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Edorta Jiménez I Edgar Allan Poe-k amestu zuen guztia: izotzaz bestaldean izioturiko zuzia, munduaren azkeneko eldarniozko argia -éclaire!- eta minari darion eztia. Charly Parker-ek sortu zuen musika, Julio Cortázarren cronopioak harrika Malcolm X T-shirtetan bularrak zirika kontinenteak, Asia, Afrika, Amerika; Gogoko koloreak, gorria bai, ez larua, eta jo dugun guztia, arima eta larrua, bihotzeko urtean ainguratu zen barkua, iraultza, umeen uhuriak, hilen alarua. Askeago izatearren hainbeste birao eta madarikazio, Bilbo hura, Bilbao, kale bana eta agur, ikusi arte, ciao egarri naiz eta godeleta beterik dago.

EDORTA JIMÉNEZ ORMAETXEA.Nací el 8 de noviembre de 1953, año de Concordato, Opus Dei, ayuda americana y derrota continua de los ya derrotados, en el seno de una familia pobre y en el coseno de la buena sociedad de Mundaka. Estudié electrónica, asignatura ya olvidada que me ayudó a buscar en la literatura fugas tangenciales para mi carga de electrones rebeldes. Empecé a escribir pronto, lo dejé, me llevaron a la mili y allí me encontré con la primitiva lengua de los vascos. Volví involuntariamente a Madrid en aplicación de la legislación antiterrorista –un lamentable error, me dijeron- y luego ya me dediqué más a la poesía. Con cinco libros como cinco fracasos bajo el brazo, me pasé a la prosa. Tras publicar tres novelas y cinco libros de relatos, el año 2001 me publicaron una breve colección de textos –Euskaldun revisited-, de la que he extraído cinco. Su único mérito, si alguno tienen estos textos, sería el intento por compaginar rima y ritmo como única vía coherente para la escritura de imágenes, que es lo que importa. Lamentablemente ese hipotético mérito se pierde en la traducción del euskara al castellano. Así que, lector, lectora, normal que estos cinco poemas te dejen así.

I/ Todo lo que Edgar Allan Poe soñó:/ La antorcha encendida más allá de los hielos,/ La delirante luz de los confines de mundo -¡éclaire!- y la dulzura que le supura al dolor.// La música que creó Charly Parker,/ Los cronopios de Julio Cortazar a pedradas/ Los pechos desafiantes bajo las camisetas Malcom X,/ Los continentes, Asia, África, América.// Los colores preferidos, el rojo sí, no el amarillo,/ Y todo lo que hemos gozado, de piel y de alma,/ El barco que ancló en las aguas del corazón,/ Revolución, las quejas de los niños, los gritos de los muertos.// Tantas blasfemias, tantas maldiciones,/ Por quererte más libre, Bilbo, Bilbao,/ Un café y agur, hasta la vista, ciao/ Tengo sed y mira, la copa está rebosando.

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II Begiak argiaren sostengu argia egunaren hage eta zure niniak labe berotan iraunen dugu edanez astiro zure odol-zuku esnetan isuriak ez ahalgez ez lotsaz baina debalde uxatzeko edozein espantu suturik baikaituzu begi ernez zainak beterik elurretako oreinez haragietako minak ere baso eta behiolako hezurretako hotza goritasun eginik -bihotza!zeuk dagizulako mundua jaso. III Etxepeko taberna geure nirvana boteiletan etorri eta boteilez igarotzen dugun erreka Ganges sagaratu bana denontzat San Miguel/Marqués de Riscal arriskurik gabeko itsasoa marrazu azulenen kostaldea ur epela nirvana laztana etxepeko taberna zeinean gure soin akituak bere ukendu eta olioa bilatzen baititu: zeu zara gure gibela eta atzea zeu gure Maya eta maiatz-lorea eztia eta mahatsa etxepeko taberna gure nirvana.

