Page 1


Liceo Gabriela Mistral de Temuco. http://tallersayenco.blogspot.com http://www.liceogabrielamistral-temuco.cl/index.php?id=236 Foto portada: Paula Serra Bobadilla.

2


INDICE

Frontera de lo irreal (presentación) …………………………………….. pág. 5 “Araucanos”, poema de Gabriela Mistral ………………………………. pág. 7 “Frontera de lo irreal”, poema de Bernardo González Koppmann ….. pág 9 Nueva Frontera. La poesía mapuche reinventa el territorio:. ……….. Poemas de María Teresa Panchillo, Leonel Lienlaf, Wenuan Escalona, Cristian Cayupan, Pablo Ayenao, José Nahuel, BGK

pág 11

Dos poetas ibéricos………………………………………………………. Poemas de Felipe Fuentes García y José Blanco.

pág. 45

Interludio narrativo. Relatos de Segundo Antares……………………..

pág. 55

Cuentan, cantan…………………………………………………………... Poemas de Guido Eytel, Ernesto González, Christian Rodríguez, Felipe Moncada, Bernardo González, Martín Ramírez, Felipe Caro, Claret Cea, Consuelo Martínez, Valeria Torres, Pablo Rojas, Catherine González, Javier Aguirre.

pág. 61

Fotografías de: Miguel Gutiérrez, Patricia Pichun, Paula Serra, Estefanía Miranda, Fernanda Campos.

3


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

4


FRONTERA DE LO IRREAL Durante la preparación de este número, cuando la cuenta de las páginas llegaba a cincuenta, cuando ya le teníamos un título, aparece una colaboración desde Talca que encabeza una cita de Apollinaire, y que viene a aterrizar como pórtico, como poética de la presente revista: “Piedad para nosotros, los que exploramos en la frontera de lo irreal”. Y desde los fotógrafos hasta los afanados tierrafirmistas que pueden ser los poetas con sus pies de viento, estudiantes, canosos, viejos niños, consagrados, nuevos, súbitamente maduros, todos batallan en esta frontera del papel, en su linde blanco, en su ilusión donde puede apuntar lo real. Por eso la desconfianza de la engañosa realidad prefabricada, genera esperanza. Frontera de lo irreal. Esos caminos negros en la nieve, el contraste de luz y sombra, crean con cada trazo el mundo, nuevamente. Por eso esta Frontera que habitamos es territorio fértil. Y también porque sólo tú, lector –eres el viento que mueve la página- tienes la última palabra. Ábrete paso. Estás en la Frontera.

5


Foto: Fernanda Campos.

6


ARAUCANOS Vamos pasando, pasando la vieja Araucanía que ni vemos ni mentamos. Vamos, sin saber, pasando reino de unos olvidados, que por mestizos banales, por fábula los contamos, aunque nuestras caras suelen sin palabras declararlos.

-No cuentes ahora, no, grita, da un silbido, tráela.

Eso que viene y se acerca como una palabra rápida no es el escapar de un ciervo que es una india azorada. Lleva a la espalda al indito y va que vuela. ¡Cuitada!

-Hasta su nombre les falta. Y los mientan "araucanos", y no quieren de nosotros vernos bulto, oírnos habla. Ellos fueron despojados, pero son la Vieja Patria, el primer vagido nuestro, nuestra primera palabra. Son un largo coro antiguo que no más ríe y ni canta. Nómbrala tú, di conmigo: la brava-gente-araucana. Sigue diciendo: cayeron. Di más: volverán mañana.

-¿Por qué va corriendo, di, y escabullendo la cara? Llámala, tráela, corre, que se parece a mi mama. -No va a volverse, chiquito, ya pasó como un fantasma. Corre más, nadie la alcanza. Va escapada de que vio forasteros, gente blanca. -Chiquito, escucha: ellos eran dueños de bosque y montaña, de lo que los ojos ven y lo que el ojo no alcanza, de hierbas, de frutos, de aire y luces araucanas, hasta el llegar de unos dueños de rifles y caballadas.

-Ya se pierde ya, mi niño, de Madre-Selva tragada. ¿A qué lloras? Ya la viste, ya ni se le ve la espalda. -Di cómo se llaman, dilo.

Deja, la verás un día devuelta y transfigurada bajar de la tierra quechua hasta la tierra araucana, mirarse y reconocerse y abrazarse sin palabras. Ellas nunca se encontraron para mirarse a la cara y amarse y deletrear sobre los rostros sus almas. Gabriela Mistral

7


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

8


La frontera de lo irreal “Piedad para nosotros, los que exploramos en la frontera de lo irreal” G. Apollinaire Por nosotros los que vemos mariposas en las llagas de los bipolares de los parias, de los leprosos con una amapola en celo en cada úlcera; desahuciados que se arriman con su tarrito a las vitrinas donde nada podría consolarnos los que bajo la escarcha hurgamos la leyenda perdida el cuento con un final abierto, un haikú para, quizá, por última vez sentirnos jóvenes, llenos de bellos ideales por nosotros los que de cada aliento en la cuesta del camino hacemos un refugio, una sombra, una cascada aunque estemos inconscientes en el furgón de los rondines aunque estemos bajo los efectos del valium 10 los que agobiados por la soledad esperamos en la esquina la presencia de un ángel que nos diga la hora porque aquí, en esta residencia sin paredes ni puertas ni ventanas todos los relojes están malos por nosotros los que siempre nos vamos cuando la fiesta empieza y se agitan las niñas y la música sube su voltaje y los dandys y los bacanes con sus neologismos creen que ya olvidamos los secretos de familia los que nadie reconoce en ninguna historia de amor en ninguna estrella fugaz ni eclipse ni zodiaco (mejor; así pasamos piolas por los barrios místicos) por nosotros los que perdimos el tiempo sentados en la cuneta despulgando un oso de peluche los que insomnes captamos la presencia de otra luz en ese instante en que los murciélagos despiertan y las balizas encandilan la inocencia del mallete y del árbol de la sabiduría se esfuman las manzanas por nosotros sólo por nosotros la dama pasea su perrito los gorriones parecen tan humanos el paisaje se oculta en las costumbres y el jubilado con su pucho bajo un alcornoque hace figuras, fantasmas, argollas en el aire por donde mi hija, al fin, asoma sus ojitos… Por nosotros sólo por nosotros el mundo acaso mañana sea hermoso. Bernardo González Koppman.

