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REVISTA HERENCIA. VOLUMEN n.2, 1997 Apuntes sobre la estación del ferrocarril al Atlántico (Northern Railway Co.) Paraíso de Cartago (1928 101934) Evaristo Ibarra

La reseña histórica sobre la construcción del ferrocarril al Atlántico y sus primeros años de funcionamiento señala que muchas poblaciones aledañas al ferrocarril surgieron y se desarrollaron como consecuencia de las actividades de esa empresa. Es de suponer que el sector noroeste de la población de Paraíso -lugar por donde cruza la línea ferroviaria- a unos dos kilómetros del centro de la villa, inició su crecimiento por esa misma circunstancia. Construyó allí la "compañía" (como se le conocía) edificios destinados a las oficinas de la agencia y operación de trenes, casa de habitación para el Agente y su familia, así como bodegas, plataformas de concreto y algunas otras instalaciones. El apartadero tenía una capacidad para once carros. Las comunicaciones de la agencia con el despachador de trenes, así como con las demás agencias al este y al oeste, se realizaban por dos medios: telefonía y telegrafía. El contacto con el despachador tenía prioridad y contaba, por ello, con una línea exclusiva. También existía una línea telefónica con la represa de Cachí y otra con la finca Navarro. La estación estaba conectada con el centro de la población por una carretera lastreada para vehículos que terminaba al oeste de las bodegas y demás instalaciones. Para uso de los peatones se había construido una alameda al lado este de la estación de unos cien metros de largo y con un ancho de aproximadamente cinco metros, con un piso cuidadosamente empedrado, a la par de una plantación de cipreses por el norte simulando un parque. Esta vereda era utilizada también por los lugareños, especialmente los domingos, para acudir al acontecimiento más importante del día: el paso de los trenes de pasajeros. El dos de febrero, día de la patrona de Paraíso, asistían numerosos a las festividades que se celebraban con gran solemnidad los fieles y devotos provenientes de San José y de Cartago lo que obligaba al ferrocarril a asignar uno o dos coches especiales para su movilización. Durante el día quedaban apartados en la estación, lo que era gran novedad para los curiosos y niños del lugar, pues solamente vagones de carga era costumbre observar estacionados en ese apartadero. Los chiquillos los disfrutaban a sus anchas, pues muchos de ellos subían y bajaban de los balcones de esos coches, no pudiendo ocultar algunos su ilusión de llegar a ser algún día "brequero de tren". Otros, sentados en el balcón, fijaban su mirada sobre la vía férrea hasta la lejanía, realizando, imaginariamente, el viaje en tren con que siempre habían soñado.


Antes de que la carretera entre Paraíso y Cartago fuera acondicionada y asfaltada, el tráfico de pasajeros y carga era intenso a través de la estación del ferrocarril. Algunos productos de exportación originarios del área eran despachados a Puerto Limón utilizando la estación de Paraíso. Tal es el caso del café en pergamino, banano y, en algunas oportunidades, naranjas para la Zona del Canal de Panamá. Con respecto a fletes locales podría citarse el envío diario de la leche producida en las lecherías del lugar, la cual iba como encomienda en el tren regular de pasajeros a fin de evitar demoras que pudieran afectar la calidad de ese delicado producto. Con frecuencia se remitía a Cartago y a San José mecate de cabuya elaborado en la fábrica El Llano o Cabuyal. situada al oeste de Paraíso casi colindando con el cementerio del lugar. A esos mismos lugares se enviaban algunas verduras, maíz. frijoles y algunos otros productos. La entrega y carga de banano implicaba una actividad extraordinaria desde muy temprano en la mañana hasta las primeras horas de la noche. El aviso de corta era enviado por la oficina bananera desde Limón con una anticipación de algunos días a la fecha de recepción y entrega de la fruta. Un desfile de bestias cargadas de racimos invadía los patios junto a los carros del ferrocarril; unos pocos finqueros poseían su propio camión para el transporte; hojas secas de banano sobre el suelo comenzaban a formar el colchón que poco a poco crecía en altura y extensión, característica normal en el manipuleo del banano. Esas hojas se utilizaban también dentro del vagón para el acomodo y protección del producto. El "recibidor" (la persona encargada de clasificar, aceptar o rechazar cada racimo) se colocaba frente a la ancha puerta del carro con su máquina de contar en su mano y desde ahí realizaba su tarea. Al final del día los productores comentaban "...me fue muy bien, o, me fue regular, o me rechazaron casi todo.. ». Cada uno obtenía un recibo o comprobante con el cual retiraría en la Agencia, días después, el correspondiente cheque que, a su vez, era de aceptación por algunos negocios comerciales del lugar. Partían al anochecer hacia el este el motor-car con el recibidor y demás inspectores de la fruta, así como el último tren extra con los carros cargados de banano recogiendo en el camino los que estuvieren listos en los distintos puntos hasta el barco en Limón. Correspondía, finalmente, a la cuadrilla local de mantenimiento de vías efectuar la limpieza de los patios de la estación recogiendo y quemando las montañas de hojas secas. Sobra decir que la fogata y las altas llamas producto de la quema eran ansiosamente esperadas por los chiquillos del lugar, para quienes su contemplación era la última diversión del día. La United Fruit Co. cada sábado hacía llegar a Puerto Limón un barco con turistas norteamericanos y su programa en nuestro país incluía un viaje por tren especial a San José, hospedaje en el Hotel Costa Rica y regreso el día domingo a Limón. Se utilizaban en este tren los mejores y más lujosos coches de pasajeros a fin de dar toda la comodidad posible a los turistas. La tripulación del tren sabía que disponía de todos los derechos de tráfico concedidos por una orden especial emitida por el despachador con el propósito de evitar demoras y esperas. El espectáculo del paso del tren de turistas reunía a gran cantidad de curiosos en la estación y sus alrededores pues, además de ver un tren de lujo, podrían salir favorecidos cuando los norteamericanos, por una humorada, decidían lanzar por una ventanilla su caja blanca conteniendo su almuerzo o lo que quedaba de él, incluyendo manzanas, fruta que nunca había sido vista en el lugar.


Que estas remembranzas, un poco históricas y un poco pintorescas, sean, en alguna forma, un augurio para que algún día, ojalá no muy lejano, vuelva a oírse el silbido y la campana de las locomotoras en la estación de Paraíso y que ello sea señal de resurgimiento y prosperidad para este importante cantón.


Apuntes sobre la estación del Ferrocarril en Paraíso