II/ Entramado del día la luz/ Sostén de la luz los ojos/ Y horno tus pupilas/ Seguiremos al calor// Bebiendo despacio tus zumos de sangre/ Eyaculados en leche sin reparos/ Ni vergüenza así de balde/ Alejando cualquier espanto// Nos has encendido con tu mirada despierta/ Has llenado nuestras venas de ciervos nevados/ Convirtiendo el dolor de la carne en bosque// y aquel antiguo frío de los huesos/ Es ahora incandescencia/ Y es que tú levantas el mundo -¡Corazón!III/ Taberna de ahí debajo de casa/ nuestro Nirvana/ Río que llegas en botellas y en botellas/ Atravesamos/ Como un sagrado Ganges para cada uno de nosotros/ San Miguel / Marqués de Riscal/ Mares sin riesgo/ Costa de los tiburones más azules/ Templadas aguas/ Del Nirvana/ Caricia de todo/ Taberna de ahí debajo de casa/ Donde nuestro cuerpo cansado encuentra/ Aceites y ungüentos que lo acarician/ Tú eres/ nuestro pasado y nuestro costado/ Tú/ nuestro Maya y nuestra flor de mayo/ Tú la miel y las uvas/ Taberna de ahí debajo de casa/ nuestro Nirvana./

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IV Bidaztiek Iainotzat duten ke gorri horren azpian hiri zatitu bat da zeinetan umeen begiak ilenti goriz zulatzera datorren egunargia. Ibai uherrak erdi-erdian zauri egiten dion garunalde eskizoidea, letania labur bateko lau-bost zubiz josten zaio eskuinari ezker aldea. Garabi akituen hilerri, inguma ilunen eremu, harrizko tigreen jungla, arima bakoa! Histurak errotarri dihardu eta bizi-hautsa eihoz doa. V Egunero da domeka garabietan; bere pausu lohietan Abrara doa erreka. Bakardadeak ukalondoak hausten ditu burdinezko beso doituetan eta hauts-kopiak herdoiltzen dira orube desertuetan. Olabeaga: Izuak zure izena daki eta ez diraki suak ifernuko galdaretan.

IV/ Bajo ese humo rojo que los viajeros confunden con la niebla/ Yace una ciudad rota a la que la luz del día acude/ Tan solo por taladrar con sus brasas/ Las pupilas incandescentes de los niños.// Zona cerebral esquizoide plenamente/ Herida es su mitad por un río fangoso/ En el que cuatro o cinco puentes –breve letanía-/ Cosen la margen izquierda a su derecha.// Cementerio de grúas agotadas, territorio/ De oscuras mariposas nocturnas,/ Jungla de tigres de piedra, carente/ De alma!/ En ti la tristeza es pesada/ Como piedra de molino/ Y ya pronto seremos solo polvo.

V/ En las grúas/ Todos los días es domingo;/ Sobre sus pies embarrados/ El río fluye hacia el Abra.// La soledad/ Se rompe los codos/ En esos brazos de hierro tan ajustados/ Y en los solares desiertos/ Se oxidan polvocopias del pasado.// Olabeaga:/ el terror/ ya conoce tu nombre/ Ya no arde/ fuego alguno/ en las calderas del infierno.

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Javier de Bengoechea Sesión continua VOLVEREMOS al Roxy y al Astoria, a los ingenuos nombres del pasado. En la sesión vermuth está atrapado el final -no lo cuentes- de mi historia. Hoy estrena recuerdos la memoria. De cine es y será cómo te he amado. Por el deseo estoy encañonado junto a ti. No tenía escapatoria. No tenía razón estar a oscuras, estar luchando nuestras calenturas en una fría y desigual batalla. JAVIER DE BENGOECHEA Y NIEBLA nace en Bilbao, cursando la Carrera de Derecho en la Universidad de Deusto. Ha ejercido la crítica literaria, de arte y taurina en “La Gaceta del Norte”. Ha sido director del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Es cronista taurino de “El Correo Español-El Pueblo Vasco”. Alcanzó, en 1950, el Accésit del Premio Adonais, de Poesía, con su libro Habitada Claridad, y el “Premio Adonais”, en 1955, por su obra Hombre en forma de elegía. En 1.959 la editorial Agora publicó su poemario Fiesta Nacional. El número 437 de Cuadernos Hispanoame-ricanos, en 1986, publicó una selección de sus poemas bajo el título de Poemas a cuenta.