9


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

10


NUEVA FRONTERA

LA POESÍA MAPUCHE REINVENTA EL TERRITORIO

11


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

12


Resiste palestina resiste respira aire en el descanso de correr por tu territorio controlado en el umbral de tu historia como me imagino en la lejanía. Palestina que me suena como nombre de una niña, femenina, creciendo libre entre olivos de colinas arenosas. Y veo un niño por FB corriendo escapando con su bandera desde la crueldad de una guerra tan desigual corriendo y alzando la bandera como los niños de Temu Kuy Kuy en la nación mapuche aquí en el sur del planeta. Y entonces escribo pero mis versos lloran sangre como tantas poetas madres en el mundo... de ver imágenes que destrozan el corazón de la poesía y sigo escribiendo porque los niños nacerán de nuevo en el destino de liberar sus pueblos. Resiste palestina resiste respira... que no te mate la muerte en la guerra ni el hambre en la resistencia. María Teresa Panchillo Neculhual

13


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

14


Sol y neblinas Tú abriendo surcos en la tierra Yo versos en la poesía A dos yuntas el levante. Surcos en la tierra. Versos en la Poesía. Creando. Construyendo Comunidad Lucha y Trabajo Noches llenas de estrellas. Es volver…volver a la tierra Ver de nuevo salir el sol por las mañanas. La luna por las noches Respirar las neblinas que llegan Hasta la Puerta de la Casa. Sol y neblinas Es recuperar tierras. …kiñe winkul kexan Un cerro de sembrados …mvleay ga kacija walvg gen Habrá trigo en la cosecha Habrá pan, siempre habrá pan Para la Malleñ …Kako. Mote para la Ayenray Habrá, siempre habrá Sol y neblinas cuando comience El invierno en la Tierra. María Teresa Panchillo Neculhual.

15


LEONEL LIENLAF CONJURA LAS AGUAS La poesía habla por sí sola. Lo que se le pueda añadir al margen es superfluo, prescindible. Leyendo Kogen, de Leonel Lienlaf, me viene la idea de que la poesía es traducción (la buena poesía, la rara poesía que sí es poesía): se expresa con palabras lo que no puede decirse con palabras, y parte de la extrañeza, la extrañeza de la entraña intraducible; porque la entraña es lo más extraño, por asombroso, por inefable. Leonel, vlkantufe cuya lengua materna es el mapuzungun, acude al castellano para traducir su diálogo con la naturaleza, con la que el poeta no se diferencia, sino que vive una continuidad: las divisiones son artificiales. Finalmente, a través de esa doble traducción, acude a nosotros la resonancia del profundo encuentro. Doble traducción: una implícita, desde la naturaleza, de la que el poeta parte y es parte, a la lengua materna que hizo sus ojos, que refleja como espejo de agua el mundo natural, y otra, explícita, hasta la expresión castellana, que queda fecundada por las visiones, los sueños, las experiencias que moldean la lengua extraña entrañándola, naturándola, hermanándola. Hay quien se queja de que Leonel Lienlaf escriba en español, pero no es para ser dominado por la vieja lengua imperial, sino para domeñarla como LautaroLeftraru el kawellu-caballo, cambiándole la mirada. No se engañen pensando que el poeta renegó de su lengua: al contrario, reniega de la reducción, y amplía el territorio, es un estratega, y mucha será su obra por llegar en mapuzungun. 16


Escribe también en castellano sencillamente porque el castellano también es su lengua, aunque la trabaja de otra manera. Escribe desde la misma raíz de la diferencia latinoamericana, en que una lengua se convierte en algo distinto por el protagonismo de quienes la trabajan, que literalmente no caben en el molde y lo rebosan y renuevan. Aquí estamos en la misma fuente de esa riqueza, desde dos corrientes que se encuentran provocando un estallido de espuma. Hay poesía que nace del juego verbal; aquí se le deja hablar a la naturaleza, y escuchamos la ternura de su canto hermanado, transmitida al castellano impelida por la propia terneza de la tierra, como dos ramas próximas que se abrazan, y la voz salta entre ellas como ardilla que no distingue diferencias, "que soy amor, que soy naturaleza" (Lorca). Leonel habla con el fuego “y el fuego estaba allí, mirándome”; y con el agua, agua que llega a nuestra boca a apagarnos la sed, esperanza de la resistencia, vivida desde cada nuevo brote de los bosques nativos -“vienen ya de nuevo los brotes de laureles”-, los sueños que recuperan el territorio, que se levantan, delinean el paisaje, avanzan con el viento y ocupan todos los ámbitos. Lienlaf reniega de las reducciones, también de los preconceptos, de los grandes discursos y las voces lastimeras que vieron perdido el mundo: “No busques entonces los augurios fáciles / porque no hay destino, / sólo ráfagas de viento entre las ramas”. “No hagas caso del aullido insípido de la muerte”. “No prestes atención a esos murmullos (…) sequedades antiguas, aguas muertas”. El lector también está incluido, llamado a participar en ese sueño que recupera las aguas, la vida: “Escucha este relato como un sueño / y sentirás su huella, su neblina”. A veces, en las horas más oscuras, el escalofrío viene a confortarle “con su baile intermitente”. Pone el oído en tierra, en tantos hermanos pobladores, y escucha el concierto. No hay límites. En los vagos lindes se hermanan la memoria y la tierra, el río del cielo y los sueños, las montañas y las nubes: “la montaña es etérea, sus rocas nacen de las nubes”. A través del insomnio, de su conjuro primaveral, vuelve el agua por donde solía ir, “aguas que hierven en lentas horas de insomnio, / aguas que destilan la pureza del guijarro, / aguas que destilan en vapores por la madrugada espesa”. El mundo está naciendo a cada instante. “(A lo lejos veo el bosque y las cascadas renaciendo)”. J. A. O.

17


Foto: EstefanĂ­a Miranda.

18


BOCETO PARA UNA CARTOGRAFÍA EN VERDE OPACO Y BARRO No es este el relato de mundos ya idos, ya olvidados, ya ocultos en años. Es un viaje por varias tierra_suelos, sendero oscuro_claros, que se abren misteriosos ante tus ojos; como brisa; como viento; como nubes. Está ahí el secreto; en la piedra que pisas cada día en los caminos, en los musgos, en las plantas, en el viento. No busques entonces los augurios fáciles, porque no hay destino, solo ráfagas de viento entre las ramas.

Leonel Lienlaf, Kogen, Delaire Editores, 2014.

19


Foto: Fernanda Campos Gallegos.

