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Lucila Ya単ez


Cuadernillo de viaje . Bigote Falso – 2014 1° edición: Noviembre 2014 50 ejemplares 15x10 cm . 138 páginas.

Bigote Falso, la editorial, nace para editar libros y revistas; editar videos de casamientos, Bar Mitzvá y cumpleaños. No, lo último no. Pero lo otro, sí. Vaya que sí. Como que la cosa fue decantando. Adictos a la letra impresa, a los mundos imaginados, no tardamos en convertirnos en coleccionistas patológicos de libros, revistas y fanzines. Pero también de casi cualquier cosa que haya pasado por una máquina de tinta: entradas de cine y recitales; boletos; postales; mapas; pasajes de larga distancia; folletos de pizzerías y de heladerías; revistas de electrodomésticos; cuadernos; agendas; post-its; e incluso, prospectos de remedios. Nosotros surgimos para publicar libros y revistas, historias escritas siempre desde las entrañas, desde la pata y muslo o desde el vacío con guarnición. Pero igual estamos abiertos, porque uno nunca sabe. Quizá venga mañana algún excéntrico con la idea de imprimir poemas en hojas de afeitar o un basquetbolista con la pretensión de que sus anécdotas deportivas se fijen sobre balones. Todo puede ser... Porque los sueños, sueños son, pero aquí se editan de verdad.

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A Romi, Guada, Meli y Vero, por permitirme vulnerar su intimidad.


Índice

Prólogo

............................................

Norte - Verano 2007 Sur - Verano 2008

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........................ 9 ........................... 51

Iguazú - Invierno 2008

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PRÓLOGO Cada vez que me alejo de Buenos Aires llevo conmigo un cuaderno y una lapicera con la que tomo registro absurdo de lo que acontece día tras día. Durante mis años mozos, disfruté y compartí mucho tiempo valioso con mis amigas. Con Romi nos presentó un amigo en común, y fue amor a primera vista. A Guada me la presentó Romi, y desde entonces no pudimos parar de reírnos. Meli y Vero fueron parte de la indemnización que me dejó un trabajo de fines de semana y feriados. Las tres cuidábamos cuadros —disfrazadas de parapolicías culturales— y hablábamos compulsivamente durante las horas de patrullaje a pie dentro del museo. Creo oportuno presentarlas dado que, en apenas un par de hojas, serán testigos privilegiados de tres andanzas altamente sexuales, peligrosas y fuera de la ley. Bueno, bueno, puede que exagere. Hasta el momento, este material confidencial sólo había sido compartido entre unos pocos. Sí, unos pocos que me conocen, y aun así me quieren. Ahora bien, he decidido que de aquí en más este libro que recopila parte de mis memorias vacacionales sea leído por todo aquel que lo desee. A riesgo de aburrir al lector, debo aclarar que todo esto se trata de un berretín meramente personal. No tengo hijos, no planté un árbol, no doné un órgano, al menos quiero darme el lujo de tachar el ítem que corresponde a la zoncera de escribir un libro.

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Elenco estable de la aventura norteña Romi García (Compañera de viaje) Marcus (Alemán que huele como zorrino) Andersota (Sueco alto) Andersito (Sueco petiso) Johan (Sueco que no habla español) Pablo-ChalecoLek (Mi amigo de Buenos Aires) Terri (Encargada de la hostería de Salta)


DÍA 1 Hoy, 29 de enero de 2007, tuvimos un muy buen viaje. Compartimos el vuelo piente falsedad con un insoportable fruncimiento de nariz. También hay un azafato novato, cuyo cutis es impecable, que no tutea a los pasajeros. El cielo está radiante hasta que atravesamos las inmediaciones salteñas. Llegamos con lluvia. Al salir del aeropuerto nos tomamos un remís. El chofer es demencialmente pesimista respecto a la situación climática y nos desmoraliza bastante. Nos hospedamos en la hostería Terra Oculta. Salimos a recorrer, parece que el día comienza a componer. Hay mucha gente, mucho salteño mirón. Apostadas en la esquina de Av. San Martín y Buenos Aires, desplegando un extenso mapa, somos sorprendidas por la gentileza de un muchacho francés que 13


se ofrece a guiarnos. Él reside en Salta desde hace más de dos años, está junto a su beba. Nos hace algunas recomendaciones de utilidad. Regresamos a la hostería. Tomando mate conocemos a unos jóvenes. Un alemán llamado Marcus, un sueco de nombre Anders y un NN de sexo masculino y nacionalidad suiza que, por su chamarra e impronta, más tarde apodaremos como el chico de la prepa. Cuando estamos entablando un diálogo a media lengua, porque nosotras no hablamos inglés, se suma una metereta que habla como chilena y se jacta de tener padres neozelandeses. Indignadas nos separamos del grupo. Por la noche en Balcarce, la calle de la movida nocturna, nos cruzamos con los tres chicos de la hostería. Marcus accede a beber algo con nosotras, el chico de la prepa y Anders se retiran. El primero, nunca entendió nada; el segundo, quiere estar saludable porque está con 14


gripa (sic). Al regresar a la hostería planeamos ir a Cachi al día siguiente; el micro parte a las 7 de la mañana. DÍA 2 Llueve otra vez, dormimos como morsas. Una vez que nos levantamos, nos bañamos y desayunamos con sumo pesar. Las sillas de la hostería están recubiertas con piel de animal, detalle que nos parece de extremo mal gusto. Más adelante, entenderemos que este fenómeno se presentaría en absolutamente todas las sillas de la Puna. Al mediodía vamos al Museo de Arqueología y Alta Montaña con Marcus y Anders, pero está cerrado. Decidimos hacer tiempo, almorzamos en Papa Panchio. Después caminamos y optamos por montarnos en un teleférico, el nuestro es el 13, el número del infortunio. Tras 15


las mofas por el augurio de mala suerte, llegamos ilesos a la cima del Cerro San Bernardo y bajamos a pie. Un paseo encantador, con algo de garúa, pero encantador. Una vez en la hostería, los cuatro tomamos mate. Anders nos enseña un juego con naipes que se llama shithead. Luego de dos derrotas consecutivas, Romi sale triunfante de la partida. Para entonces, el olor a chivo de Marcus se ha impregnado en nuestras papilas olfativas de manera irreversible. Más tarde, reposamos el cuerpo. Cuando termino de leer un cuento de Fontanarrosa comienzo a ver, con intermitencias y desde la ventana de nuestra recámara, al chico de la prepa —quien supuestamente ya ha abandonado el hospedaje—, Romi aún no me cree. A la noche vamos a cenar con los chicos. La cortina de la heladería nos acaricia las narices justo cuando deseamos ávidamente un helado. Regresamos a la hostería y decidimos despertarnos a las 6 en punto porque, 16


esta vez sí, ¡Cachi nos espera! DÍA 3 Nos despertamos sin ánimo de levantarnos. Debatimos, desde nuestras respectivas camas y con un balbuceo inentendible, las distintas posibilidades de excursiones y paseos. Acordamos levantarnos a las 7:45; nunca lo hicimos. Hay un sol radiante, desayunamos y vamos a La Caldera. Cuando preguntamos por el colectivo que nos lleva a destino se genera un congreso de, por lo menos, cinco salteños ocasionales. Ninguno está bien informado, de igual manera, apreciamos la voluntad. Caminamos bastante. Romi se lesiona el codo posando con afán para una fotografía. Vemos un Cristo similar a un tótem. Aún nos preguntamos el paradero del lago inmenso y cristalino que vimos en el afiche que empapela una de las paredes 17


de la hostería. ¡Aprendo a beber del pico de una botella al mismo tiempo que camino!, nunca antes lo había conseguido. Romi lee en un diario ajeno: “No hubo un enero tan lluvioso en Salta desde hace 45 años”, nuestras risas denotan cierto odio al maldito pronóstico. Regresamos al hostal. Merendamos y acordamos alquilar un auto con Anders para el día siguiente. El timbre de la casa en la que nos hospedamos no para de sonar, cada vez que Marcus lo toca ninguno de los encargados lo escucha —es probable que quieran mantenerlo afuera de las instalaciones debido a su intenso olor a sudor—. Por la noche, vamos a un asado en la hostería. Nosotras somos las únicas que hablamos español. Por fortuna, a pesar de su pestilencia, lo tenemos a Marcus de intérprete. Anders y un joven canadiense también nos participan, además de Diego —un mozo argentino y poco convencional que 18


tiene el don de hablar cualquier idioma que uno le pida—. De ahí vamos a un bar llamado como el personaje más ebrio de Los Simpsons: Barney Gómez. A esta altura, el hedor de Marcus es descomunal. Anders se hace el galante conmigo. Regresamos a la hostería. Romi cae presa de una noche melancólica y experimenta lo que conocemos vulgarmente como pedo triste. DÍA 4 Nos despierta Anders para ir a alquilar el auto. En la puerta de la hostería acontece la despedida más fría y distante de la historia: Marcus retorna a Tucumán para planear su próxima —aunque todavía incierta— mudanza a Uruguay o Buenos Aires. Con motivo del alquiler del vehículo vamos a un lugar llamado Localiza cuyo 19


eslogan hace gala de la siguiente frase: “Donde es fácil alquilar un auto”. Al momento de utilizar la tarjeta de crédito de Anders, nos encontramos con un panorama desesperanzador: no está habilitada. La empleada propone con un estúpido optimismo que llamemos al Banco de Suecia. Vamos camino a un cajero, Anders indignado no deja de repetir entre dientes: “Donde es fácil alquilar un auto”. En el cajero obtenemos un comprobante que acredita el buen funcionamiento de la tarjeta. Vamos a un segundo lugar de alquiler en el que pretenden que vendamos el alma al mismísimo Belcebú, definitivamente, no nos convence. Anders se retira a un locutorio para hacer unas averiguaciones vía internet y nos deja todas sus pertenencias, incluido todo su capital —cuando retorne nos pedirá que lo acompañemos a saldar la deuda de los ocho minutos invertidos en el ciber—. Regresamos al primer lugar y concreta20


mos con éxito la operación con el comprobante extraído del cajero. En el auto recorremos Los Cerrillos, La Merced, Dique Cabra Corral, Cafayate, Las Ruinas de Quilmes (Tucumán) en donde nos sorprendieron varias vicuñas En el auto escuchamos música sueca y Anders nos enseña palabras en su idioma La vuelta del horror apenas comienza: se nos hace de noche en camino de ripio, como si fuera poco, llueve insistentemente. Vamos descubriendo la ruta en medio de la oscuridad absoluta, pero Anders al volante parece jugar entusiasmado al Daytona. En determinado momento detiene el auto a un costado, se baja y orina en un santuario del Gauchito Gil decorado con evidente ahínco. Llegamos a la hostería y decidimos cocinar fideos con salsa; a las 23:40 vamos los tres a comprar los ingredientes. Romi cocina, como siempre, apropiándose 21


de productos que encuentra en la heladera y que no le pertenecen. Comemos los tres juntos y por decisión unánime resolvemos bañarnos al día siguiente. Nos vamos a dormir. Llega a la hostería un amigo sueco de Anders que también se llama Anders. De ahora en adelante, nuestro amigo —por su altura y físico escultural— se llamará Andersota y su compañero —por lo proporcionalmente inverso al anterior— será Andersito. Andersito y Andersota no paran de hablar en sueco y conciliamos el sueño con esa cantinela. DÍA 5 Me despierto con ruido de bolsas, sospecho que es Andersito. Nos bañamos, desayunamos y llevamos nuestra ropa al lavadero. Para no tener nada que envidiarle al zoológico del Dr. Cutini, nos compramos tres llamas, un sapo y un quirquincho de 22


madera en miniatura. Intentamos ir a San Lorenzo, el colectivo parte demasiado tarde. Vamos al Museo de Arqueología y de Alta Montaña que esta vez está abierto; hace un frío que cala los huesos. Regresamos al hostal y tomamos mate con Andersota, Andersito y la nueva adquisición sueca del grupo: Johan, otro amigo recién llegado que, dicho sea de paso, no habla una sola palabra en español. Querido diario, Terri es más amorosa de lo que creíamos, nos recomendó cosas para hacer en Jujuy. Es mi obligación aclarar que Terri es la encargada de la hostería que trabaja durante el turno tarde y parte de la noche, la apodamos así porque luce y viste igual que la mujer de Steve Irwin, el difunto Cazador de Cocodrilos. Ella intercede con insistencia para que recorramos el Norte junto a Andersota. Se avecina la noche del horror. Vamos a cenar a la Casa Güemes y la mesonera hace todo mal, ¡todo! 23