Sinceros de tan puros insinceros, pues éramos los labios verdaderos del beso que tapaba la pantalla.

Mi Edad Media ESOS rostros románicos inmóviles, iguales en sus ojos redondos, ¿sabemos lo que vieron? Telarañas de siglos hasta que aparecieron los rostros delicados de cejas ojivales. Considero mi vida, repaso sus anales. Pregunté a los tomistas y no me respondieron. ¿Cuál fue el aquel de aquellas matanzas que se hicieron hasta que se inventaron las muertes naturales? Piadosamente olvido mis siglos infantiles, aquel cumplir diciembres pero jamás abriles, aquel ir a la guerra tan triste de Mambrú. Amor cortés, el mío, aunque en mis escrituras se me hayan prolongado las edades oscuras: hasta mi siglo veinte, no apareciste tú.

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Penúltima sesión EL argumento es este: un hombre enamorado cabalga ensimismado al frente de su hueste. Mirada azul celeste, y labios sin pecado, mil veces te he besado en una del Oeste. De mi papel me quejo y de mi puntería, galán cansado y viejo que rueda todavía. Mi corazón te dejo con su filmografía.

Recordatorio EL niño se llamaba como yo, y tenía mi misma pesadumbre. Siguiendo cierta inmemorial costumbre hace ya muchos años que murió. Un media-punta, que entre el sí y el no, disparaba a una vaga certidumbre. Que la esperanza de ganar le alumbre tras el duro partido que jugó. Grises, borrosos días colegiales, innumerable y lenta letanía que la lluvia rezaba en los cristales. Doliente niño en la memoria mía. Siguiendo sus instintos naturales amaba el fútbol y la poesía.

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Javier Alcibar Geografías No pases de largo, que el tiempo no te pierda, imprégnate de lo esencial y no te niegues. Protegido a manera de escudo por los cartílagos costales, delante de la columna vertebral, encima del diafragma y entre los dos pulmones, hay un país común a todos los apátridas.

JAVIER ALCIBAR, Nacido en Bilbao (1962), es Licenciado en Filología Hispánica. Autor de El baile de los cojos, Pamiela (Pamplona 2000). Está pendiente de la publicación de su segundo libro.

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No molesten (Propósito final de urbanidad)

No dejaré mi cuerpo tirado en una esquina, soy muy limpio. No me quitaré los pies ni los zapatos, no me morderé las uñas ni daré mis manos a los pobres, aunque deba. No me sacaré los ojos, ya soy ciego. No masticaré mis dientes, son muy y los necesito para comerme la lengua en salsa, para devorarme por dentro las entrañas, reitero, para callarme modestamente y en silencio. No molesten.

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Eduardo Apodaca Sentimiento Aligustre querido, lleno de motas blancas cada día más grandes, que todas estas noches invernales provocas un tembloroso escándalo de estorninos; los pocos trasnochadores lentos, que pasan junto a ti, hipnotizados ven tu ramaje flotante y las nubes inciertas. Pero hoy en la luz de la mañana quiero centrarme en una sola de tus hojas, y poco a poco contemplarla hasta la meditación, hasta que su concepto se endurezca de frío y de angustia volátil e impalpable. Ahora su límite es vapor tras haber crepitado entre mis dientes. EDUARDO APODACA nació en Bilbao en 1952. Se licenció en Filosofía y Letras, en la especialidad de Filología Románica, por la Universidad de Deusto. Ha publicado un poemario: “Introducción a la Tierra”, Ed. Universidad del País Vasco. Leioa, 1991. Es autor de un estudio sobre el arte literario de Pío Baroja titulado “Pío Baroja: una corriente crítica devastadora”, recogido en “Reelección de Pío Baroja”, Varios Autores. Ed. Berminghan. San Sebastián, 1996. Ha publicado poemas en diversas revistas y en algún periódico desde 1978 hasta 1982; y desde 1991 hasta ahora.

