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Presentación Dicen que “El tiempo pasa volando,” que “Veinte años no es nada,” que “Más vale tarde que nunca,” y que “A su tiempo maduran las uvas.” Si es así, entonces afirmamos que este es nuestro tiempo, tiempo de celebrar los cincuenta años en los que nuestra Biblioteca Juan de Valdés ha madurado en excelencia de servicios, en su capacidad tecnológica e interactiva y en el valor de sus colecciones – algunas como la Colección Puertorriqueña de Teología y el Archivo Histórico del Protestantismo únicas en su clase.

En este caminar del tiempo entre el Cronos y el Kairós, el espacio del Reino ha quedado manifiesto en las múltiples experiencias vividas en y por esta Biblioteca. El tiempo no se detiene y siendo hoy no más tarde, sino en el tiempo perfecto de Dios; hoy contamos con un edificio remozado, con un extraordinario cuerpo de servidores bibliotecarios, con mejoras tecnológicas y con alianzas estratégicas que nos impulsan al futuro digitalizado donde seguiremos siendo espacio de encuentro para el saber y para el Reino.

Nos enorgullece compartir con ustedes esta publicación de celebración del Cincuentenario de nuestra Biblioteca. Si, el tiempo ha pasado volando y con él, la Biblioteca Juan de Valdés que ha sido por 50 años lugar de estudio de cientos de personas. Este espacio construido con ofrendas y donativos de organizaciones, iglesias y amigos; ha sido lugar de reflexiones y coloquios, de encuentros y desencuentros del saber y la experiencia; y si también de corazones, de vidas y amistades a quienes veinte años han sido nada.

Les invitamos a leer esta publicación y a atesorar el tiempo que en ellas se asoma; tímido y desconocido para algunos, pero para otros, es aquel tiempo completamente amigo y memorado. Paz,

Rvda. Dra. Doris García Rivera Presidenta Seminario Evangélico de Puerto Rico


BIBLIOTECA JUAN DE VALDÉS: 50 años como importante centro de investigación teológica y custodio de la cultura cristiana puertorriqueña Prof. Milka T. Vigo Verestín Un nombre y espacio propio para la Biblioteca Hace cincuenta años, en una ceremonia especial celebrada el 14 de marzo de 1965 se dedicó el edificio de la Biblioteca del Seminario Evangélico de Puerto Rico, a la memoria de los reformadores españoles del siglo XVI. Se escogió darle el nombre “Juan de Valdés”, autor del primer libro evangélico en castellano que salió a la luz en 1528. El homenaje a los reformadores españoles respondía a una iniciativa de la iglesia evangélica latinoamericana en reivindicar el esfuerzo y coraje de estos hombres al oponerse a los distintos poderes que regían en la España del siglo XVI: “al poder de la iglesia, al poder del trono, y al poder del sentimiento nacional.”1 Según el Dr. Justo L. González, era la primera vez que se erigía un monumento a la memoria de los reformadores españoles, siendo esta una forma de hacerles justicia. Sobre la selección del nombre para la biblioteca, afirma, por un lado, el Lic. William Fred Santiago que fue el Dr. Ángel Mergal Llera el responsable de que la biblioteca lleve el nombre “Juan de Valdés”. Una de las pruebas 1

Justo L. González, “Apuntes sobre los reformadores españoles”, El Boletín, año 27, no. 4 (octubre-diciembre 1962): 3.

que pudiesen evidenciar tal afirmación fue que Mergal hizo su tesis para el grado de Maestría en Teología, en el Seminario Teológico Unión, de Nueva York (1942-43) sobre Juan de Valdés. Además, al asumir la cátedra en el Seminario en 1943, Mergal promueve la vida y obra de Juan de Valdés a través de la publicación de varios artículos sobre el mencionado personaje. Otro detalle es que Mergal asume la responsabilidad de bibliotecario de la institución en 1945, pues era costumbre en los inicios del Seminario que algún miembro de la facultad se hiciera cargo de la biblioteca. Así que es posible que sus estudios sobre Juan de Valdés hayan influenciado el proceso de darle nombre a nuestra biblioteca. No obstante, el Dr. Justo González, quien para la fecha fungía como profesor, nos dice, según recuerda, que “fue la facultad del Seminario Evangélico de Puerto Rico [quien] sugirió dedicar la biblioteca a los reformadores españoles. Pero eso hubiera sido demasiado largo, y fue el Dr. Liggett quien sugirió a Juan de Valdés. Por eso la tarja en el interior le dedica la biblioteca a varios más.”2

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Justo L. González, entrevistado por autora, plataforma de mensajes de Facebook, 19 de febrero de 2015.


Fachada del Edificio Biblioteca Juan de Valdés 1965 - 2015

Importancia de la Biblioteca “Juan de Valdés” La Biblioteca del Seminario goza de ser una de las bibliotecas en América Latina con una amplia e importante colección especializada en teología (la primera lo es la biblioteca teológica del ISEDET, en Argentina). Cuenta actualmente con más de 75,000 volúmenes, una colección de sobre 300 títulos de revistas (activas e inactivas), una colección Puertorriqueña dedicada al quehacer teológico en Puerto Rico, y, uno de nuestros más grades tesoros, un Archivo Histórico dedicado al protestantismo en Puerto Rico. La Biblioteca alberga colecciones de distinguidos académicos, pastores y pastoras como: Rev. Harry Emerson Fosdick, Rev. Robert J. McCracken, Albert S. Morris, Ángel M. Mergal, Domingo Marrero, Dr. Vaughn Danney, Rvdo. Warren Grafton, Dr. Ivan M. Gould, Dr. Gene Tucker, Paul A. Kress, Dr. Samuel Pagán, Prof. Lester McGrath, Lic. Adolfo Fortier, Rvda. Margarita Sánchez de León, entre otros. A su vez, se fue desarrollando la colección con donativos de la Fundación Ángel Ramos, la Fundación Luis A. Ferré, la Lilly Endownment, el Fondo de Educación Teológica, así como por donativos de varias bibliotecas, iglesias, organizaciones e individuos de distintas partes de los Estados Unidos, Puerto Rico y América Latina. Si entre los cerca de 75,000 volúmenes con los que cuenta actualmente este edificio, se

hicieran escuchar algunos de los libros antiguos, nos dejarían saber que ellos llevan más de cincuenta años (95 años para ser más exacta) en la colección de libros del Seminario, pues cientos de estos ya eran parte de la biblioteca de la institución desde que abrió sus puertas en septiembre de 1919. Da fe de esto, un registro de libros de la biblioteca llevado por el primer presidente del Seminario, el Dr. James McAllister entre 1919 y 1920 y una selección de libros que llevan el sello de Grace Conaway Institute, uno de los centros educativos que se unió para formar lo que es hoy el Seminario Evangélico de Puerto Rico. En la actualidad, estos libros forman parte de la colección de libros antiguos de nuestra Biblioteca.3 Visualizando el futuro de la biblioteca que sería construida y finalizada en 1965, el presidente del Seminario en aquel entonces Thomas J. Liggett (presidió el Seminario entre 1957-1965) comentó que la Biblioteca Juan de Valdés: “será una de las mejores en toda América Latina, contribuyendo a que la educación teológica obtenida en el Seminario aumente con profundidad y valor… una de las más importantes instituciones culturales en la isla de Puerto Rico. Cuanto más mejore, más valor 3

El registro de títulos de 1919-20 se encuentra en el Archivo Histórico, sección del Seminario Evangélico.


cultural tendrá el Seminario.”4 Hoy día damos fe de que sus palabras son una realidad. Como toda biblioteca teológica es el “corazón” del programa académico del Seminario, en palabras de Liggett.5 El Seminario, desde que abrió sus puertas en 1919, estuvo ubicado en un antiguo edificio frente a la Universidad de Puerto Rico. Luego, en 1934 muda todas sus operaciones al solar que tiene en la actualidad, ubicando sus oficinas, salones, capilla, comedor y biblioteca en una casa de madera o “casona” como se le conocía en aquel tiempo. En una nota que aparece en el primer ejemplar que publica el Seminario como institución, nos dice que para 1935 la biblioteca contaba con unos 3,000 volúmenes. Con el tiempo las condiciones en esta vieja casa no fueron las más adecuadas, lo que provocó el deterioro de muchos libros debido a la polilla. En el informe que publica el presidente Dr. Florencio Sáez en 1953 señala que las “condiciones demandan una inmediata atención. A pesar de todas las medidas que se toman para defender los libros, la polilla continúa haciendo sus estragos”.6 Para los años 50, el Seminario, consciente de sus necesidades de espacio y de mejores condiciones, tanto para 4

Seminario Evangélico de Puerto Rico, Seminario, año 7, núm 3 (mayo de 1964). 5

En la edición en inglés del boletín Seminario, año 5, no. 2 (abril 1962) el Dr. Thomas Liggett dice lo siguiente: “the library is the heart of any university or seminary, and the quality of library facilities usually determines the quality of the work the institution is able to do. Thus the faculty and board of trustees are intensely interested in this new project. The quality of the work done by the Protestant church in this area in the next century will be affected by the success or failure of this Project. It is hoped the friends of the Seminary will respond to this critical and far-reaching endeavor of the Latin American church”. 6 Seminario Evangélico de Puerto Rico, El Boletín, año 19, no. 2, (abril-junio 1954).

el estudiantado, como para su colección de libros, comenzó una campaña para la construcción de un nuevo edificio que acomodaría, entre otras oficinas y salones, la biblioteca. Para 1955 la Biblioteca contaba con unos 6,000 volúmenes, pero las pésimas condiciones, llevaron a decir que esta era “una de las cosas que menos” les llenaba de orgullo. El nuevo edificio de administración fue inaugurado en 1958, ubicándose la biblioteca en este nuevo espacio con capacidad para 23,000 volúmenes. En marzo de 1958 se anuncia que por primera vez el Seminario contará con los servicios de un bibliotecario profesional, el profesor Roscoe Pierson quien llega en disfrute de una licencia sabática del Bible College de Kentucky. Pierson estaría ayudando a organizar la Biblioteca y trabajar en la clasificación de los libros que se habían comprado. Se esperaba que éste ayudara “a sentar el fundamento de una Biblioteca que además de servir a las necesidades de la enseñanza en el Seminario venga a ser el centro de investigación para la obra evangélica. La tarea no es para realizarla en un año. Pero la seriedad y solidez de los comienzos son muy importantes si se va a hacer algo valioso como lo necesitamos.”7 El Prof. Pierson, sugirió la posibilidad de que el Seminario fuese sede de un “Centro Latinoamericano del Protestantismo”, el cual reuniría todo tipo de material de las denominaciones protestantes en América Latina con el fin de que funcione como centro de investigación y agente para la cooperación interdenominacional.8 Aunque tal centro no fue establecido, nos atrevemos a afirmar que sus ideas fueron precursoras para 7

Seminario Evangélico de Puerto Rico, “Profesor Roscoe Pierson nombrado bibliotecario”, Seminario , año 1, no. 1 (abril 1958): 1. 8 Seminario Evangélico de Puerto Rico, “Prof. Roscoe Pierson sugiere centro protestante de América Latina en SEPR”, Seminario, año 1, no.3 (julio 1958): 3.


que más adelante fuera establecido el Archivo Histórico del Protestantismo en Puerto Rico. Ya en el marco de los años 60, los cambios sociales, culturales, políticos, tanto en Puerto Rico como en el resto de la América Latina, representaban retos para la pastoral. La iglesia evangélica en América Latina estaba en continuo crecimiento y “recaía la responsabilidad sobre los hombros” de directivos de los seminarios en contar con las herramientas y recursos necesarios para preparar líderes aptos para enfrentar estos cambios.9

recaudación de fondos para la construcción de una nueva biblioteca teológica adecuada “que represente la herencia cristiana de los siglos”. La construcción e inicios de la biblioteca nombrada “Juan de Valdés” (1962-1965) El proceso de diseño y construcción de la biblioteca “Juan de Valdés” se inicia en 1962, bajo un plan de desarrollo lanzado por la Junta de Síndicos del Seminario en 1961. Se escoge la firma de arquitectos Horacio Díaz y Enrique Soler, quienes fueron responsables de otros trabajos arquitectónicos en el “campus” como el nuevo edificio dormitorio de varones, la

Fachada del Edificio Biblioteca Juan de Valdés 1965 - 2015

Muy acertadamente señalaba Liggett, que “las Iglesias no existen en un vacío, sino en el contexto muy real de una sociedad dada”. El ambiente de la educación teológica debía adelantarse y estar orientado a los cambios que se estaban desarrollando en la sociedad de la época. Esto redundaría además, en contar con una biblioteca que respondiera a esas necesidades de investigación y formación teológica de los seminaristas. El Dr. Thomas J. Liggett, teniendo en mente dichos procesos sociales, y siendo un hombre de mucha visión y gran liderazgo, con su mirada puesta en América Latina, promovió la campaña de 9

Thomas J. Liggett, “Hacia una educación teológica superior en la América Latina”, El Boletín, núm 4 (octubre a diciembre 1963): 4.

capilla y algunas residencias. Estos trabajaron mano a mano con el presidente Liggett para proponer una biblioteca que cumpliera con las expectativas que se tenía de la misma. Como elemento de diseño de la biblioteca, se utilizaron los cimientos y paredes del antiguo dormitorio de varones (1938-1958), espacio que sería remodelado y serviría de sala de lectura, ya que previamente (en 1961) se quería utilizar para centro de estudiantes. A esta estructura se añadiría “la torre” de cuatro pisos, con espacio para depósito de libros y capacidad para 75,000 volúmenes. Además, el primer piso o sótano tendría espacio para una librería, correo y sala de recreo.


El edificio fue terminado en marzo de 1965. El diseño estructural de la biblioteca le mereció a la firma de arquitectos el premio Urbe de diseño arquitectónico otorgado a un “edificio público dedicado a la enseñanza”. El costo aproximado del proyecto fue de unos 150,000 dólares, siendo un gran porciento de las contribuciones producto de fuentes externas (Estados Unidos) como el Fondo para la Educación Teológica (Theological Education Fund), la Lilly Endownment, las juntas misioneras y el Presbiterio de Nueva York . Del total de la obra, unos 25,000 dólares debían proceder de fuentes locales. En medio de la construcción de la nueva biblioteca, se nombró en mayo de 1963 a Wilma Mosholder como bibliotecaria de la institución. Esta tenía estudios profesionales en bibliotecología a nivel de maestría y en estudios hispánicos. Desde su nombramiento hasta los primeros años de la Biblioteca Juan de Valdés, esta contó con la ayuda de la señora Virginia Liggett. Según quienes tuvieron el privilegio de conocer a Mosholder afirman que fue una bibliotecaria muy dedicada. Bajo su administración se creó lo que hoy conocemos como el Archivo Histórico del Protestantismo en Puerto Rico. Además, se establecieron acuerdos colaborativos con el Seminario Episcopal del Caribe, y el recién establecido Centro de los Dominicos (1966) para intercambiar recursos duplicados, así como contactos con pastores y líderes, mayormente norteamericanos, quienes donaron sus colecciones personales a la biblioteca. El viernes, 12 de marzo de 1965, con la ayuda de estudiantes y miembros de la facultad, quienes hicieron una cadena humana desde el edificio de administración hasta la biblioteca, se terminó la mudanza de libros. La biblioteca se inicia con cerca de 10,000 volúmenes. El domingo, 14 de marzo, a las tres de la tarde, se realizó el acto de dedicación, siendo el orador principal del acto el pastor español Dr. Manuel

Gutiérrez Marín, quien era además director de estudios del Centro Evangélico de Formación Teológica en Barcelona. El discurso giró en torno a los reformadores españoles. Como parte del acto, la clase graduanda de 196510, donó a la biblioteca una placa de bronce en honor a los reformadores de la España del siglo XVI: Juan Pérez de Pineda, Constantino Ponce de la Fuente, Juan de Valdés, Casiodoro de Reina, Valera. Cabe señalar que, desde 1962-1968 se había establecido el proyecto conocido como “Ecumenical Library Project”, siendo un importante colaborador, el bibliotecario jefe de la Escuela de Divinidades de la Universidad de Yale, Raymond P. Morris. Bajo este proyecto se organiza, a su vez, en la ciudad de Nueva York, el Comité Pro-Biblioteca del Seminario Evangélico con el fin de establecer un fondo permanente, así como motivar y solicitar a distintos líderes y pastores que hicieran donativos de libros.11 Fueron parte de este comité: el Dr. Stanley Stuber, Samuel McCrea Cavert, Raymond P. Morris, Henry P. Vand Deusen, J. Edward Carothers, Merlyn A. Chapel, el Obispo F.P. Corson, Pablo Cotto, Truman B. Douglass, R.H. Edwin Spy, Eugene Exman y Francis S. Harmon. Otra de las actividades del Proyecto de Biblioteca Ecuménica era recaudar los fondos necesarios para cumplir con los requerimientos de presupuesto para bibliotecas, según estipulado por la Asociación de Escuelas Teológicas Americanas. Es a través de estos esfuerzos que la biblioteca del Seminario recibe unos pocos miles de libros donados, así como donativos monetarios para continuar 10

La clase graduanda de 1965 estuvo compuesta por: Juan Antonio Franco Medina, Ramón Irizarry Torres, Alejandro Lafontaine, Sadrach Montalvo, Amílcar Soto y Felix M. Thomas. 11

Seminario, año 10, no. 7, (noviembre 1967); Seminario, año 11, no. 1, (febrero 1968).


desarrollando la colección de recursos. La cantidad de libros para 1967 había aumentado a cerca de 15,000 volúmenes, unos 5,000 libros adicionales desde que está en el nuevo edificio. Esa tendencia seguirá hasta nuestros días, donde la mayor parte de nuestra colección se nutre de las donaciones. El resto es historia Una vez Wilma Mosholder culmina su trabajo en el Seminario en 1974 para embarcarse a otros lares, le siguieron el paso hombres y mujeres comprometidos y comprometidas con mantener, desarrollar y custodiar este gran tesoro del Seminario. La labor de los bibliotecarios y bibliotecarias que trabajaron en las décadas subsiguientes lograron distintos proyectos como: el desarrollo de una colección puertorriqueña, el seguimiento al desarrollo y organización del Archivo Histórico, la automatización de la catalogación de libros y el proceso de catalogación retrospectiva, el hacer de la biblioteca un espacio para charlas y conferencias, y el establecimiento de un centro de tecnología adecuado a las nuevas necesidades de los y las seminaristas. Todos estos proyectos se gestaron bajo la dirección, en sus respectivos años de servicio por: el Prof. Héctor Rubén Sánchez, la Prof. Gloria Mercado, la Prof. Celsa Garrastegui, la Dra. Jeanene Coleson, la Rvda. Dra. Maricarmen Laureano y la Prof. Sonia Arrillaga. De igual forma, la ayuda de estudiantes asistentes, tanto seminaristas, como universitarios y universitarias que se hospedan en el campus, ha sido determinante para expandir y continuar con distintos servicios. Con su colaboración y esfuerzo se ha logrado ofrecer servicio nocturno y sabatino, así como apoyar la biblioteca en labores técnicas, en la responsabilidad de anaquelar y mantener en orden los libros, continuar seleccionando material para los archivos verticales, entre otras muchas tareas.

A cincuenta años de que la Biblioteca del Seminario cuente con su propio espacio, nos lleva a reflexionar sobre lo mucho que hemos logrado con varias importantes colecciones, como el Archivo Histórico y la Colección Puertorriqueña, y los nuevos retos que se presentan con las nuevas necesidades de la comunidad a la que servimos en medio de los continuos y acelerados cambios tecnológicos, las limitaciones de espacio, mantener las condiciones adecuadas para el mejor manejo y conservación de los libros, entre otros retos. Nos llena de satisfacción ser parte de las líneas que se escribirán sobre la historia de esa importante biblioteca. ¡A Dios sea la gloria!


Escribe tú estas palabras: Consejos prácticos para entrar al mundo de las publicaciones cristianas Dr. Pablo A. Jiménez www.drpablojimenez.com

Dr.Pablo A. Jiménez, durante el conversatorio.

“Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel." Éxodo 34.27

I. Introducción Somos el pueblo del libro. La Iglesia Cristiana tiene como base de su fe las enseñanzas sobre Dios y sobre su hijo Jesucristo que encontramos en la Biblia, nuestro documento fundamental. No debe extrañarnos, pues, que a través de los siglos el liderazgo de la iglesia no solo haya estudiado la Biblia sino que también haya producido otros materiales religiosos para la comunidad de creyentes. Los temas varían: formación espiritual, estudios bíblicos, sermones, órdenes de adoración e himnos espirituales, entre otros. Y todos esos materiales tienen algo en común: deben ser escritos. Por lo tanto, desde sus comienzos la Iglesia ha estado interesada en escribir y publicar materiales religiosos que avancen su misión. Al principio, el proceso de escribir y redactar documentos era sumamente difícil, ya que la mayor parte de la gente era analfabeta y las técnicas de escritura eran rudimentarias. Por

ejemplo, era común que las personas que fueran a escribir en papiros o en tiras de cuero hicieran su propia tinta mezclando aceite con pétalos de flores y ceniza. Todo esto fue transformado con la invención de la imprenta que marcó una nueva era en el proceso de producción y redacción de documentos. La imprenta también revolucionó la Iglesia, permitiendo que cada creyente tuviera una copia de la Biblia en su propio idioma y en su propio hogar. Hoy la llegada del Internet y la revolución electrónica ha provocado cambios dramáticos en el proceso de producción de redacción de documentos. Estos cambios son tan o más dramáticos que los provocados poner invención de la imprenta. Si la imprenta permitió que cada persona tuviera su propia copia de la Biblia, hoy en Internet nos da acceso a centenares de traducciones y versiones de las Sagradas Escrituras, como a cientos de miles de libros. El Internet los pone tan cerca como la palma de nuestras manos donde tenemos nuestro teléfono inteligente o nuestra tableta electrónica. En este breve artículo exploramos algunas perspectivas sobre el desafío de escribir,


publicar y mercadear materiales religiosos. El enfoque de nuestro artículo es práctico, ofreciendo consejos claros y ejemplos concretos sobre el arte de escribir lo sagrado. II. Dos elementos cruciales El proceso de escribir comienza mucho antes de poner el lápiz sobre el papel o las manos sobre el teclado. Debe quedar claro que quien desee escribir necesita dos elementos que sólo da el tiempo y la preparación. 1. El nivel educativo El primero es el nivel educativo necesario para escribir de manera coherente sobre un tema. Por un lado, usted necesita la educación necesaria para manejar el lenguaje de manera efectiva. Si usted no conoce adecuadamente la gramática de un idioma, es prácticamente imposible escribir en él. Por otro lado, usted necesita la educación necesaria para presentar el contenido de su escrito de manera efectiva. Si usted desea publicar un estudio bíblico sobre el Evangelio según San Mateo, usted debe tener la educación teológica necesaria para hacer un trabajo exegético sólido y formular perspectivas hermenéuticas pertinentes a la comunidad de fe actual. Nótese que la educación requerida para escribir adecuadamente sobre un tema depende del nivel al cual usted quiera escribir. En el mundo de las publicaciones se manejan tres niveles: los escritos generales, los profesionales y los académicos. La diferencia entre estos tres niveles es evidente. Los escritos generales deben ser presentados en lenguaje y formatos sencillos, de manera que puedan ser entendidos por la inmensa mayoría de quienes los alcancen a leer. En el caso de los escritos religiosos, las

publicaciones generales aspiran a ser leídas y entendidas por cualquier personas que asista a una Iglesia. Los escritos profesionales están dirigidos a las personas que trabajan en áreas relacionadas al tema de estudio y que, por lo tanto, tienen cierto conocimiento del asunto. En el caso de los escritos religiosos, las publicaciones profesionales se dirigen al liderazgo religioso, particularmente a las personas que sirven en el pastorado o que dirigen programas en la Iglesia. Estas publicaciones deben ofrecer consejos prácticos sobre los temas que tocan. Los escritos académicos están dirigidos a quienes estudian un tema a nivel de educación superior y a quienes enseñan en esos programas. En el caso de los escritos religiosos, las publicaciones académicas se dirigen a quienes estudian hoy enseñan en escuelas teológicas, particularmente a niveles de bachillerato, licenciatura, maestría o doctorado. En términos prácticos, podemos decir que una meditación devocional basada en el Salmo 1 es un escrito general, un sermón es un escrito profesional y un ensayo exegético es un escrito académico. Usted debe, pues, discernir qué tipo de escrito desea publicar —general, profesional o académico— y tener el nivel educativo necesario para alcanzar a su público. Por ejemplo, si usted no tiene estudios teológicos formales, será prácticamente imposible escribir ensayos o libros religiosos al nivel académico. 2. La pasión por el tema El otro elemento que usted necesita para escribir, redactar y publicar materiales religiosos es pasión por el tema que desea explorar. El mundo de los estudios teológicos es


muy amplio, abarcando toda una serie de disciplinas tales como la Teología (el estudio de las doctrinas cristianas sobre Dios), la Cristología (el estudio de Jesucristo), la Pneumatología (el estudio del Espíritu Santo), la Soteriología (el estudio de la salvación), la Eclesiología (el estudio de la Iglesia), la Misiología (el estudio de la misión cristiana) y la Escatología (estudio de las doctrinas sobre los últimos tiempos), entre muchas otras. A esto se añade el estudio de la Biblia, tanto de sus componentes principales (Antiguo y Nuevo Testamento), como de los distintos libros que la componen y los idiomas en los cuales fueron escritos. No podemos olvidar la Historia de la Iglesia y la Teología Pastoral en sus diversas expresiones (educación cristiana, homilética, adoración, consejo pastoral y administración de la Iglesia, entre otros). Especializarse en solo uno de estos campos es tarea de toda la vida, pues es necesario mantenerse estudiando para conocer las nuevas publicaciones que presentan los avances en el estudio de la disciplina. La pasión es necesaria para estudiar el tema general del cual usted desea escribir. Más importante aún, usted debe trasmitir esa pasión en su escrito, de manera que sus lectores y sus lectoras puedan apreciar la importancia de este tema. Quien escribe con pasión, logra conectarse con la audiencia. Por eso, es crucial que sus escritos demuestren su interés y, por qué no, su pasión por lo que está escribiendo. III. Antes de comenzar a escribir Dando por sentado que usted tiene tanto la preparación como la pasión para escribir, ha llegado el momento de comenzar el proceso de producir su escrito. Comience determinando

que quiere decir, a quién quiere decirlo y cómo debe decirlo. 1. Escoja un tema pertinente La selección del tema es el primer y más importante paso que usted debe dar. El tema seleccionado debe ser pertinente para la comunidad de fe y para la sociedad. Su tema debe ser tan importante que pueda mover a una persona a adquirir su artículo, su ensayo o su libro y a dedicar tiempo para leerlo. A menos que una lectura sea requerida para una clase, nadie va invertir cuatro o cinco horas de su vida en la lectura de un escrito aburrido que no tiene conexión alguna con su vida. Recuerde que sus intereses no son necesariamente los de su audiencia. Quizás usted ama tanto el Antiguo Testamento que encuentra apasionante el estudio de las tribus cananeas. Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas que asisten regularmente a la Iglesia tiene muy poco interés en conocer la diferencia entre los heveos y los ferezeos. Por lo tanto, usted debe escoger un tema que sea importante para las personas que desea alcanzar. 2. Defina el tipo de escrito que desea producir Escogido el tema, ahora debe definir qué tipo de escrito desea producir. ¿Desea usted escribir un artículo corto o un libro? ¿Le interesa a producir un ensayo académico o un libro de poemas? ¿Es su interés redactar una colección de lecciones para la escuela bíblica dominical o escribir su autobiografía, a manera de testimonio? Este paso es importantísimo, dado que hay personas que sencillamente comienzan a escribir y terminan con material que es muy largo para un artículo, pero muy corto para


libro. Otras personas comienzan a narrar su testimonio de fe, pero terminan escribiendo un estudio bíblico. Tenga usted claro, pues, el tipo descrito que desea producir. 3. Determine el nivel de su escrito Ya usted tiene su tema y ha decidido como desea presentarlo. Ahora es necesario determinar si su escrito va a ser general, profesional o académico. Esto quiere decir que usted debe tomar una decisión clara. ¿Va a escribir usted para el público en general, para el liderazgo de la iglesia o para personas que estudian o trabajan en escuelas teológicas o seminarios? Un error común de los escritores noveles es afirmar que su artículo o libro está escrito para “todo el mundo”. Si usted quiere alcanzar a todo el mundo con un sólo escrito, probablemente no va alcanzar a nadie. Un libro mal escrito es aquel cuyo primer capítulo está escrito para la academia, el segundo para el público general, el tercero para personas que predican regularmente y el último para personas que nunca vienen a la iglesia. Un libro así es sencillamente incoherente; no puede ser entendido con claridad. Así que es importante escoger y mantener un nivel para todo su escrito. 4. Bosqueje su manuscrito detalladamente Antes de comenzar a escribir es necesario hacer un bosquejo detallado de su escrito. No importa si va escribir una columna de 500 palabras o un libro de 500 páginas, el bosquejo debe estar claro. Un escrito mal bosquejado es como un cuerpo que no tiene columna vertebral, por más que usted trate es muy difícil que se sostenga sobre sus propios pies.

Si usted ya tiene el bosquejo de un sermón o de una conferencia, particularmente en una presentación electrónica en un formato similar a PowerPoint, probablemente ya usted tiene todos los elementos necesarios para comenzar a escribir. Un detalle importante es determinar la longitud de cada sección. Si va a escribir un ensayo, debe tener una idea de cuantos párrafos o páginas tendrá cada sección. Si va escribir un libro, debe determinar cuántas páginas y cuantas secciones tendrá cada capítulo. 5. Investigue sólo lo necesario Otro de los errores comunes de las personas que comienzan su carrera como escritoras, es investigar tanto que jamás llegan a escribir el manuscrito deseado. En realidad, usted sólo tiene que investigar lo necesario para escribir la sección asignada en su bosquejo. Por ejemplo, si usted sólo desea escribir dos o tres párrafos sobre el tema de la gracia, probablemente baste la lectura de dos o tres artículos sobre el tema en diccionarios bíblicos o enciclopedias teológicas. Ahora bien, si usted va escribir todo un capítulo sobre el tema de la gracia, también debe leer algunos artículos y libros sobre el tema. Si su deseo es escribir todo un libro sobre la gracia, deberá leer, como mínimo, unos diez libros sobre el tema y hacer una investigación bíblica exhaustiva. 6. Conozca su competencia La persona que investiga su tema correctamente conoce lo que sea escrito sobre el mismo. Es como que los escritores noveles afirmen que nadie nunca he escrito un libro sobre el tema que están estudiando. Empero, por lo regular esto es falso. Aquellas personas


que hemos trabajado editando libros conocemos bastante sobre publicaciones y, por lo regular, podemos nombrar de memoria cinco o seis libros sobre el tema. Si usted no conoce libro alguno sobre el tema que desea tratar, probablemente usted no ha estudiado el tema correctamente. Es importante, pues, conocer los otros libros que hay en el mercado sobre su tema y poder indicar con claridad en qué se diferencia su libro de los recursos existentes. IV. Mientras escribe Todo el trabajo preliminar explicado arriba nos lleva al proceso de escribir. Es importante que usted aparte tiempo para escribir, de otro modo nunca terminará su ensayo o su libro. Mejor es tener una rutina que le permita escribir, como mínimo, una hora diaria. Recuerde que la fecha de entrega del manuscrito no debe ser el momento en el cual usted empieza a investigar el tema. A veces las editoriales prefieren utilizar a un escritor de menor calidad que entrega sus trabajos a tiempo que a una gran escritora que siempre entrega sus manuscritos tarde. 1. Sobre el proceso de escribir El proceso de escribir se concretiza cuando se pone el lápiz sobre el papel y las manos sobre el teclado. A la hora de escribir, tenga presente los siguientes puntos. A. Use la voz activa En términos generales, su manuscrito debe estar escrito en la voz activa. A continuación ofrezco un ejemplo sencillo que puede ayudarnos a diferenciar la voz activa de la voz pasiva. “Juan tira la piedra” está escrito en voz activa. Por el contrario, “La piedra es tirada por

Juan” está escrito en voz pasiva. Los escritos que están mayormente en voz pasiva son mucho más difíciles de entender y más tediosos de leer que aquellos que están en la voz activa. Es común encontrar escritos religiosos que abusan de la voz pasiva. En parte, esto se debe a que la voz pasiva es común en la Biblia. En el judaísmo se usa la voz pasiva para evitar decir el sagrado nombre de Dios. Por ejemplo, una frase como “Jesús fue levantado de los muertos” en realidad quiere decir “Dios levantó a Jesús de los muertos”. No abuse usted de la voz pasiva. Siempre que sea posible, escriba en la voz activa. B. Privilegie el verbo (limitando el uso de adjetivos y adverbios) Así como la voz activa facilita la lectura del texto, el uso apropiado del verbo la agiliza. Es mucho más fácil leer una oración que diga “Jesús recibió, aceptó y bendijo a la niñez” que una oración que lea “El maravilloso maestro Galileo, de manera magnánima, demostró su inmenso amor por la curiosa niñez que se acercó temerosa para ser receptora gratuita de la tierna bendición divina”. Por lo tanto, limite el uso de los adjetivos y adverbios, ya que el uso correcto del verbo facilita la lectura. C. Escriba oraciones sencillas Recalcamos la importancia de redactar oraciones sencillas donde el sujeto, verbo y predicado sean fáciles de comprender. Evite las oraciones larguísimas y complejas, llenas de cláusulas subordinadas. Del mismo modo, evite las oraciones que toman todo un párrafo. Escribir oraciones demasiado largas y complejas es un vicio que debemos evitar, ya


que dificulta la lectura y la comprensión del escrito. D. Evite las listas Uno de los peligros de utilizar un bosquejo existente como base para un escrito más largo es transcribir las notas sin desarrollarlas. Para decirlo con más claridad, ni los ensayos ni los libros deben tener secciones que solo contengan listas de ideas o conceptos. Si bien es válido hacer una lista de cosas o de puntos de cotejo, nadie desea leer una lista que tome dos o tres páginas. He leído más de un libro donde es evidente que el autor no encontró el tiempo, el espacio o la energía para desarrollar una sección y, por pereza, en lugar de desarrollar sus ideas debidamente las coloca una larga lista. Este es otro vicio que debemos evitar. E. Defina claramente los conceptos que usa Recuerde que en los tiempos postmodernos los conceptos están vacíos de contenido. Dos personas pueden usar la misma palabra con sentidos diametralmente opuestos. Solo considere los cambios radicales que el concepto “matrimonio” ha tenido durante los últimos 20 años. Por lo tanto, mi mejor consejo es que usted defina con claridad todos los conceptos básicos de su escrito. Esto abona a la comprensión y facilita la lectura del ensayo o del libro. F. Limite el vocabulario técnico Las personas que han estudiado teología a nivel graduado deben aprender a escribir de manera sencilla, dejando atrás el vocabulario técnico que aprendieron en el seminario. Recuerde que en una escuela de teología usted escribe para su profesora o profesor. Sin

embargo, a menos que usted vaya a escribir materiales académicos, la audiencia de su manuscrito será muy distinta. Si bien en el seminario es importante utilizar el vocabulario técnico para demostrar el conocimiento adquirido, en un escrito de nivel general o profesional es importante limitar el uso de los términos técnicos y definir con claridad aquellos que utilicemos. 2. Sobre su escrito Mi interés es que usted produzca un manuscrito claro, conciso y pertinente. En unión a los consejos enumerados arriba, le ruego que también preste atención a los siguientes puntos. A. Escriba solamente lo necesario En lo posible, manténgase fiel a su bosquejo y solo escriba aquello que se relaciona con su tema, avanzando así el propósito de su libro. No lo llene de apéndices y de notas adicionales que puedan distraer al lector o a la lectora. Escriba sólo aquello que se relaciona directamente a su tema. En caso de que escriba un capítulo adicional que no tenga relación directa con su libro, guárdelo para publicarlo como un ensayo o como parte de otro libro. B. Preste atención al tamaño de su escrito La mayor parte de la gente no lee libros generales ni profesionales mayores de 150 páginas. Los tamaños tradicionales de los libros se miden en múltiplos de 16 páginas, lo que explica por qué la mayor parte de los libros tienen 80, 96, 112, 128, 144, 160, 176 o 192 páginas. Aunque la publicación de libros electrónicos está cambiando esto, es importante que usted preste atención al tamaño de un escrito.


En particular, es importante que usted cumpla con lo estipulado en contratos. Si le piden un escrito de 3,000 palabras, no envíe uno de 1,500 ni de 5,600. Del mismo modo, si su contrato es para un libro de 96 páginas, no envíe 200. ¿Por qué? Porque el libro de 96 páginas se venderá en aproximadamente 10 dólares y el de 200 en 20 dólares o más. La editorial comienza a mercadear el libro desde que el contrato está firmado. Si han anunciado que su libro tendrá un costo de 10 dólares y han comenzado la preventa, es sencillamente imposible publicar y vender un libro de 200 páginas por ese precio sin perder una gran cantidad de dinero. Por eso, manténgase fiel a lo acordado. C. Documente las citas bibliográficas El plagio es un problema real. En el 2002 escribí un capítulo para un libro de sermones sobre el ataque a las Torres Gemelas en New York. Poco tiempo después, el libro tuvo que ser retirado del mercado porque uno de los autores publicó como suyo un sermón escrito por otra persona. Eso tuvo un costo enorme tanto al nivel moral como financiero para la editorial. Así que acostúmbrese a colocar notas al pie de la página o al final del escrito indicando claramente la fuente de las ideas que ha tomado de otros escritos. Por lo regular, las editoriales tienen un formato de notas preferido que usted debe seguir. Si va a publicar el libro por su cuenta, escoja un formato y utilícelo consistentemente en todo el escrito. D. Preste atención a los permisos Lamentablemente, hay que pagar por usar algunos materiales. Particularmente si cita poemas y canciones, debe pedir permiso y estar dispuesto a pagar una cuota. En ocasiones, la

cuota es módica, entre 25 a 50 dólares. Empero, si desea citar una canción famosa la disquera le pedirá miles de dólares. ¿Por qué? Porque citar un párrafo de una canción que tiene cuatro párrafos es equivalente a citar el 25% del trabajo. Para que usted pueda compararlo adecuadamente, es como citar 50 páginas de un libro de 200. Si está trabajando con una editorial establecida, el personal le ayudará en estos procesos. De otro modo, debe hacerlo por usted mismo. V. Terminado el manuscrito Si ha seguido el proceso hasta aquí, se supone que ha terminado el borrador del manuscrito. Es importante que lo lea, lo relea y preste atención a las inconsistencias comunes a su estilo (por ejemplo, escribir una palabra como “Evangelio” a veces en minúscula y otras comenzando con mayúscula). Siéntase en libertad de usar los sistemas de corrección de su programa para procesar palabras, pero tenga claro que estos no sustituyen la lectura detallada del escrito. Exploremos algunas opciones para la publicación de su escrito. 1. Si su escrito es corto ¿Cuán largo es su escrito? Si tiene de 200 a 600 palabras, es suficiente para una columna. Si es más largo, puede tener en sus manos un artículo. Y si es aún más largo, con rigurosidad académica, bien puede ser un ensayo. Si desea publicar en formato electrónico, hoy las revistas teológicas se hacen de manera virtual. Puede buscar un sitio en el Internet, es decir, un “website” dedicado a temas de fe para publicar su escrito. Una de las revistas


teológicas más conocidos hoy es Protestante, que se origina en España.

Lupa

Otra opción es producir su propio “blog” (apócope de la palabra “weblog”, que quiere decir “bitácora cibernética”). Si usted tiene una cuenta en Google o en algunos de sus servicios—como YouTube o Gmail—ya usted tiene acceso a Blogger, un servicio gratuito de bitácoras cibernéticas. El sistema es relativamente fácil de usar. Otros servicios populares son Wordpress y Webbly. Recuerde que estos servicios que comienzan de manera gratuita tienen límites de espacio y colocan anuncios en su página. Para eliminar los anuncios y obtener más espacio debe pagar una cuota anual por el servicio “premium”. Agraciadamente, todavía existen revistas religiosas que se publican en papel. Existen a todos los niveles: generales, profesionales y académicas. Si usted desea publicar sus escritos en alguna de esas revistas, debe contactar al equipo editorial —cuya información parece impresa en la revista— y seguir sus instrucciones. Recuerde que la editorial tiene la prerrogativa de publicar lo que desee, por lo que las posibilidades de que rechacen su artículo o ensayo son muy altas. Sus posibilidades mejoran si usted tiene alguna relación con las personas o instituciones que publican la revista. 2. Si su escrito es largo Si su manuscrito tiene tanto material que bien puede ser publicado en forma de libro, usted tiene dos opciones: buscar una editorial reconocida que lo publique o publicarlo por su cuenta (“self-publishing”).