20


SOÑE_ANDO Y cómo fue preguntas en miradas y yo te sueño y cuento, que vagaba a orillas de un gran río detenido; cuando una nube negra se posó como un pájaro sobre el horizonte; de pronto algo se quebró bajo mis pies y el mar nació con furia en mis recuerdos. Luego pareció que el mundo fuese mudo, Hambre Frío Calor; costras que se pegan a la espalda, culebras azules se amarraban a mi cintura, lenguas de fuego bailaban a mi alrededor; de pronto sopló un viento luminoso estaba sentado sobre un banco de piedra blanca y el fuego estaba allí, mirándome. Leonel Lienlaf, Kogen, Delaire Editores, 2014.

21


WENUAN AVANZA AL RITMO DE LA SANGRE Pasó Wenuan de romería y prosigue su camino. Su palabra está escrita paso a paso. Viene a traernos ahora un mapa roto, porque como Cervantes sabe bien que los hombres son hijos de sus obras, y se levantan sobre los escombros. El eslabón partido de la historia, la memoria soplada por el viento, lo suple el día a día, nuevo aún, aún antiguo a su manera. Y sabe que la historia no es una linea recta. Sabe bien de sus quiebres. Sabe del río cuando se sumerje, de sus rebrotes imprevistos, de los puños sobresaltados. El territorio se renueva, el poeta es un equilibrista en el fino alambre que enlaza el caudal de su doble linaje y el porvenir oscuro, y reta a los nuevos tiempos defendiendo la épica, probablemente un tanto quijotesco. Su campo de batalla es la hoja en blanco. Allí levanta puentes y trincheras, allí es el dueño, es el orfebre de la Historia, que en su mano reedifica. El camino no está trazado, escribir es caminar, y el héroe está solo en su conquista: “No saben / que cuando esta mano escribe / es semilla de una tierra / que desconozco”. La sangre se rompió en ciudades, y una galería de “lotófagos mestizos” sobrevive, como el poeta, entre restos oscuros de luz:

22


CURIHUINCA ZURITA Canto y pudro la semilla. Lloro por un cuerpo extraño, El nervio de mi amor no se turba. Un velatorio es mi escenario. Cuando digo: ¡pueblo, memoria! un desierto vuela hacia mi boca. Tibio el corazón, mano espuria, mi mente es el sepulturero que cava sobre el nacimiento de la primavera.

Pero sobre todas las voces se levanta el ego impúdico del héroe, Wenuan, avanzando entre espejismos, rumiando la rabia, apretando los dientes, reencarnado entre las antiguas batallas que ahora mismo suceden, hablando el poema que se encuentra ahí fuera, que sucede delante de sus ojos en el aire que es el papel más transparente, en el cruce de dos calles de Temuco en unos poemas grabados caminando y donde se presenta la chispa, porque "la memoria comienza mañana". El territorio se hace caminando, escribiendo y hablando. El territorio no está quieto, el territorio es movimiento perpetuo, territorio es los pasos que avanzan, y que sólo avanzando llegarán, por fin, al punto de partida. Y así el final, y tratándose de Wenuan no sorprende tanto, es un nuevo comienzo y es el fuego prendido de la lucha, el fuego heraclitano en que saltan los contrarios: “hay un grito de guerra que me enciende la vida”.

J. A. O.

23


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

24


LA MEMORIA COMIENZA MAÑANA Mi lengua goza la textura de la estación, que lenta se ovilla en la madeja del tiempo. Proyecto una sombra que se mueve con el giro del sol, y en la tarde, el músculo del cuerpo celebra la fatiga. En el sueño, escucho la voz del polvo que mi abuelo cada día buscara con su azadón, entonces digo: lo que crece del surco es la pregunta, es la respuesta. Secó la cicatriz que de niño me hiciera en el juego. Secó el ombligo de los hijos que aprenden la acidez del fruto. Orgasmo y borrachera son los cantos que dedico a la luna del abismo. La memoria comienza mañana. Wenuan Escalona, El mapa roto, Delaire Editores, 2014.

25


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

26


RHOTE WENUAN Antes de asistir a mi primer nguillatún, ya había conocido el rigor de la militancia y aprendido varios himnos alusivos a la unión de la clase obrera. Con certeza, puedo decir que dominé la guitarra antes que al trompe y que la trutruca aún me oculta sus misterios. Durante varios años fui número fijo en peñas y actos culturales, y ahí compartí tragos más seguido con Correas, Cifuentes, o Staubs que con Antiviles o Coliqueos. Una de esas noches, en un hogar estudiantil mapuche, una lamgen preguntó sobre mi identidad, nací en la ciudad, le respondí inocente. Y ella, que conocía mis simpatías, al acto sentenció: lamgen, Ud ha sido más comunista que mapuche. Esa vez, no pasé del tercer vaso y para no cantar, corté una cuerda a la guitarra.

Wenuan Escalona, El mapa roto, Delaire Editores, 2014.

27


PIEDRAS VIVAS DE CRISTIAN CAYUPAN. (Unas palabras sobre "Tratado de Piedras").

Como las piedras de los ríos, rueda el canto de Cristian Cayupan, su canto de tierra que rueda, en continua transformación, palpando estrellas, bebiendo el agua de la luna, descifrando el secreto código de los signos que suenan en cada desencuentro, en cada encuentro. Dirán tal vez, le parecerá alguno que la poesía de Cristian es titubeante, que no define, que no mata, que no apresa: ¿qué poesía verdadera juega su vida en la certeza? Un poema terminado, ¿no es una defunción antes de tiempo? Y si por algo se caracteriza la poesía de este vate de oído múltiple es por descabalar la realidad, lo que se supone real, los términos prácticos en que se mueven las conciencias cómodas. El sinsentido, pues, el absurdo, es la puerta al sentido, y el poema va buscando su cauce como un río, brotando como un árbol cuyas ramas avanzan con la fuerza de lo natural, siempre imprevisto, fugaz y sólo por fugaz eterno. Nadie más vallejiano que nuestro poeta, que firma en cada verso el “Absurdo, sólo tú

28


eres puro” del gran cholo. En su búsqueda poética, en los continuos hallazgos o encontronazos de su verbo, subyace una desconfianza de la palabra, de la afirmación rotunda, y también del idioma que es materia de su canto, con el que mantiene una difícil relación entrañable y extrañada: “Una palabra mal dicha / es subversión del dialecto”; por eso el poeta continuamente parte, y sigue de piedra en piedra caminando por sus propios pasos lejanos. Y es que la piedra es también signo de ese exterior y esa intimidad, de esa contradicción que habita todas las cosas, porque la ternura guía la visión de un poeta enamorado de todo:

