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Leer juntos – Institutos Fraga, martes 18-9-12, 21’30 h. en el IES Bajo Cinca

TRES SONETOS CLÁSICOS Y DOS MODERNOS SONETO XIII Garcilaso de la Vega (1498-1536)

A Dafne ya los brazos le crecían, y en luengos ramos vueltos se mostraba; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que el oro escurecían. De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros, que aún bullendo estaban: los blancos pies en tierra se hincaban, y en torcidas raíces se volvían. Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía este árbol que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño! ¡Que con llorarla crezca cada día la causa y la razón porque lloraba!

UN SONETO ME MANDA HACER VIOLANTE Lope de Vega (1562 – 1635)

ES HIELO ABRASADOR Francisco de Quevedo (1580-1645)

Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal aprieto; catorce versos dicen que es soneto: burla burlando van los tres delante.

Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente, es un breve descanso muy cansado.

Yo pensé que no hallara consonante y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Es un descuido que nos da cuidado, un cobarde con nombre de valiente, un andar solitario entre la gente, un amar solamente ser amado.

Por el primer terceto voy entrando y parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando.

Es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero paroxismo; enfermedad que crece si es curada.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho que voy los trece versos acabando; contad si son catorce, y está hecho.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo. ¿Mirad cuál amistad tendrá con nada el que en todo es contrario de sí mismo!


SONETO PARA CANTAR UNA AUSENCIA Ángel González (1925-2008)

Las horas pasan, pasan lentamente vacías de ti, llenas de tu memoria. Tu ausencia rompe el hilo de mi historia, aísla como un foso este presente, dejándome indefenso e inocente entre la espada aguda de la gloria de haberte amado ayer, y la ilusoria esperanza de amarte eternamente. No dirijo mi vida, y el futuro se presenta inseguro, turbio, incierto. Me atengo sólo a ti, que no te tienes. Me inclino sobre ti, endeble muro de mis lamentaciones: roto, abierto, hendido dique en el que me contienes.

APARTHEID SONETO Avelino de Araújo

120918 Pesentacion  

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