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principios del siglo, pero que, a causa de los recelo s de los

allá por el añ o 1164 hizo su aparición por aquellas latitudes

señores de Salam anca, n o había con seg u id o prosperar. Era

un extrañ o personaje, que produjo una perturbación tan

Ciudad R od rigo un lugar interesante para los proyectos fu­

profunda en la v ertien te m eridional del T ajo y N orte del

turos del R ey leonés, pues en esta p ob lación enlazaban, c o ­

Guadiana, que h ubo de reclam ar la a ten ció n del m onarca

mo lo hem os visto, la v ía C olim briana con la D alm acia(

leonés. Este fué el aventurero portugués G eraldo Sem pavor1.

siendo por con sig u ien te un cam in o estratégico, tanto para alcanzar la lín ea del T ajo y la frontera m usulm ana a través

2.°

Geraldo Sempavor

de la Transierra, cuanto para el traslado de fuerzas hacia Por­ tugal, si ello se hacía n ecesario. H aciendo pues caso om iso

G eraldo era hom bre de fantásticas y arriesgadas an d an ­

de las reclam acion es de Salam anca, en el añ o 1161 rep obló y

zas. V iv ir el peligro era su forma natural de vivir, y lo bus­

dió fueros a esta Ciudad y a la de Ledesma, y en ese m ism o

caba incansablem ente, com o una necesidad b iológ ica, in h e­

añ o y al Sur de las Sierras, rep obló asim ism o a Granada, d o n ­

rente a su propia naturaleza. Esta clase de caracteres d esco­

de hubo una antigu a fortaleza musulmana que había sido

n ocen el m iedo (sirte pavore) o, quizá en sentirlo y en v e n ­

ocupada por los leoneses en una de sus primeras in cu rsio­

cerlo en cu entran cierta m orbosa voluptuosidad. D ebió sin

nes por la Transierra1. Poco tiem po después, en 1163, c o n c e ­

duda tener m uy turbios com ienzos, al m argen de toda ley o

dió el señorío de C oria a la Iglesia C om postelana. El Rey, por aquellas fechas, parecía com pletam ente des­

contra ella,- hasta que im posibilitado para desarrollar dentro

preocupado de la frontera m eridional. H abía firm ado paces

1 La figura histórica de este personaje está m uy docum entada por fuentes, tanto cristianas com o árabes, fehacientes, contand o en la actu ali­ dad con una bibliografía bastante copiosa. A unque m uy escuetas, dan noticias de Geraldo Sempavor y de sus hazañas: el Cron. Lus. (XV/4),- el Lamec. (XVII/1), el Conim. (XIV/3) y la C. L. R. C. (XVIII/1) Entre las fuen­ tes árabes, la que nos proporciona más copiosos datos sobre este aventu­ rero es la H istoria de los Almohades de Ibn Sahibe Agala, hallándose tam­ bién noticias com plementarias en el Al-Bayan de Ibn ’ldari (Ed. Huici. 1 .1, pg. 9, 10). A cerca de la muerte de Geraldo se han recogido datos im portan­ tes por Levi Provengal en sus Documents inedits d’ bistoire almohade, pgs. 127 del texto y 216 de la trad. En lo que se refiere a Bibliografía, cabe citar: H erculano, H istoria de Portugal; t. II, pg. 81, 82; Fortunato de Alm eida, H istoria de Portugal; Davis Lopes, Os árabes tías obras de Herculano, 1911,- el mismo, O Cid Portugués: Qeraldo Sempavor, en R. P. H. t. 1, (1941) pgs. 92, ss.,y entre nosotros, véase J González, Petjesta, pg. 79,- Floriano, Quía, pg. 55; O rti Belm onte, Cas Conquistas, Badajoz 1947,- V elo N ieto, La Orden de los Caballeros de CMonfratjüe, Madrid, 1951, y m uy recitenem ente, Huici, H iste­ ria Política del Jmperio Almohade, 1, pgs. 232, 233, 236-238.

con el C alifa A bu M uham m ad A bd al-M u'm in y al morir éste, precisam ente en 1163, dichas paces fueron ratificadas por su h ijo y sucesor Abu Y a 'q u b Yusuf. Su ú nica in q u ie­ tud procedía del O este, pues su suegro A lfonso H enriques n o cejab a en sus propósitos de exp an sión a costa de los te­ rritorios leoneses, e incluso, contrariado por la rep oblación de Ciudad R odrigo, había traspasado la frontera ocupando, si b ien transitoriam ente, Salam anca. El portugués, por otra parte, no ocu ltaba los proyectos que acariciaba de apode­ rarse de Badajoz. La frontera m eridional, estaba pues en calma, cuando *

Tud (X/4).

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

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