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Texto revisado p o r

.

DORIs DANA Proyecto tipogrdfico y viñetas de

Will Faber

0

EDITORIAL POMAIRE ‘967 Depósito legal,

EMEGÉ - Enrique

Granados, 91

B. 37.848

,966

y Londres, 98 .BARCELONA


AL LECTOR

Es necesario dar a conocer cómo llegó a publicarse este libro póstumo de Gabriela Mistral. Ella, al morir, dejó inconclusa la obra. Durante los Últimos veinte años de su vida tuvo una preocupación continua: cccribir poemas sobre toda suerte de asuntos relacionados con su país: cantar sus plantas, animales, los ríos, el mar, los lugares v sensibilizar los problemas del campesino y la reforma agraria; escribir para ella estos poemas no fue un afán literario sino una necesidad vital. El frecuente recuerdo de s u patria la movía a escribir lo que evocaba. Y cada vez que algún chileno la visitó o en las cartas que escribía a sus connacionales, solicitaba información de algún nombre, la descripción de un animalito o de una planta, con un afán apasionado por penetrar el ser mismo de la historia natural de Chile y de todos los problemas de su tierra. Otro valor tuvo la elaboración de estos poemas: la hacían volver a Chile, más que recordarlo, y en esta vuelta a través de la poesía, se encontraba con su pasado, con s u infancia en Montegrande; en estos romances de POEMA DE CHILE, hay frecuentes diálogos entre ella y un niño indio; bien podemos ver en ellos que está dialogando la Gabriela adulta con la muchacha que fue; en el poema Tordos dice:

“Yo m r tengo lo p e r d i d o mi infancia como u n a f l o r preferiúa

y v o y llevando

qtie me p e r f u m a la

YpImo.’’


Asimismo se aprecia que en ese lenguaje, ella revisa, valora, critica y ama a su Chile, en múltiples aspectos y problemas, como si hablara con diversos connacionales sobre esa vida lejana, con una mirada tierna que revela su mayor amor por el canipesino y el mundo de los pobres, los que siempre saben “ofrecer sopa y casa”. En esos veinte años fue acumulando textos, muchos de los cuales no fueron terminados y otros no alcanzaron a pulirse. Así nos encontramos con un conjunto suelto, al cual tuvimos que crearle una coherencia de estructura. Sólo sabíamos que el poema titulado Hallazgo, iniciaría el libro, y que el titulado Despedida sería s u final. El resto ofrecía varios problemas. El primero, establecer una sucesión de poemas que correspondiese con la geografía de Chile, puesto que la obra constituye un viaje de ella a lo iargo de su país, de norte a sur, en compañía del niño indio y un huemul. Ahora, los pájaros y plantas descritos y vivificados en los versos debían llevar también SLI ubicación geográfica, de acuerdo con la historia natural de Chile. Un orden especial debió cuidarse: el fenómeno de la temporalidad en estos romances. Si se trataba de una canción de cuna al huemul, debia situarse, dentro de la secuencia, en el atardecer y no en la mañana. Y en general, fue preciso mantener un equilibrio estético, para conservar la mejor calidad posible. Muchas veces encontramo\ versos y estrofas que llevaban variantes, y otras, vacíos entre estrofas, acompaiíados de palabras sueltas, hasta seis, que debimos elegir para completar el verso. Además había que unir versos en estrofas incompletas para conservar el sentido. Durante dos aííos hemos trabajado en sacar a la luz csta importante obra de Gabriela Mistral, no sólo para darle la estructura, solucionando los problemas señalados,


H A L L A Z G O .................................... E N T I E R R A S B L A N C A S DE S E D ............... N O C H E C O B R E

D E

M E T A L E S

........................

..........................................

A T A C A M A.......................................

17 19

....................................... C A N C I 6 N D E C U N A D E L C I E R V O ......... E M I G R A C ID~E NP A J A R O S . . . . . . . . . . . . . . . . . . V I E N T O N O R T E .............................. LA CHINCHILLA ...........................

21 23 25 27 31 33

M O N T A

37

A R O M A S

RAS

M

f AS

..............................

.................. A N I M A L E S ..................................... A

VECES,

VALLE DE

MAMA,

ELQUI

T E

DIGO

...........................

E L C U C O....................................... H U E R T A .......................................

....................................... T O R D O S ....................................... A N O C H E C E R ................................. D E S P E R T A R .................................... E L M A R....................................... CONCON ....................................... VAL PARA^^ o ................................. P A L M A S ....................................... P A L M A S D E O C O A ........................... A L C O H O L .................................... M O N T E A C O N C A G U A ........................ M A N C H A D E T R É B O L ........................ V A L L E D E C H I L E ........................... JARDINES .................................... F L O R E S.......................................... A L A M E D A S .................................... L u z D E C H I L E .............................. PASCUA

.

7

13

M A N Z A N O S....................................

39

31 45 49

51

55 57 59

61 63

67 69 71 75 77 79 83

85 87 89

105 107

109


Pag3

.

SALVIA ....................................... M A N Z A N I L L A................................. S L A R U T A ....................................... L A C O R D I L L E R A .............................. L A M A L V A F I N A ..............................

....................................... ....................................... CASTAÑAS ..................................... M A R I P O S A S .................................... E L M A I T E N.................................... G A R Z A S ....................................... F R U T A S ....................................... F R U T LI L A R .................................... c H I L L A N .................................... B O L D O .......................................... N O C H E A N D I N A .............................. c O N S T E L A C I O N E S ........................... L A T E N C A .................................... C A M P E S I N O S ................................. R E P A R T OD E T I E R R A ........................ FUEGO .......................................... A D Ó N D E E S Q U E Ti? M E L L E V A S . . . . . . . . . . . . T O M É .......................................... TALCA 11 U A N o ................................. c O N C E P C I Ó N ................................. R A fC E S

PERDIZ

B I O - B I O ....................................... L I N A R .......................................... C O R MO R A N E S

................................. A R A U C A No s . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . C O P I H U E S .................................... H E L E C H O S .................................... P I E D R A' D E L A A M I S T A D ..................... V O L C A N DE V I L L A R R I C A .................. A R A U C A R I A S ................................. E L M U S G O .................................... C I s N E s (en el lago de Llanquihue? . . . . . . . . . . . . . . . S E L V AA U S T R A L ..............................

EL

MAR

.......................................

N I E B L A ....................................... P A T A G O N I A .................................... L A * H I E R B A .................................... I S L A S

........................... ....................................

AUSTRALES

D E SP E D I D A

111 113

117 123 129 133 135 143 145

247 149 151

153 157 161 163 165

167 171

173 175

179 181 183 185

187 191

193 195 193

293

205 207 213 215 217 221 227 231

235 237 241

243


HALLAZGO

B a j é por espacio y aires y más aires, descendiendo, sin llamado y con llamada por la fuerza del deseo, y a más que yo caminaba era el descender más recto y era mi gozo más vivo y mi adivinar más cierto, y arribo como la flecha éste mi segundo cuerpo en el punto en que comienzan Patria y Madre que me dieron.

¡Tan feliz que hace la marcha! Me ataranta lo que veo lo que miro o adivino lo que busco y lo que encuentro; pero como fui tan otra y tan mudada regreso, con temor ensayo rutas, peñascales y repechos, el nuevo y largo respiro, los rumores y los ecos. 0 fue loca mi partida o es loco ahora el regreso; pero ya los pies tocaron bajíos, cuestas, senderos, gracia tímida de hierbas y unos céspedes tan tiernos


que no quisiera doblarlos ni rematar este sueño de ir sin forma caminando .la dulce parcela, el reino que me tuvo seSenta años y me kabita como un eco.

Iba yo, cruza-cruzando * matorrales, peladeros, topándome ojos de quiscos y escuadrones de hormigueros cuando saltaron de pronto, de un entrevero de helechos, tu cuello y tu cuerpecillo en la luz, cual pino nuevo.

Son muy tristes, mi chiquito, las rutas sin compañero: parecen largo bostezo, jugarretas de hombre ebrio. Preguntadas no responden al extraviado ni al ciego y parecen la Canidia que sólo juega a perdernos. Pero tú les sabes, sí, malicias y culebreos ...

Vamos caminando juntos as,í, en hermanos de cuento, tú echando sombra de niño, yo apenas sombra de helecho ...

* Cruza.cruzando

intensa.

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vale por rcmza que tc eruzax, expresión indicadora de la acción reiterada e


(¡Qué bueno es en soledades que aparezca un Angel-ciervo!)

Vuélvete, pues, huemulilio, * y no te hagas compañero

de esta mujer que de loca tvueca y yerra los senderos, porque todo lo ha olvidado, menos un valle y un pueblo. El valle lo mientan «Elquin y r(Montegrande» mi dueño.

Naciste en el palmo último de los Incas, Niño-Ciervo, donde empezamos nosotros y donde se acaban ellos; y ahora que tú me guías o soy yo la que te llevo ¡qué bien entender tú el alma y yo acordarme del cuerpo! i

Bien mereces que te lleve por lo que tuve de reino. Aunque lo dejé me tumba en lo que Ilaman el pecho, aunque ya no lleve nombre ni dé sombra caminando, no me oigan pasar las huertas ni m e adivinen los pueblos.

Cómo me habían de ver

*

a

Huemuldio, diminutivo poco usado de nhuemulr, voz araucana para el cieno andino.

9


los que duermen en sus cervos el sueño maravilloso que me han contado mis muertos. Y o he de llegar a dormir pronto de SLL sueño mismo que está doblado de paz, mucha paz y mucho olvido, alld donde yo vivía, donde río y monte hicieron mi palabra y mi silencio y Coyote ni Coyote hielos ni hieles, me dieron.

¿Qué aRo o qué día moviste y por qué cruzas sonámbula la casa, la huerta, el vio, sin saberte sepultada? V e más lejos, sólo un poco más, donde está tu morada, al lugar adonde miras y te retardas,, quedada. N o respondas a los vivos con voz rota y sin mirada.

Se murieron tus amigos, te dejaron tus hermanas y te mueres sin morir de ti misma trascordada, y sueles interrogarnos sobre tu nombre y tu patria.

Llegas, llegas a nosotros desde una estrella ignorada, preguntando nuestros nombres, nuestro oficio, nuestras casas.


de pastos de trecho en trecho y caseríos callados a meáio alzarse, de miedo, bajo el viento que los lleva y que los suelta en dos tiempos.

Y otras tierras desolladas en Bartolomés inmensos, de un costado desangradas, del otro en tendido incendio. Y otra y otra vez $deas acurrticadas, friolentas, con techo de paja y huyendo y permaneciendo.

Tienen sed el cabrerío, el olivillo y la salvia, el pasto de cortos dedos y el cuarzo y el cuellecillo de muchachito y el ciervo. Miseria de higuera sola azuleando higos cenceños y de tunal * en que araña a tientas un rapazuelo y de mujeres que vuelcan las «gamelas» ** y los tiestos y el umbral empedernido: toda la Tierra y el cielo.

Claman [agua!, silabean [agua! durmiendo o despiertos. La desvarían tumbados

* Tzinal, palabra de escaso

** Camelas,

14

uso que designa el sitio que abyndan las tunas. artesas para dar de comer y beber a los animales, para fregar, lavar y otros

USO


r

o en pie, con substancia y miembros. Y agua que les van a dar a los tres entes pasajeros con garganta que nos arde y los costados resecos.

Cruzamos, pasamos, blancos de puna y de polvo suelto, del resuello de la Gea y el sol blanco de ojo ciego y repetimos los tres callando, de pecho adentro; Agua de Dios, un cadejo de nube, un hilillo fresco.

El agua en s,orbo o en hebra, sonando su silabeo, merced al hilo de agua delgada, piedad de estero, mejor que el oro y la plata y el amor dado y devuelto.

N o se me doble el huemul al que le blanquea el belfo y no me mire el diaguita* que me rompe su deseo. Un poco mรกs y ella salta con sus ojos azulencos y van a beber de bruces con risadas de contento mรกs doblados que sus cuellos iguales en ciervo y ciervo.

' Dioguita, indigena cuya cultura se extendiรณ desde la parte meridional de !a provincia de Atacama haata CI sur de la provincia de Coquimba, .en Chile.

1'3


Se paran, o siguen y arden, callan y laten enteros; y el soplo que yo les doy no les vale, de ser fuego...

Apunta si el «ojo de agua», * ya en lo bajo del faldeo; y o no sé, no, si es verdad o mentira del deseo. Está redondo y perfecto, está en anillo pequeño; brilla pequeñito y quieto con dos párpados de hierba y el ojo a nosotros vuelto asombrado de sí mismo, sin voz, pero con destello milagro tardío y cierto.

¡Cómo beben, cómo beben, que y o les oigo los, cuellos! Y bebiendo son iguales el con belfo y el sin belfo. La lengüecilla rosada apura su terciopelo y el niño bebió con toda su cara que tomo y seco.

Ojos ,de agua, vertientes naturales de agua.

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Pero todos los metales, sonĂĄmbulos o hechiceros, va@ alzĂĄndose y viniendo a raudales de misterio -hierro;cobre, plata, radiumdueĂąos de nosotros, dueĂąos.

*

Son lameduras azules que da la plata en los pechos, son llamaradas de cobre que nos trepan en silencio y lanzadas con que punza a las tres,sangres, el hierro.

Pnr

confortarnos los pies ndos, y aprenderse )s flancos y afirmarnos

I empleo de voces dutoctonas, no desdefia latinismos c


los corazones sin peso, los tres del miedo ganados, los tres de noche indefensos.

Y la noche se va entera en este combate incruento de metales que se allegan buscando, hallando, mordiendo 10 profundo de la esencia y la nuez dura del sueño.

Al fin escapan huidos en locos filibusteros y seguimos la jornada cargando nuestro secreto, arcangélicos y rápidos de haber degollado el miedo.

Liberados caminamos como los raudales frescos, sin acidia y sin cansancio, ricos de origen y término, por la nocturna merced de los Andes Areangélicos que dentro de su granada impávidos nos tuvieron.

Vamos cargando su amor como un amianto en el pecho, como la casta y el nombre, como la llama en silencio que no da chisporroteo y según nuestros orígenes, despeñados de Io Eterno.


COBRE

E s t á n redimiendo el cobre con las virtudes del fuego. De alli va a salir hermoso como nunca se lo vieron las piedras que eran sus madres y el que lo b e f ó por necio.

Suba el Padre Cobre, suba, que naciste para el fuego y te pareces a él en el fervor de tu pecho. Todavía, todavía no confiesas el secreto del amor y de la fiebre que está en tus piedras gimiendo. Nadie te habrá dicho hermoso, porque el pecho no te vieron.

Día a día te volviste la pobre piedra quedada, la pobre piedra que duerme y dura y odia la llama y eres, ya, todos tus muertos antes de ser sepultada.

Helados, llanto y sonrisa, ia oración y la palabra,

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el amanecer la siesta y la oraci贸n no arribada. Y a es lo mismo, ya es igual la mudez que la palabra.

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E n arribando a Coquimbo * se acaba el Padre-desierto, queda atrás como el dolor que nos mordió mucho tiempo, queda con nuestros hermanos que en prueba lo recibieron y que después ya lo amaron como ama sin ver el ciego.

El sol ya coció su piel y olvidaron verdes huertos como la mujer que olvida amor feliz por infiernos o el penitente que tumba **

......... ................. ~

N o vuelvan atrás los ojos pero guaraen el recuerdo de los que doblados tapan sal parecida al infierno, la hallan y la regustan en el yantar, en el dejo, y son como ella los hizo de los pies a los cabellos, .y la terca sal los guarda

* Coquirnbo es la provincia donde termina por el sur el desierto de Chile. Designa tambien el puerto vecino de La Serena, capital de dicha provincia. ** Falta un verso en el original.

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integros hasta de muertos. [Qué dura tiene la índole sal sin ola y devaneo, pero que noble los guardas enteros después de muertos!

Vamos dejando el cascajo y las arenas de fuego, y vamos dando la cara a olores que trae el viento como que, apuntando el agua, vuelva nuestro ángel devuelto.