A. Publicar con una editorial reconocida El proceso de publicar un manuscrito con una editorial reconocida puede ser muy largo y hasta tedioso. Comienza cuando usted contacta a una compañía editorial esperando desarrollar una relación de trabajo con ella. Esto se facilita si usted está en la academia, enseñando en una escuela teológica. También se facilita si usted tiene acceso a los medios de comunicación masiva y el personal de la editorial ya conoce su nombre. En algunas ocasiones, las compañías editoriales contactan a personas que tienen programas de radio y de televisión para pedirles que escriban libros. También pueden contactar a quienes pastorean congregación de gran tamaño. El advenimiento del Internet también ha traído otro cambio importante. Tanto periódicos como editoriales ahora esperan que sus autores y autoras tengan blogs actualizados y mantengan una presencia en el Internet por medio de las redes sociales. Antes de publicar un libro, la editorial hace una búsqueda en Internet para determinar cuán popular es el autor o la autora, explorando dónde la persona es más conocida. Esto le ayuda a determinar si ha de comprometerse a publicar un libro o si declina la oportunidad. A la hora de escoger una editorial, busque compañías que publiquen materiales parecidos al suyo. Por ejemplo, si usted ha escrito una novela cristiana, no la envíe a una editorial que se caracteriza por publicar material de escuela bíblica dominical. Aunque su novela sea excelente, la editorial no está con acostumbrada a trabajar ese tipo de material y, por lo tanto, no sabe cómo producirlo ni mercadearlo. Lo mejor es, pues, que usted


busque una editorial que tenga otros libros parecidos al que usted ha producido. Envíe a la editorial una carta de una o dos páginas que presente su libro y explique las cualidades que le capacitan a usted para escribirlo. Si sabe hacerlo, también puede enviar una propuesta formal. Anejo a su carta, envíe un capítulo del libro u otro escrito que demuestre tanto su estilo literario como su manejo del tema. Tenga presente que algunas editoriales solo consideran propuestas que incluyan el manuscrito completo. Otra opción es contratar una persona experta en el campo de publicaciones que sirva como agente literaria. Estos profesionales conocen las editoriales y saben a quién presentar su material. Por ser profesionales, estas personas cobran por su trabajo y, en ocasiones, pueden exigir un porcentaje de las regalías de su obra. Si una editorial decide publicar su libro, usted deberá firmar un contrato que estipule los pagos o las regalías que recibirá por su trabajo. Una vez firmado el contrato, la editorial puede cambiar el contenido del libro, alterar el orden y escoger el título. La mayor parte de los contratos también indican que la compañía tiene derecho a publicar el libro tanto en papel como en formatos electrónicos. También tienen derecho a traducirlo, de producir versiones en audio y hasta de hacer una película basada en su libro. Las mejores editoriales religiosas tienen dos tipos de personas en su equipo editorial: quienes editan contenido y quienes corrigen el texto. El editor o la editora de contenido es alguien que tiene amplia preparación en el campo de la teología y que conoce muy bien el

campo de las publicaciones cristianas. Esta persona lee detalladamente su manuscrito para asegurarse que su contenido teológico sea sólido y que el orden tenga sentido. Quien edita contenido puede añadir o quitar material, reescribir parte del manuscrito y alterar el orden de las secciones o capítulos del libro. También puede pedirle al autor o a la autora que haga estas tareas. Por su parte, el corrector o la correctora de estilo vela por la buena ortografía, el uso correcto de la gramática y la elegancia en el decir. Trabaja junto a la persona que corrige el contenido para producir el mejor libro posible, siguiendo las guías de redacción de la compañía. Finalmente, la editorial también se encarga de escoger el título final de la obra y de hacer la tapa del libro. Por eso, las editoriales tienen artistas gráficos en su personal, trabajando a tiempo completo o a tiempo parcial. B. Publicar usted mismo La otra opción que tiene en sus manos es publicar el libro por su cuenta. Esto se conoce como publicación “por el autor” o, en inglés, como “self-publishing”. Hoy puede encontrar varias compañías dispuestas a ayudarle a publicar sus materiales. En ocasiones, son divisiones de editoriales establecidas. La diferencia es que ahora usted tiene que pagar por los servicios que haría la editorial como parte del proceso de publicación en un libro por contrato. Es decir, si usted quiere que alguien corrija el estilo, examine el contenido o diseñe la tapa, tiene que pagar aparte por eso. En cada gran ciudad hay varias “editoriales” que, aunque se anuncian como tales, en


realidad son compañías dedicadas a imprimir libros publicados por sus autores o autoras. En realidad, estos no son editoriales sino imprentas grandes. Estas compañías le van a cobrar por todos los servicios indicados arriba, pero no le van a ayudar a mercadear su libro. Entre las compañías más populares se encuentran Amazon, Lulu, CreateSpace, Smashwords y BookBaby, entre otras. Estas compañías ofrecen tanto como usted necesite. Si desea publicar el libro exactamente como usted lo envió, con una tapa diseñada por usted, bien puede hacerlo. Pero si necesita ayuda en algún área del proceso, las compañías tienen profesionales que pueden darle la mano a cambio de una buena compensación. Estas compañías publican tanto en papel como en formato electrónico. De hecho, ninguna editorial establecida desea que usted envíe material en papel. Todo el proceso de producción se hace de manera electrónica. La ventaja del papel es que usted tiene un objeto en las manos que puede manipular. La ventaja del formato electrónico es que puede llegar a mucha más gente, en distintas partes del mundo. Tenga en cuenta que publicación pueden llegar a Explore bien sus opciones contratos con las compañías, servicios.

los costos de ser muy altos. y examine los comparando sus

Finalmente, si usted escoge hacer todo el proceso por su cuenta, publicando un libro en papel en una imprenta local, recuerde que el mismo no existe oficialmente si no tiene un número de identificación conocido como “ISBN”. Estas siglas se refieren al “International Standard Book Number” y son el localizado universal para ubicar un libro.

VI. Publicaciones remuneradas

gratuitas,

donadas

y

Aunque algunas personas escriben sin esperar compensación alguna, quien produce un escrito tiene derecho a recibir alguna remuneración por su trabajo. Si usted desea donar su trabajo, esa es su opción. Hágalo por una causa noble, no por obligación. Sin embargo, recuerde que si alguien está vendiendo su escrito, alguien está ganando algún dinero a cuenta de su trabajo. Existen dos formas básicas de compensación por escribir. La primera es cuando la compañía le paga una cantidad fija a cambio del escrito y de todos los derechos sobre el mismo. En inglés, esto se conoce como “work-for-hire”. Quien compra su manuscrito, se reserva el derecho a identificarle a usted como autor o autora del escrito. La otra es recibir regalías que, por lo regular, se cobran solo una vez al año. Se cobran sobre las estipulaciones del contrato, donde se incluyen unos porcentajes fijos. Lea bien el contrato, porque algunas ventas pueden quedar excluidas del sistema de regalías. Por ejemplo, la editorial puede negarse a pagarle regalías por libros donados a otras entidades, vendidos al costo o dados a pérdida, particularmente a instituciones sin fines de lucro. Las compañías que publican libros electrónicos tienen otros sistemas de remuneración. Algunas hasta le permiten escoger si desea recibir las regalías cada mes, cada trimestre, cada semestre o una vez al año. Debe tener una cuenta de banco donde recibir estas regalías, que se pagan de manera electrónica.


VII. Escribir currículo Una de las actividades más amenas, satisfactorias y rentables que puede llevar a cabo quien produce materiales religiosos es escribir lecciones para la escuela bíblica, ya sea dominical o de verano. Si escribe lecciones para una publicación producida por una editorial o una denominación, recibirá guías para la redacción. Usted debe seguirlas de manera estricta, ya que la lección ya tiene un formato dado. Si usted escribe muy poco o demasiado, el personal editorial se verá obligado a reescribir o a recortar su trabajo. La editorial le dará el título, el tema y el texto bíblico que usted debe utilizar. También le dirá el tamaño y tipo de letra —la fuente o “font”— que debe usar. Las guías también indican cuántas líneas debe escribir para cada sección. Por ejemplo, puede pedirle 20 líneas para la introducción, 5 para el tema, 60 para la parte exegética, 60 para la contextualización, 15 para el resumen y 5 para la oración final. También le pedirán una guía para el personal docente sobre cómo usar el material de manera adecuada. En ocasiones la guía es tan breve que se incluye en la lección, en otras se coloca al

Participantes del conversatorio

final del libro y en aun otras se publica como una lección aparte para maestros y maestras. Es crucial que cumpla con las fechas de entrega, dado que este material tiene que producirse para una fecha dada. La buena noticia es que su trabajo puede ser bien remunerado, ya que puede recibir más dinero por un trimestre de lecciones que por la publicación de un libro. Espero que esta información haya sido de ayuda para usted. Si desea más información al respecto o si necesita ayuda para publicar un libro, no dude en contactarnos. Concluyo pidiéndole a Dios que le bendiga en todos sus caminos y que le permita escribir materiales que eduquen, inspiren y bendigan al pueblo de Dios. Para más información González, Justo L. El ministerio de la palabra escrita. Nashville: Abingdon Press, 2009. King, Carla. Self-Publishing Boot Camp: Guide for Authors. 3rd ed. San Diego, CA: Carla King Misadventurs Media, 2015.


Apéndice 1 Guías para escribir propuestas de libros La propuesta debe incluir la siguiente información: 1.

2.

Información sobre el autor o autora: Indique su nombre y su dirección postal, residencial y electrónica. Indique sus números de teléfonos celulares, residenciales y fax. Incluya un curriculum vitae actualizado que detalle su posición actual, sus logros académicos y sus publicaciones previas. Recalque las experiencias que le califican para escribir el libro propuesto. Título sugerido del libro. Indique el título tentativo del libro. Si lo desea, puede incluir un subtítulo.

3.

Descripción del libro. Describa el libro propuesto en no más de 250 palabras. ¿Cuál es el argumento principal del libro? ¿Cuál es su idea central?

4.

Tabla de contenido/Bosquejo. Indique el título de cada capítulo y de sus secciones principales. Resuma brevemente el contenido de cada capítulo.

5.

Competencia. Indique si existen otros libros disponibles en español o en inglés sobre este tema. ¿Cómo se diferencia su libro de esos recursos?

6.

Audiencia/Mercado: ¿Para qué tipo de público estará escrito el material? ¿Será un libro general, profesional o académico? ¿Quién debe comprarlo y leerlo? ¿Por qué?

7.

Fecha de entrega. Indique cuanto tiempo necesitaría para terminar el manuscrito, en caso de que la editorial acepte su propuesta.

8.

Ejemplo. Incluya un ensayo que resuma el argumento que desea desarrollar en el libro. O, si ya ha comenzado a escribir el libro, incluya el borrador de un capítulo. El escrito no debe tener más de 15 páginas.

9.

Formato electrónico. Deberá entregar su manuscrito en formato electrónico, en un programa reconocido para procesar palabras tal como MS Word® o Pages®, entre otros. El manuscrito final debe ser enviado por correo electrónico o entregado en CD. Guarde copia de todos los materiales que envíe a la editorial.


La escritura como tarea teológica Dr. Ediberto López Rodríguez Quiero agradecer a la Biblioteca y su directora, Sra. Milka Vigo por esta invitación a reflexionar sobre el ministerio de la escritura como una tarea del ministerio y la formación teológica. Me parece que esta celebración de cincuenta años desde que se inauguró la Biblioteca Juan de Valdés se celebran bien con una serie de conferencias y actividades académicas y pastorales que apunten al objetivo principal de nuestra escuela que es educar pastores y pastoras para el mejor servicio de calidad a nuestras iglesias y nuestro pueblo y equipar laicos para la comprensión del fenómeno religioso para dar servicios teológicos de excelencia a nuestro pueblo. Qué mejor forma de legar una tradición teológica que pasando la tradición oral a la tradición escrita en que nuestra formación teológica se lega al presente y al futuro a través del medio de la escritura material. La escritura como imperativo de las Escrituras La Biblia es la base para que el quehacer teológico sea uno que tenga una modalidad de naturaleza escrita, siendo que la Biblia es una antología de las tradiciones del antiguo Israel y de los cristianismos originarios. Los que creemos que la Biblia es para los cristianos uno de los criterios para el quehacer teológico, estamos obligados a reconocer que el texto es modelo de lo que debe ser nuestra tarea también: escribir.

Dr. Ediberto López Rodríguez, durante el conversatorio.

Tanto el Antiguo Testamento (Biblia hebrea) como el Nuevo Testamento tienen una tradición donde hay un imperativo teológico sobre la obligación de escribir. Así, el libro de Éxodo pone en boca de la revelación lo siguiente: “[e]ntonces Jehová dijo a Moisés: — Escribe esto para que sea recordado en un libro… (Ex 17.4). Cuando está terminando el discurso de “Moisés”, en Deuteronomio, el texto señala que Dios le ordena “escribe este cántico y enséñalo a los hijos de Israel …" (Dt 31.19). El libro de Isaías presenta una de las razones por las que es una tarea imprescindible la escritura teológica, para que sea un memorial de la ética de la palabra que denuncia y anuncia: “[v]e, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla en presencia de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre” (Is


30.8). Siendo la teología un discurso profundamente ético de denuncia y anuncio, escribir es una forma de mantener un testimonio de las denuncias que se hacen desde la fe a la destrucción del medioambiente, la opresión de personas marginadas, las luchas por la justicia social y personal. En el Nuevo Testamento la situación es similar. Fuera por imperativo misional, necesidad canónica, o imperativo de la revelación a una generación de los eventos relacionados a Jesús de Nazaret, se comenzó a utilizar la escritura como el medio para cristalizar la fe y la reflexión sobre ésta. El primer escritor del Nuevo Testamento es san Pablo. Una de sus técnicas para dar autoridad a lo que escribe a sus iglesias es aludir al texto bíblico de su tiempo con la frase “como está escrito” (Rom 1.17; 2.24; 3.4,10; etc.). No obstante, la misión del apóstol le obligó a escribir una multiplicidad de cartas que dieron inicio al canon del Nuevo Testamento. Estas cartas de ocasión, fueron una forma del apóstol estar presente en sus iglesias a pesar de que físicamente estaba en otro lugar. Así, en Romanos dice: “… os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar…” (Rom 15.15). San Pablo ha continuado hablando con sus iglesias a través de los siglos a través de estas cartas que son un legado a través del cual nosotros podemos seguir escuchando en la distancia su palabra que no ayuda a comprender nuestra fe. La carta a Filemón es un testamento de la importancia de la tarea de escribir, especialmente, cuando hay asuntos éticos de relieve como el que se involucra en la misma, si es posible que dos hermanos sean amo y esclavo uno del otro. Aunque el cristianismo originario estaba dividido entre Cristo y la cultura, san Pablo dejó en Filemón un legado

que aún hoy es meritorio al tratar de persuadir al amo de que debía recibir al esclavo como algo más que un esclavo, como un hermano amado, “tanto en la carne como en el Señor”, esto es, socialmente (Flm 1.16).12 Con gran capacidad de persuasión, el apóstol dice “[t]e he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo” (Flm 1.21). Las Naciones Unidas ha determinado que ésta es la década de los afrodescendientes.13 Una lectura de Filemón muestra la lucha y agonía de la gente de fe con la esclavitud a la que se sometió a los africanos traídos a nuestra América (norte y sur). El Tribunal Supremo de Estados Unidos, en 1857, hizo una lectura conveniente de Filemón en el caso de Dred Scott para justificar la esclavitud, a pesar de que la letra de la carta era contraria a la misma. Para vergüenza de dicha decisión, dicho tribunal determinó que los afrodescendientes no eran ciudadanos y por lo tanto no podían reclamar derechos constitucionales (Dred Scott v. Sandford, 60 US 393). En la crisis de la destrucción de Jerusalén y la muerte de la primera generación de los que conocieron a Jesús, Lucas comienza su obra señalando la vitalidad de escribir: “me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”(Lc 1.3,4). No solo tenemos las tradiciones de Jesús por medio de la escuela de Lucas, sino que el Evangelio nos ha legado variadas tradiciones sobre Jesús mostrándonos que la escritura de 12

Para una buena discusión sobre Filemón vea a R. Brown, Introducción al NT, Madrid: Sígueme, 2002. 13 La década de los afrodescendientes ha sido proclamado por la Organización de las Naciones Unidas de 2015 a 2024. Vea www.un.org.


estas tradiciones es medular al quehacer teológico. La necesidad misionera de las comunidades de fe corren a través de la escritura de las tradiciones orales sobre Jesús: “… estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn 20.31). La única excepción a la tarea de escritura que hoy nos imponemos es la de Jesús de Nazaret. Lo único que es registrado como escritura de parte de Jesús es en el relato de los dos prendidos en pleno acto de adulterio (Jn 7.598.10). Este relato no se encuentra en los mejores manuscritos de los primeros siglos ni fue citado por los padres del periodo canónico, porque no lo conocían. Posiblemente fue parte del Pastor de Hermas, que Tertuliano difamó como el pastor de los adúlteros por este relato de Jesús con la mujer adúltera. Como justicia poética, la iglesia lo añadió a Juan como un modelo de una persona que recibió a Jesús como la luz del mundo (Jn 8.12). 14 La fe de la iglesia ha sido nutrida y marcada con márgenes claros de lo que es el evangelio de Jesucristo con esta colección diversa de los cuatro evangelios. Ha sido en la lectura orante de estos evangelios que la iglesia ha podido encontrar su fe, rumbo y una espiritualidad para la vida. La iglesia en el Caribe tiene como uno de sus testimonios de fe la historia del fundador de la Iglesia Metodista cubana. Fue leyendo el evangelio de Mateo que sintió la presencia de Dios y se comprometió con el evangelio. Así, miles de otras personas, han encontrado sentido a sus vida, han sido orientadas en momentos difíciles de la vida, han 14

Para la discusión sobre el problema textual vea a Bruce M. Metzger, Un Comentario Textual al Nuevo Testamento, Nueva York: Sociedades Bíblicas Unidas, 2006.

podido discernir situaciones de crisis a la luz de aquellas palabras de Jesús que son la “verdad de las cosas en las cuales han sido instruidos” (Lc 1.3). No es la verdad como adecuación de la mente a la realidad, sino la verdad como la autenticidad humana frente a la vida y la sociedad. Al vidente de Patmos, el Cristo Vivo le ordena que escriba las visiones que ha de recibir: “…[e]scribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias” (Apoc 1.11). En este caso, se presenta la escritura como una orden divina o un imperativo. Hoy para nosotros, es un imperativo poner por escrito nuestros sermones, estudios bíblicos, conferencias, testimonios, en ánimo de creer que también nuestro estudio orante de las tradiciones de fe son palabra de Dios para nuestro tiempo, y nuestro testimonio de fe. Fundamento ético para la escritura Uno de los criterios para verificar la teología son sus frutos, “por sus frutos los conoceréis” (Mt7.15). Cuando hablamos de la ética de la escritura, nos referimos a qué persona, iglesia, sociedad, mundo, ecología se producirá por nuestra escritura y por la ausencia de la misma. Generalmente, el concepto ética se ha entendido como moral, del concepto griego “etos" con "e corta". 15 Esa es una posibilidad, pero es tremendamente conservadora, porque lo que trata es de justificar los valores del presente que pueden ser parte del problema de la opresión. Contra el concepto “etos" con e minúscula (épsilon), el mundo helenístico nos legó otro concepto de la ética “etos” con "e larga" (eta). En este caso significa “casa, morada, establo”. La idea es que sea un lugar donde haya vida y quepan todas las personas, 15

Estoy siguiendo a L. Boff, Ética y Moral, Santander: Sal Terrae, 2004.


cosas y animales. Incluimos la creación en el espacio de la vida, porque los seres humanos estamos matando la bio-esfera, y no tenemos otro planeta donde vivir. Con este detalle, nos parece que la tarea de escribir es necesaria que esté arropada bajo este concepto de la ética, que vela porque haya una sociedad inclusiva, afirmadora de la vida y la pluralidad, con derechos humanos, sociales y personales. Así que a mis lectores, les planteo como un elemento que me parece fundamental, que escribir es una gran responsabilidad, porque la escritura puede ser “letra que mata”(II Cor 3.6) o podría ser “espíritu que vivifica.” En los debates sobre los derechos humanos y los derechos de la creación ha habido una gran dialéctica entre los y las escritoras de fe. El problema de la ética en la escritura se percibe en las grandes crisis de la humanidad y en los lugares en que se ha articulado posiciones sobre la crisis. Así, por ejemplo, Nicolás Copérnico, científico polaco del siglo 16, quien no se atrevió publicar su obra magna sobre la revolución de las esferas celestes, por miedo a la violencia que podría venir sobre él, negar una posición teológica de la tradición de la iglesia. Hasta ese momento, la teología planteaba que la tierra no se movía y que los cuerpos celestes le daban vuelta a la tierra. Con esto explicaban la percepción del cielo. Claro está, esto se basó en una lectura literal de la tradición bíblica en Génesis 1 y otros relatos que presentaban la cosmología de los antiguos. Copérnico descubrió que realmente la tierra era la que se movía y daba vueltas alrededor del sol. No obstante, esto lo mandó a publicar en su cama de muerte, en 1543. Tenía razón al temer por su seguridad porque su libro fue mantenido en el Índice de Libros Prohibidos desde 1616 hasta 1835. Cómo evidencia del juicio de la historia tenemos la obra escrita de Giovanni María Tolosani, De veritate Sacrae Escritura, en