El hombre es un evento en busca de su piedra la más hermosa, la más preciada cuanto menos, la más sensible (Piedra desnuda)

La ternura es el centro del latir humano, y más de la cultura mapuche, hija de la tierra y hermana de todos los seres: “uno es poeta por las cosas simples que ama”, pero esa ternura no puede obviar las distancias, el dolor, la crueldad de la historia con su pueblo de pecho descubierto y pies descalzos que su madre acaricia. La ternura y la distancia conviven, se necesitan. Cristian Cayupan es un poeta joven, pero su trayectoria poética es sorprendente para su edad: numerosos son ya los libros en los que su palabra se ha ido adensando, puliendo, profundizando. Dispuesto siempre al vértigo, al cataclismo que preside cada instante, su palabra resonante es un acontecimiento que conmueve a las piedras.

J. A. O.

29


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

30


[Tratado de piedras] I Un tratado de piedras es el hombre en su expresión suntuosa de estar en el mundo Si hay testigos de su presencia en la tierra son las piedras Piedras cautivas, silvestres y anónimas De principio a fin esculpieron su alma hasta darle forma humana La criatura que desciende del barro inmaculado conserva su rostro de levadura Roca viva es su carne Ellos escribieron su historia en el suelo en la mesa más antigua del mundo Sus palabras son los vestigios indescifrables cenizas que conservan sus raíces.

Cristian Cayupan, Tratado de Piedras, Conunhuenu, Valparaíso, 2014.

31


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

32


[Una puerta] Escribí puerta en el vacío y algo se abrió para siempre al infinito es la imagen del hombre tallada en el aire Desde entonces amo esa puerta hecha con los cuatros elementos de la vida y los puntos cardinales del hombre Esa puerta sin manilla que nadie sabe si está abierta o cerrada porque nunca tuvo paredes Amo esa puerta de piedra hecha con las estaciones del año porque es el enigma indescifrable y deja ver el peso de la tierra sobre el destino de los hombres La puerta parece tener tu nombre cuando la contemplas pero solo se ve con los ojos cerrados porque se abre hacia tu interior Al atravesarla sientes que entras a ti mismo ya que es una puerta del mismo tronco familiar de tus antepasados que solo el tiempo ha descifrado La luz parece mediar entre las personas al proyectar su imagen en tus predecesores con la mirada siempre perdida sugiriendo la oscuridad Al cruzar esa línea miras el vacío que ha dejado el tiempo en ti y sientes que algo se te ha quedado para siempre al otro lado es el recuerdo de haber estado ahí la necesidad de escapar de uno mismo porque es una puerta que se abre al abismo y se cierra a los cuatro rincones de la vida de un solo golpe. Cristian Cayupan, Tratado de Piedras, 2014.

33


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

34


Con los ojos indios. Dormida maquilla mis ojos el espanto. Oigo las voces. Pobladora / Errante / Sucia. La jugarreta del destierro en mis mechas tiesas en mis ojos indios.

Pablo Ayenao.

35


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

36


Emilio Antilef. Me pregunto que será de ese niño moreno y su oratoria grandilocuente. Ese niño moreno que, en plena dictadura militar, aparecía en televisión recitando poemas de amor a dios, amor a la patria, amor a las madres. Mirar a un niño Mapuche en la tele era algo raro. Y ese niño Mapuche, con Trarilonko incluido, ese niño moreno que detentaba un peregrino exotismo, un exotismo inoculado a la fuerza, recitaba a voz en cuello alabanzas a dios y a la madre patria. Eran amargos aquellos años, Emilio. Y es que la utilización mediática de un niño Mapuche daba excelentes dividendos porque nos mostraba un Chile integrado, donde incluso los Mapuche hacían alabanzas a la narrativa impulsada por el régimen dictatorial. Y qué culpa tenías tú si eras tan sólo un niño. Un niño ahijado de Lucia Hiriart, devenido en adolescente militante del Partido Comunista. ¿Qué será de ese niño y su oratoria? ¿Qué derrotero tomaste ahora que el tiempo te devuelve implacable la imagen del sustento diario? ¿Que daños te ocasionó ser el cuerpo visible del mediatizado envilecimiento militar? Podríamos discutirlo, pero sospecho que tú de ese asunto no quieres hablar. Cuando te vea en algún lugar te daré un abrazo. Pablo Ayenao.

37


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

38


Los treiles anidaron el silencio Algún tiempo atrás veíamos teñir la tierra de atardeceres Con calma las sombras de los pinos se acercaban buscando a quién atrapar o quizás un socorro por temor a la noche Los treiles enmudecieron su tinte de plumas Es cierto que cuando niño Los desafiaba en busca de reyerta Tomar los tibios cascarones no era más que un juego y ellas inundaban el cielo de gritos desaforados que acababan junto al letargo de insectos nocturnos Los treiles recogieron la extensión de su graznar Supongo que se han agotado de lo mismo El permanente eco que se ha vuelto sordo Agazapan sus críos hueros, con sus pocas plumas y sus ojos lentos se despojaron de la letanía Me perturba el bosque ausente de treiles Me duele el verdeclaro sin mecerse entre su canto y mi llegada José Nahuel

39


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

40


UNA PALABRA DILAPIDADA A diario busco una palabra una palabra tibia y suave el dulzor en los labios por vez primera que desgaste el paladar de la semántica El trabajo es agotador a menudo entonces me quedo con palabras vacías A veces las observo con ternura y cansancio en algún rincón de los estantes Otras veces Las sumerjo en bencina y relleno de nitratos y todo elemento explosivo sólo por un instante de brillo en un desechable firmamento de éxtasis Busco una palabra que al pronunciar el llanto vibre en igual cadencia a la alegría Esa palabra que a los tigres araña de tinta Una palabra melancólica Como un atardecer de domingo en cualquier pueblo Doloroso como metal fundido en bocas que deshonran Una palabra que de tanto ser buscada con catalejos quebrados con focos inservibles con ojos desgastados Hállese, entre escombros de hojas quebradizas Sólo una palabra dilapidada José Nahuel.

41


Foto: Bernardo Gonzรกlez.