Nos trae una porción de arroz que no pedimos, está frío y sin sal. Además, intenta retirarnos los platos cuando aún estamos comiendo. Unos cantores amenizan la velada. Uno de ellos, llamado Carlos, tiene un prominente y caricaturesco labio inferior. Cantan y mencionan anécdotas poco felices. El mal humor de Romi y mío va en estrepitoso ascenso. Llueve copiosamente. Camino al hostal creemos ver a Diego, el mozo políglota, al frente de una banda que hace covers de Ricky Martin. Recorremos varios kioscos, pero en ninguno venden bebidas alcohólicas. ¡Malditos salteños respetuosos de la ley! Para colmo de males, Terri ya no está en la hostería. En la cocina nos encontramos con un cabildo abierto de extranjeros. Suecos y árabes por doquier, y nosotras que ni siquiera sabemos hablar en jeringozo. Los suecos se van y nos dejan. Aún no sabemos si vamos a Jujuy con ellos, ¡¡suspense!! 24


Sufro una crisis nerviosa debido a la indecisión de Andersota respecto al nuevo alquiler del auto, estoy tan enfadada que insulto como poseída. Romi disfruta al verme enojada por primera vez después de varios años de conocernos. Jugamos a la escoba de quince con los naipes. Nos vemos obligadas a tomar de arrebato una copa de vino de la heladera. Tramamos la estrategia para el día siguiente y nos dormimos. DÍA 6 Nos levantamos y vamos al supermercado. Desayunamos y marchamos junto a Andersito hacia San Lorenzo. El paisaje es precioso. Caminando por una suerte de cascada me resbalo y caigo con ímpetu, tengo que permanecer inmóvil para evitar ser arrastrada por la corriente. Romi, en un acto de arrojo, extiende su mano y me 25


pone de pie nuevamente. Mientras tanto, Andersito mira toda la situación con absoluta inutilidad. Tengo un moretón a la altura de la cadera que crece más minuto a minuto. Tomamos mate con sandwiches a un costado de la cascada. De regreso, acompañamos a Andersito a la terminal de ómnibus para comprar un pasaje con destino a Iguazú para el día siguiente. Llega ChalecoLek (Pablo) mi amigo personal de Buenos Aires que, curiosamente, también pasa sus vacaciones en el Norte argentino. Por ahora, sólo nos comunicamos por mensajitos. Andersito se muestra optimista con respecto al viaje en auto a Jujuy junto a Andersota y Johan. Apartado especial 1 En la entrada de la hostería hay una mujer que enseña inglés las 24 horas. Creemos fehacientemente que es una fachada, nuestra hipótesis de mayor sustento es que vende drogas. 26


Apartado especial 2 Estamos preocupadas, quizás la hiperquinesia de Terri se deba al consumo de anfetaminas. Juramos investigar el asunto... ahora bien, lo que sabemos con certeza es que es ferviente adoratriz del filme El extraño mundo de Jack, ¡su franela así lo demuestra! Apartado especial 3 Un momento... ¿Es factible que las anfetaminas que consume Terri sean provistas por la mujer ‘que enseña inglés’ en la entrada de la hostería? Nota mental: Analizar con mayor detenimiento luego. Se confirma la ida a Jujuy en auto. Llega ChalecoLek a la hostería y se hospeda en la habitación número 5. Romi compra comida hecha y cenamos. Después llega Andersota y enseña, una vez más, el juego de naipes llamado shithead. Se realizan varias partidas entre Andersota, Andersito y ChalecoLek. 27


Johan y yo miramos atentamente. Romi se retira a nuestra recámara y se hace la que lee el cuento de Fontanarrosa. Más tarde, vamos a la calle Balcarce con ChalecoLek y bebemos algo en un bar. Nos proponemos un desafío: Elegir al estandarte del buen vestir salteño, según nuestros gustos personales. La tarea se vuelve casi imposible. Volvemos a la hostería. ChalecoLek comprueba con asombro nuestra teoría sobre el salteño mirón o, para que suene más intelectual, sobre el salteño voyeur. Nos despedimos de Terri. Vamos a dormir. DIA 7 Nos despierta Andersota. Vamos a alquilar el auto a Localiza “Donde es fácil alquilar un auto”. Realizamos todos los trámites e insólitamente nos retiramos sin pagar. 28


Almorzamos todos juntos, Romi, Andersito, Andersota, Johan y yo, nuestra mesa está dividida a la mitad por una columna. El diseño de este lugar es muy pero muy extraño, a ver si nos entendemos, los asientos son de ladrillo hueco a la vista. Comemos muy bien, la milanesa de Andersota es tan enorme que él pide que lo fotografíen junto a ella antes de comerla por completo. Andersito parte hacia Iguazú a las 17. Por todos los medios posibles trata de persuadirnos para estar acompañado hasta que se haga la hora de su partida. Al terminar nuestro almuerzo nos despedimos de él y emprendemos el viaje en auto hacia San Antonio de los Cobres. A partir de ahora, Andersota volverá a ser nombrado como Anders. Durante el viaje aprendemos sueco. Nos hospedamos en una habitación que es parte de la oficina de turismo y nos reciben Ignacio y Santiago, dos norteños amorosos que trabajan ahí. Dejamos nuestras cosas y vamos a un 29


cerro. Llegamos a la cima, pero parte del camino lo recorro colgada, cual bolsa de papas, del hombro de Anders. Tomamos fernet de una botella diminuta y además preparamos mate con whisky. Comemos galletitas y nos fotografiamos animadamente. El síndrome Profesor Lambetain se hace insostenible, para quienes lo desconocen, procedo a explicarlo: El excesivo viento hace que el labio superior se adhiera a la encía dejando al descubierto nuestros dientes. Regresamos a la hostería. Ingresamos nuestros datos en un gran libro de entradas, Anders escribe ‘Cazador de dragones’ en el casillero que indica ‘Profesión’. Ignacio le dibuja a Romi un mapa artesanal con lugares para ir a cenar. Vamos a comer. Nos atiende un joven con el garbo de Quasimodo. Pedimos la cuenta, pero demoran bastante. Anders dice que no le gusta esperar para pagar, se pone de pie 30


y desparece por detrás del mostrador hacia la cocina. Romi, Johan y yo nos miramos atónitos. Volvemos a la hostería. Anders desaparece, su voz proviene de la cocina, voy hacia allá y veo que hay cinco chicos —entre ellos Ignacio y Santiago— todos con naipes en sus manos. Anders, otra vez poseso por su instinto ludópata, les enseña el juego ya conocido como shithead. Romi le imparte clases de español a Johan. La convivencia es algo extraña, Johan y Anders se pasean en ropa interior con sus físicos privilegiados. Pavoneamos un buen rato y nos dormimos. DÍA 8 Nos despertamos en San Antonio de los Cobres. Anders le plumerea la cara a Romi para despertarla. 31


Ignacio y Santiago no están, nos retiramos sin despedirnos. ¡Una verdadera lástima! Arrancamos el viaje hacia Las Salinas. Por algún motivo que todos desconocemos partimos sin agua, galletitas u otros comestibles. Hacemos una parada en medio de la nada. Johan y Anders escalan una montaña, allí realizan su propio porfolio fotografiándose desnudos. Romi toma sol acostada a un lado del camino, yo camino cual autista y veo varias iguanitas. Seguimos viaje. Johan va repitiendo en español lo aprendido la noche anterior. Llegamos a Las Salinas, la entrada es propia de una gomería barrial. Paramos, nos fotografiamos y volvemos al vehículo. Anders está al volante, abandona el camino y de pronto nos detenemos. ¡Sucede lo peor!, nos encajamos en el lodo que está debajo de la sal. Comienzan las tareas de rescate. 32


Nos reímos y seguimos sacándonos algunas fotos. Las ruedas giran en falso, tratamos de empujar, pero nada... Comenzamos a sacar las mochilas del baúl para alivianar el peso y seguimos intentando. Empujamos, usamos nuestras manos y la tapa del termo para excavar. Acto seguido, sacamos las alfombras del auto para ubicarlas detrás de las ruedas de adelante. Juntamos pedazos rígidos de sal para que las gomas tengan apoyo sobre el lodo, pero nada... De un minuto a otro empezamos a sacar más cosas del auto: rueda de auxilio, gato. Anders trae un palo que encuentra en medio de la solitaria salina. Repartimos tareas: Romi va al volante y nosotros tres empujamos por intervalos desesperadamente diminutos. Los avances son muy pero muy lentos. Las ruedas despiden muchísimo barro y estamos enlodados de pies a cabeza, literalmente. Cabe recordar que tenemos casi nada de 33


nafta y tememos por la batería del auto. Momentos de falsa calma, nos comportamos de modo peculiar. Anders decide purificar el poco de agua enlodada que encuentra en el suelo de las salinas. Extrae ridículamente de su bolso un calcetín para colar el líquido y le agrega unas píldoras. Si bien es con la única bebida que contamos, nadie se atreve a tomar de esa porquería. Estamos a pleno rayo del sol, esta situación se prolongará por más de tres horas. Todos intentamos llamar al 911 desde nuestros celulares, pero no tenemos señal. Romi y yo hacemos un aporte de vital importancia al escribir sobre la mugre del vidrio trasero del vehículo: S.O.S, HELP, AYUDA. Mientras tanto, Johan toca la bocina con un código rítmico que él adjudica al pedido internacional de ayuda. Luego de innumerables intentos en el que este proceso se repite una y otra vez, ¡¡¡logramos desencajar el auto!!! 34


Festejamos, saltamos enérgicamente en el lugar y después nos abrazamos todos juntos cual colegiales en Feliz Domingo. Subimos el equipaje. El interior del coche está indescriptiblemente sucio, al igual que nosotros. Recorremos un trecho desconociendo el lugar correcto para retomar y encontramos un camino antes transitado, pero poco consistente. Anders desvía el auto hacia un costado, atraviesa parte de las salinas y regresa al camino. Perfecto. ¡Vítores y alegría dentro del vehículo! Nuevamente el camino se presenta enlodado. Anders repite con seguridad la maniobra anterior y descubrimos con pavor que quedamos nuevamente encajados. ¡El horror nos abofetea por segunda vez! Bajamos automáticamente y sacamos el equipaje del baúl. Después de varios intentos, Romi al volante y nosotros tres empujando, volvemos al camino. Subimos las mochilas y abandonamos 35


las tramposas salinas. Comienza el viaje hacia Purmamarca sin estar muy convencidos del camino tomado. Ya casi no tenemos nafta. Romi y Anders hablan de auto a auto con unos porteños. Decidimos ir tras ellos al grito de ¡siga a ese auto! Estamos sucios, hambrientos y sedientos. Escuchamos un poco de música sueca. Llegamos a Purmamarca. Nos hospedamos en la primera hostería que vemos, su nombre es Mama Coca y nuestra habitación cuádruple es la número 3. Para bañarnos tenemos que esperar unos 40 minutos hasta que se caliente el agua. Estamos ansiosos por ducharnos. Estoy verdaderamente incómoda, no quiero sentarme para no ensuciar las sábanas de mi cama y permanezco de pie. Romi desaparece por un rato. Quedo a solas con Johan y Anders que se están untando crema por el excesivo 36


bronceado adquirido en Las Salinas. Johan tirita de frío y se ofrece a esparcirle crema en la espalda a Anders. Ambos están en ropa interior, luciendo sus espléndidas siluetas. Me recuesto sobre la pared y sigo mirando esa estampa singular que me obsequia la vida. Finalmente nos bañamos y vamos a cenar a El rincón de Claudia Vilte. Anders sufre una terrible decepción cuando descubre con pesar que ella no cantará esa noche, igual hay un señor que empuña su guitarra y anima la velada. El cantor pregunta quién es de Buenos Aires, los chicos se suman efusivos a nosotras y se hacen los porteños. Probamos carne de llama, es algo inquietante pero deliciosa. Volvemos al hostal. Johan se siente mal, es probable que esté insolado. Anders se pone a mirar una película, pero se queda sin baterias rápidamente. Romi tiene su piel de un color tan carmín que me atrevería a aseverar que si uno 37


la mira fijamente por más de 30 segundos puede ser víctima de unas violentas convulsiones. Ella y yo jugamos una partida tristísima de naipes. Anders se ofrece a apagar la luz desde su cama y avienta un pomo de pasta dental a la tecla de encendido y apagado de la luz. Me cuesta conciliar el sueño porque los ojos me lloran inexplicablemente, adjudico este fenómeno al reflejo del sol que recibí en la vista al estar varados en Las Salinas. DÍA 9 Nos levantamos y llamamos a Localiza “Donde es fácil alquilar un auto”. Compramos facturas. Los chicos se preparan para devolver el coche en Salta. Llega la despedida. Anders rodea el auto diciendo que tienen que irse pero parece no estar dispuesto a subir. 38