1546, quien a nombre de la Biblia denunció a Copérnico. 16 Otro ejemplo de la importancia de la ética en la escritura lo podemos ver en el asunto de la conquista de América y el derecho indiano. Así, en la corte de Carlos V se presentó la producción y enseñanza del padre de los derechos humanos de los indígenas y las demás minorías, Fray Bartolomé de las Casas. Pero también se presentó la tradición de los que creían que la conquista de América y el gobierno sobre los indígenas estaban justificados, Juan de Ginés Sepúlveda.17 La ética ha sido un asunto medular en la historia de la escritura. Las personas que escriben han de ser juzgadas por la veracidad y justicia de sus escritos. De ahí que en la búsqueda de un mundo justo y donde quepan todas las personas oprimidas y la creación haga falta preguntarse sobre la ética de lo que se ha de escribir. Contexto determina la forma del discurso El contexto del discurso escrito u oral determina la forma que se ha de utilizar. Hace algunos años murió una persona de noventa años en mi congregación. Había sido pastoreada por un ministro que era poeta. Así que recientemente había publicado un poemario. En el culto funeral le pidió a los hijos leer algunos poemas. Creíamos que eran poemas sobre la vida, la 16

Para una buena discusión sobre el Renacimiento, y Nicolás Copérnico como agente de éste periodo vea a R. Tarnass, The Passion of the Western Mind, Nueva York: Ballantine Books, 1991. 17

Un trabajo que muestra una gran cantidad de información revisionista sobre este periodo es el de A. M. Sánchez, “Todas las gentes del mundo. El gran debate entre Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566) y Juan Ginés de Sepúlveda (14901573)”, Anales, vol. 21, 91-134, Madrid: Universidad Complutense, 2004.


muerte, la presencia de Dios. ¡Qué error! ¡Qué horror! El poeta leyó tres poemas de besos apasionados y asuntos similares. Uno de los hijos estaba a mi diestra y se molestó. El problema fue que la forma literaria sigue el contexto y el declamador se equivocó de forma en el contexto de un funeral. Las personas que escribimos como parte de nuestro ministerio tenemos que aclarar qué es lo que escribimos, a quién y cómo escribiremos. Generalmente escribimos estudios bíblicos, sermones, ensayos teológicos y artículos de revista y de periódico. Cada uno de estos formatos implican muchos asuntos tales como la cantidad de páginas, el formato literario, la estructura, si fuera un libro, la cantidad de capítulos y páginas que son pertinentes. La mayor parte de los trabajos pastorales que van por escrito son artículos en el periódico de la iglesia. Estos artículos tienen entre 400 y 600 palabras. Deben dirigirse a personas que hayan terminado la escuela elemental. De vez en cuando escribimos sermones y estudios bíblicos. El público promedio generalmente son las personas que han llegado a noveno grado. Si escribimos en los periódicos de la comunidad el público que hay en mente tiene escuela superior, pero si escribimos un libro, por lo menos tenemos personas que tienen algún tipo de formación universitaria. Hay que añadir a esto la cantidad de páginas. Un estudio bíblico no debe pasar de diez páginas a doble espacio. Un sermón no debe pasar de seis páginas a doble espacio o veinte minutos de exposición. Más allá de ahí muchas personas pierden la atención del mensaje. Un libro, generalmente, dependiendo de qué audiencia tenga, así se construirá. Si es una obra de énfasis confesional y pastoral, una buena regla es que tenga siete a quince capítulos de diez a quince páginas cada uno. Un libro para reflexión debe tener

alrededor de 200 páginas. Más allá de esto es una obra de mayor envergadura. La estructura y lógica de lo que se escribirá Una mirada a todo escrito nos muestra que las palabras no funcionan aleatoriamente. No es un montón de palabras puestas unas al lado de otras en un texto. Todo lo contrario, es una cadena de palabras que reflejan un pensamiento claro y evidente (F. Sausurre18). Esta cadena que proyecta el pensamiento también refleja al arte de la palabra, esto es su capacidad para ayudar a transformar a la persona que lee a través de sus figuras del lenguaje, la retórica y el contenido. Un primer asunto que hay que considerar es la pertinencia de lo que se escribirá. La pertinencia proviene de que el texto esté tratando algún asunto que le interese a las personas. Así que no es cuestión de presentar una serie de conocimientos inútiles, sino dialogar con los fenómenos fundamentales de nuestro tiempo. Asuntos como la ecología, la sexualidad, la marginación económica, cultural, racial, política, los pleitos por acaparar bienes o por ideologías son temas que le interesan a las personas. Cualquier producción que vaya a ser leída requiere que responda a las inquietudes del contexto en que se escribe. De otra manera, serán palabras perdidas en el viento. Una vez se determina el tema que se trabajará, el próximo paso es la investigación que hará la persona que escribe sobre el asunto. Para que la palabra escrita sea clara y evidente hay que hacer una asignación previa: la investigación. La investigación para producir un texto requiere que se puedan localizar los escritos 18

P. Innes, “Ferdinand de Sausurre”, en A Dictionary of Cultural and Critical Theory, ed. Michael Payne, 484-485 (Manden, MA: Blackwell Publisher, 1997).


fundamentales sobre el tema y conocer las teorías sobre el asunto del que se producirá un texto. Es deber de las personas que escriben poner al día, en el estado actual del conocimiento sobre el tema tratado, a la audiencia. La idea de escribir es enriquecer con conocimiento que ayude a la comprensión del tema y de la vida a la audiencia. Para esto, las personas que escriben deben tener un manejo de las fuentes primarias y secundarias del tema que abordan. Fue Aristóteles19, en su obra La Poética, quien nos planteo la necesidad de tener un esquema mental y retórico del discurso humano. Desde luego, el discurso lo mismo podía ser oral que escrito. Para Aristóteles, los componentes de una obra escrita u oral consistían en (1) la inventiva, (2) el arreglo de los materiales o taxis, (3) el estilo, (4) la memoria y (5) la entrega del discurso20. Nótese que la inventiva es la forma de captar la imaginación de la audiencia con algún recurso literario u oral que a su vez capta la atención sobre el asunto a discutir. La inventiva tiene que presumir problemas que vienen de la sociedad. El elemento del taxis, de donde viene la palabra sintaxis, lo que plantea es la necesidad de organizar la estructura del discurso de manera que se tenga claro cómo se van a presentar las proposiciones de manera que se construya un todo armónico, consistente y que lleve a las conclusiones que se quieren. El estilo señala 19

Vea T. Honderich, ed., “Aristotle” pág. 5658 en The Oxford Guide to Philosophy, 56-58 (Oxford: OUP, 2005). 20 Para una buena discusión sobre la retórica en la filosofía antigua vea a José Javier Rodríguez, “Retórica”, en Diccionario de Hermenéutica, ed. H. G. Gádamer, et.al., 492-495 (Bilbao: Universidad de Deusto, 2004).

que los discursos escritos deben responder a la realidad. Las situaciones de la vida harán que cada discurso requiera un estilo. No es lo mismo un discurso sobre situaciones de emociones humanas que un discurso sobre la razón, que un discurso sobre algo del diario vivir. Así cada situación en vida requerirá unas figuras del lenguaje que son parte de los géneros literarios que tiene una cultura para poder comunicar efectivamente. De ahí que un uso indebido de un género literario pueda desembocar en una crisis comunicativa. Roman Jakobson21, el gran lingüista ruso se planteaba esta situación en lo que él llamaba el discurso fáctico. Ejemplo del cual él daba el saludo entre las partes. Una parte le pregunta al otro cómo está. Pero realmente no espera que el otro le conteste con todos los asuntos de su vida privada, sino con un mero, bien gracias, y usted. Para Jakobson, el lenguaje tenía una estructura y una función que había que comprender. La comunicación corría sobre estos elementos del lenguaje. Las personas que pongan sus manos en un teclado para escribir hacen bien en reconocer el contexto del discurso, la estructura necesaria y la función que tendrá dicha estructura para que la comunicación funcione apropiadamente. Este asunto de la estructura de un escrito tiene que ver con qué va con qué y por qué, y con pedagogía. Depende de a quien queramos comunicar para así escoger el lenguaje, la estructura, la información que vamos a comunicar. Los años me han mostrado que la sencillez y la profundidad no se riñen. Es cuestión de tener el tema pertinente, la organización clara y sencilla y el lenguaje que apele a la audiencia. Claro está, cualquiera de 21

Para un resumen del pensamiento de Jakobson, vea P. Innes, “Roman Jakobson”, en A Dictionary of Cultural and Critical Theory, ed. Michael Payne, 271-272 (Manden, MA: Blackwell Publisher, 1997).


estos elementos que falte, puede hacer o impertinente un trabajo, porque no trate ningún asunto que pueda atraer a la audiencia, o muy complicado, de manera que vaya más arriba de la capacidad de la audiencia, o falto de la organización para que pueda constituir enseñanza para la vida. Algunos modelos de escritura Los que hemos escrito lecciones de escuela bíblica conocemos la estructura: (1) el pasaje que se discutirá, (2) el texto clave, (3) el tema de la lección, (4) propósito de la lección (5) introducción a la lección, ahí aprovechamos para presentar las preguntas medulares y formas de presentar la lección, (6) análisis del pasaje bíblico (7) aplicación a la vida del pasaje bíblico, (8) resumen, (9) oración de la clase, (10) lecturas para la semana. Les recomiendo que tomen el libro de donde vienen las lecciones y sigan las otras lecturas que no se discutirán en la clase bíblica. Un libro de Sermones es una producción bastante común entre las personas relacionadas al ministerio. Les recomiendo que escriban un bosquejo del sermón en el formato de una presentación de Power Point. En una ocasión un joven candidato al ministerio fue invitado por nuestra iglesia a predicar en varias ocasiones. Fue un desastre homilético. Así que le pregunté si había tomado clases de predicación o alguien le había explicado. Me dijo que no tenía ningún adiestramiento, lo que se notaba en su entrega del sermón. Así que le explique con la metáfora de la mano. Primero es la introducción, ahí pones el tema que vas a presentar de forma amena, con un cuento, un himno o un testimonio de la tradición de la iglesia. Luego vas a entrar en la estructura del sermón. Es del texto a la vida en tres ocasiones. No es que el texto sea más importante que la vida, es que el texto es la base para la analogía

teológica. Así que se tomará un segmento del texto, un personaje, un asunto en la trama, se explicará y luego se aplicará. Luego nos moveremos a un segundo elemento y al tercer elemento. Luego de todo esto, en un sermón temático, pasaremos al cierre que incluirá un resumen y el cierre pedagógico. En el cierre pedagógico se invitará la audiencia a tomar una decisión sobre la vida en la pregunta fundamental del mensaje. Desde luego, todo esto se puede poner por escrito y luego de tener quince sermones, se tendrá un buen libro. Un libro sobre la teología o la escritura requiere tener claro cuál es el tema y tener un bosquejo amplio sobre el tema que incluirá los capítulos y muchos bosquejos por cada capítulo. En estos casos, yo siempre me he guido por los días del mes. Un libro debe tener siete, catorce, treinta capítulos. Estos capítulos deben ser de diez a veinte páginas cada uno, de manera que se puedan leer uno cada noche. Las mismas reglas que he explicado arriba sobre contenido, investigación, estado actual del conocimiento, inventiva, etc. son aún más pertinentes a un libro. La idea es educar y edificar, esto es construir la presencia de lo sagrado en la vida humana a través de la escritura. El trabajo editorial Luego que has escrito tu trabajo, llega el momento de soltarlo en manos de pares que puedan criticar y corregir el trabajo. El primer paso que yo recomiendo es tener alguna persona que sea maestro del español y que pueda corregir tu trabajo. La idea es que cualquier error ortográfico que ya tu no vez, lo vea un par que tiene destrezas en el idioma. Luego de esta fase de corrección de la morfología y la sintaxis, vale la pena darle a leer el trabajo a una persona con pericia teológica. Recuerdo mi primer libro, se lo di a leer a dos teólogos, Jorge Pixley y Eliseo Pérez. El primero


me advirtió que faltaban los escritores de Latinoamérica para que el libro fuera de un latino. El riesgo es que el libro fuera de un latino del norte, colonizado. Esto me atrasó dos años en los que yo fui bendecido por la lectura de mis pares en Latinoamérica y Brasil. La verdad es que luego de esto yo no era la misma persona. Eliseo Pérez me planteó que en el capítulo del feminismo había dejado a Sor Juana Inés de la Cruz y que era imperdonable. Así que tuve que volver a la biblioteca a leer el diálogo entre Juana y Sor Filotea. ¡Qué mucho aprendí! La tercera fase es volver a corregir el español y suavizar la entrega con algunos cuentos, ilustraciones, poemas y otros recursos que hacen ameno los libros. Los pares teológicos o pastorales ven lo que el cerebro ciego nuestro ya no ve. Justo González me hizo escribir cuentos para todos mis libros y lecciones que hicieran que don Juan Rodríguez en Managua simpatizara con lo que yo escribía. Luego, yo, leyendo el contenido con los cuentos, en aquellos capítulos sobre la historia del canon, me di cuenta que, gracia a ese proceso editorial, el trabajo era humano. En este ensayo hemos abordado el tema del ministerio teológico de la escritura. Hemos anotado que constantemente la tradición bíblica ve la tarea de escribir como un imperativo teológico y pastoral de las personas que contestan el llamamiento de escribir. Hemos anotado la gran responsabilidad ética que tienen las personas que escriben, en sus palabras puede estar la vida o la muerte. La historia siempre juzgará. Lo peor de todo es la vergüenza de haberse puesto de parte de los opresores con nuestra escritura, porque se quedará para la historia como textos de terror. Una próxima fase es a quién le escribimos y qué formato literario utilizaremos. El punto es que el contexto requiere un formato en el que equivocarse es fatal.

Una próxima fase es el contenido, estructura, lógica y estado actual del conocimiento en nuestros trabajos escritos. No debe escribirse para repetir tonterías o errores. Luego hemos presentado algunos modelos de escritura de estudios bíblicos, sermones y libros breves. Lo último que hemos planteado es la necesidad de que haya un trabajo editorial para que no pasen los errores y horrores ortográficos, lógicos y retóricos sin que alguna persona crítica los pueda corregir. Estos pasos nos pueden ayudar a ser escritores eficientes que colaboren con la formación pastoral, teológica y humana de nuestras audiencias. El judaísmo nos muestra el poder de lo escrito en un cuento sobre Moisés. Éste estaba muy asombrado por los mandamientos del Señor escritos en tabla por lo cual le pidió al Señor que pudiera entenderlos. El Señor le dejó ver su espalda (Ex 33), esto es, lo envió en el tiempo a uno de los grandes maestros de interpretación bíblica del segundo siglo, Akiva. Akiva estaba con sus estudiantes explicándoles la ley. Moisés llegó y se sentó para escuchar las explicaciones. Su asombro fue tal ante las explicaciones de Akiva que alzó su mano y preguntó al maestro quien le había enseñado tal sabiduría y comprensión. Akiva le señaló con humildad que todo eso se lo había enseñado Moisés. Así, será, escribiremos pero la palabra de Dios no será atada por nuestra persona, circunstancias, ideología, sino que saltará libremente a decir nuevas cosas de lo dicho. ¡Qué así sea!


Bibliografía Boff, L. Ética y Moral. Santander: Sal Terrae, 2004. Brown, R. Introducción al NT. Madrid: Sígueme, 2002. Dred Scott v. Sandford, 60 US 393. Honderich, T., ed. “Aristotle”. En The Oxford Guide to Philosophy, 56-58. Oxford: OUP, 2005. Innes, P. “Ferdinand de Sausurre”. En A Dictionary of Cultural and Critical Theory. Editado Michael Payne, 484485. Massachussetts: Blackwell Publishers Ltd., 1997. Innes, P. “Roman Jakobson”. En A Dictionary of Cultural and Critical Theory. Editado Michael Payne, 271-272. Malden, MA: Blackwell Publishers, 1997. Metzger, B. M. Un comentario textual al Nuevo Testamento. Nueva York: Sociedades Bíblicas Unidas, 2006. Rodríguez, J.J. “Retórica”, en Diccionario de Hermenéutica. Editado por H. G. Gádamer, et.al., 492-495. Bilbao: Universidad de Deusto, 2004. Sánchez, A.M. “Todas las gentes del mundo. El gran debate entre Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566) y Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573)”, Anales, Vol. 21, 91-134, Madrid: Universidad Complutense, 2004. Tarnass, R. The Passion of the Western Mind. Nueva York: Ballantine Books, 1991.


Introducción al conversatorio:

Rvdo. Alexander Fontánez Rivera En el mismo centro de la historia del siglo xx se abre el espacio que hoy nos convoca, medio siglo después, para celebrar y reflexionar. El nombre que se escogió para este espacio, que se ha convertido en el principal custodio de la herencia protestante en Puerto Rico y el Caribe, un personaje como este tiene una intencionalidad muy particular. En él mismo se puede ver una figura icónica, no deslumbrante sino alumbrante del camino y puente entre la protesta, la persecución y la unidad. En este personaje del mismo siglo de la reforma, pero en el mismo seno del catolicismo español, encontramos elementos de cohesión con el humanismo y el misticismo del Espíritu22, que son esenciales para salvaguardar el proyecto de Dios a través de Su Iglesia, encarnada en el mundo.

“La iglesia evangélica puertorriqueña y el Seminario Evangélico en los 60 y 70”

La cuna de nacimiento de este espacio fue precisamente en la protesta, la crisis y la lucha por los derechos civiles, que tuvo a su principal protagonista aquí y entre otras, el replanteamiento de lo que significa la justica del Reino de los Cielos en medio nuestro. ¡Qué décadas estas, de los 60 al 70! Décadas en las que se comenzaron a ver las implicaciones de la transformación política, demográfica, social y económica más abrupta de la historia de este archipiélago caribeño.23 Décadas en las que este escenario, estas paredes, pasillos y salones, (bueno las del edificio viejo) fueron la plataforma protagónica de la crisis generacional más violenta de la historia del protestantismo puertorriqueño.24 23

Rvdo. Alexander Fontánez Rivera, durante el conversatorio.

22

Justo González, Historia del Cristianismo, tomo 2, (Editorial Unilit: Miami, Fl, 2009), 125.

James L. Dietz, Economic History of Puerto Rico: Institutional Change and Capitalist Development, (New Jersey: Princeton University Press, 1987). 24 Véase Florencio Sáez, Jr., Entre Cristo y Che Guevara: historia de la sublevación política en las iglesias evangélicas de Puerto Rico, (San Juan, Puerto Rico: Editorial Palma Real, 1972). En este libro se evidencia la persepción que se construyó en contra de un nutrido grupo de pastores y profesores evangélicos en las década del 60 y el lugar que el


Hoy medio siglo después, de alguna forma u otra, seguimos enmarcados en una pausa que no ha resuelto lo que en esencia provocó aquella crisis. De hecho la crisis se ha agudizado y ahora cosechamos lo que se preveía “IVAamos” a cosechar. Hoy tenemos las computadoras, con sus arrugas y verrugas, el internet, el facebook, el skype y otras chucherías como estas. Pero utilizando un término de este contexto tecnológico seguimos en un “lagueo” que no se ha acabado. Hoy medio siglo después de la fundación de la Biblioteca, cuyo nombre es el de alguien perseguido por la inquisición hace precisamente medio milenio atrás, seguimos con la incertidumbre de las persecuciones y luchas que fueron el escenario en el que se fraguó este espacio. Hoy medio siglo después de todo esto, ¿qué se puede decir? Pues para esto estamos aquí. Y han sido seleccionados para abrir cauce, en este proceso reflexivo, la Dra. Helen Santiago, el candidato doctoral y egresado de este Seminario el Prof. Luis M Figueroa y una digna representación que se convierten en fuente primaria del contexto en cuestión.

Tradiciones en conflicto: La mujer en el Seminario Evangélico de Puerto Rico Dra. Helen Santiago En el transcurso de diez años, de 1968 a 1978, seis mujeres se graduaron del Seminario Evangélico de Puerto Rico.25 Cuando la primera de ellas se graduó —la peruana Luz Rosa Coz Sedano— el Seminario estaba a un año de cumplir su aniversario cincuenta. La institución abrió en 1919, ofreciendo un grado asociado de tres años. Desde 1926 ofreció un bachillerato (bajo un acuerdo con la Universidad de Puerto Rico) y en 1961 empezó el programa de maestría, exigiendo un bachillerato como requisito de ingreso. En 1965 el Seminario tuvo la primera mujer profesora (Lilliam Strong) y tomó unos 95 años que el Seminario tuviera una mujer presidenta (Doris García). Por estar excluidas las mujeres del Seminario y de las instituciones educativas denominacionales que le precedieron, dos escuelas fueron abiertas exclusivamente para ellas con el objetivo de prepararlas para el servicio en las congregaciones. En 1917 la Iglesia Congregacional abrió una en Santurce y en 1922 la Iglesia Bautista abrió otra en Barranquitas.26 Ambas fueron expansiones de escuelas regulares ya existentes. 25

Dra. Hellen Santiago, durante el conversatorio.

Seminario Evangélico ocupaba en dicho conflicto. Evidentemente hacen falta estudios que abonen más perspectiva a este importantísimo periodo histórico.

Juan Bek, “Seminario Evangélico de Puerto Rico (1919-1994): Perfil estudiantil, perfil institucional”, El Boletín, (1994), pp. 18-23. 26 ¡Error! Sólo el documento principal.Archivo Histórico del Protestantismo (AHP), Unión de Iglesias Evangélicas, United¡Error! Sólo el documento principal. for Kingdom Service in Puerto Rico (Ponce: Puerto Rico Evangélico,1928), p. 12.