Ahora voy recordando cómo con el pico rompía semillas de vocablos, me llegaban al buche, degustaba su hielo hasta regurgitar leche de las palomas. Hay un oro en el aire con sensación de polen, regado por una música que traspasara antaño la noción misteriosa de toda poesía. En el hervor del sol manifestado la hoja crece hasta ser el orden del caos derretido y el caos envolvente de los órdenes, mientras las casas blancas que están al lado muestran clara la soledad real de la materia. Y una sonrisa en la camisa, los ojos, el peinado y edades prehistóricas; se rompe hasta ser risa desplomada, deshecha en cascada sin fin. Un perro pasa por sombras de estrellas muertas. Siguen cruzando nubes por un tiempo sin cielo, rozando dromedarios, desiertos, dinosaurios, carnívoros arbustos. Y después en el sótano abierto de la Historia, con humedad y humo, cruje cansado el cosmos. Aligustre querido. Inédito

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En esa calle Casi todos los días cruzo una zona cercana a esa calle silenciosa y solitaria, a la que apenas llega el sol; donde - creo - ella vivió hasta los veintipocos años, cuando era eterna la belleza. Un jardinero cuida con modales muy especiales las plantas de un pequeño jardín junto al portal. Parece que él, y los pocos transeúntes y coches se mueven muy despacio. ¿Esta calle la habré soñado entre una confusión de sueños torpes, entre un gris blanquecino y negro, como un reducto muy feliz? No obstante algunos días lento paseo por la calle, mientras piensan sin mí los pensamientos. Que el laberinto de mis días, con sus decepciones y cambios, posea un tótem protegido por la sombra del tiempo y el contrapeso de vapor celeste, que de otras ciudades refleja la belleza; y en él el jardinero hace retoques en las plantas en una sobredosis de magia. Y a ella y a su calle entrego, y así queden resguardadas y dormidas, las sensaciones de cuerpos poseídos en días en que el tiempo fue como un residuo regalado. Inédito

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López Hidalgo Dafne anciana se lamenta de la ausencia de Apolo Como en el interior de una nevada densa así recorre el lugar, cubierto de pasado hasta el punto en que los pies no insisten, se detienen en la raíz de lo que fueron antes, donde nada creció y ahora hay una herida, hundidos tan a su pesar en lo que ya no vive, la memoria copiosa y el mundo reincidente en sus peores actos. Confiesa al fin que no supo escoger, merece abandonarse a la añoranza fría, esa renuncia torpe de la belleza que se nutre del instante, pero todo es corteza de algún fracaso y se regresa siempre a la angustiosa cruz, no a los árboles verdes, madera LÓPEZ HIDALGO, Nacido en 1960, en Bil- muerta como si la hubiese sometido bao, y vinculado más concretamente al ba- el hachazo helador del pretérito perfecto.

rrio de Recaldeberri y sus montes próximos (Arnotegi, Pagasarri, Ganekogorta...). Obra poética: Poemas para Sirena (Ed. Herriliburu, 1982); La noche inmóvil (Ediciones de la Uned de Bizkaia, 1992); Demuéstrame que existes (Ed. Libertarias, 1995). Obra narrativa: Al caer la tarde (Ed. Libertarias, 1993); La casa de la palabra (Ed. Debate, 1995); En el lugar de la Desolación (Edición de autor, 2000). Premios: Villa de Santurtzi de cuentos, Valle de Benasque de relatos, Ciudad de San Sebastián de narraciones, Castilla y León de cuentos, Jaén de novela.

Echo de menos los ojos que sangran de Paul Klee, pero qué le voy a hacer, vivo en un mundo feliz, donde no hay una sola desgracia que atraviese las pantallas, los soportes de la ficción, los párpados... Al margen de la introspección habitamos el pasatiempo y las emociones que puedan caber en las cuerdas de un violín, no más. Algo que nos entretenga, no que nos haga daño. Ahora hemos recobrado el ojo de pez, tantas imágenes nos han vuelto ciegos dos pulgadas hacia dentro, el vértigo de todo lo que se mueve sin sentido nos ha colocado en el lugar de las estatuas. Nada duele, si no es parte de la purpurina. Y si erosionas la superficie hábilmente labrada, nos encontrarás de nuevo confundidos con el asombro en fibra óptica, con las piedras del campo, con las ruinas irreales... Y también entonces, nada duele.