Es un momento de gran emotividad, hay promesas de reencuentro. Los chicos se van sin nafta. Curiosamente, en Purmamarca no hay estación de servicio así que deben viajar al siguiente pueblo que está a 25 kilómetros de distancia. ¡Auguramos con frenesí que lleguen a destino! Nosotras nos vamos de recorrida. Romi compra algunas artesanías, en oportunidades me veo obligada a abofetearla para que avance de un puesto a otro. Comemos en la hostería. La bebida viene en botellas de vidrio que, estimamos, datan del año ´86. Reposamos en nuestra recámara y elevamos una plegaria para que, en caso de tener que compartir el cuarto, nuestros compañeros sean dos jóvenes italianos sumamente churros y heterosexuales. Luego salimos. Paseamos por el cementerio y los cerros. El 83 por ciento de las lápidas son de gente que se apellida Vilte, parece que 39


Claudia —la de El rincón de Claudia Vilte— tiene una familia muuuy numerosa. Querido diario, Jujuy está atestado de moscas, pero poco a poco aprendemos a domarlas. Romi se cubre las orejas en todo momento para evitar que alguna se deposite en su cavidad auditiva. Recibimos una hermosa y esperanzadora noticia, es inminente, tendremos dos compañeros de cuarto... ¿serán italianos? Vamos a comprar un termo, termo que al día siguiente implota en el ómnibus en el que viajamos a Maimará. Romi comienza el operativo para averiguar el paradero de una costosísima gorra visera que no es suya, pero aun así la trajo desde Buenos Aires y tuvo el tupé de extraviarla en la Puna. Llama a Localiza “Donde es fácil alquilar un auto” para saber si quedó dentro del vehículo, la respuesta es negativa, pero se entera que los chicos han lavado el auto antes de devolverlo. Compramos un papel higiénico cuyo nombre y estética nos escandaliza, se llama Meterete y posee unos payasos 40


demoníacos en su envoltorio. Gran desilusión. Nuestros compañeros de cuarto son una pareja, buena onda, pero pareja. Cenamos en la hostería de puñeta padre e hijo. Buscamos locutorio para llamar a Terri y negociar la posible recuperación de la gorra per- teneciente a la amiga de Romi. Están todos los comercios cerrados. Volvemos y nos acostamos. Para no perder la costumbre, estamos cansadas.

DÍA 10 Amanecimos en Mama Coca. Desayunamos ahí. Nos tomamos un micro hasta Maimará. El viaje es muy breve. Nos sacamos algunas fotos y una importantísima, a modo de agasajo, para nuestras respectivas madres. 41


Mientras esperamos el ómnibus con destino a Tilcara nos deleitamos con unos helados deliciosos. Una vez allá, vamos hasta la plaza principal. Compramos cosas en la feria. Romi negocia el precio de un bolso con una chola. Vamos caminando hasta las Ruinas del Pucará. El sol es abrasador. Nos encontramos con una pareja que habíamos cruzado previamente en Purmamarca, y piden con amabilidad Compartimos la anécdota de Las Salinas. Se muestran estupefactos con nuestros bronceados y hematomas, y nos recomiendan productos medicinales. Regresamos a la terminal de Tilcara, esperamos el micro hacia Humahuaca. El viaje no se extiende demasiado. Preparamos sandwiches de queso con las manos sucias. Por fortuna, aún no sentimos ningún malestar o dolencia que 42


manifieste algún remoto grado de intoxicación. Estamos ya en Humahuaca. Descendemos del micro. Soy recibida por un señor extranjero que nos ofrece alojamiento en un hostel juvenil súper piola con la única condición de que no consumamos drogas. Vamos a otra hostería, se llama El Farolito y el número de nuestra habitación es el 7. ¡Es el cuarto del horror! Es como ingresar a la alcoba de Linda Blair en El Exorcista. La temperatura debe ser de, por lo menos, dos grados bajo cero. Hay un insecto de dimensiones indescriptibles sobre la pared, lo mato y me siento un poco más aliviada. El eco es ensordecedor, pero luego nos acostumbramos a tal punto que comenzamos a hacer sonidos chistosos que se propagan en el lúgubre ambiente por más de minuto y medio. Mis piernas están ardidas. Romi me preocupa, es muy que probable que pierda la piel y parte de sus pómulos antes de llegar a Buenos Aires. 43


Después de bañarnos vamos a recorrer Humahuaca. Tenemos una charla concienzuda en la que determinamos que Iruya es demasiado lejos y sacamos pasajes para ir a San Salvador de Jujuy al día siguiente. Desde allá, mañana retornamos a Salta. La noche es poco feliz. Romi recibe malas noticias desde Buenos Aires. Escasea el optimismo. Cenamos afuera en un restaurante muy bonito y bien acondicionado. Lógicamente, también con sillas recubiertas con piel de animal. Dos buenos músicos tocan Hola, qué tal, de Las Pelotas. Regresamos a la cripta, planeamos despertarnos a las 8 de la mañana y cerramos nuestros féretros. DIA 11 Nos despertamos a las 9:03. Alarmadas nos preparamos veloces para alcanzar el micro de las 9:30 con destino 44


a Jujuy capital. ¡Es el mismísimo viaje del espanto! Todo comienza con el goma que se ocupa del equipaje, nunca nos dio los números correctos pertenecientes a nuestras mochilas. De a ratos el micro se colma de polvo dificultándonos hacer algo tan básico como respirar. Nos cubrimos los rostros con ropa, como si fuésemos los auténticos piqueteros Nilda Peloso y Raúl Castells. Llegamos a la terminal e inmediatamente se nos acopla Paul, un joven inglés que no pronuncia una sola palabra en español. Desplegamos airosas nuestras dotes idiomáticas, maravillosamente nos entendemos. Almorzamos juntos en un restaurante y recorremos la ciudad. Llamamos a Terra Oculta y reservamos lugar para pasar la noche. Tomamos helado y vamos a la Plaza Belgrano. Llueve bastante. Regresamos a la terminal y nos tomamos 45


el bus. Dentro del micro sufrimos un cuadro severo de hipotermia. Pasan una película que, a propósito, se ve en tonos verdes y violetas. Romi la observa con ferviente atención. Casi sobre el final, el filme se reinicia abruptamente, gran incertidumbre, Ro se muestra devastada. Llegamos a Terra Oculta, nuestra habitación ahora es la número 4. Compartimos nuestra alcoba con Paul y un joven francés —al que nunca le veremos el rostro—. Romi se está desollando frente a mis narices. Tratamos de evadir un poco a Paul, no para de hablar en inglés y nuestra capacidad idiomática está comenzando a flaquear. Vamos a la cocina a tomar mate. Hay dos porteños que, más adelante, apodaremos con el nombre de ‘hermanos nefastos’ y dos amigos israelíes. Los cuatro están cenando una comida explosiva típica de Israel a base de pa46


pas, porotos y garbanzos. El israelí más pintón nos ofrece uvas. Vamos al super. Regresamos y Romi prepara arroz con salchichas, zanahorias, arvejas y queso. Sobra una inmensidad porque Paul tiene el descaro de negarse a comer lo que él denomina: fast food. Esta vez, el israelí pintón nos ofrece vino. Nos reencontramos con la mariposa negra y gigante que se hospeda junto a nosotras en Terra Oculta desde el primer día en que llegamos. Los dos porteños y los dos israelíes tocan la guitarra y cantan animadamente. El hermano nefasto mayor (Sebastián), paradigma del chanta argento, inicia el contacto. Charlamos, contamos anécdotas. Ellos han vivido en Israel, hablan en hebreo con los otros dos muchachos. El hermano nefasto menor (Mariano) cuenta en reiteradas oportunidades sus vivencias en un kibutz. Nos proponen ir a beber algo. Antes de salir, el israelí pintón me despi47


de con un truco de magia con naipes que me deja sin aliento. Vamos hasta la calle Balcarce y terminamos en un bar con show. Todo muy lindo. Se nos suman unas cinco chicas que los hermanos nefastos conocieron previamente. Gracias a Dios, ellas se encargan de entretener a Paul. Las jóvenes deciden retirarse antes y nos dejan una cuenta exorbitante para pagar, además de devolvernos a Paul. Romi y yo exponemos nuestro deseo de volver a la hostería, los hermanos nefastos no se muestran de acuerdo. Paul no entiende demasiado, pero accede a quedarse con ellos. En el camino comemos un chocolate gigante cada una. Nos demoramos unos 10 minutos en un ciber. Llegamos a Terra Oculta. Inexplicablemente, Paul ya está en su cama. El francés también está durmiendo y cubre su rostro con una almohada. 48


Ponemos la alarma a las 9 y dormimos. DÍA 12 Me despierto 9:25 y me voy sin escalas a la tina. Al igual que Romi, Paul sigue durmiendo. El francés ha desaparecido... ¡misterio! En cuanto regreso a la habitación, Romi toma la posta y se va a dar una ducha. Desayunamos. En la cocina están los israelíes tomando leche con cereales. Vamos a comprar más llamas diminutas. Romi pelea el precio de un modo admiraApesadumbradas, paseamos un rato. Volvemos a la hostería. Sólo está la mochila de Paul. En la cocina hablo con el israelí pintón. Nunca nos despedimos de Paul ni de los hermanos nefastos. Tomamos un taxi. En el aeropuerto hay demoras. Nos ubicamos junto a una familia cuya hija adolescente se autodefine única en 49


su modo de vestir. Una vez en el avión, nos tomamos la foto de la desolación. El viaje es tranquilo, pero el aterrizaje se torna un poco convulsionado. Ya en Buenos Aires esperamos nuestro equipaje. Vemos desfilar ante nuestros ojos no sólo todas las maletas de los pasajeros, sino también ¡una auténtica silla forrada con piel de animal! Estamos de vuelta.

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Elenco estable de la aventura sureña Romi García (Compañera de viaje) Guada García López (Compañera de viaje) Nacho (Adicto a la fotografía amateur) Maxi (Cargador de bultos) Martín (Conocido de Romi) Roberto (Anfitrión peronista barilochense)


DIA 1 Hoy es sábado 21 de enero de 2008 y se nos ha retrasado una hora el vuelo. Guada está algo nerviosa e inquieta por el ineludible paso por el detector de metales, en oportunidades se vuelve reiterativa al preguntar en qué consiste esa maldita instancia. Luego de realizar con éxito el check in concretamos una visita al toilette. Decidimos pasar el rato en una cafetería del aeropuerto, en plena elección del desayuno Romi nota que ha extraviado los pasajes y documentos de ella y Guada. Revisa sus pertenencias y nada. Regresamos con aires de resolución al baño. La señora que se encarga de la limpieza jura que no ha encontrado estos papeles. En determinado momento todas corremos sin saber hacia dónde ir, pareciera que sólo nos mantenemos en ridículo movimiento como para sentirnos útil. Increpamos al personal de seguridad y se muestran realmente desconcertados. 55


En determinado momento por alta voz escuchamos: “Guadalupe García López, Guadalupe García López”, una vez más corremos para dar con una mujer vestida de un impecable color celeste que devuelve los pasajes y documentos mientras aconseja con voz de mando que los guardemos a consciencia. Más tarde, tomaré conocimiento de que la incertidumbre que tiene preocupada a Guada durante el proceso de embarque es producto de una discreta portación de yerbas ilegales que ha procurado llevar consigo. Llegamos a Bariloche y nos hospedamos en la habitación número 1 de la hostería Nomad. Hostería que se encuentra sobre la empinadísima calle Salta. Compartimos recámara con dos jóvenes y una mujer de comportamiento inquietante. Uno de los muchachos tiene una herida seca en su boca, cada vez que me dirige el habla me provoca mirar hacia otro lado. Vamos a Playa Bonita. Son las 21 y aún permanecemos al rayo del sol. 56