Eventualmente, el objetivo educativo de estas escuelas fue adaptado a los roles que la sociedad le asignaba a la mujer. Sin descartar que “la Biblia era el centro de la escuela”, entre los cursos añadidos a la escuela bautista estuvo uno considerado “extremadamente importante”: el de “homemaking” (o quehaceres domésticos).27 A primera vista, la tardanza del Seminario en dar a la mujer igual acceso a la educación bíblica y teológica, resulta una incógnita. Una de las observaciones del ministro americano Donald Moore al publicar su historia del protestantismo en Puerto Rico en 1969 fue que la mujer tenía mayor participación en la iglesia que en los Estados Unidos.28 Moore estaba en óptima posición para percatarse del detalle. Miraba desde el lente de extranjero y de ministro de la Convención Bautista del Sur, denominación americana conservadora, donde la participación de la mujer es limitada a ciertas áreas, y no recibe credenciales ministeriales. Esa presencia femenina en el protestantismo, no reflejada en la historia del Seminario, tiene sus profundas raíces en la antigua concepción cultural hispana de que la religión era un “asunto de mujeres”.29 Aunque a la mujer le estaba vedada participación en la estructura eclesiástica católica, el campo de la devoción era casi exclusivamente suyo. Una y otra vez, las historias sobre religión en América Latina realizadas por protestantes, y las memorias de misioneros anglosajones, resaltan el hecho de que los hombres no tenían

preocupación alguna por lo religioso y no asistían a la iglesia.30 A la menor hojeada al pasado, la relación entre religión y mujer salta ante el ojo avizor. Cuando el pueblo de San Sebastián se aprestaba a celebrar la inauguración de su templo católico en 1897, el más connotado poeta e intelectual del pueblo de San Sebastián, Ramón María Torres, escribió un festivo poema para la ocasión. Entre sus versos fue inevitable que surgiera el tradicional vínculo mujerreligión: “Ya era tiempo, caracoles/ de que tuvieran mis bellas paisanas/ un templo digno de ellas;/ de ellas, que son tan cristianas.”31 Para ofrecer a sus mujeres un lugar de adoración seguro y estético, y siendo el catolicismo la religión del Estado, el municipio consintió en tomar por primera vez un oneroso préstamo, y el gobernador español alteró una arraigada política pública al nombrar un alcalde residente que pudiera comprometer el crédito de sus habitantes. Con la llegada del protestantismo en 1898, se abrieron importantes oportunidades de participación para la mujer. En 1907 el pastor presbiteriano José A. López dijo sobre la lectora bíblica (Bible Woman:) “[Es] la pieza más importante en el mecanismo de la obra misionera”.32 La misión de Los Hermanos Unidos incluyó en su informe de 1908 los pormenores del método de evangelización: “Las misioneras laicas y las esposas de los pastores tienen un campo de cultivo fructífero en Puerto Rico. La única forma de alcanzar la inmensa 30

27

AHP, Serie Denominaciones, Iglesias Bautistas, Caja: memorias y reseñas, “Report for the year: 19291930". 28 Donald Moore, Puerto Rico para Cristo (México: CIDOC, 1969), p. 6/22. 29 W. StanleyRycroff, Sobre este fundamento: cimientos cristianos de la cultura latinoamericana (Buenos Aires: La Aurora, 1944), p. 77.

Webster E. Browning, Roman Christianity in Latin America (New York: Fleming H. Revell Co., 1924), pp. 16-19, 40. 31 Ramón Vargas Pérez, Ramón María Torres: su vida y su obra (San Sebastián: 1989), p. 149. 32 ¡Error! Sólo el documento principal.Sarah González López. Mujeres que hicieron el bien: cien años de vida y ministerio femenino en Puerto Rico. (Seminario Evangélico de Puerto Rico: inédito, 2000), p. 99. Es una cita de “La lectora bíblica” La Voz Evangélica, Año 2 #8 (8/agosto/1907), p. 59.


mayoría de las mujeres es a través de una visita personal a su hogar. Usualmente, se lee una porción de la Palabra y se hace una oración. Antes de terminar ya hay reunidas un número de mujeres en la puerta de la casa. Conversamos con ellas, les distribuimos tratados y las invitamos a los servicios de la iglesia.”33 Las sociedades misioneras adaptaron sus recursos a la realidad cultural y social puertorriqueña. De un total de 57 misioneros bautistas que llegaron a Puerto Rico en las primeras cuatro décadas del siglo 20, el 68.5% fueron mujeres; dos de cada tres misioneros. El tiempo promedio que estuvieron las mujeres fue de 4.9 años y los hombres 7.4 años.34 A las misioneras se les prohibía casarse mientras servían y se esperaba de ellas que sirvieran por corto tiempo para que así pudieran formar familias. Muy temprano esas sociedades misioneras también reclutaron puertorriqueñas para el cargo de mujer-lectora, especialmente para laborar en la zona rural. Y tal parece que hubo un corto trecho entre leer a mujeres y dirigirse a una audiencia. El día que la Iglesia Presbiteriana de San Sebastián reunió un grupo para iniciar una escuela bíblica en el barrio Piedras Blancas en 1914, primero habló el pastor José Luis Rodríguez Cabrera y luego la lectora Marcela Reyes.35 De haberse dado las oportunidades, las mujeres hubieran estado en el liderazgo de las nacientes iglesias.

33

J.S. Mills, et. al. Our Foreign Mission Enterprice (Dayton, Ohio: United Brethen Publising House, 1908), p. 201. 34 G.A. Riggs, Baptists in Puerto Rico. Brief Historical Notes of Forty Years of Baptist Work in Puerto Rico (Río Piedras), c.1939. 35 “Labor evangélica en la Isla. San Sebastián”, Puerto Rico Evangélico (en adelante, PRE) (25/marzo/1914), p. 15.

La tardanza del protestantismo histórico en integrar a la mujer a su principal institución educativa contrasta con la apertura del pentecostalismo a la educación de la mujer. El pentecostalismo llegó a la isla en 1916 y su primera institución educativa pentecostal, el Instituto Bíblico Mizpa (hoy, Universidad Pentecostal Mizpa), fue establecida en 1937. La primera clase del Mizpa tuvo quince estudiantes, de los cuales siete fueron mujeres. Su primera facultad incluyó dos mujeres, Julia Camacho, traída desde California al graduarse del Instituto Bíblico Latinoamericano de California (de las Asambleas de Dios), e Isabel Lecaroz de Ortiz, esposa del director y superintendente de la Iglesia de Dios Pentecostal.36 A diez años de establecido el instituto, fue presidido por Matilde Ortiz de Román, graduada de la primera clase. El concilio pentecostal cumplió con la formalidad de darle al esposo de Ortiz el nombramiento de “administrador” (él era comerciante), mientras ella recibió el nombramiento de directora.37 Matilde Ortiz era considerada la mejor predicadora pentecostal de su tiempo, incluyendo los varones. La sede del instituto era el templo de Santurce, iglesia fundada por la misionera Lena Smith-Howe en 1918 y pastoreada por ella por quince años, hasta 1933.38 Para la década del ʹ30 era la congregación más numerosa de 36

¡Error! Sólo el documento principal.Juan L. Lugo, “New Bible School, Puerto Rico”, The Pentecostal Evangel, (15/enero/1938), p. 9; Samuel Díaz, La nave pentecostal. Crónica desde el inicio de las Asambleas de Dios y su travesía por el noroeste hispano de los Estados Unidos. (Florida; Editorial Vida, 1995), p. 42¡Error! Sólo el documento principal.; “Mizpa”, El Evangelista Pentecostal (julio, 1951): p. 10. 37 El Evangelista Pentecostal (Sept./1949). 38 La autora está cerca de publicar un libro sobre historia del pentecostalismo en Puerto Rico. En ella aparecen los detalles sobre el ministerio de Lena SmithHowe desde su llegada a la isla en 1918 y hasta que fue nombrado un pastor que asumió las riendas de la congregación de Santurce.


Puerto Rico. La lista de iglesias y pastores de la Iglesia de Dios Pentecostal de 1940 incluía nueve pastoras, un 22% del total.39 El Mizpa nació con el expreso objetivo de preparar misioneros para América Latina. Por lo menos tres mujeres solteras fueron pioneras en la evangelización pentecostal de Cuba en las décadas de 1930 y 1940, emulando lo realizado por Lena Smith-Howe en Puerto Rico: Belén Nieves, Ángela García y Felicidad Andrade.40 La destacada participación de la mujer en una iglesia autóctona revela el natural desarrollo de la relación cultural mujer-religión. Tratándose de una iglesia pentecostal, donde la plenitud del Espíritu iguala, la mujer encontró óptimas condiciones para florecer. (Lamentablemente, el pentecostalismo tardó en otorgarle a la mujer los derechos y privilegios del ministerio.) El Instituto Bíblico Mizpa siguió el modelo de una institución educativa nacida en los Estados Unidos en la década de 1880. En medio de un movimiento de renovación de la iglesia el pastor presbiteriano y fundador de la Alianza Cristiana y Misionera, Albert Benjamin Simpson, y el evangelista congregacionalista Dwight Moody fundaron institutos con el objetivo de preparar laicos de ambos sexos en el estudio de la Biblia y en el servicio práctico. No tuvieron la intención de competir con la rigurosidad intelectual del seminario teológico. Al respecto Simpson declaró: “La meta del instituto será cualificar hombres y mujeres consagrados que no han recibido y no desean recibir una educación intelectual regular …” Por su parte, Moody expresó: “Creo que debemos tener ‘hombres-brechas’, entrenados para llenar el vacío entre la gente común y los 39

Assemblies of God, Flower Pentecostal Heritage Center, Foreign Missions Department, Puerto Rico District Council, [Lista de trabajadores], 11/Sept./1940). 40 Díaz, La nave, p. 39, Iglesia de Dios Pentecostal, Reglamento y constitución, 1937, p. 45; Francisco Báez, “Allende los mares”, El Evangelista Pentecostal (Dic./1949), p. 2.

ministros. Levantaremos hombres y mujeres dispuestos a ofrendar sus vidas junto a los laborantes.”41 Fundar un instituto o un seminario fue una disyuntiva a la que se enfrentaron las misiones protestantes en Puerto Rico cuando decidieron unir sus esfuerzos y recursos en una sola entidad educativa. El asunto se debatió ampliamente. Manuel Andújar, misionero superintendente metodista de origen español, abogó por una educación más a tono con la realidad latinoamericana: “Ha sido un error común en América del Sur intentar sobreeducar a los líderes y como consecuencia la obra evangélica se ha fosilizado.”42 Triunfó la idea de que la institución debería tener el estándar educativo de los seminarios americanos. El misionero general bautista, Charles S. Detweiler escribió: “Prefiero no abrir nuevas misiones que tener que llamar a un hombre sin preparación intelectual, que más tarde tendría que ser retirado.”43 De hecho, veintiuna congregaciones bautistas habían sido disueltas antes de 1913; 19 de ellas, rurales.44 Las expresiones del misionero presbiteriano, James A. McAllister, graduado del Seminario Teológico de Princeton y quien habría de presidir el naciente seminario por 24 41

Gordon Gray Talbot, The Bible Institute Movement in the Christian and Missionary Alliance (Tesis de maestría: Wheaton College,1956), pp17-18 y Lenice F. Reed, The Bible Institute Movement in America (Tesis sin publicar: Wheaton College, 1947), p. 24, fuentes citadas en Jonathan N. Thigpen, “A Brief History of the Bible Institute Movement in America”, https://www.etaworld.org/?bibleinstitute [Evangelical Training Association]; recuperado 25/marzo/2015. 42 Christian Work in Latin America. Vol. 3: Report of Commission VIII on Cooperation and the Promotion of Unity (New York: Missionary Education Movements, 1917). 43 “Rev. C.S. Detweiler y su obra en Puerto Rico” PRE (10/junio/1919), p 2,8. 44 Tomás Rosario Ramos, Historia de los Bautistas en Puerto Rico (Santo Domingo: Editorial Dominicana, 1979), pp 136-138.


años, resumieron el sentir que prevaleció: “[P]ara tener buen éxito, el ministro debe ser guía, esto es, debe ir al frente de su pueblo, trazar el sendero, indicar las señales de peligro, y dar la mano firme a quienes la necesitan. Un ministro nativo sin preparación, sin instrucción, sería una catástrofe tan grande como la falta completa de un ministro nativo, y el resultado sería aún más triste. La norma para el ministerio puertorriqueño no debería ser inferior a la de los Estados Unidos y los demás países.”45 No se vislumbró que la mujer fuera parte de ese exclusivo Seminario. Tras la decisión de preparar un ministerio nativo con un alto estándar académico, estaba la evasiva aspiración de alcanzar las clases acomodadas, pues se pensaba que de esa manera se ganaba eventualmente el resto de la población para el evangelio protestante, y en el proceso se transformaba y se elevaba la sociedad y la cultura (según las concepciones americanas). El primer intento en esa dirección fue realizado a la llegada de las misiones, con el establecimiento de escuelas primarias y secundarias diseñadas para las clases acomodadas, como el Washington Institute de la Iglesia Metodista y el Colegio Americano de la Iglesia Presbiteriana.46 Este tipo de escuela gozaba de un enorme prestigio en América Latina. En Puerto Rico fueron repudiadas por representar asimilación cultural a los Estados Unidos. Además, dada la espectacular recepción que tuvo el protestantismo, las misiones eligieron invertir en imponentes templos. El costoso diseño de estos templos también obedeció a la misma aspiración de atraer a las 45

J. A. McAllister, “Un ministerio nativo bien preparado” PRE (25/julio/1914), p. 4. 46 AHP, Serie Denominaciones, Iglesia Metodista, Anuario, 1902-1910; actas 1902: p. 9; actas 1903: p.20-21. Edward A.¡Error! Sólo el documento principal.Odell, It Came to Pass (New York: Board of National Missions, 1952), p.34.

clases acomodadas, y de paso afirmar la permanencia de la nueva corriente religiosa. La exclusión de mujeres del Seminario no obedeció a la falta de interés de ellas en la educación. De los 158 estudiantes que se matricularon en el programa por correspondencia de 1920 a 1922, 47 eran mujeres, un 30%. Del total de matriculados solo 21 estudiantes obtuvieron la certificación, un 13%. Entre ellos solo hubo dos mujeres; una de ellas cubana.47 Sería especulativo tratar de señalar los posibles factores que contribuyeron a tan pobres resultados, pero lo que parece ser cierto es que hubo una gran brecha entre seminario e iglesia. A pesar de la oposición que siempre hubo al estándar americano, aún entre los propios misioneros, McAllister nunca titubeó en mantenerlo. A los diez años de fundado el Seminario, lo defendió frente al congreso de misiones latinoamericanas reunidas en La Habana: “Es innegable que una experiencia [educativa] como esta colocará a nuestros graduados en condiciones de realizar un trabajo más efectivo, no solo entre la clases impreparadas [sic], sino entre el elemento culto de nuestra sociedad.”48 Durante la siguiente década, para alarma de McAllister, escasearon los ministros y aumentaron los pastores sin preparación.49 La exclusión de la mujer del Seminario no estuvo reñida con las posturas asumidas por líderes puertorriqueños, que demostraron ser liberales en muchos otros asuntos, pero no en lo que concerniente a la mujer. Los máximos 47

Bek, “Seminario”, pp. 19-20. Florencio Sáez y James A. McAllister, El Comité, Congreso Evangélico Hispanoamericano, Habana, Cuba, (1929), pp. 8-9. 49 AHP, Denominaciones, Iglesia Metodista Episcopal, Anuario 1911-1920, Informe del presidente del SEPR, 1939: p. 58. 48


líderes de las tres denominaciones a cargo de las más importantes cátedras del Seminario — Abelardo Díaz Morales (baustista), Domingo Marrero (metodista), y Ángel Archilla (presbiteriano)— argumentaron a favor de preservar el rol tradicional de la mujer en diferentes instancias, entre ellas, cuando se discutía si aprobar el sufragio femenino.50 Archilla llegó hasta pronosticar la formación de un partido católico, debido a la influencia que los sacerdotes ejercían sobre las devotas mujeres.51 Los líderes parecían seguir el punto de vista de Jenaro Vázquez al tocar la influencia de las misioneras americanas: “[H]ay mucha diferencia entre la raza sajona y latina. Nuestras mujeres no deben imitar nunca a otras de otra raza.”52 La asimilación aceptada por los protestantes, por razones de fe y mal entendida gratitud, se detuvo en el umbral del hogar, un espacio de absoluta soberanía del hombre. La filosofía educativa del Seminario creó un currículo desvinculado de la realidad puertorriqueña, pues el 73% de la población era rural. El resultado fue un cuerpo ministerial adiestrado para atender una clase media educada apenas existente. El pastor Discípulos José Fidel Castro escribió sobre el efecto que tuvo esa educación sobre él. Recordó haberse hablado introspectivamente a sí mismo para aquellos años: Pasado algún tiempo, y desde tus conocimientos teológicos preliminares en el Seminario

Evangélico, comenzaste a asumir una actitud arrogante de ‘sábelo todo’, y de un vano orgullo de tipo intelectual. No había sermón en el que no ‘injertaras’ pensamientos o ideas de escuelas teológicas o filosóficas. ¿Recuerdas a Sonadora de Guaynabo? Te creías muy grande para que te llevaran a la casa toda destartalada y casi en ruinas de una familia pobre de la congregación rural, y que estaba situada en la hondanada de un camino. Sala pequeña, las tablas del piso rotas y el dueño sumido casi por completo dentro de un antiguo y enorme pilón de pilar café, ubicado en un rincón de la sala. Dos lamparitas de gas que regaban humo por todas partes, semialumbraban todo. “¿A qué me han traído aquí?”, te preguntaste y no dejaste de traslucir con tu rostro y las palabras de tu predicación, tu inconformidad y desagrado. Para colmo de todo, el hermano director del culto mandó al hermano del pilón a dar la oración final y la bendición. ¿Recuerdas lo que pensaste?: ¿Qué entiende esta gente de lo que uno es y de lo que uno representa por sus conocimientos religiosos?”

50

Carmen Margarita Sánchez de León, Apuntes para una investigación sobre las porturas protestantes en Puerto Rico ante el reclamo del sufragio para y por las mujeres puertorriqueñas (Río Piedras, Puerto Rico: Seminario Evangélico de Puerto Rico, 1992), pp. 22, 17, 28 y 30. 51 Ángel Archilla, “La mujer y el voto. III: Amenaza de partidos”, PRE 6 #7 (10/Oct./1917), p. 9. 52 Jenaro Vázquez, “El valor del beso ha bajado considerablemente en el mercado de Puerto Rico”, PRE (16/julio/1926), p. 11.