OMAS

Cuentan entre los Arcdngeles el que da el aroma lento, el que da el aroma denso, y uno es aquél que regala salvia, tomillo y romero y éste no anda en los jardines, porque ha escogido los kuertos. -Mamá, yo nunca lo he visto (Será que no anda el Desierto? ¿Será que al indio no quiere? -Para qué lo quieres ver si te repasa en el viento. -Mamá, tendrá no ynás que alas y que se ve sólo en sueños o no le gustan los indios, o pasará cuando yo duermo. Sí, sí, mamá, algo me pasa cuando al sueño voy cayendo. Llévanos por donde pasa, despiértame si estoy durmiendo.

-Pero pasa tan ligero y tú tienes duro el sueño.

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uérmete con tus dos sangres, en cervato del Desierto, bien si acaco te despiertas, bien si quedas en el sueño: bueno es vivir y morir, ser creado y ser disuelto. Duerme tú, duerme hasta que en cvistiano despertemos.

Jugarreta con lomillo y pezufiitas y vellos,

duerme a mitad de la sal, la pelambre y el desuello, el belfo blanco y salobre, los lagrimales sangrientos.

N o te oiga de dormido el alma del hormiguero, ni la araña te repase las ancas de terciopelo, ni el alacrán te conozca, ni te revuele el murciélago, ni te halle la bestia hirsuta que en la noche hirió a mi Ciervo. *

en la noche hirid a mi Ciervo, referencia a la muerte de su sobrino Tin.Yin. oiwrrida tráe en Brasil el año 1943.

uC

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-


Pedrisco ni piedra hondeada del Caín color de infierno, ni la flecha envenenada te den muerte que íe dieron. No duermas como él dormía, fiados alma y alientos.

Blanda y morosa es la hierba, viva como Angel atento. Duerma la gracia tacneña, duerma con sus dos alientos, el color de la piñeta, la blandura del mansueto, * con yerba buena en las astas, sin sangre sobre los belfos, cribado de las estrellas, ebrio de olores disueltos, soñando herbazal tumbado y pasta1 que va subiendo: [Duerme, chiquito, pace tu sueño!

(Y el velíudito se va como rama desprendiendo, cargado del sueño suyo, del pedregal y del médano. Ya está parado en su bien, rico de tiniebla y sueno).

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Mansueio, voz antigua para designar los animales mansos.


E M I G R A C I ~ ND E P Á J A R Q S

c o m o si nos saludasen desde lo alto la llegada a la extremosa región a la madre más lejana, viene por los aires altos como por obra de gracia, cortando el azul celeste, la mayor «gente» * emigrada. Vienen, viexen, los pelícanos..

.

-¿Qué ves, mamá, que no veo y miras embelesada?

-Para que los veas, párate. ¡Qué lindas recién llegadas! Sol? las gentes del mar zÁltii720, pelícanos en bandadas.

-Miéntalos, mamá, ja, ja, ya veo ya la bandada.

-Porque es pura nieve y hielo la Patagonia extremada, vienen las aves del mar

* .Gente*. Entre comillas en el original para señalar el antropomorñsmo.

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en esa cinta azorada. Tantas son que cubrirían el potrero, si abajaran.

-Gritan, mamá, gritan todas. Será que temen y llaman.

-No, mi loquillo, que bajan gritando por su arribada. Pero no nos dan el gusto de oírles bien la algarada. Conténtate con mirarles la línea donosa y blanca.

-Pero ¿para dónde van? (Van perdidas, y no bajan?

-,-Qué se van a perder ellas, mi niño disparatado! Nosotros, sí, nos perdemos pero aquéllas nunca fallan. Bajarán cuando divisen playa suya acostumbrada.

La peonada ni mira lo linda que es su pasada.

Las gentes, chiquito, saben de pájaros poco o nada; sólo yantares y cosas y chismes, de la contrada. *

* Contrada, arcaísmo que designa una región o lugar.


Bajan, bajan, bajan en vertical a pastos acostumbrados. Oyelas en vez de hablar, mira y no grites, mi niño.,. no te pierdas su pasada. Ahora se oye un poco más; es que divisan sus playas...

-Cuenta

más, cuenta, la Mama.

-Ayunas de calendario, de señales y de llamada, las tres o las cinco mil saben la fecha llegada y se dan VOZ de partida como casta convocada y suben como llamadas.

Dejan el hielo, la arena menuda, el nido y las playas, el sol esquivo y se vienen hacia la segunda Patria. Ya se ven más, ya torcieron el rumbo, como silbadas. Ellas están advertidas casi, casi son llamadas. La mancha se va entreabriendo. Ya reconocen las playas. Y ahora es bajar muy recto y con gritos dP arribadu. Bienvenidas a las dunas, tan dulces y acostumbradas. Bajen, bajan, bajan todavía...

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VIENTO N O R T E

Eai

viento Norte viene levantándose, ladino, y aunque es más viejo que Abraham, así comienza de fino, y si no se apura el paso, ya nos coge el torbellino y somos, dentro del Loco, * un frenético, un zarcillo, un volantín con que juega hasta que cae vencido y se devuelve a sus antros, también él roto y vencido. -Mamá, pero te has trepado a donde el viento es indino. -Porque yo me envicié en él como quien se envicia en vino, trepando por los faldeos, siguiéndolo por el grito. Yo no era más, era sólo su antojo y su manojillo y a mí me gustaba ser su jugarreta sin tino y en donde estoy; todavía le llamo, a voces, «mi niño»...

* Loco. Probablemente por su, acostumbrada violencia.

también alcances de afecto y predilección.

L d expresión en labios de la Butora tiene

:I 1


traje por andurria!es, dejando a la bien querida, la Madre y Señora Ruta, madre tuya y madre mia. Ahora que hagas paciencia, vamos siguiendo una huida.

-¿A quién, di, mama antojera, rebuscas con picardía?

-Calla, calla, no la espantes: por aquí huele a chinchilla.

-iOh! las mentaba mi madre; pero esas tú no las pillas. Pero ahora es el correr y volar [mírala, mirala!

-¿No la ves que va delante? iay qué linda y qué ladina!

-¿Qué

-Corre,

ves, di, qué se te ocurre?

corre jes la chinchilla!

33


En

montañas me crié con tres docenas alzadas. Parece que nunca, nunca, aunque me escuche la marcha, las perdí, ni cuando es día ni cuando es noche estrellada, y aunque me vea en las fuentes la cabellera nevada, las dejé ni me dejaron como a hija trascordada.

Y aunque me digan el mote de ausente y de renegada, me las tuve y me las tengo todavía, todavía, y me sigue su mirada.

37


A VECES, MAMA, TE DIGO.

-A

veces, mama, te digo, que me das un miedo loco. ¿Qué es eso, di, que caminas de otra laya que nosotros y, de pronto, ni me oyes y hablas lo mismo que el loco mirando y sin responder o respondiendo a los otros? <Con quién hablas, dime, cuando yo me hago el que duerme ... y oigo? Será con los animales, la hierba o el viento loco.

-Porque

todos están vivos

y a lo vivo les respondo. También contesto a lo mudo,

por ser mis parientes todos.

-Ja, ja, ja, mama, la mama, calla o me lo cuentas todo.

-Me

llamaban ncuatro añitosn

y ya tenía doce años. Así

me mentaban, pues’ no hacía lo de mis años: no cosía, no zurda, tenía los ojos vagos, 39


-Es don Castor marrullero, o tal vez dofía Castora que ya tendrá críos nuevos y que los cela de ruidos y ojos que son traicioheros.

-Allá saltó, Mama. Párate, que si corro m e lo tengo.

-Si es Cartora y tievle críos, no te allegues, te lo ruego. Déjalo, novedosillo. Y a lo viste. Donde apunte debe tener la manada y va a los suyos corriendo,

- O y e m e , indito, * oye, Mío: nunca mates lo que es madre que amamanta bajo el cielo, da s u leche y acarrea semillas y «comedeuos».

-No mataré, pero ... Mama, déjame ver el nidero. $osa nunca vista! Y también son feos, mira, y saltan y son pequeños. Repite, Mama, SU nombre. Ahoua ya no m e 10 tengo. ¿Todos se llaman lo mismo? Y a los vi. Vámonos yendo.

42

*

índiio, diminutivo de “indiou muy usado en el libro.


1 engo de llegar al Valle que su flor guarda el almendro y cría los higuerales que azulan higos extremos, para ambular a la tarde con mis vivos y mis muertos.

Pende sobre el Valle, que arde, una laguna de ensueño que lo bautiza y refresca de un eterno refrigerio cuando el río de Elqui merma blanqueando el ijar sediento.

Van a mirarme los cerros como padrinos tremendos, volviéndose en animales con ijares soñolientos, dando el vagido profundo que les oigo hasta durmiendo, porque doce me ahuecaron cuna de piedra y de leño.

Quiero que, sentados todos sobre la alfalfa o el trébol, q p v i í n P I rlnn y el anillo


de los que se aman sin tiempo y mudos se hablan sin más que la sangre y los alientos.

Estemos así y duremos, trocando mirada y gesto en UYL repasar dichoso el cordón de los recuerdos, con edad y sin edad, con nombre y sin nombre expreso, casta de la cordillera, apretado nudo ardiendo, unas veces cantadora, otras, quedada en silencio.

Pasan, del primero al último, las alegrías, los duelos, el mosto de los muchachos, ‘ la lenta miel de los viejos; pasan, en fuego, el fervor, la congoja y el jadeo, y más, y más: pasa el Valle a curvas de viboreo, de Peralillo a La Unión, * vario y uno y entero.

Hay una paz y un hervor, hay calenturas y oreos en este disco de carne que aprietan los treinta cerros.

Y los ojos van y vienen

* Peralillo, caserío situado a 6 km. al este de Vicuiía, sobre el valle de Elqui. La Unión, nombre antiguo del puebla Pisco-Elqui, sobre el mlsrno valle.

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como quien hace el recuento, y los que faltaban ya acuden, con o sin cuerpo, con repechos y jadeados, con derrotas y denuedos.

A cada vez que los hallo, más rendidos los encuentro. Sólo les traigo la lengua y los gestos que me dieron y, abierto el pecho, les doy la esperanza que no tengo.

!di infancia aqui mana leche de cada rama que quiebro y de mi cara se acuerdan salvia con el romero y vuelven sus ojos dulces como con entendimiento y yo me duermo embriagada en sus nudos y entreveros.

Quiero que me den no más el guillave de sus cerros y sobar, en mano y mano,

melón de olor, niño tierno, trocando cuentos y veras con sus pobres alimentos.

Y , si de pronto mi infancia vuelve, salta y me da al pecho, toda me doblo y me fundo y, como gavilla suelta,

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me recobro y me sujeto, porque ¿cómo la revivo con cabellos cenicientos?

Ahora ya me voy, hurtando el rostro, por que no sepan y me echen los cerros ojos grises de resentimiento.

Me voy, montaña adelante, por donde van mis arrieros, aunque espinos y algarrobosme atajan con llamamientos, aguzando las espinas o atravesándome el leño.

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EL C U C Q

L a siesta de los cinco años el Cuco me la punteaba. El no volaba mi rostro ni picoteaba mi espalda. Y o no sé de dónde el tierno sus dos sílabas mandaba o las dejaba caer de alguna escondida rama. Pero a la siesta, a la siesta, esas dos me adormilaban, dos no más, pero insistentes como burlona llamada... Y la lana de mi sueño ya era lana agujereada Y la mata de mi sombra se abría de su lanzada.

...

Cuco-Cuco al mediodía, y en la tarde ensimismada,

Cuco-Cuco a medio pecho, Cuco-Cuco a mis espaldas. ¿Por qué no ponía nunca otra sílaba inventada?

Cuco pico entrometido, Cuco nieto de un solo árbol, siempre en una misma rama

49


HUERTA

-Niño, tc pasas de largo por la huerta de Lucía, aunque te paras, a veces, por cualquiera nadería.

¿Qué le miras a esa mata? Es cualquier pasto. [Camina!

-¿Qué? es la huerta de Lucía. Tan chica, mama, y sin árboles. (Qué haces ahí, mira y mira? Esa vieja planta todo. Por vieja, tendrá manías.

-Tontito mío. Es la albahaca. [Qué buena! [Dios la bendiga!

-Pero si no es más que pasto, mama. (Por qué la acaricias?

-Le oí decir a mi madre que la quería y plantaba y la bebia en tisana, le oí decir que alivia

51


el corazón, y eran ciertas las cosas que ella nos contaba.

-¿Por

qué entonces no la coges? l

-Chiquito, soy u n fantasma y los muertos, ya olvidaste, no necesitan de nada.

-¡Ay, otra vez, otra vez me dices esa palabra!

-(Cómo te respondo entonces a tantas cosas que me hablas? '

-Mama, oye: algunas veces me lo creo, otras veces, nada ... Me dices que te moriste pero hablas tal como hablabas. Cuando voy solo y con miedo, siempre vienes y me alcanzas, casi nada has olvidado [y caminas tan ufana! (Por qué te imporian, por qué todavía hasta las plantas?

-Chiquito, yo f u i huertera. Este amor me dio la mama. Nos íbamos por el campo por frutas o hierbas que sanan. Yo le preguntaba andando

52


por árboles'y por matas y ella se Ios'conocía con virtudes y ton mañas.

Por eso te atajo cuando te allegas a hierbas malas. Esta Patria que nos dieron apenas crfa cizañas, gracias le daba al Señor por todo y por esta hazaña. Le agradecía la .lluvia, el buen sol, la trebolada, la lluvia, la nieve, el viento norte que nos trae el agua. Le agradecía los pájaros, la piedra en que descansaba, y el regreso del buen tiempo. Todo lo tlamaba «gracia».

-¿Gracia? (Qué quiere decir?


PASCUA

¿Sabes tú, fantasma, sabes cuando va a caer la Pascua, de que pasen por los campos señores y caballadas, partiendo lo no partido y alegrando a la huasada? * ,-Qué alboroto habrá, imagina qué fiesta y qué zalagarda, qué verbena aquí en la tierra, gritos y toques de diana!

Pascua en el Valle de Elqui y en los cielos fiestas, Mama.

¿Cuándo va a amanecer, di, la Tierra nuestra, cristiana, para echarnos a cantar hombres y mujeres, Mama, al filo del alborear como gente enajenada? Y tú también, aunque a ti la tierra te esté sobrada. ¿Dónde va a ser el cantar y el llorar de la gallada y el alabar como nunca alabó la criollada?

zsada, conjunto de huasas. campesinos tipicos de

Chile, especialmente en su zona central.

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rTORDOS

A

estas horas y lo mismo que cuando yo era chiquilla y me hablaban de tú a t ú el higuera1 y la viña, están cantando embriagados ' de la estación más bendita los tordos de Montegrande y cantan a otra Lucila

...

Pero con que yo me calle como el monte o la beguina, el cantar del embriagado me alcanza a la extranjeria, porque no me cuesta, no, recobrar canción perdida.

Siguen cantando los tordos ev la higuera preferida y yo dejo de escuchar la marea que me oía y les respondo la gracia con el ritmo, porque sigas ...

Cantalz y,embrtijan .la rama que ya VQ cobrando vida y por 'seguir su' balada


ESPERTAR

Dormimos. Soñé la Tierra del Sur, soñé el Valle entero, el pastal, la viña crespa, y la gloria de los huertos. ¿Qué soñaste tú, mi Niño con cara tan placentera?

Vamos a buscar clzañares hasta que los encontremos, y los guillaves prendidos a unos quiscos del infierno. El que más coge convida a otros dos que no cogieron. Y o no me espino las manos de niebla que me nacieron. Hambre no tengo, ni sed y sin virtud doy o cedo. ¿ A qué agradecerme así fruto que tomo y entrego?

6%


EL M A R

-Mentaste, Gabriela, el Mar que no se aprende sin verlo y esto de no saber de él y oirmelo sólo en cuento, esto, mama, ya duraba no sé contar cuánto tiempo. Y así de golpe y porrazo, * él, e n brujo marrullero, cuando ya ni hablábamos de él, apareció e n loco suelto.

Y ahora va a ser el único: N i viñas ni olor de pueblos, ni huertas ni araucarias, sólo el gran aventurero. Déjame, mama, tenderme, para, para, que estoy viéndolo. [Qué cosa bruja, la mama! y hace señas entendiendo. Nada como ése yo he visto. Para, mama, te lo ruego. ¿Por qué nada m e dijiste ni dices? Ay, dime, jes cuento?

-Nadie nos llamó de tierra adentro: sólo éste llama.