42


El telar a Butalelbun La hermosura es un fuego, un pájaro un aire tatuado en la memoria que brota a orillas de un ranchito de madera como amapola, como plumilla de cardo que nos entrega un recado: La alegría de ser anida en lo que hacemos Filomena Manquepi es un telar La hermosura emerge de las grietas de la primera cicatriz, del tiempo perfume que acaricia las distancias delgada niebla o velo o transparencia embriagando las vegas con sus ojos con su voz, con su piel, con su sandalia Filomena Manquepi es un telar La hermosura se queda en sus maneras agazapada entre las sombras, iluminando los bosques de pehuenes, las termas los barrancos, los zanjones azules las costumbres marchitas, el concón las palabras que olvidamos, la mudez Filomena Manquepi es un telar La hermosura es la paz de estar callado debajo de una manta, de sus lanas oyendo la lluvia que corta los caminos mientras dedos sagaces urden la tragedia el rocío, el rescoldo, la nación Filomena Manquepi es un telar, Bernardo González Koppmann

43


Foto: Fernanda Campos Gallegos.

44


DOS POETAS IBÉRICOS

45


Foto: EstefanĂ­a Miranda.

46


PROPÓSITO Ahora que sé que el oro falso se deshace como barro en el agua, y que la luz que nace herida, en la distancia muere, he de sumirme en las despiertas aguas madres, llegar desnudo allí donde no ciega la estéril luminaria del tumulto y ungido de tu voz, amanecido, recobrar el aroma del antiguo jazmín aderezado de los días, la mirada, de las horas felices, el temblor en el aire de la frugal inflorescencia de los pájaros. Y así, desde el estar, resucitado en alas, que la vida en tanta levedad se justifique al menos -libada a tenues sorbos- en el vuelo. Felipe Fuentes García, Reflujo, Fundación Odón Betanzos, Rociana del Condado, Huelva, España, 2000 (Premio Internacional Odón Betanzos).

47


Foto: EstefanĂ­a Miranda.

48


VIVIR Vivir. Seguir morando en la partida como el humo en la boca de la hoguera; al borde, como el humo, en la ladera de la llama que alienta oscurecida. Redimir en el fuego cada herida abierta al declinar la primavera. Ese fuego escondido, brasa austera que habitó en el rubor, de amanecida. Y límite del mar donde concluye -en sueño del azul, su voz de advientola espuma que, naciente, se diluye, dejar al polvo el último fragmento de la carne que aún nos constituye y erguirse libre, interminable, al viento. Felipe Fuentes García, Evidencias del Paisaje, Medialuna Ediciones, Gráficas Iruña, S.A, Pamplona, España, 1997 (Premio del Certamen Nacional de Poesía 'Ángel Martínez Baigorri').

49


Foto: Fernanda Campos.

50


Jose Blanco, Poemas del sublime cotidiano, Babilonia, NavarrĂŠs, 2013.

51


Foto: Miguel GutiĂŠrrez Cruz.

52


EL HOMBRE QUE ESCRIBE ES UN HOMBRE QUE RECUERDA Porque el frío establece su derrota y no existe el consuelo más allá de tus labios conjurados dime, amor, ¿para quién eres tormenta? porque hemos perdido la inocencia antes de que pudiéramos soñar con tu estigma legendario dime, amor, ¿para quién eres tormenta? porque el dolor nos ha inducido al crimen y en medio del jardín que cultivamos se mece una rosa ígnea dime, amor, ¿para quién eres tormenta? porque el hombre que escribe reconstruye el alfabeto para cobijar su corazón lacerado dime, amor, ¿para quién eres tormenta? porque la leve transfiguración de la escritura finge la verdad con fulgor de permanencia dime, amor, ¿para quién eres tormenta? porque existe un lugar al cual retorno en sueños donde encuentro las palabras pero dichas no es igual dime, amor, ¿para quién eres tormenta? porque una vez mi vida se detuvo mira mi corazón preso en el ámbar de los instantes eternos y dime, amor, si me liberarás. José Blanco: Mira mi corazón preso en el ámbar de los instantes eternos (Baile del Sol, Tenerife, 2005).

53


Foto: Paula Serra.

54


INTERLUDIO NARRATIVO

55


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

56


La muerte de Dios Dicen que los caballos ven en blanco y negro. Éste, por lo menos, sí lo hacía. No conocía de tonalidades diversas: la configuración de su mundo, de su espacio, era blanca y negra. No suponía siquiera la existencia de grados o tonos diferentes. Su percepción estaba limitada a captar luminosidad u oscuridad. En un momento dado de su desarrollo existencial —porque todo ser así debía hacerlo —, se volvió cada vez más consciente de su identidad. Se supo digno e importante, se sintió ágil y fuerte, sabía que la elegancia de sus movimientos era menos trascendente que los motivos de su andar. Era fiel a sí mismo por naturaleza: en la certeza de sus convicciones, nunca derivaría en nada que lo perjudique. Sin embargo, no conocía — en el dicotómico espectro cromático que manejaba— qué color le correspondía: no se sabía ni blanco ni se sabía negro. Nunca conoció algo similar a un espejo. Intuía su ser por la descripción mental que él mismo hacía de sus propios movimientos. Se conocía, así, en forma y extensión, en proporción, pero no en color. Pasó gran parte de su vida intentando dilucidar esto. Se movía por el campo cada vez más consciente y más atento a todo lo que pueda brindarle ayuda a este respecto. Llegó a conocer su fuerza con precisión, y sabía usarla con destreza cuando había que perseguir o escapar de algo. Su velocidad llegó a amaestrarla hasta el dominio absoluto. Era bello verlo moverse en aquel campo tan suyo, observarlo desplegar con maestría y elegancia la fineza de su andar. Muchas veces se sintió tocado por la mano de Dios: esta conexión mística le alertaba de probables peligros, sabiéndose a salvo en el justo equilibrio entre los designios de su propia voluntad y los de la voluntad celestial. Era para él inexplicable este convivir entre lo divino y lo terrenal: no sabía dónde y cuándo comenzaba un dominio y concluía el otro. Sin embargo, al margen de estas indagaciones trascendentales, sentía que la vida le tenía deparada una sorpresa que él intuía gratificante. Con el absoluto conocimiento de sus facultades, llegó a ser feliz y pleno en lo cotidiano de su habitar en aquel campo. Intuía cada riesgo y lograba evitarlos con precisión. Así las cosas, sólo podía sentirse seguro y poderoso —un poder que siempre supo aterrizar en consonancia con la ya antedicha conexión divina con su voluntad terrenal—; sabía quiénes eran sus aliados y amigos, y detectaba con natural facilidad las confabulaciones del peligro. En un momento dado, discurría sobre sus grandes inquietudes existenciales: su color, el influjo divino en su vida, la sorpresa que ésta le deparaba… cuando, inesperadamente, siente literalmente la mano de Dios posarse sobre su cabeza de caballo, y, entregándose a sus designios, notó que esta vez nada era similar a otras intervenciones. Tuvo intuiciones nefastas, se empapó del vértigo de lo ilógico, de lo indescifrable, tuvo ganas de vomitar, se sentía morir. Dios se había equivocado en aquel campo cuadriculado, en medio de aquellas casillas blancas y negras que eran su césped, y el otro dios —quizás de qué color— lo tomaba ahora por la cabeza y deshacía la realidad circundante en formas y cromatismos que jamás había intuido en sus indagaciones: era la muerte, que se lo llevaba con la duda del color y con el derroche de una intuición vital falsa: una sorpresa defraudada. Con el caballo ahora a un lado del tablero, la muerte de Dios era inminente. Segundo Antares, Aleatorias, suaves, migratorias, Ril editores, Santiago, 2014.

