Pinta tu poema

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PINTO MI POEMA: DIBUJANDO POESIAS ANDALUZAS Por la conmemoración del 28 de febrero se celebran numerosas actividades por toda la comunidad. Desde la red de Bibliotecas Bima este año os ofrecemos una actividad online, dado que presencialmente debido a las circunstancias actuales, es imposible realizarla y está dirigida a toda la familia, pudiendo participar personas de cualquier edad. A continuación tenéis una serie de poemas de diferentes poetas andaluces. Nos gustaría que lo “reescribieseis” de una manera original, como un juego. Escribiremos – por medio de dibujos- lapoesía que más nos guste. En primer lugar, tendréis que leerlas muy despacito y a continuación elegir la que más os haya gustado. De la poesía elegida habrá que realizar un dibujo, o varios si lo preferís, de lo que ésta nos transmite. Podéis realizarlo con la técnica que más os guste: colores, rotuladores, tipo collage…. Se pueden realizar más de un dibujo y elegir varias poesías. Y por último, si os apetece, desde hoy y hasta el día 28 estaremos encantados de que nos los hagáis llegar, en persona o mediante correo electrónico de la biblioteca, para posteriormente exponerlos en redes sociales. No os olvidéis de indicar junto al dibujo, el nombre de la poesía que os ha inspirado.


“LA PLAZA TIENE UNA TORRE”

La plaza tiene una torre, la torre tiene un balcón, el balcón tiene una dama, la dama una blanca flor.

Ha pasado un caballero, ¡quién sabe por qué pasó! Y se ha llevado la plaza con su torre y su balcón, con su balcón y su dama, su dama y su blanca flor.

Autor: Antonio Machado (Sevilla)


“ABUELA”

-Abuelita, abuelita, yo quiero agua. -Ahora mismo, ahora mismo te la doy yo. -Yo solita, yo solita… -Tú solita, sí, señor. Tan ocupada he estado perdiendo la inocencia, y bien lo siento, que no noté cómo discretamente te me fuiste plegando y encogiendo. Ya de niña aprendiste el valor esencial de los silencios, y no se te ha olvidado. Igual que yo me acuerdo -y sabes lo fugaz de mi memoriade todos tus afanes y desvelos. De las benditas siestas, en la sillita baja de los nietos, conciliando mi antojo y tus temores al pie del encalado limonero: -¡No toques las adelfas! Llenando aquel cuaderno -¡No te acerques al pozo! con mis primeros versos, -¡no te pongas al sol, que te achicharras! feliz mirando al cielo…


Toqué, por descontado, las adelfas, no paraba a la sombra ni un momento, Y siempre me asomaba -mariposas por dentro-, al pozo clausurado de yedras y de miedos. Pero cuando te escribo, admirable mujer de acero, motivo de mi orgullo, no puedes ocultar tu desaliento después de tanta vida, tanta muerte, de tanto y tanto injusto sufrimiento… Y no sé consolarte ni conciliar tu pena y mis desvelos: -Abuela, comes poco Rezando en voz muy queda los misterios -¿Has descansado bien?¿Te duele algo? de su rosario negro, -No te asomes al pozo mirando triste al suelo… -Abuelita, abuelita, ¿quieres agua? -No te muevas, que ya la cojo yo.

Autora: Marisa Carbajo (Sevilla)


“LAS MOSCAS”

Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!

Autor: Antonio Machado (Sevilla)


“IBA TOCANDO MI FLAUTA”

Iba tocando mi flauta a lo largo de la orilla; y la orilla era un reguero de amarillas margaritas.

El campo cristaleaba tras el temblor de la brisa; para escucharme mejor el agua se detenía.

Notas van y notas vienen, la tarde fragante y lírica iba, a compás de mi música, dorando sus fantasías,

y a mi alrededor volaba, en el agua y en la brisa, un enjambre doble de mariposas amarillas.


La ladera era de miel, de oro encendido la viña, de oro vago el raso leve del jaral de flores níveas; allá donde el claro arroyo da en el río, se entreabría un ocaso de esplendores sobre el agua vespertina…

Mi flauta con sol lloraba a lo largo de la orilla; atrás quedaba un reguero de amarillas margaritas…

Autor: Juan Ramón Jiménez (Huelva)


“EL GEMIDO DEL GALLO”

El gemido del gallo quiebra el alba. Me estremece su alarma matutina. De qué se queja el gallo. Qué presiente. Qué dolor estrangula su garganta para gemir tan alto. Son los gallos del mundo repartiéndose el alba Vislumbrando la hora misteriosa con la aflicción certera de que algo nos hiere. Tal vez la muerte aceche cada pluma de su inocente cuello por barruntar el día. Tal vez no sea el día una resurrección, sino la rúbrica De ese presentimiento Que en clave de mortal Anuncia el gallo.