De golpe y porrazo, locución popular denotadora de realización súbita, de prisa.

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o

y con un azoro alegre, desde el timón a los remos.

Cuando te deje en tu playa, si escoges el ser costero, me vas a hacer una barca como otros no la tuvieron. Yo te veré calafate, que no piedra del desierto: y sin sorber blanco polvo todo mar navegaremos. La promesa cosquillea tu cuerpecito atacameño, y el mar te acepta engreído de vanidad y deseo.


S e pierde ValparaĂ­so guiĂąando con sus veleros y , barcos empavesados que llaman a que embarquemos; pero no cuentan sirenas con estos aventureros.


PALMAS

En

el mes de... planta palmas, jardinero. No vas a gozar sus talles de matrona colz gracia, tampoco se la gozaron los que palmares te dieron. Te ríen unos ociosos el afán de acarrear reinas que cantan a los diez años y antes ni hablan ni sombrean.

Coge en tu mano semillas y canta, cantando, siembra. Asi mismo te pusieron tus padres, riendo en la Tierra. Planta la palma de miel, plántala, aunque no la veas, y no le goces la fiesta ni le oigas la risotada de niño loco o mujer ebria. Canta para la que nace en este mismo momento, planta unos hijitos de ella...

Es bella como ninguna por altiva y por señora. Todos los aires la buscan

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por su resonar de velas que silban o que murmuran o rezongan, comadreras.

Y o oí al huertero decir que valen s610 de viejas, que son unas remolonas en crecer, y otras lindezas. Van a cantar en creciendo del alba a la noche ciega, por el antojo del viento o el antojo de tu pena o por alabar el alba que, sin ser llamada, llega.

Qué himno recio el que cantan, pero qué fieles lo entregan desde que el día amanece y muere y otro comienza.

-También vas a creer, mama, que son gentes las palmeras, y querrás que viva en Ocoa * por oírlas y por verlas. También las crees personas y te lo crees a ciegas.

-Apura el paso y, Ilegando a Ocoa, crees en ellas. Unos creen por el ver

Ocoa, localidad sobre el Valle dcl Aconcagua medio, especialmente apta para el altiva de Iu

palmas.

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y el tocar, y otros bizquean hasta en tocando y en viendo y éstos pierden la fiesta.

Cuéntame, palma de miel, cuenta si acaso recuerdas quien «novelero» te trajo por unos mares y tierras o dí si de todo tiempo el Gran Dios te hizo chilena. Nunca supieron contarme tu secreto. Cuenta, cuenta.

Se me alborota en lo alto, con queja dura contesta y no le entiendo el parleo tan alto y recio, de reina. Para agradecerle, sí, la miel que cuaja en la siesta, me desvié del camino y estoy como romera por oírle el canto recio de madre espartana o de vieja madre hebrea.

Sigan las palmas cantando, cantando canción que ama y que vela, canción de madres despiertas.

h

73


I

PALMAS DE OCON

R e c i o caminamos como los que-llevan derrotero, según volaba la flecha del indio, loca de cielo por el país que parece dulce corredor eterno. Pero va llegando ahora un llamado, un palmoteo.

Son las patmeras de Ocoa lo que se viene en el viento, son unas hembras en pie, altas como gritos rectos, a la hora de ir cayendo en el mes de su saqueo, y las demás dando al aire un duro y seco lamento. Y son heridas qtte manan miel de los flancos abiertos, y el aire todo es ferviente y dulce es, y nazareno, por las reinas alanceadas qtte aspiramos y no vemos.

Caminamos respirándolas la mujer, el indio, el ciervo, y Ilorándolas los tres de amor y duelo diversos. 7 -

. .)


El que mรกs sabe es el indio; el que oye mejor, el ciervo; y yo trato en estos hijos por gracia de ambos, sabiendo.

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ALCOHOL

Resbalando los pastales y entrando por los viñedos que el Diablo trenza y destrenza desde la cepa al sarmiento, dan al animal y al indio tufos de alcohol violento y ambos ven la llamarada que salta de pueblo a pueblo, con la zancada y la mueca del mono que corre ardiendo,

Al indio el payaso trágico le robó el padre en su juego; al otro quemó el pasta1 que blanquedw de corderos, y a mí me manchó, de niña, la bocanada del viento. Vaciaremos los lagares y aveniaremos los cueros,

para quemar la demencia de los mozos y los viejos. ,-Ea,el chiquillo y la bestia! jvamos por bodega y pueblos, vamos, como los cruzados, hostigando al Esperpento!

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M O N T E ACONCAGUA

Y o Iie visto, yo iie visto mi

monte Aconcagua. Me dura para siempre su loca llamarada y desde que le vimos la muerte no nos inata. Manda la noche grande, suelta las mañanas, se esconde en las nubes, bórrase, acaba.. . y sigue pastoreando detrás de la nubada.

Parado estd en el sueño de su cuerpo y de su alma, ni sube ni desciende, de lo absorto no avanza; sti adoración perenne no se rinde y relaja, pero nos pastorea con lomos y llamarada aunque le corran cuatro metales las entrañas. La sombra grave y dulce rueda como medalla; ella cae a las puertas, las mesas y las caras, los ojos hace amianto,

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los dorsos vuelve plata, conforta, llama, urge, nos aúpa y abrasa, Elías, carro ardiendo ,-Monte Aconcagua!

Cebrea * los pastales, tornea las manzanas, enmiela los racimos, enjoroba las parvas, hace en turno de Jove, tempestad y bonanzas cuenta y recuenta hijos y de contar no acaba ...

Le aguardan espinales a ia primer jornada; después, salvias y boldos con reveses de plata, y a más y a más que sube el pecho se le aclara: arrebatado Elias, iElohim Aconcagua!

A veces las aldeas son de su ardor mesadas y caen desgranándose en uvas rebanadas. Mas nunca renegamos su pecho que nos salva, parece sueño nuestro, parece fábula

Cebrea, neologismo de =cebra>, probablrmentc

H(1

en

su acepción de

cabra montés.


el que tras de las nubes su rostro guarda. iElohim abrasado, viejo Aconcagua!

Y o veo, yo veo, mi Padre Aconcagua

de nuestro claro arcángel desciende toda gracia. Y a se oyen sus cascadas, por las espumas blancas la madre mía baja y después se va yendo por faldas y quebradas. iDemiurgo que nos haces, viejo Aconcagua!

Di su nombre, dilo a voces para que te ensanche el pecho y te labre la garganta y se te baje a los sueños. Aconcagua «padre de aguas», Aconcagua, duro gesto, besado del Dios eterno y del arrebol postrero. Algo ha en tus manos, algo que invoca por tus dos pueblos. <Paz para los hombres, pazu, bendición para el pequeño que está naciendo, dulzura para el que muere...

81


V A L L E DE CHILE

Ai

lindo Valle de Chile se le conjuga en dos tiempos: él es heroico y es dulce, tal y como el viejo Nomero; él nunca muerde con soles rojos ni con largos hielos, él se apellida templanza, verdor y brazos abiertos. Para repasarlo, yo que lo dejé, siempre vuelvo a besarlo sobre el lago mayor y el oscuro pecho y me echa un vaho de vida el respiro de sus huertos. El da mieles a la palma, funde su damasco denso y le inventa doce tribus al canon del duraznero y al manzanar aureola de un pudor de aroma lento.

Y las pardas uvas vuelve lapizlázuli, oros viejos, tú, larga Gea chilena, con t ra-Canidia, ojos buenos, consumada al tercer día, prefigurada en los Cielos.

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JARDINES

- M a m a , tienes ia porfía de 'ésquivar todas las casas y de entrarte por las huertas a hurgar como una hortelana. ¿No sabes t ú que tienen dueño y te pondrá mala cara? A huertos ajenos entras acomo Pedro por su casa)).*

-A unos enseñé a leer, otros son mis ahijados y todos por estos pastos vivimos como hermanados, y las santiaguinas sólo me ven escandalizadas y gritan -«jVálgame Dios!n o m e echan perros de caza. Pero pasaré de noche por no verlas ni turbarlas. ¡Qué buenos que son los pobres para ofrecer sopa y casa!

*

Cdmo Pedro por

su casa. Equivalente a con total confianza, canocimiento y seguridad.

R7


FLORES

-No te entiendo, mama, eso de ir esquivando las casas y buscando c o los ~ ojos los pastos o las mollacas. * ¿Nmca tuviste jardín que como de largo pasas? -Acuérdate, me crié con más cerros y montañas que con rosas y claveles y sus luces y sus sombras aun me caen a la cara. Los cerros cuentan historias y las casas poco o nada.

-Y a mí que me gusta tanto pegarme a cercos de casas y traerte por cariño rosas y lilas robadas ...

-No es que deteste las flores

Mollacas, arbusto común en Chile, con extremos volubles, flores blancas y fruto5 comestibles.

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apenas si ellos las miran como si fueran madrastras.

- C l a r o , tuviste el antojo de volver así, en fantasma para que no te siguiesen las gentes alborotadas, pasas, pasas las ciudades, corriendo como azorada, y cuando tienes diez cerros, paras, ríes, dices, cantas.

-Tapa tu boca, que tú no les pones mala cara y gritas cuando los Andes con veinte crestas doradas y rojas, hacen señales como madres que llamaran. Yo te gano la porfía, indito cara taimada. ¿Cómo vas a convencer a la criada en sus faldas y guardada de sus sombras y de ellas catequizada? Me duermo a veces mirándolas, tomada, hundida en sus faldas. Y con entregarme a ellas mis penas se vuelven nada. Y a no soy, sólo son ellas y lo que manan: su gracia.

-¿Qué es lo que tú llamas gracia, pobrecita que no llevas sobre ti cosa que te vaZga?


-La

gracia es cosa tan fina

y tan dulce y tan callada que los que la llevan no

pueden nunca declararla, porque ellos mismos no saben que va en su voz o en su marcha o que está en un no sé qué , de aire, de voz o mirada. Y o no la alcancé, chiquito, pero la vi de pasada en el mirar de los niños, de viejo o mujer doblada sobre su faena o en el gesto de una montaña. Bien que me hubiese quedado sirviéndola embelesada, pero f u e mi enemigo la raya blanqui-dorada de una ruta de u n río y más y más un mar de palabra.

.

-No te entiendo ¿por qué tú siempre andas pensando para mí en una parada, en hoyos de aburrimiento de una casa y otra casa...?

-Es que, como el pecador, amo y destesto las casas: m e las quiero de rendida, las detesto de quedada.

-¿Y cuándo voy a parar yo, mama, si t ú no paras?

91


-No te podría delar en la tierra ajena y rasa, sin un techo que te libre de viento, lluvia y nevadas. ¿Cómo volvería yo a mis huertos y a mi Patria, a mi descanso, a mi término, al ruedo ancho de mis muertos y a la eternidad ganada, dejándote a media Ruta como las almas penadas?

Cuando empezamos a andar t ú no tenías «compaña» * ni para la noche ciega ni las rutas escarchadas. Y a miraste, ya aprendiste cómo se siembra y se planta, cómo se riega el durazno y la sequia se mata, y se ahuyenta la peste hasta que la peste acaba.

Cuando mañana despiertes no hallarás a la que hallabas y habrá una tierra extendida, grande y muda como el alma. Apréndete el oficio nuevo y eterno. Pide tierra para ti, cóbrala. Es la tierra en la que yo tu pobre mama fantasma fue feliz como los pájaros.

92

*

Compaña, arcaísmo dialectal por .xcompañían


-¿Te

me vas, di? Sí, ya vas yéndote.

-Porque ya me estoy cansando de ver y contar montañas, m e voy a entrar por la puerta sin llaves y sin murallas. Déjame, déjame entrar, nadie se allega a fantasmas. Aunque alinden La Serena y se la aúpen a Corte con Czar y torres doradas, lo mejor siempre serán sus huertas embalsamadas, su oración crepuscular y el canto de sus campanas.

-Yo te sigo, la mama, aúpame, que voy a pata pelada. *

-Salta Ias cercas, no temas, esa huertera no es mala. Por allá azulean uvas y aquí las flores casi hablan. [Eh! ¿te llenas los bolsillos?

-¿Y

qué te creías, mama?

-/Qué saqueo estás haciendo! [Uvas negras y rosadas!

Pala pelada. Popular por -descalzan.

93


-Y ttí no me ayudas, no; y estás coino embelesada. -Sí también estoy cogiendo, yero no cosa vedada. Son gajos de flores rústicas que t ú me escoges trocadas, porque no sabes de flores y disparatas al mentarlas. Sigamos andando digo, te las miento y doy cortadas. ¿Ves? Te pesan los racimos. Las mías no pesan nada. Este manojo, oyeló, es no más gajo de salvia. ¿Cómo que no la conoces si como tú, es campechana? Ella crece, cunde, mzdra, como cosa de nonada. Tú la has visto en cualquier huerta, pero no es aseñorada y medra hasta en los potreros echando flor azulada. Mírala, abájate, huele. Ya, ya. No vas a olvidarla.

-Mama, tú hablas de las matas corno si fueran «cristianas» *. ¿Cómo te acuerdas del nombre y del olor te atarantas? -Calla y miéntala una vez, dos veces, tres, ya, ya basta. Ahora, ahora esta otra...

*

94

Cristianas, equivalente a personas humanas


ra y e , yo me sé los pájaros, me los hallo porque ... cantan. No te digo lo demás, porque de todo te espantas.

-¿Que

t ú los coges, es eso?

-Ahora

ya no digo nada.

-Ya

entendí [qué cara ,fea!

Eso me cuentas mañana.

Ahora estoy dándote a oler este romero de España, al que llaman de Castilla.

-La mama se lo tenía, pero ya me lo olvidaba. ( E s que t ú tenías huerta? De eso no m e has dicho nada -Te escapas, sacas el cuerpo, pero soy, has de saber, una fantasma porfiada. Y este otro gajo cogido es de toronjil, ya basta Pero si hemos de seguir así con las manos dadas, yo m e tengo de mentarte lo que nunca te mentaron. Es muy lindo bautizar las criaturas amadas

-Mama, dices «criaturas», pero estos pastos son nada.

O3


-Ahora te pongo a dormir tu siesta. Tiéndete y calla. A lo mejor te dan lindo sueño las fres agraciadas. Estás amurrado, sabes duerme, duerme, te hago «nana,.

-Las flores de Chile son tantas, tantas, mi chiquillo, que si te las voy mentando te azoran y te atarantan. Te voy a contar de algunas. Párame si es que te cansas. Unas serán las «catrinas», otras, campesinas rasas. Y a sabes que no me sé mucho a las uaseñoradas» que no quieren doncelear de las campesinas rasas y les ponen el mal gesto que les dan a sus cabañas.

Voy a decirte lo que con la pobre menta pasa, también con la hierbabuena e igual con la mejorana.

-¿Qué

les pasa, mama, di?

--Que ellas huelen todo el año y las rosas una semana, y tanto que pavonean de su garbo y de su gracia...


Por estos lados prosperan ésas que mientan SUSANAS y no es más que la merita manzanilla oji-dorada, un sol pequeñito, una que no presume de nada. Desde que hacemos camino parando en huertas o casas, nos sale al paso y saluda así con la frente alzada, y aunque son tantas las rosas amarillas y rosadas, la paisanita y la blanca, más duran menta y romero. Aquí donde cabecean las que auguran bodas o nada: vale la pena parar por estas oji-doradas aunque ellas están rendidas y hartas de ser consultadas. Porque de novias de veinte, ansiosas y atarantadas, siempre le están preguntando «si el novio cumple o si nadau. Cuando ya te llegue el tiempo de noviazgos y jaranas, andarás también buscándolas con la codicia en la cara: «Me quieren, «me quiere mucho» o «poquito» o «casi nada». Y las manzanillas van a responder en voz baja: «mucho», siempre, hoy y manana. Y la rosa va a decir: «mucho» y sólo una semana.

Y7


-De -;Qué

noviazgos, no sé nada

...

pena, Mío, no verte

con novia encocorocada, la iglesia hirviendo de luces y la aldea de campanas.

- C u a n d o hablas así de loca, mama mía, m e atarantas. Mejor te callas y tomas las manzanillas cortadas.

-Gracias, sí, mi niño, pero no m e gustan de cortadas. Se doblan sus cabecitas

y en poco, no valen nada. Pero los grandes ni t ú

entienden la salvajada y despojan a la Ruta

que les echu una mirada dura que los va siguiendo como insistente palabra.