Nos acercamos a la terminal de ómnibus y sacamos pasajes con destino a Junín de los Andes para el día siguiente, allí nos encontramos con el otro compañero de habitación y compartimos un taxi. Son las 23 y recién está oscureciendo. Compramos comida y Guada la prepara de mil maravillas. Hernán, quien ya ha enviado más temprano algunos mensajes, reincide en la estrategia para vernos. Las chicas, aún con la ropa puesta y sin haberse bañado, caen en coma irreversible en sus respectivos lechos. Vale la siguiente aclaración: Romi tiene gran facilidad para conciliar el sueño en cualquier lugar o franja horaria. Durante los primeros dos días de vacaciones permanecerá en estado de inconsciencia. Retomando. Cuando ya parece que mi encuentro con Hernán se ha frustrado se acerca a la hostería. Lo recibo en la acera, platicamos, caminamos un rato y regresamos al hostal. Pide utilizar el cuarto de baño. Sube y nos quedamos en el comedor be57


biendo una cerveza. Hablamos mucho y prometemos tomar una decisión al regresar a Buenos Aires. Me voy a dormir bajo la mirada inquisidora de Guada que al verme llegar se sienta en su cama y sólo vuelve a recostarse cuando le explico que Hernán ha venido de visita. DIA 2 Nos levantamos a las 8:45. Guada se va a bañar mientras Romi desatiende con impunidad su aseo personal. Desayunamos rápido en la hostería, devoramos el tazón de leche con cereales y procuramos llevarnos las medialunas y los panes negros que también conforman el apetitoso tentempié matinal. En la terminal nos tomamos un micro hasta Junín, allí nos vemos en la obligación de hacer tiempo hasta lograr que una señora de nombre Ema llegue y resguarde celosamente el equipaje en 58


nuestra ausencia. Léase por equipaje: mi bolso y las dos valijas con rueditas de Romi y Guada que se han sabido ganar el fantástico mote de ‘mochileras fashion’ entre los lugareños. Finalmente, ubicamos nuestras cosas en un espacioso baño de discapacitados. Decidimos ir a una montaña llamada Vía Christi cuya particularidad más notoria reside en tener estatuas de celebridades religiosas a gran escala. Compramos algunos alimentos y nos dirigimos a orillas de un río que está al otro lado del pueblo. Notando con infundada desconfianza que hemos pagado por adelantado a Ema y que también le hemos confiado ingenuamente la totalidad de nuestras maletas regresamos al trote a la terminal para descubrir con pudor que ella está apostada en el pórtico del toilette como si custodiara la caja de seguridad de un banco. Viajamos hasta el río Paimún y acampamos en Rakitué —nombre que jamás podremos retener en nuestra memoria 59


obligándonos así a rebautizarlo como: camping Ratatouille— a orillas del lago Huechulafquen. El cielo está encapotado y ruidoso. Es importante mencionar que aquí no hay civilización ni electricidad. Notamos con pavor que en la proveeduría ya no queda algo tan elemental como lo es la yerba. Nos recomiendan otra despensa —que pertenece al mismo núcleo familiar— y nos señalan un camino interno. Cruzamos una tranquera y avanzamos, a esa altura, orientadas sólo por nuestro instinto. Aparece un can, Romi y yo nos alarmamos y proponemos retroceder; sin embargo, Guada mantiene la calma y el perro opta por ignorarnos. La amenaza de lluvia es inminente. Resolvemos volver sobre nuestros pasos y tomar el camino de la ruta. Llegamos a destino y compramos víveres: empanadas fritas, un vino tinto y un paquete de yerba de la única marca existente en ese lugar: Piporé —es im60


portante mencionar que es tan noble que una vez terminado este paquete, y teniendo la posibilidad de escoger entre otras más populares y tradicionales, volveremos a comprar de la misma marca—. El parpadeo de los relámpagos convierte al camping en un boliche. Cenamos y de un minuto a otro cesa la alarma de tormenta. Hemos decidido apodar a nuestra carpa como la nave nodriza. Guada enciende una fogata magnífica, el primer crepitar es registrado con emoción a las 22:14, cuando aún es de día. Vamos a la orilla del Lago Huechulafquen. Para entonces ha oscurecido y sólo nos alumbra la luna. El cielo está groseramente estrellado, se ven absolutamente todas las constelaciones. Intento fumar marihuana bajo la atenta supervisión de Guada y Romi. De repente, un punto de luz en la total oscuridad se acerca en dirección a nosotras, detenemos nuestra plática y ob61


servamos expectantes este extrañísimo fenómeno. Conjeturamos que es una luz muy alta para ser de una linterna en mano, ¡¿entonces qué es?! Para nuestra sorpresa vemos a un NN de sexo masculino portando una vincha con luz en plena frente, nos miramos conteniendo estoicamente la risa. Recarga con desenfado un termo en el agua del lago y se retira con su tercer ojo luminoso en dirección al camping. En determinado momento, Guada le pasa la turbina a Romi y en un fatídico movimiento vuelan hacia el lago todos los implementos que Guadalupe cuida tan afanosamente. Ella se levanta de inmediato —con una velocidad tan asombrosa que me hace pensar que si no es un animatronic le pega en el palo— y rastrea todas las piezas entre las rocas de la orilla. Se sienta pálida, revisa que todo esté en orden y balbucea con cierto dramatismo: “Tanto esfuerzo en el aeropuerto y mirá si se me viene a perder todo en la se62


gunda noche”, estallamos en una gran carcajada y nos vamos a dormir tras ser vencidas por una fogata que no logra ser reavivada. DIA 3 El interior de la carpa suda. Dormí junto a la delgada pared y estoy en condiciones de afirmar que he experimentado algo curiosamente comparable a lo asfixiante que debe ser el descanso eterno dentro de un ataúd. Nos levantamos y bañamos. Romi realiza las tareas del hogar y prepara el desayuno. Luego de ducharme olvido parte de mi ropa interior, por consiguiente, regreso a la carpa sin trusa. Desayunamos a la orilla del lago. Romi continúa deleitándonos con sus olvidos dejando esta vez la llave del candado de la carpa en la proveeduría, intenta que esto quede en el anonimato pero Guada lo ve todo. 63


Decidimos ir a pie hasta la cascada de El Saltillo o como diría Guadalupe: la de El Turnillo. Debo hacer la siguiente salvedad: ella tiene la curiosa capacidad de alterar involuntariamente los nombres de los lugares, pero siempre conservando la esencia de la terminología original. Caminamos bajo el sol y vemos el volcán Lanín. Llegamos a Puerto Canoa y averiguamos por una excursión en catamarán. El vendedor sale por detrás del mostrador y despliega una lámina gigante del recorrido, podría decirse que en ese momento sólo le falta empuñar un puntero láser. Demasiado cara, demasiado aburrida. Optamos por recorrer la playa. Hacemos un almuerzo dulce, es decir, el lugar es tan caro que preferimos tomar unas gaseosas tibias —aquí tampoco hay electricidad— con porciones de lemon pie y pasta frola. La mesera es irritante y su trato para con nosotras apesta. Continuamos con el objetivo cascada no sin antes consultar a un joven de la 64


camino es algo despoblado de árboles. Comienza la aventura. Caminamos por horas, el calor es abrasador, nos colocamos nuestras respectivas toallas sobre la cabeza y hombros. Estamos sedientas. Hacemos dedo pero nadie se detiene. Es despiadadamente cierto, no hay un solo árbol. Guada tiene el don de retener en su toallón todos los abrojos que se cruzan en su paso, y los que no también. Además, me veo en la obligación de hacer la siguiente referencia: cada vez que intenta sacarse el short para avanzar en bikini aparecen bólidos de la nada y opta por cubrirse otra vez. Encontramos una vertiente, ¡gran frenesí! Las tres corremos desesperadas a su encuentro, bebemos y nos mojamos con entusiasmo. más frescas. Otro alto en el camino. Las chicas descienden una ladera y se bañan en el río 65


Paimún, yo me quedo y las fotografío desde las alturas. Con ingenuidad seguimos haciendo dedo, pero somos brutalmente ignoradas. Luego de horas de caminata y desvaríos turnados coreográficamente llegamos a la cascada. Subimos, son otros 45 minutos de camino bastante empinado. Una vez en la cascada Guada masculla un grito que no es grito, un gemido que no es gemido. ¡Finalmente lo logramos! Nos fotografiamos y descansamos unos minutos. La bajada se complica y nuestras piernas no responden fielmente. Caminamos. A partir de este momento seré acompañada por un tábano que me obliga a utilizar la toalla a modo de hélice y nunchaku alternadamente. El mismo insecto me seguirá día tras día hasta encontrar la muerte en nuestra habitación de la hostería de Villa La Angostura. Vamos al camping Piedra Mala y meren66


damos en la proveeduría. Guada intenta persuadir a todo aquel que tiene auto para que nos dé un aventón; no resulta. Retomamos el camino y llegando al camping agreste Rincón nos debatimos entres dos opciones: a) Seguir por el camino más largo, pero con la posibilidad de hacer dedo. b) Tomar el camino ligeramente más corto, pero con ínfimas probabilidades de que nuestros restos óseos sean hallados alguna vez. La opción b es la elegida. La caminata ahora se vuelve tranquila y amena. Hasta que de improviso sucede lo impensado: vientos huracanados comienzan a azotarnos. Quedamos ciegas y tragamos tierra, tragamos tierra y quedamos ciegas. Cuando ya empezamos a descreer hasta de la Tora, Guada simula bajarse sus pantalonetas y el milagro ocurre. Aparece una fastuosa camioneta con dos señoras paquetas como ocupantes. Las tres ponemos rostro de súplica y ojos de gato con botas y logramos que se de67


tengan. Subimos a la caja —nos ofrecen viajar en el interior de la parte de atrás, pero por mi estupidez viajamos a la intemperie sufriendo el síndrome Profesor Lambetain—, para quienes lo olvidaron procedo a refrescarlo: El excesivo viento hace que el labio superior se adhiera a la encía dejando al descubierto nuestros dientes. Llegamos al camping y nos bañamos. Romi y Guada hacen la fogata. Exhaustas nos vamos a dormir. Vientos importantes durante toda la noche. DIA 4 Nos despertamos y ordenamos todas las pertenencias para marcharnos. Desayunamos y esperamos el traslado hacia Junín de los Andes. Viaje tranquilo. Al arribar almorzamos en El preferido de Junín. Regresamos a la terminal y salimos para 68


San Martín de los Andes. El chofer se muestra endemoniado al tener que detenerse a dejar, prácticamente a domicilio, a un grupo de mochileras que tienen sus bolsos en el último lugar del guarda equipajes. Vamos a la hostería Rukalhue y nos hospedamos en la habitación 8. Las camas marineras son tan altas que uno se apuna al subir. Una de las de abajo ya está ocupada por alguien que estimamos —según los sugestivos guantes de cuero que reposan sobre su mesa de noche— tiene un importante historial como asesina serial. Vamos a una playa sobre el lago Lacar. Desprovista de ropa, más precisamente en bikini, cruzo un saludo pudoroso con un alumno de Guión. Llevamos ropa al laverap. Comemos helado y pasamos por el supermercado. Regresamos y tomamos unos mates en el comedor. Conocemos a Loren, nuestra compañera de cuarto. Es inglesa y amorosa, descar69


tamos su hipotética relación con el mundo homicida. Junto a ella está Horacio, muchacho cruza con mapache —sus permanentes ojeras así lo indican— y paradigma del auténtico sabelotodo. Romi no cesa de recibir mensajes de Chuli que hacen que Guada y yo notemos lo poco extrañadas que somos. Cenamos. Guada socializa a mansalva y decide quedarse a dormir. Romi y yo salimos. Descubrimos que San Martín de los Andes es una ciudad mucho más bella de noche. Tras comprar los chocolates más caros del mundo regresamos a la hostería. Comemos algunos y nos acostamos. DIA 5 Romi nos despierta para desayunar en la hostería previo a partir hacia la terminal. Este desayuno tiene las medialunas más ricas del condado y lo bueno es que no las racionan y uno puede servírselas a su antojo. 70


Tomamos un micro hacia Hua Hum. Es el legítimo viaje del espanto, hace mucho frío y el polvo que ingresa nos ahoga. Al llegar emprendemos una caminata hacia la cascada de Chachín. Es imponente, pero podemos verla desde una distancia bastante alejada. Seguimos hasta el muelle de Chachín. Momento de porfolio. Guada grita y el eco automáticamente le devuelve su alarido, yo también lo intento pero jamás recibo mi grito de vuelta. Afirmativo, no tengo eco... eso me hace pensar que quizás tampoco tenga alma. Nos quedamos a la orilla del río, hay chaquetas amarillas (insectos) por doquier. El micro de regreso pasa recién a las 20; la jornada se haría menos extensa si el maldito tábano que estoy domesticando por obligación me dejara vivir en paz los años de juventud que me quedan. A orillas del río Hua Hum cuando Romi se baña la correntada se lleva su ojota, Guada sale con la impronta de Baywatch 71


y se improvisa un rescate con la participación de una familia y una pareja. El operativo es un éxito, creo que hasta hay vítores y palmas. No conforme con haber movilizado una vez a esta gente de corazón noble, Romi se lanza al agua junto a Guada. La corriente no permite que Romina regrese, nada desesperadamente en el mismo lugar y dice: “Guada, no hay retorno”. La gente comienza a acercarse y organizan un cordón humano hasta llegar a darle la mano, presa del pánico fotografío el momento. Regresamos a informes, nos recomiendan merendar en una hostería cercana. Volvemos a esperar el micro Ko Ko. El tábano está más insistente que nunca. Dormimos durante el viaje de regreso. Tomamos mate en el hostel. Romi se baña mientras Guada y yo compartimos una charla con Horacio. Tengo los ojos rojos y lo digo a viva voz en medio de la conversación. Con total seriedad, el señor que todo lo sabe, me dice que estoy equivocada y afirma: “Rojos, no. 72


Tenés los ojos cansados y eso hace que se te desfigure todo el rostro”, al borde del llanto permanezco callada mientras continúa contando toda clase de anécdotas. Sobre el final de la plática nos dice que al día siguiente quiere ir a Quila Quina junto a nosotras porque su compinche británica se va. Lo evaluamos entre las tres y coincidimos en evitarlo. Durante nuestra ducha Guada y yo cantamos grandes éxitos de cantantes melódicos de habla hispana, más tarde concluiremos en que fuimos escuchadas por la hostería toda. Cenamos ravioles con una salsa riquísima hecha por Guada. En el comedor hay una chica que cena sola y la invitamos a nuestra mesa. Gran error. Comienza un monólogo interminable, carece de ese bien tan preciado conocido popularmente como capacidad de síntesis. Nos vamos a dormir.

