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LA PREHISTORIA DEL VALLE DE TEHUACAN VOLUMEN UNO

MEDIO AMBIENTE Y SUBSISTENCIA

Editado por Douglas S. Byers

Publicado por la Fundaci贸n Robert S. Peabody Phillips Academy, Andorver

Medio Ambiente y Subsistencia

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UN ENFOQUE

UNIVERSITY OF TEXAS PRESS . AUSTIN & LONDON

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Published in Great Britain by the University of Texas Press, Ltd., London Library of Congress Catalog Card Number 67-17873 Copyright Š 1967 by University of Texas Press All rights reserved The preparation and publication of The Prehistory of the Tehuacan Vally has been assisted by grants from the National Science Foundation Typesetting by Service Typographers, Indianapolis, Indiana Printing by The Meriden Gravure Company, Meriden, Conneticut Binding by Universal Boockbindery, Inc., San Antonio Texas

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CONTENIDO Prefacio Introducción Capítulo 1. UN ENFOQUE INTERDISCIPLINARIO PARA UN PROBLEMA ARQUEOLÓGICO. Richard S. MacNeish Capítulo 2. LABORATORIO Y TECNICAS DE CAMPO Richard S. MacNeish Capítulo 3. LA REGION Y SU GENTE Douglas S. Byers Capítulo 4. CLIMA E HIDROLOGIA Douglas S. Byers Capítulo 5. ESTUDIOS GEOLÓGICOS Jean Brunet Capítulo 6. ESQUELETOS HUMANOS James E. Anderson Capítulo 7. CODICE BORGIA Y LA FASE “VENTA SALADA” Robert Chadwick y Richard S. MacNeish Capítulo 8. LA FAUNA VERTEBRADA Y PATRONES DE CAZA Kent V. Flannery Capítulo 9. MAIZ PREHISTORICO SILVESTRE Y MAIZ CULTIVADO Paul C. Mangelsdorf, Richard S. MacNeish y Walton C. Galinat Capítulo 10. FASEOLOS ARQUEOLÓGICOS DE TEHUACAN Lawrence Kaplan Capítulo 11. CURCUBITÁCEAS DE LAS CUEVAS DE TEHUACAN Hugh C. Cutler y Thomas W. Whitaker Capítulo 12. RESTOS DE PLANTAS C. Earle Smith, Jr Capítulo 13. UN SEGMENTO DE UN CAPULLO DE ALGODÓN DE LA CUEVA DE COXCATLAN Stanley G. Stevens Capítulo 14. ANÁLISIS DE LOS COPROLITOS DE TEHUACAN Eric O. Callen Capítulo 15. UN RESUMEN DE LA SUBSISTENCIA Richard S. MacNeish BIBLIOGRAFIA

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PREFACIO DEL EDITOR

L

a Prehistoria del Valle de Tehuacán hará que los descubrimientos del proyecto Arqueológico Botánico de Tehuacán se conozca, los cuales, durante cuatro temporadas de campo, 1961-1964, buscaron descubrir con los inicios de la agricultura en el Nuevo Mundo y el surgimiento concomitante de la civilización autóctona. Este proyecto, auspiciado por la Fundación Nacional de Ciencias y la Fundación Rockefeller, fue la ópera máxima de R. S. MacNeish, investigador asociado, de la Fundación R. S. Peabody, quien lo enfocó como un proyecto interdisciplinario. Como tal, fue el primero de su especie de ser llevado a cabo en Mesoamérica. Unidos en un equipo para recolectar información o analizar material reunido en el curso de las excavaciones arqueológicas, hubo gente capacitada en botánica, zoología, geología y antropología. Cualquier carencia ya sea en lo que a “ínter” o la “disciplina” se refiriere, en los estudios resultantes, pudiera bien surgir de la naturaleza pionera de este estudio. En esta etapa, es fácil ver como que el proyecto puede haber sido llevado al cabo para su mejor ventaja para las ciencias contribuyentes. Aunque habían aparecido algunos reportes preliminares de los descubrimientos en otras partes, un buen número de “primeros” estudios referentes a la región, aparecerán en esta serie por vez primera. Este, es el primero de seis volúmenes que presentan los descubrimientos, relacionados principalmente con los campos diferentes a la arqueología, con el Valle de Tehuacán y sus alrededores inmediatos, con su historia natural y sus recursos naturales, con su gente, y con actividades de gente que enfrentó la necesidad de obtener la mayor posible ventaja de lo que parecen haber sido recursos en proceso de deterioro progresivo de un medioambiente más hostil y desalentador. En este volumen, se incluyen los datos referentes a la domesticación de plantas americanas nativas y sus mejoras subsecuentes. Los descubrimientos relacionados a la domesticación del maíz, deberán responder a muchas preguntas relacionadas al origen de esta planta importante, pero dejan muchas más para ser respondidas posteriormente. El hecho de que muchas plantas económicas fueran explotadas en una fecha anterior resultará sorprendente para muchos.

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UN ENFOQUE

La carencia de espacio y los problemas de tiempo, han hecho imposible incluir en este volumen información amplia acerca del desarrollo de la irrigación que ha sido reunida por R. B. Woodbury y sus colegas. A pesar de su obvia conexión con las actividades agrícolas, este material tuvo que ser relegado a otro volumen. El volumen II se refiere a los artefactos no cerámicos de los antiguos habitantes del Valle de Tehuacán, y con la identificación y seriación de artefactos para derivar una cronología relacionada al Valle. También está relacionada con la distribución de tales tipos y con las posibilidades de tal distribución en el tiempo y el espacio como medios de reconstruir unidades culturales y sus relaciones, ya sea a una escala local o a otra más amplia. El volumen III se relaciona a los artefactos cerámicos. Los tepalcates, vasijas y figurillas desenterradas en las excavaciones serán descritas, discutidas y utilizadas en la reconstrucción de la historia cultural y mercantil del Valle y la ubicación de las ciudades creciente y principados en lo que se refiere a desarrollos contemporáneos en México, más allá del Valle de Tehuacán. El Volumen IV estará relacionado o enfocado hacía la cronología, tanto relativa como absoluta. Las relaciones estratigraficas y los tipos sucedáneos de artefactos, suministrarán la clave para una cronología relativa, pero el fechado del radiocarbón mantiene la clave para el fechado absoluto. Al combinar las dos, la cronología absoluta y la cronología relativa, un cálculo de la tasa de crecimiento de la cultura, que progresivamente se incrementa en riqueza y complejidad, pudiera derivar de ello. El Volumen V incluirá reportes detallados de la investigación arqueológica y de las varias excavaciones, con las secciones respectivas para demostrar las relaciones estratigráficas en el piso. También, intentará reconstruir la manera de vida representada en cada unidad ocupacional. El Volumen VI, el volumen de conclusión tiene la intención de contener un resumen de lo que ha sido presentado en los otros volúmenes, para poder extraer conclusiones referentes al proceso que transforman a una sociedad simple y de recolectores, en una civilización sofisticada y urbana basada en las diferencias de clase y casta. Hemos intentado imbuir unidad a estos volúmenes. El que estos intentos no hayan tenido un éxito absoluto, será aparente al lector casual. Es difícil procesar tantos manuscritos de tantos autores de tal manera que se eliminen

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todas las diferencias en estilo. Es obviamente imposible forzar un acuerdo en todo, aún cuando algunas contribuciones individuales parten radicalmente de los hallazgos de otros contribuyentes. El intentar hacerlo, sería poner un carácter azul gris a lo que eventualmente pudiese probarse como golpes de genio y de visión. La Fundación Nacional de Ciencias, ha auspiciado la preparación de estos manuscritos, aunque parecía un trabajo que nunca habría de acabar. A los directores de programas sucedáneos de Antropología, Allan. H. Smith y Richard W. Lieban, y a través de ellos, a la Fundación Nacional de Ciencias, les expresamos nuestra gratitud por su paciencia y aliento. Reconocemos con gratitud las contribuciones importantes a este volumen hechas por Frederick Johnson. Él organizó una conferencia de los autores de la cual este volumen tomó forma. Él lo cinceló y en gran parte reconformó, los manuscritos de varios capítulos. El éxito de las ilustraciones de otros capítulos es enteramente atribuible a su interés y minucioso cuidado. Con Nancy H. Flannery del Proyecto Arqueológico Botánico de Tehuacán, estamos en deuda por varias piezas importantes de obras de arte en más de uno de los volúmenes. Las hábiles y capaces manos de Ashley Baker de la Fundación Robert S. Peabody de Arqueología, han tornado a la ilustración del capitulo del Códice Borgia, así como a otra obra de arte y la elaboración de impresos fotográficos. Ella representó un valor incalculable para preparar muchas de las complicadas tablas en el volumen I. Hubiese sido imposible llevar a cabo el trabajo hasta su terminación, sin el solidario apoyo de los esfuerzos de Chase J. Duffy, quién se echó a cuestas la mayor carga editorial. Douglas S. Bayers Director de la Fundación R. Peabody Andover, Massachusetts Agosto de 1966.

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INTRODUCCION

INTRODUCCIÓN Richard MacNeish”

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e me hace un tanto difícil iniciar los reportes de Tehuacán a excepción hecha de una nota muy personal. Dado que las temporadas que pasé en el campo en Tehuacán, se encuentran entre las más emocionantes y satisfactorias de mi vida. Desde mi infancia he estado interesado en las Arqueologías Maya y Mexicana, así como en los procesos por los cuales las civilizaciones llegaron a consolidarse posteriormente. Por supuesto, comprendí que el origen de la civilización está muy estrechamente vinculado al desarrollo de la Agricultura y que ello en el Nuevo Mundo significaba el maíz. Pasaron muchos años antes de que yo pudiera llevar al cabo este estudio del surgimiento de la civilización en Tehuacán, así como de encontrar rastros de los orígenes de la Agricultura del maíz. Para mí, el Proyecto de Tehuacán, realmente se inició en 1945-1946, cuando a petición del Doctor Fay Cooper Cole bajo el patrocinio del Departamento de Antropología de la Universidad de Chicago, llevará al cabo un reconocimiento arqueológico de la parte costera de Tamaulipas en el Noreste de México, con la finalidad de buscar conexiones culturales Prehistóricas entre Mesoamérica y la parte Sureste de Estados Unidos. En el transcurso de este proyecto, descubrimos evidencia del hombre primitivo de dos complejos culturales antiguos, caracterizados por la recolección de alimentos, así como los primeros pasos hacia la Agricultura. La temporada también fue importante para mí, porque obtuve experiencia valiosa en la investigación y descubrimiento de sitios precerámicos en Mesoamérica. Yo había aprendido de primera mano, que las cuevas y regiones de México ciertamente contenían restos precerámicos estratificados y que entre éstos se encontraban algunos restos de plantas. Este primer esfuerzo agregó poco a la búsqueda del maíz primitivo y el origen de su domesticación, como tampoco lo había logrado la investigación arqueológica anterior en Mesoamérica. El trabajo arqueológico previo a 1945 en Sudamérica y México, había conducido a la creencia que la agricultura del maíz no se había practicado mucho antes del año 1000 a.C., ni se pensaba que el cultivo del maíz pudiera remontarse a época anterior a la era Cristiana el Suroeste de los Estados Unidos.

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INTRODUCCION

Los estudios botánicos contemporáneos relacionados con el origen del maíz habían avanzado para converger en tres teorías: 1.- El maíz había evolucionado en Mesoamérica a partir de una planta silvestre, el Teosinte. 2.- Que el maíz había evolucionado de una planta en Sudamérica. 3.- Aún más, el maíz había sido domesticado proviniendo de una planta endémica en el Sureste de Asia. Estabamos muy distantes de tener algunas respuestas a este problema del maíz, y nuestras suposiciones ni siquiera eran aproximadas. En 1948 y 1949, la situación cambió para bien. Se descubrieron pequeñas mazorcas de maíz primitivo en el año de 1948 en la Cueva del Murciélago, en Nuevo México. Posteriormente el carbón vegetal que se encontró con ella, la situaba en una edad aproximada entre los 3000 y 5000 años. Casi tan importante como su antigüedad, era la entrega de las mazorcas por su descubridor, Herbert Dick a Paul C. Mangelsdorf, Profesor del Departamento Fisher de Historia Natural en la Universidad de Harvard para su estudio y análisis. Casi al mismo tiempo y cavando la Cueva de la Perra durante la segunda expedición a Tamaulipas a principios de 1949, descubrí otros restos de maíz primitivo. Una parte de éste, fechado por el laboratorio de carbón nos daban aproximadamente 2500 años a.C., también fue remitido al laboratorio de Mangelsdorf. El descubrió que el maíz primitivo de la Cueva de la Perra, mostraba algunas semejanzas al Nal-Tel, una de las razas del maíz primitivo moderno, previamente definidas por Wellhausen, Roberts, Hernández y Mangelsdorf. (1952). Mangelsdorf identificó al primer maíz de la Cueva de la Perra como Pre-Nal-Tel (Mangelsdorf,Galinat y MacNeish (1956). El resumen de esta investigación, indicaba que el maíz fue probablemente domesticado en Mesoamérica más aún que en Sudamérica o Asia, y que muy posiblemente antes del año 3000 a.C. Aún más, estas investigaciones, indicaban claramente que el origen del maíz domesticado pudiera ser descubierto de manera más exacta por una investigación conjunta entre los botánicos y los arqueólogos. En la siguiente etapa de nuestras investigaciones -de 1951 a 1955, Mangelsdorf y un servidor, hicimos un esfuerzo conjunto para buscar al primer maíz domesticado que ciertamente era escurridizo, como una parte de este esfuerzo fui a la parte Sudoccidental de Tamaulipas. Mis descubrimientos probaron de manera definitiva que el maíz fue domesticado, no en esa región

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sino que al sur de ella. Otro tipo de información comenzó a fluir proveniente de diferentes fuentes. Robert H. Lister, quien trabajaba en Chihuahua y Sonora, descubrió restos de maíz que demostraban que el maíz fue originalmente domesticado al Sur de esos Estados. Mientras 1. BAT CAVE 2. CUEVA DE LA PERRA tanto la investigación efectuada 3. CUEVA DE LAS GOLONDRINAS 4. VALLE DE MÉXICO por P. B. Sears y K.H. Clisby 5. GUATEMALA Y HONDURAS 6. CUEVA DE STA. MARTHA 7. VALLE DE TEHUACAN (en 1955) en el Valle de México, nos condujo a pensar que el maíz fue domesticado aún más al sur, aún cuando el polen identificado como el del maíz, y probablemente maíz silvestre, se descubrió en unas muestras, en barrenos de prueba en niveles asignados a una era mucho más antigua que la del polen, que se juzgaba o se creía que era de maíz doméstico y que se había encontrado en niveles más recientes (Barghoorn y Auxiliares (1954). Fig. 1. La búsqueda de maíz temprano en el suroeste de los Estados Unidos y Mesoamérica

Debido a los descubrimientos en la parte Norte de México, trasladamos nuestras operaciones bastante más al Sur. En 1958, busqué cuevas secas en Honduras y Guatemala. Aunque encontré restos que eran posiblemente precerámicos no incluían al maíz. Al año siguiente Frederick A. Peterson, quien había trabajado con la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo, y un servidor, iniciamos excavaciones en la cueva de Santa Martha en la parte Sur de Chiapas. Los estudios del polen obtenidos ahí, indicaban que el polen del maíz no era suficientemente antiguo para ratificar la presuposición de que esa región fuese la tierra de origen del maíz. Tal parecía que Chiapas estaba demasiado al Sur, así como la Ciudad de México, Tamaulipas y el Noroeste de México estaban demasiado al Norte.

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Como resultado de nuestros esfuerzos arqueológicos hasta 1959, nosotros creíamos que el maíz probablemente fue domesticado antes del año 3000 a.C.; muy probablemente en un área al Sur del Valle de México pero al Norte de Chiapas. Los estudios de Mangelsdorf, indicaban y orientaban a la probabilidad que el ancestro del maíz era planta de las tierras altas, muy diferente al maíz palomero encontrado en la Cueva del Murciélago y en el Suroeste de Tamaulipas. Descubrimientos previos habían revelado que los restos de la planta, deberían de encontrarse en cuevas secas en regiones secas. También sabíamos que las cuevas o refugios de rocas, generalmente se encuentran en un terreno profundamente disectado. Un estudio de precipitación pluvial, clima, topografía e información geológica, conducía únicamente a tres regiones similares que podrían llenar estos requisitos. Una era el Sur de Oaxaca, otra era el Río Balsas o Región de Mescala en Guerrero y la tercera era el Valle de Tehuacán en el Sureste de Puebla y, en la parte Noreste de Oaxaca. Aunque visité por corto lapso de tiempo a Oaxaca y el Valle de Tehuacán a finales de la temporada de 1959, hice muy poco en lo referente a búsqueda de cuevas. Tal vez la parte más redituable de esta visita inicial fue el encuentro con el Señor Ricardo Gutiérrez, en ese tiempo Subgerente del hotel Peñafiel en Tehuacán, quien de manera entusiasta me ayudó, de muchas maneras, a llevar al cabo mi “Cacería del maíz”. Una búsqueda breve alrededor de Mitla, Oaxaca, después de la Navidad de 1959 puso al descubierto numerosas cuevas, probablemente con restos Precerámicos, pero ninguna parecía ser suficientemente seca, ni tener en los depósitos de desechos la suficiente profundidad para contener maíz realmente antiguo, así que regresé a Tehuacán. Ahí, en enero de 1969, por medio del Señor Gutiérrez, conocí a Luis Vázquez, Director del Museo de la Revolución en Puebla, quien generosamente me auxilió para continuar mi proyecto. Armado con un permiso federal de Arturo Romano del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de una serie de cartas dirigidas a las autoridades locales y equipado con herramientas prestadas, inicié las exploraciones en el área de Tehuacán. Con la compañía de un aburrido teniente del Ejercito del cuartel local quien tenía órdenes de protegerme, hice mi primer viaje a lo largo de la carretera entre Chazumba y Huajuapan de León, Oaxaca, visitando dieciséis cuevas. Todas se encontraban en depósitos volcánicos demasiado porosos no aptos para la preservación de materiales vegetales, Otras cuatro cuevas al Sur de Ajalpan fueron igualmente improductivas. En un segundo viaje ésta vez bajo la protección de un muy asombrado sargento, visité cuatro cuevas cerca de Zapotitlán, Puebla y una cueva pasando Tequixtepec, Oaxaca. Esta última