-Mama jves como eres loca? Ni quieres verte enflorada. Pero yo te quiero mirar tan feliz como unas Pascuas y quiero oírte cantar en vez de decir palabras que te oigo y no te entiendo y que son coino quedadas Canta el viento de t u nombre, llámalo según lo llamas, porque sólo cuando cantas se nos aviva la marcha.

...


-u--% ___=

1

-Cuando me pongo a cantar y no canto recordando, sino que canto asi, vuelta tan sólo a lo venidero, yo veo los montes míos y respiro su ancho viento. Cuando es que el camino va lleno de niños parieros que pasan tarareando lo más viejo y lo más nuevo, con semblantes y con voces que los dicen placenteros, yo veo una tierra donde tienen huerto los huerteros. Y cuando paro en umbrales de casas y oigo y entiendo que Juan Labrador ya se labra huerto suyo y duradero, a la garganta me vienen ganas de echarme a cantar tu canto y lo voy siguiendo. Parece que hasta la Tierra que llaman abrutan los lerdos se puso a hablar cuando vio el reparto de mil huertos. Cantaba y y o me lo oí y canté días enteros y canté junto con ellos y el silbo de cuatro vientos: Viento Sur y Viento Norte con el Este y el Oeste. [No hubo día entre los días tan dorado y tan ferviente! Cuando ya cae la noche y me está llamando el sueño,


y alguna puerta se me abre que es la de Juan Cosechero, digo: Yo bien duermo aquí, porque me va a dar buen sueño.

Cuando es tiempo del maíz granado y el trigo tierno y siento cortar mazorcas que caen como entendimiento, con mi cuerpo de mentira donde se sientan me siento. No me duele el que no vean en cuerpo a la que es de sueño que se hace y se deshace y es y no es al mismo tiempo. Lo que importa es que los miro, que los p d p 0 y me los tengo felices como en los cuentos.

Me gustan los ademanes y los gestos de mi gente, el bien volear el trigo y el abajar el ciruelo, el regodear la frutilla y cogérsela con tiento. Me duelen las podas duras del parrón que vi pequeno, el oír caer el trigo recto y con un tarareo. Pero lo que más m e gusta es ver subir los renuevos. Parece que son llamados y que van apareciendo: un dedito, diez y ciento y el uno mirando al otro y todo el árbol contento;

1O0


P I

l

l

y Primaveras y Otoños

de manos de Dios saliendo y poquito a poco, todas

las ramas secas «volviendo» * y gesteando azoradas de que la Muerte fue cuento.

Con los brotes asomados están ojeándose y viéndose sin costumbre y con sorpresa que todo vuelve de nuevo y con unas timideces de niños con traje nuevo. Los dos mil duraznos pálidosy los doscientos ciruelos, y las vejanconas"" parras bajito se cuchichean y corre de mata a mata el chisme y sigue corriendo, Y el que los puso a dormir les va apurando el suceso y cada día amanece más donoso el viejo huerto. Pasa toditos los años y siempre parece cuento que el huerto vive su muerte y no le cuesta el morir y tampoco el devolverse.

No comer fruta pintona por puro atarantamiento. Unas semanitas más y todo llega devuelto

* Volviendo. por areviviendo.. ** Vejanconas, awnentativo poco usado de wiejaw.

I O1


color, aroma, sabores, gritería y canasteo.

*

k

*

-Esas muchachas que buscan flores, no las cogen, Mama. (Qué les pasa que no ven la retamilla y la malva, la topa-topa * y la albahaca, el huilli **, varilla brava?

Sabes, por ser hierbas locas ellas las mientan cizañas. Oye: por donde pasamos se da la flor de la araña, también el amancaí, y aquellas. «varillas bravas». N o cortan, siguen de largo, como si viesen nonada. Dijiste tú que reparten a los pobres tierra dada. Cuando me la den a mí, verás que pongo turna+ la lenteja con el pilpu.

-Yo no sabía, chiquito, que las flores te importaban. Gentes hay que ni las ven y pasan como que nada.

* Topa-topa, nombre mapuche de varias especies del ECnero Celceolaria. Planta con flores amarillas vistosas que crcccn en los terrenos arenosos de las laderas de los cerros. ** Huilli, nombre mapuchc de una planta con bulbo carnoso J flores blancoazulinas que aparecen en el invierno; abundan en el Norte y Centro de Chile.

I o2


Son los tontos, pero acuĂŠrdate de cuando pasa una' oleada de menta o huele-de-noche o de la varilla brava.

-Esas, bah, salen solitas ;nadie las riega ni planta!

1o3


. 8

ALAMEDAS

L a s alamedas nos siguen y nos llevan sin saberlo

por su abierta vaina verde que canta de su aleteo y ríe y ríe feliz con risa que es regodeo, con sus troncos entadiados y sus brazos en voleo ...

La ienta y desenrollada nos lleva, de magia adentro, como el Rafael arcángel en un inefable arreo, y la marcha nos festeja a risa y cascabeleo.

¿A dónde será que llevan para que así las crucemos como un corredor de gracia que muda la marcha en vuelo?

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LUZ DE C H I L E

i Q u é tendrán las piedras pardac y los pedriscos y el légaino que al rnás cascado lo llevan alácrito de ardimiento? Es como que el Valle hace de camino y de viojero y nos lleva liberados de jornada y de aceceo.

La luz viva travesea a donaire y devaneo y da mirada de amante rica de descubrinzientos. Prendidos a lo que amamos vistas ni aromas perdemos y por la luz que tuvimos de rntiertos seguimos viendo.

Hermana loca la Ruta, Madre Luz. y Padre el Viento, y tu Norte aventurero no me faltéis que voy sola con un kuemul y un pergenio.

Lleva un lindo trotecito el ciervo en AbeZ contento

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y el Valle se nos anima de sus locos corcoveos.

Por fin la sonrisa sube al indio en corto chispeo y a los'tres ya no les pesa el mundo que recibieron.

La luz del Valle Central es la que nos da ardimiento, hace ver el maizal en muchachada que danza y las melgas de frijoles son un baile de muchachas.

Ella muda el nispernl en cargaz贸n de luceros; de la higuera hace matrona inm贸vil por regadora; de cada piedra hace otra que es Reina y camina...


MANZANOS

L a manzana como niña se columpia en lo escondido y su olor, de dulce y manso, no arrebata los sentidos. Huele a gracia y a bondad cual la menta y el tomillo. De lo dulce que comienza para en mejilla de niño, y juran los forasteros que ella es lo mejor que hubimos. Nos retiene todavía el manzalzar alto y fino, será que se da con gusto al que lo abaja sin ruido y no le rompe la rama ni lo agita y ataranta, porque defiende los nidos.

-¿Sabes tú? Los extranjeros nos disputan lo que hubimos pero cubren de alabanzas la manzana que les dimos. Plántalas en cuanto crezcas, no estarás arrepentido. -Mama, repite otra vez aquello, aquello que has dicho,

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gzie vamos a tener todos sí, sí, huerta ... o huertecillo. Pero tanto tiempo dicen eso mismo y no ha venido.

-Cree ahora a quien lo dice. la huerta viene en camino.

-¿Camino?

-Si, ya se acerca. Está llegando, mi niño.

110


I I 1

SALVIA

,

v a m o s pasando un campillo como bañado de gracia, apretando sobre el pecho como a tórtolas robadas, el hálito de la menta el ojo azul de la salvia, el trascender del romero y el pudor de la albahaca. Corto con la mano de aire, corto como desvariada y, voleando el manojo, les miento sus cuatro patrias; la Castilla y la Vasconia, la Provenza y la Campania.

'

Llegué al punto de su flor y sus bodas azuladas. Toda hierba amé, pero ésta siempre fue mi ahijada. Lento el hálito, ojos dulces y este fervor que las alza. Aquí estoy mirando cuatro bultitos de encuclilladas, tan atentas con sus dulces cuellos de niñas alzadas.

Matas de azul no engreídas, en su hálito bakmeadas,

111


así apresurando azules y volando aligeradas.

Esta siesta se la doy y ellas me la dan sobrada. Aunque les vuelvo sin bulto, mera señal, bizca fábula. ¡Qué bien que estamos así por el encuentro arrobadas! Sobran la ruta y las gentes y el tiempo que antes volaba.

112


r

MANZANILLAS

E iias

cogen, cogen, cogen,

sin manos las manzanillas,

y son no más que juguetes del aire, o no más que niñas.

Apenas dejan detrás al viejo con lagrimeo, apenas van don invierno a meterse en su agujero, haciendo d a s que son nada» ni van a ser en el huerto, se están viniendo, se vienen y apuntan como en secreto.

Tan negra, tan fea y muda que Mama-Tierra parece y de donde irán subiendo las que de pronto aparecen. Ay, les torcimos el nombre y ni llamadas se vienen. Y cuelli-alzadas y atentas, ya no miran ni se vuelven. Cuando pasamos mentándolas apenas si se estremecen.

Margaritas, margaritas, no aquellas otras que huelen

113


L A RUTA

jQu> tiermosa corre la rkta de Rape1 al río Laja antes de que lluvia o nieblas la pongan bizca o cegada! Sin brazo alzado conduce como nos lleva nuestra alma, y va recta a su destino si los Andes no la atajan o le tuercen la aventura como al amante y la amada.

Y esta ruta no va, no, desnuda ni solitaria: va asistida de poleos, de hierbabuena y de salvias, adulada de alamedas o silabeada de cañas.

Por que de rasa y Iampiña

no haya * tedio la cuitada,

'

y por que la vagabunda

no pare en desesperada, sigue, sigue, sin relajo, como loca o embriagada. [Qué obsesión y voluntad

* Haya en la acepción arcaica de *tengan.

117


la cogió, la lleva y manda para que no la detengan la tormenta, la nevada, el torrente, la pedrera y el rodado que la alcanza ... V a zurcida de charoles como la carne estropeada y, a trechos, suelta unos visos como de anguila empapada. Por fin a la noche llega libre de tropa y muladas y la restaura el rocío de la ancha noche estrellada.

Todos los co!ores caen a la sierva y IA humillada; ella asusta en los ponienfes lamida de cobre en llamas y en noches de luna embruja cual Sulamita azulada. Pero es más la hlujer-Ruta en sus estameñas pardas, nieta de Tahtlantinstiyo sin facciones, voz ni nada, Mama OCllO C A r g A d O r A , toda silencio y espaldas, sin contar cuánto se sabe por más que sepa mil fábulas. [Lleva, lleva y aunque arribe nunca duerme en las posadas y del amor'que la lleva será que corre embriagada!

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Tan fiel que lleva, por más que mude nombres y caras,


desde lo llano a lo pino, voluble de alucinada y en loco garabateo de conflictos y de alianzas.

Los que marchan van alertas como van las vivas aguas... que la cuesta que el atajo, que la gran piedra rodada, que el tronco de laurel roto, que el granizo, que la escarcha Htímeda, enjuta, callada, recogiendo va las huellas nuestras, como hijas amadas, y sin fatiga ni tedio las recueiita en las paradas: madre nuestra en lo paciente, lo fiel y lo resignada.

...

Días y días conduce sin voluntad, como el llama,

y de repente la odiamos por lo morosa o la larga, y cuando ya nos rendimos tornará nuestra jornada pues de pronto no la vemos ni oímos más nuestras plantas y empieza un andar dormido de Eternidades bienhadada, y mujer, y bestia y niño, como del viento llevados, bruscamente despertamos en una aldea impensada o en unas huertas que huelen a vendimia consumada.

119


F 1

~

-

A ratos, la Ruta chilla por el carro de manzanas, o el ‘tractor que va gimiendo de maderas embalsamadas; y la ofenden la tropilla y el mayoral que la canta. El mayoral de los Andes nos mira empinado el ceAo -blanca el ansia, blanco el logro y los -escondidos fuegos. Con alburas paternea y nos aguza el deseo y sin brazos nos sostiene como los dioses sin cuerpo. Están haciendo el curanto * mujeres encuclilladas y lo hacen para alegría y perdición, los cuitados y las cuitadas que silban y ríen enajenadas. Todavía quien se acuerda da con mano rebosada, lo mismo si el hambre es Angel que si es gente perdularia. En donde no son ciudades pasa tal como pasaba: que dos miradas se cruzan, piden y dan sin palabras y una cena de patriarca llega como fabulada...

* Ctironta, guiso de mariscos, catnec y legumbres, cocidas sobre piedras calientes. Se p r e p i especialmente en Chiloé, en el Sur de Chile.

120


F-

A pesar de tiempos duros y Padrenuestros que fallan, hacienda o rancho responden al grito o a las palmadas. /Bendito el Dios que está vivo y abaja tranqueras altas y la cara del disco de oro . que acude como llamada trayendo la taza humeante que a los hambrientos alarga! Danos un respiro, tú, Ruta-chasqui * sin paradas, oye que en el viento viene un rasgueo de guitarras, y mujeres que las tañen entre ardientes y quedadas. {Lo mismo te da aguardar que llevarnos apurada!

Suelta, Ruta, la tropilla, que por f i n se ve una granja en donde están ordeñando a gemelas rebosadas. El señor que caminó probaría estas jornadas y tuvo sed y pedía para toda su compaña. Mira que el campo será de Abraham, si nadie ataja ...

La mi bestiecita Iiarnbrienfa éntrese por las cebadas,

* Ruta chahqui. Correo dc los I n ~ . i s ,andarín

121


porque vamos a pedir a la dueña de vacadas como quien cobra en el flanco materno, leches sobradas.

Allégate, el indiecillo, coge por ti y la compaña., Hambre que tienes no dices y siempre hay que adivinártela. Pide, que el indio no niega, tainpoco los cca-as-pálidas» *

Come lento, bebe lento, que por las veinte semanas no sabemos cortar pan ni beber espumas altas; y entre un sorbo y otro sorbo, mira a la mujer callada, que en el temblor es María y en lo preferida, Sara, y ve los brazos ligeros que siegan, al sol que abrasa, mientras yo iizascullo algo parecido a acción de gracias.

.Caras palidarx. Apodo que los indios dan a 10s conquistadores espanole;

122


1 E s t e día ya no digas más, que me la sigo viendo y se me van a quedar en los ojos veinte cerros. ¡Es la Patrona Blanca que da el temor y el denuedo! -¿Por

qué no se acuesta nunca

y no se baja? N o entiendo.

Y o jugaría con ella, con susto, pero riendo; mas ella está encocovada y nunca, nunca baja a vernos. La grito por si responde y apenas contesta el eco. ¿Y siempre va a estar así, mama? ?Por qué estás viendo?

-Porque a la vez, tú la quieres y a la vez, le tienes miedo.

,

Dicen que el cordillerano rizanuí leche de dos pechos, el uno blando y florido, el otro taimado y recio. La madraza de ojos fijos sólo les copiaba el gesto, y el vendimiador contento y el fatigado minero,


rostro dichoso tenían contando en hijos sus cerros, y y o bien me la tenia en las veras y en los sueños.

-‘ifai72a, pero eso que no habla CcÓJiio es que algo te decía?

-No eran palabras, con gestos iba diciendo y diciendo...

-¡Qué cara pones, la mama, y lloras y no es de miedo.! Y ahora a causa de ti siempre voy a estarme viendo lo mismo que tú, y a urdir con ella veras y cuentos ...

Aunque queremos la Ruta varia, ardiente y novelera, y al mar buscamos oír el duro grito y la endecka, pasa siempre que volvemos el rostro a la Madre cierta. Cuando decae la marckn y la garganfa iadea y nos miramos, rtí, Ciervo, y yo, la apunta-senderos, cae la vista rendida, sin buscarlo, sin sciberlo, sobre aquella Dama Blanca que mira y mira sin gestos, y la divina y la fiel, puro amor y seguimiento,

124


mirada nos devuelve, como amando y entendiendo.

10

-¿A ti te ha querido, a ti, que me pones ese gesto?

-Tal

vez. Eso parece

un sí y un no al mismo tiempo.

Andando va con nosotros como un sueño verdadero, casi tocando el costado la duefia de nuestro5 cuerpos, coms tina sola alma fiel y con semblantes diversos.

Mirando recta hacia el niño, haciendo señas al Ciervo, y cerrándoseme a mí en un nudo que le entiendo, mi cordillera camina con SUS carnes y sus huesoi.