57


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.


La misión Qué extraño es ser el filo de un cuchillo… Ni siquiera el cuchillo, sino el filo del cuchillo. Sentirse depositario de una misión especial —seguramente como todos los seres—, una misión noble, únicamente destinada al filo de un cuchillo. Ser protagonista de la factura de los más deliciosos manjares, picar cilantro, perejil y cebolla con la precisión que sólo enseñan los años; penetrar la carne de cordero, cerdo o vacuno como si —y efectivamente así lo era— se hubiese nacido para ello. Él ya había hallado el porqué de su existencia, y se sentía pleno y privilegiado con el solo hecho de sentirlo. Disfrutaba el rol protagonista de ese rinconcito llamado cocina. Ni siquiera tenía curiosidad por espacios tan aburridos como el living, algo llamado baño o algún dormitorio. No quería conocerlos: era feliz en su dominio de cocinero natural, validado para ello desde su nacimiento. El filo del cuchillo se sentía ser desde la base de la hoja hasta la punta de dimensión incalculable, la que, como una cámara de televisión, captaba las imágenes de lo que a su alrededor acontecía. Era común ver llegar a eso de las once de la mañana a la Mami —como de cariño le decía a la mamá de los niños de la casa, sin hacer referencia a dicha obvia relación maternal, sino por el estrecho vínculo afectivo que sentía con esa mujer, quien, además de ser «dueña de casa», era «dueña de cocina», y desde su llegada a aquel hogar lo había tratado con la delicadeza de una madre. De hecho, era quien, exclusivamente, utilizaba el filo del cuchillo y, en un particular acto de sinergia, potenciaban sus aptitudes para deleitar a la familia con las más deliciosas comidas. Como buena mamá, siempre lo lavaba y lo dejaba sequito para el otro día, por lo que no exageraba en sentirse realmente querido, incluso añoraba su presencia si alguna noche se desvelaba a causa de un ruido extraño, como lo haría cualquier hijo. Al otro día, el trato suave de sus manos le recordaba su tan pura misión, y volvía a sentir la plena unión con ese ser tan especial que llamaba Mami—; entre once y doce, Mami daba inicio al ceremonioso acto de todos los días de prender fuego y hacer el aseo rápido de la cocina, para posteriormente preparar el almuerzo (todo esto era ansiosamente captado por la «cámara» del filo del cuchillo desde un extremo del mesón, quien deseaba imperiosamente ponerse a trabajar pronto junto a ella). Un día, contrariamente a su voluntad, una mano extraña se apoderó del cuchillo mientras el filo dormía, y de a poco, al desperezarse la cámara, muy a su pesar, inicia un recorrido por los lugares más mediocres e inhóspitos de la casa. Es así como pasa de la cocina al living y, ya bien despierto, distingue la figura de Mami delante de él, visiblemente alterada, llorando y gritando. Hizo lo que pudo… intentó botarse al suelo, girar, retroceder y volver a la cocina para no presenciar el sufrir de Mami, pero esa noche el cocinero era otro: aquel ser al que nunca quiso llamar Papi y que hoy lo utilizaba para el más cruel de los actos, en el más sórdido de los escenarios, en la más injusta e impropia de las misiones: sentirse al filo de la muerte el filo de la muerte y atravesar de punta a cabo la carne de su Mami, como si fuese cordero, cerdo o vacuno, y quedarse allí tirado llorando sangre que nadie limpiaría. Segundo Antares, Aleatorias, suaves, migratorias, Santiago, RIL, 2014.


Foto: Patricia Pichun Carvajal

60


CUENTAN, CANTAN

61


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

62


LA CASA ABANDONADA Carcomió el olvido los muros de esta casa y anida el musgo en la techumbre: verdes golondrinas, verdes gorriones, verde tiempo sobre el cinc oxidado. En el patio queda perfume de violetas. En la puerta, herrumbres y silencio. Tras un vidrio quebrado el rostro de una muchacha muerta nos está diciendo adiós con una lágrima de azogue. Guido Eytel, Poesía incompleta, Temuco, UFRO, 2014.

63


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

64


EL BAR DE LOS JUBILADOS Los jubilados beben lentos su vaso de vino. Miran en el diario los avisos de las defunciones, hablan de la humedad, del reumatismo, y luego se quedan en silencio. No hay reloj frente a la barra y el calendario ya no sirve de nada. Guido Eytel, PoesĂ­a incompleta, Temuco, UFRO, 2014.

65


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

66


A los 6 ó 7 en el piso de abajo la abuela hablaba mal de mi viejo. Hermanos y primos dormían. Dónde o qué hacían mis padres lo desconozco. No se lo comenté a nadie. Oí hasta que cambiaron de tema. Años después Es tu nieto mayor… en el hogar de ancianos. Querías un beso. Me llamaste con el nombre de un novio que nadie conocía. En la última conversación cuerda le dijiste a tu hija que te cargaba rezar cada mañana con las monjas. Y me reí, incapaz de contenerme salí de la pieza, nunca más volví a entrar o verte, oma. Ernesto González Barnert, Coto de caza, 2014.

67


Foto: Paula Serra Bobadilla.

68


¿Sabes cómo me di cuenta de que eras la chica adecuada? Porque un día como hoy celebraste una brisa fresca. Las otras pasaron a nuestro lado absortas en cosas innecesarias. Ernesto González Barnert.

