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do m uy escaso papel en las contiendas bélicas, pues en ese

tregar a las O rd en es los puestos avanzados de la frontera y

senlido, ya estaba cum plida su m isión histórica.

al situar con tin g en tes de reserva en los castillos de la Transierra.

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A m ediados de ju n io sale por fin del territorio caceren ­ se y se encam ina lentam ente a G alicia para dar gracias al

D on A lfo n so apenas so b rev iv ió m edio añ o a esta triun­

A póstol por las victorias obten id as y organizar la nueva

fal cam paña. C ontaba los 59 de su edad y había alcanzado

cam paña que habría de com enzar una vez pasada la in ­ vernada.

el 42 de su reinado. Su actividad había sido portentosa, y los escollos fam iliares y p olíticos que h u b o de sortear a lo largo de toda su ex isten cia fueron enorm es. Físicam ente es­ taba ya agotad o al term inar la campaña,- pero su ánim o no d ecayó ni un solo instante, y seguía acariciando proyectos de empresas futuras co n las que coronar las conquistas lo ­ gradas y sus triunfos sobre los enem igos de la Fe.

Dios n o quiso que realizara estos proyectos. En los p ri­ m eros días de septiem bre, ya co n la salud m uy quebrantada, partió para G alicia después de haber pasado en Zamora, su Ciudad natal, una corta temporada,- y al lleg ar a V illan u ev a de Sarria enferm ó tan gravem ente, que no pudo continuar hasta C om postela. A l atardecer del 24 de septiem bre, v ien d o

A raiz de la conquista de Badajoz, y después de dete­

que se aproxim aba su fin, pidió los sacram entos y h abien d o

nerse u nos días en Mérida, pasó al territorio cacerense,

confesado y com ulgado, en la misma n och e en tregó su alma a Dios co n tada la fortaleza de un buen cristiano.

perm aneciend o m uy cerca de tres m eses en nuestras tierras, ocupándose en la con solid ació n de su poder sobre los territo­ rios recientem ente incorporados a su C orona, a los que am e­

A lfonso IX pese las oscilacion es de su carácter y a erro­ res in h eren tes a la naturaleza humana, fué un buen Rey, al

nazaban fuertes p osiciones musulmanas,- algunas de ellas c o ­

que C áceres especialm ente d ebe los fundam entos de su vida

m o la de M onlánchez, señaland o el p eligro de cortar en

auténtica, al in corporarlo de una manera defin itiva a la C i­ vilización C ristiana.

cualquier m om ento la calzada, que era la principal vía de abastecim iento y transporte de tropas hacia la vertien te Sep ­ ten trion al d el Guadiana,- otras, com o las del A lan je, M edellín y M agacela, am enazando insistentem ente a M érida y Badajoz. Para el R ey la cam paña no estaba pues term inada. Se im ­ ponía la rápida organ ización de otra empresa que alejase de una m anera definitiva estos peligros, y diese cam po ab ier­ to para la m archa cristiana hacia las tierras m eridionales. En ella pensaba el R ey al gu arnecer fuertem ente Cáceres, al en ­

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

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