás por pedir el libro de recla­ maciones! LA SINI

¡Dale con la pelma! ¡Después de tantos afa­ nes, que ahora nos echen el guante!... ¡E sta­ ría bueno! EL GOLFANTE

¡Y todo puede suceder! LA SINI

¡Qué negras entrañas tienes!

j


<*t> L L E G A N U na

d e fu e r a

c o m p a ñ ía d e

m a r c ia le s a c o r d e s .

p is t ó lo s c o n

ban d era

y

m ú sica p e n e t r a en e l a n d é n . U n z a n g a n o t e d e b lu s a a z u l, q u e p is y a lp a r g a t a s a b r e la s p u e r ta s d e la s a la d e e s p e r a . E l C o r o n e l, q u e v iste d e g a la , c o n g u a n t e s b la n c o s , o b e s o y r a m p ló n , b e s a e l a n illo a un S e ñ o r O b is p o . S u Ilu s tr ís im a le b e n d ic e , a g it a n a d o y v is to s o en e l n eg r o r u e d o d e su s fa m ilia r e s . S o n r íe e m b o b a d a la C o m is ió n d e D a m a s d e la C r u z R o j a . P u e b la n e l a n d é n c h is te r a s y le v ita s d e p e r s o n a ­ je s : M u c h o s m a n te o s , f a jin e s y b a n d a s . L o s r e ­ p a r tid o s c o r r o s p r o m u e v e n r u m o r o s a s m a r e a s d e e n c o m io y p lá c e m e s . E l h u m o d e u n a l o c o ­ m o to r a q u e m a n io b r a en a g u ja s , in fla t o d a s la s fig u r a s a lin e a d a s a l c a n to d e l a n d é n , lle n a d e a ir e lo s b é lic o s m e t a le s d e f ig l e s y tro m b o n e s , e s t r e m e c e p la tillo s y b o m b o s , d e s p e p it a c o r n e ­ tin es y c la r in e te s . L l e g a e l tren R e a l a s LA SINI

¡Si no pensé que todo este aparato era para nosotros! EL GOLFANTE

Demasiada goma. Hay que hacerse cargo.


LA SINI

Y a me vi con esposas, entre bayonetas. EL GOLFANTE

Menudo pisto que ibas a darte. Nada me­ nos que una compañía con bandera. ¡Ni que fueses la Chata! LA SINI

¡Pues no has estado tú sin canguelo! EL GOLFANTE

¡Qué va! LA SINI

V er cómo perdías el rosicler fué lo que más me ha sobresaltado. EL GOLFANTE

¿Que perdí el color? LA SINI

¡Y tanto! EL GOLFANTE

¡Habrá sido a causa de mis ideas! Las pom­ pas monárquicas son un agravio a la dignidad ciudadana.

*


<íg O B R A S

DE

VALLE-INCLÁN

5g3

LA SINI

¡Ahora sales con esa petenera! EL GOLFANTE

¡M is principios! LA SINI

¡Y un jamón! EL GOLFANTE

Vamos a verle la jeta al Monarca. E L A N D E N , una tara sca p ec h o n a y f o n d o n a , le ía su d is c u r s o fr e n t e a l v a g ó n r e ­ g io . U n a D o ñ a S im p lic ia , D e l e g a d a d e l C lu b F e m in a , P r e s id e n t a d e la s S e ñ o r a s d e S a n V ic e n t e y d e la s D a m a s d e la C r u z R o ja , H e r m a n a ' M a y o r d e la s B e a t a s C a t e q u is t a s d e O r b a n e ja . L a t a r a s c a in fla la p e c h u g a b u c h o ­ n a, r e s p la n d e c ie n t e d e c r u c e s y b a n d a s , r e c o ­ g e e l c o r d ó n d e lo s le n te s , tr e m o la e l fa s c íc u ­ lo d e su d i s c u r s o o ^ DOÑA SIMPLICIA

Señor: Las mujeres españolas nunca han sido ajenas a los dolores y angustias de la P a­ tria. Somos hijas de T eresa de Jesús, M aría Pita, Agustina de Aragón y M ariana Pineda.