69


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

70


Si soltara este esfuerzo mudo que permanece en lo más físico de mi cabeza y de mis hombros; si de pronto, uno de estos días, relajara mis músculos por completo (músculos de cuya existencia no sabía hasta ese momento), y esta obligación se terminara así, de repente; ¿entonces, dejaría de ser yo? La identidad es un trabajo de pieles y ligamentos que se esfuerzan por recordar esta fecha, el momento exacto de la historia en el que estamos, qué antecede y qué precede; qué masas de siglos están detrás, en qué orden y cuántas horas me quedan por delante. Recordar es un trabajo desde el amanecer hasta la medianoche. Presentar un nombre propio es una responsabilidad tremenda en el cuello y en las mandíbulas.

*

Cuando alguien habla, no agrega nada nuevo. Cuando yo hablo, vuelvo a reconsiderar mis palabras durante el día Y me arrepiento al terminar la tarde. Las mentiras se acumulan, Se vuelven garganta, molestias, sudores. Si tan solo las mentiras construyeran castillos, Pero no, Una mentira sigue a otra mentira Y la brisa fresca alivia la noche.

Christian Rodríguez Buchner.

71


Foto: Paula Serra Bobadilla.

72


Sueño con reflexionar sobre aquello que no sé, Saltar por sobre mi ignorancia como por encima de pequeños charcos de agua sucia Y cruzar los barriales hasta el final del sol. Esa tarde volveré cansado, con la satisfacción del deber cumplido. Estúpido y somnoliento como un animal Dormiré bajo la mirada triste y compasiva del Dios Padre.

Christian Rodríguez Buchner.

73


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

74


SENDEROS I Conejos, culebras y lagartijas hacen crujir ramas en la huída. La cigarra solamente calla. II Tener ritmo en la escritura, pero mejor para saltar de piedra en piedra. Asteroides que curvan la corriente. III Anonimato de flores de montaña: tanta geometría lejos de las aulas, casi un insulto a la academia. IV ¿Has visto un enjambre de avispas comiendo los ojos de un ratón muerto? Felipe Moncada Mijic, Silvestre.

75


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

76


ORIGEN DEL NOMBRE Descansamos en Las Bandurrias, tomamos agua con harina en Los Treiles. ¿Pero, quién los nombra a ellos; al tiuque o el agudo tricahue? ¿Quién al fuego le da una roja lamedura de bautismo? ¿Cómo distinguir, por su voz, una cascada de otra? Felipe Moncada Mijic, Silvestre.

77


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

78


Definitivamente… a F. Definitivamente, no quiero leer en las cantinas ni con megáfono en mano en un paseo público tampoco bajo un toldo con pruebas de sonido ni en el carro resbaladizo de ninguna victoria menos, torpe anciano decrépito y olvidadizo en el teatro apercancado de mi pueblo natal No. Yo sólo quiero leer mirándote a los ojos un poema tan transparente como el viento que susurre al oído sus últimas palabras como un herido a muerte cogido de tu mano. Bernardo González Koppmann, inédito.

79


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

80


Tráeme Tráeme mujer los ojos rojos, que ya no recuerdo cuanto te quiero. Saldré del paso, con los pasos gastados, con el vaso envenenado, con la mirada quebrada, saldré del yugo que me joroba, que me hunde entintado de sal. Recorreré los caminos, los puentes, dos ríos, la tierra entera de rieles oxidados, a ver si me acuerdo, a ver si es verdad que te amé, si es en serio que cerraba los ojos cuando te besaba, que el silencio se hacia miel en las tardes coloradas de los domingos. Tráeme mujer la garganta raspada, las velas quemadas, la paila saltada de estrellas astrales, de campos australes, de tiempos remotos, de tantos versos, de tanto andar por el barro, de pasear por el pueblo como si el tiempo no existiera, como las horas suicidas que me acompañaban. Cuando empiece a creer en lo que nunca tuve, cuando deje de tener lo que nunca creí, viviremos; Tal vez tendremos tiempo, solo te pido que no te enojes cuando que mis manos te persigan, como las sombras, por las callecitas de tu cuerpo, de ese cuerpo que tanto dudo si fue mío. Tráeme mujer a la mujer que amo, la que me secaba los labios con los dedos, la que me empapaba la cara con el pelo. Lloraré si la noche se hace negra, si los besos son helados y si los rezos pierden la fe. Que por la ventana esperaré que el sol muerda la montaña. Como en los viejos tiempos, en los que todo era más cierto, en los que los ojos estaban menos mojados. Quizás mañana te encuentre, quizás nunca te busque, pero si te busco y te encuentro, tráeme solo un pedazo de lo que te pido y un recuerdo para seguir viviendo. Martín Ramírez Hernández.

81


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

82


LUCERO Lejos los caminos duelen. Vida no me hagas olvido, si te quise en la ribera. Vida no me hagas lo mismo. Lucero solito, pedazo de mi alma, sigo cantando a la noche porque sin ti no hay mañana. Sigo cantando a la noche. Para qué voy a esperarte, esperarte toda mi vida, si tus ojos solitos van marcando despedida. Para que voy a buscarte, buscarte toda mi vida, si tus ojos sólitos van marcando la partida. Puede ser que sea tu lucero lo que hoy se me espaca del fondo. Puede ser que sea esta lluvia la que nunca olvide tu rostro. Lucero solito, pedazo de mi alama. Prometiste no marcharte y hoy te vas. Me dijiste no me olvides nunca más. Prometiste no marcharte y hoy te vas, me dijiste no me olvides. Martín Ramírez Hernández.

83


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

84


zapatilla de Rothschild

Cuando comentaste de esa orquídea extraña y en extinción, que florece cada 15 años, sentí tu esperanza de que sea una mejor persona contigo. De ser así, sabemos, sería sólo por unos días, luego todo se marchita.

Felipe Caro

85


Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

86


Fin del segundo acto Arrancar cada cabello de la almohada tarareando canciones de bandas que sólo tú conoces, sacar sin pensar hojas de tu libro favorito, imaginar que algo malo te pasa, que algo bueno me pasa, comprar ampolletas para que la entrada de mi casa no esté a oscuras, no saber dónde acabaré a la noche ni pensar en otro día más que éste. Seguir arrancando cabellos de mi almohada, rayar en la pared un verso triste, sentir miedo cuando suena el teléfono, no acercase a la cocina, no querer mirar el reloj, sentir sed , quemar ropa en el patio, andar desnudo, dejar que las uñas conserven lo que puedan de ti, mientras sostengo el último cabello de la almohada con el que amarraré mi lengua.

