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ello supone. En lo que respecta al cambio de paradigma en la relación hombre-naturaleza, no debemos dejarnos llevar por la falsa apariencia de que lo que está en juego es una simplificación identitaria de lo humano dentro de una línea naturalista de corte cientificista, incorporada a nuestro acerbo cultural a lo largo del siglo XIX. Reinterpretaciones del mismo paradigma darwiniano están aún por hacerse más allá de las estructuras constrictivas que han aportado los modelos de conocimiento científico - y su traslación al campo de las ciencias humanas y de la vida- establecidos desde el siglo XVIII por el empirismo, y posteriormente por el positivismo lógico y la filosofía analítica. Como ha indicado E . Trías, " [...] nuestra malograda Ilustración, debido a la hegemonía de la razón positiva e instrumental, está necesitada de recuperar las posibilidades hermenéuticas del lógos simbólico, que se alimenta de mythos".6 Aquellas dimensiones de la naturaleza que tienen más que ver con lo nouménico - por emplear un término kantiano- han de ser rescatadas para conseguir una comprensión que supere la dimensión cognoscitiva-dominadora que de la relación hombre-naturaleza ha desarrollado, prácticamente en exclusividad, el pensamiento occidental desde el Renacimiento. Una nueva filosofía del bíos y de todo su ámbito - biosfera, ecosistemas- se plantea como el gran reto de la filosofía natural y de

la metafísica del siglo XX!.7 EnJonas (Das Prinzip Verantwortung) encontramos ya un punto de vista sintético que nos muestra la integración entre biología y metafísica, que ya estaba presente en muchas filosofías de lo viviente de los años sesenta. En la conocida Teoría general de los sistemas (1968), L. Von Bertalanffy afirmaba ya: "La vida no es un instalarse a gusto entre las arboledas preordenadas del ser. Es, en el mejor de los casos, un élan vital inexorablemente empujado hacia una forma superior de existencia. Esto es metafísica y símil poético, ni que decir tiene, pero al fin y al cabo así es cualquier imagen que tratemos de formarnos acerca de las fuerzas impulsoras del universo".8 Aunque en ocasiones nos parezcan radicalmente diferentes, los modos de aproximación al problema ambiental desde el marco de la filosofía pura y desde el propio de la filosofía práctica resultan claramente convergentes. En el ámbito de la filosofía práctica, la "crisis ecológica" ha dado lugar al desarrollo de argumentos éticos que tratan de clarificar las actuaciones humanas en las sociedades altamente tecnificadas, en el m arco de una racionalidad que supere los enfoques puramente utilitaristas y mercantilistas, b~o los que aparece la relación hombre-naturaleza en el mundo moderno. Las denominadas environmental ethics, desarrolladas fundamentalmente durante la década de

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Énfasis Carlos Dore Cabral

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