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cueva, así como la de Zapotitlán dieron señas de contener relleno estratificado que pudiese esconder restos orgánicos, pero ambos albergues eran muy pequeños. Otras cuevas visitadas en la compañía de un dormilón cabo del Ejército, incluyeron cinco, cerca del pueblo del Riego, justo al Norte de Tehuacán, tres al Noreste de un pueblo a lo largo de la carretera a Veracruz y tres solo a 1 kilometro al Sur de la Ciudad de Tehuacán. Todas tenían posibilidad, pero los prospectos de encontrar restos de maíz primitivo en cualquiera de ellas, no parecía ser muy alentador. Después de echarle un vistazo en tres docenas de sitios sin mucho éxito, entregué una serie de formas que los maestros locales me habían hecho favor de llenar a petición de Luis Vázquez. Tres de las mencionadas formas señalaban cuevas en el Municipio de Tehuacán. Una de las personas que respondió, mencionaba una cueva cerca de Altepexi y otra de una cueva al Oriente de Ajalpan. Las visité finalmente pero revelaron pocas cosas de interés. La tercera cueva que se decía estaba localizada en la colina llamada Agujereado al sur del pueblo de Coxcatlán, Puebla, fue descrita por la Señorita Bertha Martínez, habitante de ese pueblo. Eventualmente después de un breve interrogatorio, encontré a la Señorita Martínez. Ella amablemente dispuso que su hermano Héctor y un guía, Pablo Bolaños, me llevaran a esta cueva, a unos 10 kilómetros al Sur de Coxcatlán. Después de una larga y calurosa caminata a lo largo de los bordes de las montañas, al través de espesos matorrales de cactus y mezquites, llegamos al albergue de roca. Aún a la distancia se veía prometedor. Los artefactos y desechos en la superficie, el tamaño del albergue, y la cantidad de material vegetal que yacía debajo del estiércol de las cabras cubriendo el piso, nos daba la impresión que éste era un sitio que debía probarse. Del 21 al 27 de Enero nosotros tres: Pablo, Héctor y yo muestreamos esta cueva. Detrás de una roca ubicada aproximadamente en el centro del albergue, excavamos un cuadro de 2 metros a una profundidad aproximada de 2 metros, utilizando palas y cucharas. Sacamos todo incluyendo el estiércol suelto por cubetadas y lo cernimos al través de una criba para asegurarnos que no perdiésemos nada. Lentamente descubrimos los estratos siguientes. La capa más superficial nos arrojó restos Postclásicos. El estrato siguiente contenía algunos tepalcates clásicos y unos cuantos del Formativo: entonces apareció una capa estéril. Abajo de ella había una gruesa capa que obviamente era precerámica. El 27 de Enero después de almorzar, Pablo, quien trabajaba en el estrato precerámico, extrajo una mazorquita de maíz no mayor a una pulgada de largo. Casi sin poderlo creer, me coloqué en el fondo de la excavación. Después de un corto periodo de trabajar con la cuchara y limpiar los desechos

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con una brocha, descubrí dos pequeñas mazorcas más. Sosteníamos en nuestras manos los posibles ancestros del maíz domesticado moderno. Esta impresión, fue confirmada uno o dos meses después por Mangelsdorf, cuando examinó las mazorcas en la Universidad de Harvard. Posteriormente, las mazorcas se fecharon entre el año 3610 a.C. + - 250 años (M-1089). Esta determinación del radiocarbón en el carbón vegetal asociado se hizo en el Laboratorio de la Universidad de Míchigan, gracias a la amabilidad de James B. Griffin, Director del Museo de Antropología de la Universidad. Estas eran las mazorcas de maíz más antiguas que jamás se hubiesen encontrado!. Después del 27 de Junio hicimos poco trabajo de excavación en lo que llegó a conocerse como la Cueva de Coxcatlán. Hice un reconocimiento del Valle y empecé a analizar el material que habíamos descubierto. El último evento de esta primera temporada, se llevó al cabo el 8 de febrero, cuando José Luis Lorenzo, en ese entonces Director de la Escuela Nacional de Antropología, nos hizo una visita. Lorenzo se dio cuenta de la importancia de nuestros descubrimientos y vino a Tehuacán a ofrecer su apoyo, un apoyo que continuó proporcionando de manera generosa en los cuatro años subsecuentes. En la Primavera de 1960, pensábamos que sabíamos aproximadamente, donde se había domesticado el maíz por vez primera, y teníamos unos cuantos ejemplos de este maíz primitivo como prueba (ver el mapa) aún más habíamos encontrado al menos un sitio estratificado. Y aún mejor, Tehuacán ocupaba una situación estratégica por ser casi el centro exacto de Mesoamérica. La posibilidad que en esta Región pudiésemos encontrar evidencias del desarrollo de la agricultura y el surgimiento de la civilización consecuente era bastante grande. Por lo tanto, con ayuda importante del consejo de Mangelsdorf, hice un plan inicial para el proyecto Tehuacán. Sintiéndome bastante confiado que eventualmente podríamos llevar al cabo nuestro plan, también escribí a Fred Peterson, quien había sido de gran ayuda en la cueva de Santa Martha a C. Earle Smith y a otros para ver si es que estarían disponibles para la investigación propuesta. Debido a su interés demostrado en proyectos disciplinarios y en la flexibilidad de su organización, sentíamos que la fundación Robert S. Peabody de Arqueología estaba bien calificada para administrar un proyecto de colaboración conjunta tal como el que preveíamos. De manera consecuente discutí nuestro plan con Douglas S. Byers y Frederick Johnson Director y Curador, respectivamente de esa Institución. Expresándome su interés, ellos

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ayudaron a elaborar un programa de investigación que habría de llevarse al cabo bajo los auspicios de la Fundación Peabody. Este programa estaba incluido en una propuesta presentada a la Fundación Nacional de las Ciencias en septiembre de 1960, brevemente, nuestro principal objetivo era investigar el desarrollo de la agricultura y el surgimiento de la civilización consecuente en Mesoamerica. El área de investigación era el Valle de Tehuacán en los estados mexicanos de Puebla y Oaxaca. Nuestro enfoque debería de ser interdisciplinario utilizando las habilidades de todos los campos científicos adecuados. Los objetivos inmediatos eran los siguientes: (1)- Encontrar y excavar una serie de sitios estratificados con restos preservados de plantas y animales utilizados como comida por los habitantes. (2)- Establecer una cronología relativa y absoluta del Valle de Tehuacán. (3)- Reconstruir tan ampliamente como fuese posible, los cambios de patrón de su existencia nativos y traer esta información para analizar el problema del origen y difusión de la agricultura en el Nuevo Mundo. (4)- Reconstruir el patrón cultural de cada etapa de la secuencia completa de Tehuacán. (5)- Comparar la secuencia Tehuacán, con secuencias similares que se encuentran en otras partes del mundo con esperanza de aprender como se desenvuelve y desarrolla la civilización, y el porqué se desarrolla. Este programa debería llevarse al cabo por un grupo de arqueólogos de campo relativamente pequeño, quienes trabajarían en colaboración muy cercana con botánicos, paleontólogos, zoólogos, etnógrafos, malacologos y otros a quien habíamos planeado traer a Tehuacán. Entre los botánicos se encontraban personas cuyas habilidades especiales y conocimiento, se centraba en el estudio del maíz, calabaza, frijol, así como el análisis de los coprolitos. Nuestro calendario propuesto, enmarcaba tres temporadas para completar la tarea. Durante la primera temporada de 1960—1961 intentábamos hacer una investigación arqueológica y un reconocimiento botánico y efectuar unas cuantas excavaciones parciales; durante la segunda temporada de 19611962, proponíamos completar la investigación y llevar al cabo nuestras excavaciones principales, en tanto el primer grupo de especialistas iniciaría sus estudios en Tehuacán. Durante la temporada final 1962-1963 los especialistas, deberían completar sus estudios, así como el análisis arqueológico de igual manera y se deberían redactar los reportes finales.

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Ahora cuando veo retrospectivamente este calendario original me sorprendo el descubrir que tan estrictamente seguimos su espíritu, aún cuando no llevamos al cabo todo el detalle con exactitud. Obviamente las condiciones de campo cambiaron, surgieron circunstancias imprevistas, el personal vino y se fue, pero tal vez el factor que cambió más nuestros planes específicos, fue el que simplemente hicimos las cosas mejor de lo que habíamos esperado al principio. Descubrimos más sitios, más estratigrafía, más artefactos, más material orgánico conservado, que ninguno de nosotros (Byers, Johnson y Yo) hubiera imaginado posible. Ojalá siempre me equivocará en mis cálculos por razones como las que acabo de mencionar!. Inherente al proyecto original de Tehuacán, estaba la intención de incorporar información de tantas fuentes diferentes como pudiese ser posible. Sentíamos que la inclusión de tales datos no solo nos daría una historia más completa de la región sino que también la coordinación de la información de un número de campos pudiera ser mutuamente estimulante. Idealmente nuestros estudios especializados habrían de empezar después de que todos estos datos importantes hubieran sido extraídos (y fechados por lo menos de manera relativa) y los problemas particulares de cada disciplina hubiese sido definida. El científico preocupado con un estudio especial había de venir a Tehuacán no sólo a trabajar con su propio juego de datos, pero ver la región y las excavaciones como una base para interpretar sus datos. Finalmente, cuando se fueron concluyendo varios reportes y análisis, esperábamos que hubiese un intercambio y coordinación de cada paquete informativo lo cuál resolvería una amplia variedad de problemas. Cronológicamente, nuestra primera especialista fue la Señorita Monika Bopp quien vino a Tehuacán la primavera de 1961 para recoger polen de los perfiles de nuestras excavaciones. No obstante, antes de que pudieran revisar sus muestras se casó y partió de México. En la primavera de 1963, James Schoenwetter, vino a Tehuacán también para recoger polen. Eventualmente las muestras de polen fueron enviadas a Elso S. Barghoorn y a Henry Irwin de la Universidad de Harvard.. El propósito de los estudios de polen era el determinar los cambios agrícolas, y darnos claves en lo que se refiere a la cronología de los estratos de los varios sitios y determinar los cambios de la vegetación al través del tiempo. Debido al deficiente estado de conservación del polen en nuestros primeros niveles, estos objetivos valiosos no se consiguieron. C. Earle Smith, quien trabaja actualmente en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, de la División de Investigación de Cultivos

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vino a Tehuacán en el verano de 1961 para efectuar una investigación botánica del valle y de sus montañas que le rodean. Él continuó la investigación en agosto de 1962 y en 1963, él identificó los restos vegetales de los sitios arqueológicos. Sus análisis subsecuentes de estos materiales nos dieron información muy adecuada de la flora del valle, así como una buena cantidad de información acerca de los antiguos patrones de subsistencia. Estrechamente ligado al estudio de la antigua subsistencia estaba el análisis de las cucurbitaceas arqueológicas, llevado al cabo en la primavera de 1962 por Hugh C. Cutler Director Ejecutivo de los Jardines Botánicos de Missouri y de Thomas W. Whitaker, genetista decano de investigación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos; el estudio de los frijoles, hecho en el otoño de 1962 por Lawrence Kaplan, quien ahora está en la Universidad de Massachusets, en Boston y los estudios llevados al cabo por Paul Mangelsdorf y Walton O. Galinat en la Universidad de Harvard. Para obtener más información precisa acerca de la dieta, Erick O. Callen del Mcdonald College de la Universidad de McGill, efectuó un estudio de las heces prehistóricas conservadas en los albergues o cuevas de roca seca. Su estudio, iniciado en 1962 y que se prolongó hasta 1964 fue llevado al cabo con minucioso detalle. Como complemento a estos estudios de la subsistencia y el medio ambiente, se efectuaron investigaciones zoológicas. Kent V. Flannery trabaja actualmente en el Departamento de Antropología en las Oficinas de el Museo Smithsoniano, llegó en el verano de 1962 para hacer una investigación de la fauna del Valle de Tehuacán. En 1963 analizó los numerosos restos animales que habían sido descubiertos en las excavaciones. Esta información no sólo se agregó a nuestro conocimiento de la subsistencia antigua, pero también nos dió pistas de los cambios ambientales. La correlación de toda ésta información, tanto zoológica como botánica, nos llena un cuadro completo de la dieta así como de los indicios de las temporadas en las que efectivamente estuvo ocupada la cueva. Aún más, los datos derivados de los estudios botánicos y zoológicos, nos proporcionaron pistas claves acerca de la cronología en la región de Tehuacán. No obstante, los esfuerzos más importantes en esta línea, estaban en las manos capaces de Frederick Johnson de la Fundación R. S. Peabody quién no sólo enseñó a los arqueólogos en 1962-1963 cómo recoger el carbón cuidadosamente, pero fue él mismo quién recogió la mayoría de los especímenes del carbón, organizó la información acerca de ellos, y luego seleccionó los especímenes que habían de ser enviados a la compañía llamada

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Isótopos Incorporados para efectuar las determinaciones de radiocarbón, finalmente hizo su aportación para interpretar el material fechado. Además de estos estudios que son más fáciles de clasificar en conjunto, otro tipo de información especializada provino de varias fuentes. Jean Brunet, del Centro Científico y Técnico Francés en México, efectuó estudios geológicos del Valle de Tehuacán. Los estudios geográficos de la Región fueron hechos por Douglas S: Byers de la Fundación R. S. Peabody. Los sistemas prehistóricos y modernos de irrigación, fueron investigados por Richard B. Woodbury, titular de la Oficina de Antropología del Smithsoniano: James E. Neely y Aubrey W. Williams Jr. de la Universidad de Maryland, James E., Anderson, que ahora está en la Universidad de Toronto, efectuaron un estudio de las facetas morfológicas de los restos de esqueletos humanos extraídos de las excavaciones. La mayor parte de estos estudios se efectuaron en 1964 y continuaron después de que el proyecto se había cerrado. Varias veces la información que se refiere a la Historia y Etnografía del Valle de Tehuacán, fue recabada por Carmen Cook, Aubrey W. Williams y Robert Chadwick. En lo global, estos estudios especializados dieron como resultado información correspondiente a una amplia variedad de fuentes. Las he descrito bajo diferentes subdivisiones y en término de un número de diferentes problemas y aún en este aspecto del proyecto, fue un conjunto coordinado de investigación y funcionó como una unidad que tenía el propósito de entender la antigua historia de la región de Tehuacán. Parte de este proceso unificador, provino de la lectura reciente de los reportes y artículos, alguna provino de la correspondencia y mucha provino de los argumentos y discusiones interminables tanto de manera formal e informal por parte de los varios miembros de la expedición. Nuestros investigadores en Tehuacán me enseñaron, que tan artificial son las barreras entre las diferentes disciplinas y que tan estimulante puede ser el irrumpir al través de ellas. La primera temporada del Proyecto Botánico Arqueológico de Tehuacán, empezó en diciembre de 1960 cuando Frederick A. Peterson, C: Earle Smith y Melvin L. Fowler y yo, nos reunimos en Chicago para planear nuestro programa inicial. Acordamos comprar un jeep que Peterson habría de conducir a México, donde yo me encontraría con él a principios de Enero. Smith descubrió que su calendario le permitiría venir a Tehuacán el siguiente verano para iniciar una investigación botánica, El Doctor Fowler quien actualmente trabaja en la Universidad de Wisconsin en Milwaukee, se reuniría con nosotros en Tehuacán, en Marzo.

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A principios de Enero de 1961, llegué a la Ciudad de México, donde Peterson y un servidor pasamos dos semanas regateando y comprando equipo de campo. José Luis Lorenzo como Director del Departamento de Prehistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia, nos extendió un permiso arqueológico federal oficial. Esta es una de las muchas maneras por las cuales el proyecto de Tehuacán se encuentra en deuda con el INAH, esta institución bajo la dirección capaz del Doctor Eusebio Dávalos Hurtado, nos proporcionó las facilidades, equipo y conocimiento sin el cual, nuestra tarea hubiese sido inmensamente difícil. Deseamos expresar nuestro agradecimiento al Doctor Dávalos por sus múltiples atenciones. Continuamos a Tehuacán donde finalmente establecimos nuestro cuartel en centro de la Ciudad, en una casa grande rentada, de tamaño suficiente para alojar la mayor parte del personal Científico, así como el personal de servicio. Inicialmente utilizamos la casa únicamente como cuartel, oficina y hacíamos nuestras comidas en diferentes partes. Afortunadamente este período no duró mucho. La señora Peterson, Angelita para todos nosotros llegó en Marzo para encargarse de la responsabilidad de la casa. Trajo consigo a Guadalupe y Francisco Molina. Lupe se convirtió en nuestra cocinera y Francisco se volvió indispensable a la operación de muchas maneras. Aunque había efectuado alguna investigación sólo, en 1960 y mis pruebas de la Cueva de Coxcatlán habían rendido frutos importantes, nuestra primera tarea en enero de 1961, era de un reconocimiento extensivo. Originalmente Peterson y Yo, buscamos por medio de una investigación delimitar la región en la que habríamos de trabajar. El área debía de ser seca si es que queríamos encontrar restos de plantas comestibles a partir de las cuales se establecería una secuencia del desarrollo de la agricultura. Tendría que haber de igual manera alguna medida de coherencia cultural si es que habríamos de trazar el surgimiento de la civilización. Por lo tanto comenzamos trabajando una y otra vez alrededor del Valle de Tehuacán, eliminando gradualmente las áreas donde los materiales o artefactos culturales característicos del Valle, no eran ya dominantes o que las áreas que carecían de facetas semidesrticas. Durante enero y febrero de 1961, habiendo definido la región en termino de estos factores, iniciamos una búsqueda intensiva de los sitios. Al principio Peterson y yo hicimos la búsqueda solos. Descubrimos que Angel García Cook, estudiante de la Escuela Nacional de Antropología que nos fue enviado por José Luis Lorenzo, había aprendido la técnica de hacer un reconocimiento arqueológico, así que dejé que los dos continuaran sin mí.