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DIA 6 Despierto con el ruido de cientos de bolsas de nylon con las que Loren empaca una a una sus pertenencias, debo admitir que pensé en utilizar sus propios guantes para matarla sin dejar rastros. Nos levantamos y desayunamos. Tratamos de evitar a Horacio, cuando creemos que lo hemos logrado lo cruzamos en el hall de entrada. Nos saluda y nos arroja una mirada despreciativa. Lo saludamos y seguimos nuestro camino. Nos tomamos una lancha de pasajeros para ir hasta Quila Quina. Lo curioso es que te lo venden como un catamarán de lujo —es más, lo tienen ahí mismo anclado— y te hacen subir a esta lancha que está al lado. No me malinterpreten, no es nada fea... pero no es el catamarán. Caminamos hasta una catarata bastante pequeña y profanamos tierra mapuche. Pasamos la tarde en una playa de una belleza sin igual a orillas del lago Lacar. Cuando estamos rebosantes de dicha, alegría e intimidad avistamos un cuerpo 74


extraño que se acerca a paso lento pero firme. Es Horacio. Cumple su cometido y nos encuentra. Comenzamos a charlar. Desenfunda su cámara y le toma de arrebato una foto a Guada en el agua, suponemos que luego hará gala de esa estampa asegurando que ha tenido un fogoso affaire con ella. Luego le pide a Romi que lo retrate bajo sus pretenciosas indicaciones. El sol se torna insoportable, después tomaremos conocimiento de que la temperatura es de 34 grados centígrados. Le decimos a Horacio que vaya hacia la cascada, y nosotras nos montamos de regreso en la lancha. Volvemos a la hostería. Merendamos. Guada se va a la recámara y reposa el cuerpo. Romi y yo recorremos el centro y no hacemos nada de lo que realmente deberíamos hacer: Ir al supermercado y pasar por la terminal. Es muy curioso, en San Martín de los Andes los autos se detienen apenas uno 75


coloca el pie en la calle. Al llegar a la hostería encontramos un panorama singular, Guada está en la cama con su flequillo indescriptiblemente erizado y en el lecho de Loren yace boca arriba el cuerpo de un joven de un largo impactante que será nuestro nuevo compañero de alcoba y se hará llamar Maxi. Merendamos por segunda vez. Debo destacar que será recurrente nuestro pensamiento en comidas. Durante la ingesta de cualquier alimento ya estaremos pensando con qué comestible deleitarnos luego. Salimos a hacer lo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo: Ir al supermercado y comprar pasajes para el día siguiente. Regresamos y optamos por cenar antes de bañarnos. Comemos, Romi prepara unas sabrosas salchichas con arroz y mientras tanto hablamos con Horacio y una parejita. La chica a la que invitamos a nuestra mesa la noche anterior está dando un interesante discurso para otras dos mu76


jeres que se muestran agotadas de oírla. Vamos a bañarnos. Somos la pesadilla de Maxi, todo el tiempo lo estamos molestando. Nos vamos de copas, el sitio es Down Town Matías. Regresamos a la hostería, Romi digita con éxito la clave de apertura que nos confiaron al momento de hospedarnos. Nos vamos a dormir, por supuesto, no sin antes despertar a Maxi. DIA 7 Maxi contribuye a despertarnos, vamos los cuatro a desayunar. nal y él nos ayuda con los bolsos. Tomamos un micro con destino a Villa Traful, se detiene a mitad de camino y suben tres chicas y dos chicos. Los muchachos portan —a modo de boina— seudopaneras sobre su cabeza, sólo varía levemente el color de una en comparación con la otra. 77


Observo el plano de situación, en cuanto se ubican en los asientos uno de ellos hace un comentario, el otro —careciendo por completo del don de la discreción— se voltea y le dirige una mirada a Guada. Ella, ignorando que es tema de conversación entre los jóvenes recién llegados, continúa haciendo sopapa contra el vidrio con el afán de sacar innumerable cantidad de fotos. El micro nos deja a metros de la hostería Vulcanche. Guada me susurra al oído algo como: “Son más que nosotras, van a ocupar los lugares, andá lo más rápido que puedas”, asiento con la cabeza, Romi también está de acuerdo y la misión se vuelve un reto al destino. Al avanzar podemos sentir la respiración de los cinco en la nuca, ellos tienen mochilas y eso los beneficia. Aun así llegamos primero, totalmente en vano, pero llegamos primero. Hay lugar para todos y más. Vamos a la playa a tomar mate, el lugar es demencialmente bello. Regresamos al hostel y almorzamos po78


llo al wok. A partir de este momento, la situación estomacal de Romi comenzará a dar problemas de manera frecuente. En el parque nos tomamos un tiempito para llevar a cabo una sesión de manicure. Hacemos leve amistad con los chicos y sus paneras. De ahora en adelante sabremos que provienen de Viedma y se hacen llamar Nacho y Maxi. Guada platica con Nacho y me presenta, sostenemos un cruce de palabras, pero tengo la leve impresión de que no me está escuchando. Opto por marcharme. Los chicos nos invitan a recorrer el lugar, rechazamos la propuesta y Guada se marcha a reposar el cuerpo. Romi y yo tomamos mate con budín de vainilla y chocolate. Posteriormente, también nos recostamos. Al levantarnos vamos al pueblo y hacemos paso obligado por el mercado. Surge la propuesta de cenar pollo a la parrilla en la hostería y sin dudar acepta79


mos. Romi y yo nos bañamos. Las estruendosas voces de Guada y Nacho provienen de la cocina, nunca imaginé que dos personas que hablan en simultáneo puedan entenderse a la perfección. Más tarde, estamos todos reunidos: Alfred, Jenny, Cecilia, Laura, Nacho, Maxi, Santi, Facundo, nuestra compañera de cuarto —con la que cada vez que me cruzo a solas me recomienda una y otra vez la misma excursión—, Romi, Guada y yo. Cenamos animadamente. Luego nos sentamos fuera de la hostería y sostenemos una simpática charla. Es inevitable que Alfred haga referencia al parecido de Guada con el popular valuarte novelesco llamado Silvia Kutika. Nos revela que establece una clasificación de las mujeres que oscila entre: bellas, bonitas, lindas, hermosas y exquisitas; con galanura, dice: “Y a mí, Silvia Kutika, me parece exquisita”. Decidimos hacer un fogón a la orilla del 80


lago, recogemos ramas y vamos hacia la playa. Cuando llegamos somos recibidos por un grupo de jóvenes y nos sumamos al fuego ajeno. Nacho empuña la guitarra y cantamos. Nos vamos a dormir. Guada y Nacho se quedan alimentando el fogón con el resto de la muchachada que antes nos había recibido. DIA 8 Nos despertamos para desayunar, lo hacemos afuera, en una mesa que Eduardo nos acondiciona especialmente. Nos despedimos de Alfred, las chicas y Maxi. Vamos al pueblo. Guada se despide de Nacho. Vamos al mirador. Regresamos y comemos fideos con salsa. Salsa que cocina Guada y es previamente catada por el cocinero de la hostería. El chef al que aquí remito se llama Mario, 81


este buen hombre tiene un ojo tremendamente claro que denota posible ceguera. Cuando hablo con él me debato estúpidamente entre mirar el ojo marrón o el incoloro, y me incomoda bastante. Luego de almorzar vamos a nuestra recámara —que se ubica estratégicamente sobre la cocina—. Dormimos la auténtica siesta del averno, me despierto y es como si estuviera en un parripollo. Yo creo que la temperatura de la alcoba es, sin exagerar, de unos 47 grados centígrados. Romi está sentada en su cama y el calor la hace murmurar cosas indescifrables, temo que haya perdido la cordura. Salimos de la habitación dejando a Guada en estado de inconsciencia —es importante mencionar que cuando vuelva en sí, a modo de venganza, ella sudará una a una las camas de nuestro cuarto—. Preparamos el mate y nos dirigimos a la playa. A nuestro lado hay una familia compuesta por varias generaciones, es claro que 82


cada uno de ellos ha heredado el gen de la competitividad que hace que todo el tiempo pongan a prueba sus habilidades. Cuando volvemos a Vulcanche socializamos con Karina, esta chica es una conocida de Guada que sólo Dios sabe de dónde la conoce. Nos bañamos y cenamos también con ella. Comemos pizza. La hostería está atestada de muchachos ávidos de ver el súper clásico Boca – River. De golpe y porrazo se nos suma una mesa gigante repleta de amigos de Santi. Conoceremos a increíbles personalidades de Traful: el Pana, Lisandro, un pelado, los chicos que la noche anterior estaban en el fogón. Lisandro es un auténtico freak y de inmediato nos sentimos hermanados al ser portadores de una melena de similar naturaleza. Con el Pana tenemos una plática en la que él hace gala de su título de único panadero de Traful y se emociona al 83


asegurar que no cambiaría por nada el ser reconocido por su propio pueblo. Es la noche del baile y la muchachada está convulsionada. Nos invitan y accedemos. Santi se jacta de ser el rey del chamamé y se compromete a demostrar su talento de bailador. El lugar es como una pulpería, pero mínimamente modernizada. La música que prevalece es la cumbia. A pedido de nuestra mesa ponen un chamamé y Guada baila con Santi. Me encargo de arruinar todo registro fotográfico y luego de una cerveza nos vamos a dormir. Karina se queda en el baile. DIA 9 Coco, un amigo de Romi que vive junto a su mujer en Villa La Angostura, confirma que no puede hospedarnos. Desayunamos. Karina se ha marchado a las 10 de la mañana. 84


Camino a la estación de servicio/terminal nos cruzamos con los chicos del pueblo y nos saludan con frenesí. Intentamos la osadía de persuadir al conductor del micro para que nos permita viajar a las 12 con un pasaje que corresponde a las 18.30. ¡Por fortuna lo logramos! Subimos al micro. En una de las paradas suben Jenny, Cecilia, Laura, Nacho y Maxi, momento de chascarrillos e insólita alegría. Llegamos a La Angostura. La oficina de turismo es un caos. Conseguimos hospedaje por separado: las chicas en Italian y nosotros cinco en la habitación 4 de hostería El Hongo. El camino es bastante largo y las últimas cuadras son realmente empinadas. Maxi me ayuda con el bolso y murmura algo como: “Es en estas situaciones en donde me pregunto por qué lo hago”. Nacho ayuda alternadamente a Romi y a Guada con sus maletas. Llegamos y tenemos el placer de conocer a Julio, el encargado del lugar. Duerme demasiado; habla sin gesticu85


lar, como si decir palabra le costara un esfuerzo de otro mundo; suele aparecer despeinado y abotonándose la camisa cada vez que lo necesitamos. Cuando procura enseñarnos cómo digitar la clave para entrar durante la noche, lo increpa a Nacho por no prestar atención: “Nacho, vení Nacho, que yo no me voy a levantar cuando vengas a las 5 de la mañana y te vas a quedar afuera”. Nos bañamos y comemos algo. Nos deleitamos con un filme nacional que reúne celebridades tales como Susana Giménez, Calabró y Rodolfo Ranni. Vamos al centro, recorremos y tomamos un helado en la recomendadísima heladería Jauja. Nos encontramos con las chicas, a ellas se les ha sumado un amigo que responde al nombre de Godie. Romi y yo nos juntamos en el supermercado con Coco y Marcelo, de ahí vamos a la casa, es preciosa, típicamente sureña. Coco nos lleva a conocer un arroyo que pasa por su terreno, pero cuando llegamos descubrimos entre risas que está 86


seco. Él dice desconcertado: “¡Hace dos meses que no bajo!”. Comemos pizzas y empanadas en el parque. Durante la cena alguien le dice a Guada: “Te parecés a una actriz”, otra vez el fantasma de la Kutika. Marcelo nos devuelve a la hostería. Llegamos. Están los chicos y hay otros rostros conocidos que también estuvieron en el fogón de Villa Traful. Romi está de gran vomitona. Nosotros vemos tele abajo. Los chicos deciden salir. Yo me voy a dormir y durante la noche sufro un terrible calambre en la pierna izquierda, estoy tan pero tan dormida que apenas puedo reaccionar para masajear mi pantorrilla. DIA 10 Nos despertamos. Nacho y Guada preparan los desayunos a la carta. Él se hace el amistoso con nosotras para 87


