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HOTELES CON ESTRELLA En Bilbao existen históricamente hoteles magníficos: el Hotel Carlton se convirtió en sede improvisada del Gobierno Vasco durante el alzamiento de 1936. El López de Haro Hotel debe su nombre al fundador de la villa y el Hotel NH Villa de Bilbao se asoma a la Gran Vía con el beneplácito del Sagrado Corazón. Sin embargo, el nacimiento del nuevo Bilbao hizo necesario que se construyeran más hoteles, cuya característica común es la calidad y preciosidad de su arquitectura. Radicalmente distintos, el Gran Hotel Domine Bilbao, el Meliá Bilbao o el Hotel Hespería Campo Volantín, no sólo aportan plazas de alojamiento, sino también diseño y vanguardia.


GRAN HOTEL DOMINE BILBAO Es el único hotel diseñado íntegramente por un artista del Estado: Javier Mariscal. Su primera característica es la fachada acristalada de espejos donde se refleja el Museo Guggenheim. En la parte trasera, el Domine también juega con la arquitectura ordenada y neoclásica de las viviendas del Ensanche.


El Gran Hotel Domine Bilbao es un espacio de lujo: las mesillas, las sábanas, los colores de las moquetas… todo lleva el sello de Mariscal, a quien ha acompañado el interiorista Fernando Salas. El carácter bilbaíno lo ha puesto el arquitecto Iñaki Aurrekoetxea, responsable del proyecto inicial y de la dirección de la obra.

El resultado del trabajo de estos hombres ha sido un edificio de lujo que acapara premios desde su inauguración. El primer impacto visual es el ciprés fósil, situado en el atrio, de 26 metros de altura. Se trata de una escultura elaborada en el taller de Pere Casanovas, y compuesta de piedras encerradas en una malla de metal.


El interior de las habitaciones guarda sorpresas incontables para el cliente: la bañera, la grifería, las sábanas de algodón egipcio… Y no se deben olvidar los espacios más transitados, abiertos a todo el público: el Metropol Le Café, una cafetería en homenaje a la Bauhaus; el Splash & Crash, bar de copas estilo años 60; y el restaurante Beltz The Black, construido de piedra y roble. En 2004 el Domine recibió el galardón al Mejor Hotel Nacional.


HOTEL MELIÁ BILBAO (antiguo Sheraton) Este hotel situado en Abandoibarra lleva el sello de su arquitecto, el mexicano Ricardo Legorreta, plasmado en cada detalle. Los interiores crean espacios amplios y el vestíbulo está presidido por un pilar de una tonelada de peso fabricado en ónix, un mármol originario de México. Tallada en Italia, la columna es una lámpara. Esta combinación entre lo rústico y la tecnología se repite en cada uno de los apliques del edificio.


Este reto lo llevó a cabo Ricardo Legorreta acompañado de los arquitectos vascos Eduardo Aurtenetxea y Cristina Pérez, que estuvieron a pie de obra plasmando las directrices de la idea original. Exteriormente el edificio ofrece una visión abrumadora por el tamaño y el color granate del estuco. Se hicieron necesarias unas cimentaciones especiales con unos muros pantalla y después se realizó unas excavaciones sobre el terreno fangoso, con el obstáculo de las múltiples cimentaciones del antiguo astillero. En honor al hierro, toda la estructura del edificio del Hotel es metálica, alcanzando 55 metros de altura. Se utilizaron 1.200 toneladas de acero. Ricardo Legorreta valora especialmente la utilización de materiales naturales, nobles y poco o nada manipulados. Por ello eligió cedro brasileño, madera aromática y perdurable, junto a la sucupira, una madera tropical especialmente dura por la gran cantidad de minerales que contiene. El Hotel Meliá Bilbao es una caja de sorpresas, como el restaurante que simula ser el interior de una caja de puros. La gran torre-faro es otro de los referentes en el cielo de Bilbao.


HOTEL HESPERIA BILBAO La Hesperia Bilbao es un hotel alegre. Los colores en las ventanas y los miradores en las habitaciones lo hacen brillar a la orilla de la RĂ­a.


El estudio Iñaki Aurrekoetxea eta Bazkideak tomó la atrevida decisión de utilizar vidrios de color en la fachada principal rodeada de edificios de corte clásico. Los colores se alternan de forma aleatoria: “La elección se fundamentó en seis tonos que necesariamente incluyen los primarios, rojo, amarillo y azul, y algunos de sus complementarios, verde, violeta y naranja”. Así lo explica el arquitecto Iñaki Aurrekoetxea.



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