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Mientras tanto, hice preparativos para la excavación de la Cueva de Coxcatlán, ya que Fowler estaba a punto de llegar a finales de Marzo. Antes de que pudiésemos efectuar una excavación a gran escala ahí, teníamos que trazar un camino de la carretera al través de los cactus y los arbustos espinosos. Mientras Peterson y la cuadrilla de trabajadores preparaban el camino, yo empecé a poner estacas en el área para ser excavada y empecé dos pequeñas trincheras transversales en la cueva. Fowler se unió a nosotros tal como se había planeado y eventualmente se encargó de la excavación. Iniciamos con una cuadrilla modesta de tres hombres, la cual aumentamos de forma gradual hasta alcanzar aproximadamente a veinte a finales de abril, ya que la excavación se volvió crecientemente productiva y los trabajadores incrementaron su entrenamiento. Angel García se trasladó a la cueva como supervisor estudiante y asistente de Fowler, donde aprendió técnicas de excavación tan bien, que muy pronto quedó calificado para conducir una excavación por sí mismo. Mientras los especímenes salían de esta excavación, se hacía claro que necesitábamos un asistente de laboratorio, y una vez más, apelamos a nuestro amigo Lorenzo quien envió a la Señorita Antoinette Nelken de la Escuela Nacional de Antropología para ocupar el puesto. Yo en ese entonces, había iniciado excavaciones en la pequeña cueva llamada El Riego, justo al norte de Tehuacán. Ahí excavé con García como mi asistente por un período aproximado de una semana hasta que me di cuenta que él conocía mis métodos tan bien como yo, o quizá mejor que yo y podía llevar al cabo la excavación sin mí. A finales de Mayo, García estaba llevando la segunda excavación en la cueva del Riego, en tanto que Fowler estaba a punto de terminar la primera temporada en la Cueva de Coxcatlán. Durante este tiempo Peterson, ahora acompañado por Francisco Molina, continuaba en la búsqueda de sitios. Su investigación arqueológica estaba caminando bien y daban indicaciones de continuar haciéndolo. Antes de que la temporada terminase, habíamos recibido la visita de Carmen Cook de Leonard, quien nos había ofrecido hacer investigación etnohistórica, y por Irmgard W. Johnson, quien se había ofrecido como voluntaria para analizar los textiles arqueológicos. Las excavaciones en los diversos sitios, terminaron a principios de Junio. Durante el verano, Smith empezó la investigación botánica propuesta. Durante el verano también, con una importante ayuda de Douglas Byers y de

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Frederick Johnson, preparé un reporte de las actividades de la primera temporada que fue publicado en la Fundación R. S. Peabody. La segunda temporada empezó en Diciembre de 1961. A excepción de una camioneta Land Rover, una máquina de escribir de rodillo grande, de materiales para la consulta de visitantes, y repuesto para el equipo de excavación y materiales de arte, la expedición adquirió únicamente pocos materiales. Sin embargo convertimos el gran cuarto de enfrente en nuestro cuartel, en un laboratorio con casilleros, cajones, mesas grandes, luces y otros equipos necesarios. La Señorita Nelken y Angel García, volvieron a trabajar con nosotros. Narciso Tejeda había dominado las complicaciones de nuestro sistema de catálogo, y llevó al cabo su trabajo, dejando libre a Antoinette Nelken de tal manera que pudiese realizar otras tareas. Al principio de nuestra segunda temporada, Peterson me mostró sitos que había encontrado durante el verano. También encontramos algunas cuevas promisorias en el Cañón de Tecorral y en el Arroyo Lencho Diego en el cuál se encuentra en la Cueva de Purrón. En este tiempo, la investigación de Peterson estaba produciendo el promedio de dos sitios nuevos por día. La principal actividad de este periodo era probar las cuevas, y sitios probables con la cuadrilla del Riego. El probar, generalmente consistía en excavar una trinchera de un metro de ancho y tan profunda como el depósito de desechos a través de la parte de la cueva o del sitio parecieran estar mejor estratificadas. Probamos seis cuevas en el Cañón de Tecorral, tres en el Riego, una en San Andrés, cuatro en el Arroyo Lencho Diego y una cerca de la Cueva de Coxcatlán. También hicimos dos pruebas al aire libre, cerca de Ajalpan. A finales de Enero sabíamos qué teníamos que excavar y dónde lo íbamos a hacer. Hacia el final de enero, Angel García se unió a mí para trabajar. En el Cañón de Tecorral empezamos las excavaciones en dos cuevas y el trabajo se terminó a mediados de febrero. Entonces empezamos a excavar la Cueva del Purrón, donde García completó las excavaciones iniciales a finales de Marzo. La excavación de la Cueva de Coxcatlán se reinició a finales de febrero, cuando Fowler regresó. Durante un tiempo la Señorita Nelken actuó como su asistente, pero él fue posteriormente auxiliado por Robert Chadwick, en ese entonces estudiante en el México City College, y por Arturo Arvide, un estudiante de Arqueología en la Escuela Nacional. Los visitantes a Tehuacán en ese invierno, incluían a Frederick Johnson y a la señora Johnson. Ellos se unieron a la expedición con la finalidad de

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recoger carbón vegetal para el fechado radiocarbón. La señora Johnson pasó buena parte del tiempo concentrando el carbón en las muestras. Jonson instruyó al personal, en las técnicas de la recolección de carbón para mantenerlo libre de impurezas contaminantes. Enseguida vinieron Thomas Whitaker y Hugh Cutler, para recolectar cucurbitáceas modernas e iniciar los estudios de nuestros especímenes arqueológicos. Su trabajo continuó hasta marzo, cuando regresaron a Estados Unidos. Los Johnson se fueron a la mitad del mes. Erick Callen llegó en la semana de Pascua para llevar a cabo análisis de coprolitos que se encontraron en las excavaciones y que lo mantuvo bastante ocupado hasta mayo. En marzo se incorporaron Douglas Byers y la señora Byers. Byers estaba involucrado en la planeación, en nuestro programa de investigación y la preparación de una rutina general para la publicación contemplada. Cuando Peterson y yo, nos hicimos cargo de la excavación del sitio Formativo estratificado cerca de Ajalpan, el apoyo de los Byers fue de gran valía ciertamente la señora Byers excavó con meticuloso cuidado la mayor parte de una fosa mortuoria tipo campaniforme. En Ajalpan existen varios hornos donde se fabrica la teja. El trabajo de extracción de arcilla para utilizarse en estos hornos, ha puesto al descubierto un importante número de depósitos arqueológicos en el llano que se encuentra justo al occidente del pueblo. El lugar en el que empezamos a trabajar, se le denomina sitio Ajalpan o Ts 204, en cuya cercanía, se encontraba la fosa mortuoria campaniforme misma que denominamos Ts 204C. Las excavaciones Ts 204 A, B, C, D, y E; eran pequeñas excavaciones complementarias del sitio Ajalpan mayor. En el transcurso de abril nuestra campaña continió rápidamente, Peterson y yo trabajamos en Ajalpan con una cuadrilla que crecía continuamente hasta llegar a veinticinco, en tanto que Fowler, con la asistencia de Chadwick y Arvide, continuaron trabajando en la cueva de Coxcatlán e iniciaron una excavación en el sitio abierto, conocido como la Terraza de Coxcatlán justo fuera de la boca de la cueva. A finales de abril Arvide y un servidor iniciamos la excavación de la Cueva de las Abejas, ubicada cerca de la Cueva de Purrón en el Arroyo Lencho Diego. Luego nos encargamos de preparar la Cueva de Purrón para el regreso de Angel García Cook. En mayo Peterson con el apoyo de Arvide a finales de mes, continuó corriendo pruebas de los sitios estratificados Formativos, entre ellos el Ts 204D y E, Ts 367, Ts 368e y Ts 368w, Angel García concluyó las

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excavaciones del Purrón a finales del mes. Durante la última semana de mayo, se le asignó a Chadwick la tarea de terminar la excavación de la Cueva de Coxcatlán, una tarea que se calculaba llevaría de tres a cuatro días. No obstante, facetas importantes siguieron apareciendo y el trabajo tomó cinco semanas. Con la terminación de este trabajo nuestras excavaciones principales estaban a punto de terminarse. Estos pocos meses de 1962 fueron los más emocionantes de mi vida. Me gustaría regresar por un momento, para indicar cómo se pasaron estos dias y dar una idea de su avance. Nos habíamos levantado en el amanecer. Desayuno. El relajo de tener el equipo para cada excavación en el camión o la camioneta correcta. Los trabajadores caminando de un lado para otro. De repente eran las 7:00 a.m. y tres camionetas cargadas con trabajadores y equipo, salian de los cuarteles y se dirigieron a las excavaciones. En los días que no fui a una de las excavaciones, respiré un poco de tranquilidad, me tomé una segunda taza de café y fui a verificar el catálago y a visitar el laboratorio. Con mucha frecuencia, los catalagos se encontraban en el proceso de lavar un nuevo descubrimiento emocionante. Aunque no tenía intención de demorarme, me detenía para echar un vistazo a este y a los demas. Ello a menudo me conducía a la biblioteca, con la finalidad de ver si es que podía encontrar relatos publicados de descubrimientos semejantes de otras regiones. En el laboratorio, Tony Nelken pudiera tener un artefacto colocado en la mesa para mi inspección o pudiésemos iniciar una nueva gráfica de descripciones de trazado contra los niveles. Nuestro trabajo era tan absorbente, que antes de que nos diésemos cuenta, era tiempo de almozar. Se oía el ruido de la cocina, ya que el caos del desayuno estaba generalmente lleno con el aroma de sopa recíen hecha, cocinada por Lupe y Angelita. Cuando teníamos bastante suerte de tener un científico visitante con nosotros, la hora de la comida se dedicaría a otros aspectos de discusión, de aspectos de su trabajo o podría haber una discusión general de los sucesos del día. El correo recién llegado, a menudo traía noticias de otro visitante, peticiones o felicitaciones de algun nuevo descubrimiento o tal vez, noticias de Johnson acerca de una fecha de radiocarbón que ocasionaría que Fowler dirigiera mayores esfuerzos a una parte particular de la Cueva de Coxcatlán. Las horas después de la cominda pasaban tan rápidamente como las horas previas. De repente Narciso y “raton” pasarían por la ventana del

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laboratorio. Eran las 3:00 p.m. y su día de trabajo se había terminado. Pero no el nuestro. Tony Nelken y yo continuaríamos en nuestros esfuerzos, tal vez experimentando con un método nuevo de analizar artefactos o continuar la medición interminable, el registro y la comparación de sus muchos atributos. ¿Por qué había regresado la camioneta temprano?. No es temprano, la tarde ya se terminó. Primero llega Peterson en un Jeep. El ruido de descarga y el grito de las noticias de algún triunfo menor que pudiese ser predecido por la desenvoltura de un descubrimiento especial. Enseguida vendría Fowler en el Land Rover y habría más desempaque, más cosas que ver, y más discusión. Luego vendría García y se repetiria todo lo anterior. Un “coctelito sundowner” en el hotel Peñafiel o en la plaza, nos daría la oprtunidad de continuar nuestras discusiones de los descubrimientos del día, o de las posibles mejoras en la forma de excavar o si es que fuese necesario que yo visitase uno de los sitios, tal vez para ayudar a determinar la estratigrafía. El movimiento a la cocina para la deliciosa cena de Lupe difícilmente interrumpiría nuestra emocionante plática. Ni siquiera las bromas o chistoretes nos afectarían. Más trabajo en el laboratorio para terminar las tareas de la tarde o tal vez para cambiar los artefactos en la mesa, y nos encontrábamos con la cena. Podríamos tratar de utilizar cuadriculado para la inspección detallada de los artefactos con la finanlidad de encontrar nuevos atributos. Antes de que me diese cuenta Tony Nelken se había retirado. Yo me recostaba en mi cuarto, me quitaba las ropas y caería en mi cama preguntándome porqué me había quedado tan tarde, si había tanto que hacer mañana. El siguiente día comenzaba de la misma manera, pero tendría mucha suerte en subir a una de las camionetas que salían rumbo a las excavaciones. Tal vez intentaría coordinar el laboratorio de los descubrimientos de campo o solo ver una faceta nueva, pero antes de que me diera cuenta de ello, ya estaba ocupado en el trabajo con una cuchara, una brocha y un cuaderno de notas. Luego sería tiempo de comer, aun para mí. Lupe con su habitual previsión había puesto comida para mí y mis tacos se juntarían con los de los demás, cuando el grito de “lumbre” hacía que nuestro trabajo se detuviese. Me sería imposible desaparecer después de la comida. Habría un entierro o otra faceta que ver, el límite de una zona para seguir, un perfil recientemente limpiado o un cierto tipo de punta descubierta en una zona inesperada. Y de repente sería tiempo de ir a casa. Entonces volvíamos a la misma rutina, desempacar, discusiones, comparaciones. Y esto continuó así por dos, casi tres meses.

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En junio, sin embargo, la emoción murió tan rápido como había empezado. Callen, Nelken, Chadwik y yo, partimos a principios del mes dejando a Arvide y a Peterson terminar el trabajo en Coatepec y Quachilco. Kent Flannery se aparecio en julio y empezó a recoger muestra de la fauna moderna. Esta tarea lo mantuvo ocupado hasta agosto. A finales de agosto el XXXV Congreso Internacional de Americanistas se reunió en la Ciudad de México. Una vez más parte de nuestro grupo se reunió, para hacer reportes preliminares de nuestros descubrimientos. Esos reportes incluyeron a Byers, Fowler, García, Nelken, Peterson, Smith y a mí. Después del congreso, un buen número de delegados vino a Tehuacán y fue acompañado a los sitios en tours, guiados por Smith, Peterson y Byers. En septiembre, Lawrence Kaplan vino para efectuar un cuidadoso estudio de los frijoles encontrados en nuestras excavaciones. Casi al mismo tiempo, Flannery regresó y reinició la recolección de la fauna. Algunos meses después, él empezó a analizar los restos de la fauna de las excavaciones a la luz de su nueva coleccion de fauna moderna. En diciembre de 1962 trajó un grupo mayor y empezó el análisis de nuestros descubrimientos. Paul C. Mangelsdorf, acompañado por la señora Mangelsdorf y Walton Galinat, vinieron del Museo Botánico de la Universidad de Harvard para estudiar aproximadamente 23,000 piezas de maíz arqueológico. Con alguna ayuda de Edward Wellhausen y William H. Hatheway de la Fundación Rockefeller, ellos pudieron completar los estudios preliminares a principios de enero. En enero de 1963, se reunió con nosotros la señorita Mary Hill Gilbert, quien una vez más volvió a tomar sus deberes como artista de la expedición, pero le tomó tres meses, antes de asumir su responsabilidad como esposa de Kent Flannery. Frederik Johnson regresó en febrero con la finalidad de recolectar muestras de radiocarbón de los sitios Formativos, conocidos como Ajalpan, las Canoas, Coatepec y de unos cuantos lugares más de los que solo teníamos muestras inadecuadas. En ese entonces, Flannery había separado ciertos huesos que se encontraron en los niveles más bajos de la Cueva de Coxcatlán y que habían sido tentativamente clasificados como animales extintos en el valle. Cuando sus identificaciones fueron confirmadas, Johnson se encargó de estos niveles, el encontró artefactos adicionales asociados con los huesos de los

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animales extintos, y también encontró carbón vegetal. Su trabajo meticuloso en la excavación de estas zonas, produjo la evidencia de alteraciones ocasionadas por los roedores, así como evidencia que sugería que el carbón que se encontrava cerca de los huesos y artefactos, había ingresado a la zona a traves de las madrigueras de los roedores. Así que no presentaba una clara asociación con los descubrimientos y no era de valor alguno para establecer la fecha de ocupación. Otros visitantes incluyeron a Robert J. Drake, quien vino a estudiar las conchas recolectadas en las excavaciones y a James Schoenwetter, quien vino a recolectar muestras de polen y a discutir la posibilidad de estudios ecológicos en conjunto con el programa arqueológico. Los Byers nos visitaron brevemente en abril, en cuyo tiempo Byers y yo, discutimos planes para la publicación así como para la preparación de los reporte finales. El y yo nos concentramos durante unos pocos días cuando había una calma comparativa en los cuarteles, para investigar en área arriba de Xaco, cerca de Chilac para ver si podíamos ampliar nuestra muestra de sitios abiertos precerámicos. Encontramos lo que a nuestra opinión parecía ser una aldea de casa tipo foso, y algunos meses después, tuvimos éxito en descubrir restos de casa tipo foso completa así como la evidencia de otras que habían sido muy dañadas por la erosión. Byers subsecuentemente se encargó de la excavación de lo que nosotros tomamos como una casa foso, solo para descubrir que era el resto de una zanja de irrigación sedimentada. La temporada terminó en junio, pero la siguiente estación se abrió en agosto cuando yo regresé a Tehuacáqn en compañía de Callen y Smith para estudiar los restos de plantas. En este trabajo, fuimos auxiliados por la señorita Gilbert, la señorita Nelken y por Narciso Tejeda. Después de que este trabajo se completó, me involucré en la preparación de una solicitud de fondos para preparar el manuscrito y en la escritura y preparación de la publicación de un segundo reporte anual. A mediados de noviembre, Peterson se fue a un nuevo trabajo, dejando el laboratorio y la casa marchando sobre ruedas. La temporada final que empezó en diciembre de 1963, se dedicó principalmente al análisis y reporte de nuestros descubrimientos. En este trabajo, fui auxiliado por la señorita Ann Harvey, estudiante de Bennington quien tenía entrenamiento tanto en botánica como en arqueología así como por la señorita Elizabeth Trull, una nueva secretaria. Desgraciadamente el trabajo

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de la señorita Trull, en lo que se refiere a nuestro manuscrito se terminó a causa de una lesion en un accidente automovilístico. En enero de 1964, James Anderson llegó para estudiar los restos esqueléticos de nuestros descubrimientos. En febrero Richard B. Woodbury y señora, Neely, se unieron al grupo. Mientras nuestro trabajo de campo progresaba, habíamos observado numerosas señales de que la irrigacion había sido practicada en el valle de Tehuacán en tiempos antiguos. Fuimos muy afortunados al persuadir a Woodbury, un experto reconocido en tierra árida, que llevase al cabo estudios de este aspecto de la vida prehistórica. Los resultados de sus estudios apareceran en un volumen posterior. Después de que Woodbury regresó a Washington, James y Mary Ann Neely permanecieron en Tehuacán para hacer una investigación de las facetas de la irrigación. No solo encontraron muchas zanjas de irrigación “fosiles” preservadas por las sales arrastradas en el agua, pero para nuestra gran sorpresa descubrieron en el Arroyo Lencho Diego, restos de una enorme presa sobre la cual habíamos manejado todos los días en camino a nuestro trabajo en las Cuevas del Purrón y de las Abejas. Había también restos de varios acueductos y otros proyectos ambiciosos de ingeniería llevados a cabo para traer el agua a los campos. Para que el estudio de las facetas de irrigación, pudiese ser interpretado en terminos de práctica moderna, Aubrey W. Williams se había encargado de un vasto estudio de las prácticas de irrigación moderna. A finales de febrero, fuimos una vez más visitados por el señor y la señora Johnson, Johnson, había venido para tomar los primeros pasos que condujeron hacia la correlacion final de las fechas de radiocarbón y de los restos culturales. Ellos se retiraron casi al mismo tiempo de la llegada de la señorita Paulina Heard, quien habría de tomar el lugar de la señorita Trull como secretaria. Relacionado y a menudo dirigido por nuestras operaciones de campo estaba el análisis de información arqueológica y ambiental. El análisis era de dos tipos: aquél hecho en el campo, con referencia especifica a la excavación y al procedimiento de investigación y aquél hecho por los científicos visitantes en materiales que habían sido excavadas para ayudarnos a efectuar una reconstrucción cronológica ambiental y arqueológica más completa. Las clasificaciones preliminares y el catálogo de nuestros especimenes, había empezado tan pronto como las que habíamos recolectado. Uno de los primeros deberes o tareas de Tony Nelken cuando se sumó a la expedición en

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abril de 1961, era el diseñar un sistema de catálogo general. Sin embargo dentro de un corto periodo de su trabajo con la clasificación de artefactos de piedra, le exigía tanto de su tiempo, que se vió forzada a entregar el catálogo de la colección a Narciso Tejeda. Durante el siguiente verano él fue auxiliado por Francisco Molina y R. Perez, y durante las etapas finales de 1963, Agustín Tejeda se sumó al grupo. Inicialmente, lavaba y clasificaba en categorías generales el material descubierto, pero ya en 1963 se había vuelto tan hábil que hacían los conteos reales de los diferentes tipos extraídos de la mayoría de los sitios de superficie. La clasificación de artefactos de piedra se inició en la primavera de 1961 por parte de Tony Nelken y de mí mismo, y ella pudo completar la clasificación preliminar de todos los artefactos de piedra excavados, al inicio de nuestra segunda temporada. Las tendencias de artefactos mostrados por este estudio, indicaban pasos definidos o etapas definidas en la secuencia de nuestras dos primeras excavaciones y esta información se convirtió en un factor determinante en la sección de sitios de excavación en la temporada de 1962. En ese año cuando algunos artefactos de piedra fueron descubiertos, modificamos nuestras clasificaciones preliminares y alineamos nuestros componentes excavados en orden cronológico con la base de estas clasificaciones. En 1963, con la ayuda de Mary Hill Gilbert, nosotros escribimos nuestro primer borrador que describía los artefactos. En 1964, los artefactos de piedra de las recolecciones superficiales se incorporaron a nuestro reporte. A excepción del reporte a cerca de los textiles, que fue una contribución posterior de Irmgard Johnson, el borrador del volumen dos estaba casi completo cuando nos retiramos del campo. La clasificación formal de la cerámica o alfarería, se inició el verano de 1962. Cuando estábamos haciendo la investigación preliminar y durante pruebas de 1962, Peterson y yo habíamos escasamente clasificado las colecciones de superficie en periodos generales. Peterson empezó a separar una parte de la cerámica Posclásica y posteriormente clasifico la cerámica Formativa Primaria (Ajalpan). Casi al mismo tiempo que él estaba haciendo esto, Kent Flannery se encargó de una clasificación preliminar de los tepalcates del Formativo Medio. En 1963, me encargué de la clasificación de los tepalcates del periodo Formativo del sitio Coatepec. Posteriormente Peterson estudió los restos de Cuachilco y los tres intentos para coordinar nuestras clasificaciones. La clasificación final de los tapalcates se llevó al cabo en 1964 bajo mi dirección con de la asistencia de Ann Harvey y la cuadrilla de catálogo. El estudio de perrografia fue llevado al cabo por Arturo Sotomayor, fue incorporado a nuestros reportes en ese entonces. Durante la parte final de la