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Ahora me muero cada día más que nunca y no culpo al hábito de la vejez por donde me traiciono ni a la torpeza cenital de tantas partes rotas. Este galope de muerte rodeándome se delata en los gestos de los otros, heridos por vivir a la deriva mientras un tiempo que es sopor a grandes voces (breviarios fluorescentes, bultos sin su sombra) nos engulle y nada queda después para sabernos criaturas que empuñaron sus propias venas como si fueran riendas y volver, brotar, sentir, deshacerse en pasión, apoderarse del nombre, los caminos, el fuego, la tierra por labrar. Pero no lo veré de nuevo, aquí sólo se mueve el muerto al cambiar de espacio, a hombros de seres acabados envueltos en sus tripas. Así te descubro también a ti al margen de una página, tallado entre tu muerte como yo, no menos impedido para realizar un deseo único, la voluntad que nos supere por una vez, antes de que el fastidio o la tristeza pudra este corazón que desbordaba inútilmente.

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Iñaki Mendizabal La ciudad del otro (Incursiones) Bilbao se regenera y se abre al exterior. La ciudad del Guggenheim comienza a figurar en los mapas y el olor a hierro oxidado parece cosa pretérita. Nos presentan una nueva ciudad, maquillada, cosmopolita e innovadora. Pero, como toda ciudad, Bilbao tiene sus complejos, sus olvidos, sus soledades... que son las nuestras.

IÑAKI MENDIZABAL, nace el 18 de mayo de 1968 en Berriatua (Bizkaia) y la mayoría de sus días transcurren en un periódico. Curriculum: la duda.

Hay una ciudad, integrada en ésta, que conforma también el “Botxo”, una ciudad de marginación, una ciudad que intima con el desamparo, una ciudad donde los ojos se agachan para recolectar pequeñas migas de esperanza en un asfalto cada vez más impermeable. Hay una ciudad espejo de la nuestra, una ciudad reventada entre calles de desidia, una ciudad de negro sobre blanco, una ciudad distante que susurra, una ciudad de aliento sórdido y cosmopolita. Esa ciudad que nos mira agazapada tras la verja, esa ciudad ajena, ensimismada, esa ciudad que se resiste a ser porque no puede, porque no quiere, ese amasijo de razas y talentos, esas calles pintadas de rutina gris, esos ojos negros como la noche del exiliado eterno, esas brisas de rimel y sarro, esa ciudad que colecciona cicatrices, ciudad perversa y atrevida, casi indefinida, esa ciudad que vomita metadona, esa ciudad que se divierte rajando la noche hasta que avisa el día, esa ciudad lánguida y compleja, ese rincón de dramas y alegrías, esa apuesta diaria, ese parque temático de miradas y costumbres traviesas, esa ciudad simétrica a su cielo cerrado, de esquinas que te devuelven siempre a la misma esquina, ese juego de cemento nocivo y dañino, esas calles pasajeras sin pasajeros, esa ciudad que late, esa ciudad que reclama y no olvida, esa ciudad, la ciudad del otro, también nos pertenece.

Nigeria en San Antón “Si tuvieras mis ojos de esparto cuando te veo no abría un abismo entre nosotros y no me avergonzaría de mi irrupción y te abrazaría en el recuerdo y sabría que no estás tan lejos y podría tocar tus carnes de hielo para sentir que no es frío todo lo que te rodea sino una forma de irte poco a poco de tu entorno que quema porque si tu vieras mis ojos de espanto cuando te miro vaciando los tuyos sobre la ría verías que nuestros errores se vigilan y apenas relajan una tregua de respeto que no dura ni una fracción de mirada”

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Retirada “Dejo atrás la huella de la noche, esa que marca la frontera entre el optimismo y la quiebra absoluta, y la mañana me recibe como tantas otras veces, ahogada en una salva de aplausos provocada por esas ratas aladas que se alimentan de la carroña de los sueños, sueños que aterrizan cada cierto tiempo en el Parque de Doña Casilda, en cualquier atardecida, para hurtar migas de pan al olvido. Esta caminata de penitencia que me lleva hasta mi casa se repite cada fin de semana, como un ciclo irreversible, como un cauce que me arrastra cuesta arriba, como una noria loca. Practico la suelografía de aquel que huye hacia adelante cuando el día avisa, cuando la madrugada me expulsa (hastiada de tanto yo, supongo), y estampo un recorrido de adioses en el asfalto que yace apagado el resto de la semana, visible sólo a los ojos que saben mirar. Aquí, tan cerca de la noche y tan lejos de ella, no hay asfalto que pisar, son todo brasas. Aquí, cerca del Jaragua, se pueden oler las caricias sinuosas de la Ría y las calles se estrechan gélidas, como papel encendido en llamas”.

