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Rey de Marruecos ofreciendo a Alfonso IX grandes canti­ dades de dinero si accedía a levantar el cerco y renunciaba a enlrar en lierra de moros El rey leonés, quizá por esías promesas, o acaso por no contar con fuerzas suficientes para realizar un ataque definitivo, consintió en retirarse. Pronto hubo de lamentar esta determinación, pues los moros, no sólo no le pagaron el dinero prometido, sino que le persi­ guieron en la retirada, matando a muchos cristianos y ha­ ciendo gran cantidad de prisioneros. Aun realizó el monarca otras tres intentonas por esta parle de la frontera: Una en 1 2 2 3 , la segunda en 1 2 2 5 y en 1 2 2 6 la tercera. De ninguna de las tres hay noticias ciertas de que se acercara a Cáceres, y respecto a la última se sabe taxativamente que se hizo en com binación con el monar­ ca portugués, operándose tan solo en el sector occidental y teniendo por base el castillo de Alburquerque, que era a la sazón punto de convergencia de las tres fronteras. Cáceres seguía imbatido al llegar los primeros días del año 1 2 2 7 . El moro, sabiendo lo que significaba para él esta posición, la mantenía constantemente bien abastecida y en inmejorables condiciones de defensa,- pero el mismo valor tenía, como sabemos, para el cristiano, que sabía que su po­ sesión habría de dejarle el paso franco hacia su área de e x ­ pansión. Por eso Alfonso IX en los años siguientes no hace otra cosa sino preparar esta conquista en una campaña definitiva, con la que coronaría con gloria su reinado, al par que alcanzaba el fin de su vida.

10.

Preparativos bélicos

Entre los múltiples factores que concurrieron al fracaso de las expediciones militares de Alfonso IX encaminadas a

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la recuperación de Cáceres, destacan dos como principales y determinantes. Fué el primero, y del que en cierto modo dependieron todos los demás, el de la estrechez económica, pues el reino estaba em pobrecido a causa de las guerras que de una manera casi continua se venían sucediendo desde los tiempos del Emperador,- y aunque el Rey se había esforzado desde los primeros años de su reinado en introducir cierto orden en la hacienda y en defender el realengo, reivin­ dicando donaciones abusivas y restringiendo las con ce­ siones de rentas sobre los caudales procedentes de la tri­ butación1, no pudo remediar de una manera sensible el quebranto que al erario real habían producido las imprevi­ soras larguezas de su padre. El mismo se había visto también precisado a consumir grandes caudales en sus expediciones, y por ello, al llegar el momento de realizar un esfuerzo defi­ nitivo, se encontraba en la imposibilidad de llevarlo a cabo, por la poco menos que absoluta carencia de numerario. Los hechos que vamos a relatar así lo corroboran. El segundo de los factores que condicionaron el reitera­ do fracaso, fué el de la improvisación. Había, ello es cier­ to, un objetivo estratégico: la toma de Cáceres,- pero no se vé, por las consecuencias, que existiese un plan de campaña, apareciendo todo a merced del arbitrio y del azar. Aquellas empresas, más que expediciones militares, parecían aventu­ ras, en las que se tomaban las determinaciones según las circustancias del momento. La ausencia de preparación se vió bien clara y patente en los últimos ataques de 1218 y 1 2 2 2 . El último especialmente, por el que Alfonso IX ha sido tachado incluso, de haberse prestado con sobrada facilidad 1 J. González. Alfonso IX , t. I. pg. 400.

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

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