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primavera de 1963, José Luis Lorenzo nos había puesto en contacto con el ingeniero Sotomayor, quien entonces trabajaba en el Laboratorio del Departamento de Prehistoria, haciendo secciones delgadas de cerámica con el propósito de identificar minerales. Nosotros anticipamos que los estudios de este tipo, serían de gran valor en conexión con el análisis de la cerámica o alfarería de Tehuacán. En junio de 1964, también organizamos una conferencia de campo para discutir la Cerámica Mexicana Temprana. A ella asistieron James A. Ford, Mathew W. Wallrath y Alonso Medellín Zenil, todos ellos habían estado trabajando en la costa del centro de Veracruz: Robert Squier, quien había trabajado en la costa de la parte sur de Veracruz y Tabasco. John Paddock quien estaba familiarizado con la cerámica de Montealbán, Melvin l. Fowler quien en ese entonces estaba trabajando cerca de Puebla, Kent Flannery, quien había estado trabajando en la costa del Pacífico de Guatemala, así como en Tehuacan. Bruce Warren y Gareth Lowe quienes justo, habían terminado sus estudios de cerámica en la parte central de Chiapas. Esta conferencia, produjo bastante información en lo que se refiere a la distribución de los tipos de cerámica extraída en la excavación efectuada en el valle de Tehuacán. Una vez más cuando dejamos el campo, teníamos por lo menos descripciones tentativas de la mayor parte de la cerámica, así como la parte principal de nuestro volumen tercero en borrador, aunque no quedó listo para la publicación hasta un poco después. Uno de los pasos finales del análisis de campo se llevó al cabo en 1964, cuando James Neely y yo intentamos analizar la información de los 454 sitios encontramos en el reconocimiento arqueológico. Obviamente un estudio de tal naturaleza tenía que esperar la clasificación de la piedra, hueso, la concha y artefactos perecederos, así como la cerámica misna. Una vez que estos restos habían sido clasificación y los sitios alineados en orden cronológico y que su fase cultural había sido determinada, empezamos un análisis del material e investigación para determinar los cambios en el patrón de colonización y de población. La repetición de la investigación de muchos sitios llevada al cabo por Neeley en ese entonces, contribuyó en gran parte a nuestro estudio de los sitios Preceramicos y Neeley los sitios Formativos antes de que se terminara la temporada de campo. El análisis final de Neeley de los sitios Clásicos, y el mío de los sitios Posclásicos, se terminaron posteriormente. La preparación de los reportes de sitio involucraba procesos analógicos de muchas maneras a los anteriores. Aunque una descripción de la excavación

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pudo haberse hecho inmediatamente a la terminación de cada excavación, la reconstrucción de la manera de vivir y del medio ambiente en el momento de cada ocupación que cada sitio, tenía que esperar información proveniente de varias fuentes. En la temporada de 1964 no obstante, teníamos estudios de todos los artefactos de cada piso, así como un número considerable de estudios de materiales especiales de esos pisos. Cuando esta información empezó a surgir, empezamos a correlacionarla y Fowler empezó a escribir su reporte del sitio de la cueva de Coxcatlan. Utilizando las notas de campo así como la información reunida por Ann Harvey de muchas fuentes, empecé a hacer borradores preliminares de los reportes acerca de las Cuevas de San Marcos, Tecorral, el Riego, Purrón y de las Abejas. En una cena llevada al cabo en el hotel Peñafiel en abril de 1964, todos los descubrimientos de la expedición en Tehuacán fueron presentados al Doctor Ignacio Bernal, director del Museo Nacional de Antropología, para el pueblo de México, por boca del señor Byers actuando en nombre del proyecto de Tehuacán, de la fundación Robert J. Peabody y de los fideicomisarios de la Phillips Academy. La presentación formal se hizo en ese momento debido a que a muchas personas les hubiera sido imposible estar presentes cuando el proyecto de Tehuacán se hubiese cerrado en agosto. La transferencia real de especimenes, ocuparon varias semanas durante este verano. En junio el doctor Anderson regresó para completar su estudio esquelético. Casi al mismo tiempo Jean Brunet se encargó de un estudio de la geología del valle de Tehuacán. Julio de 1964 fue el principio del final. Aunque trabajamos de manera febril para terminar el análisis de algunos de nuestros materiales, sin embargo empezamos a embarcar a nuestros especímenes extraídos al Museo Nacional de Antropología de México, a enviar materiales recolectados por la investigación del sitio al Museo de la Revolución de Puebla y separar algunos especímenes para el museo que habría de establecerse en Tehuacán. Agosto nos vió empacar, vender el mobiliario y equipo, regalar algo de él a nuestros amigos y empleados y hacer mil y un arreglo final. De repente el 20 de agosto la casa estaba vacía. El proyecto de campo de Tehuacán estaba terminado. Este breve resumen relaciona cuanta gente contribuyó para hacer un éxito del proyecto de Tehuacán y que espero servirá como una manera de agradecer a todos ellos. Cuando lo escribí me parecía la mejor manera de

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expresar mi gratitud en lugar los reconocimientos vanos, con un agradecimiento a una larga lista de nombres. Me temo omitir el nombre de muchos tehuacaneros que nos ayudaron y a quienes una vez más les debo mucho. En conclusión, permítanme decirles que todos nosotros, quienes participamos en esta expedición trabajamos muy duro, batallamos para mantener un calendario posible, que necesitaban algunos aspectos de mi neurosis compulsiva así como por la chequera que se encogía y en algunos muchos casos nos forzamos a hacer un poco mejor de lo nuestro. Así que no solo me gustaría agradecer de corazón a mis colegas, sino que tambíen solicitarles su indulgencia. REFERENCIAS: Barghoorn y auxiliares, 1954 MacNeish, 1959 Mangelsdorf y auxiliares, 1956

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Sears y Clisby, 1955 Wellhausen y auxiliares, 1952

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UN ENFOQUE...

CAPITULO 1 UN ENFOQUE INTERDISCIPLINARIO PARA UN PROBLEMA ARQUEOLÓGICO. Richard S. MacNeish

E

l objetivo inmediato del Proyecto Arqueológico Botánico de Tehuacán era el establecer una columna arqueológica que no tuviese interrupción y que extendiese su periodo de tiempo entre la primera ocupación humana del valle y la Conquista Española. Esta expectativa de columna Arqueológica casi con certeza se podría decir que sería divisible en fases culturales que representasen de manera progresiva sociedades más avanzadas, y que culminasen en la civilización. En consecuencia deberíamos, en efecto recuperar una secuencia de culturas, que nosotros dábamos por hecho pudiesen ser representativas de las civilizaciones de desarrollo en Mesoamérica, una de las áreas de cultura principales del mundo (Kirchhoff 1952). Podríamos entonces comparar esta secuencia con desarrollos similares en otras áreas, y por medio de un estudio minucioso y de clasificación de varias facetas de cada una de ellas, determinar la razón de que cada unidad tenía su razón de ser, (Steward 1955). Por lo tanto el objetivo final del proyecto Tehuacán, era el descubrimiento de procesos y causas que condujesen al surgimiento de la civilización primaria. Para conseguir esta finalidad requeriríamos de varias secuencias de cultura en áreas relativamente independientes, cada una de ellas conduciendo a la civilización. Nuestra presunción de la secuencia del Valle de Tehuacán sería típica de Mesoamérica estaba basada en dos cuerpos de información derivados de investigación previa. En primer término la región está localizada centralmente en Mesoamérica. Investigaciones previas en todas partes habían revelado secuencias de desarrollo desde las primeras aldeas hasta una civilización urbana. Al noroeste, en el Valle de México, una secuencia relativamente completa que se iniciaba con los aldeanos de Zacatenco, aproximadamente 1000 años a.c. condujo a los Aztecas que eran de la ciudad y constructores del imperio (Vaillant 1966). Al noroeste las secuencias en la parte central de Veracruz (Medellín Zenil) y norte de Veracruz (Ekholm 1944, MacNeish 1954) muestran avances de aldeas a ciudades. Hacia el sureste los primeros Olmecas evolucionaron hacia una civilización en el sur de Veracruz y en las partes, adyacentes de Tabasco (Drucker 1943). Hacia el sur estaba la secuencia en Monte Albán y en la parte central de Oaxaca (Caso 1938), en tanto que aún más al sur en la región Maya había un número de secuencias de culturas campiranas a culturas urbanas (Kidder y auxiliares 1946).

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En segundo lugar, habíamos dado por hecho que el surgimiento de la civilización estaba cercanamente relacionado con el desarrollo de la agricultura. En el Nuevo Mundo y en Mesoamérica, la agricultura, creíamos, dependía de la domesticación del maíz, Zea mays. El origen del maíz era una de las principales interrogantes de la botánica y arqueología del Nuevo Mundo. Se habían elaborado varias hipótesis para explicar la existencia de este grano que a diferencia de los granos del Viejo Mundo como el trigo, la cebada, el centeno, la avena y el mijo, no tenían un ancestro silvestre identificable pero, ninguno era realmente satisfactorio. En la introducción, volvimos a relatar, en detalle, la serie de pasos, por medio de cuales las regiones que habían de escudriñarse para buscar los orígenes de este cereal importante, fueron eliminar primero Asia y luego Sudamérica como centros posibles y enseguida como el límite del norte de la zona del objetivo fue dirigido hacia el sur partiendo de Nuevo México, atravesando los estados mexicanos de Tamaulipas, Sonora y Chihuahua hasta el Valle de México. El descubrimiento del polen identificado como el del maíz a una profundidad de aproximadamente 70 metros en un barreno de la Ciudad de México, hizo que los genetistas estuvieran consientes de que el ancestro del maíz era el maíz en si mismo y de que el maíz no había surgido del teosinte o del Tripsacum o de una cruzada entre ellos. Ya que este polen provino de los niveles atribuidos a la etapa interglacial Yarmouth, no puede conectarse con actitud humana, y se da por hecho de que sea de maíz silvestre. Otro polen, abundante en niveles superiores, se juzga que represente el maíz cultivado (Barghoorn y auxiliares en 1954). También hemos mencionado en la introducción de cómo las excavaciones en la cueva de Santa Martha, nos dieron la razón para creer que el sitio de origen del maíz se encontraba al norte de Chiapas y de que Mangelsdorf y un servidor, finalmente confinamos al área en la cual concentraríamos la búsqueda, en el Valle de Tehuacán. Cuando las pruebas preliminares en la Cueva de Coxcatlán produjeron mazorcas de maíz primitivo que estaban fechadas aproximadamente de 3610 años a. c. +- 250 años, (M1089, Crane y Griffin 1962), quedaba claro de que el Valle de Tehuacán, más que cualquier otro punto probado, prometía proporcionar una respuesta a este problema. Para obtener, en Tehuacán una secuencia de cultura completa que representase a Mesoamérica y de utilidad en comparaciones más amplias,

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tendrían que resolverse dos problemas básicos: la cronología cultural tendría que establecerse. Tal vez yo debería decir que tuvimos que reconstruir antiguas culturas y su medio ambiente a través de nuestras secuencias. Algunas veces estudiamos ambos problemas juntos, pero preferiríamos estudiar la cronología antes de girar hacia la interpretación, porque sentíamos que esta última no podría entenderse cabalmente al menos que la anterior fuese conocida. Al atacar estos problemas utilizamos un enfoque interdisciplinario, trayendo a colación de nuestros problemas arqueológicos específicos hechos o conclusiones de un número de campos, científicos, derivados de un rango a un mayor de técnicas y métodos. Así que el proyecto en lugar de apoyarse en un tipo de vivencias derivadas de una sola línea de investigación con su juego peculiar de técnicas, utilizó muchos tipos de vivencias de muchas direcciones, todos ellos que conducían a la solución de nuestros problemas. No es ocioso mencionar, los así llamados hechos de las diferentes disciplinas, deben derivarse de un cuidadoso y bien ejecutado juego de técnicas de campo y laboratorio. Esto es particularmente cierto en la arqueología y nuestras técnicas habrán de descubrirse en algún detalle en el siguiente capítulo. Principalmente porque la aplicación cuidadosa de estas técnicas nosotros cuidamos atacar con éxito los problemas mayores con una masa mayor de datos. Desde muchos puntos de vista, nuestras técnicas eran únicas para Mesoamérica. Esta es un área donde los grandes diseños de investigación a menudo han sido definidos, pero que rara vez se implementan con éxito. Esto, pienso se debe a que las superestructuras bien diseñadas a menudo se basan en una fundación pobremente establecida, construida con técnicas mas bien inadecuadas. Ahora volvamos a uno de nuestros problemas básicos. Para establecer un arreglo cronológico de las unidades culturales que habíamos descubierto, nosotros recurrimos a una variedad de métodos, algunos de los cuales establecieron una cronología relativa, pero no muy precisa, en tanto otros establecieron una cronología más precisa. Sin considerar que la cronología resultante era relativa o precisa, nos, apoyamos en un número de métodos, de un número de campos del esfuerzo, utilizando un amplio rango de técnicas. Todos nos enfocamos a un problema sencillo, la cronología. Uno de los métodos para establecer la cronología se apoyaba en la estratigrafía. Escogimos para excavaciones aquellos sitios que proporcionarían una cantidad máxima de estratigrafía cultural. Excavamos un total de 16 fosas

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y descubrimos en ellos un total de 156 capas de ocupación o zonas tal como habremos de llamarlas. Cada zona se consideraba un depósito distinto, establecido durante un intervalo de tiempo único. Generalmente cada zona era relativamente uniforme en color y en contenido, ya sea que haya sido ceniza, desprendimiento del techo, áreas depositadas por el agua, arcilla u otro material y cada zona estaba cubierta por un extracto bien definido o una ruptura en el perfil del suelo. Esta discontinuidad estratigráfica pudiese consistir de un piso de carbón vegetal, un suelo de lodo u otro material, pero que finamente marcaba el final de un periodo de depósito de desecho en la zona que estaba abajo. La Cueva de Coxcatlán (Tc 50 ) fue nuestro mejor sitio estratificado ya que ahí identificamos 28 zonas. Cada una de las zonas inferiores, XXVIII a XXV, consistía principalmente de un estrato irregular de roca que había caído y de arenas arrastradas por el viento y cada una estaba cubierta por un piso delgado de carbón vegetal en una porción central pequeña de la cueva. Debería de notarse que la zona XXVIII, que cubría el nivel de la base de la cueva, no tenía artefactos pero contenía huesos animales. Las Zonas XXIII y XXIV, eran capas de ceniza y/o de tierra fina, o de sedimento cubierto por pisos de carbón vegetal bien definidos en porciones de la terminal oeste de la cueva. Las zonas XXII a XIX eran semejantes, pero cubrían pequeñas áreas en el oriente de la cueva. Las zonas XIV al XVIII y de igual manera la zona XI eran también capas de ceniza pero se extendían sobre la área completa de la cueva y estaban cubiertas por carbón vegetal o pisos quemados con una cantidad siempre creciente de restos vegetales preservados. Las zonas XII y XIII eran de semejante contenido en la terminal oeste de la zona, como lo eran las zonas VIII, IX y X en la terminal oriente. La zona VII representaba una interrupción de la secuencia, ya que encubría una capa de restos vegetales. Las zonas del I al VI, eran pisos de desecho vegetal sobre ceniza o roca desintegrada. La zona de arriba era una capa de estiércol de cabra, desechos no directamente originada por el hombre. Las zonas en el Nicho Oriente de la caverna del Riego (Tc 35e) eran muy semejantes en la composición de las zonas superiores de la Cueva de Coxcatlan. Las zonas C-E, eran capas cubiertas por piso de desechos conservados que se extendían sobre la superficie total del área de esta pequeña cueva. La Zona B era una zona de capa de ceniza y de material vegetal y estaba cubierto por un piso de yeso. La Zona A consistía de una capa de material vegetal y sobre el piso de yeso, que a la vez estaba cubierto por estiércol de cabras.

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La estratigrafía en la Cueva de Purrón y de las Abejas se parecía a las zonas más bajas de la Cueva de Coxcatlán en la que se refiere que había más bien capas espesas de roca caída, arena y segmentos más finos cubiertos por pisos reconocibles, de compuestos de carbón vegetal, restos vegetales o material quemado. Las primeras 13 de las 25 zonas de la Cueva del Purrón, (Tc 272), zona L-U, cubrían pequeñas áreas que median aproximadamente de cinco a ocho metros en la parte suroeste de la cueva; el piso ocupacional cubría cada zona compuesta principalmente de carbón vegetal. Las 12 zonas de arriba de la A a la K, estaban cubiertas por pisos de carbón vegetal y restos vegetales, que yacían todos sobre la superficie completa del refugio. En la Cueva de las Abejas (Tc 307), había 11 zonas, todas de tamaño limitado y todas con excepción de las más arriba, estaba cubierta por carbón vegetal o ceniza. La zona superior A incluía restos vegetales. La zona superior consistía de una capa de estiércol de cabra. La Cueva de San Marcos (Tc 254) era pequeña. En ella las cinco zonas de la B a la F estaban compuestas de hojuelas pequeñas de roca caída cubierta por pequeñas capas de restos vegetales. El desecho en el relleno de la Zona E ocasionó que se designara como una capa separada; el piso de carbón vegetal, arriba se reconocía como una zona separada y se le llamaba C 1. la capa que estaba hasta arriba, tenía una capa de estiércol de cabra y fue identificada como Zona A. La Cueva de Tecorral (Tc 255), junto a la Cueva de San Marcos, era aún más pequeña. Un piso pequeño de carbón vegetal y de restos vegetales en la parte superior del depósito fue designado como la Zona A. Aparentemente representaba una ocupación corta de la cueva. Debajo de ella estaba un piso de ceniza de la cual un foso se extendía hacia abajo, juntos constituían la zona B. Aunque sin una definición clara el piso se veía debajo de la zona B, el relleno de la roca que con artefactos que se extendía hasta la roca base de la cueva fue designado como Zona C. La estratigrafía en el Nicho Occidental de la Cueva del Riego (Tc 35w) era aún menos clara y los pisos que cubrían sus 6 zonas eran mucho menos definidas. La capa de la ocupación más baja de la zona 6 cubría únicamente 4 a 5 metros cuadrados. Yacía directamente en el fondo de la cueva y era fácilmente discernible como una capa delgada de ceniza y de carbón vegetal. A una capa de desecho oscuro que cubría aproximadamente dos veces el área y que yacía arriba de la Zona 6, se le llamó zona 5. El margen superior de la zona