El hermano salió del pilón como Dios lo ayudó. Su forma de articular las palabras informaban un analfabetismo marcado. Bajaste la cabeza —menos mal— y quisiste escuchar al hermano en su oración final. Su oración tenía la fuerza


espiritual que desde hacía tiempo tú habías perdido. Cada palabra del hermano en su oración, era como un dardo de fuego que te hería y quemaba entrañas adentro. Mientras caminabas de regreso al pueblo de Guaynabo, ya no eran sólo tus entrañas, sino que todo tu ser, espiritualmente, se quemaba en la desesperación. La escasez de seminaristas y de ministros se prolongó a la década del ʹ40, aun cuando el gran desarrollo económico debió haber impulsado un cambio (como sucedió en el Instituto Bíblico Mizpa). Florencio Sáez Oliveras, profesor desde 1926 y quien sería el primer presidente puertorriqueño del Seminario (1950-1955), mencionó frecuentes huelgas de seminaristas, daños a la propiedad, y atribuyó la indiferencia generalizada a que estudiantes, ministros e iglesias consideraban al Seminario una institución americana. Candidatos al ministerio eran enviados por sus pastores a otras escuelas del Caribe, bajo el pretexto de que no reunían los requisitos de admisión del Seminario.53 Bajo estas circunstancias se puede entender por qué no se dio un clamor general a favor de la admisión de mujeres. Cuando Elba Luz Cardona fue admitida como estudiante especial en el año académico 1954-55, la matrícula femenina de la Universidad de Puerto Rico había sobrepasado cómodamente la masculina con un 59% en 1952.54 La admisión de Cardona pudo haber presagiado una estampida femenina, pero el Seminario se 53

Florencio Saéz Oliveras, La democratización del Seminario Evangélico de Puerto Rico (San Juan: 1946), pp. 16, 38 y 57. 54 Loída M. Martínez Ramos, et al., Informe de investigación proyecto participación y representación por género en educación superior (San Juan: Consejo de Educación Superior de Puerto Rico, 2007), p. 31.

encontraba en la crisis más profunda desde su fundación. Al siguiente año la junta de síndicos despidió al presidente (Florencio Sáez) y a dos profesores (Ángel Mergal y Hugh Williams). Entre las razones dadas, la junta declaró que el Seminario estaba en su punto espiritual más bajo y que estudiantes, profesores y junta no se relacionaban.55 En la década del ʹ60 la filosofía educativa del Seminario finalmente se conformó a la realidad social. Al empezar la década 44% de la población vivía en la zona urbana pero al terminar la década la población urbana había superado a la rural con un 58%.56 La cantidad de gente haciéndose profesional explica la exigencia de bachillerato como requisito de ingreso al Seminario. En 1968 se graduó la primera mujer en el Seminario. Quizás no fue pura coincidencia que fuera una extranjera. Tres de las seis mujeres graduadas entre 1968 y 1978 fueron de la iglesia bautista, una denominación que ofreció oportunidades educativas a la mujer hasta 1961 (fecha en que cerró la escuela de Barranquitas) y con mayores oportunidades de participación dado su gobierno congregacional. En los años 1977 y 1978 ingresaron al Seminario 23 y 48 mujeres. Una vez se abrieron las puertas, en doce años las mujeres eran la mitad del estudiantado.57 Todavía no se ha explicado la entrada masiva de la mujer en los años 77 y 78. Esa apertura coincidió con la segunda gran crisis 55

AHP, Colección Ángel Mergal, Exp. SEPR, carta de Ralph Cook, secretario de la junta de síndicos, 27/enero/1959. 56 Elviro Borrero y José L. Vázquez, La población de Puerto Rico, http://soph.md.rcm.upr.edu/demo/images/VazquezCalzad a/Vazques-trabajos/Vazquez-1965- [...] pdf ; recuperado 7/marzo/2015. 57

Bek, “Seminario”, p. 22-23.


que atravesaba la institución por la polarización política entre facciones liberales-socialistas y conservadoras. Muchos seminaristas y pastores fueron expulsados o abandonaron la carrera ministerial bajo presión. Las denominaciones reconocieron el ministerio de la mujer otorgándoles credenciales. El accidentado desarrollo del Seminario en sus primeras décadas apenas puede ser esbozado. Su historia solo puede ser contada adecuadamente en el contexto de la iglesia, y esa historia apenas se está tejiendo. Lo que sí puede afirmarse es que los intentos de asimilación cultural de las misiones protestantes tuvieron perdurables efectos sobre la iglesia que establecieron y el Seminario estuvo en el centro mismo de ese cometido. A ello se debió la tardía inclusión de la mujer, hecho que le robó a la iglesia un sólido pilar.

Rol de la “FRATE” (MEC) durante la década de los años 60 Prof. Luis M. Figueroa López

¡Que vivan los Estudiantes! Violeta Parra Para el año 1969 Don McLean, cantautor norteamericano, escribiría la canción que se convertiría, en el año 1971, en uno de los grandes éxitos musicales en mucho tiempo, grabado en múltiples ocasiones en años posteriores con el mismo éxito, y encabezando las listas en tres décadas diferentes. Esa canción se tituló “American Pie”. En ella McLean mira con nostalgia esa década “idílica” e inocente de

Prof. Luis M. Figueroa López, durante el conversatorio.

los 50, pero desde el filtro de los acontecimientos surgidos durante la década del 60. En la pieza el autor desarrollará una mirada pesimista sobre los eventos suscitados en esa época, y parece aceptar la pérdida de esa inocencia en la sociedad norteamericana en esa etapa histórica. El coro lo expresa de la siguiente forma: Bye, bye, Miss American Pie. Drove my Chevy to the levee, but the levee was dry. And good old boys were drinking whiskey and rye singing “This will be the day that I die, this will be the day that I die” (Adiós, Adiós, Miss tarta de manzana. Conduje mi Chevy hasta el dique, pero el dique estaba seco. Y unos buenos chicos viejos, tomando whiskey de centeno cantan “Este será el día en que moriré. Este será el día en que moriré”). “Perder la inocencia”. Es durante este periodo que la masa ciudadana del primer mundo comienza a percatarse de que no necesariamente sus gobiernos procuran garantizar sus derechos esenciales, y que los intereses particulares del sistema determinarán las acciones a seguir. Durante la década del 60 la guerra de Vietnam se encuentra en todo su apogeo provocando su repudio a nivel mundial. Para el año 1962 surge “La crisis de octubre”, o “La crisis de los misiles”, que puso en jaque al mundo por un periodo de trece días ante la amenaza de una guerra nuclear entre la Unión Soviética y Estados Unidos, teniendo a Cuba


como epicentro del conflicto. En el mes de noviembre de 1963 el Presidente John F. Kennedy es asesinado en Dallas. Para el año 1965 es asesinado uno de los líderes del movimiento por los derechos civiles de los negros en los E.U. Malcom X, y en ese mismo año los Estados Unidos le propinan un golpe de Estado al Profesor Juan Bosch, electo presidente de la República Dominicana. Durante el año 1968 el pre-candidato a la presidencia de los E.U. por el partido demócrata Robert Kennedy y el profeta Martin Luther King Junior, ven cegadas sus vidas. Para ese mismo año Francia se paraliza gracias a la huelga estudiantil que tiene su origen en la Universidad de la Sorbona en Paris y en México ocurre “La Masacre de Tlatelolco”, donde el gobierno asesinó a cientos de estudiantes y manifestantes pacíficos. En Puerto Rico el ambiente político y social es altamente polarizante. Las décadas de los años 60 y 70 serán periodos de alta criminalización, tanto de la opción, como de los movimientos de independencia en el país. No debemos olvidar que la revolución cubana sirvió de ejemplo para estimular otras luchas revolucionarias en el resto de la región caribeña y latinoamericana58. Cabe destacar que durante esta época toda la región latinoamericana experimentaba una gran efervescencia política hacia el socialismo y las luchas de liberación. Es en esta década que el proyecto revolucionario cubano se insertó en el clima de bipolaridad mundial y transportó la

guerra fría al Caribe59. El espacio de la Universidad de Puerto Rico recinto de Rio Piedras se convierte en “micro mundo” de esa polarización, teniendo como telón de fondo la guerra de Vietnam, el servicio militar obligatorio, la presencia del ROTC en el campus y su enseñanza militar60. Sin embargo, es importante enfatizar que es para el 28 de octubre de 1964, un año antes que se inaugurara esta biblioteca, que se produce un enfrentamiento significativo entre estudiantes y policías motivados por la reforma universitaria que se deseaba impulsar. De acuerdo al Dr. Samuel Silva Gotay, en su artículo titulado: “El historiador se asoma a las huelgas y protestas”, la reforma que se buscaba implantar procuraba el establecimiento de un senado académico, el nombramiento de un nuevo rector y la creación de un nuevo reglamento de estudiantes. También se pedía la derogación del artículo que prohibía la invitación de conferenciantes “controversiales” al campus, liberando el derecho a escuchar61. El impacto de tal evento parece confirmarse cuando el Dr. Florencio Sáez hijo, en su libro “Entre Cristo y Che Guevara” hace alusión a él, acusando algunas de las figuras que representaba el pensamiento teológico liberacionista en Puerto Rico, de organizar a los estudiantes del Seminario Evangélico de Puerto Rico para participar en lo que él llamó: “Los desórdenes del 28 de octubre”62. Durante la década del 60 la

59

Ibid. Samuel Silva Gotay titulado:“El historiador se asoma a las huelgas y protestas”, publicado en www.reformaestudiantes.files.wordpress.com. Consultado el 8 de diciembre de 2014. 61 Ibid. 62 Florencio Sáez jr. Entre Cristo y Che Guevara: Historia de la subversión política en las Iglesias Evangélicas de Puerto Rico. 1era Ed. (San Juan, Editorial Palma Real), 1972. P.49. Florencio Sáez ubica el suceso para el año 1966, pero 60

58

José Laboy Gómez, "Practica Pastoral de la Teología Católica de la Liberación en Puerto Rico y su persecución durante los años 1960-1970". Este trabajo se encuentra en vías de publicarse y fue presentado como requisito para la obtención del grado doctoral en historia de Puerto Rico y el Caribe, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe para el año 2013 p.81.


situación en el movimiento obrero fue una tormentosa, manifestada en numerosas huelgas que se llevaron a cabo. Se estima que fueron más de 300 las huelgas desarrolladas en este periodo con una participación de 75,000 trabajadores63. Y es precisamente en el año 1965 donde se inicia la controversia de la explotación minera en Puerto Rico, que provocará de forma eventual el surgimiento de “Misión Industrial” en el año 196864. Por todo lo anterior, no debe causarnos dificultad entender la dimensión altamente efervescente y conflictiva de la época. La generación de los 60 y 70 pierde la inocencia para reclamar lo que por dignidad les pertenece: un modelo de coexistencia justo y pacífico. Una utilización humanizante del poder político. Las iglesias protestantes y el Seminario Evangélico de Puerto Rico no lograron escapar ante los desafíos que su tiempo les presentara. Los reclamos para la posibilidad de una utopía también se dejaron sentir en templos y aulas. Ese reclamo para encarnar la esperanza vino de la mano del movimiento estudiantil cristiano manifestado en la FRATE (Fraternidad de Estudiantes Universitarios Evangélicos). Es importante enfatizar que las primeras reflexiones teológicas liberacionistas llegan a nuestro país de la mano de este movimiento estudiantil universitario65. Este tipo de entendemos que es un error y que el evento al que hace referencia es al conflicto del 1964. 63 Juan Ángel Silén, La nueva lucha de la independencia. 1era Ed. (Rio Piedras, Edil) 1973, pp. 96, 102, 147. En: Che Paralitici, La represión contra el independentismo puertorriqueño: 1960-2010. 1era Ed. (Rio Piedras, Publicaciones Gaviota) 2011, p.123. 64 Ibid. 121. 65

Luis M. Figueroa López, Un Dios Incomprendido: Impacto y Desafíos de la Teología de la Liberación en Cuba y Puerto Rico durante los años

organización estudiantil universitaria surge inicialmente en Suramérica y Brasil, y se había establecido en varias universidades a través de toda la región sur del continente donde coloquialmente se le llamaba el “MEC” (Movimiento Estudiantil Cristiano). Debemos subrayar que durante este periodo existió una gran cooperación entre los grupos cristianos universitarios a través de toda la región latinoamericana y Puerto Rico. El MEC coordinaba encuentros donde se abrían espacios de diálogo y discusión sobre temas sociales, políticos y económicos, compartiendo así los mismos conferencistas y recursos. Estas conferencias y encuentros se llevaban a cabo en las universidades a través de toda Latinoamérica. Fue en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Rio Piedras, donde el MEC, manifestado en la FRATE, encuentra su espacio para desarrollar esa visión teológica liberacionista que ya estaba en desarrollo66. Lo mismo estará pasando en Cuba en estos años, cuando el MEC acompañará a muchos estudiantes cristianos en este hermano país caribeño para afirmar una teología que asuma, entienda y afirme el proceso revolucionario67. De igual manera es importante consignar que muchos estudiantes del Seminario Evangélico formaban parte de este grupo estudiantil y participaban activamente en las diversas actividades que la FRATE coordinaba. Como ejemplos de lo anterior podemos mencionar al Dr. Carmelo Álvarez Santos y al Rvdo. Juan Antonio Franco.

1964-1975”. Trabajo de investigación presentado como requisito de evaluación para el curso: “Historia General del Caribe”, dictado por el Dr. Jorge Rodríguez Beruff durante el semestre de agostodiciembre del año 2014. p. 17. 66 Ibid. 17, 18. 67 Ibid. 9.


Es importante señalar que el Rvdo. Franco fue fruto de la función y gestión del MEC/FRATE en la Universidad de Puerto Rico. Es gracias a las aportaciones de este movimiento estudiantil que Juan Antonio comienza a desarrollar una conciencia teológica liberacionista. Fue tal la influencia de esta comunidad, que su primer viaje misionero a Ecuador es gracias a la organización estudiantil68. El MEC/FRATE fue determinante para definir y reorientar su vocación. Gracias a esto, decide renunciar a sus estudios en medicina para ingresar al Seminario Evangélico de Puerto Rico y realizar estudios conducentes a una maestría en Teología. Eventualmente fue escogido como uno de los cuatro secretarios para Latinoamérica y el Caribe del FUMEC (Federación Universal del Movimiento Estudiantil Cristiano), encargado del programa educativo para toda la región, llevándolo a permanecer por tres años en Perú. Lo mismo ocurrirá con el Dr. Aron Gamaliel Ramos, quien gracias a la influencia de la FRATE decide continuar estudios conducentes a un grado de maestría en Teología en la Facultad Evangélica de Teología (hoy ISEDET) en Argentina, y a ocupar posiciones importantes tanto en la FRATE como en los movimientos estudiantiles cristianos en Latinoamérica69. De acuerdo al Dr. Germán Díaz, lo que eventualmente se va a constituir como la FRATE, tiene su inicio como producto de tertulias informales en el hospedaje universitario en Santa Rita, Rio Piedras70. En 68

Ibid. Entrevista al Dr. Aron Gamaliel Ramos el Viernes 27 de febrero de 2015 en la Biblioteca Juan de Valdez ubicada en el Seminario Evangélico de Puerto Rico a las 10:00 a.m. 69

70

Entrevista al Dr. German Díaz el Viernes 5 de marzo de 2015 en la Biblioteca Juan de Valdez ubicada en el Seminario Evangélico de Puerto Rico a las 10:30 a.m.

esas tertulias se problematizaba el evangelio a la luz de los problemas sociales y políticos que vivía el país. Así como en el caso del Rvdo. Franco, el Dr. Germán Díaz decide ingresar al Seminario Evangélico de Puerto Rico motivado por estas reflexiones, alentadas en gran medida por el Dr. Samuel Silva Gotay71. Para tener una idea más clara de estas actividades, y de acuerdo al Dr. Aron Gamaliel Ramos; cuando acontece la invasión norteamericana a la República Dominicana en el 1965, el Dr. Silva Gotay realiza una visita como observador de los sucesos, y a su regreso, rinde un informe a la FRATE provocando todo un proceso de análisis y discusión sobre lo acontecido. Jorge Pixley parece confirmar ese sentido de análisis crítico de la realidad en la generación de estudiantes seminaristas de aquella época, al plantearnos en el libro “Panorama de la Teología Latinoamericana”, que fue esta generación de estudiantes la que terminó convenciéndolo del carácter imperial norteamericano en la invasión dominicana. Según él mismo nos relata, la ingenuidad todavía adormecía a muchos profesores, pero no a muchos estudiantes72. Fueron éstos los que mantenían su visión clara sobre la lucha de Puerto Rico y el resto de Latinoamérica con el imperialismo norteamericano en esta etapa del siglo XX73. En ese sentido, el movimiento estudiantil cristiano provocó que muchos de estos estudiantes tornaran su mirada hacia Latinoamérica. Es importante resaltar que la FRATE no fue un mero movimiento religioso. Existía una

71

Ibid. Juan José Tamayo, Juan Bosch, Panorama de la Teología Latinoamericana: Cuando Vida y pensamiento son Inseparables. 2da Ed. (Navarra, Verbo Divino), 2002, p. 453. 73 Ibid. 72


intención clara de que fuese igualmente un movimiento intelectual. Los estudiantes organizados bajo la FRATE tomaron muy en serio esto último, provocando el surgimiento de la revista “Instante”. Fue esta revista el instrumento para ingresar en el espacio intelectual de la Universidad de Puerto Rico e iniciar un diálogo con su comunidad estudiantil y académica74. Sobre este proyecto fueron claves las participaciones del Dr. Aron Gamaliel Ramos y el Dr. Germán Díaz. Ambos fueron los creadores de la revista “Instante”, persiguiendo con esto otorgarle racionalidad a la reflexión teológica puertorriqueña y combatir un prejuicio religioso en el seno de la Universidad. Por otro lado, la FRATE de igual forma desarrollaba sus espacios devocionales y el cultivo de la espiritualidad. Muchas de sus actividades fueron celebradas en la capilla de este seminario. Sin embargo, es importante destacar que el cultivo de su espiritualidad nunca se divorció de las problemáticas sociales y políticas que vivía el país. En el libro Entre Cristo y Che Guevara el Dr. Sáez adjunta varios boletines y artículos producidos por el movimiento estudiantil. Entre ese material adjuntado se encuentra un programa de uno de los cultos de capilla celebrado por la FRATE75. Aunque es evidente que el contenido y énfasis de la capilla no es neutral en el aspecto ideológico, si es claro la armonización y desarrollo de una espiritualidad social. Sobre esto, el teólogo cubano Sergio Arce dirá que una teología sin una opción ideológica, es algo imposible76.

74

Entrevista, Dr. Aron Gamaliel Ramos. Florencio Sáez, “Entre Cristo y Che Guevara”, Pág. 181. 76 Tamayo, Bosch, “Panorama de la Teología Latinoamericana”, Pág. 130. 75

Precisamente, la FRATE no rehuyó al debate ideológico que se desarrollaba en esta época. Según lo investigado hasta el momento, los años que comprenden desde 1963-1967 estuvieron marcados por crudos debates ideológicos al interior de Seminario Evangélico de Puerto Rico. Pixley nos confirma lo anterior al plantear que muchos de los estudiantes seminaristas estaban involucrados en las luchas por la independencia de Puerto Rico77. Es durante este periodo de tiempo que el Dr. Florencio Sáez se encuentra muy activo en sus actividades en contra de los incipientes teólogos de la liberación boricua78. Estos serán tiempos donde se hablará de “infiltración comunista en el Seminario”, de hojas sueltas lanzadas desde helicópteros con propaganda en contra de estudiantes y profesores que asumían posturas de izquierda y a favor de la libre determinación de los Puertorriqueños. Serán tiempos donde expulsarán de este seminario al hoy doctor y otrora presidente del consejo de estudiantes, Germán Díaz, por su militancia y posturas políticas79. Como cuestión de hecho, en la carpeta del Dr. Díaz preparada por las agencias de inteligencia del estado, aparecerá todo lo relacionado a su expulsión del Seminario, y será caricaturizado como un infiltrado terrorista para crear un cuadro de desestabilización política en la institución80. Durante la presidencia del Dr. Raymond Strong el Seminario Evangélico no escapará a la infiltración del FBI con el propósito de tener acceso a los expedientes de aquellos

77

Ibid. 452. Entrevista, Dr. Aron Gamaliel Ramos 79 Entrevista, Dr. Germán Diaz. Ver también “Entre Cristo y Che Guevara”, págs.113-116. 80 Entrevista, Dr. Germán Díaz. 78


estudiantes con ideas progresistas81. Esto último es confirmado por el propio Dr. Sáez en su libro, al mostrar una de las hojas sueltas que repartiera y que hace referencia a tal operativo. De igual forma, esta información será compartida al Lcdo. Samuel Polanco en una carta que el Dr. Sáez le enviara donde dice: “¿Cómo te explicas que la mayoría de estos “renovadores” están fichados por el FBI como agentes subversivos?”82. Como podemos ver, esa convulsión sociopolítica había tocado las puertas del Seminario, y eventualmente tocará en años posteriores a las congregaciones protestantes en Puerto Rico. Fueron tiempos difíciles para nuestra muy amada “alma mater”. Como nos dirá el Rvdo. Luis Del Pilar en el libro “Los Discípulos de Cristo en Puerto Rico: Nuestro Perfil Histórico”, serán “tiempos de luz y sombra”83. Sin embargo, es importante aclarar que aunque en efecto, parte del problema responde a cierto choque generacional, el mismo no tendrá su génesis en un deseo desmedido y poco ponderado por parte de las generaciones jóvenes en ocupar posiciones de poder eclesial e institucional. Reducir el conflicto acontecido durante este periodo a una mera lucha de poder entre el liderato establecido y aquellos que se encontraban en vías de formarse, es negarnos la liberadora oportunidad de contarnos esta historia en todos sus detalles. 81

Entrevista realizada al Dr. Samuel Silva Gotay el martes 23 de septiembre del 2014, en su residencia en Cupey a las 7:00 P.M. 82 Florencio Sáez, “Entre Cristo y Che Guevara”, Págs. 50 y 180. 83 Luis F. Del Pilar, “Tiempos de Luz y Sombra”. En: Juan Figueroa, Luis F. Del Pilar, “Los Discípulos de Cristo en Puerto Rico: Nuestro Perfil Histórico”. 1era ED. (Bayamón, Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico).2008. p.243.