Mouling rouge No es la luz, es que aquí se desangran paredes y anhelos. Freda asiente. Añora tiempos pasados, de maridos infieles, txikiteros y abogados. Noches calientes. El rojo lo barre todo. No hay arco iris más selecto. Tras las cortinas, un perro. Un caniche doblado. En el sofá retozan almas y huesos. La cerveza te va bebiendo. Se abre paso el humo. Huele a incienso. Freda tiene arrugas en el pecho o en el vientre. Freda no tiene pecho. “Yo soy una mujer de verdad”, y atiende un gabinete de soledades. Anotan mis ojos sonrisas y quiebros, palabras y rezos (un minuto de silencio por los pensamientos negros). Me mira. La miro. Me excita el paladar tanto tango mugriento: “Soy el abandonado/ hijo de ese jardín muerto...” Yo, Freda, el tiempo. Dolientes terminales. Aquí se suman silencios. Pues que es la soledad, sino una quietud pensante.

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José Ramón Blanco Los caminos escondidos, en mañana de San Juan, tienen ráfagas de viento. Moreras de la ciudad. Verdes acacias en sombra. templada y primaveral. El ocaso, rojo incendio Cesped de verde soñar. Caminaba el conde Arnaldos y la vida es caminar bajo redondas moreras y el dilatado pinar, de infancia a adolescencia, a vejez de mocedad, por las veredas del tiempo de olvidar en olvidar. JOSÉ RAMÓN BLANCO. Nacido en León (1937), es autor de los libros de poemas: Árbol joven y eterno, Fábula de Ariadna y Teseo. La barca de antaño, Perséfone desde el río, De Bangor a Delos (Accesit del Premio Alonso de Ercilla 1987), Y tendrá tus ojos, y Las hadas de Añisclo. Ha publicado dos novelas: Una vida breve (Premio Asturias de Novela 1988) y La montaña de algodón. Es autor también de las traducciones Poemas de Amor de Lord Byron, y Canciones y poemas de amor de William Shakespeare, y de la antología Poesía en Bilbao.

(De Fábula de Ariadna y Teseo y otros poemas)

Khajuraho paz india de templos en el césped bajo el cielo azul y las nubes de plata del monzón. Magnolios, polianthia longifolia, aegle marmelos del parque, imágenes eróticas, difíciles posturas. Nandi, el búfalo vehículo de Shiva, el fiero jabalí en que se reencarnó Visnú. Sikharas en silencio bajo volantes nubes. Las mismas acacias de flor roja que escuchaban el eterno murmullo del agua en el Waghora. (De Y tendrán tus ojos)

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En el parque, que ya intuye el otoño, los castaños se doran y las rubias farolas. Hiedras rojas y hojas de oro. El cielo tiene frío de plata y en las frescas mañanas baten sus alas las palomas. Hiedra verde, hiedra roja. El largo horizonte en el fondo desvaído del cielo se tiñe de rosa. En lo alto el azul es más puro sobre un verde amarillo de frondas. Y un sol que la encina enrojece se esconde detrás de la loma. (De Los dedos de la aurora)

En la Pagoda del Ganso te ocultas entre niebla de Xian y bronce, en la muralla azotada por el viento de veinte dinastías Y tú recién llegada. La niebla es un muro que penetra el alma de melancolía, que nos pierde entre calles sin nombre de tambor a trompeta, de trompeta a campana, a clarín que te anuncia al pie de los muros desde el bronce a las brumas, de las bicicletas a las miradas oblicuas. Piernas de mujer, que dulce extravío de una mañana de estío entre calles. Campanas, trompetas, tambores de Xian. (De Ocho poemas chinos)

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Federico Bilbao Las manos del poeta Hierro Las manos de Hierro quieren hablar. Decir. Ayudan a su mejor decir. Dicen. Y al mismo tiempo se desdicen. Hacen de lo que dicen devenir. El poema sí. Si tiene porvenir. Las manos de Hierro lo predicen. Al mismo tiempo podan, no bendicen, lo que otros ven con docto discernir.