Como ellas sentimos, e intérpretes de aquellos corazones acrisolados, no podemos menos de unirnos a la acción regeneradora iniciada por nuestro glorioso Ejército. ¡Un Príncipe de la Milicia levanta su espada victoriosa y sus lu­ ces inundan los corazones de las madres espa­ ñolas! Nosotras, ángeles de los hogares, jun­ tamos nuestras débiles voces al himno marcial de las Instituciones Militares. ¡Señor, en uná­ nime coro os ofrecemos nuestras fervientes oraciones y los más cordiales impulsos de nues­ tras almas, fortalecidas por la bendición de la Iglesia, M adre Amantísima de Vuestra Dinas­ tía! Como antaño el estudiante de las aulas sal­ mantinas alfombraba con el roto manteo el pa­ so de su dama, nosotras alfombramos vuestro paso con nuestros corazones. ¡Vuestros son, tomadlos! ¡Ungido por el derecho divino, sim­ bolizáis y encarnáis todas las glorias patrias! ¿Cómo negaros nada, diga lo que quiera Cal­ derón? *U *E L M O N A R C A , a s o m a d o p o r la v e n ta ­ n illa d e l v a g ó n , c o n tr a ía c o n u n a s o n r is a b e lf o n a la c a r á tu la d e u n to , y p i c a r d e a b a lo s o jo s p a r d illo s s o b r e la d e le g a c ió n d e b e a t a s c a t e -


q u is ta s . A p la u d ió , c a m p e c h a n o , e l fin a l d e l d is c u r s o , s a c a n d o la fig u r a a lo m b r ig a d a y u n a v o z d e c a ñ a h u e c a 4^ EL MONARCA

Ilustrísimo Señor Obispo: Señoras y Seño­ res: Las muestras de amor que en esta hora recibo de mi pueblo son, sin duda, la expre­ sión del sentimiento nacional, fielmente reco­ gido por mi Ejército. Tened confianza en vues­ tro Rey. ¡El antiguo Régimen es un fiambre, y los fiambres no resucitan! VOCES

¡Viva el Rey! ¡Viva España! ¡Viva el E jé r­ cito! SU ILUSTRÍSIMA

¡Viva el Rey Católico de España! UNA BEATA

¡Católico y simpático! DOÑA SIMPLICIA

¡Viva el Rey intelectual! ¡Muera el ateísmo universitario! UN PATRIOTA

¡Viva el Rey con todos los atributos viriles!


EL PROFESOR DE HISTORIA

¡Viva el nieto de San Fernando! EL GOLFANTE

¡Viva el regenerador de la sociedad! LA SINI

¡Don Joselito de mi vida, le rezaré por el al­ ma! ¡Carajeta, si usted no la diña, la hubiera diñado la M adre Patria! ¡De risa me escacho! f & E L T R E N R e a l d e ja b a el an d én , d e s p e ­ d id o c o n s a lv a s d e a p la u s o s y v íto r e s. D o ñ a S im p lic ia d e r r e t ía s e r e c ib ie n d o lo s p lá c e m e s d e l S e ñ o r O b is p o . U n r e p ó r t e r m etía la h u sm a , s o lic ita n d o t a s c u a r tilla s d e l d is c u r s o p a r a p u ­ b lic a r la s en E l L á b a r o d e O rbaneja*t& >


INDICE Pรกginas

9

ESPERPENTO DE LAS, GALAS DEL D I F U N T O ............

ESPERPENTO

DE

LOS

CUERNOS

DE

DON

FRIO =

L E R A ..............................................................................................

93

ESPERPENTO DE LA HIJA DEL CAPITAN ..................

267

fรœ 4

/


Biblioteca Nacional de EspaĂąa


ACABOSE E N LA DE

DE

IMPRIMIR

IMPRENTA MADRID DEL

DE

DE

III

DI AS

JUNIO

MCMXXX AÃ&#x2018;OS

LIBRO

RIVADENEYRA

A LOS

MES

ESTE


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Valle-Inclán, Martes de carnaval. Esperpentos