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de un m odo in cesanie loda la C uenca Septentrional del T a­

y determ inan que cada u no de ellos ataque al com ún e n e­

jo en ex p ed icio n es de lim pieza, pues las incursiones m usul­

m igo por su respectiva frontera. El m om ento no podía ser

manas, c o n o sin con sen tim ien to del Califa, se producían

más oportuno, pues el Im perio alm ohade estaba sen sib le­

con enorm e frecuencia. Llevaba ya los preparativos m uy adelantados, pero sin

por las d isen siones internas,- y com o A lfo n so IX tenía ya

em bargo tuvo que dem orar la ejecu ció n de sus proyectos a

ultim ados sus preparativos y además le correspond ía d es­

fin de sincronizar su a cció n co n la del R ey de Castilla. Este,

arrollar la parte más difícil, por ser m ucho más exten sa la

por su parte, n o descuidaba la frontera inferior, que le in ­

tierra a recorrer y más num erosas las fortalezas a conquistar,

quietaba m ucho desde que los alm ohades le desposeyeron

en 1213 toma la in iciativa, llev an d o en su hueste 600 cab a­

de las fortalezas que por esta parte guarnecían los pasos de

lleros castellanos que al m ando de D on D ieg o López y de

m ente debilitado, tanto por los ataques cristianos cuanto

la d ivisoria del Guadiana. A sí pues, recorría todos los casti­

su h ijo Lope Díaz, le fueron cedidos por A lfonso V III para

llos y, de vez en vez, realizaba algunas incu rsiones al Sur del

esta cam paña. Partió el ejército de Ciudad Rodrigo, y p a­

Tajo, lleg an d o incluso hasta los M ontes de Toledo. En una

sando las sierras por los puertos del A ceb o y de Perales, lle ­

de estas algaras llevadas a cab o en el año 1211 y en la que

g ó hasta Coria, desde donde, por el ramal de la calzada

le acom pañó el Infante D on Fernando, b ajaron hasta la S ie­

que bordeaba la orilla izquierda del A lagón , se dirigió a A l­

rra de San V icen te, y m ientras el padre recorría todas las

cántara. La plaza no resistió y cay ó en poder de los cristia­

Altam iras, D on Fernando hizo una incu rsión hacia O c c i­

nos que la dejaron b ien guarnecida reh aciend o una buena

dente, hostilizando Tru jillo y M ontánchez. A ésto se d ebió

parte de sus fortificaciones. Luego con tin uaron hasta C áce­

reducir la correría, pues las fuentes n o p ro p o rcio n an más

res. E ncontraron la villa apercibida y en co n d icio n es de d e ­

datos1.

fensa, pero la sitiaron no obstante y la atacaron varias v e ­ ces,- más com o los m usulmanes n o dieran m uestras de sentir

5.°

Recuperación de A lcán­ tara y ataque a Cáceres

lo n g ar durante m uchos meses, co n el p eligro de probables

Después de la victoria de las Navas de T olosa (1212), a la

sorpresas enem igas, siguieron adelante hasta alcanzar M é­ rid a 1.

el asedio, y vieran los atacantes que éste se habría de p ro­

que A lfonso IX no co n trib u y ó personalm ente, si b ien asis­

A lfo n so IX no podía ten er m ucha gente, la estación es­

tieron m uchos caballeros leon eses por su propia in iciativa,

taba m uy avanzada y la tropa desgastadísim a com o co n se­

los reyes de León y de C astilla acuerdan una colaboración

cuencia de los asedios que había ten ido que sostener,- por

para seguir com batiend o al musulmán. Reafirm an sus paces

todo lo cual el R ey de León, d esoyendo los co n sejo s de

1

A. T. I. (VIII/7).

1

C. L. R. C. pg. 366,- Cfr. J . González, Alfonso IX , pg 151.

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño

Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño

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