FEDERICO BILBAO SOLOZABAL. Getxo, 1935. Futbolista profesional a los 18 años (Athletic de Bilbao). Grave lesión a los 22 años. Futbolista semiprofesional a los 26 años (Santurce), a cambio de un puesto de trabajo. Administrativo a los 28 años en la Junta de Obras del Puerto de Bilbao. Se jubila después de 35 anos en la J.C. P. donde fue Jefe de Recaudación. Comienza a escribir, como autoterapia contra un doloroso complejo de inferioridad causado por un mal conocimiento de la sexualidad. Dos novelas entre los 17 y los 22 años y una docena de cuentos (todo el material inédito). Escribe poesía, para no perder mano, en un periodo de vida alcantarilla entre los 22 y los 27 años. Año 1996, primer libro de poesía editado por el Puerto de Bilbao, Sonetos de geografía cercana. Autoedición, después, de cuatro libros: Dono mis ojos a una mujer, El corazón en el alba, Sonetos de la sombra herida, Paloma Blanca de la ría. doce libros de poesía inéditos, escritos en los últimos cinco años. Firma los libros como “Fede” Bilbao, como reivindicación de un nombre futbolístico desaparecido en todas las historias del Athletic.

Sus manos trazan siempre lo inexacto. Sus manos en los misterios revuelan al tantear el sentimiento al tacto. Las manos de Hierro tocan el instante. Lo que al tocar perciben no revelan. Sólo su propia identidad mutante.

Rafa Ortiz Alfau pinta los viejos muelles Rafa Ortiz Alfau, pinta en acuarela, remolque mineral tiñe la ría. Con unos tonos grises de armonía. Con unos tonos claros de alma en vela. Pintura, con pasión, claro revela amor a un Gran Bilbao vio luz sombría. En Ripa y Arenal abre honda vía y pinta un cauce vivo hecho candela. Historia de la ría a Rafa emplaza, reviva iluminado por belleza. el humo memorial de un desembarco. Con mano firme y grácil Rafa traza, con toda su negrura y su pureza, gabarras con carbón y un viejo barco.

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Poema hecho en pasado vive un Bilbao presente Un soneto leo y luego guardo, filtrando viejos ecos de la ría. En él hallo un revuelo de armonía. Observo de quién es. Veo, es Gerardo. Su nombre lo llevo a buen resguardo, y miro su apellido abra otra vía: Ortiz Alfau. El arte puesto al día. Gerardo, Rafa, Angel: Triple dardo. Bilbao. Su ayer, su hoy y su mañana. Cercano al busto grave de Don Diego, alcor de modernismo me hace seña. Presente y futuro él los hermana. El sueño vio Gerardo sigue en juego. Vibrante realidad su muerte sueña.

En alto prado besé a una vaca pirenaica Era una vaca linda color rosa. Al verla me quedé quieto, prendado. No sé qué me pasó. Pase a su lado, y ella me hizo tilín. Tal fue la cosa. Lo que sentí no fue pasión gozosa. Quizá vana ilusión en verde prado. Sus labios de color rosa irisado los quise yo besar fuera mi esposa. Sus ojos me miraron fijamente. Parecían comprender lo que sentía. Me acerqué y acaricié su frente. Sus labios me ofreció rosas y frescos; y yo, muy natural, con alegría; les di un beso total, sin arabescos.