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5 emergía gradualmente a una zona de desecho café, que es la zona 4, una capa aproximadamente de 15 centímetros de espesor incluyendo la transición de la zona 4 a la zona 3 fue cortada y designada nivel tres cuatro. Arriba de esto se encontraba un depósito de desecho café que dividimos en 3 zonas; la de arriba, zona 1, sobre el piso de yeso de carbón vegetal; una segunda capa, la Zona 2, de la cual las tumbas y las fosos de tumba podrían rastrearse hacia abajo, y la zona más baja, la zona 3, compuesta de desechos debajo del foso del entierro. En los sitios abiertos, pisos menos definidos cubrían las zonas. No se encontraron materiales perecederos en ellos y las condiciones de estos sitios por lo tanto diferían de aquellos encontrados en las cuevas. El sitio conocido como Terraza de Coxcatlán (Ts 51), debajo de la Cueva de Coxcatlán, estaba cubierto por las zonas A y B, que diferían ligeramente en color y parecían haber sido formadas por el talud de la cueva que se encontraba arriba. Ellos cubrían sedimentos depositados por el arroyo y llamado la zona C. Debajo de estos había una capa quemada que formaba un piso de carbón vegetal etiquetado como la Zona D. Estas zonas, como aquellas en los otros sitios abiertos únicamente se habían probado. Sin duda alguna cubrían gran parte de la terraza en frente de la Cueva de Coxcatlán. Los otros sitios abiertos que probamos eran considerablemente más grandes. Coatepec (Ts 368) tenía más de 200 a 300 metros de largo por 100 metros de ancho. El desecho era muy profundo y parecía haber sido arrojado en un tiempo corto. En la zanja o trinchera más profunda al oriente de este sitio (Ts 368e), reconocimos 18 etapas. Todas a excepción de las tres más bajas estaban compuestas de manchas oscuras de desecho y tierra cubierta por los pisos. Las etapas más bajas, K1, K2 y K3 eran divisiones arbitrarias de una etapa mas bien profunda de desecho. La zona D cercana a la parte de arriba también tenía de 1 a 3 pisos de carbón vegetal, y aunque ellos realmente incluían a 3 zonas debido a la escasez de los artefactos en cada uno de ellos, se combinaban generalmente para propósitos de análisis. Una prueba más pequeña en la terminal occidente de este sitio (Ts 368w) exhibían únicamente 5 zonas, cubiertas por pisos de desecho que habían sido amontonado contra una pequeña pirámide a la que eventualmente la cubrieron por completo. En Quachilco, (Ts 218), había capas semejantes de desecho cubiertas por los pisos. Había 6 zonas de tal naturaleza en la prueba 10, siete en la prueba 11 y ocho en la prueba seis. Las condiciones en Las Canoas (Ts 367) eran ligeramente diferentes en las dos zonas de arriba. A y B que eran extractos gruesos de desecho. La Zona

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A tenía un color café oscuro y la zona B un color café claro. Sobre estos extractos, acumulaba durante el periodo final de Venta Salada no reconocimos pisos. Debajo de la zona había un piso de carbón reconocible sobre un pequeño montón arenoso diseñado como la zona C. Abajo estaba la zona D que era una capa gruesa de carbón que cubría una capa de desecho marcado como zona D 1, que cubría suelo estéril. En el sitio Ajalpan (Tc 204), con diez capas de desecho , café claro y obscuro respectivamente ampliándose hacia abajo a un metro de la superficie. Las zonas C y D eran arenas arrastradas por el agua que contenían algún desecho. La zona E debajo de ellas era una zona en la cual había carbón vegetal. Venía en seguida la zona F1, cubierta por un piso muy quemado más bien una capa muy delgada de desecho quemado, la zona F. Esta última cubría un piso quemado con fosos que se extienden hacia abajo hasta ella la zona G1sobre el desecho de la zona G. En el mismo fondo del sitio, sobre suelos estériles se encontraba la Zona H, un piso de carbón delgado se representaba una ocupación relativamente corta. Otra parte del mismo sitio fue designada como (Ts 204D). Aquí una vez más había en la parte de arriba de la capa un desecho no definido, Las zonas A y B. Debajo de este desecho estaba la zona C y D, también de desecho pero con algo de arena. Un piso definido. (la zona súper-E o E 1), Yacía sobre el estrato de desecho llamada la Zona E. Este a su vez, descansaba en el desecho, la Zona sub.-E, que cubría la arcilla estéril de los alrededores. Las diversas zonas descritas arriba representaban intervalos cerrados de tiempo durante los cuales la gente depositaba desechos y los sedimentos se acumulaban. Estos también fueron unidades de ocupación temporal o los componentes que se convirtieron en la base de la secuencia estratigráfica de los materiales culturales y de las fases culturales en el Valle de Tehuacán. Estos 156 componentes de los sitios estratificados revelaban la cronología cultural o en razón a los cambios en su contenido que incluían en números redondos 250,000 artefactos de arcilla, y 13 000 de piedra, 25 000 restos de plantas domesticas, y 70 entierros humanos. Ninguno de los sitios que excavamos dió como resultado una secuencia completa. Aún más, los estudios de los estratos reales por parte de los geólogos visitantes y los científicos del suelo no revelaron método alguno para correlacionar zonas de un sitio con el de otro. Los estudios de 11, 000 huesos de animales, 25 000 conchas de moluscos y 80 000 restos de plantas silvestres, extraídos, de las excavaciones daban indicios de la alineación de varias zonas, pero no eran

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suficientemente sensibles en nuestra región para ayudar a establecer una cronología relativa. Habíamos esperado que los estudios de polen pudiesen agregar algo a este aspecto de la investigación pero, el polen estaba muy pobremente conservado. Tal vez los mejores medios para establecer la cronología relativa, era por el método taxómico, utilizando materiales de los sitios estratificados. Presunciones técnicas y aplicaciones de este método tal como lo utilizamos habrían de explicarse completamente en los volúmenes II y III. Basta decir aquí que este método depende en el aislamiento de las peculiaridades de los artefactos, aquellos atributos de un artefacto que son tan sensibles a los cambios en los gustos y en los hábitos de trabajo que ellos mismos sufren a menudo ligeros cambios y que una identificación adecuada de las particularidades de los artefactos revelara un cambio así como tendencias, culturales. Inicialmente, establecimos tipos de artefactos en base a grupos de particularidades, series de facetas interrelacionadas de artefactos que tienen significado en el tiempo y espacio. Primero determinamos tipos y tendencias de artefactos, en lo que se refiere al sitio ricamente estratificado de la Cueva de Coxcatlán, (Tc 50). Al utilizar la tendencia de tipos de artefactos (Tc 50) con un estándar con el cual nosotros pudiésemos comparar con los tipos de artefactos de otros sitios estratificados, o para tal propósito, de sitios representados únicamente por recolecciones de superficie, fue posible correlacionar cualquier otro sitio de manera provisional con la secuencia Cueva de Coxcatlán, asumiendo que una zona o componente era más probablemente cercano en tiempo al de la Zona (Tc 50) con la cual compartía el mayor número de tipos de artefactos. Como un resultado de nuestros estudios de los tipos y secuencias de los artefactos, de las 156 componentes excavados y aproximadamente de los 350 sitios de superficie pudimos alinear en un orden cronológico relativo (ver tabla 32, Volumen II, Volumen IV). La tipología además de hacer posible la descripción de los artefactos y de ayudarlos en alinearlos en componentes arqueológicos de una cronología relativa, también sirvió para definir los componentes actuales. Es ocioso mencionar, que algunos componentes arqueológicos que ajustaban a la secuencia mucho más fácil que otros, y que algunos podían ser más fácilmente definidos que otros. Un componente representa la ocupación de un lugar durante una sola unidad continua de tiempo por parte de un sólo grupo cultural. Debido a que algunos componentes eran menos fácilmente definidos que otros, dividimos todos los componentes en tres categorías: Componentes puros,

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Componentes Probables, Componentes posibles. Dando a entender por: Componente puro: queremos decir una zona que está tan bien definida físicamente que sólo pudo haber sido ocupada por lo que es considerado un sólo momento de tiempo, y que contiene suficientes artefactos de tal manera que podamos asegurarnos que solo represente a un grupo cultural. Los componentes probables son aquellos cuyas facetas físicas carecen de una definición aguda o cuyo inventario de artefactos carecen de un número suficiente de tipos de diagnóstico de tal manera que podamos decir con certeza que representan una ocupación única por un grupo cultural único. Los sitios o zonas nombrados o etiquetados como componentes posibles han sido complejos aún más limitados de artefactos lo que significa una evidencia menos diferentes o distinta de ocupación, por lo que es escasamente posible que fuesen ocupados por un solo grupo en un solo momento. Otro tipo de estudio taxonómico, el de los restos de plantas domésticas de los sesenta componentes excavados en que se encontraron materiales alimenticios preservados, confirmaron al menos parte de la secuencia de los componentes basados en la tipología de los artefactos. Las razas de maíz determinadas por Mangelsdorf y Galinat, les permitió alinear en orden cronológico las zonas I a la XIII del Tc 50, la zonas B-F, las zonas A-K de Tc 272, las zonas AE de Tc 35 y las zonas superiores del Tc 307, Tc 35w y Tc 255. El estudio de los frijoles hechos por Kaplan, demostró secuencias paralelas y un estudio de las cucurbitáceas efectuado por Whitaker Cutler confirmó el orden establecido por el maíz y también ayudó a establecer la posición de la Zona XIV del (Tc 50). El estudio de otras plantas domesticadas efectuado por Smith produjo resultados en armonía con la posición relativa de los componentes revelada por las plantas anteriormente mencionadas. Así que nuestra cronología relativa fue establecida en base a la estratigrafía, a la tipología de los artefactos, y a la secuencia de desarrollo de las plantas domesticadas. Nosotros intentamos suplementar nuestra información en la cronología con los estudios de la hidratación de obsidiana. Aunque ésta técnica parecía ofrecer ser promisoria (Friedman y Smith 1960; Evans y Meggers 1960), estudios meticulosos hechos por el Doctor Donovan Clark fracasaron para comprobar su valor como un medidor de tiempo en el Valle de Tehuacán. La comprobación convincente de la cronología relativa provino de los estudios cronométricos. Después de que hubiésemos establecido la cronología relativa, cuidadosamente seleccionamos los componentes que habrían de fecharse por medio del método de radiocarbón de tal manera que tuviésemos

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fechas que representasen la secuencia completa. Habiendo mencionado lo anterior, obtuvimos más de 120 fechas de radiocarbón para 62 de los 156 componentes. Como resultado, ningún periodo mayor a 500 años en los últimos 9 milenios carece por lo menos de una prueba de radiocarbón. Los resultados confirman de manera completa y comprueban el ordenamiento de una cronología relativa menos precisa. Un estudio estadístico posterior de la secuencia de artefactos en todos los componentes en conjunto con las eras o etapas de radiocarbón de los componentes seleccionados hizo posible calcular la antigüedad de los componentes no fechados. Este análisis, de igual manera a aquel de la cronología relativa, habrá de explicarse de manera más explícita por Johnson y MacNeish en el volumen IV. Las fechas mencionadas en éste y en los dos volúmenes sucedáneos, se utilizan solo como aproximaciones simples y pueden tener un rango de error tan amplio como 500 años más menos. Hemos utilizado fechas aproximadas para proporcionar al lector una orientación temporal, ya que los tres primeros volúmenes fueron escritos antes de los análisis del volumen cuatro, pudiese completarse. Empleamos un método adicional, las fechas cruzadas, para hacer que nuestras fechas fueran más precisas. Nuestros estudios de tipos de artefactos finalmente revelaron objetos, especialmente tepalcates, traídos al Valle de Tehuacán de fuentes externas o exteriores. Aquellos tipos de artefactos cuya posición en la secuencia cultural de sus regiones nativas estaba bien establecida por fechas de radiocarbón sirvieron para colocar en tiempo las zonas del Valle de Tehuacán en el cual se encontraron. Las fechas de otras regiones por lo tanto podrían aplicarse a la secuencia en el Valle. En casos en el cual nosotros teníamos una fecha de radiocarbón para una zona en el cual un objeto “extraño” se encontraba se podía utilizar como medida de corrección de nuestra fecha. En casos en los cuales nosotros teníamos un número de fechas confirmantorias en la serie de Tehuacán, podían utilizarse como medida de corrección de las fechas “foráneas”. Pudiese decirse lo mismo en lo que se refiere a tipos nativos al Valle de Tehuacán que fueron identificados en secuencias en otras regiones. Tal información cruzada de las fechas no sólo confirmaba la cronología relativa sino que apoyaba la validez de nuestras series de radiocarbón, particularmente en casos de fechas de las fases más recientes cuando la cerámica era abundante. A grandes rasgos, nuestra secuencia de componentes, establecida al hacer uso de los métodos y técnicas de las varias disciplinas, parece sostenerse sobre una base sólida. Obviamente, la secuencia sería mejorada por números

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mayores de artefactos o restos de plantas o animales de ciertos segmentos, por medio de mas fechas de radiocarbón y por estudios mineralógicos vastos de objetos de comercio e intercambio, junto con más y mejores fechas de radiocarbón para situar los objetos mas allá de la interrogante en la escala de tiempo de su región nativa. La comparación de los tipos de artefactos y de las fechas relacionadas en cada componente no solo arroja como resultado información cronológica, sino que también provee información de otro nivel de abstracción, por ejemplo la comparación de nuestros tipos de artefactos regionales con aquellos de otras regiones podrían proporcionar información no sólo útil para la información cruzada sino que también para determinar las relaciones en el espacio, tales como el origen y difusión de éstos tipos de artefactos. Adicionalmente, la comparación de los varios componentes entre sí y con los grupos de tipo de artefactos dentro de la secuencia del Valle de Tehuacán, nos permitió discernir periodos mayores e importantes de cambios culturales. Este ultimo proceso reveló de que había ocho impulsos o conglomerados de nuevos tipos de artefactos y otros tres diagnósticos en nuestra cronología relativamente larga, más aún que sólo acumulaciones graduales de nuevos conjuntos. Nosotros creemos que estos impulsos representan periodos de cambio cultural significativo. Los periodos o segmentos de nuestra secuencia cuando obtenemos nuevos complejos de tipos recurrentes en un número de componentes secuenciales se les llama “Fases”. nuestra comparación real de los tipos de artefactos y otros rasgos en lo que se refiere a cada componente de Tehuacán revelaban nueve fases que nosotros llamamos de la más antigua a la más reciente: Ajuereado, El Riego, Coxcatlán, Abejas, Purrón, Ajalpan, Santa María, Palo Blanco y Venta Salada. Al través de estos reportes se utilizan términos como hombre primitivo, agricultura incipiente o arcaica, formativo, clásico y postclásico. (martha) caset 5 Obviamente este uso, infiere un conjunto posterior de unidades de clasificación. Yo utilizo estos términos, no como etapas sino como períodos. El período del hombre primitivo sería anterior a los 7000 años a.C: (en Tehuacán, la fase del Ajuereado), el período Arcaico de Agricultura Incipiente se ampliaría escasamente del año 7000 a.c. al 2300 a.c.: (fases del El Riego, Coxcatlán y Las Abejas), el período Formativo Temprano de aproximadamente año 2300 a 900 a.C. (fases de el Purrón y Ajalpan), el medio Formativo de 1000 a 900 a.C.. Hasta aproximadamente 600 o 500 a.C..(Fase Santa María Temprana), el último período Formativo de aproximadamente 600 a.C. a 200 a.C. o sea al inicio de la era Cristiana (la Fase Santa María tardía, el período

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Clásico de a.C.. a 700 u 800 (la fase Palo Blanco), y el período Postclásico de aproximadamente del año 700 a 800 d.c. hasta la Conquista Española (fase Venta Salada) permítanme constatar de manera específicamente que la intención de estos términos no son designar etapas en un desarrollo unilineal cultural. Tengo dudas considerables que la especie del esquema unilineal “del esquema de etapas evolucionarias a la civilización en Mesoamérica”. Aunque las fases de la Prehistoria de Tehuacán fueron definidas principalmente en base a los tipos de artefactos y de rasgos culturales, se obtuvo un conocimiento completo de la cultura que fue obtenido por la interpretación del estudio que utiliza un enfoque interdisciplinario. Una vez más en nuestro enfoque interdisciplinario hacia la cronología intentamos utilizar información derivada de un número de campos en nuestro esfuerzo para reconstruir la forma antigua de vida de la gente que hizo o elaboró los artefactos que ahora nosotros clasificamos en divisiones arbitrarias denominadas fases. Los estudios de la geología y de la geografía moderna de la región sugieren que la fisiografia y la topografía no han sufrido un cambio drástico desde que el hombre por primera vez habitó el Valle. Los estudios geológicos, no obstante, muestran que ha habido aparentemente un descenso continuo del nivel del agua de superficie durante ese intervalo. La información histórica, también, muestra una reducción en el suministro de agua se ha llevado al cabo o ha sucedido en por lo menos una parte del tiempo histórico. Los estudios geológicos nos indican que fuentes confiables de materia prima para las armas aborígenes, herramientas o trabajo de arte. Nosotros habíamos esperado pode tener la posibilidad de reconstruir los pasados clichés o por lo menos señalar hacia las sugerencias de posibles etapas en el clima a través de los estudios de caracoles de tierra y de polen obtenidos de nuestra excavación. Un estudio fue llevado al cabo, pero aunque los resultados preliminares muestran ligeros cambios climáticos, fue imposible llevar este trabajo a una terminación satisfactoria. Las muestras de polen que se obtuvieron en 1961 nos condujeron a tener la esperanza de que los estudios serían recompensatorios. Aunque James Schoenwetter, Elso S. Barghoorn, y Henry Irwin han trabajado en muestras tomadas posteriormente, ninguno ha podido aislar una suficiente cantidad de polen a partir de los primeros componentes para garantizar cualquier confirmación acerca de la estratigrafía. Los granos de polen parecen sufrir una reducción progresiva en la densidad con el paso del tiempo, y que eventualmente desaparecen. Ningún polen que no sea representativo de la vegetación actual ha sido encontrado en cualquiera

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de las muestras. Somos forzados a concluir que la cantidad de polen es insuficiente y que el número de especies representadas por los granos conservados en inadecuada para exhibir un registro de los climas pasados en el Valle de Tehuacán. Los estudios de los restos de plantas no indican cambio alguno en el clima de alguna magnitud importante (ver capítulo 12). Los huesos de animales de los primeros niveles primarios incluyen aquellos de varias especies actualmente extintas o no representadas en el Valle de Tehuacán (ver capítulo 8). Es posible postular la existencia de un clima en el tiempo primario del Ajuereado que fue ligeramente más fría a la de hoy en día. Pero la información para corroborarlo no existe. Los estudios detallados de los micro medio ambientes, incluyendo la precipitación pluvial, el drenaje, la exposición y la evapotranspiracion de los suelos y del lecho de roca, de pequeñas variaciones de temperatura y de la cubierta de plantas que se ha desarrollado en respuesta a las variaciones que en estos factores puede algún día combinarse en un todo que arrojará mucha de la luz necesaria en los procesos de la diferenciación cultural y la especialización en los nichos ambientales restringidos y en los procesos de la evolución cultural dentro de un Valle. Habíamos tenido la esperanza de tomar pasos preliminares en este sentido, pero debido que la información necesaria no estaba disponible, el progreso en este sentido no ha sido ya sea mayor o seguro. Tal información ambiental como hemos recolectado se presenta bajo los capítulos 3, 4, 5, 8 y 12. Para reconstruir el grado al cual los habitantes prehistóricos explotaron su medio ambiente fue necesario utilizar información derivada de las investigaciones llevadas por los científicos en varias disciplinas. Su trabajo, en su mayoría se presenta en este volumen, cubre los estudios tanto de las plantas silvestres como de las domésticas, incluyendo el maíz, los frijoles, las cucurbitáceas y otros cultivos. La primera lista publicada de la fauna del Valle en la interpretación del significado de los restos de animales encontrados en sitios arqueológicos locales; en medidas y observaciones en tales restos esqueléticos humanos que pudimos tener: la investigación de la geología física e histórica y la hidrología: una consideración del clima del Valle; y el examen de desarrollo de la práctica de la irrigación. Un cálculo del actual sustentabilidad de los antiguos habitantes se basa en la interpretación de tres tipos de materiales excavados entre restos de plantas alimenticias y animales encontrados en los varios componentes, en las feces y en las herramientas conectadas directamente con la subsistencia.

