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— 68 — U n eco íénue, casi apagad o por lo legen d ario, enlaza la

Suevos, que h abían in v ad id o la Península. V alia, en cum ­

falda Sudeste del llam ado C erro de los Rom anos (a cuatro

plim ien to de lo pactado, em prende en el año 416 una cam ­

kilóm etros al Sur de Cáceres) con la piadosa tradición de la

paña contra los A lan os y los V án d alos Silin g os de la Bética,

V irg en Eulalia, la M ártir Em iretense. A llí sitúa u na tradición

co n tal fortuna, que en m uy b rev e espacio de tiem po c o n ­

el llam ado Pago Pontiano, del que era v ecin a la g ran ja de Li-

siguió aniqu ilar a am bos pueblos, que desaparecen por co m ­

berio, donde la Santa n ació o, por lo m enos, v iv ía al ad v e­

pleto del panoram a h istórico (418)1. Los A lan os por co n si­

nim iento de su martirio,- lo que tien e cierto ap oyo, aunque

guiente, n o dom inaron sobre territorio cacerense, sino d u­

m uy débil, en la pervivencia, desde tiem pos m uy antiguos,

rante p o co más de un lustro, y no h ay para qué decir, que

de una ermita consagrada a esta Santa, y en la abu n d an cia

n o dejaron tras sí ni el m enor rastro. Pero n o por ello quedó

del resto rom ano por los alrededores. Todo e llo ha sido o b ­

ya toda la Lusitania incorporada al R ein o V isig od o . El O c ­

jeto de apasionadas discusiones, en las que, ni en un senti­

cid en te peninsular no ob ed ecía a n in gú n d om inio y su tie­

do ni en otro, se ha podido llegar a una co n clu sió n que sa­

rra era corrida por toda suerte de bárbaros, con tin u an d o así

tisfaga al m enos ex ig e n te rigor h istórico1. Prácticam ente, al in vad ir los bárbaros nuestra Península,

hasta que los V án d alos pasan al Africa, y los Suevos se es­ tabilizan ocu pan do tod o el án gu lo N or-occid en tal de la

C áceres y su territorio n o quedaron incorporados al R eino

Península y fijan d o su frontera m eridional, más o m enos

V isig o d o hasta b ien entrado el reinado de Leovigildo.

teóricam ente, en las m árgenes del Tajo, desde A lconetar

En el reparto de tierras que en el año 411 se hizo entre

hasta Lisboa.

los pueblos invasores, correspond ieron a los A lan os las an ­

Los Suevos no eran, ciertam ente, una buen a vecin d ad pa­

tiguas provincias rom anas de la Lusitania y la C artagin en se2.

ra los V isigod o s, y al subir al trono Leovigildo, hizo u no de

Pero el d om inio de los A lanos duró m uy p oco en estas c o ­

los o b jetiv o s de su política unificadora, el term inar radical­

marcas. V en id o s los V isig od o s a España (415) al m ando de

m ente co n las inquietudes que le proporcionaban . H acia el

Ataúlfo, su sucesor (tras el reinad o relám pago de Sigerico)

añ o 572, el R ey suevo M irón, receloso de las conquistas lle­

V alia, con cierta un pacto con el Emperador H onorio, en v ir­

vadas a cab o por L eov igild o en la Bética, em prende una

tud del cual, a cam bio de una con siderable cantidad de v í­

cam paña con tra los A rragones, que h abitaban los actuales

veres para calm ar el ham bre de su ejército, el R ey G odo se

territorios de las Batuecas, las Hurdes, C oria y Plasencia, y

com prom etía a d ev olver a H onorio a su herm ana G ala Pla-

más tarde contra los R ucones, que v iv ía n entre Jaraicejo ,

cidia, y a com batir, com o auxiliar, a los A lanos, V án d alos y

Tru jillo, C onqu ista y Logrosán, apoderándose de am bos p u eblos2. Esto fué interpretado por el m onarca toled ano c o ­

1 Florez,- E. S. X III pgs. 297 a 300,- Hurtado, La Parroquia de San M a ­ llo de Cáceres y sus agregados, Cáceres (1918) pg. 156. ’ Hidacio, Cap. 49. E. S. t. IV, pg. 552.

1 San Isidoro, Tlisloria Qotborum, E. S. V I, pg. 489,- Hidacio,- Loe. cit. ’

Fernández Guerra A., H istoria de España desde ta invasión de los pueblos

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

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