Centaura y costumbre nuestra, divina bestia sin tiempo, aupada por el Espiritu y abajada por los miembros, así, entre Dios y nosotros, existe en Pillán de fuego *.

* Ptlldn.

Una de los dioses de los indigenas

125


Cada uno de nosotros la va ignorando y sabiendo; le va hablando con la marcha y con el entendimiento, punzados y enardecidos de su llameante arponeo.

Sin abajarse nos cubre, ltícidos vuelve a los ciegos, y en el tumbo de la sangre nos amartillea el pecho: alto yunque que nos hace medio Arcángel, medio Hefesto. i' así nos labra y nos urge a filo de piedra y hielo.

Enderezados los tres o sin alzar nuestros cuellos, lo mismo la liabemos como al Dios de tactos inmensos: la desvariamos dormidos y la sabemos despiertos.

Su vertical nos retiene o nos silben sus faldeos que los tres le repechamos en Pasión o regodeo. Nunca la alcanzanios, pero en el soñar la tel?emos.

Vamos unidos los tres y es que juntos la eníendemos por el empellón de sangre que va de los doc al Ciervo


v--*

y la lanzada de amor qiie nos devuelve, entendiendo, cuando los tres somos uno par amor o por misterio.

127


L A MALVA FINA

En

la hiierta de Mercedes, que da su olor desde lejos, lo que s u dueña más quiere y mima e5 la rmalva fina». N o la ves sino abajáizdote, es persona escabullida, ipara que se ha de mostrar SI a tres paJos se adivina, y la brisa más delgada su nombre susurra y mima y su aliento dice y dice «malva fina», «malva fina»! -Ya, ya, pero si la cojo, también tú por ella gritas. -Tómala,

pero en poquito

A ella la hicieron esquiva y cuando la manosean,

se duele como una niña. -¡Un

solo gajiio, uno!

-iCómo

huele la bendita!

-(Por qué, mama, tú no tienes ni un jardín, ni una matita


y eres errante y caminas, as!, con manos vacías?

.

-Menos averigua Dios * que me crió peregrina. N o vas a olvidar andando esta parada, esta cita que tuviste en el camino con yuyos y malvas finas. Cuando sea que sosiegues, cansado de polvo y vía, y de esta mujer-fantasma que se venía y se iba, van a llegarte oleadas de juncos y malva fina. Y o sólo vendré si acaso me cuentan que aún caminas, porque como no me dejan colarme por ias «másías», sólo volverás a verme si con un grito me obligas. [Yo estaré a tu lado como la perdiz que en casas crían y, aunque ni me oigas ni veas, oye que bajo a la cita!

-¡Qué

cosas dices, qué cosas!

-;Ay, es cierto, y te vas yendo y sigues y sigues, si, ya ... apenas si te veo! ¡...Pero te vas alejando,

* El

refran dice <Menos averigua Dios y perdona..

130

. I

i i


ay, mama, te vas perdiendo! U n poquito todavía...

Ibas conmigo, sí, ibas y yo sólo te seguía. Será cierto que no eras como la gente decía. Ya no te veo, ya va tragándote la neblina, tal como se fue la mama. Devuélvete, no me dejes.

Nada quedó, niebla indina y unas mujeres que grifan: {Era cierto, sí, era cierto! Y me van llevando ahora y gritan que yo las siga. Pero, ¿por dónde ella va? Y'si no es, ¿por qué camina?

Me llevan para sus casas mcuras como las minas y no la voy a ver más, iigtral que la madre mia! ¿O era ella? -Sí, era ella, gritan éstas. -/Qué mentira!


RAICES

E s t o y metida en ia noche de estas raíces amargas, ciegas, iguales y en pie que como ciegas, son hermanas.

Sueñan, sueñan, hacen el sueño y a la copa mandan la fábula. Oyen los vientos, oyen los pinos y no suben a saber nada.

Los pinos tienen su nombre y sus siervas no descansan,

y por eso pasa mi mano con piedad por sus espaldas.

Apretadas y revueltas, las raíce alimañas me miran con unos ojos de peces que no se cansan; preocupada estoy con ellas que, silenciosas, m e abrazan.

Abajo son los silencios.

En las copas son las fábulas. Del sol fueron heridas y bajaron a esta patria.

133


No sĂŠ quiĂŠn las haya herido que al rozarlas doy-con llagas.

Quiero aprender lo que oyen para estar tan arrobadas. Paso entre ellas y mis mejillas se manchan de tierra mojada.


-Oye, (qué gime o qué llora? Dime, dime, (qué le pasa? Corre adentro del trigal pero a trechos se descansa. Es más grandota que pájaro y lleva críos. (Es mama?

-A esas que corren las mientan la Keu y la «Copeteada» y andan desde el viejo tiempo de poetas alabadas. iY tú te ibas, como loco, a coger a la cuitada! Mírala, ella va corriendo para cubrir su pollada.

-Mama, ve, no es para tanto,

le tocó ser gorda y parda.

-La hubo también y la hay rojiza y aleonada. Yo me quiero a la nortina copetuda y agraciada.

-Mira qué gracia le da lo de estar toda jaspeada.


Y a no se ve, siempre, siempre, ha de pasar que me llamas en el momentito mismo de darle la manotada. ¡Cada bicho me lo asustas y yo regreso sin nada!

-¡Ay, tienes tiempo sobrado para hacer la villanada! Los hombres se sienten más hombres cuando van de caza. Yo, chiquito, soy mujer: un absurdo que ama y ama, algo que alaba y no mata, tampoco hace cosas grandes de ésas que llaman «hazafias».

-Es que t ú no eres «de veras», y andas ... sí, como trocada. Reptteme el nombre de ésa.

-Tiene varios. Keu la llaman. Keu, Keu, allá en Atacama, tuya i mía. Di: «Keu, Keu». ¡Tiene no sé qué de gracia! En cuanto suben los trigos y el maíz bate su caña, un rumorcillo va y viene que nos vuelve y que nos para y nos persigue la vista y a los tres ;?os ataranta.

Es doña Perdzr: que busca como comadre azorada, 136


porque, joye! la ambiciosa tiene el nido y la pollada. Vuela y corre, para y sigue de tres críos azorada. Y menos vuela que corre, porque ella nació pesada. Corre y vuela con el pico lleno de trigo y de granza.

-Mama [pero qué nial vuela! jcasi la cogemos, mama! Con que corramos ligero le atrapamos la nidada.

-Pero vuelan, sí, también, por la estación azoradas las grandes señoras que llaman apenas «torcazas» y que son gruesas y hermosas como las mejores damas. [Qué úien comidas parecen, qué cortitas, pero qué anchas, con nutridas plumazones como de manos pintadas! Ellas a la vez parecen señoronas y aniñadas... Un gritito corto nos denuncia a las azoradas y corren y medio vuelan a la vez torpes y rápidas. [Qué vocecilla que tienen estas señoras pintadas! N o te pongas a correrlas, porque a la madre atarantas. Y a basta con que el hambriento las rastree hasta encontrarlas.

137


Ya corre, ya te despista, ya se pierde, ya está salva.

Oyeles el tierno pío que es mitad queja y llamada. ;Cómo podremos tumbar niña tan llena de gracia!

Se ve su <(postura” con cuatro huevecillos: jnada! ¡Qué está cayendo la tarde y vuelven a la nidada! Una quisiera tenerme sobre el pecho o en las faldas, pero si me las atrapo /qué vergüenza de la hazaña! Chiquito, esa es la tórtola, siempre corriendo apurada por los «mallioras» que pasan con diez hambres atrasadas. Mejor fuera, si las cogen, llevarlas a nuestras casas, casi, casi, casi mansas.

-Mama,

parece que lloran.

-Cállate que se atarantan. Unas medran en la puna y otras viven en las playas. Y o creo que son los trigos los que las cubren y amparan. ¡Ay, ay! me dan tal mirada que apenas las he cogido me las suelto avergonzada...


--

-Te pones tonta tú, dámelas. ¿ N o ves que cuesta atraparlas?

--jAlz! jtanzbién tú? Sí, también te aficionas a la «hazaña» de matar cuanto te encuentras por cerros y por llanadas.

-Pero si todos ios niños, toditos, te digo, matan. ¿Qué se te ocurre que coman si está ia carne tan cara? .

-Ya

me sé la cantilena.

-No te vuelvas chocha, mama, ellas se comen la hierba como unas desesperadas.

-Deja que maten los otros; tú, mi chiquito, no lo hagas.

-Como t ú no comes nunca de esto no comprendes nada. T e hago ’caso algunas veces cuando hablas como hablabas, cuattdo eras de carne y hueso y vivias en las casas... Ahora las gentes dicen que eres cosa trascordada.

..

139


-/Cómo te echan a perder las comadres cuando te hablan! Eres uno caminando conmigo, la mano dada, pero en cuanto te me escapas, te me vuelcas como un jarro y mudas de rostro y habla.

-Oye, pobrecita, óyeme: ahora ya sé lo que pasa. Me han contado las comadres que tú eras, que tú fuiste, que tuviste nombre y casa, y bulto, y país y oficio; pero ahora eres nonada, no más que una «aparecida», bulto que mientan fantasma, que no me vale de nada.

-

-Sí, mi niño, yo sabía que vendría una mañana en que t u manita diestra se soltaría asustada de palpar y darte cuenta de que es mano de fantasma ...

Y o te vi sobre el desierto como la liebre extraviada y bajé, sin más, bajé como la flecha apuntada. Los hombres no quieren, no, ver que marchan con fantasmas, aunque así van por las rutas y viven en'sus moradas.

140


Y o te dejo, sin dejarte, yo habré dos vidas bizarras; llevaré el color del aire y del mero aire las hablas. Te haré cantar a la alondra porque no escuches la rana; te enseñaré a deletrear la callada Vía Láctea, te haré olvidar en el sueño a la muerte malhadada.

- O y e , por qué a veces, vos calláis, mi mama-fantasma, y parece ....sí, parece que contra algtrno porfiaras. Y o no veo a nadie, pero es como que a alguien hablaras. Sin razón de cargar nada, el andar se te relaja. Parece que respondieses y yo no veo a quien hablas.

-Menos te pregunta t u ángel guardián y te cuida y calla... ¿Y para qué has de saber el nombre de tu «compaña»? Muy bien que nos avenimos, legua a legua, marcha a marcha. Cuando se muera el camino como raya cancelada y llegues tú adonde ibas . te lo sabrás sin palabras.

Vuelva la cara a t u diestra que hay un árbol de castañas 141


y puedes encaramarte y no te va a pasar nada. Yo de abajo te sostengo sin mĂĄs que darte mi'espalda.

-;Pero tĂş no tienes fuerzas, mama. N o tienes ni espaldas!

142


r

CASTARAS

-Trepa sin miedo, loquillo. no precisas de m i espalda.

-¿Quién

Ibs tiraría, quién,

y se las dejó olvidadas?

-Será alguno que se hartó y le quedaron sobradaCógelas, no tengas miedo; son sabrosas, «come y calla». * Lo qne está sobre la ruta no se cobra ni se paga.

-¿Y no será que también lo 'rle la ruta se paga? M i madre decia que en el mundo no se da nada.

-No acertaba, no, la ley y el aire, y el kilo de agua, y los cantos de los pájaros, y el chañar y la «tunada»

todavía son de Dios: tú no digas bufanadas.

* Popular. en el sentido de %obedecey no repliques>.


-A que ttí no puedes, no, ir quebrando las castañas. Sí, no puedes, porque no eres mujer, sino que eres «ánima),.

-Pero yo no te doy miedo sino a ratos. Marcha, marcha y deja la cantileiza: que, al fin yá me dices «mama».

No quebrarlas con tus dientes, tan lindos con tu «risada».

Coge dos piedras partidas. Así, así, ve cómo saltan.

144


MARIPOSAS

En

pasando el frio grande las mariposas han vuelto y en el aire, amigo, va un dulce estremecimiento y las hojas del romero baten de su ángel sin peso, un ángel garabateado como por veras y juego ...

Alocadas, desvariadas, ya cayó muerto el invierno; ya va huido hacia los sures, desprestigiado y maltrecho. Y la Tierra buena moza, con sus percales devueltos, estú así, como aturdida de canto y luz y cerezos; la explosión de los aromos, el sonreír de los huertos, y el brazo de las montañas que celan sin pestañeo. Y hasta el ciervo atolondrado de tanto mirto y cerezo, huele con el belfo en alto el aire de olores densos.

Y así, polvoso y rendido, corre por cuatro senderos 14.5


"

T

y de verle el mismo y otro yo comprendo y no comprendo.

También tú, niño ganoso, ya corres ocho senderos y de ser otro y el mismo, contigo casi no puedo. Al fin se suelta tu lengua, ahora, boca con miedo, me atarantas a preguntas y pareces indio nuevo.

Hablen y digan los míos y canten en locos sueltos. En todas las estaciones el cantar aviva el seso y pone a danzar el alma como en su día primeuo. Y o también, mero fantasma, estreno unos ojos nuevos...

Gea siempre tiene más palmas, alerces y cedros; nosotros disminuimos con cada soplo y aliento; ella muda, crea, alumbra, nosotros anochecemos. Ella se queda; nosotros «pasamos como los sueñosD. Llegamos un día, al otro ni «somos ni parecemos».

1to

*----m


MAITÉN

.

D o n d e empiecen humedades de oscuros suelos de riego y salte el primer maitén, la siesta la dormiremos. Mira el maitén, miraló, diaguita labios sedientos. En el verdor él es mozo, en lo amparador, abuelo. El entrega su verdor como cascada en despeño ' y en la siesta vale más que alerce y que piñonero.

Mira el maitén embobado el hijito del desierto y la bestezuela mueve el rabo en caracoleo.

147


GARZAS

Quiere la gana de algunas que en mi conflicto de garzas yo me olvide de la gris y me quede con la blanca, pero tengo tentación de quedar con la agrisada. Tanto, tanto, tanto vi. Vendrá mi hastío del blanco de mis nieves apuradas; vendrá de que en palomares mimo siempre a la azulada; , vendrá de que el gris-azul me acaricia la mirada. Pero la blanca se tiene tanta leyenda dorada tanto la han cantado que la van volviendo sagrada. Y ya me cansa de fría, de perfecta y de alabada.

149


FRUTAS

El

valle Central estĂĄ, como los mostos, ardiendo de pomar, de duraznales y brazos de cosecheros a trabazones de olores, coloraciĂłn y fermentos.

Los tendales de la fruta llaman con verdes sangrientos y a golpes de olor confiesan los pomares y el viĂąedo, y frutillares postrados sueltan por el entrevero un trascender que enternece por lo sutil y lo denso. Todo se mueve en un vaho que nos pone el andar lento por ver y por aspirar en lo emboscado o confeso y atisbar rostros y espaldas volteados, de cosecheros.

Los troncos parecen vivos de mvzuelos y mozuelas que trepan y que despojan a saltos y a lagarteos.

151


Y los cestos van y vienen con el peso y el arqueo del vientre de nuestras madres y son inaravillamientos la piel del albaricoque, la pera, la piña al viento.

Lindas que pasan las granjas, trascendedores los huertos; pero nosotros no somos ni señores ni pecheros y nos vamos adentrando, a maña y a manoteo, en busca de hierbas locas, altamisas y -poleas, en la greña y la maraña por antojo nos perdemos, entreabierto y pellizcando pastos que no supo Hornero.

I 5-


~

FRUTILLAR

V u e l a un olor delicado y tímido y placentero, delgado como la brisa, íntimo como el aliento. Lo había olvidado andando campos de olores violentos que se dicen y declaran casi, casi como un grito. Si, sí, ya no recordaba este aroma de embeleso.

E s el frutillar tendido que crece callado y lento, pero en la estación del fruto se declara desde lejos y hace torcer el camino al distraído o al lelo.

El bulto del frutillar se disimula en el huerto y el pobrecillo se ignora que su olor de cerca o lejos lo denuncia y lo declara y siempre lo está «vendiendo». *

1

* Vendiendo por .delatandor.

II

~~


-Abájate, mi chiquillo, hay frutillas que estoy viendo. Abájate, coge pocas y deja algo a los que vienen, y cógelas con cuidado que él se tiene sus recelos.

