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T em p le1, y por el O este se adelantó hasta el Tajo, pon ien d o

1169, y adoptando para el caso la táctica de los ejércitos re­

sitio a la fortaleza de A lcántara, que cay ó en su poder en la

gulares, puso sitio a la ciudad. Badajoz se en con traba a la

prim avera de 1166. Este h ech o de armas tuvo gran reson an ­

sazón en buenas co n d icio n es de defensa. Sin em bargo G e­

cia, pues sign ificaba nada m enos que la posesión de la pri­

raldo la rodeó, taló los cam pos del con torn o, y, por fin, el 3

mera plaza cristiana al Sur del T ajo, y en él prestó al Rey

de m ayo con seguía penetrar en la plaza. La g u arn ición mu­

eficaz ayuda D on A rm engol, C on d e de Urgel, con los cab a­

sulm ana se refugió en la A lcazaba don d e resistió tenazm en­

lleros catalanes A rnal Ponte y Berenguer A rnal, a los cuales

te los con tin u os ataques del portugués,- y al v er éste que no

recom pensó el R ey con ced ién d o les el señorío de la V illa 2.

con seg u ía reducirla en v ió m ensajeros a A lfonso H enriques

A raiz de la tom a de A lcántara, com o llegasen a oídos

p id ién d ole refuerzos, y prom etiéndole la entrega de la plaza

de Fernando II n oticias de que G eraldo Sem pavor con tin u a­

una vez conquistada. Los m oros sitiados supieron o sospe­

ba sus correrías al Sur del Tajo, a fines del 1168 v o lv ió a la

charon tales m anejos y despacharon a su vez otro emisario

Transierra para tener una más com pleta inform ación de las

a Fernando II, que se h allaba en Lugo, p on ién d olo al c o ­

actividades e in ten cion es del aventurero partugués. Durante

rriente de los sucesos y de las in ten cio n es de los poriu;

ellas d ebió sin duda enterarse de que Geraldo, anim ado por

gueses.

sus recientes éxitos, pensaba coronarlos con u na hazaña

El R ey leonés acudió presuroso,- pero cuan d o ya estaba

de m ayor im portancia, cual era la toma de Badajoz, que

cerca de la plaza se enteró de que A lfonso H enriques se le

habría de pon er en sus m anos un b o tín espléndido y que

había adelantado, y que las tropas de éste, ju ntam ente con

podría servirle adem ás para congraciarse con su señor, el

las de G eraldo eran dueñas de más de dos tercios de la p o ­

R ey de Portugal, con el cual, según todas las señales, ya an ­

blación. Fernando, adoptando todo g én ero de precauciones,

daba en m anejos. Fernando c o n o ció estos proyectos, y c o ­

se acercó no obstan te a la plaza y su g ob ern ad or A bu ’A li

m o no estaba dispuesto a tolerar que le cortasen la ex p an ­

’Umar ben Tim silt, n oticio so de su llegada, abrió una brecha

sión m eridional de su reino, aunque aparentem ente ocu pa­

en el muro del Alzázar en un lugar ocu lto a las miradas de

do en resolver diversos asuntos en la frontera de Galicia,

los portugueses, y por ella se deslizaron varios moros que

iba sagazm ente realizando los preparativos necesarios para

en un m om ento oportuno lleg aron a la puerta más próxim a

cortar co n energía cualquier acto osten sible de A lfonso H enriques en este sentido.

de la m uralla y la abrieron de par en par, franqueando la entrada al ejército de Fern an d o1. Lucharon leon eses y por­

Geraldo, firme en su propósito, en el mes de A b ril del

tugueses en las mismas calles de Badajoz,- pero éstos, c o g i­ dos entre dos fuegos, pues los de la A lcazaba salieron en

1 P. Hurtado, Castillos, pg. 160 y 213. 1 López A rguleta, Vida del Venerable fundador de la Orden de Santiago, Madrid 1731, escr. 25. Cfr Hurtado, Castillos, pg. 22.

ayuda de las tropas leonesas, quedaron ven cid os. El Rey 1 Huici, Loe. cit., pg. 236.

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño

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