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Debido al estado seco del valle, los huesos de frutas, fragmentos de tallos y hojas, las partes mascadas, pequeñas semillas y/o literalmente cualquier objeto que los antiguos habitantes dejaron caer en los pisos de la cueva o que pusieron a un lado para almacén se han preservado, y permanecen en un estado deshidratado. En conjunto, estos restos normalmente perecederos y los huesos descartados de animales comestibles constituyen lo que nos hemos referido como desecho o basura, Antes que pudiésemos analizar los desechos con una visión para la reconstrucción de la sustentabilidad de los primeros habitantes, fue necesario identificar las especies de animales representadas y calcular la cantidad mínima de carne comestible derivada de estos animales. Los restos tanto de animales silvestres y plantas domésticas, una vez que fueron identificados, pudo también ser expresado en términos de una cantidad mínima de alimento que hubiesen suministrado. Entonces para cada zona para la cual había material alimenticio preservado, teníamos cálculos de la cantidad total de comida que era provista por estos restos. Podríamos dividir este total entre las fuentes de comida-carne, plantas silvestres y plantas cultivadas- para llegar a los porcentajes de la dieta derivada de cada fuente. Una comparación de piso a piso de estos porcentajes reveló una dependencia cambiante en los diferentes tipos de comida con el paso del tiempo. Obviamente el rango de error en tales cálculos es mas bien amplio, y tales factores como la preservación dispareja de alimentos vegetales en los niveles más tempranos nos forzó a hacer algunos apuntes estadísticos. Sea como puede ser, nuestros errores son consistentes en cada piso al paso del tiempo y las tendencias reveladas por medio de los cálculos son probablemente válidas. Estos cálculos se discuten en detalle en el capítulo 14. Más de 200 feces de 60 pisos en los cuales los materiales perecederos sobrevivieron quedaron a disposición de análisis (ver capítulo 3). De estas más de 100 se interpretan como de origen humano. Miles de partículas pequeñas de alimentos de las feces se separaron e identificaron bajo el microscopio en un esfuerzo para reconstruir la dieta de cada piso y la fase secuencial. No obstante, los cálculos de las proporciones de la sustentabilidad de las diferentes fuentes basado en el análisis de los coprolitos están sujetas a tipos peculiares de errores, para el maíz finamente molido en las tortillas aparentemente no dejan rastro, mientras los restos de comida de plantas no molidas y forraje pueden encontrarse fácilmente. Sin embargo la identidad de muchos alimentos de plantas y animales y cambios en su uso fueron revelados por medio del análisis de los coprolitos humanos y sirvieron para complementar o corroborar información derivada de los restos de basura más abundantes.

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Un estudio de las herramientas y facetas conectadas con las actividades de subsistencia es obviamente el método menos confiable para calcular la subsistencia. Aquí uno puede asumir en base a la información etnográfica que las puntas de proyectiles indican caza: que los morteros, pistilos y las piedras de molienda representan la recolección de plantas, o que las manos, metates, comales y molcajetes se utilizan en la preparación de alimentos de origen agrícola. Obviamente las herramientas que damos por hecho se utilizaban para preparar los productos agrícolas podrían también utilizarse para las plantas silvestres y viceversa. Aun más, es más fácil hacer y luego perder una punta de proyectil que hacer lo mismo con un metate. A pesar de estas debilidades, un estudio de tecnología nos permitió hacer cálculos mas bien no precisos de las proporciones de alimentos derivados de las varias fuentes, y una comparación de piso a piso de estos cálculos mostraron las tendencias en la subsistencia. Aunque cada uno de los tipos de la información de las subsistencias tiene límites definidos, los cálculos basados en un estudio de todos ellos, en conjunto con algo de conocimiento de etnografía y características de los restos esqueletales, nos permitió hacer un juicio más agudo acerca de las actividades de subsistencia. Ya que las diferentes clases de actividades de subsistencia y tendencias cambiantes atraves del tiempo exhibidas por medio de materiales y otros artefactos asociadas con ellos se discuten de manera amplia en el capítulo de conclusiones, no entraré en detalle más especificó aquí las técnicas para preparar alimentos –tal como lo reflejan los artefactos, el desecho, las feces y aun los restos esqueletales- también cambiaron a través del tiempo. Estas técnicas se discuten en el capítulo final, así como en los capítulos que abajo tratan específicamente con huesos de animales, plantas, coprolitos y antropología física. También intentamos reconstruir la antigua tecnología y tomar nota de cualquier cambio. Es lo que los arqueólogos con frecuencia manifiestan pueden hacer mejor al hacer inferencias a partir de estudios cuidadosos de la cultura material de la gente viviente. Con mucha franqueza, ni nosotros ni la mayoría de los arqueólogos mesoamericanos han hecho este tipo de reconstrucción de manera tan vasta como nosotros deberíamos. Nosotros como la mayoría de nuestros colegas, estudiamos las herramientas de piedra cortada. Después de examinar los especímenes bajo una lupa o microscopio y de haber tomado nota de las facetas específicamente producidas por las técnicas que nosotros identificamos tentativamente, hemos estado en posibilidad de voltear hacia los relatos etnográficos y modernos de la talle de pedernal y hacer inferencias referentes a las técnicas utilizadas por los antiguos habitantes del Valle de Tehuacán. Aunque nuestras conclusiones pueden en términos

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generales ser válidas, es desafortunado que nosotros no pudimos asumir o llevar al cabo estudios vastos de implementos bajo el microscopio intentar por parte del experimento de reproducir facetas así identificadas como se hizo en los estudios pioneros de Semenov y sus colegas. Tales investigaciones son esenciales para una reconstrucción más exacta de las técnicas de talla del pedernal y las maneras de utilizar las herramientas que ahora tenemos. Una critica de la misma naturaleza pudiera erigirse contra nuestros estudios de la cerámica. Aunque el Ingeniero Arturo Sotomayor pudo sacar secciones delgadas de tepalcates y completar análisis petrográficos, no tuvimos suficiente tiempo para muestrear los lechos de arcilla en el Valle aunque pudimos fácilmente determinar la dureza de la cerámica y pudimos hacer juicios acerca de los procesos de manufactura y fuego, no tuvimos la oportunidad de llevar a cabo estudios experimentales y etnográficas en apoyo de estas observaciones. Aunque los acabados de superficie, los acabados de las vasijas y las decoraciones se describen de manera cuidadosa, ha habido poco esfuerzo para entender sus significados sociológicos. Los estudios de la mineralogía y de la química de las pinturas y de nuestros pocos especímenes de cobre, es aún más superficial. El análisis y descripción de objetos hechos de fibra-cuerda, redes, petates, sandalias y textiles, es un poco mejor, porque éstas, -especialmente los textiles fueron sujetos a un cuidadoso estudio pudieron ser observadas a la luz del conocimiento de productos semejantes hechos por seres vivos o conocidos de otros sitios arqueológicos secos. Los análisis de estos objetos hubieran sido más valiosos si hubiéramos podido ser más consistentes para identificar las fibras de las cuales fueron hechos. Una investigación de industrias comparables entre gente viva en el área también hubiera sido de provecho. Con la ayuda de un microscopio, estudiamos las herramientas de piedra para molienda y de objetos de hueso, concha, asta de venado, y madera. Una vez más aquí, en lo que se refiere a información comparativa con frecuencia nos apoyamos en discusiones de industrias similares en relatos etnográficos. No intentamos reconstruir la tecnología de piedra ni de la cantera de extracción de piedra, ni de la albañilería, escultura y otros aspectos de la vida aborigen. Por lo tanto nuestra discusión de la tecnología total de Tehuacán a describirse son páginas aparentemente interminables en los volúmenes II, III,V, VI, está muy lejos de ser completa. Espero que investigadores podrán hacer grandes mejoras al respecto,

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Nuestros estudios de la población aborigen también son incompletos. Obviamente 73 entierros, con frecuencia fragmentarios que se presentan nuevas fases culturales que tienen una extensión aproximada de 10,000 años son una muestra muy inadecuada de la población prehistórica del Valle y ciertamente suministraran pocas bases para juzgar las tendencias de población. La información valiosa derivada de la antropología física en lo que se refiere a la edad, sexo, estatura y patología; es también muy limitada para ser útil en un estudio demográfico. Excavaciones futuras en el Valle de Tehuacán podrían suplementar o complementar ésta información. Un segundo método de derivar un cálculo de poblaciones y tendencias poblacionales es trabajar retrospectivamente en el tiempo a partir de los registros posteriores a la Conquista. Alguna de la información de Cook, Simpson y Obra relacionadas al Valle de Tehuacán. Tal como se pone en forma de lista y se discute en el capítulo 3 que abajo se describe, los conteos de la población posterior a la Conquista de muchos pueblos existen, aunque con frecuencia en términos de familia o tributarios. De estos cálculos justifican una adivinanza que el total de la población del Valle alrededor de 1514 D.C., era alrededor de 90,000 y 120,000 personas. Un estudio minucioso de los documentos relacionados al señorío de Teotitlán del camino en los tiempos de la Conquista y de la Preconquista probablemente nos permitiría cálculos más exactos. Sin embargo las cifras de población posterior a la Conquista suministran bases para juzgar la exactitud de la investigación del sitio y un cálculo de un número total de los asentamientos ocupados de la fase Venta Salada. Al dividir la población total en el tiempo de la Conquista, entre el número de sitios conocidos de la fase de Venta Salada, obtenemos una relación que podemos entonces aplicar a asentamientos representados por pisos de ocupación en sitios excavados y en sitios de investigación durante cada una de las fases precedentes- Palo blanco, Santa María, Ajalpan y etc. Entonces o consecuentemente la tendencia de la población, se puede elaborar u obtener en lo que se refiere a la secuencia total, utilizando los 454 sitios encontrados en la investigación y las 156 ocupaciones descubiertas por medio de excavaciones. Los datos obtenidos de la investigación de sitio de las excavaciones proporcionan una base para delinear los patrones de asentamiento durante cada una de las fases secuenciales. Los estudios de artefactos suministraron o agregaron conocimiento de las formas características de las varias bases. Esto a su vez, nos permitió ubicar acerca de 350 de los sitios registrados por la investigación en sus fases adecuadas. Enseguida, la información de la investigación para cada sitio fue examinada para información referente a la ubicación en respecto a las facetas topográficas, tamaño y plan, ordenamiento

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del asentamiento respecto a las facetas arquitectónicas y de la relación del sitio a otros sitios dentro de la misma fase. De esta manera nosotros gradualmente llegamos a entender parcialmente el patrón de asentamiento característico de cada fase. De haber sido posible excavar un número de ejemplos de los diferentes tipos de asentamiento en cada fase, nuestro estudio se hubiese enriquecido considerablemente. Aun así, es muy completo y relativamente único en México, particularmente en las fases cerámicas. En las fases precerámicas, la información de los componentes excavados fue aún más instructiva que los datos de investigación de sitio. Las poblaciones de los campamentos podrían calcularse en base al tamaño de las zonas ocupadas y el número de fogatas o fogones que contenía cada una, calificadas por que la información del período limitante de ocupación derivada de los restos animales y de plantas y tal como fue documentada por el análisis de las feces. En conjunto, éstas nos dieron algunas bases para juzgar el tiempo, el año en el que la gente se mudó al sitio y la longitud del tiempo que permanecieron. Los cálculos de población podrían obtenerse al dividir la duración de cada ocupación en términos del número aproximado de días entre la cantidad total de productos alimenticios, expresados en sus lugares de desecho, representados por los desechos en la zona. Asumiendo que una persona comió como aproximadamente un litro de alimento al día, el resultado debería dar un indicador de la población que ocupó sitios en un momento dado. Un análisis de población de un patrón de asentamiento será uno de los temas de mayor importancia del volumen V. Toda esta información, tiene un período de ocupación en términos de estaciones o temporadas, densidad de población, ocupación estacionada de los campos de las fases anteriores, puede verse a la luz de los patrones de subsistencia reconstruidos durante el medio ambiente de las fases precerámicas más tempranas y consecuentemente utilizada como una base sobre la cual hacer postulados referentes a la organización de las sociedades de las gentes más primitivas. Steward y otros antropólogos sociales han establecido que las gentes residentes en un ambiente difícil de desierto en donde hay una baja densidad de población, cuya subsistencia se basa en los hábitos de recolección de comida de nomadismo estacional junta pequeños grupos en temporadas de abundancia, que se organizan normalmente en bandas, y que reconocen territorios de bandas y tienen un liderazgo patriarcal muy débil. Toda la evidencia que conlleva la necesidad de población, nomadismo estacional, los patrones de asentamiento de subsistencia que en medio ambiente durante las fases del Riego y Coxcatlán, se orientan a las condiciones análogos de aquellas descritas arriba, y por lo tanto parece probable que durante estas fases la gente

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se organizaban en bandas, se suscribían a reglas de exogamia de banda y territorialidad, y estaban bajo un liderazgo débil. Las condiciones ambientales, la densidad de población, el patrón de asentamiento, el patrón de subsistencia y otras características que se encontraron en nuestras fases posteriores –Las Abejas, Ajalpan, Palo Blanco y Venta Salada, no se han correlacionado con tipos específicos de organización especial. No obstante ésto representa una avenida valiosa para la investigación y trataré de aclararla en el volumen VI. La organización social de la fase final, Venta Salada podría aprenderse mejor por medio de estudios cercanos de tales fuentes como los códices y relaciones en los cuales hay información que conlleva lo relacionado a la organización de la sociedad en el tiempo de la Conquista. Otra información arqueológica puede auxiliar en mi intento para reconstruir la organización social. Las prácticas de entierro nos dan algunos nortes o indicadores en lo que se refiere a clase y casta, así como al tipo de familia y organización de linaje. Los tipos de figurillas y cambios en ellos pueden reflejar los cambios en el sistema de linaje. Los diferentes tipos de casas y facetas arquitectónicas arrojan un poco de información acerca de la clase así como de la organización política y religiosa. Los análisis de artefactos sugieren la posible existencia de especialistas de tiempo completo o artesanos. El descubrimiento de objetos traídos por el comercio o intercambio en otras regiones nos ofrece bases para formarnos ideas acerca del comercio. Los descubrimientos de las fases de Palo Blanco y Venta Salada, conectados con una Industria de la sal revela información acerca de productos especiales llevados al comercio. Los aspectos de la sociedad relacionados con lo sobrenatural o con la organización religiosa pueden inferirse en la base de información derivada de una variedad de fuentes, incluidos entierros, figurillas, tipos de incensarios o xantiles, tipos de facetas arquitectónicas y su ordenamiento. Una vez más los códices y rituales, particularmente el Códice Borgia, que puede estar conectada cercanamente con la fase de Venta Salada, revela mucho acerca de las ceremonias, dioses y rituales de aspecto religioso de la vida de la gente. Tales deducciones acerca de los aspectos sociales de la gente que llegan a nuestro conocimiento únicamente por medio de las fases arqueológicas, serán analizados en los volúmenes futuros de esta serie. Dado que las fases de la secuencia Tehuacán serán mencionadas de forma repetitiva a lo largo de éste y

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de los volúmenes siguientes, habremos de proporcionar breves resúmenes de las características de cada uno de ellos, a mencionar: AJUEREADO: terminó antes del año 6500 a.c., rastros de ocupaciones de la cueva, probablemente efectuados por pequeños grupos de unas cuantas familias. El grupo humano estaba compuesto de cazadores, tramperos y recolectores de plantas. Unas cuantas herramientas de piedra trabajadas, la mayoría de ellas elaboradas de forma rústica extraídas de algunas lajas. EL RIEGO: 6500 a. 5000 a.C., muchos campamentos de temporada húmeda y seca de gente que vivía de la caza, de las trampas, y de la recolección. Primeros indicios de cultivo de plantas. Un mayor número de herramientas de piedra para moler, de redes, de canastas, de petates. Entierros múltiples de tipo ritual, con indicaciones de sacrificio humano. COXCATLAN: De 5000 3500 años a.C., menos sitios ocupados por períodos mayores de grupos mayores. La gente era principalmente recolectora de plantas quienes también ponían trampas de animales y cazaban. Existe firme evidencia de cultivo de un número importante de plantas, que incluían maíz, frijol, calabaza y chile, así como indicaciones de experimentos con frutos. El inventario ampliado de herramientas de piedra cortada y de molienda; los metates empiezan a reemplazar la piedra de molienda; también existen técnicas mejoradas de elaboración de canastas y de redes. LAS ABEJAS: De 3500 a 2300 a.C., importantes cambios en el patrón del lugar de colonización o asentamientos; algunas gentes, viviendo a lo largo del año, en aldeas de casas tipo foso a lo largo de las terrazas de los ríos en los flancos occidentales del Valle. Los alimentos agrícolas ahora proporcionan el 20% de la dieta e incluye nuevas especies. Primera evidencia del perro doméstico. Nuevos tipos de artefactos de piedra cortada y de molino; canastos de puntada separada; posiblemente cordón de algodón. PURRON: De 2300 a 1500 a.C., se conoce únicamente al través de dos ocupaciones de la cueva; esta fase se caracteriza por cerámica diferente, cruda, quebradiza que se encuentra entre las primeras o más tempranas que se han encontrado en Mesoamérica. Otros tipos de artefactos continúan en formas representadas por los ensambles de las Abejas y Ajalpan. AJALPAN: De 1500 a 900 a.C., la gente se había convertido en campesinos de subsistencia que vivían en aldeas de carrizo y de adobe en todas las planicies de inundación. Las cosechas incluyen maíz, calabaza, frijol, chile, amaranto, aguacate, zapotes y algodón. Cantidades más importantes de

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herramientas de piedra cruda y de molienda, muestras importantes de cerámica bien hechas en un número limitado de formas de vasija. Las figuritas evolucionan una factura temprana cruda hasta tipos sólidos a diferencia de otras en el Altiplano de México, para posteriormente convertirse en figurinas grandes huecas sólidos y se asemejan a los primeros ejemplos de las regiones bajas (ver volumen III). SANTA MARIA: De 900 a 200 a.C., un número importante de componentes indica indicios del crecimiento de la población. La primera evidencia estructural de una verdadera irrigación, la gente también eran campesinos de la Planicie de inundación así como de las barrancas, cultivaban raíces mejoradas de maíz y otras plantas. Las casas de carrizo y adobe, orientadas a una aldea mayor que contenía estructuras ceremoniales, estaban localizadas en la parte de abajo del Valle cerca de Ajalpan, Tehuacán, Tepanco, y en la boca del arroyo Lencho Riego no lejos de Tilapan. Las cerámicas blanca y gris -bien hechas- muestra semejanza a la cerámica temprana de Veracruz y de Monte Albán. Una muestra variada de figuritas, que incluyen tipos intrusivos de otras partes de México, proporcionan correlaciones de una organización religiosa y secular, incluye un panteón de poderosos sacerdotes y jefes. Otros artefactos incluye nuevos tipos de herramientas de piedra, tela de algodón tejido, posiblemente sandalias entrelazadas. PALO BLANCO: de 200 a.C. a 700 d.c., los campesinos del Valle regularmente utilizaron irrigación; los nuevos productos domesticados incluían cacahuate, guayaba y guajolotes. Numerosos asentamientos, que consistían de aldeas y pequeños grupos orientados hacia centros adyacentes más grandes que se encontraban en la parte superior de las colinas con pirámides de piedra elaborada, juegos de pelota, plazas, y otras esculturas se localizaron en muchas de las mesetas o mesas entre Calipan y Teotitlán del Camino; otras se construyeron en colinas a lo largo del costado Noroccidental cerca de Zapotitlán. Estos centros nos hacen pensar de la existencia de sacerdotes y reyes, o los sacerdotes-reyes gobernaron asistidos por una jerarquía de burócratas y consultores. Los quemadores de incienso de esfinge indican el ritual de algunos de los dioses posteriormente registrados en el Códice Borgia, y otros Códices, pueden remontarse a este tiempo. Los artefactos incluyen herramientas muy bien elaboradas de obsidiana, tela de corteza, telas tejidas, y cerámica gris y naranja fina. VENTA SALADA: de 700 a 1540 d.c., el Valle estaba probablemente dividido en Ciudades, Estados o Reinos compuestos de pueblos o caseríos que