Ciertamente, las historias poseen un valor pedagógico enorme. Mirando a ellas asumimos nuestro presente y aspiramos elevar nuestro futuro. De la generación de estudiantes del 60 y 70 tenemos mucho que aprender. Creo que se nos hace urgente rescatar de ellos el sentido de pertinencia en el desarrollo de nuestra reflexión teológica. La generación de estudiantes del 60 nos enseña que la fe cristiana sí posee potencial para insertarse en la dimensión pública y acompañar activamente a nuestro pueblo en medio de esos dolores que agobian a nuestra patria. Como bien diría el Dr. Samuel Silva Gotay en una de sus obras más importantes: “Independientemente de si Dios existe o no, los cristianos sí existen y pueden “legitimar” un modo de producción en una formación social dada, o pueden “deslegitimarlo” y unir su fuerza ideológica a la lucha por su transformación”84. Fallaría malamente a mi responsabilidad esta noche, si en medio de la celebración del cincuentenario de nuestra biblioteca, y en el mes donde se conmemora las luchas y victorias de la mujer, no hiciera mención de alguien que permanece en la mente y corazón de muchos miembros de aquel grupo de estudiantes que conformó la FRATE. Esa persona lo fue la Srta. Wilma Mosholder, y quien fuese la Bibliotecaria encargada una vez se inauguró nuestra Biblioteca Juan de Valdés. La Srta. Mosholder, al pertenecer a la tradición cuáquera, mantenía sus ideas pacifistas y una sensibilidad a las causas de justicia. Fue ella quien hizo posible que el Dr. Aron Gamaliel Ramos, siendo muy joven y estudiante, viajara a la República Dominicana como observador de los procesos 84

Samuel Silva Gotay, El Pensamiento Cristiano Revolucionario En América Latina y El Caribe: Implicaciones de la Teología de la Liberación para la sociología de la religión. 3era Ed. (Rio Piedras, Ediciones Huracán), 1989, p. 18.


electorales que se llevaban a cabo en el hermano país. Inclusive, al tener la oportunidad de entrevistar al Dr. Germán Díaz en esta biblioteca, lo primero que salió de sus labios al entrar a ella fue, y con fuerza: “¡Este fue el lugar de Wilma Mosholder!”. El recuerdo que se transformó en legado, es el de una mujer dedicada a su labor en esta biblioteca, y su empatía con las causas estudiantiles85. Para culminar mi participación esta noche deseo dejar sobre esta mesa algunas preguntas que nos pueden ayudar a seguir ampliando la reflexión. ¿Cómo podemos clarificar la dimensión de lo político, en aras de desarrollar una reflexión y praxis teológica que sea consistentemente profética? ¿Cómo lograr que las nuevas generaciones de estudiantes de teología logren hacer una transición hermenéutica con proyecciones sociales? ¿Cómo lograr en esta coyuntura histórica, el ocupar un espacio que provoque un diálogo y cooperación fecunda entre los estudiantes del Seminario Evangélico y los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo vencer la inclinación del desarrollo constante de una visión privatizada de la fe? La generación del 60 y 70 nos enseñó que se atenta contra el modelo encarnacional de Jesús si nuestra reflexión y praxis cristiana no comparte su pan y no se inserta en nuestro contexto histórico-social y político. Citando a Edward Said en su libro “Cultura e Imperialismo”, esta generación nos recordó lo que en ocasiones queremos obviar y es necesario aceptar: “Que los textos están ligados a las macro y micro políticas, y estas necesitan atención y crítica”.

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Entrevista, Dr. Aron Gamaliel Ramos.

Conversatorio sobre la época de los 60, en el Seminario Evangélico de Puerto Rico en celebración del 50 aniversario de la Biblioteca Juan de Valdés y los Reformadores Españoles Dr. Alejandro LaFontaine Rodríguez Gracias por la invitación a este conversatorio en tan importante momento. De los miembros de éste panel soy el único que vivió esta época, y me gradué el mismo año en que se inauguró la Biblioteca. Soy de la clase graduada en el 1965, quienes este año celebramos los 50 años de nuestra graduación. Permítanme reconocer a los componentes de mi clase: Juan Antonio Franco, de la Iglesia Evangélica Unida; Ramón Irizarry, bautista (ambos están en la iglesia triunfante); Amílcar Soto, de la Iglesia Presbiteriana, Sadrach Montalvo y Félix Thomas, ambos de la Iglesia Evangélica Dominicana. También se graduó con nosotros Tomás Vázquez de la Iglesia Presbiteriana, quien había comenzado sus estudios previamente. Dirigiré mi conversatorio en dos aspectos: la convivencia en el Seminario y la época de los 60s, sus retos y sus oportunidades.


otras actividades sociales, recreativas, así como de diálogos constante en el campus. Acerca del segundo aspecto, la época del 60 representó un tiempo de retos y oportunidades para el desarrollo de principios y conceptos importantes de la justicia social; para el mundo estudiantil, tanto en nuestro Seminario como en las universidades. Era una época de cambios en Puerto Rico, en Latinoamérica, y en particular el Caribe, con Cuba y la República Dominicana. Los estudiantes comenzamos a entender y asumir la responsabilidad de no ignorar esos cambios y hacernos partícipes de los mismos. Dr. Alejando LaFontaine Rodríguez, durante el conversatorio.

Sobre el primer aspecto, en la época de los 60s ocurrieron varios cambios en las edificaciones del Seminario. Se construyó el edificio de dormitorios eliminando dos edificaciones que albergaban a los estudiantes; una casa de madera ubicada donde se encuentra hoy el estacionamiento, la otra era una edificación en cemento, en donde hoy está la Biblioteca. Recordamos muy bien cuando se inauguró el hermoso edificio de la Biblioteca que hoy cumple 50 años, ya que nuestra clase regaló la placa de bronce que contiene los nombres de los Reformadores Españoles y que se conserva en la sala de computadoras. Previo a este edificio, la Biblioteca estaba ubicada en un sótano, en el edificio de Administración, debajo de lo que hoy es la oficina de la presidencia. Además de estas construcciones, esta época se caracterizó porque el presidente de la institución y los profesores de jornada completa residían en las casas que se encuentran dentro del Seminario. Esta realidad propiciaba un encuentro continuo entre estudiantes, facultad y sus familias, creando un sentido de comunidad, que se concretaba en adoración y

Respecto a nuestro Seminario participamos, activamente, junto a los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico por medio de la contribución de la Fraternidad de Estudiantes Evangélicos (FRATE). Sentíamos responsabilidad de una participación activa, en luchar por lo correcto y lo justo y, como cristianos, no ser meros observadores. Esto nos llevó a ser parte de los reclamos públicos, tales como protestas, proclamas escritas, piquetes y apoyos a otras actividades públicas por las situaciones sufridas en la Universidad de Puerto Rico, R.O.T.C., y las situaciones de la República Dominicana, al ser derrocado el gobierno constitucional del Dr. Juan Bosch. Esta toma de conciencia y posición por la justicia social llevó a sectores conservadores de la iglesia, motivados por diversas razones, al desarrollo de una campaña contra el Seminario y sus estudiantes. Esta campaña fue liderada por Dr. Florencio Sáez. El mismo distribuía hojas sueltas, tiradas por aviones en la zona de Rio Piedras, en donde se acusaba al Seminario y los seminaristas de ser comunistas. Además, publicó el libro: Entre Cristo y Che Guevara, en donde recogía comunicaciones que hacíamos en protesta sobre las injusticias del R.O.T.C. de


la UPR, y en contra de la actuación del gobierno de los Estados Unidos contra la República Dominicana y de Bosch. Así mismo, existe una publicación sobre el debate de este asunto, que presentó el Canal 4, en el programa de Tommy Muñiz, hijo. Ambos libros se encuentran en nuestra Biblioteca. Toda esta época de cambios y retos ideológicos creó una generación de pastores con un mayor compromiso y nueva visión hacia un ministerio que sobrepasaba su iglesia local, y que lo ubicaba en una mirada hacia entender lo injusto en toda la sociedad puertorriqueña, caribeña y latinoamericana. Posiblemente, esta misma visión y compromiso hizo que muchos de nosotros continuáramos estudios posteriores en diversos campos, pero manteniéndonos firmes en lo que creíamos y en nuestro llamado para servir a Cristo y a su Iglesia. Agradezco la participación en este conversatorio y espero que las experiencias narradas, no solo nos sirvan para recordar una época, sino para afirmarnos en el presente a la continuidad de nuestro compromiso y llamado con Cristo, su Iglesia y la sociedad.

Vilma M. Machín Vázquez, durante el conversatorio.

¿Cómo era la vida en el Seminario durante la década de 1970-80? Vilma M. Machín Vázquez

Cuando llegamos las mujeres al SEPR ¡Buenas noches! Para mí es un placer inmenso estar entre ustedes esta noche. Agradezco a Milka Vigo, bibliotecaria, su invitación para compartir un poco sobre la vida en nuestro Seminario durante los años 70. Debo decir que soy miembro de la IEUPR de la calle Arzuaga en Río Piedras. Comenzaré diciendo que el SEPR para mí no es sólo un agente de cambio social, sino que además, es un agente de transformación espiritual positivo. Jamás pensé que llegaría a estudiar en el SEPR por cuanto ni era protestante ni mujer de mucha iglesia; a pesar de que me consideraba cristiana. Descubrí en el SEPR un mundo maravilloso que cambió mi vida para siempre. El ser humano identifica los momentos en la vida que llamamos momentos importantes o trascendentales. En la mía, puedo afirmar que el SEPR ocupa un lugar prominente. Don Jaime Benítez, un día expresó que el estudiante universitario siempre es universitario. Antes que él, Martín Lutero concluyó que la “Iglesia reformada siempre está reformándose.” En mi vida puedo decir que siempre he sido seminarista, aunque no esté


presente en las aulas de la enseñanza. Lo que quiero decir, es que esta Institución caló y aún cala muy profundo en mí. Soy una estudiosa constante de la Biblia y la teología. El SEPR y la Biblioteca Si fuese a resumir cuál fue mi hogar durante los años del 1978-1981, tendría que reconocer que fue el SEPR. Durante estos tres años viví aquí. Llegué durante el verano de 1978 a tomar clases con el Dr. Nicandro González, profesor de Educación Cristiana y de Comunicaciones. Tomé con él durante ese verano los cursos de Comunicaciones e Investigación. Allí conocí a varias mujeres que se convertirían en condiscípulas y amigas. Noté inmediatamente que estaba dentro de la bendición de Dios mi llamamiento y el estar estudiando en esta Institución. Decidí que era mi lugar. En agosto de ese mismo año ocurrió un maravilloso “fenómeno”, las mujeres llegamos. Ya no eran cinco o seis, éramos un total de 48 mujeres; casi paralelo al número de hombres estudiantes que estaba entre 49-50. Llegamos de todas las regiones de Puerto Rico y de todas las denominaciones protestantes del país. Éramos un grupo muy heterogéneo en edad, perspectivas de vida, interpretación de la experiencia cristiana, status civil, etc. Además, había una estudiante que descollaba entre todas porque no era cristiana, era budista. Más tarde ella se convirtió en una gran amiga para mí, y de quien además, aprendí mucho. Si mi pensamiento ecuménico es muy amplio hoy, Lydia Fragosa fue una de esas personas que influyó en este cambio más tolerante y amplio; más pluralista como ser espiritual. No todo fue miel sobre hojuelas cuando las mujeres llegamos en 1978 como grupo numeroso. Nuestros compañeros varones creo que se intimidaron. "Habíamos invadido su

territorio y hegemonía”. Al principio esto constituyó un problema, a tal punto que algunos profesores se convirtieron en defensores de nosotras. Recuerdo que en una ocasión el Dr. Jorge Bardeguez, profesor de teología sistemática, dijo que “las mujeres estábamos demostrando más inteligencia y compromiso que los varones”. Por supuesto, esto no gustó, pero no tuvo mayor trascendencia.” Estas actitudes de los compañeros se prolongaron por poco tiempo. Creo que los compañeros comprendieron que las mujeres teníamos igualdad de derechos, deberes y responsabilidades con ellos y que estábamos aquí por derecho propio, llamamiento de Dios y deseábamos no competir con ellos, sino colaborar con ellos. Luego, pasamos a ser aliados. Sentido de comunidad Había sentido de comunidad en el SEPR. Identificamos un lugar en el Seminario donde nos reuníamos al filo de la noche, cuando concluíamos las clases con el Dr. Juan Beck, nuestro psicólogo y profesor de NT favorito, con el Dr. N. González y la clase de Educación Cristiana. Después de cinco horas en un salón nos íbamos al “palito”. No sé si este célebre lugar ha sobrevivido los embates del tiempo o si este sobrenombre perdura. Allí nos reuníamos las seminaristas que vivíamos aquí: esta servidora, Elba Irizarry, Betsy Vélez, Betty González, Zaida Pérez, Sandra Mangual, Alba Pérez, Yolanda Ortiz, Carmen Gaud y Carmen Cotto; al lado de compañeros como el finado Alberto Casillas, el Dr. Ediberto López, entonces estudiante, Alberto Barreto, el Rvdo. Elier Rodríguez (Iglesia Menonita) Rvdo. Juan Vera (Hoy Obispo Emeritus de la Iglesia Metodista Unida de P.R.) y otros compañeros cuyos nombres no llegan a mi memoria. Nunca estábamos solos; algunos profesores que vivían


en el SEPR también se unían, como el Dr. Jorge Bardeguez, cuya casa era prácticamente la casa de todos porque allí llegaban los tristes y cansados, los hambrientos y sedientos, los que no tenían cómo llegar a su casa por falta de dinero o los necesitados de apoyo y estímulo. También se unían a nosotros los profesores Dr. Luis Arturo Olivieri y su esposala Dra. Evelyn Roberts y el entonces bibliotecario, Rubén Sánchez.

Olivieri aprendimos a distinguir entre lo que es un cántico o himno con buena teología y otro que se debemos desechar. Del Dr. Luis Fidel Mercado, presidente del SEPR a la sazón, aprendimos que nunca es bueno ir a las congregaciones con nuestra “sabiduría” a echar por tierra las convicciones de fe de los feligreses de un golpe. Que hay que tener misericordia si deseamos transformar el pensamiento sencillo de nuestra gente.

Durante el Día, algunas veces estaban también el Dr. Juan Beck y el Dr. Wade Eaton, finado.

La Biblioteca fue nuestro centro de estudios después del salón de clases y nuestro centro de tertulias teológicas.

Bajo las estrellas y el cántico de algunos coquíes nosotros resolvíamos los problemas del país, del mundo, del SEPR, de las denominaciones y congregaciones. Allí contábamos nuestras cuitas de amor correspondido y no correspondido. Allí “hacíamos teología” y nos afincábamos en nuestras ideologías. Fungíamos como confidentes y psicólogos. También comíamos y tomábamos, en muchas ocasiones, lo que Evelyn Roberts nos traía. La casa de las seminaristas permanecía abierta durante el día por si alguien necesitaba descansar o comer algo. Algo sobre la vida en los salones de clase Con Jorge Bardeguez aprendimos entre mil y una cosa que en el SEPR se caía el “ranchito de la fe”. A través de la lectura y el análisis del libro del filósofo alemán, Ludwig Feuerbach: La esencia del cristianismo, aquellos de nosotros inseguros en nuestra fe y nuestro llamamiento ministerial nos caeríamos del caballo y dejaríamos el SEPR y así ocurrió. Con Wade Eaton aprendimos que a veces podemos ser profeta de Dios y otras del demonio. De Juan Bek aprendimos que un teólogo católico romano es igual a uno protestante en su análisis bíblico. De Luis

Sí, de todos aprendimos, pero no hay tiempo para más. Hubo una nota que medró mucho la vida en comunidad, esta fue la huelga estudiantil, y que pagamos con creces la noche de nuestra graduación. Quiero puntualizar que esta huelga fue justa ante una injusticia de la Administración del SEPR. Anécdotas: Se convertía en un momento especial cuando el grupo de estudiantes y facultad episcopal tenía a cargo el culto en capilla. Todos íbamos en estampida, pues la Santa Cena se celebraba con vino genuino. Un estudiante, una mañana llego y nos dijo que cada vez que oraba por un enfermo, este moría. Le hicimos la cruz y la raya y le pedimos que no orara por nosotros cuando estuviéramos enfermos. Un estudiante después de la media noche salía al patio y emitía un grito desgarrador, que se convirtió en el “grito de la bruja”. El Presidente salió a buscar quien rompía la paz del SEPR, pero nunca dio con él.


Por la renovación del entendimiento: Conmemorando los cincuenta años de la Biblioteca Juan de Valdés

Dr. Luis N. Rivera Pagán Historia inicial En 1957 se nombró a Thomas J. Liggett presidente del Seminario Evangélico de Puerto Rico. Liggett venía de Argentina, donde formaba parte de la Facultad Evangélica de Teología. Uno de sus objetivos centrales al asumir la presidencia fue fortalecer la excelencia académica del Seminario. Esa meta conllevó las siguientes medidas: Reclutar profesores jóvenes cuya preparación universitaria permitía entrever excelencia en la docencia y la creatividad teológicas. Aquí debemos resaltar dos nombres que han hecho historia: en 1961 Justo L. González, doctorado

en la Universidad de Yale y en 1963 Jorge V. Pixley, culminando su tesis doctoral en la Universidad de Chicago. Liggett, por su parte, asumió con mucho rigor académico la cátedra de historia eclesiástica. Convertir al Seminario en escenario de múltiples conferencias, coloquios, conversatorios y diálogos, enriquecidos ocasionalmente por visitantes del extranjero como José Míguez Bonino, Martin Luther King, Jr y Juan Bosch, entre otros. Promover la publicación de libros y ensayos de calidad. Aquí Justo González y Jorge Pixley publicaron sus primeros libros y artículos, como antes, a fines de los cuarenta y principios de los


cincuenta, habían publicado valiosos libros y ensayos dos renombrados teólogos puertorriqueños: Domingo Marrero Navarro y Ángel Mergal Llera. Erigir una biblioteca de primera calidad, como centro indispensable para el estudio, la reflexión y la creatividad teológica. Para cumplir esa encomienda, y de nuevo dando muestras de acertado juicio administrativo, Liggett contrató a Wilma Mosholder, quien se consagró, en alma, cuerpo y corazón, a la formación de una biblioteca que no tuviese nada que envidiar a ninguna otra en el mundo teológico protestante latinoamericano. Thomas Liggett, Justo González, Jorge Pixley y Wilma Mosholder pronto desplazaron sus esfuerzos académicos a otros lares: Liggett, en 1965, al Christian Theological Seminary, en Indianápolis; Justo González, en 1969, a Emory University, en Atlanta; Jorge Pixley, en 1975, al Seminario Bautista y la Comunidad Teológica de México; y Wilma Mosholder, también en 1975, a Swarthmore College Peace Collection, en Pennsylvania. Lo que prevaleció de esos años tan fructíferos fue la biblioteca Juan de Valdés, como centro de estudio, investigación y productividad teológica. Es el legado permanente de esa inolvidable época. Muy atinado, para describir ese período tan fértil en la vida del Seminario es el título del libro editado en 1965 por Justo González en honor a Thomas Liggett: Por la renovación del entendimiento. Una facultad agraciada, un ambiente de desafíos continuos al pensamiento, una biblioteca excelente. Todo ello con plena conciencia de que una institución como ésta es ante todo un centro de estudio, investigación, reflexión y creatividad intelectual, en conversación con las diversas corrientes teóricas y teológicas del pasado y de la actualidad. El Seminario tiene que ser

justamente eso: un lugar dedicado a la renovación del entendimiento. La teología es una empresa intelectual rigurosa y transdisciplinaria. No ha sido nunca, no es, ni puede ser una ínsula aislada. Se ha nutrido siempre de dos fuentes cuya conjunción nunca ha carecido de riesgos: la piedad religiosa y los sistemas conceptuales contemporáneos. Por algo, los monasterios, con su honda devoción, y las universidades, con su rigurosidad intelectual, fueron, en la edad media, las instituciones que albergaron la creatividad teológica. Karl Barth, crítico de la aridez religiosa de la teología liberal, insiste sin embargo, al introducir su Dogmática eclesiástica, en el carácter rigurosamente académico del pensamiento teológico y su lugar por derecho propio en el ámbito intelectual de la universidad moderna. Lo que pretendía Barth era, ante todo, evitar el posible declinar de la teología en mediocre superficialidad. Fue sabia la decisión de los fundadores del Seminario Evangélico al ubicarlo contiguo a la Universidad de Puerto Rico. Reconocían que la calidad del pensamiento teológico exige el diálogo multidisciplinario y transdisciplinario con las corrientes teóricas e investigativas predominantes en el mundo académico. Fue algo que siempre, dicho sea de paso, tuvieron presente en su docencia y su escritura esos dos teólogos puertorriqueños que antes mencioné y que en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado honraron las aulas de este Seminario: Domingo Marrero Navarro y Ángel Mergal Llera. Nombrar la biblioteca Naturalmente tras decidir establecer una biblioteca de excelencia surge la pregunta: ¿cómo llamarla? ¿qué nombre ponerle? Y aquí viene una paradoja interesante: el estadounidense Thomas J. Liggett sugiere


