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entorno inmediato, plazas y calles que rodean el conjunto, incluyendo el mejoramiento del trá nsito; la conservación de sus es tructuras; la climatización de la Basílica, y la creación del Museo de la Catedral. Es un proyecto muy bonito que dirijo desde la Unidad Ejecutora, que es el punto de contacto con la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado y que cuenta con la supervisión de Tecnoamérica. C uéntenos un poco sobre el M useo de la Catedral. El museo estará aloj ado en el edificio de la R eal Cárcel, sobre la calle Arzobispo Meriño, el cual data del siglo XV I. Existe un equipo de restauradores, dirigidos por J osé M iura, que están catalogando m ás de 300 piezas y obras de arte. La urbanística colonial colocaba alrededor de la Plaza de Armas o Plaza Mayor los edificios de gobierno, que generalmente eran tres: el edificio del Ayuntamiento de la ciudad, el poder municipal; el edificio del gobierno del territorio, y la Catedral. Adem ás estaba la cárcel pública. En Santo Domingo este desarrollo urbano empezó de otra manera. En mi libro L a ciudad del Ozama describo cómo el centro de la ciudad se encontraba cerca del desembarcadero, por esto se construyen ahí el Alcázar, las Casas R eales y la sede de la primera orden mendicante, el convento de los Franciscanos. Esa era la plaza que empezaba en la cañada , y que por la geografía del lugar se llamó plaza de Abajo, hasta que, a partir de 1520, se llamó plaza del Cordón debido a la construcción de la C asa del Cordón o Casa del Contador.

Ahora que ll1enciona este libro, sabell10s que está en call1ino una nueva edición. La librería C uesta generosamente decidió sacar la cuarta edición del libro, lo cual no tenía en planes. Yo le cedí los derechos. Ya han sido publicadas tres ediciones de 1,000 ej emplares cada una. El libro ha sobrevivido al tiempo y al parecer mantiene su vigencia como documento de consulta. Es un docull1ento ll1uy valioso. Sí, y aunque no lo creas, mucha gente del área aún no lo conoce. El libro no ha recibido nunca publicidad pues se agota tan pronto sale, en un círculo muy reducido. Hasta ahora no había necesidad de hacerla. Pero ahora me interesa que se haga. Quisiera que terll1inara esta conversación con una visión general de la situación y 10 que se puede esperar. La comparación de la ciudad que encontramos en 1966 y la actual da una visión clara de que el programa que se ha llevado a cabo ha sido exitoso, es m ás, muy exitoso, hasta el punto de que la O U la declara patrimonio mundial. E l programa fue bueno porque el grupo de conservadores que trabajó - cohesionados alrededor del ingeniero Báez- fue bueno. Ahora el gran reto es mejorar esto, conservar, revitalizar la ciudad. El éxito ha sido tal que las propiedades han multiplicado su valor, los precios de los inmuebles se han disparado y están pasando a manos de extranjeros. El peligro es que no somos rigurosos al otorgar los permisos de construcción, ni tampoco al establecer las

regulaciones, pero tampoco somos generosos en los incentivos que h ay que ofrecer a la gente para que la ciudad conserve el equilibrio de su diseño original. Y, ¿dónde radica este equilibrio? Una ciudad es un cor~unto de casas donde vive gente, que sale a sus trabajos, que recorre sus calles y sus plazas. Si se rompe el equilibrio entre vivienda, vecindario y barrios, la ciudad se desconcierta. No se puede tener una ciudad de casas de comercio, bares o, peor aún, prostíbulos, así no hay equilibrio. Mantenerlo debe ser producto de una experiencia de m anejo de centros históricos. No se puede permitir que se desborde en función del turismo, que todas las estructuras se conviertan en negocios, porque la ciudad se daña y se convierte en lo que no es. Las estructuras históricas se comienzan a decorar o maquillar con ladrillos o piedras nuevas, como hay muchos ej emplos. Lo que quiero decir es que la estructura de la Ciudad Colon ial son sus monumentos, sus parroquias y sus barrios, San Antón, Santa Bárbara, San Miguel, el Carmen, el Convento, en fin, es esto lo que hay que conservar. Carmen Ortega González estudió

Arquitectura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. Desde 1996 es columnista y coeditora de la revista dominicana Arquitexto, Ha participado en proyectos e ditoriales como La ciudad del Ozama, d e Eugenio Pérez Montás, 4 visiones de arqui-

tectura contemporánea, de la editora Arquitexto, y Arquitectura caribeña: residenóas, de Gianfranco Fini,

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Énfasis Carlos Dore Cabral

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