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rodeaban a los centros urbanos, que a menudo se encontraban fortificados, situados en los flancos del Valle en las mismas ubicaciones de los pueblos actuales. Los campos, los adoratorios, los sitios para elaboración de la sal, las canteras, las aldeas, las casas de los guardias y las habitaciones conectadas con un amplio rango de facetas de la irrigación se difundían a lo largo de la región. La economía estaba basada en la agricultura de irrigación, el comercio, la producción de sal, el proceso del algodón, y la elaboración de algunos implementos diferentes de piedra. La cultura material como un ente total es una variante del estilo de la mixteca de Puebla y del complejo de artefactos. La organización social eraintrincada y estratificada. El desarrollo de un sistema jeroglífico, hizo que fuese posible la documentación de una religión elaborada, de un sistema calendarico complicado, y de muchas ceremonias. REFERENCIAS: Barghoorn y Aux. 1954 Caso, 1938 Crane y Griffin, 1962 Drucker, 1943 Eckholm, 1944 Evans y Meggers, 1960 Friedman y R. L. Smith, 1960 Kidder y Aux., 1946 Kirchhoff, 1952 MacNeish, 1954 Medellin Zenil, 1960 Steward, J. H., 1955 Vaillant, 1966

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CAPITULO 2 TECNICAS DE LABORATORIO Y DE CAMPO Richard S. MacNeish

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a solución de los problemas más generales discutidos en el artículo del capítulo precedente, dependían básicamente en la información derivada del trabajo de campo y de laboratorio de campo. Aunque las técnicas que utilizamos en el campo son bien conocidas para la mayoría de los arqueólogos, una descripción breve de ellas aquí puede ser útil para los futuros trabajadores. Obviamente un número de objetivos mas bien prácticos y problemas fueron de gran ayuda y algunas veces determinaron la formulación de las técnicas de campo y de laboratorio. Aunque el descubrimiento de la cueva de Coxcatlán con su maíz primitivo nos trajo a Tehuacán, los problemas iniciales de campo fueron, primero, definir el área en la que trabajaríamos y luego descubrir los sitios dentro de los cuales la excavación daría la secuencia cultural regional más completa. Obviamente la región tenía que ser seca si es que habríamos de encontrar los restos de productos agrícolas precederos que se cultivaba en tiempos primitivos, pero también la región tenía que ser una unidad cultural. El estudio de los mapas publicados por la Comisión del Papaloapan, suministró la información ambiental que necesitábamos. Al principio, definimos la región en términos de una precipitación pluvial anual menor a los 800 mm. y la vegetación xerófica consecuente. También sentimos que la región debería ser de alguna manera una unidad topográfica. Con estos tres factores en mente, nos tornamos hacia los mapas una vez mas y establecimos los límites o fronteras sencillos de la región en la cual trabajaríamos. En ese tiempo, tomamos nota de las áreas problemáticas dentro de la región las cuales compartían solo uno o dos de las tres características. Entonces Fred Peterson y yo, nos fuimos al campo para probar nuestra región definitiva ambientalmente hipotética y ver si el material arqueológico se correlacionaba con ella. Comenzamos alrededor del valle de Tehuacán, gradualmente eliminando las áreas circunvecinas que contenían ya sea materiales culturales de un tipo diferente o que carecían de las características que tipifican las facetas del desierto. En primer lugar, trabajamos al occidente hasta llegar a la Carretera Panamericana, en Huajuapan de León Oaxaca. En seguida manejamos hacia las altas sierras al nor-oriente del pueblo de Tehuacán, y luego hicimos una exploración más allá de Teotitlán del Camino, en la terminal

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sur-oriental del valle. Finalmente trabajamos hacia el noroeste hasta que quedamos justo al sur de la ciudad de puebla. Por medio de este proceso, gradualmente desarrollamos un concepto general de las dimensiones ambientales culturales de la región con las que estábamos involucrados. Esto fue finalmente definido como el Valle de Tehuacán desde Tlacotepec de Díaz en el noroeste a Tecomavaca del sur-oriente, una distancia aproximada de 80 millas. El límite nor-oriental de nuestra área lacial en la sombra de lluvia de la Sierra Madre de Oaxaca, en el flanco sur-oriental de la Sierra de Zongolica. El límite sur-occidental, estaba formado por los pies de las colinas de la Mixteca Alta, en el lado sur-occidental del Valle de Tehuacán. Al Valle le agregamos la extensión tipo nicho en el occidente formado por el valle de Zapotitlán, hasta Acatepec. Aunque más tarde modificamos los límites del área de alguna forma, descubrimos que generalmente la región yace al norte de Tecomavaca, al sur de cuyo punto, la cerámica Posclásica era de un tipo diferente y el carácter de la vegetación desértica cambiaba, aunque la precipitación pluvial y la topografía no lo hacían. Hacia el norte, Tlacotepec parecía marcar un límite más allá del cual nuevas clases de cerámica Clásica Formativa empezaron aparecer, aun cuando la cerámica diferencial Posclásica del valle y del área de baja precipitación pluvial, se extienden tan lejos al norte hasta Tecamachalco. Aún más, la vegetación cambio notoriamente y el valle fue interrumpido por una serie de colinas bajas. Los lados oriental y occidental del Valle fueron, fácil de definir por medio de la precipitación pluvial incrementada, el roble y la vegetación de roble pino de montaña, y la topografía de vertiente de la montaña. Al occidente de Acatepec aún la cerámica Clásica era diferente. Dentro de los límites establecimos, era una subárea cultural o región en el sentido “Kroeberiano” de la palabra y por ello, parecía recomendable concentrar nuestros esfuerzos de reconocimiento de manera intensiva. Habiendo definido nuestra región de manera general, la tarea siguiente era encontrar los sitios más productivos en ella. Queríamos excavar sitios con depósitos profundos, bien preservados y estratificados que contuviesen material típico de cada parte de la secuencia. Queríamos encontrar los lugares en nuestra región donde los antiguos habitantes preferían vivir. Utilizando este conocimiento de asentamiento o patrón de comunidad, esperábamos excavar sitios que diesen la máxima información con el mínimo de tiempo y esfuerzo. Idealmente este objetivo pudo haberse logrado al escoger una pequeña parte de la región, investigándola intensivamente, analizando los materiales de la investigación para establecer una secuencia, y luego desarrollar hipótesis

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Fig. 3. El Valle de Tehuacรกn. Los triรกngulos indican los sitios arqueolรณgicos.

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acerca del patrón de asentamiento. Estas hipótesis podrían entonces probarse y modificarse por medio del reconocimiento en las varias subregiones hasta que la región completa estuviese cubierta. Los análisis de todos los materiales investigados entonces, serían la base para escoger los mejores sitios de excavación. Es ocioso mencionar, que no nos adherimos de manera estricta a este patrón ideal. Primero que nada, desde la investigación preliminar que hice en 1960, había escasamente formulado una hipótesis relacionada al tipo de cuevas que tuvieran depósitos estratificados. En segundo lugar Peterson y yo, teníamos suficiente conocimiento de la arqueología mexicana para que nos ayudara a establecer hipótesis acerca de la secuencia de los artefactos que deberían de encontrarse en el Valle de Tehuacán. Nosotros sin embargo investigamos de manera más bien intensiva alrededor del Riego, justo al norte de Tehuacán y probamos mi hipótesis acerca de las facetas características de los sitios estratificados. Llevamos al cabo algunas excavaciones para probar nuestras teorías referentes a las secuencias de los artefactos. Como resultado de estos esfuerzos, postulamos que las cuevas que contenían depósitos estratificados estarían caracterizadas por un amplia boca, una profundidad de frente hacia atrás de tres o más metros y un suelo seco, paredes verticales que indicasen un depósito de desecho para trabajar, que exhibirían en el talud un amplia variedad de tepalcates y de artefactos de piedra cortada. También descubrimos que las partes de arriba de las colinas, estaban cubiertas por grandes ruinas con cerámica similar al Periodo Clásico de Monte Albán y que en los costados del valle, había grandes ruinas con cerámica Posclásica de la Mixteca Poblana. Con estas hipótesis en mente, nosotros establecimos en nuestra región planeando un reconocimiento de largo tiempo. No obstante la investigación fue tan productiva y los materiales surgieron tan rápido, que era casi imposible darnos abasto con los análisis de ellos. Las pruebas posteriores de las hipótesis acerca de los patrones de asentamiento eran más subconscientes que concientes. Peterson continuó la investigación arqueológica durante 18 meses consecutivos y eventualmente cubrió la región con vastedad. Nuestra secuencia mientras tanto, fue establecida, no en la base de análisis o de la investigación, sino que en base a los descubrimientos de pruebas en varios sitios estratificados. El estudio de los patrones de asentamiento, fue logrado solamente en 1964, después de que los materiales de la investigación habían sido clasificados de manera total. Este estudio final, llevado acabo por James E. Neeley, fue desde muchos puntos de vista, más exitoso que nuestro plan ideal, ya que para este tiempo la secuencia había sido establecida firmemente,

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y mas bien teníamos ideas definidas acerca del patrón de asentamiento en cada una de las fases. Por lo tanto, Neeley tuvo una buena oportunidad no solo de verificar nuestras hipótesis referentes a los patrones de asentamiento en total, pero también para verificar las facetas que pudiésemos haber dejado pasar en la primer parte de la investigación. Decidimos que registraríamos la investigación tan simplemente como fuese posible para que nuestros auxiliares con poca capacitación relativa, tuviesen pocos problemas para catalogar los objetos que se encontrasen. A cada sitio se le concedió un número, precedido por una abreviación en clave a su letra. La letra T “para el proyecto de Tehuacán¨ siempre seguido de una letra pequeña ¨r¨ ¨c¨ ¨s¨ que significaban respectivamente una ruina o un sitio con facetas arquitectónicas, una cueva o un sitio abierto sin facetas arquitectónicas. Por lo que ¨Tc 9¨ por ejemplo era un sitio de una cueva y el noveno sitio encontrado en el proyecto de Tehuacán. Cuando se encontraba un sitio, se le daba una designación apropiada de acuerdo a este sistema, y este número de sitio, era escrito en un punto apropiado en uno de los mapas de contornos detallados de la Comisión del Papaloapan. Entonces introducíamos en una hoja de información esencial acerca del sitio, cosas tales como la ubicación, la propiedad, el municipio, la topografía, las facetas arquitectónicas, las dimensiones etc. La hoja también tenía espacio para un croquis de un mapa del sitio. Peterson hizo mapas rústicos de algunos de los sitios pero más tarde Neeley los implementó con mapas hechos con una brújula Brunthon y una cinta. Los artefactos que se encontraron en un sitio eran colocados en bolsas de tela o de manta. Cuando la recolección de superficie se terminaba, identificaba las bolsa al escribir el número de sitio en tinta china en cada una de las dos partes de una etiqueta de manila perforada. Entonces colocábamos una de las partes de la etiqueta dentro de la bolsa con los especímenes y la otra parte afuera en el cuello. Por lo que había muy poca oportunidad que los números del sitio se perdiese antes de que los artefactos fueran lavados y la descripción del sitio descrita en cada uno de los especímenes. En 1964 todos los artefactos de cada sitio fueron clasificados, y el número de artefactos de cada tipo fue registrado en una hoja para cada sitio, al cual se le ponía un clip a la hoja de investigación original. En esta reinvestigación, Neeley hizo un intento de asociar varios tipos de artefactos con varías facetas arquitectónicas; en casos de problemas especiales, la ubicación exacta de tipos particulares se anotaba. Hablando en términos generales sin embargo, no utilizamos técnicas al azar y todos los artefactos visibles y los tepalcates, fueron recolectados. Ni

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tampoco usamos técnicas de investigación sueltas, aunque los resultados en el bosque de cactáceas y entre las partes rocosas pudiese haber sido interesante. La debilidad de nuestro métodos de investigación, era la carencia de tiempo no la carencia de técnicas estadísticas. El enfoque ideal, tal como lo dije, hubiese sido investigar un pequeño segmento del valle, analizar los resultados y luego continuar investigando por subregión hasta que el valle quedara totalmente cubierto. Los análisis de los resultados totales de la investigación hubieran determinado una secuencia y una tipología tentativas y en base a esta información hubiéramos seleccionado nuestros sitios para excavación, sin embargo al principio del proyecto no estábamos seguros que pudiéramos sostener tan largo periodo de investigación. Aún más, nuestra prueba inicial parecía estar dando más datos secuenciales confiables para la elección de sitios estratificados que lo que haría un estudio de serie de las recolecciones de superficie. Sin tomar en cuenta las limitaciones, descubrimos 454 sitios dentro de los límites de nuestra región. En base de los 100,000 tepalcates y 5,000 artefactos pudimos ubicar 350 los sitios en su propia fase cultural. Esto nos dió información considerable acerca de los cambios en el patrón de asentamiento. Aún más probamos 39 sitios con estratigrafía potencial y encontramos que una docena de éstos, eran suficientemente buenos para garantizar excavaciones a escala completa. El principio básico de las pruebas preliminares, fue tanbién básico para nuestras técnicas de excavación; es decir descubrir los estratos reales expuestos e identificados en un perfil vertical limpio o perfiles que claramente mostraran una sección transversal tanto de la estratigrafía cultural como de la natural. Al excavar desde un perfil vertical, donde la estratigrafía pudiera verse de manera clara, nos podíamos mover hacia delante cuidadosamente y despegar cada estrato con relativa facilidad y con la mayor posible exactitud. En la prueba entonces, así como en la excavación mayor la primera tarea fue exponer un perfil. Usualmente empezabamos una zanja de un metro de ancho y de 3 a 6 metros de largo que cortara al través lo que parecía ser los depósitos estratificados más profundos. En las cuevas, trazamos la zanja para cortar a la mitad del refugio, del borde del talud hacia la pared interior. En sitios abiertos, tendimos la prueba para obtener una mayor recompensa de acuerdo a las condiciones locales. Luego estacamos un cuadrado de un metro y por el tendido horizontal profundizamos hasta que alcanzamos el fondo del depósito, nos pudimos trasladar en unas de las paredes del cuadrado y luego a

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la opuesta, trazando estratos identificados para una distancia de un metro a partir del perfil vertical. Posteriormente tal y como lo requerían las condiciones, pudimos extender esta zanja de tres metros por el mismo método hasta que alcanzamos el final del depósito. Una vez que la zanja o trinchera fue terminada, estudiamos cuidadosamente los artefactos de cada una de los estratos, y se recuperaron los materiales perecederos, y los mismos estratos para decidir si es la cueva o sitio requería de un esfuerzo mayor. De los 39 sitios probados, solo 11, Tc 35, Tc 50, Ts 51, Ts 204, Tr 218, Tc 254, Tc 255, Tc 272, Ts 367, Ts 368 y Tc 307, probaron tener depósitos profundos bien conservados o que contenían materiales que representaban grandes segmentos de la secuencia regional. En la excavación mayor de estos sitios, el procedimiento y dirección del rebanado vertical variaba ligeramente de acuerdo a las circunstancias locales, pero los métodos generales de excavación eran mas o menos los mismos. Primero estudiamos el perfil vertical expuesto por nuestra prueba para distinguir los estratos de tal manera que pudiésemos dar a cada uno de ellos un orden numérico y una designación alfabética; enseguida dibujabamos y fotografiábamos el perfil; luego poníamos énfasis en los límites de cada estrato al hacer incisiones en las líneas divisorias conduciendo el estrato dibujado llevando una etiqueta con el número o letra de designación. Nuestro siguiente punto era trazar una cuadrícula de un metro sobre el área a ser excavada, numerando esta de acuerdo a un sistema relativamente simple de coordenadas. Una estaca designada “0-0”, se colocaba cerca del centro del área que planeábamos excavar para marcar la intersección norte-sur de la línea básica norte-sur y la línea base oriente-poniente. A intervalos de un metro con líneas paralelas en cada línea base fueron designadas N1, N2, N3 etc; S1, S2, S3 y etc; E1, E2, E3 etc; W1, W2, W3 y así sucesivamente. Las estacas fijadas en las intersecciones, marcaban la designación de las coordenadas de intersección con la coordenada N-S, siempre en primer lugar, por lo que la estaca en el cruce del Norte 1 y Oriente 1 era N1. La correspondiente norte 4 y occidente 7 era N4, W7.Cada cuadrado llevaba el número de estaca en su esquina sur-oriente. Con los cuadrados o cuadros adyacentes a la zanja exploratoria estacada y numerada, del perfil estudiado y las zonas dentro de ella habiéndoseles concedido una letra o número, estabamos listos para movernos a la cara vertical o a las caras de zanja o trinchera. Usualmente excavamos cuadros alternos cerca de la trinchera de prueba usando equipos de tres hombres en cada uno de los cuadros. El primer hombre, un excavador con experiencia, se

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Fig. 4a. La aplicación de la técnica de cuadros alternados: la cuadrícula fue diseñada y la excavación se inicio en Ajalpan.

Fig. 4b. Un foso grande es el resultado de la excavación de cuadros aislados en la Cueva de Coxcatlán.

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Fig. 4c. Las zonas han sido aislados e identificados, de tal manera que se pueda llevar un seguimiento sin dificultad en la Cueva de las Abejas.

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Fig. 4d. Aún en este foso profundo en Coatepec la excavación se lleva a cabo con un control perfecto por medio del trazo de zonas y la ubicación de los postes en las esquinas.

