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es natural, la región de Cáceres. Su p o b lació n estaba form a­ da en su m ayor parte por m uladíes, a los que se sumaba una

ca quedando ésta otra vez a la m erced del que quisiera ocuparla.

buen a cantidad de mozárabes,- es decir, que en ella predo­

Entonces (854) se registra una correría de O rd oñ o I por

m inaba el elem ento cristiano o de proced en cia cristiana;

esta parle de la frontera1, que llega, después de v en cer a M u­

g en te de su yo inquieta, arriesgada, aventurera, y nada c o n ­

sa b en Q asi en la batalla de A lbaida, hasta el Sur de la Sie­

forme con el predom inio de los árabes, que estando por otra

rra de Gata, y en la cual sorprende a C oria lom ándola al

parte bastante alejad os de C órd oba y peligrosam ente cerca­

asalto, y después de apoderarse de un cuantioso botín, regre­

nos a los lím ites de la M arca, podían huir fácilm ente hacia

sa llev án d o se prisionero a su gob ern ad or Z eith 2.

el Norte, co n cuyos príncipes n o tenían el m enor in co n v e ­

Pero quien m ejor supo aprovecharse de la confusa situa­

n ien te en relacionarse. Dos eran sus jefes más calificados: M uhamm ad ben 'A bd

ció n creada por los rebeldes en el m undo musulmán, fué sin

al-C habbar, y el muladí Sulaym an ben M artin. La lucha duró

prim eros añ os de su reinado, se d ed icó a observar las co n s­

seis años (828-834) desarrollándose en co n d icio n es análogas

tantes disen siones que, com o ven im os vien d o, se sucedían

a la anterior: Los rebeldes pillaban las tierras al Sur del

de una m anera casi ininterrum pida en e l sen o del Em iralo y

Guadiana y, en cuanto tenían n oticias de la proxim idad de

en los lím ites de la M arca O ccid en tal. Su mirada estaba fija

las tropas cordobesas, se refugiaban en las m ontañas de la

en M érida y esperaba qu e en cualquier m om ento, ya los b er­

duda alguna A lfonso III (866-911). Este m onarca, desde los

divisoria para caer de n u evo sobre las ciudades y poblados

beriscos o ya los m uladíes, le deparasen u na ocasión para

tan pronto com o el ejército se alejaba. El añ o 834 el Emir

intervenir. Esta ocasión se presentó a los dos añ os de c o ­

hizo un rápido m ovim iento de sorpresa, y se lanzó sobre

menzar su reinado 'A b d al-R ahm an ben M arw an más g e ­

Mérida, destrozando las partidas de rebeldes, que se disper­

neralm ente co n o cid o por el sobrenom bre de Ibn al C h illi-

saron desordenadam ente. El b eréber se refugió en Badajoz

qí, es d ecir «el h ijo del G allego», se alzó en 868 contra

y el muladí penetró en el territorio caceren se am parándose

la autoridad del Emir M oham ed I. Ben M arw an p erten e­

en las sierras, hasta llegar a la de Santa Cruz, donde se hizo

cía a una fam ilia de m uladíes oriunda del N orte de Portugal,

fuerte. El Em ir hizo por el N orte una operación de lim pieza

que se h abía establecido en M érida desde hacía y a m ucho

hasta las orillas del Tajo, y cayó lu ego sobre el reducto del

tiem po. Su padre,- M arw an fué gobern ad or de esta ciudad y

muladí al que derrotó com pletam ente, p ersigu iéndole en la huida hasta con seg u ir darle muerte. Las tropas om eyas no se atrevieron, sin em bargo, a per­ m anecer en la región batida. Por las sierras an d aban disper­ sas las partidas y se hacía m uy d ifícil el aprovisionam iento del ejército, en vista de lo cual se retiraron al Sur de la M ar­

1 Rot. (II/l); Tud. (X/l); Rodr. (XI/3),- Cr. G. (XII/1). Barrau-Dihigo, Recherches, pg. 175. a A este w aly o reyezuelo de Coria se atribuye y por este tiempo, un asedio de Cáceres a la que rinde por hambre. La noticia es totalm ente fan­ tástica, pues Cáceres a la sazón ni siquiera existía. Vid. M élida Catálogo, t. I. pg. 227 y 230.

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño

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