sumar puntos con el clon de Silvita Kutika, nos consiente hasta el punto de conseguir un saquito de té para Romi —aunque esto implique levantar a los muchachos de la habitación contigua—. Nota de color: Nacho apodará a Romi como La Colo. En reiteradas oportunidades ella se verá en la obligación de aclarar que su tono de cabello es producto de un tinte artificial. Salimos para el Bosque de Arrayanes. Nos juntamos con las chicas y Godie en la parada del colectivo, perdemos el que debíamos tomar y el próximo arriba en una hora. Al ser un grupo de 9 integrantes decidimos tomar tres remises. Llegamos al pórtico del Parque de los Arrayanes. Cecilia, a media voz, comparte una versión de camino alternativo para evitar pagar la entrada al predio; entrada que sale 4 mugrosos pesos. Tomamos esa vía y sucede lo peor. El camino cada vez está más alto y alejado del lago, es bastante empinado y no 88


encontramos el verdadero sendero que, supuestamente, debíamos retomar a los 200 metros de emprender la caminata. Nacho va a la cabeza con la seguridad absoluta de que vamos correctamente, incluso nos alienta cual personal trainer y, por supuesto, no cesa de fotografiarnos mientras avanzamos exhaustos. En oportunidades nos creemos perdidos. Romi derrapa varias veces, sus zapatillas tienen el peor agarre del mundo entero. Maxi lleva dos botellas de agua y es el encargado de racionar el líquido. Además, tiene la brillante idea de usar la mochila de Romina para trasladar la bebida. Aclaración: Luego de la caminata la mochila apesta. El sudor de Maxi se ha infiltrado de manera tal en la tela que una vez que él se haya marchado a su Viedma natal nosotras lo recordaremos por el inconfundible y peculiar aroma que ha quedado impregnado. Llegamos al kilómetro 1, gran alegría y vítores. Nos fotografiamos. Los chicos comienzan a almorzar de in89


mediato. En las pendientes, Maxi —cuya altura es de 1.90 metro— se toma de mi brazo cual maricotas. Caminamos el resto de los kilómetros. Llegamos al 12 y nos encontramos con la Laguna de Patagua, hacemos una parada obligada y nos bañamos. Gran evento gran. Me sumerjo totalmente por primera y única vez en aguas sureñas. Debo servirme de un short de Guada porque, una vez más, he olvidado mi trusa de baño. ¡Un momento!, Godie se baña con sus gafas negras puestas. Es extrañísimo. Seguimos y llegamos al bosque y es precioso. Recorremos. Sacamos fotos. Nacho consigue, inexplicablemente, un fabuloso descuento para el viaje de regreso en catamarán. En cuanto nos lo comunica batimos palmas en su honor. Una vez en la civilización, debemos pedir nuevamente remises porque hemos perdido el último colectivo y a pie son 3 kilómetros. Los muchachos optan por la caminata. Nosotras pasamos por el ciber y después 90


por el supermercado. Nos bañamos mientras Guada cocina. No sé si es el momento adecuado para mencionarlo, pero Guada tiene clara tendencia cleptómana. Por consiguiente, se sirve de ingredientes que le son ajenos para preparar la cena; además, porta un cuchillo que tampoco le pertenece. Comemos en la hostería con los chicos. Romi se va a dormir y yo me pongo al día con la escritura. Nacho yace dormido sobre el piso, aún no se ha bañado, y Maxi intenta despertarlo. Lo fotografía boquiabierto y lo filma de manera denigrante. Miro fotos con Guada en la tele y después me voy a dormir. DIA 11 Abro los ojos y soy fotografiada por Nacho. No es nada personal, simplemente es el acoso que recibimos todos a medida que despertamos. La superficie del cuarto está absolutamente cubierta 91


por nuestras pertenencias, es imposible desplazarse sin sortear obstáculos, parece un campo minado. Los chicos empacan sus cosas porque hoy se marchan, una verdadera picardía. Desayunamos el rejunte de comestibles que nos ha quedado. Llega la auténtica alegría de El Hongo, una mujer que es exactamente lo opuesto al taciturno de Julio. El registro sonoro de esta fémina es tan agudo como ensordecedor. Los chicos quieren resarcir económicamente a Julio por su gesto probo al hospedarlos por menos dinero del que corresponde. Vamos de paseo y ya en la puerta de la hostería, Nacho —el muchacho más entusiasta del mundo con las fotografías— una vez más propone retratarnos. Llevamos ropa a lavar, la bolsa es bastante pesada y Maxi se ofrece a cargarla. El lavadero más cercano, que no es taaan cercano, está cerrado. De igual manera, nos atiende de mil amores una 92


señora que nos asegura que no llegan a lavarla a tiempo. Maxi asevera que no llevará la bolsa de vuelta; es el joven con menos convicciones que conozco. De inmediato cambia de parecer y entre refunfuños vuelve a llevar la bolsa hasta el Lago Correntoso. Estamos llegando y llama Coco, Romi y Guada comienzan a hacer señas identificatorias para ser reconocidas a la distancia por su amigo personal. En la playa están: Popeye —Marcelo con su lanchita inflable—, Sergio y dos chicos más. Nos quedamos y tomamos mate. Llega la hora de la partida de Nacho y Maxi, abrazos y promesas de reencuentro. Se alejan y saludamos desde la playa. Lógicamente, Nacho a los lejos nos saca una foto. Pato nos lleva al centro. Dejamos la ropa en un laverap y almorzamos a la hora de la merienda. Romi tiene su panza terriblemente 93


hinchada, no se siente nada bien y se niega a recibir asistencia médica. Pasamos por la terminal y sacamos pasajes para retornar a Bariloche. Vamos a Bahía Manzano, es un lugar bello y paquete que se caracteriza por tener gran cantidad de playas privadas. Romi necesita un baño con premura. Llegamos a un bar, el muchacho le da la llave del toilette de damas mientras Guada y yo bebemos unos refrescos. Romina no logra abrir la puerta y su situación estomacal es desesperante. El mozo manipula con parsimonia el picaporte, que gira en falso cual ruleta, hasta que lo forzamos a darle la llave del baño de hombres. Cuando finalmente logra ingresar vemos alarmadas que nuestro colectivo está a segundos de pasar. El próximo llega en una hora y esto implica que no podamos recoger nuestras prendas del laverap a tiempo. Romina logra su cometido con éxito. Llegamos a la parada y por fortuna aún no ha pasado nuestro bondi. 94


Cuando llegamos al centro vamos a por nuestra ropa limpia y somos atendidas por el señor de la no palabra. Volvemos a la hostería y tenemos un nuevo compañero de alcoba, su gracia es Javier y es bastante peculiar. Habla muchísimo y por casualidad descubrimos que es amigo de una alumna que he tenido en guión. Nos bañamos y pasan a buscarnos Marcelo y Sergio. Cenamos en un pizza libre llamado Lo de Ramón en donde nos juntamos con Coco y su troupe. Luego pasamos por la heladería Bosque chocolate y saqueamos la canasta de dulces para probar. Volvemos a la hostería, gracias a Dios hemos escuchado atentamente las instrucciones dadas por Julio para abrir el pórtico. Javier se reincorpora levemente en su lecho y dice: “¿Engancharon algo?”. Dormimos.

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DIA 12 Esto de viajar junto a mi asistente personal es fantástico: Nos despertamos con un llamado al celular de Romi que avisa el cambio de horario de mi vuelo. Nos vestimos y desayunamos junto a Javier y nos hace probar las pepas del Pana de Traful, realmente, deliciosas. Se nos suman otros cuatro muchachos y nos llevan a la terminal para ir a Bariloche, acordamos encontrarnos con ellos al día siguiente en El Bolsón. Viajamos. Hace mucho calor adentro del vehículo. Un joven se pone de pie y, abriéndose paso cual vengador anónimo entre los mortales, abre la ventana que está en el techo del micro. Acto seguido, estallamos en merecidísimos aplausos. En la terminal de Bariloche nos esperan Martín —conocido de Romi— más un amigo de él que vive allí y se llama Roberto. Al llegar nos montamos en el auto del lugareño. 96


Es importante remarcar que el vehículo es un 504 destartalado y fiel; el parabrisas está completamente astillado; las puertas no cierran ni abren cuando deben hacerlo; el tapizado consiste en numerosas tiras de tela; la pintura está toda saltada y la chapa oxidada. Nos llevan a recorrer la ciudad. Por este motivo se ganarán los siguientes apodos: Roberto será ‘Roberto estudiantil’ y Martín será ‘el junior’ o, en su defecto, ‘chunior’ para los amigos. Estos dos muchachos merecen un capítulo aparte. La dinámica de este dúo es fascinante, parecen un matrimonio de años. Martín le cocina a Roberto y se preocupa si llega tarde, nos cuenta que la noche anterior le ha hecho una escena por hacerlo esperar con la comida lista. Roberto es peronista hasta el tuétano, habla muchísimo y con voz elevada. Nos llevan a almorzar a un lugar de comidas rápidas llamado Morfis, este local es atendido por su dueño y una muchacha. Él es un joven notoriamente inver97


tido que se encarga personalmente de todas las tareas, y cuando digo todas son todas. En oportunidades se aleja del mostrador para limpiar, alistar las mesas o preparar un combo. Jamás pierde la sonrisa, es admirable. Además, habla como ocho idiomas. Nos sentamos a comer, cuando aún no terminamos Roberto se para subiéndose los pantalones, se frota las manos y nos invita a retirarnos. Chunior, con tono gentil, le dice: “Roberto, vení, quedate tranquilito, sentate, las chicas todavía están comiendo”. N del A: Roberto es el ser más ansioso que he conocido. Más adelante, nos llevará a lugares y de inmediato querrá que ingresemos nuevamente al auto para no malgastar ni un segundo de nuestro tiempo. En ocasiones, haciendo gala de su rol de coordinador, nos cuenta para ver si estamos todos. Con ellos recorremos el Cerro Otto, Circuito Chico, Colonia Suiza y la Cascada de la Virgen. Roberto abre el techo del auto y el polvo 98


arremete no sólo contra nuestras fosas nasales, sino también con nuestros cabellos. Yo quedo visiblemente canosa y me gano el apodo de abuela. Nota de color: Cuando a la noche nos pasen a buscar —y ya haya dejado el polvillo en la tina— los chicos dirán: “¡¡Vino la nieta!!”. Terminamos el recorrido en la famosa península o lengua de tierra en la que vive Roberto. Conocemos a su perra, se llama Simona y según él: “Le quedó la mente mogólica”. Comemos moras en el jardín de su casa y luego vamos a tomar mate a orillas del lago. A lo lejos hay unos amigos de ellos que tienen sus rostros cubiertos en arcilla a modo de tratamiento de belleza. Nos ofrecen cenar ahí, rechazamos la oferta y nos llevan hasta la hostería. Prometen regresar por la noche. Nos bañamos y cenamos. Guada se queda a dormir. El motor del bólido se anuncia. Chunior sube hasta nuestra recámara y golpea la puerta, bajamos y partimos con rumbo a 99


la noche barilochense. Vamos por la calle y vemos en una esquina una banda del estilo de la No Smoking Orchestra, de Kusturica, Roberto enloquece y aparca el carro sin dudar. Son geniales, se llaman El Método y la gente los ovaciona. Yo tengo un poco de frío, como buen junior, Martín me cede su chaleco de Marty McFly. Comienza la búsqueda de un cajero para Romi y otro para mí. Romina baja del auto y su tarjeta no abre la puerta. Roberto, tras varios intentos fallidos, dice: “Voy a ser caballero y a pasar vergüenza con ella”, desciende del auto empuñando su tarjeta personal e intenta abrir sin éxito. Vamos a otro cajero y sacamos dinero. Estamos listos para irnos de copas. Entramos al bar Antares y un muchacho ejecuta el acordeón entre las mesas. Roberto está exitadísimo y habla más alto de lo que el oído humano puede soportar. Hablamos sobre películas bizarras y nos entusiasmamos reproduciendo escenas conocidas. 100


Romi y yo abandonamos la degustación de cervezas artesanales y optamos por tomar un daikiri de frutilla; Roberto y Martín enferman al barman con sus peticiones de un trago que ni ellos saben cómo se prepara. Volvemos a la hostería. DIA 13 Nos levantamos al alba para ir a las 8 a El Bolsón. Desayunamos. Las medialunas y panes dejan mucho que desear, estimamos que se trata de las sobras del desayuno del día anterior. Nos tomamos un remís para llegar a tiempo. Subimos al micro. Es una cripta, el frío es penetrante, ¡¿con qué necesidad está el aire prendido?! Dormimos casi todo el viaje. Conocemos la ciudad y es muy pintoresca —a diferencia de lo dicho por Roberto—. 101