dedicarla a Juan de Valdés, un español de la primera mitad del siglo dieciséis. Hubo una razón que pocos recuerdan o conocen. Liggett venía de la Facultad Evangélica de Teología, ubicada en Buenos Aires. Esa institución colaboraba estrechamente con una editorial llamada Aurora que en la segunda mitad de la década de los cuarenta publicó, en una colección titulada “Obras clásicas de la Reforma”, dos escritos de Juan de Valdés, Diálogo de doctrina cristiana (1529/1946) y Alfabeto cristiano (1537, publicado en italiano en 1545/1948), seguidas por ese brillante libro del puertorriqueño Ángel Mergal Llera, Reformismo cristiano y alma española (1949). Fue una gestión, para proseguir las paradojas, de otro estadounidense – Bowman Foster Stockwell, a la sazón rector de la porteña Facultad Evangélica de Teología. Dos estadounidenses, Foster Stockwell y Liggett, incitaban a hispanoamericanos a estudiar con detenimiento la producción teológica e intelectual de la España del siglo dieciséis. No debe olvidarse, sin embargo, la contribución de Ángel Mergal en dar a conocer en círculos teológicos no ibéricos la obra de Valdés. En 1957 la prestigiosa colección The Library of Christian Classics publicó el libro Spiritual and Anabaptist Writers, el cual incluye un ensayo de Mergal sobre Juan de Valdés y traducciones suyas de los principales escritos de ese gran autor español renacentista. Examinar la totalidad de los escritos de Juan de Valdés me tomaría mucho tiempo, así que me circunscribo a algunos elementos claves de la que muchos consideran su obra principal: Diálogo de doctrina cristiana (1529). Es como el título lo indica, un diálogo, estilo literario de egregia estirpe platónica, estructural y conceptualmente influido por el ilustre humanista renacentista Desiderio Erasmo. Su

trama se articula a manera de una conversación entre tres clérigos: un arzobispo, Fray Pedro de Alba, jerarca máximo de la diócesis de Granada, recientemente fallecido, un cura algo torpe e iletrado, Antronio, y un fraile, Eusebio. El tema: los matices esenciales de la fe y la doctrina cristiana. Esta obra es de un valor literario excepcional. Juan de Valdés fue un escritor brillante, una genuina luminaria literaria. Tan importante fue para él la renovación de la escritura castellana que en 1535 escribe Diálogo de la Lengua, dedicada a la defensa del buen escribir. Marcelino Menéndez y Pelayo, inquisidor intelectual de todo lo que de lejos parezca heterodoxo o herético, tiene que admitir que Valdés “comunicó a nuestra lengua singular facilidad, ligereza y gracia” y añade “a Juan de Valdés debió la prosa castellana sus mayores acrecentamientos en el reinado de Carlos V”. Más allá de su valor literario, nos interesa recalcar la importancia teológica del Diálogo de doctrina cristiana. Es un tratado de teología sistemática cuidosamente concebido. Pretende analizar las principales dimensiones doctrinales, espirituales, éticas y eclesiales del cristianismo, prestando atención a las tendencias intelectuales del renacimiento. Nace este libro en un contexto académico: la Universidad de Alcalá de Henares, fundada a fines del siglo quince por el eminente y en su época poderosísimo cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Durante las primeras décadas del siglo dieciséis la Universidad de Alcalá se destacó por su afán de propugnar nuevos esquemas teóricos, a fin de renovar los paradigmas epistemológicos algo anquilosados que a la sazón pululaban en las universidades ibéricas y a la vez servir de caldo de cultivo a posibles perspectivas reformadoras de la iglesia española. Se trata, por consiguiente, de renovar


de manera abarcadora los estudios académicos y de reformar íntegramente la iglesia, su praxis, su teología, su liturgia y su sacerdocio. Diálogo de doctrina cristiana expresa nítidamente ese espíritu renovador y reformista. Se percibe esa intención en sus continuas alusiones a los escritos de Erasmo. Es un erasmismo que ha sido magistralmente estudiado por el hispanista francés Marcel Bataillon en su magna obra Erasmo y España. Erasmo inspira a Valdés y a muchos de sus coetáneos a dejar atrás los atavismos conceptuales escolásticos y acceder a la inspiración de las nuevas corrientes teóricas, artísticas y culturales renacentistas. El objetivo es forjar una nueva España, la que cuatro siglos después muy poéticamente evocaría Antonio Machado en varios de sus versos. No se trata, empero, de una empresa exclusivamente universitaria. Son tres miembros del clero los que dialogan y el tema central es la doctrina cristiana. Objetivo primario es, por consiguiente, forjar senderos que conduzcan a la renovación del pensamiento teológico y la reforma integral de la iglesia en España. Encaminada a esa finalidad, la obra se apresta a tocar temas que van desde el credo apostólico hasta la importancia, o escasez de ella, de asuntos como los ayunos, rezar el Ave María, los diezmos, la confesión, la asistencia a misa, la conducta no siempre apropiada de sacerdotes y prelados, entre otros. Pero cuidado, las alusiones a los intensos debates allende las fronteras de España – Wittenberg, Ginebra – no son muy difíciles de percibir o detectar. Se formula también en esa obra un imperativo imprescindible que en esos momentos resonaba por toda la cristiandad: traducir las sagradas escrituras a las lenguas nacionales. Será un reto, dicho sea de paso, que Juan de

Valdés, sin poder culminarlo, asumirá traduciendo los salmos desde el hebreo y diversas secciones del evangelio según Mateo y de las epístolas de Pablo, desde el griego. Parece una tarea obvia y necesaria: poner las sagradas escrituras a la disposición del pueblo en su propio idioma. Será, sin embargo, una difícil encomienda que, al avanzar los años, suscitará el recelo, el encono y la abierta hostilidad de esa poderosa institución forjada, bajo la tutela de los Reyes Católicos, por Tomás de Torquemada, la Inquisición española. Durante todo el siglo XVI, los intentos de dotar al pueblo español una versión castellana de la Biblia provocaron, en reiteradas ocasiones, enconada persecución contra quienes asumieron ese reto. Los más afortunados se percataron a tiempo y huyeron al extranjero: Juan Pérez de Pineda, Francisco de Enzinas, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. También Juan de Valdés, tras su primer contratiempo con la Inquisición se decidió por el destierro, primero en Roma, buscando protección de alguien que tenía sobradas razones para cultivar honda animadversión hacia la corona española, el papa Clemente VII, y luego en la lejana y relativamente segura Nápoles. Incluso el nada heterodoxo o luterano fray Luis de León padeció durante casi cinco años encarcelamiento por atreverse a traducir el Cantar de los Cantares. Hay temas en Diálogo de doctrina cristiana que pusieron en grave riesgo la libertad e incluso la vida de Juan de Valdés. Uno de ellos fue su provocadora contradicción entre lo que cataloga como “libertad evangélica” y “justicia farisaica”. El significado de “libertad evangélica” es tema de debate. Para Marcelino Menéndez y Pelayo no cabe duda alguna, indica la adhesión temprana a la herejía luterana. No todos opinan igual. Qué exactamente conlleva el concepto de


“justicia farisaica” también es asunto complejo a dilucidarse, pero es evidente que el fariseísmo al que se refiere Valdés no radica en las sinagogas o el templo de la Judea del siglo primero, sino en los monasterios y las parroquias de la España del siglo decimosexto. Era difícil pasar por alto la crítica de Valdés a lo que llama “una cristiandad más ceremoniática que verdadera”. Escribir eso en un tiempo en que Carlos V no podrá y su hijo Felipe II no querrá detener el auge represivo de la Inquisición, conllevaba un riesgo muy grave. Muestra innegable del poder de la Inquisición es que una de las figuras más eminentes de la iglesia católica española, Bartolomé de Carranza, nombrado en 1558 arzobispo de Toledo y por ende principal prelado eclesiástico de España, pasó los últimos años de su vida en diversas mazmorras de la Inquisición. Juan de Valdés se refugia en Italia donde incansablemente se mantendrá activo hasta su muerte: (1) escribiendo múltiples textos que pretenden propiciar la renovación de la cultura y la lengua españolas; (2) propugnando una visión reformadora de la fe cristiana y la iglesia; (3) traduciendo secciones de la Biblia, como acotación a la inconclusa versión castellana de las sagradas escrituras; y (4) convocando un coloquio continuo con un buen número de discípulos que preservarán sus ideales renovadores y reformistas. Su Diálogo de Doctrina Cristiana será incluido en el infame “Índice de libros prohibidos de la Inquisición española”, emitido en 1551. He recalcado el nombre de Juan de Valdés, porque es el que aparece en la entrada de la biblioteca. Pero en el interior hay una placa, donada por la clase graduanda del Seminario Evangélico de 1965, que es más inclusiva y dice así: “Este edificio ha sido erigido a la memoria de Juan de Valdés, Francisco de Enzinas,

Constantino Ponce de La Fuente, Juan Pérez de Pineda, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, españoles a quienes Jesucristo tomó por testigos en el siglo XVI.” Algunos de éstos (Pérez de Pineda, Enzinas, Reina, Valera) fueron quemados en efigie en solemnes autos de fe, uno (de La Fuente) su cadáver fue exhumado y carbonizado, y otro (Valdés) se refugió en el extranjero tras su primer mal rato con los inquisidores. Todos ellos, por consiguiente, experimentaron en carne propia lo que es ser perseguido y execrado. Todos ellos también y por eso se les honra en esta biblioteca, fueron incansables estudiosos y escritores. De eso se trata una biblioteca y una institución académica como el Seminario Evangélico de Puerto Rico. Del respeto a la creatividad intelectual y teológica acumulada por siglos y reflejada en los incontables libros albergados en este edificio y de la determinación de contribuir a esa tradición mediante nuestras propias letras y voces. De leer, ciertamente, pero también y sobre todo de investigar, escribir, enriquecer la creatividad intelectual y teológica nacional. Fue, por tanto, un gran acierto nombrar la biblioteca del Seminario Evangélico de Puerto Rico Juan de Valdés. Constituyó un homenaje genuino y muy merecido a quienes enfrentaron la ardua y arriesgada tarea de pugnar por la renovación del entendimiento y la reforma de la iglesia en la España del Siglo de Oro. Interrogantes Pero, yo no sería quien soy sin suscitar, para concluir esta alocución, al menos dos interrogantes. La primera proviene de mi constante interés en realzar la creatividad teológica nacional. Domingo Marrero Navarro escribió sus textos más brillantes – Los fundamentos de la libertad, Meditaciones de la


pasión y El centauro – siendo profesor del Seminario Evangélico. Hoy el edificio que alberga la Facultad de Estudios Generales del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico lleva su nombre. ¿Qué lugar de este bendito recinto le honra? ¿Y la memoria de Ángel Mergal Llera, dónde se preserva en esta institución? Una segunda cuestión no parece haberse considerado en el 1965, por ser entonces el Seminario Evangélico una institución casi exclusivamente masculina, pero es hoy ineludible. Me parece evidente que Juan de Valdés no logra superar la visión tradicional de la familia, asentada sobre la hegemonía del hombre y la sumisión de la mujer. Al discutir en su Diálogo de doctrina cristiana el mandamiento bíblico “honrarás a tu padre y a tu madre” asevera: “… pertenece a este mandamiento enseñar en qué manera las mujeres deben ser sujetas a sus maridos… lo cual enseña bien el apóstol trayendo en una epístola suya un ejemplo de Sara [I Pedro 3:16].” Es una perspectiva patriarcal y androcéntrica, compartida por todos los interlocutores del Diálogo, varones los tres. Además, la placa de los reformadores españoles del siglo dieciséis antes mencionada no contiene el nombre de ninguna mujer. Ni una sola. Y ciertamente las hubo. Algunas incluso pagaron el precio máximo, la hoguera, entre ellas la monja Francisca de Chaves, quemada como hereje en la plaza de San Francisco, Sevilla, el 22 de diciembre de 1560. Una mujer íntegra, valiente e indómita en sus creencias y principios religiosos y éticos. Con esas dos interrogantes les dejo. Muchas gracias por tan cordial invitación a recordar y honrar esta biblioteca que durante cincuenta años ha representado tanto en mi vida y en la de muchos de los aquí presentes.


Entrevistas Como parte de las actividades realizadas durante la semana de celebración del 50 aniversario de la Biblioteca Juan de Valdés, se le brindó reconocimiento a las personas que laboraron como directores/as y bibliotecarios/as. Nos dimos a la tarea de entrevistarlas, les pedimos que nos contaran acerca de su aportación a la Biblioteca durante sus años de servicio en el Seminario Evangélico.

Encontré que la mayoría de las obras de autores puertorriqueños estaban en la colección de circulación, así que comenzamos una colección aparte y añadimos nuevos libros. La mayoría de los libros en dicha colección están en una bibliografía anotada que hice como proyecto para un curso final de la maestría en religión que terminé durante los 6 años allí. Gracias por sus esfuerzos para celebrar los labores de los bibliotecarios. Creo que no es algo muy común.

No están presentes en esta entrevista el Prof. Héctor Rubén Sánchez y la Prof. Sonia Arrillaga, a quienes no tuvimos la oportunidad de contactar. De igual forma, reconocemos sus años de servicio y dedicación en la Biblioteca Juan de Valdés.

Entiendo que proveer tantos recursos al público que muchos no pueden costear es una obra grande en el mundo. ¡Qué Dios sigua ayudándoles en este quehacer de aprendizaje e información!

Jeanene Coleson

Lyda E. Alvarado Cardona

Entre 1990 y 1996, además del trabajo diario de catalogación, referencia, adquisiciones y otras tareas, comenzamos y adelantamos el proceso de poner el catálogo en línea con la ayuda de unos voluntarios de apellido Hanson. En ese entonces había una colección en el sótano clasificada con el Sistema Union (Union Theological Seminary en Nueva York) que reclasificamos y añadimos al catálogo para facilitar su uso. Terminamos una gran parte de la retroconversión. Seguimos organizando la colección de documentos puertorriqueños.

El trabajo que realicé en la Biblioteca desde agosto 1987 hasta mayo 2011, por casi 25 años fue muy especial. Comencé como secretaria, luego más tarde como bibliotecaria auxiliar. El servir a todos los seminaristas, personas de otras instituciones, universidades e historiadores. Fue un placer. Ver como la biblioteca fue incursionando de los servicios manuales a los servicios computarizados. Se comenzó con una computadora con la pantalla color verde. Hasta


tener hoy un centro de computadoras. Uno de los mayores retos de la Biblioteca fue trabajar en la entrada de catalogación en líneas. ¡Creo que nos convertimos en expertas! El tener a cargo asignar las tareas a los estudiantes asistentes y preparar sus nóminas. El trabajar la reserva de los diferentes cursos, en especial las clases del Prof. Ediberto López y luego trabajar los informes de los mismos. El realizar la rutina diaria: prender todos los aires, buscar los periódicos y colocar los mismos, cambiar los fecheros, buscar en el buzón de libros, hacer las estadísticas diarias de préstamo de libros, colocar el papel en la fotocopiadora, y al final de mes preparar un informe general de todos los libros recibidos, donados y catalogados. El poder ser canal de bendición a otros/as a través del servicio que di a la Biblioteca Juan de Valdés fue un verdadero placer, además de servir, ser amiga y consejera. Fue un privilegio de verdad.

Maricarmen Laureano Desarrollar un mayor dinamismo en la Biblioteca al convertir su Sala de Referencia en un lugar de conferencias de diversos temas. Dar a conocer el Archivo Histórico del Protestantismo en PR al compartir su riqueza con otras universidades y agencias. Actualización y catalogación de una gran cantidad de recursos bibliográficos. Incluir en el curso de Investigaciones Bibliográficas espacios para la reflexión, los que se convirtieron para los estudiantes en refrigerio en medio de la experiencia de iniciar sus estudios en el Seminario Evangélico.


Velma Leticia Sosa Orozco Al pensar en mi aportación desde que comencé a trabajar en la biblioteca el 8 de marzo de 1997, creo que son varias. Quizás las más importantes fueron en las áreas de catalogación, exhibiciones y relación con colegas de otras instituciones. En el área de catalogación puedo mencionar: la recatalogación de gran parte de la colección UNION que estuvo ubicada en el primer piso. Esta fue la primera colección de libros que tuvo la biblioteca y que fue clasificada según el sistema del Seminario UNION (si mal no recuerdo en Nueva York); llegué a trabajar 100 libros diarios. En esta colección se encontraron muchos libros de gran valor por su contenido y antigüedad. También en el área de catalogación y clasificación de libros, tuve la oportunidad de trabajar con miles de libros que estuvieron sin ser catalogados en el segundo piso, y que eran muy necesarios para los estudiantes y profesores. En cuanto a exhibiciones organicé varias en diversas temáticas para la semana de la biblioteca y actividades especiales. Finalmente, tuve la gran oportunidad de capacitar a estudiantes de la entonces llamada Escuela Graduada de Bibliotecología, en cuanto a las colecciones especializadas en religión. También colaboré en la capacitación y asesoría de bibliotecarios de instituciones colegas.


Saludo Saludos a todos y todas ustedes en esta ocasión del medio siglo de la Biblioteca Juan de Valdés. Medio siglo es bastante, ¿verdad? Hace cincuenta años y también cincuenta libras menos y 50,000 canas menos, pero ahí vamos. Déjenme contarles un poquito acerca de la Biblioteca Juan de Valdés. Yo llegué al Seminario en el año 1961, y se acababa de construir el edificio nuevo de dormitorio ― nuevo en aquella época que ya para ustedes es cosa vieja ― y mudamos a todos los estudiantes. Todos se mudaron del [antiguo] dormitorio. Lo que era entonces el dormitorio de los varones es lo que es ahora el salón de lectura de la biblioteca. Ese salón de lectura estuvo vacío como por un año en lo que se hacían los planos, consultas y demás. Ahí tenía yo mi oficina, en el salón de lectura, casi donde está ahora la entrada a la izquierda. De modo que todos los libros que ustedes ahora pobrecitos tienen que leerse se escribieron allí, en el Seminario, en la biblioteca. Se tumbaron las paredes intermedias y se hizo el salón de lectura y detrás se hizo la torre donde están los libros. Esa torre originalmente era de ladrillo. Por esas razones ustedes ven que la entrada aún es de ladrillo porque pusieron los ladrillos para darle unidad al edificio, juntando la entrada con la torre. Desafortunadamente el agua se colaba y se le dieron no sé cuántas manos de silicón y al fin hubo que empañetar; pero originalmente la biblioteca era toda de ladrillo.

Un solo cuento: la mudanza. Mudamos toda la biblioteca (de donde está ahora la oficina de la Presidenta) a la nueva biblioteca; todo en un día. Me pasé no sé cuántos días midiendo lo largo de los libros, sacando cuenta de qué secciones crecían para entonces decidir qué libros iban a ir en cada estante, etcétera, etcétera. Hicimos todo un plan: lo marcamos todo, hicimos unas cajas donde se iba a colocar una fila entera de libros, hicimos una cadena humana y empezamos a mandar libros para allá. Todo iba fantásticamente bien hasta que tres estudiantes, cuyos nombres no voy a decir porque son ahora pastores respetables jubilados decidieron que era la hora de irse a tomar el café y dejaron los libros en el piso, donde antes era el “parqueo”. Y se fueron a tomar el café y se formó un tapón de Bayamón, y tuvimos que salir corriendo a dirigir el tránsito, porque no había manera. Los libros empezaron a amontonarse y había que seguirlo todo en orden. En todo caso, fue una cosa maravillosa y una experiencia tremenda. Bueno, la biblioteca se ganó un premio de arquitectura y ha sido un lugar fantástico que ha servido, como ustedes saben, ya a varias generaciones de estudiantes, profesores donde todavía hoy dan deseos a cada rato de ir porque sé que allí hay cosas que yo no tengo y que necesito usar. Le agradezco mucho al Seminario los años que pude pasar por allá con ustedes y a los estudiantes que estaban entonces y los que han venido después. Les deseo toda clase de bendiciones y otros cincuenta años más de producción tan bella y tan importante como la de los últimos cincuenta años del Seminario. Muchas bendiciones a todos. Hasta pronto. Transcripción del saludo de Justo González en ocasión del 50 Aniversario de la Biblioteca Juan de Valdés


AGRADECIMIENTOS 

Consejo de Estudiantes SEPR.

Personal Administrativo y Personal de Asuntos Académicos del SEPR.

Nuestra Presidenta Dra. Doris García y el Decano Dr. Francisco Goitia.

La Iglesia Discípulos de Cristo de Puerto Rico por la restauración externa de la Biblioteca.

Personal de mantenimiento por ayudar en la restauración interna y pintura.

Facultad Regular y Adjunta del SEPR.

Asociación de Graduados y Graduadas del SEPR.

Sarah González.

Estrella Baerga.

Rvda. Marysol Díaz, Capellana SEPR.

Estudiantes del SEPR.

Estudiantes Asistentes de Biblioteca.

Miguel Dros.

Carmen Patxot.

Yahaira Centeno.

Roberto Nieves.

Sínodo Presbiteriano Borinquén.

Raúl Santiago - Rivera

Gustavo Quintero - Casadiego

Estudiantes de la Universidad Politécnica.

Oscar Santana.

Manuel Quijano.

...a todos y todas quienes de alguna manera nos han ayudado y que se nos han escapado su nombre muchas, muchas gracias. Dios les bendiga.


Profile for Biblioteca Juan de Valdés

Biblioteca Juan de Valdés 50 Aniversario  

Publicación conmemorativa del 50 Aniversario del edificio Biblioteca Juan de Valdés.

Biblioteca Juan de Valdés 50 Aniversario  

Publicación conmemorativa del 50 Aniversario del edificio Biblioteca Juan de Valdés.

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