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en el año 20. L. C orn elio Balbo el M enor, con taba a la sazón

Se ha escrito recientem ente que la m entalidad rom ana

m uy cerca de los cincuenta, y ya dedica el resto de su vida

es el resultado de la fusión de dos m entalidades: la del cam ­

a elevar ed ificios y fundar ciudades. En Rom a hizo co n s­

pesino y la del soldado, no separadam ente, sino form ando

truir un teatro que fué inaugurado con ju egos escén icos al

una unidad, que es la del soldado-cam pesino. Toda la acti­

regreso de A u gusto de la Galia. Poco después se establece

vidad del leg io n ario iba encam inada siem pre a un solo fin,

en su patria, y v ien d o la escasa ex ten sió n que tenía su ciu ­

cual era el de con seg u ir una tierra para labrar y una casa p a­

dad natal, con stru yó a sus exp en sas otra con tigu a a la an ti­

ra vivir. A llí donde las encuentre, encontrará su patria, a la

quísim a Gadir, dando a la nueva el nom bre de 7<leápolis y a

que transportará todas las esencias espirituales y materiales

las dos juntas el de Didyma, es decir, Gemelas.

de la m etrópoli. Esto exp lica, de una parte, la unidad del

Es en esta fecha (año 19 a. de J. C.) cuan d o realiza la fun­ d ación de Cáceres, con la d en om in ación de C O L O N IA N O RBEN SIS C A E SA R IN A de la que el m unificente gadita­ n o fué adem ás de fundador, su prim er patron o1. ¿Por qué esta d en om in ación ?

1 La cuestión crítica de la fundación y del nom bre que a Cáceres die­ ron los colonizadores romanos, quedó definitivam ente resuella en el año 1930 mediante el hallazgo de un testim onio epigráfico de singular im por­ tancia. Desde el siglo X V I venía preocupando este problem a a la erudición local, la que, apoyándose en Plinio (N. H. IV , 22) y en los dalos suminis­ trados por el Itinerario de Jntonino, lleg ó a la conclusión de que Cáceres fué la Castra Caecilia m encionada en d icho Itinerario, com o situada sobre la 'Via Lata y a 44 millas del origen de ésta en Mérida (son 46 estas millas, com o veremos). Ello vino a corroborarse con un supuesto descubrim iento epigráfico: Solano de Figueroa, el más cándido de cuantos im aginativos se dedicaron a em borronar nuestra historia, d ijo haber descubierto ju nto al Matadero prim itivo, a espaldas de la C alle de M oros y cerca del C o n ­ vento de Santo Dom ingo, una miliaria con la inscripción siguiente: CAST CastCra

.

CA E . CaeCcilia

XLIII. XLIII.

C on lo que la hipótesis se convertía en certeza, según el criterio del pretendido descubridor,- pues la inscripción situaba a Castra (aecilia, a las supuestas 44 m illas de distancia de Mérida.

Esta inscripción está proclam ando por sí sola y en forma irrefutable su falsedad, com o después lo evidenció la crítica m oderna (Hübner C. L. I. 70; Fita B. R. A. H. LIX, pg. 473,- Floriano, Orígenes... pgs. 9 10); pero ello bastó por entonces com o argum ento dem ostrativo de la identificación que se postulaba. Mas, en 1794, Don Simón Benito B oxoyo, doctísim o y diligente colec­ cionador de reliquias epigráficas, descubrió un trozo de arquitrabe empo­ trado en la muralla, ju n to a la Puerta de Mérida, en el que se ostentaba la inscripción: CO L ColConia

N O RB T^oi b)ensis

.

CA ESA RIN CaesarinCa

El descubrim iento fué com unicado a Masdeu y, recogido por Cortés y Constanzo, dió hase a H übner para argum entar, com pletando inform acio­ nes de Plinio, en favor de la tesis de que la Cáceres actual, es decir, la en ­ cerrada dentro del recinto amurallado, fuera la Colonia N orbense, una de las cinco de la Lusitania, de la cual eran contribuías Castra Caecilia y Casira Serpilia, extendiendo la hipótesis hasta la presunción de que nuestra Ciudad había sido fundada por César. Mas en el año 1930 se llegó por fin al descubrim iento definitivo. D u­ rante las obras que se realizaban para la construcción d el actual antiesté­ tico y antihigiénico mercado, entre las torres del H orno y de la Y erb a, fué preciso derribar el lienzo de cortina que las unía y se vió que tras el tapial árabe aparecían restos rom anos, los cuales pertenecieron a una puer­ ta que allí tu v o la muralla de la antigua Colonia, y a cuyas jam bas se ha­ bía incrustado un tizón de un m etro de largo por 0,40 de alto, en la base del cual, es decir, en la cabeza del tizón que form aba el paramento exte­ rior de la jam ba, se leía la siguiente inscripción:

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Estudios de historia de Cáceres (1) por Antonio Floriano Cumbreño  

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