Autora: María del Valle Rubio Monge (Huelva)


“LLUEVE SOBRE EL CAMPO VERDE”

Llueve sobre el campo verde… ¡Qué paz! El agua se abre y la hierba de noviembre es de pálidos diamantes.

Se apaga el sol; de la choza de la huerta se ve el valle más verde, más oloroso, más idílico que antes.

Llueve; los álamos blancos se ennegrecen; los pinares se alejan; todo está gris melancólico y fragante.

Y en el ocaso doliente surgen vagas claridades malvas, rosas, amarillas, de sedas y de cristales…

¡Oh La lluvia sobre el campo verde! ¡Qué paz! En el aire vienen aromas mojados de violetas otoñales.

Autor: Juan Ramón Jiménez (Huelva)


“EL CIEMPIÉS DESPISTADO”

Cuentan que había un ciempiés que perdía los zapatos y andaba siempre al revés. Gaspar, que así se llamaba, Ese bichito en cuestión, al caminar tropezaba. Cuando venir lo veían los animales del bosque, se apartaban y reían. ¿Dónde vas, Gaspar, tan loco? Espejos debes llevar para no romperte el coco. Triste se pasaba el día con algún que otro chichón. ¿Acaso tendrá miopía para no romperte el coco. Triste se pasaba el día con algún que otro chichón. ¿Acaso tendrá miopía? Al doctor fue a visitar contándole su problema y lo pudiese curar.


¡Es un caso muy curioso, nunca vi cosa igual, eres un ciempiés patoso! Consultó un libro muy viejo, revisó todas sus notas, y se quedó muy perplejo. Dijo con voz grave: no veo que estés enfermo, pero no doy con la clave. El doctor estudió el tema y mirándole un instante descubrió luego el problema. Gaspar se ha colocado los zapatos hacia atrás; por eso va dislocado. Corregido ya este fallo, puede correr y saltar como si fuera un caballo. Aquí acaba ya este cuento de un despistado ciempiés, que se quedó tan contento.

Aurtora: María Sierra Varo (Córdoba)


“EL DUENDECILLO”

Con la sonrisa burlona un duendecillo escarlata jugaba dando la lata. Y con un palo muy fino hacía cosquillas al hada que estaba ya Mosqueda. A la brujita del bosque le metió una lagartija debajo de una botija. Al lobo que hay en los cuentos le ha colocado un cartel para que se rían de él. Entró en casa de un enano poniendo todo al revés. ¡Ay la que se armó después! El gran mago está enfadado y un castigo le va a dar, que arregle lo que ha cambiado y los deje descansar.

Aurtora: María Sierra Varo (Córdoba)


“UN CABALLITO DE FERIA”

Un caballito de feria Quere la Luna comprar Y pasearse en el cielo viendo las olas del mar. Todos dicen que está loca, No saben por qué será, Pero ella sigue soñando Que algún día lo tendrá. Pálida brilla en la noche Como broche de cristal, Y en la arena se está haciendo La montura de coral. Por pasearse en el cielo Quiere la Luna comprar Un caballito de feria Y entre estrellas cabalgar.

Aurtora: María Sierra Varo (Córdoba)


“BALADA DEL CARACOL NEGRO”

Caracoles negros. Los niños sentados escuchan un cuento. El río traía coronas de viento y una gran serpiente desde un tronco viejo miraba las nubes redondas del cielo Niño mío chico ¿dónde estás? Te siento en el corazón y no es verdad. Lejos esperas que yo saque tu alma del silencio Caracoles grandes Caracoles negros

Autor: Federico García Lorca (Granada)


“EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO”

El lagarto está llorando. La lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado! Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. ¡Miradlos qué viejos son! ¡Qué viejos son los lagartos! ¡Ay, cómo lloran y lloran, ¡ay! ¡ay! cómo están llorando!

Autor: Federico García Lorca (Granada)


“LA MARIPOSA”

Mariposa del aire ¡qué hermosa eres! Mariposa del aire dorada y verde.

Luz de candil… Mariposa del aire, quédate ahí, ahí, ahí.

No te quieres parar, pararte no quieres… Mariposa del aire, dorada y verde.

Luz de candil… Mariposa del aire, quédate ahí, ahí, ahí. quédate ahí. Mariposa ¿estás ahí?