Felipe Caro.

87


Foto: Miguel A. Gonzรกlez Cruz.

88


Gotas de rocío Hoy te crees juez que ley impartes, Y a menudo sufres sin preocuparte, Has mirado alguna vez a tu amigo Ese que esta a tu lado, Y que de un día para otro su inocencia derrumbaste, Eres dueño de cada herida, Beso, sueño, palabra que regalaste… Las amapolas, que quizá el privilegio mismo O la nada crezcan alejándose, Se extinga el fluido, Que a lo lejos la infrecuente Y sobria luz brota y se despierta, Diciendo que la poesía no es solo para ella, Ni los elegantes ramilletes de flores, No sé si sabes que la sangre llueve, Dejando desplomarse a las miradas azules, Que sobre un cuerpo gris caen, Y que el hogar que ocupa tu amor, Lo vuelvas ciego, sordo y mudo, Así podrás aclarar tu propia alma, En el pecho del mundo, que puede Algún día quisiste… La nodriza que quería ser reina, Jamás volvió a tomar notas, Solo miró hacia el norte, Donde una ciudad portuaria, Fundó tus jardines Donde descansan esos sentimientos robados…

89


Claret Cea

Foto: Miguel Alejandro GutiĂŠrrez Cruz.

90


Te escucho Cuando oigo la vida Estoy dispuesta a hablar con ella Escuchar sus tristezas Y hacer una peligrosa lectura sobre ella En un instante me habla la lluvia me susurra Vuelvo a viajar en el aire Y bajo a la sucia sociedad Donde la lluvia ácida me grita estallando en llantos Aquellos reclamos de los mortales Por qué el agua esta fría Por qué el aire no se puede respirar Por qué las putas en las esquinas Por qué tienen frío Por que solo piden y no dan nada a cambio Si cerraran la boca y abrieran la mente, Mirarían hacia arriba y verían la nitidez del cielo. Claret Cea

91


92


Foto: Miguel Gutiérrez Cruz.

LA SANGRE Sangre. Pronto vendrá y nos dirá donde han quedado las pieles de nuestra memoria romperá los secretos de muralla y acabará con el tiempo de un rostro perdido. La sangre bajará para devolvernos a los cuerpos esparcidos en el aire.

Consuelo Martínez Astorga. Inédito.

93


Foto: Miguel GutiĂŠrrez Cruz.

94


LA TRAMPA Esta es la trampa: morir por un instante; y al instante, resucitar otra vez como tantas veces.

Consuelo MartĂ­nez Astorga. Poema inĂŠdito.

95


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

96


Una dulce y triste melodía

Una dulce y triste melodía llama a mi cuerpo a danzar, una mirada hechizante sale a mi encuentro, una mano tendida a la espera que acepte danzar con un ser de ensueños. El reloj suena al compás de los corazones, el pulso se acelera con el roce de la piel. Una lágrima amarga roza mi mejilla, un beso frío me atrapa en agonía, un abismo en el salón se lleva mi alma con un grito de dolor. El reloj suena al compás de los corazones, un infierno se abre paso en busca de traidores. Valeria Torres.

97


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

98


Cada vez que te marchas Cada vez que te marchas mi coraz贸n siente un vacio. una parte de m铆 queda contigo. Ansias de llorar cada vez que te alejas, una angustia que ahoga y me deja en vela. Valeria Torres

99


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

100


PoeMazo Tus palabras son cuchillos que clavas en mi corazón, lo estás matando día a día con tus ofensas. Para ti todo es un juego, tomaste mi cuerpo para golpearlo sin saber que estabas golpeando a tu hijo. Catherine González

101


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

102


Poema 22 Tus lรกgrimas son como la lluvia pasajera, pero nunca se olvida. Tus besos son como el fuego que se convierte en cenizas. Tus caricias son como el mar, van y vienen, dejรกndome una gota de amargura.

Catherine Gonzรกlez

103


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

104


LUNES Como un dolor de porto y de colonia, Como la sangre negra de los buitres, Aparecen los lunes, tan hip贸critamente Que me encienden un humor de t茅mpanos Y de cuchillos farmacoafilados. Y visto de manera muy decente Para ocultar la rabia contra el lunes, Y saludo a las damas con sonrisas Para calmar la angustia de las horas Perdidas para siempre al escritorio Y en mi mente los jefes desfallecen Y cesan las llamadas telef贸nicas Y suena el rock de las bandas nocturnas Y los amantes beben de la dicha. Pablo Rojas Escobar.

105


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

106


MIÉRCOLES En la plena semana de la vida, como un sol rojo, el miércoles divino aparece luchando contra el tiempo. El trabajo madura al mediodía, Y florece el momento en un segundo. El mundo nace ahora, nada queda después. El surgimiento de los ojos cuando la luz se escurre desde el cielo, el sabor de una broma están aquí, en la orilla vital del día miércoles como una diminuta plenitud de flores ermitañas del desierto. Pablo Rojas Escobar.

107


Foto: Patricia Pichun Carvajal.

108


NUDO Como el árbol desarraigado muere aunque le alienten agua y tierra nuevas, así también mi vida se resiste a abrazar otra piel que no es la tuya. Tanto se habían hecho las raíces a la tierra y las piedras, que ya eran un solo cuerpo, así que sin tu nido caía sin sostén, deshabitado. "Yo soy también las piedras", me decía mi árbol, que a pesar de tanto cuido tuvimos que dejar en la basura. Por eso sé que somos uno solo, una respiración al mismo tiempo, y tu tierra es mi casa y yo tus ramas. Amor, amor, no nos desanudemos, porque vivir sin ti ya no es posible.

109


Foto: Miguel A. GutiĂŠrrez Cruz.

110


TRANSEÚNTE Por qué siempre vuelve mi corazón a las oscuras reveries a los paseos por el Sena a los cartones de la plaza por qué las botellas alojan uno o dos trámites gozosos donde poder perpetuar el gusto insano de la especie y el gusano de la emoción me mira con tantas palabras en el paradero de siempre por donde te veo pasar sentado en el momento triste Javier Aguirre

111


112

Sayenco Diciembre 2014  

Edición definitiva. Frontera de lo irreal. Frontera de lo irreal (presentación) …………………………………….. “Araucanos”, poema de Gabriela Mistral ………...

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you