-Otra vez vas a decirme que el frutillar tiene miedo.

-Si, que lo tienen por unos que lo revuelven sin seso.

-Voy, voy, pero te descansas. Que no te rindas. Parece y que tu cuerpo no es cuerpo.

Por eso ya voy creyendo que eres fmtasma sin sueño. Pero te sigo y te sigo y de tanto acompañarte itii no lo ves? Ya te quiero

...

No cuesta nada coger frutillas, aquí las te;zgo.

(Qué no las comes, que no?

Son maduras, estás viendo. Las hueles, las vas contando y no las comes. No entiendo.

Y te pones a entonar y ese canto es extranjero. (De dónde te lo sacaste? No cantan eso en mi pueblo.


-Es que yo quiero que cantes para acortar el sendero. Aunque siempre lo hice mal, yo canté con alma y cuerpo. -Tú

quieres decir, repite, Mama,

ryo canté con alma y cuerpos.

-Mal se portó mi garganta, poquito menos el cuerpo. Unos me decian jsigue! otros me daban denuestos. Ahora me vengo acordando, porque cansado te veo, que aquel cantar me aliviaba de mucho, casi de todo, todo, todo lo olvidaba. Las gentes se me refan de la voz y las palabras y yo seguía, seguía

...

2


CHILLAN

L a ciudad de amansaderas, curtidores y alfareros, tiene tendones heridos y un no sé qué de lo huérfano, y a medio alzarse nos cuenta de su tercer nacimiento.

El Volcán baja a buscarla como quien busca su oreo. Pero ella, que es mujer, le hurta el abrazo tremendo, y de todo tiemp.0 dura su amor sin aplacamiento.

El juega en todas las rondas, vuelto niño de su tiempo. Da a Eduardo su romance y a Manuel sopla sus cuentos y a Pablo le hace cantar su más feliz canto nuevo.

El baja por no olvidar la Cordillera, la madraza araucaria, le feria del chillanejo.


Y cuando baja, lo sigue por la vertical del vuelo Doña Isabel," y se adentra por éste y el otro pueblo donde un corro de mujeres baila bailes de su tiempo; y entre una y otra danza, nos averigua si habernos más pan, más leche y contento. Y ahora le vamos a contar que cunden cosas y puertos.

Doña Isabel * se retarda, Bernardo vuelve contento y después, después, los dos vuelven tejiendo el comento.

Es la presencia callada y viva, es el largo aliento de uno que vive en mundo como un sacramento que en la caída nos alza y en la lentitud da el vuelo. El frecuenta a los ancianos y llega a los nacimientos, y acude a las bodas y amortaja a nuestros muertos. Por la feria de Chillán donde rebrillan en cercos maíces, volaterías, riendas, estribos, aperos,

* Referencia a Isabel Riuilme, madre del héroe máximo de la independencia de Chile, Bernardo O'Higgins.

13A


r--

. cruzaremos sin pararnos y azuzados del deseo, porque la que va en fantasma voz no lleva ni dineros.

Arden eras chillanejas. Todo Chillán es fermento. Toda su tierra parece ofrenda, fervor, sustento, .y salta una llamarada que nos da a mitad del pecho. Ternuras balbuceamos al Padre, oídos abiertos, y El mira y oye a sus tres carrizos calenturientos.

Dejen que lo mire largo en el último reencuentro, que lo beba fijamente hasta que imposible sea verlo y que sus memorias vayan bajando como en deshielo.

Por esta tierra que mira con pestañas abrasadas y unos barbechos de oro y un irascender de retamas.

Encumbraría el Bernardo cometas pintarrajeados, mestizo de ojos de lino, hombros altos, cejas bravas.

.


Voces de doña Isabel venían en la venteada. Pero tirado en maíces el mozo oía otras hablas, la oreja puesta en la tierra y la vista desvariada. A otro grito el cimarrón apenas se enderezaba, y volvía a dar la oreja a la greda y a las pajas v a lo que ellas le decían.

Doña Isabel lo quería suyo y lo mismo la Parda, y el Bernardo entre las dos como un junquillo temblaba. La Parda se lo luchaba y de vuelta, trascordado, las dos sílabas mascaba y sería de esa brega la luz que lo iluminaba.


BOLDO

Pasaremos alborotados de una ola de fragancia. Demorar, mi niño, el paso, gozar al aire su gracia. Tan austeros como viejos druidas en acción de gracias, convidando con su gesto a tomarlos de posadas. Mienten sus hojas por rudas que no son cosa cristiana, pero vuelan por el mundo sus hojas hospitalarias. ' Corta, ponlas en t u pecho, aunque son duras, son santas y responden al que pasa con su dulce bocanada.

-Dijiste que donde son los árboles cosa santa alli vamos a dormir y a recogerles la gracia.

-Sí,

sí, chiquito, olvidé,

Yo me Ilamo «TrascordadaD. Aquí se duerme sin pena doblando la trebolada. Agradece, cara al cielo, resplandores y fragancias. 1 cli


.

-

_.

““ [Qué mal que duermen los hombres en su agujero de casas! Se desperdician las yerbas y la ancha noche estrellada. Acuesta al Ciervo con cuido [No se vaya de jarana! Lo rodeas con el brazo y le resobas la espalda.

-Se llama lomo dijiste. CVes como estás trascordada?

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NOCHE ANDINA

L a noche de nuestra Patria de estrellas acribillada en cedazo a lo divino está colando las almas. Hierva así del esplendor como una Escritura Santa. <Por qué será que dormimos cuando ella áice palabras que el Día se desconoce y que sólo de ella bajan?

Tanto fervor tiene el cielo, tanto ama, tanto regala, que a veces yo quiero más lu noche que las mañanas.

-¿Qué dices, qué, mama mía, que no quieres la mañana?

-¿Es, que sabéis nuestros nombres más que se los sabe el alma? , ¿Qué miráis y qué veis, para palpitar como azoradas? O es que sólo nos decía: Olvidad vuestra jornada para que olvidada se alce la memoria trascordada.


Arde, palpita, conversa la Madre Noche estrellada, anula faenas, cuidos, y borra ruta y jornada. Era mentira que el Día canta, cuenta, y sabe y ama. Es la Noche la nodriza que sabe, y que vela y canta, la clara y profunda noche de las manos alargadas. Nos habla el tapiz de fuego con urgidoras palabras. Parece como q14e cantan, de nuestro amor embriagadas. Ay, perdimos en un tiempo que la memoria nos guarda por culpa que no sabemos la lengua en que nos habla. Las estrellas sigiien dando en densa leche dorada sus pulsaciones ardientes sÜ exigencia apasionada. Juntad las señas dispersas y que bajen en palabras. Arded más por ayudarnos. Ya casi sois llamaradas. Ya parece que cantáis una estrofa única y alta.

-No deis más, que somos sólo un niño, un cervato y este atribulado fantasma. -Mama, no sigas hablando, me pones susto en el sueño.

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CONSTELACIONES

E l Toro, el Toro se siente dueño de Tierra y de Cielo. Será que mira de lo alto vencedor siempre al violento, pero la ley de la Tierra no le vale para el Cielo: y él dura y dura embistiendo sin alcanzarlo al Cordero y su mugido no asusta ente alguno de los cielos. Y el otro, el Cordero, bala como un dulce niño eterno.

Aunque nos cuenten que luchan coino locos los Gemelos no te lo creas es que juegan en un confín de los cielos.

El Cangrejo asusta, pero sólo te crispa por feo y es escándalo en el cielo. El León brilla y gobierna el ímpetu que le dieron, pero es un cruzado que mata árabes bandoleros... Y dura y dura su lucha en la Tierra y en los Cielos

...


c

'

La Virgen, mírala tú, está a las madres durmiendo y suelta a gajos canciones de cuna, que íe bebemos, y esa canción por el gusto y el dejo la conocemos.

La Balanza es poco amada de ladrones y violentos y aquí abajo, cada día, nos la herimos sin saberlo.

El Escorpión te lo sabes cuando hay en la ruta un muerto y le cerramos los ojos cargándolo hacia su pueblo. El Sagitario,

ése aptrnta a cosas que no sabemos, pero nunca alcanza el blanco y lo derrota el misterio.

Al Chivo, señor de ovejas, lo llaman Contra-Cordero.

Acuario, el dueño de fuentes, es el Aguador del Cielo.

166


.-

L A TENCA

c o m o que ella nada fuese por la color deslavada, quédate bajo el perul hasta que cante en su rama.

-¿Y cuánto espero? ¿Hasta que de cantar le dé la gana?

-Pero no nos ve y por eso ya empieza desaforada.

-Mama, mejor canta el tordo cuando mira a su nidada.

-Qué ganas de hacer disputa, mi niño, cuando eso canta. Aunque cantaban arriba, yo bajé de donde estaban y bajé, chiquito, sólo por ver mi primera Patria, y porque te vi vagar como los cuerpos sin alma. Calla tti ahora, que ya no revuela y canta y canta. ¿Le has matado alguna cria? Di.

167


-Pero

esa no cantaba.

-No cantan cuando es tu antojo, sino haciendo la nidada.

-Tanto que ya me ensdñaste, pero no a cantar tonada. ;Tú no aprendiste a cantar con ésos que arriba cantan?

-Cuando ya calle la tenca sigues tú. ¿No dices nada? Tan lindo cantó la madre que yo, fijo, la escuchaba, trepdndoine a sus rodillas y escuchando embelesada. El canto no me dormía, que fui aiña desvelada. Pero calla y déjame oirine esa bienhadada. .

-¿Bienhadada dices? -Sí. Tal vez ellas tengan hada.

-Pero fuiste tú la que me contaste que no hay hadas.

-Porque

querias hallártelas

y no se buscan, que se hallan

168

...

-Siempre, siempre t u diciendo un sí y un no. (Por qué, Mama?


-Porque algunas cosas son a la vez buenas y malas, tal como ocurre con hojas de un lado aterciopeladas y con el otro te dejan con la palma ensangrentada. Casi no parecen hojas, parecen mujeres malas.

169 12


r-' ' CAMPESINOS

Todavía, todavía esta queja doy al viento: los que siembran, los que riegan, los que hacen podas e injertos,

los que cortan y cargan debajo de un sol de fuego

la sandía, seno rosa, el melón que huele a cielo, ' todavía, todavía no tiene un «canto de suelo,.

De tenerlo, no vagasen como el vilano en el viento, y de habéimelo tenido yo no vagase como eiíos, porque naci, te lo digo, para amor y regodeo de sembrar maíz que canta, de celar frutillas lento o de hervir, tarde a la tarde, arropes sabor de cielo.

Pero fue ew vano de niña la pela y el a. ileo, y en vano acosté racimos en sus cajitas de cuento, y en vano celé las melgas de frutillares con dueño

...

171


porque mis padres no hubieron la tierra de sus abuelos, y n'o fui feliz, cervato, y lo lloro hasta sin cuerpo, sin ver las doce montañas qrce me velaban el sueiio, y dormir y despertar con el kabla de cien huertos y con la sílaba lapga del río adentro del sueño.

172


Atín

vivimos en ei trance del torpe olvido y el gran silencio, eiztrafia nuestra, rostros de bronce, rescoldo del antiguo fuego, olvidadosos como niños y absurdos como los ciegos.

Aguardad y perdonadnos. Viene otro hombre, otro tiempo. Despierta Cautíiz, espera Valdivia, del despojo regresaremos y de los promete-mundos y de los don Mafiana-lo-haremos.

El chileno tiene brazo rudo y labio silencioso. Espera a rumiar tu Ercilla, indio que mascas recuerdos allí en tu selva madrina. Dios no Iza cerrado sus ojos, Cristo te mira y no ha muerto.

Yo te escribo estas estrofas llevada por su alegría. Mientras te hablo mira, mira, reparten tierras y huertas.

173


[Oye los gritos, los «vivas» el alboroto, la fiesta!

¿Te das cuenta? /Entiende, mira! Es que reparten la tierra a los Juanes, a los Pedros. [Ve correr a las mujeres!


FUEGO

Y a se acabaron las noches del verano que Dios hizo. N o hizo e2 amoratado invierno que escarcha nidos, que traba pies de perdices y amorata pies de niños.

Vamos a encender el fuego chocando piedras de río y acarreando gajos muertos de chañar y de olivillo. Vamos el niño y yo misma: jno cuesta matar el frío!

.

Aunque se apriete la noche como puño de bandido, en unos momentos salta atarantado y divino; no salta de nuestras manos, sube como de sí mismo.

-Mira

tú, ve cómo saltan

y ojean con gestos vivos.

¡Sí, si, sí! diceh al fuego, tocas de atar, en delirio. ¡Sí, sí, sí! dicen a la llama iy t ú teniéndole miedo!


-Mama, ríes como loca, ¿cómo es que no tienes miedo? Son unas locas de atar. idde dan miedo, me dan riiiedo!

-/Vaya unas locas de atar y tú teniéndoles miedo! -;Vaya tinas locas de atar y tti riendo, riendo!

-Pena de nifiito mío que llora de ver tin fuego. Seguiremos por hallar en donde duermas sin miedo.

-¿A dónde es que ahora vamos?

Dilo tú, mis cuatro miedos. Te asustas de una cascada, de trn forastero, del viento, te asustas hasta del susto que doy pasando los pueblos. ¿Qué hago contigo esta noche para que no tengas miedo?

El friego ntinca se muere, él espía entredormido,

malicioso el ojo de oro y subiendo repentino.

Por aquí anduvieron otros y habrá rescoldos dormidos, y si sólo son cenizas, comenzarlo da 10 mismo.

170


Y a vienen las ramas muertas y vienen a su destino; jueguen a alcanzar el cielo, sesteen a lo divino.

Juega al subir y al caer, juega al muerto y queda vivo. ;Ay! la hermosura caída del cielo... *

Cuando es que desaparece vuelve en otro y es el mismo. Todos danzamos por él y de É l desde que nacimos.

Está donde cabrillea en horno y brasero vivo, está en amor y dolor rojo-azul, dorado y fino.

Pena de dejar atrás cosa linda, padre fuego.

-Mama, por esto también será que te tienen miedo. Mama, me da miedo el fuego, tomamé, que doy un grito.

No vamos, que comeremos

lo amañado y recogido.

* Inconcluso en el

original

177


Las castañas gruñen, saltan del rescoldo, miedosillo. En comiendo dormiremos guardados de padres-pinos.

Y si también te me vuelves, niño trabado de miedo ¿con quién voy a caminar la tierra, s i es que yo vuelvo? jun hombrecito tan fuerte que llora porque ve fuego! Quieres seguir caminando, pero jdónde no habrás miedo?

-Paremos donde haya gente y yo pido alojamiento.

-Y te despides de mi, porque jcómo yo me acerco?

-/Ay, mama, a qué fue venir así, parecida a un cuento! Sigamos mejor, quién quita que encontremos otro pueblo.

-No repitamos la historia. Duerme, aquí de cara al cielo.


ES Q U E

Tú ME LLEVAS

-¿A

dónde es que ttí me llevas que nunca arribas ni paras? O es, di, que nunca tendremos eso que llaman «la casa» donde yo duerma sin miedo de viento, rayo y nevadas. Si tú no quieres entrar en hogares ni en posadas ¿cuándo es que voy a dormir sin miedo de las iguanas y cuándo voy a tener cosa parecida a casa? Parece, Mama, que t ú eres la misma venteada ...

-Si no me quieres seguir ¿por qué no dijiste nada? Yo te he querido dejar en potrerada o en casa y apenas entras por éstas te devuelves y me alcanzas y tienes miedo a las gentes que te dicen bufonadas y en las ciudades te azoran los rostros y las campanas.

-Es que yo quiero quedarme contigo y t ú nunca paras.


Di siquiera a dĂłnde vamos a llegar. (Es en montaĂąas o es en el mar? Dilo, Mama.

-Te voy llevando a lugar donde al mirarte la cara no te digan como nombre lo de ÂŤindio pata rajadan," sino que te den parcela muy medida y muy contada. Porque al fin ya va llegando para la gente que labra Ia hora de recibir con la diestra y con el alma. Y a camina, ya se acerca, feliz y llena de gracia.

180

* Popular por

audaz, sin escrupulos, orado hasta el extremo.


rl

!

TOMÉ

L a marcha se nos ablanda por un coro que no vemos de ritmos que nos enhebran con sus agujas los cuerpos y sin saberlo nos llevan con merinos volanderos.