Autor: Federico García Lorca (Granada)


“MUÑECA ROTA”

¿Qué me intenta decir tu deterioro? Vente, Muñeca frágil y doliente y herida, Sin faldones que cubran tu cuerpo descompuesto, Sin un alma mecánica que te cubra, desastre De los años y del trato. No me aparté de ti; nos apartaron Convenciones y usos: no era propio quererte, Y hoy pienso que otras manos te han mecido en exceso.

Autora: María Victoria Atencia (Málaga)


“HISTORIA MARINERA” (sextina)

Veía el vaivén de aquellas olas que a lo lejos rompían en las rocas. Las mismas que mecían a mi barco Que en el mar navegaba con sus velas.

Muy pronto llegaría hasta mi puerto guiado por la luz del viejo faro. En medio de la mar estaba el faro gastado su arrecife por las olas.

No muy lejos de allí estaba el puerto cubierto el “malecón” por negras rocas que hacían destacar las blancas velas que “portaban” airosas en el barco.

Me fui hacia la proa de mi barco y puse su timón con rumbo al faro. El viento que impulsaba a las dos velas hacían salpicar las grandes olas igual que se rompían en las rocas, que había en la “bocana” de aquel puerto.


La niebla apareció cubriendo el puerto haciendo que temiera por mi barco que podía estrellarse con las rocas que estaban bordeando al viejo faro. El mar se puso fiero y grandes olas me hicieron poner “rizos” a las velas.

A la vez que rizaba yo las velas, la niebla que envolvía a todo el puerto se estaba disipando, y ya las olas calmáronse, y pronto desde el barco, al llegar el ocaso, vi aquel faro y gaviotas posándose en las rocas.

Autora: María Jesús Rodríguez Barberá (Cádiz)


“BARCO CARBONERO”

Barco carbonero Negro el marinero.

Negra, en el viento, la vela. Negra, por el mar, la estela.

¡Qué negro su navegar!

La sirena no le quiere. El pez espada le hiere.

Autor: Rafael Alberti (Cádiz)


“EL OCASO”

Si ver amanecer, es cosa hermosa, más bello es ver el sol cuando se esconde. Por mucho que lo pintes no responde con esa realidad tan luminosa. Envidiosa, la luna, aún no asoma… Cuando llega la tarde presurosa y el cielo con el mar, unirse osa, su paisaje es de luz y tiene aroma. Sus rayos se reflejan en el mar. Parece que las olas van ardiendo… Es ver al horizonte sonriendo. ¡Quién tuviera un pincel para pintar…!

Autora: María Jesús Rodríguez Barberá (Cádiz)


“PREGÓN”

¡Vendo nubes de colores: las redondas, coloradas, para endulzar los calores! ¡Vendo los cirros morados y rosas, las alboradas, los crepúsculos dorados! ¡El amarillo lucero, cogido a la verde rama del celeste duraznero! Vendo la nieve, la llama y el canto del pregonero.

Autor: Rafael Alberti (Cádiz)


“LA CASA ENCIMA”

Tantos siglos removiendo esta tierra que atravesó el ganado y alimentó al ganado y a los hombres que regaron esta tierra con el curso negro de su sangre -la sangre cambia de color cuando sale del cuerpo-. Tantos siglos alineando ladrillos, aquí hubo un establo sobre el que se construyó una iglesia sobre el que se construyó una fábrica sobre el que se construyó un cementerio sobre el que se construyó un edificio de protección oficial. Tantas mujeres fregando sus baldosas, pariendo en sus baldosas, escondiendo la mierda debajo de las baldosas que pisaron sus hijos ebrios Yysus sobrios maridos que trabajaron y gritaron por el bien de un país en el que no creían. Tantos siglos para que yo, miembro de una generación prescindible, pierda la fe en la emancipación, mire el techo de mi dormitorio

y se me venga la casa encima. Autora: Erika Martínez (Jaén)


“RECUERDOS"

Recuerdo con ternura aquella voz de dulce melodía Celeste me llamabas… Celeste vida mía. Todo tu pelo blanco, sentada con donaire junto a la puerta abierta mirando a tu jardín, aún sigue con savia el viejo jazminero aunque oscuro su tronco retorcido del tiempo no quiere florecer. El olor ya es distinto, y todo lo que amaste el viento lo expandió, sólo queda la esencia de tu tierno recuerdo tan vivo y tan lejano como mi dulce amor.

Autora: Victoria Cuenca Gnecco (Almería)