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Juan José Camacho Hoy dudo Hoy dudo si debo o no preguntar a quién, mas, si lo hago, podría abrir viejas rencillas ha tiempo muertas. La hora me ciega. Se acaba la tarde. La noche, seguida de estrellas, me viene a ras del crepúsculo... la duda no encuentra respuesta. Todo pensamiento que en reflexión perezca adquiere sonoridades mientras tropieza en el ángulo hostil de una pluma; así nace el escrito y lo acuña en derredor del aire el escritor proscrito. JUAN JOSÉ CAMACHO QUINTANA. Nació en Valdepeñas en 1956, y desde niño reside en Basauri (Vizcaya).Tornero en varias empresas industriales, ha ejercido de representante sindical. Actualmente trabaja en Laudio. Autor del libro El Dios del olvido (1991) y de Entre tanto. Degustación de poesía. Ha publicado poemas en Zurgai y en otras revistas nacionales e internacionales de poesía, así como en la prensa. Ha publicado columnas y artículos de opinión y crítica literaria en varios medios periodísticos, entre ellos los diarios Alerta, Lanza, Deia y El Mundo. Fue miembro de la bilbaína Asociación El Sitio, y presidente de la Agrupación Literaria El Candil de Basauri. Recientemente ha fundado Ibai Literario con el poeta y articulista Miguel Ángel Manjón.

Una urna sin fondo, una calle sin trajes, un tiempo sin esferas ni agujas. Una misión placentera es vivir siendo nadie para las preguntas.

Yo intentaba resucitar en otros pueblos Yo intentaba resucitar en otros pueblos - fuera de mí país natal y anidó en mis manos la esperanza - signo de debilidad Tú, VIEUX-BOUCAU, allí guardabas - su mirada angélical Como quien mira la cara del Dios humilde, como quien ama sin deber amar jamás, asaltando fortalezas, dejaste en mi piel humana resquicios de soledad. Sólo aquellos ojos me obligaron a pensar si soy pequeño, abrojo o espiga sin granar. Mas en el intento de mirarla una sola vez más descubrí que sólo atiende, el espejo, la reciprocidad.

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Oración del publicano Yo, pobre mortal, incapaz de enumerar las estrellas del firmamento pretendo hacerte llegar oh, padre nuestro, estos versos - fruto de un divagar sobre qué seremos después de muertos Yo, enclaustrado como el que más en ese laberíntico proceso que fue tu crear, me resisto a ver sufrir muriendo pudiendo morir sin más. Dime: viviéndolo... ¿Aún tengo que rezar? Yo, que huyo de la humildad porque la humildad me humilla; que no alcanza “ el más allá ” mi entendimiento y rezo, no por rezar, sino porque así te siento... Oh, Padre celestial ¿Qué será de nosotros si el alma queda enterrada con el cuerpo?

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Alex Oviedo La ruta del sentimiento I Te regalaré mis noches aunque caiga sobre mis ojos el peso de los días; te cubriré de luces y primavera aunque mi boca sea invierno y mis dedos dibujen los caminos del otoño; te besaré sin sombras que traigan nuevos miedos y ni las voces del pasado, perennes siempre en mi memoria, romperán el lazo que nos unía. Observaré en penumbra la esencia de tu piel convertida en mía, robaré tus labios, sentiré tu pecho palpitando con suave susurro para más tarde, en el despertar de la aurora, convertir mi voz en poesía: serán mis versos, esos seres planos, mudos e imperfectos, el único don que podré dejarte.

II No es poesía Sólo palabras en noche de insomnio, viaje por la ruta del sentimiento, un segundo sometido al impulso de su voz siempre ajena, siempre mía. No son versos, sino el cansancio de frases que quieren verse vivas sobre papeles que fluyen, movidas por la melancolía.

III Creo que los días se han vuelto noches y que la oscuridad ha cubierto con su manto todos mis pasos desandados a falta de luz. 102

ALEJANDRO J. OVIEDO, (Bilbao 1968), periodista de estudios, trabaja como diseñador gráfico. Es coordinador de la página “El recreo” dentro del periódico municipal “Bilbao” y de la revista cultural “Diálogos”, así como del proyecto literario “Lecturas entre paradas/Geltoki-arteko irakurgaiak” que se edita anualmente con motivo del día del libro. Colabora ocasionalmente en publicaciones como “Zurgai” o la revista virtual “Luke”. Finalista del Premio Ciudad de Barbastro de Novela Corta en 1994, ha publicado recientemente su primera novela “Hektorren Agenda”. En 1992 publicó el libro de poemas “El canto de la memoria”.


De muy cerca del Nervion (2)