Vamos a la oficina de turismo y somos atendidas por un joven al que poco le importa informarnos sobre actividades para hacer. Subimos al mirador del Cerro Amigo y nos quedamos un rato allí. Estoy algo inquieta —quizás el día anterior con Roberto me ha dejado un poco ansiosa—, al no encontrar la pincita de depilar me corto las uñas. Luego, no tengo mejor idea que untarme en crema de pies a cabeza y al descender se me adhiere la tierra de un modo tan impresionante como permanente. Vamos a la feria y nos encontramos con los chicos de la hostería El Hongo. Es claro que no congeniamos, no vuelven a intentar localizarnos nunca más. Comemos de pie una mezcla de minutas de extraña procedencia. Recorremos la feria, hay una multitud de gente y se vuelve algo tedioso. Romi se muestra inmersa en un frenesí de placer frente a algunos puestos. Guada, al igual que yo, no se muestra tan enfática. 102


Visitamos una fábrica de dulces. Degustamos algunos y nos llaman la atención por babosear sin límites la misma cuchara en distintos recipientes. Compramos algunos productos y Guada se toma un café con tarta de frambuesas, hace mucho calor en ese sitio. Los chocolates comprados por las chicas Vamos a Lago Puelo. En el colectivo, Guada tira el barral de la cortina de la ventana del fondo y se aleja como si nada hubiera sucedido. Llegamos, ¡¡es precioso!! Contraste de lago con picos nevados y montañas verdes con playa. Tomamos mate y sol. Romi y Guada nadan y me encomiendan generándome una gran presión. Se hace la hora de volver. Nos dirigimos a la ciudad y descubrimos con pavor que se ha caído el sistema de la empresa de transporte Vía Bariloche. Debemos ir hasta El Bolsón y si 103


volvemos. De lo contrario, deberemos quedarnos allí para siempre. Conseguimos pasajes, pero tenemos que hacer tiempo durante una hora. Vamos hacia la plaza y Guada le pregunta a un hippie gruñón el nombre de una montaña particularmente alta. Él dice que se llama: Piltriquitrón —algo así como: ‘sostenido por las nubes’ en mapuche— y nos muestra que el pico se asemeja al perfilde un indio recostado. Automáticamentenos sentamos junto a él y comienza conla cantinela de la bronca y el repudio contra el capitalismo, la oficina de informes, los turistas y hasta el cambio horario del año 68, dice: “¡Ya nos han robado dos horas!”. Concluye por ofrecer los servicios de su camping agreste y nos da un folleto explicativo… nos preguntamos: si sos tan hippie, ¿¡por qué no lo escribiste a mano y en papel reciclado!? Se retira dejando un halo de misterio. Nos quedamos ahí un rato más y luego pasamos por un baño público. 104


Tomamos el micro. El chofer reta a dos niñas —ubicadas adelante de Guadalupe y quien escribe— porque hacen flamear sus brazos por fuera de la ventanilla. Más tarde, Guada también las reprende y de inmediato se gana el odio de ambas infantas. Llegamos de noche y ávidas de comer verduras. Nada está abierto, todo está cerrado. Terminamos comprando donde siempre y comemos fideos con crema. Llegamos a la habitación y hay rastros que indican que tenemos nuevos compañeros. Romi, indignada, encuentra un preservativo entre sus pertenencias. Guada y yo dejamos la higiene personal para el día siguiente. DIA 14 Me despierto 8:45, hay tres varones ocupando el resto de las camas. Me voy a la tina y cuando regreso dos de 105


ellos están de gran plática con Guada. Son catalanes: Jordi —réplica del actor Will Ferrell, más precisamente, cuando interpreta el glorioso papel de hermano Butabi— y Edu —un petisín que se sirve de la toalla de Guada a su irreverente antojo—. Vamos a desayunar y compartimos mesa con Jordi y el duplicado de Ana María Campoy. Esta mujer es insoportable, es representante de artistas y se jacta de su vida noctámbula. Vamos al centro a averiguar por una combi que vaya al aeropuerto. Pasamos por la oficina de Aerolíneas Argentinas, nos informan que no dan servicio por tierra y que, además, el vuelo de las chicas aterrizará en la lejana comarca de Ezeiza. Salimos. Guada y Romi compran cosas. Pasamos un rato a orillas del Nahuel Huapi, está ventoso. Decido ir al aeropuerto en colectivo. Vamos al supermercado y almorzamos las verduras que tanto queríamos. 106


Debo ocultarme del encargado de la hostería que conoce a la perfección que yo a las 10 de la mañana debería haber realizado el check out. Vamos a la recámara y jugamos limbo. Nos recostamos y entra sin previo aviso el encargado, yo estoy echada en la cama y no me ve. Guada me hace señas para que simule que estoy empacando con ahínco, así que me siento de un salto y comienzo con la pantomima. Despertamos a Romi que, una vez más, yace inerte en su lecho. Me acompañan hasta la parada del colectivo. Abrazos y emoción. Tras unos minutos de viaje, desde el colectivo vuelvo a ver a las chicas que caminan por el centro, Guada me saluda animadamente, Romi está inmersa en su mundo de fantasías y ni se entera. Una vez en el aeropuerto visito un reconocido negocio de chocolates. Toco una caja de bombones y tiro, al menos, seis al piso. La chica que atiende se acerca de inmediato y dice servicial: “No te preocupes, se resbalan, pasa todo el tiempo”, 107


de más está decir que ejecuto la compra. Durante la espera y parte del vuelo termino de registrar las memorias de este viaje. Llego a Buenos Aires —para cumplir con mi tarea como empleada del Museo de Arte Tigre— y espero ansiosa que las chicas regresen.

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Elenco estable de la aventura litoraleña Melina Peloso (Compañera de viaje) Verónica Ortiz (Compañera de viaje) Frauke (Alemana buena onda) Chad (Australiano cava pozos) Jani (Finlandés enigmático) Darío (Argentino acechador de Steven Tyler)


DÍA 1 Llegamos a Retiro, hay un micro estacionado, nos pavoneamos relajadas en la plataforma que nos corresponde y si no es por la insistencia del chofer perdemos el micro. Notamos que es vacación invernal porque escuchamos una sinfonía incesante de estornudos, toses y sonadas de narices. Durante la noche, el tiempo pasa cada vez más lento. Meli opta por automedicarse para conciliar el sueño y Vero charla con Carlos, que es quien ocupa el asiento que le correspondía a nuestro amigo Nico —antes de tener que quedarse de urgencia por cuestiones facultativas—. Este buen hombre nos provee agua caliente de su termo para tomar unos mates ya que, quien escribe, olvidó recargar el propio. Pasan películas que no ayudan. Es la noche del horror. Al grito de “mátenme” trato de dormir, pero me despierto con los ronquidos de Melina y la plática 113


interminable de Vero y el Nico sustituto. El cambio de posición se hace práctica recurrente, de a ratos no siento partes vitales de mi cuerpo. Vero le pide agua saborizada a Meli, ella trata de incorporarse e inexplicablemente hunde su cara en el respaldo del asiento de adelante, —es obvio que, debido al uso de estupefacientes, carece de toda capacidad de reacción—. DIA 2 Seguimos de viaje. Ya es de día. Por mi temor a quedar encerrada en los baños de los micros no pongo la traba, mientras orino el chofer abre la puerta y me encuentra en una pose poco digna —al intentar que mis nalgas no entren en contacto con la tabla—, que evita que mi cosita pueda ser vista. ¡¡Avistamos tierra colorada!! Llegamos, tras fotografiarnos con el chofer ingresamos a una oficina de turis114


mo en busca de asesoramiento. Vamos a la parada del colectivo para ir al hostel, nuevamente casi dejamos ir el bus que realmente era el nuestro. De inmediato estrechamos vínculo con una joven alemana llamada Frauke, más adelante nos hospedaremos en la misma recámara. El check in es alrededor de las 14, así que tenemos que hacer tiempo. Las cuatro almorzamos unos fideos de un dulzor bastante inquietante. Una vez en la habitación B5A compartimos estadía con Chad —un australiano que cava pozos y con el dinero que gana se da el lujo de viajar durante meses— y Andrés —proveniente de Inglaterra, hijo de madre española, gay detectado al instante por Vero y confirmado por mí en una charla que tendrá lugar esa misma noche—. Cenamos panchos. Verónica habla en inglés hasta con nosotras. Tras beber unas caipirinhas reglamentarias a modo de agasajo del hostel, se 115


improvisa una jugada de pool entre la muchachada —se nos suman Eric y Elizabeth, ambos de Estados Unidos—. Vale aclarar que me he visto imposibilitada de practicar dicho pasatiempo debido al sudor torrentoso de mis manos. Hablo en un inglés flamante que me ha obsequiado el alcohol. Decidimos temprano dar por terminada la jornada para poder madrugar y partir todos juntos hacia las cataratas del lado argentino, excepto Andrés que parte al día siguiente con destino a Río de Janeiro. DIA 3 Nos levantamos al alba y desayunamos. Apenas transitamos la ruta dos taxis se ofrecen a llevarnos por el mismísimo precio que el colectivo, consultamos entre todos y accedemos. Nos dividimos: Eric, Elizabeth, Chad y Frauke en un coche; Meli, Vero, nuestro chofer Emiliano y yo, en el otro. 116


Sucede lo peor: Quedamos demoradas por un insólito piquete de guardaparques que reclaman el aumento de su salario. Al quedar varadas somos víctimas del remisero que demuestra con vehemencia sus conocimientos de la zona. No sólo habla demasiado, sino que también se da el lujo —cual Diego Armando Maradona— de hablar sobre él en tercera persona. Se abre el paso, llegamos y nos encontramos en las inmediaciones de la boletería con Frauke y Chad. Emiliano nos acompaña a pie hasta allí para retirar la cometa que le corresponde por acercar gente al Parque Nacional Iguazú. Damos comienzo al recorrido por la parte inferior, nos han dicho que de mañana en la parte superior hay demasiada niebla y el sol no permite apreciar completamente la vista. Luego vamos al bote que se acerca a las cascadas, guardamos nuestras pertetenencias en una bolsa impermeable y nos alistamos con nuestros chalecos salvavidas —que a esta altura son simple117


mente una formalidad—. Quedamos empapados, Chad me ofrece su remera y me cambio frente a la mirada atónita de Eric y Vero que observan como Meli, el joven australiano y yo nos mostramos en paños menores con total impunidad. Es importante recalcar que Verónica ha llevado a esta húmeda excursión todo su capital monetario; por consiguiente, una vez en el hostel enjugará uno a uno los billetes con el secador de pelo de Meli. Almorzamos rodeados de coatíes. Para quienes los desconocen daré una breve descripción: Es un animal de hocico alargado; similar a un oso hormiguero, aunque más pequeño; con uñas desagradablemente largas y una admirable habilidad arrebatadora. Estos bichos se alimentan de los víveres que el ingenuo visitante lleva consigo, roban desfachatadamente y no se puede hacer nada al respecto. Visitamos la Garganta del Diablo y quedamos azorados, el caudal de agua es impresionante, el sonido ensordece118


dor y la pendiente se pierde en un profundo blanco que no permite saber en dónde diantres termina todo eso. Regresamos en colectivo. Al llegar a la hostería conocemos a nuestro nuevo compañero de alcoba, se llama Jani, es finlandés, parece algo parco y podría decirse que su altura puede generarnos una fuerte contractura cervical. Tomamos mate junto a la piscina, tras varias rondas, Chad propone ir a por unas cervezas, nadie se opone y comenzamos a beber a las 17.30. Nos bañamos. Por ser pobres cenamos comida casera, Meli es la Choly Berreteaga oficial del equipo. Nuevamente mi menú preferido: Fideos con salsa. Los chicos cenan en la barbecue con batucada que ofrece la hostería. Se arma una partida de pool, bebemos mucho. Juego al metegol con Vero y pierdo drásticamente. Nos trasladamos al borde de la piscina y ocupamos unas reposeras. Vero, Meli, Frauke, Chad, Jani y yo intentamos 119


jugar a algo que nos obligue a beber, pero siempre nos sale mal y debemos tomar por gusto y no porque el juego de turno así lo indique. El momento inolvidable de la noche tiene lugar cuando jugando a: “I never...”, Meli dice: “I never have sex in a glass of milk”. El estado de embriaguez de Vero hace que hable muy fuerte. Jani se retira a descansar dejando un halo de misterio al confesar que al llegar a nuestra habitación probó varias camas; luego revelará que durmió la siesta en el lecho de Verónica. Una vez que se despide de nosotros comienzan las suposiciones que oscilan entre la homosexualidad, la posibilidad de inmolación en cualquier momento o la opción de que nos espere tras la puerta para apuñalarnos al regresar a nuestro cuarto. Más tarde se nos suma un sibarita — parte italiano, francés y suizo— llamado Luca y una chica de San Luis que se llama Clara. Por razones ajenas y sexuales, ella queda afuera de su habitación. Bebemos más y más. 120