Qué lindo cantáis, telares, vuestro eterno jubileo, conociendo como Cristo, gozo y despedazamiento, samaritanos de lanas y miguelescos de aceros.

Más largo el día, más vivos los carreteles, los émbolos. Castor y nutria han cobijo y Juan-Peón tirita al viento.

Quedan lejos los telares, pero aún siguen con el viento y que ellos nos van llevando no saben indio ni ciervo. Madejas del santo lino, algodones volanderos, lanas en pechugas, lanas de corderos que no vemos


y el cĂĄĂąamo de navajas agrias que cortan el viento. El indio y el ciervo bien

las saben por e! iiusmeo, yo las manoteo y logro,

me las gano y me las pierdo ...


TAL C AH U A N O

'

D t e Talcahuano se viene un trĂĄfago de astilleros. Las maestranzas resuellan, comiendo y soltando hierro, y brillan cascos vendados a largas huinchas de acero.

Entran barcos perdularios y parten otros enhiestos ~

que van a la mar lo mismo que atĂşn cogido y devuelto. Y entra y sale el mar buscando a buceos azulencos a los que quiere ganar y detesta al mismo tiempo, con el arrebata y suelta que es el amor del maulero.

183


r L a ciudad ancha y seĂąora

no trasciende a filisteo: manso es su pecho de parques y su fluvial solideo. Visitada del EspĂ­ritu, toma igual dichas y duelos y los pinares aroman su elĂĄn y su entendimiento.

Si llego a la media noche, lecho y mesa puesta tengo: pero yendo asĂ­ en fantasma, asusto a los que bien quiero y me dejan al umbral mis btiltitos cenicientos...


B 1O - B 1O

-Paremos que hay novedad. jMira, mira el Bío-Bío!

-jAh! mama, párate, loca, para, que nunca lo hc visto. ¿Y para dónde es que va? N o para y habla bajito, y no me asusta como el mar y tiene nombre bonito.

-jNo te acerques tanto, no! Echate aqui, loco mío, y óyelo no más. Podemos quedar con él una semana si quieres, si no me asustas así.

-¿Cómo dices que se llama? Repite el nombre bonito,

-Bío-Bío,

Bío-Bio,

qué dulce que lo llamaron

por quererle nuestros indios. -Mama, ¿porqué no me dejas aquí, por si habla conmigo?


El casi habla. Si tcí paras

y si me dejas contigo,

yo sabré lo que nos dice, por si se me vuelve amigo. ;Qué de malo va a pasarme, Mama! Corre tan tranquilo.

-No, no chiquito, él ahoga, a. veces gente y ganados. Oyelo, sí, todo el día, loquito mío, antojero.

Y o no quiero que me atajen sin que vea el río lento que cuchichea dos sílabas como quien fía secreto. Dice Bío-Bío, y dícelo en dos estremecimientos. Me he de tender a beberlo hasta que corra en mis tuétanos.

Poco lo tuve de viva; ahora lo recupero la eterna canción de cuna abajada a balbuceo. Agua mayor de nosotros, red en que nos envolvemos, nos bautizas como Juan, y nos llevds sobre el pecho.

Lava y lava piedrecillas, cabra herida, puma enfermo. Así Dios .dicen y responde, a puro estremecimiento,


con suspiro susurrado que no le levanta el pecho. Y así los tres le mirahos, quedados como sin tiempo, hijos amantes que beben el tu pasar sempiterno. Y así te oímos los tres, tirados en pastos crespos y en arenillas que sumen pies de niño y pies de ciervo. No sabemos irnos, jno! cogidos de t u silencio de Angel Rafael que pasa y resta y dura asistiendo, grave y dulce, dulce y grave, porque es que bebe un sediento ...

Dale de beber t u sorbo al indio y le vas diciendo el secreto de durar as;, quedándose y yéndose, y en t u siseo prométele desagravio, amor y kuertos. Y a el Tolomí * te vadea, a braceadas de foquero; los ojos del niño buscan el puente que mata el miedo, y yo pasaré sin pies y sin barcaza de remos, porque más me vale, [sí! e¡ alma que valió el cuerpo.

Un ciervo.


Bío-Bío, espaldas anchas, con hablas de Abel pequeño: corres tierno, gris y blando por tierra que es duro reino. Tal vez estás, según Cristo, en la tierra y en los cielos, y volvemos a encontrarte para beberte de nuevo...

-Dime t ú que has visto cosas (hay otro más grande y lindo?

-No lo hay en tierra chilena, pero hay unos que no he dicho, hay más lejos unos lagos que acompañan sin decirlo y hacia ellos vamos llegando y ya pronto llegaremos.


LINAR

P o r iinares y iinares que yo no dejé atravieso y lo verde y lo azul cortamos a cuchilleo.

Si yo en carne caminase te cobrase, linar nuevo, ropas con que volaría como un aventado lienzo. Pero tú ya no me vales, largo linar de Malleco, porque es que te voy pasando medio en veras y medio en sueños.

Este mirar de los linos con un parpadeo trémulo, este hablar con lentas sílabas y no poder entenderlo, es un ganar y perder todo en el mismo momento, bandas de nifios se quedan atrás y los perderemos.

-Para aquí. Oye, escucha uno como cuchicheo. Ea, de tus cascos duros,


TolomĂ­ que te devuelvo y que sigo con el cetro que no dobla lo azulenco.

Aunque se venga la noche y que no se vea el suelo <a quĂŠ corres alocado si mayorat no tenemos?

192


CORMORANES

T r i b u de los corinoranes vuelan los aires señeros, el aire y la tierra vuelan, siendo el mar su regodeo. En la arena son mampatos y Arcángeles en el viento, Migueles ensalmuerados, volando aman, cazan, mueren.

Por dárselos a tus ojos hice en la ruta este sesgo, niño empolvado de arenas, hijo triste del Desierto. Van, van, cielo arriba, de azules y azules dueños, en momentos doncelean de dos y tres vientos ebrios y en un momento, otra vez, descienden a ser guaneros.

Vamos, vamos a gozarles tendidos en huiros yertos el largo vuelo dormido como de Lindberghes ebrios y el descanso del amor como la nieve en despeño. ¿Qué más, mi niño, queremos? Cormoranes hemos visto.


ARAUCANQS

V a m o s pasando, pasando la vieja Araucanía que ni vemos ni mentamos. Vamos sin saber, pasando reino de unos olvidados, que por mestizos banales, por fábula los contamos, aunque nuestras caras suelen sin palabras declararlos.

Eso que viene y se acerca como una palabra rápida no es el escapar de u n ciervo

que es una india azorada. Lleva a la espalda al indito y va que vuela. /Cuitada!

-¿Por qué va corriendo, di, y escabullendo la cara? Llámala, tráela, corre que se parece a mi mama.

-No va a volverse, chiquito, ya pasci como un fantasma. Corre más, nadie la alcanza. V a escapada de que vio forasteros, gente blanca.

19.i


-Chiquito, escucha: ellos eran dueños de bosque y montaña de lo que los ojos ven y lo que el ojo no alcanza, de hierbas, de frutos, de aire y luces araucanas, hasta el llegar de unos dueños de rifles y caballadas.

-No cuentes ahora, no, grita, da un silbido, tráela.

-Ya se pierde ya, mi niño, de Madre-Selva tragada. ¿A qué lloras? Y a la viste, ya ni se le ve la espalda.

-Di

cómo se llaman, dilo.

-Hasta su nombre les falta. Los mientan *araucanos» y no quieren de nosotros

. vernos bulto, oirnos habla. Ellos fueron despojados, pero son la Vieja Patria, el primer vagido nuestro y nuestra primera palabra. Son un largo coro antiguo que no más ríe y ni canta. Nómbrala tú, di conmigo: brava-gente-araucana. Sigue diciendo: cayeron. Di más: volverán mañana, I 96


I

Deja, la verĂĄs un dĂ­a devuelta y transfigurada bajar de la tierra quechua a la tierra araucana, mirarse y reconocerse y abrazarse sin palabras. Ellas nunca se encontraron para mirarse a la cara y amarse y deletrear sobre los rostros sus almas.

197


COPIHUES

P o r lo denso y lo sombrío de nuestra Madre la Selva, pasan, pasan y repasan como gnomos que la peinan, unos golpes de color, unos gestos y unas señas. Sí, en lo denso y en lo oscuro es como si fueran gestos.

l

I

-De veras y son de dos colores, lo estoy viendo. Mama ¿qué son ellos, mama? Para, para. (Por qué sigues? Para, que yo quiero verlos. Me dijiste que la selva no da flores, sólo leños. ;Y qué lindas que las da de repente! Como un cuento.

-Eso no es árbol, eso es el copihue, nada menos.

-¿Por qué no lo hallamos antes? /Ay! deja verlo, paremos. Se puede cortarle un gajo mama, sí, mama, paremos.


Tú te lo sabes contado. La fiesta, la fiesta es verlo.

-No más, no cortes, no mást. (Tantos hay por el sendero!

-¿Tú te sabes el camino, mama? Pero dime: (es cierto?

-Los hay, sí, los hay, mi loco porfiado, «te lo prometo». ( E s que no te lo sabías por la canción que le hicieron?

-Canción, canción, yo no sé apenas silbar ... a2 viento. Sílbalo, sílbalo tú.

-Para qué, si está silbando desde ayer el mismo puelche y te dio miedo, sí, sí. Paremos (quieres? Verás que te toma y te gobierna.

-(Quieres

decir, mama, que

a ese loco le obedeces?

200

-Tal vez, chiquito. Me gusta caminar con él, seguirlo, hablarle a trechos, decirle


l1 l

I

;y era cierto, $9 erti'cfk

¿Qué?

Dilo, dilo, cuenta.

- Q u e tú eres mujer pagana, que haces unos locos versos donde no mientas, dijeron, sino a la mar y a los cerros.

-;.la, ja, ja! Niño, parece que todo lo que cruzamos y todo lo que tenemos y todo lo que alabamos hemos de amarlo y lo amamos; pero que no lo decimos por locos o renegados. 14


-9

1'"

-Mama, y no te aburres, di, de caminar sin descanso tierras ajenas, oyendo ajenas lenguas y cantos. -No me canso, no, chiquito, todos perdĂ­ en marchando. La montaĂąa me aconseja, el viento me enseĂąa el canto y el rio corre diciendo -que va a la mar de su muerte, como yo, loco y cantando. Q


r-'

HELECHOS

D o n d e la humedad se guarda asistidora y mansueta y el resuello del calor no alcanza a la Madre Gea, suben, suben silenciosos como unas palabras lentas, en silencio suben, suben estos duendes manos quietas.

Y cuando tienen la alzada de la garza o el flamenco, ya descansan y se quedan latiendo de su misterio. ¡No pasar por ellos, digo, dejarlos, que están durmiendo! Porque sólo yo, fantasma, ni los doblo ni los hiero.

Oiganlos dormir, dormir sin moverles un cabello. Ellos no viven ni mueren, sólo escuchan el silencio, y con el silencio hacen cosa que no conocemos: sueño de niños o danzas de unos enanos traviesos. Queden así entredormidos

203


PIEDRA DE LA AMISTAD

Yéndonos a lo maiioso en dulce y verde ladeo, llegamos hasta la Piedra de la Ayuda y don Fraternos que nos lanzó el Volcán Llaima con el envión de un braceo, vuelta peonza y gracejo, y en donde se toma el pan, el tabaco, el vino nuevo y ha de dejarse a la vuelta doblados vino y pan negro.

El huemul izo encuentra hierba, el niño apuña higos secos y yo que soy sólo vaho, guardo el signo y agradezco, mirándome al voleador que juega divinos juegos y con jadeo, en su fragua, zumba unas piedras redondas a lo demiurgo y joyero.

205


V O L C A N DE VILLARWIGA

E n t r e resplandores y . humos, enorcismos olvidados, la indiada secreta va y viene, brazos en alto, o se calla en piedra atónita, en la compunción antigua: porque el Pillán va cruzando y la tierra araucana reverbera de mirarlo, viejo Pillán que gestea con relámpagos y truenos.

De pronto, le salen grandes voces y por sus costados baja tin caupolicánico * furor de Dios embridado y colérico y SU bulto parpadea de relámpagos y el gentío de su reino, que lo tenía olvidado, se acuerda de su demiurgo y el hervor de su Centauro. Los blancos muestran el puíio

a

su

poderío desaforado:

* Curioso adjetivo del subtanlivo propio Caupolicán. *La Araucanar.

j d e aracano inmortalizado por

Ercilla en

2(P


Iz, y el indio, a medio pastal, pecho y rostro conturbados, se arrodilla y masculla los conjuros no olvidados, y los nombres de los dioses vuelven a pecho y a labio.

Ay, las locas casquivanas,

son meros resuellos blancos

que hace y deshace El;

-Va a llover, mama, no sigas, que estamos a campo raso.

*

208

Mexico .Ni単o, much


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-No te voy a dejar, no, novelero, desvariado. Calla, calla. Aquí no levantas piedras, aquí no puedes gritar, aquí conmigo no quedas pues permiso no te dan.

-Yo me quería coger la luna y no me dejaron ...

-Tú lo ves, cuando te mueras vuela entonces a tus costados.

-¿Qué es eso de morir, mama? Nunca t ú me lo has contado.

-Yo no te cuento la muerte, ya la tuve y la he olvidado; pero te cuento el Volcán .en cuanto hayamos pasado. Me gusta oírte la marcha como de versos contados. Oyetela tú también


-

. -

y entiende que va cantando. Es porque la marcha canta que en andar nos enviciamos.

-Pero yo no te la oigo, mama, y ambos caminamos.

-Mira la marcha con cifras que ni vemos ni escuchamos. En comenzando la marcha la oímos y la contamos, después ya no se la siente y es ella la que nos manda y lleva y, aunque queramos, ni se afloja ni se acaba. Ay, mi niño trotador, no te pase lo de t u aya. Y o me puse a caminar y m e tuve cien posadas, pero cansada de andar mi Angel que me custodiaba, un día me cortó rutas, vagabundeo, jornadas, y entonces cargó conmigo hacia meseta tan ancha que sólo invita a restar, a entenderla y a alabarla.

-Llévame

t ú donde estás,

no me dejes en posadas.

21o

-Ay, chiquito, a lo mejor t ú me envicias con jornadas

-7


y me quemas el sosiego

de la séptima morada.

[Tanto que en eila se canta y son tan anchas sus abras! Oye, no preguntes más, que no sigo contestándote. Poco falta para el lago * de la bienaventuranza que va a callarte el parleo y a hacer tu lengua sobrada. Y a el azul se le entrevé y el frescor llega a las caras, y ya casi, casi se oye su palabra silabeada.

* Loga de

Villarrica. junio al Volcán de este nombre.

211


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. . . .

l

AKAUCARIAS

D o c e son de todo tiempo las madres-araucarias. Cada leñador que cruza quiere tumbar la parvada, y halla que de la primera mañana a la tarde canta y hierve y bulle esta ronda y nunca su canto para, y las doce duran íntegras por la gracia amadvinadas. Cuando Dios repartió dones y exhaló de sí la Gracia y lento la fue exhalando sobre el tendal de las plantas, dicen que El hizo a la última la más feliz de las dádivas y la última de todas fue nuestra Madre Araucaria.

Desde entonces hasta hoy, los cuatro vientos proclamün a todo el que va cruzando que en el País de Extremo, en lonja apenas montada, vive la Madre y Señora y Patrona Araucaria.

-A

ver si nr>s acostamos

21 3


y

dormimos siesta mansa si ella nos regala el sueño de Jacob y la Agraciada bajo la mirada fija de Madraza Araucaria.

-Niño, no sé si son veras o no son las que te cuento, pero yo le creo más a gañán que a faroleros.

Tiene Juan casa tan triste que sueña y cree en sus sueños y cuentos crea dormido y cuentos también, despierto.

-Mama, todo lo que vos estás contando es un cuento?

-A veces son grandes veras y otras, humos frioleros.

-Dame, entonces, de los dos; pero dime si eso es cuento.

- S i g a m o s , el niño mío, con el pino-sube-cielos acordándote de que él inventa y regala sueños. ¿A qué trocar por licores el falerno que te dieron, si el corazón, que es tu vino, arde dentro de t u pecho?

