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o más, llegando a una tercera parte aquellas que son flor de un día. Además, es importante resaltar que los blogs no tienen por qué hacer periodismo; es más, la gran mayoría de ellos tiene poco que ver con él. Más allá del número de blogs que pueblan el ciberespacio, lo especialmente interesante y significativo de estos diarios de alcance mundial es la interacción que pueden desarrollar con los internautas y entre sí, dando lugar a participados debates e iniciativas que bien pueden hacer mella en los discursos dominantes de los medios convencionales. Así, los trackbacks son una especie de hiperenlaces inversos que permiten saber que alguien ha enlazado nuestro artículo, y avisar a otro weblog de que estamos citando uno de sus artículos. Estos mensajes aparecerán en la lista de comentarios del artículo referido. 2 Otro rasgo que configura la llamada blogoifera es la capacidad de suscripción para poder hacer seguimiento de los blogs favoritos sin tener que teclear sus direcciones. Para ello sólo tendrán que "sindicarse" al web deseado utilizando el código RSS (formato de redifusión o sindicación web). La sindicación permite publicar de manera automática las actualizaciones en una página web volcando en ella el código RSS o bien recibir notificaciones cada vez que la información se actualiza, para lo que es necesario utilizar un agregador de contenidos. Un agregador es una especie de agenda personalizada de contenidos donde el usuario acumula y gestiona sus suscripciones. Los agregadores se convierten así en espacios básicos para la configuración de la blogosfera y en potenciales generadores de opinión. La historia reciente ya ha dado algunos ejemplos de cómo la información que fluye de manera eminentemente marginal en la blogosfera puede conseguir conectar con la agenda de los medios convencionales e incluso llegar a cambiar su discurso. Es lo que ocurrió con Trend Lott, un senador republicano de Estados Unidos que se vio envuelto en una situación mediática muy delicada en diciembre de 2002 como consecuencia de sus comprometedoras palabras de admiración por el programa racista del candidato republicano a las elecciones presidenciales de 1948. Un ejem-

plo similar fue el ocurrido en el año 1998 al ex presidente Bill Clinton en el caso Lewinsky. Son ejemplos, no obstante, claramente excepcionales. No hay que olvidar las expectativas que se abren en el desarrollo de nuevas líneas de colaboración a través de la cada vez más sofisticada y asequible tecnología móvil, que pone en las manos de cualquier ciudadano una verdadera unidad móvil multimedia. Siguiendo la estela de la eclosión de la blogosfera, aparecieron a mediados de 2003 los primeros moblogs, también conocidos como photoblogs, es decir, bitácoras que se actualizan desde un teléfono celular dotado de cámara fotográfica. Un ejemplo ilustrativo es el cuaderno digital The Border: Where Two Worlds Meet, en el que el periodista Louie Villalobos recoge información gráfica sobre los problemas de inmigración y narcotráfico en la frontera de Arizona con México.

Adaptación Mientras se refuerzan estos fenómenos de participación digital, el periodista profesional parece mantener una imagen mítica más propia de aventureros o detectives que tiene muy poco que ver con la pobreza intelectual de la realidad cotidiana que le toca vivir a la mayoría de los profesionales de la información, mucho menos con el menguante reconocimiento que le concede el mercado, catalizador dominante de los fenómenos socioeconómicos de este mundo globalizado. Ambos aspectos -calidad profesional y estabilidad laboral- establecen las coordenadas de una ocupación que está en vías de extinción para muchos estudiosos. En un entramado cada vez más concentrado y vertical como el que vive el periodista del siglo XXI, estos temores encuentran su principal exponente en CNN, pauta que tiende a sustituir el triángulo acontecimiento-mediadorciudadano, con el que Ignacio Ramonet (1998) metaforiza el modelo tradicional de comunicación social, por un eje con el que los medios tratan de poner en contacto directo al ciudadano con el acontecimiento, convirtiendo así a los mediadores en convidados de piedra o, en el mejor de los casos, en "meros obreros de una cadena de montaje".

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Énfasis Carlos Dore Cabral

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