Vamos a dormir. Frauke y Chad continúan bebiendo. Nos dormimos. DIA 4 Al lado de mi cama están ubicados los destartalados lockers que, según estimo, datan de la década del ‘80. Jani abre y cierra el suyo —que se ubica a la altura de mi cabeza— de manera frenética. El sonido perturbador que produce me hace pensar seriamente en propinarle una golpiza, pero al evaluar que las condiciones físicas de mi contrincante me dejarían muy mal parada opto por darle los buenos días con una sonrisa. Debo admitir que luego me acostumbraré y hasta extrañaré despertarme, a modo de ritual matutino, con el crujido de la pequeña puerta de lata de mi amigo finlandés. Nos levantamos. Chad y Frauke duermen, Jani no está. Decidimos robar fruta y pan del desayu121


no para administrar raciones durante el día. Nos tomamos tres colectivos. El paso por la aduana se torna algo tortuoso para Vero, ya que al ser menor de edad necesita presentar un permiso de sus padres que aún no sabemos si tiene validez en la frontera. Apartado: Hay que rescatar que el entrenamiento actoral de los empleados es impecable, todos realizan la misma performance gestual: Al pedir el documento se hacen los desentendidos, una vez que ya lo tienen en su poder lanzan una mirada inquisidora sobre la persona de turno, para luego ojear en detalle el DNI; tipean algo en su computador; vuelven a fisgonear al interesado; sonríen miserablemente; y recién después llaman al siguiente. Llegamos a Foz Do Iguazú. Hay varias cosas por destacar. Podemos dar fe de que ahí le dan mucha, pero mucha, importancia al molinete. Para acceder a cualquier lado hay que atravesar uno y lo que, aun es más curioso, es que 122


hay gente que trabaja activando los molinetes que uno franquea. El segundo dato anecdótico es que hay en circulación innumerable cantidad de autos Escarabajos. Y por último, es substancial mencionar que la reconocidísima coterránea Araceli González brilla en la gráfica callejera como el rostro de un afamado centro comercial carioca. Allí se nos suma el témpano holandés, más precisamente de Ámsterdam, llamado Nick. Este joven tiene tan poca voluntad de aprender español o hacerse entender que resulta odioso. Visitamos las cataratas, son estupendas y salpican muchísimo. Pero, sin dudas, el lado argentino es mucho más sorprendente y extenso. Al regresar a la ciudad de Iguazú nos despedimos de Nick. Cual oficial de carretera Poncherello se saca sus lentes de sol Ray Ban que —diganlé casualidad, diganlé justicia divina— le han dejado una marca verdosa a la altura de la ojera. En primera instancia creemos que es una vena que le está por estallar, sea 123


lo que sea, optamos por no darle aviso. Se despide sin siquiera darnos un beso y termina por ganarse nuestro desprecio. Pasamos por el supermercado. Una vez en la hostería nos encontramos con Jani. Frauke y Chad permanecen con paradero desconocido. Apartado: asumo que mantienen un affaire. Verónica, con la discreción que la caracteriza cuando está ebria, me pone en evidencia frente a Chad haciéndome sentir una réplica de pacotilla de Marcelo Polino. El australiano desmiente mi hipótesis de posible romance, de hecho, ya en Buenos Aires volverá a preguntarme si en verdad creí que él y Frauke tenían algo. Decido irme a bañar, para eso negocio con Jani —como si fuéramos mimos de la Academia de Marcel Marceau— mi estadía en el baño. Las chicas están en las inmediaciones de la piscina tomando, supuestamente, mate. Cuando regreso las encuentro en la zona de la barra rodeadas del perso124


nal nacional de la hostería empuñando ambas respectivas cervezas. Oficio de rompe burbujas porque, en cuanto llego, el grupo se disuelve y se retoma la cebada de mate. Meli hace referencia a la posible consumición de cocaína por parte de los muchachos que las estaban cortejando. Volvemos a la habitación. La estampa es algo peculiar: Jani yace inerte en su cama cual cadáver, la escasa luz y su demencial blancura generan una tonalidad amarillezca en su piel, además, sus pies sobresalen del lecho. Meli intenta bañarse sin éxito por desperfectos del termotanque, más tarde alguien calificado soluciona el problema de la ducha pero llega Frauke y —en una jugada impecable— le roba el turno del baño a Vero. Los chicos se van a cenar. Nosotras tenemos una dura plática sobre la ruptura de Melina con Camilo. Llueve copiosamente. Tras luchar cuerpo a cuerpo para ganar un ápice de lugar en la cocina, prepara125


mos y comemos salchichas con puré. Nos reunimos para una partida de pool. En el instante previo a dar por comenzado el juego, Vero —comportándose de manera inexplicable y con un movimiento preciso de sus manos— mete la bola negra en una de las troneras. Continuamos con las actividades lúdicas y resolvemos jugar al jodete. Jani pierde en reiteradísimas oportunidades y se va a dormir, lejos de divertirnos, tememos que descargue su ira matándonos a todos. DIA 5 Una vez más, el rey del locker me despierta con su concierto de chatarra. Me levanto a las 7 de la mañana, en pijama y con la melena revuelta salgo de la habitación para chequear las condiciones climáticas. Apenas piso el porche que da a un extenso parque recibo el piropo de una voz masculina que a la distancia dice: “¡Hola, hermosa!”. Ingreso descon126


certada a la habitación y me acuesto por otra media hora. Meli y yo decidimos ir a conocer las Ruinas Jesuíticas, como Vero ya las conoce opta por quedarse en el hostel. Vamos a la terminal y descubrimos con pavor que los precios de los pasajes son altísimos. Debatimos, cruzamos una y mil veces el puente incómodo que une un extremo y otro de la terminal. Ya estamos ahí, aprovechamos y hacemos el gasto. Una vez que llegamos entramos a un local de artesanías algo lúgubre y su dueña nos explica el camino. Las ruinas son increíbles, las recorremos, nos fotografiamos, compramos algunas cosas. Al momento de emprender el regreso hablo por teléfono con Nerea —hijita de Meli y mi ahijada—. Por alguna extraña razón, la infanta prefiere hablar conmigo en lugar de hacerlo con su propia madre. El micro es una cripta congelada. Hacemos trasbordo obligado de ómnibus y por momentos viajamos de pie por falta 127


de asientos, pero lo bueno es que nos deja en la puerta de la hostería. Llegamos agotadas y descubrimos con Roberto Carlos. Me siento en uno de los tantos y enormes sillones coloridos que hay en el living del hostel, de inmediato Meli se sienta y se apoya sobre mí. No lo puedo creer, la echo espantada al grito de: “Compartimos todo el día juntas y todavía querés que estemos pegaditas, pegaditas”. Cenamos y bebemos, Vero nos introduce a su nueva pandilla: Rob —irlandés—; Cornillia —austríaca—; Iki, un muchacho israelí de parecido asombroso al príncipe encantador de Shrek —junto a sus amigos—; y Darío —joven argentino que más tarde veremos en Buenos Aires y siempre se retirará, estratégicamente, al cuarto de baño cada vez que llegue el momento de pagar la salida—. Vero y Meli se van a una boîte de nombre Cuba Libre, yo me quedo empinando el codo hasta las 4 de la mañana junto a Jani, Rob, Chad y Clara. 128


DIA 6 Meli se levanta al alba y se baña, su demencia hace que crea que es tarde. Tras pasearse en estado confusional de un lado a otro, envuelta en la toalla con los cabellos empapados, se da cuenta que son las 6 de la mañana y se acuesta a dormir otro rato. Nos levantamos, vamos a desayunar y se nos suma una supermodelo. Hacemos tiempo en el hostel, se aproximan algunas despedidas: Algunos juegan, otros cabecean, otros escriben postales. Primero se van Chad y Frauke, muy triste. Hacemos que los israelíes prueben el mate —el príncipe encantador muestra su desagrado a este nuevo sabor— y luego también los despedimos. Por último, despedimos a Clara con promesas de reencuentro. Almorzamos hamburguesas. Por la tarde vamos junto a Darío a tomar mate y comer galletitas con paté a la Triple Frontera. En el camino de regreso 129


nos cruzamos con unos muchachos que viajan desde Aspen hasta Paraná en una pintoresca casa rodante bautizada: La Nona. Tocan instrumentos; nos sentamos en ronda y cantamos como hippies; compartimos cervezas con desconocidos, se acercan unos chilenos y otros lugareños. Tras promesas de verlos más tarde en el hostel, nos despedimos. Regresamos a la hostería y cenamos en compañía de Darío —personaje indescifrable al que actualmente vemos en compulsiva, con Steven Tyler en distintas partes del mundo—. Meli, Dario y yo vamos al borde de la piscina, ahora se nos suman Justin y Rob. Vero está exhausta, no para de recibir propuestas matrimoniales; entabla amistad con un muchacho parecido a Ewan McGregor y un joven de color. El extranjero de piel cobriza realiza una gracia que consiste en sacar su lengua muy lentamente y descubrimos con estupor que le llega más o menos hasta el ombligo. 130


Meli se ausenta junto a Justin, regresa espantada porque todas las pertenencias que su amigo internacional dejó en la recámara están bajo el agua. Entre aburrida y melancólica resuelvo ocupar un computador y conectarme a internet. Viene Darío y se despide, al día siguiente partimos hacia Buenos Aires y él se irá de excursión desde temprano, me da un abrazo descomunal y babea mi cachete al darme un beso. Las chicas vienen a por mí, compramos unas papas fritas y nos vamos a dormir. En la habitación hay dos nuevas incorporaciones: un NN masculino que expele olor a sexo y dos NN femeninos.

DIA 7 Nos despertamos y luego de bañarnos vamos a desayunar. Decido aprovechar al máximo el último refrigerio matutino y mezclo, siniestramente, pan negro con manteca, durazno, leche con cereales y 131


té. Justin está preso de una rabieta, sus cosas aún siguen mojadas. Le comentamos que vamos a visitar un pueblo originario, descreído, decide ir con nosotras. En determinado momento Vero quiere fotografiarse junto a Justin y él se niega de manera descorazonada. Al volver por la ruta nos cruzamos a los chicos con los que compartimos cerveza y música la tarde anterior. Al llegar al hostel, Meli y Vero nadan en la piscina antes de irnos. Una vez más compramos papas fritas y buscamos nuestro equipaje. Rob viene a despedirse, me cuenta que vio a ‘Mario’ —refiriéndose a Darío—, le hago notar su error y dice: “Ah, entonces le dije ‘Mario’ todo el día”. Saliendo del hostel, Vero protagoniza un berretín propio de un infante consentido, se queja y se sienta empacada sobre su equipaje. Justin, que está por cruzar a Brasil para participar de una convención de capoeira, viene a despedirnos con su torso musculoso al descubierto, nos abraza y 132


se aleja. Esperamos el colectivo sobre la ruta, Justin camina nuevamente hacia nosotras hasta que interrumpe secamente su paso, se lanza sobre el piso, hace cientos de flexiones de brazos y aplaude entre una y otra. Vero sigue endemoniada y se opone a todo, Meli y yo coincidimos en almorzar pizza con cerveza. Vamos a la terminal. Meli me acompaña a comprar yerba y chucherías para Agustín, mi aTual compañero. Al volver a la terminal conocemos a un chico que se llama Benjamín, charlamos y tomamos mate mientras esperamos el micro. El ómnibus parece esculpido íntegramente en hielo; Vero logra que apaguen el aire, pero al poco tiempo vuelven a prenderlo. Nos detenemos y sube un gendarme con un perro negro. Dormitamos. El chofer, sosías de Mario Bros., desfila entre los asientos. Lo increpo de mal 133


modo y —apoyándole una estalactita de modo amenazante sobre el cuello— lo intimo a apagar el aire acondicionado. ¡Lo apaga! Hablamos con Nerea. Ahora sube otro gendarme con un perro beige. Dormimos toda la noche. Finalmente, llegamos a nuestro hogar tigrense.

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Ilustración y armado de tapa: Seelvana Baylac seelvana.blogspot.com.ar facebook.com/Seelvainilla Diseño y armado del interior: Romi García romi210980@gmail.com Corrección: Sebastián Culp y Lucila Yañez

Para complementar la lectura de este libro con un exquisito documento fotográfico, se sugiere ingresar a: cuadernillo-de-viaje. blogspot.com.ar

Impreso en Tecnooffset.

José Joaquín Araujo 3293 (C.P. 1439) Capital Federal

En el mes de Noviembre de 2014.

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Cuadernillo de viaje (2014) Lucila Yañez  

Este libro en forma de cuaderno baja desde el paraíso de los libros, o bueno, emerge de un cajón con doble llave de Lucila Yañez, como una i...

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