214


EL M U S G O

A u n q u e tus ojos, chiquillo, rebrillaron en los álamos y gritaste al encontrar maitén-sombrea-ganados, también te enamorarás del musgo aterciopelado, del musgo niño y enano, humilde y aparragado. Ellos no quieren subir como el pino encocorado y no pidieron ser vistos ni doncelear de ramos.

Ellos duermen, duermen, duermen, y callan empecinados, dueños del tronco del coigüé, de las moradas vacías y el jardín abandonado. Abájate y acarícialos, que aman ser acariciados. A los vivos ellos visten y crecen con gran fervor en donde sueñan los muertos que están bien adormilados. Ellos han sólo a la noche su corona de rocío y en subiendo el sol se acaban

... 215


CISNES (EN EL LAGO LLANQUIHUE)

O t r a vez dejar la ruta torciendo a cosa vedada. Y o me sé un agua escondida que no camina ni canta y, aunque es tan hermosa, nadie se la busca ni se la ama. Es el agua de los cisnes, verde, secreta, entasiada.

-No te entiendo, a veces, mama, tuerces el rumbo por nada. -Callarse

y andar. Les tengo

. una sorpresa, una gracia.

Cáfgate el ciervo; él es loco y esa «personas es «quedada».

-¿Es gente, di? Me da miedo. -Caminar para arribar. ¡Qué ganas de hablar, qué ganas!

-Ve que dejas el camino. ¿A dónde nos llevas,, mama? 1s


-Yo no te lo cuento, no. Anda no más, ándate, anda. Y para que no te aburras ponte a cantar con tu mama. Y o me tuve antes caminos de cascajos, de pedradas, tuve rutas amorosas y las tuve envenenadas. [Andar, afidar, ay qué linda tierra para caminada!

-Pero di adonde nos llevas que, a lo mejor, vas rtocadau. * Y a me he caído dos veces y tú, <tú como que nadau. ¿Qué es eso que se ve, di? E s cosa viva y parada. Y será que tizne frío que se ve como engrifada. ¿Mama, alguna vez la viste? Sigues sin saber de nada.

-Tti ya no crees en mi sólo porque soy fantasma.

-/Qué grande, y azul y quieto, parece cosa embrujada! Haz la señal de la cruz. Yo nunca vi agua parada.

-Es tu lago de Llanquihue, la más dulce de tus aguas.

Tocada par .trastornadas.

218


Parece yue está adorando; sólo cuchichea, no habla. Tal vez estará orando v le sobran las palaóras.

Pero se tiene un respiro, una hablilla, una nonada. N o haber miedo de allegarse; recibirle la mirada. Nadie te miró tan dulce y con tan larga mirada.

-Adama, es, tan grande y a p e y s apenitas da palabras.

-Siempre me sobró el hablar con este Señor del Agua, como la muda quedé para recibirle el agua y lavar en él mis vistas como nii7a avergonzada.

-¿Y cómo lo llaman, di? A ver si llamado, él habla.

-Oye: se llanza Llanyuihue, el indio así lo mentaba.

-¿Y

qué dice eso «LZanquikue»?

-¡Ay! para nosotros, nada! Porque fue la vieja gente


la que, como Dios, mentaba, y nombrar es un.gran arte,

Tu y y o no sabemos nada. Ellos nombraron palpando criaturas bien amadas. Emparentar se sabĂ­an los sonidos con sus almas y a dioses se parecĂ­an toda cosa bautizando.

220


SELVA A U S T R A L

A l g o se asoma y gestea y de vago pasa a cierto, un largo manchón de noche

que nos manda llamamientos y forra el pie de los Andes o en hija los va subiendo. Por más que sea tainzada, la selva se va entreabriendo y en rasgando su ceguera, ya por nuestra la daremos.

Caen copihues rosados, atarantándome al ciervo y los blancos se descuelgan en luz y estremecimiento. Ella, con gestos que vuelan, se va a sí misma creciendo; se alza, bracea, se abaja, echando oblicuo el ojeo; sobre apretadas aurículas y otras hurta con recelo, y así va, la marrullera, llevándonos magia adentro... Sobre un testuz y dos frentes, ahora palpita entero

22 I


un trocado cielo verde de avellanos y canelos, y la araucaria negra toda brazo y toda cuello...

Huele el ulmo *, huele el pino y el humus huele tan denso como fue el segundo día cuando el soplo y el fermento. Por la merced de la siesta todo, exhalándose, es nuestro, y el huemul corre alocado o gira y se estrega en cedros, reconociendo resinas olvidadas de su cuerpo.

Está en cuclillas el niño, juntando pitzones secos y espía a la selva que mira en madre, consintiendo ... Ella como que no entiende, pero se llena de gestos, como que es cerrada noche pero hierve de siseos.

Cuando es que ya sosegamos en hojarascas y légamos, van subiendo, van subiendo, rozaduras, silabeos, mascaduras, frotecillos, temblores calenturientos, el caer de las piñetas,

* Ulma,

--3Tl

árbol de la Selva Surena


la resina, el gajo muerto, pizcas de nido, una baya, unas burlitas de estiércol. Abuela silabeadora, ya te entiendo, ya te entiendo.

Deshace redes y nudos, abaja, abuela, el aliento; pasa y repasa las caras, cuélate de sueño adentro.

Y o me fui sin entenderte y tal vez por eso vuelvo; pero allá olvido a la Tierra y, en bajando, olvido al Cielo. Y así voy, y vengo, y vivo a puro desasosiego.

La tribu de tus pinares gime con oscuro acento y se revuelve y voltea, mascullando y no diciendo. Eres una y eres tantas que te tomo y que te pierdo, y guiñas y silbas, burla burlando y hurtas el cuerpo, carcajeadora que escapas y mandas mofas de lejos ... ¡Ay! no te mueves, que tienes los pies cargados de sueño

...

Se está volteando el indio y queda, pecho con pecho, con la tierra, oliendo el rastro

22.3


de la chilla y el culpeo *. Que te sosieguen los pulsos, aunque sea el puma abuelo. Pasarían rumbo al agua, secos y duros los belfos, y en sellos vivos dejaron prisa, peso, y uñetw.

El puma sería padre, los zorrillos eran nuevos. Ninguno de ellos va herido, que van a galope abierto y beberemos nosotros sobre el mismo sorbo de ellos...

Aliherido, el puelche junta la selva como en arreo y con resollar de niño se queda en plata durmiendo ...

Vamos a dormir, si es dable, tú, mi atarantado ciervo,

y mi bronce silencioso, en mojaduras de helechos, si es que el puelche maldadoso no vuelve a darnos manteo.

Que esta noche no te corra la manada por el sueño, mira que quiero dormirme como el coipo en su agujero,

224

* Culpeo,

especie de zorra grande y color oscuro.

'


con el sueño duro de es’ta Iuma* donde m e recuesto.

/Ay, qué de hablar a dos mudos

1

más ariscos que becerros,

qué disparate no haber cuerpo y guardar su remedo! [A qué me dejaron voz si yo misma no la creo y los dos que me la oyen me bizquean con recelo!

Pero no, que el desvariado, dormido, sigue corriendo. Algo masculla su boca en jerga con que no acierto y el puelche ahora berrea sobre los aventureros...

*

L u m , árbol chileno de la familia de las mirtáceas.


..

.Que vamos llegando ai mar ya se siente en el resuello de chilote que remase siempre y sin brazos ni remos y llega, sin llegar, altos y ensalmuerados los dedos ...

¡Mar dicho por bufonada Pacífico y llevadero, que alza cinco marejadas donde le dan regodeo, greña suelta, gana suelta, Mar de Chile sempiterno!

El huemul no le vio nunca: el indio sí vio sus belfos cuando avienta engendros locos que le vamos recogiendo Y yo tanto le conozco que casi en hija lo peino, cuando, oscuro y poseído, se pone a romper su pecho...

Y cuando de soledades o de Pasión enloquezco, él ríe de risa loca salpicando mis cabellos

227


,

I P

o me repasa las sienes con peces dulces y trémulos hasta que en la duna tierna me deja, en niña, durmiendo.

El mar nos aviva el hambre por dársenos en sustento y ofrecernos como a reyes peces, cháchara y festejo. Un chilote vagabundo de barca rota hace fuego y al ciervo, loco de llamas, apenas s i lo sujeto y me tengo de manearlo con los. huiros que destrenzo.

El viejo brazos curtidos la red tira en un braceo y a mi lado brilla una conflagración de luceros por las merluzas lunares montadas en bagres feos y los congrios que parecen un poniente en tendedero...

N o estamos muy ciertos, no, de dormir si viene el Cuero * aupado en la marea o atraca el Caleuche ardiendo, . y a los tres nos arrebata su proa, de un manoteo...

Según creencias populares, en lagos y ríos aparecen Cueros vivos, extranos Seres que devo

a los ninos.

228

iI


[Quedaremos dormitando, oyendo al gran Loco Suelto, el indio, lacio de ruta, latiendo azorado el ciervo y y o vuelta hacia la Patria de hierba que tuve lejos!

,


NIEBLA

L a niebla ha ido adensándose en forro azul-ceniciento y cegando el mar nos hurta la nidada de archipiélagos: hembra tramposa y ladina que marcha con pasos lerdos. Difumina a Chiloé, llega hasta Tierra del Fuego y trueca en malabaristas lomos de niño y de ciervo, y mi bulto escamotea sólo porque lloren ellos. * Y a las trampas le conozco de redondear el cerco y hacer «la gallina ciegas con el pastor o el arriero. Ella ahora está jugándonos el su sempiterno juego y urde ballenas y pulpos de un vago mar hechicero. Nos da por bien ahogados, perdidos y prisioneros, aunque estamos bajo de ella, como Dios nos hizo: enteros. Les cuchicheo a mis críos que no es bulto, que es resuello,

23 1


que no es brazo de ahogarnos, que es, no más, bostezo muerto, que no peleamos con héroe sino con blanco esperpento, Y el huevo azul entreabrimos a lancetadas de acentos y se lo desbaratamos con los dos calientes cuerpos.

En el acuario de niebla, acribillado de engendros, el remador de tres mares se ha puesto a contar sucesos; dice los lentos canales, romances los estrechos como quien devana mundos con las inanos y los gestos.

Ahora el viejo está contando el largo relato añejo, de las costas masticadas por el mar de duros belfos y está diciendo a la Antártida que habernos y que no habernos...

La Antártida de su boca sube como alción en vuelo, el blanco animal divino, engolado y soñoliento. Así con ella dormimos fraternales y mansuetos, la bestezuela del símbolo y el indio calenturiento.


Nos acabamos en donde se acaba igual que en los cuentos, la Madraza que es la tierra y acaba en santo silencio; pero los tres alcanzamos el apretado secreto, el blancor no conocido, el intocado Misterio.

16

233


PATA G O N I A

A

la Patagonia llaman sus hijos la Madre Blanca. Dicen que Dios no la quiso por lo yerta y lo lejana, y la noche que es su aurora y su grito en la venteada por el grito de su viento, por su hierba arrodillada y porque la puebla un río de gentes aforesteradas.

Hablan demás los que nunca tuvieron Madre tan blanca, y nunca la verde Gea fue así de angélica y blanca ni así de sustentadora y misteriosa y callada. [Qué Madre dulce te dieron, Patagonia, la lejana! Sólo sabida del Padre Polo Sur, que te declara, que te hizo, y que te mira de eterna y mansa mirada.

Oye mentir a los tontos y suelta tu carcajada. Y o me la viví y la llevo en potencias y en mirada.


- C u e n t a , cuenta, mama mía jes que era cosa tan rara? Cuéntala aunque sea yerta y del viento castigada.

Te voy a contar su hierba que no se cansa ni acaba, tendida como una madre de cabellera soltada y ondulando silenciosa, aunque llena de palabras. La brisa la regodea y el loco viento la alza. No hay niña como la hierba en abajar bulto y hablas cuando va llegando el puelche como gente amotinada, y silba y grita y aúlla, vuelto solamente su alma.


L A HIERBA !

-

T e voy a contar la hierba de cabellera soltada y latiendo y ondulando como llena de palabras. E s una niña en el gajo y en el herbazal, matriarca.

Hierba, hierba,, hierba sólo niña hierba arrodillada, hierba que teme y suspira, y que canta así postrada.

Pequeñita hierba niña voz de niña balbuceada. Dulce y ancho es su fervor y su voz es balbuceada.

El oscuro cielo mira y oye a su hija arrodillada, ya no son huertas sensuales, mimadas y cortesanas, locas de color y olor y borrachas de palabras, ya sólo es «Niña la Hierba», aAngel la Hierbau, nonada, una ondulación divina y su alma balbuceada.

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Niña la hierba, doncella la hierba, corta palabra, dos turnos no más y el mismo subir y ser abajada. Un solo y largo temblor mientras cruza aquel que mata y el viento loco que se alza y dobla por bufonada.

~

Cánsese el viento, sosiegue el cacique de las Iandas. Sienta su tetnblor de niña y duérmase en la llanada. Sólo hierba, sólo ella y su infinita palabra.

Las mujeres le olvidaron la voz pequeña y quedada, el siseo innumerable y la sílaba quedada.

Hierba del aire querida, pero hierba apenas siseada. Pase el viento, escape el viento, quiero oír a la postrada.

La oveja le dice «Madre»,

el viento le dice «Amada». Yo no te quise doblar con dedos ni con guadaña.

Y o esperaba que callases, Arcángel de manos alzadas,

238


para escucharle el respiro de niña que gime o canta.

Pasta la oveja infinita, de t u grito atribulada y una cubro con mi cuerpo y parezco, así, doblada, una mujer insensata que ama a los dos, trascordada. 1

.

Todo lo quiere arrasar el Holofernes * que pasa. A la vez ama y detesta como el hombre de dos almas y en el turno que le dieron agobia y abate o alza.

Calla, para, estás rendido como está rendida mi alma. Viento patagón, la hierba que tu hostigas nunca matas. Hierba al Norte, al Sur, al Este, y la oveja atarantada que la canta y que la mata.

Hierba inmensa y desvalida, sólo silencio y espaldas, palpitador reino vivo, Patagonia verde o blanca, con un viento de blasfemia y compunción cuando calla, patria que alabo con llanto.

* Holoferner, general de Nabucodonosot 1. que invadió Palestina en 649 a. de J.C de Bethulia fue muerto por Judith al final de un banquete.

En el sitio

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Verde patria que me llama con largo silencio de ĂĄngel y una infinita plegaria y un grito que todavĂ­a escuchan mi cuerpo y mi alma.

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ISLAS A U S T R A L E S

En

donde Chile cansado por fin de rutas y espacio quiere morir como todos, gacela, coyote o ganso, él empecinado aún ojea acalenturado la nidada de las islas fuera de ley y de hallazgo; pero se acabó su reino, su voluntad y su mando, y se queda en Puerto Montt, como amante defraudado, vencido el ojo de polvo, una vez por fin exhausto. (Qué va a hacer el peregrino, el trotamundos mirando la danza de las cien islas que ríen o están cantando? Viene una aguda fragancia, una incitación, de coro báquico de nifias tiradas a la mar libre, vírgenes pero embriagadas. Yo no les sigo el canto, maña, locura ni danza. Todas ellas son hermanas, pero por la niebla vaga unas parecen figuras; todas están bautizadas y, como las Gracias, todas son donosas y alocadas.

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r-. DESPEDIDA

Y a me voy porque me iiama un silbo que es de mi Dueño,

llama con una inefable punzada de rayo recto: dulce-agudo es el llamado que al partir le conocemos.

Y o bajé para salvar a mi niño atacamelio y por andarme la Gea que m e crió contra el pecho y acordarme, volteándola, su trinidad de elementos. Sentí el aire, palpé el agua y la Tierra. Y ya regreso.

El ciervo y el viento van a llevarte como arrieros, como flechas apuntadas, rápido, íntegro, ileso, indiecito de Atacama, más sabes que el blanco ciego, y hasta dormido te llevan tus pies de quechua andariego, el Espíritu del aire, el del metal, el del viento, la Tierra Mama, el pedrisco,


el duende de los vi単edos, la viuda de las ca単adas y la amistad de los muertos. Te ayud辿 a saltar las zanjas y a esquivar hondones hueros.

Y a me llama el que es mi Due単o...

"ECC.

CHILENA


F


Poema de Chile