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paraba en la zanja o trinchera de prueba y cortaba el estrato superior en el cuadro frente a él. Sus herramientas variaban de acuerdo a la composición del estrato y los tipos de material que estaban siendo descubiertos. Ordinariamente él usaba una cuchara, pero en ocasiones podría utilizar un pequeño pico, una cuchara, un picahielos, un cuchillo, una brocha, un cincel o aún, una aguja. El nunca usaba un palo. El segundo hombre era el hombre que hacía la limpieza y llevaba la cubeta. En algunas veces limpiaba la tierra excavada con una pala, pero la mayor parte del tiempo él usaba una charola para harina, poniendo la tierra suelta en una cubeta de tal manera que pudiera ser transportada a una criba de 1/4 de pulgada donde el hombre que cribaba las sacudía y recogía cualquier artefacto o pedazo de material de planta que se les había pasado a los otros dos trabajadores. Utilizando este sistema, cuidadosamente retiramos cada estrato en los cuadros alternos a una profundidad conveniente de aproximadamente dos metros. De manera similar retiramos los cuadros aislados, que sobresalían como contrafuertes o puntales de tal manera que los estratos pudieran verse en los otros tres lados. De esta manera pudimos obtener perfiles tanto norte-sur como este-oeste y continuar el sistema de manera indefinida. Si se requería que hiciésemos excavaciones especiales tales como las que requieren los pozos de entierro, pudiésemos ser forzados a salir de este procedimiento pero tales ocasiones fueron relativamente raras. Tal vez aún más importantes que esta técnica bien controlada de excavación y sus resultantes descubrimientos de artefactos en contexto, fue el registro del progreso tanto de excavaciones como de descubrimientos. Primero y lo más sobresaliente, nuestras notas de campo, mapas etc; eran el único registro de la evidencia arqueológica que estábamos destruyendo tan cuidadosamente con nuestra excavación. En segundo lugar, creíamos que las mejores decisiones de “políticas” referente a nuestras técnicas de excavación deberían basarse en el análisis de los materiales de la excavación. Entonces idealmente el análisis y la excavación deberían ir de la mano, y nuestros registros de campo no solo deberían escribir precisamente el qué, el dónde, el cuándo y el cómo el material había sido exhumado, sino que deberían de hacerlo de tal manera que ayudara y acelerara el análisis del campo. Obviamente con un número importante de científicos describiendo la excavación, un sistema de informes tenía que establecerse, de otra manera la individualidad de aquellos que toman nota, se hubiera hecho que la labor de los analistas de laboratorio se hubieran hecho más difícil y lentos por lo tanto nos adherimos al sistema abajo descrito, no porque sintiésemos que era perfecto, sino por que queríamos que tanto la excavación y el análisis fueran cooperativas e ínterestimulantes.

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Generalmente hacíamos un mapa de contornos del área a excavarse poco después del estacado inicial y del numerado de la criba. En esta etapa también tomabamos fotografías del sitio antes que iniciase la excavación. Llevábamos un diario en hojas de papel, que describía la excavación, el numerado de la criba, la estrategia al principio de las excavaciones, los nombres de los trabajadores y otros detalles. Tan pronto como iniciamos las excavaciones, empezamos a llenar las hojas de papel en formas impresas que llamábamos descripciones de los cuadros o cuadrados. Ya que cada nivel o zona de cada cuadrado era excavado, se llenaba una hoja registrando el número de sitio, el número de cuadro, la fecha, los nombres de los trabajadores, el nivel , zona, profundidades o comentarios acerca de los artefactos descubiertos y las características de la zona. Cuando completamos las excavaciones de cada nivel , de cada cuadrado, preparábamos una etiqueta de dos partes, dando el número de sitio, las designaciones del cuadro, nivel y zona, la fecha, el nombre del trabajador y otro tipo de información. Una parte de la etiqueta se iba en la bolsa con los especímenes y la otra parte se ataba en el exterior. También hicimos un intento para separar, envolver en papel aluminio si fuese necesario y etiquetar individualmente varios tipos de especímenes, puntas de proyectil, mazorcas, tallados y textiles, tepalcates y así sucesivamente, que se metían a las bolsas etiquetadas. La persona encargada mientras tanto hacía notas en el diario, indicando una posible correlación con las zonas en los cuadros adjuntos, en listando los artefactos que se encontraban y registrando la información contextual y los dibujos y fotografías que se habían obtenido. Había una hoja especial en los cuadernos para un registro fotográfico. También se incluían planos de pisos, dibujos en hojas de papel graficados. Cuando descubríamos facetas tales como fosos, fogatas, estructuras arquitectónicas, o concentraciones de artefactos los anotabamos en el registro de entierro o en las formas de registro de facetas arqueológicas. Se proporcionaron estas formas para poner en ellas descripciones posteriores en las notas del diario, por medio de dibujos y por medio de fotografías. Entre los registros más importantes que llevamos, estaban los dibujos de los perfiles. Los perfiles se dibujaban en una escala de 1/100 o de 1/50 en papel gráfico milimétrico, una hoja para cada línea de la cuadrícula. También intentamos fotografiar tantos perfiles verticales como nos fue posible. Espero que las siguientes páginas, y los siguientes volúmenes de esta serie, demostrarán que nuestros registros fueron cuidadosamente llevados. Los supervisores de la excavación y sus auxiliares estaban tan ocupados como los excavadores. Una dificultad con nuestra técnica de campo era que demandaban

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más estudinates asistentes de los que estaban a nuestra disposición para ayudarnos a llevar los registros y luego dejar un supervisor de excavación libre para tratar con los problemas más importantes, tanto tácticos como analíticos. Debido a que no teníamos tantos estudiantes auxiliares, las descripciones del diario y de los cuadrados eran ocasionalmente cortos. Las técnicas arqueológicas sólidas y un registro completo de las excavaciones tanto como sea posibl,e son bastante para cualquier estudio arqueológico. Pero es igualmente importante que los especimenes descubiertos sean registrados cuidadosamente en el laboratorio y preparados para el estudio y el análisis. Así idealmente, el trabajo de laboratorio de campo, deberá mantener el paso con las excavaciones de campo, de tal manera que los primeros puedan complementar y algunas veces guiar a los posteriores. Una crítica válida de nuestras ejecuciones, es que debíamos haber tenido una cuadrilla de 12 a1 15 trabajadores para preparar los artefactos y llevar acabo el catálogo, de tal manera que los análisis pudieran haber sido paralelos a las excavaciones de una manera un poco más cercana. Uno de los primeros deberes del laboratorio de campo, es catalogar el material encontrado. Ese trabajo fue hecho por nosotros por un equipo de tres hombres, dos de los cuales hacían el lavado, reparado, numerado, en tanto el tercero introducía el registro en el catálogo de hojas. Escribíamos números directamente sobre los especímenes o en una pequeña etiqueta que se adhería al espécimen o a su recipiente o en la envoltura de aluminio. Si el artefacto provenía de una recolección de superficie, se etiquetaba únicamente por el número de sitio. Una hoja separada se hacía para cada sitio, enlistando los varios tipos o clase de artefactos descubiertos. Generalmente a esta hoja se le ponía un clip a la hoja de investigación adecuada y se archivaba junto esperando su estudio posterior. El catálogo de los artefactos de un sitio excavado era un poco más complejo. Para registrar todos los hechos esenciales empleamos una designación fraccionaria, con el número de sitio en la posición del numerador y el denominador consistía en tres partes, representando el cuadrado, el nivel o zona y el tipo de material. Este número era escrito en el espécimen o en una etiqueta adjunta y también en catálogo de hoja suelta para cada uno de los sitios. Después de que los especímenes eran numerados, vino el asunto de almacenaje. Para mantener los especímenes catalogados de manera fácilmente accesible, cada categoría de material era almacenada en una caja adecuadamente etiquetada con número de catálogo incluido, el tipo de

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material, el sitio, zona y ubicación dentro de la zona de la cual provenían los especímenes. Estas cajas, se almacenaban en secciones de casilleros reservados para los diferentes tipos de artefactos. Así todas las cajas que contenían puntas de proyectiles, ocupaban un cubículo en los casilleros, las cajas de bifaciales ocupaban otras. A lo largo de nuestro análisis las cajas se movieron considerablemente. Inicialmente estudiabamos la piedra y otros artefactos no cerámicos para obtener la cronología, y los científicos visitantes estudiaban sus tipos respectivos de materiales. Cuando estos estudios se completaron, las cajas de material incluido se pusieron en un archivo muerto y otras cajas los reemplazaron en los varios cubículos. Aún más tarde, cuando analizamos los sitios por medio de los pisos, los cubículos se llenaron con todos los materiales de un piso específico y de un sitio especifico. Posteriormente, las cajas de cerámica reemplazaron a éstos. Una vez que habíamos completado nuestro análisis, transferimos la colección, en cajas clasificadas por tipo y clase de espécimen, al Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México. Al emplear las técnicas de laboratorio y de campo descritas arriba, encontramos que fue posible atacar los problemas de cronología y la interpretación de contextos culturales a través del tiempo en el Valle de Tehuacan. Por supuesto, los métodos empleados en estos estudios, discutidos en el capítulo previo, nos permitieron considerar aún problemas culturales más amplios. Desde cualquier punto de vista, sin embargo, cualquier éxito que podemos haber tenido para resolver tal problema, se lo debemos a nuestras técnicas básicas de campo y de laboratorio. Las técnicas de campo nos dieron información que era científicamente confiable y nuestras técnicas de laboratorio organizaron la información de tal manera que pudiera utilizarse para resolver problemas mayores.

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CAPITULO 3 LA REGION Y SU GENTE Douglas S. Byers

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ehuacán, una de las ciudades importantes del Estado de Puebla se encuentra ubicada en el México Sur Central, cerca del límite entre ese estado y el estado de Oaxaca. Su nombre, cuya interpretación es variada “Lugar de los Dioses”, o “Lugar de las Piedras” (Barrera 1946), ha sido nombrado este valle que ocupa parte de la porción Noroccidental de una gran falla o cañada generalmente conocida como la Cañada Oaxaqueña Poblana, o la Garganta o Cañada de Oaxaca-Puebla. Junto con otras estructuras geológicas de esta parte de Mesoamérica, la tendencia de este gran Valle estructural es generalmente de Norte Noroeste a Sur, Sureste. La pared Nororiental del Valle está formada por la Sierra Madre de Oaxaca, una serie de montañas interconectadas para los cuales existe un gran número de nombres. Es una extensión orientada hacia el sur de estructuras de clásicos marinos doblados o con fallas y de rocas metamórficas, algunas veces con inclusiones de rocas cristalinas, que son características de la Sierra Madre Oriental. La Sierra Madre de Oaxaca considerada anteriormente como la Sierra Madre Oriental, aunque en años recientes se le ha distinguido de la anterior por razones diversas, una de ellas forma la rampa oriental de la planicie central, en tanto que la Sierra Madre de Oaxaca forma la rampa Oriental de una serie de Valles y terrenos profundamente disectados (Tamayo 1962:413). Aún más, la distinción entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre de Oaxaca corresponde con la disección o cruce de este complejo estructural por parte de la Zona de Fractura de Clarión y del Eje Neovolcánico (Maldonado-Koerdell 1964). Las dos últimas facetas marcan el límite sur de la Mesa Central (West 1964). El gran cono del Citlaltepetl o Pico de Orizaba en los 5750 metros, la montaña más elevada al sur de la Cordillera del Monte San Elías en Alaska- es la principal mojonera del Eje, pero muchas más, aún cuando sean menores, las evidencias del volcanismo y de extrusivas ígneas habrán de encontrarse en la parte central de Puebla y en el adyacente Veracruz. Un pasaje sencillo del Valle de Tehuacán al través de la Sierra se encuentra en Puerto del Aire donde la carretera a Veracruz, aproximadamente a 145 kilómetros de vuelo de pájaro, cruza para descender en una serie de

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empinados quiebres hasta la Barranca de Acultzingo y hacia el Valle de Río Blanco. Otros cruces que pueden ser sólo cruzados a pie o en burro, se encuentran al suroriente del Valle de Tehuacán. La ruta moderna principal que puede ser recorrida por jeep o por camión de carga, es de Teotitlán del Camino hacia Huautla. Una red de caminos y veredas que conectan los pueblos de las tierras altas y los caseríos pudieran bien preservar la red Precolombina de caminos. La Sierra de Zongólica, una parte de la Sierra Madre de Oaxaca, forma la Rampa Nororiental del Valle de Tehuacán. Existe confusión alrededor de los nombres de las cordilleras o cadenas de montañas, ya que Tamayo muestra la Sierra de Zongólica curveándose hacia el Oriente, en tanto que la Sierra de Tlacotepec se une con la Sierra de Huautla para formar el costado nororiental del Valle de Tehuacán (Tamayo 1962) (Ver mapa en la página 300). Jean Brunet (Capítulo 5) se llama a estas cordilleras, Sierra de Acultzingo, Sierra de Zongólica y Sierra Mazateca. Nos habremos de referir a las montañas que limitan el Valle en la parte nororiental, como la Sierra de Zongólica, nombre utilizado en los reportes anuales del Proyecto de Tehuacán (MacNeish 19611962). Arriba de la terminal suroriental del Valle, la Sierra Mazateca alcanza una altura de 2600 metros o más. Juntas estas montañas, atrapan gran parte de la humedad de los vientos que soplan del Golfo de México, y sus cumbres están revestidas en bosques de nubes. Los costados sur y oriental del Valle, están formados por la Sierra de Zapotitlán y otras cordilleras que son límites externos de la pendiente norte que es cortada tajantemente de la pendiente de la Mesa del Sur, que en forma colectiva se le conoce como la Mixteca Alta o la Sierra Mixteca (West 1964:63). Estas montañas no son tan elevadas como la Sierra Madre de Oaxaca, y no reciben tanta humedad. Es probable que antes que fueran peladas por la quema, el cultivo y otras actividades, hayan probablemente sostenido un bosque de roble y pino tal como se encuentra ahora en la Mixteca Alta. Los pasajes o pasadizos que cruzan esta zona elevada, siguen ya sea a los Valles de los ríos o los costados de las montañas. El Océano Pacífico se encuentra a menos de 240 kilómetros de Tehuacán al través de estas montañas. En su parte terminal Noroccidental, la garganta o cañada de OaxacaPuebla, parece colgarse como una rampa del labio sur de la Mesa Central. Es un Valle amplio y alto con paredes más bien bajas. Ciertamente, West (1964) se refiere a él como la planicie de Tehuacán. Al través de él, hay un acceso fácil de Tehuacán hacia el costado suroriente de la Cuenca de Puebla, a Tlaxcala, y al Valle de México. El antiguo estado o Señorío de Tlaxcala con

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sus pobladas ciudades y centros religiosos, ocupó la parte mayor de la cuenca y de hecho, de todo el estado actual de Tlaxcala y porciones de Puebla y Veracruz también. Entre ella y el Valle de Tehuacán se encuentra la antigua provincia de Tepeaca. La carretera moderna a Tehuacán, sale de la cuenca de Puebla cerca de Tepeaca (elevación 2243 metros). Este remanente de la antigua Tepeaca, alguna vez habitado por algunas 35,000 personas, es actualmente un pueblo de 5172 almas. La entrada a la parte noroccidental de la garganta o Cañada Puebla-Oaxaca se efectúa a través de tierras onduladas hacia el suroriente. Volteando o girando hacia el sur de Tecamachalco (elevación 2045 metros), el antiguo Tepemaxalco- el camino o la carretera cruzada una barranca y se remonta o sube hacia Tlacotepec, ya que el drenaje de esta parte de la garganta está alejada de Tehuacán. Desde el cercano Tlacotepec (elevación 1977 metros), el drenaje se orienta hacia el sur. “drenaje” tal vez no sea la palabra correcta a usarse ya que esta parte de la garganta es un valle ancho, alto y árido en el cual el agua es escasa. Muchas magueyeras cubren lo que pudieran ser colinas áridas, y aquí, como en otros distritos donde el agua es escasa, el pulque se prepara del jugo de maguey y se dice que a menudo se utiliza en lugar de agua potable. Hacia el suroriente a partir de Tlacotepec, el piso del Valle se cae gradualmente pero de forma permanente, el agua del Río Atoyac Poblano retenido por la presa Manuel Avila Camacho, para formar la presa de Valsequillo al sur de Puebla irriga el Valle de Tecamachalco, el cual entra a la garganta al sur de San Gabriel Tetzoyocan y es utilizada en el Valle de Tehuacán, bajo el sistema de irrigación, estos Valles altos dan buenas cosechas de trigo, alfalfa y otros productos. Justo al noroeste de Tehuacán, una bifurcación en forma de espuela de la Sierra Madre de Oaxaca se extiende hasta el occidente dentro Valle y a una terraza de travertino amplia, conocida como el Cerro de la Mesa, justo hacia el oriente estrechando el piso del Valle. Esa parte del Valle con la que estamos principalmente involucrados, yace al suroriente del estrecho. La tendencia del Valle de Tehuacán, es una especie de molestia para los cartógrafos, ya que se conforma a la orientación de estructuras geológicas limitantes, de forma aproximada de noroccidente a suroriente, y no cae de manera clara en la página orientada hacia los paralelos. Los límites del valle pueden establecerse a grosso modo entre los 19° 00’ y los 17° 30’ latitud norte; y entre los 97° 00’ y 98° 00’ longitud occidente. Ocupa más de la mitad de la parte norte de la Barranca o Cañada de Puebla-Oaxaca, cuyo drenaje se efectúa por medio del sistema del Río Salado, que fluye hacia el oriente partiendo de

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Puebla y Norte de Oaxaca. La parte sur de la garganta es drenada por el sistema de Río Grande o Tomellín, que fluye hacia el norte partiendo Oaxaca. Uniéndose cerca de Quiotepec, los dos forman el Río Santo Domingo, el cual hace un corte al través de la Sierra Madre de Oaxaca en dirección oriental y eventualmente se convierte el Río Papaloapan, en Papaloapan. Aunque estas corrientes y algunos de sus tributarios principales conducen agua a lo largo de todo el año, sus múltiples tributarios menores, son efímeros o en el mejor de los casos intermitentes; que llevan únicamente flujo superficial durante la temporada de lluvias. Las últimas fuentes del Río Salado aparecen en la Hoja de Puebla (19° 00’–97° 30’) del mapa de la República Mexicana y se le ubica en el flanco occidental del Citlaltepetl (Pico de Orizaba). No obstante, mapas detallados, de la Comisión del Papaloapan (hojas 4 –11 y 19) nos muestran una corriente perenne que fluya de esta fuente y que atraviese el Valle partiendo de San Lorenzo, hacia la carretera entre Tehuacán y Chapulco no fue posible descubrir tal corriente o lecho de río en 1963. Se le dará por hecho por lo tanto, que si tal corriente alguna vez existió, sus aguas se han desviado desde hace mucho tiempo y se han gradualizado. Al río Salado por lo tanto, encuentra su cabeza efectiva en el río Tehuacán. Una rama de esta corriente que fluye de cañones profundos que drenan la sierra de San Felipe Maderas, se une a una rama más grande que se eleva justo abajo de la cresta de la división y un poco más de 5 kilómetros al sur de Acultzingo. El Río Tehuacán encuentra su camino hacia el occidente del pie del Cerro Colorado de Tehuacán para desembocar en el Valle cerca de San Diego Chalma. A este pequeño río, que se convierte en el Río Salado, se le une un número importante, de tributarios más bien cortos inclinados en la Sierra Madre de Oaxaca hacia el nororiente, y por lo menos más grandes y largos afluentes que drenan la Mixteca Alta que está cortada profundamente hacia el Suroeste. Como primer tributario oriental, se encuentra la Barranca de San Antonio, que encuentra su cabeza no lejos de la cabeza del río Tehuacán pero que fluye en el costado oriental del cerro colorado de Tehuacán. Sigue un valle más bien profundo bordeado por cortes estrechos que pudieran sin cortesía ser llamados planicies de inundación. Su anchura varía de unos cuantos metros hasta 10 o 20. Casi cada pedazo disponible de estos cortes está sembrado con arboles nativos, que incluyen aguacate local y otras importaciones tales como el café y algunos arboles de cítricos, flores tales como la nochebuena, para los mercados del Valle así como otros cultivos. Se encuentra un número importante de asentamientos en su curso, siendo el más sobresaliente el de San Antonio Cañada. Su abanico ahora ampliamente cultivado, sostiene un tablero

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de tierra de cultivo que es importante para el corte de caña de azúcar. Arriba de esta barranca, corre el camino hacia Santa Catarina y a San Bernardino Lagunas y últimamente a una parte elevada para cruzar hacia la parte baja de Veracruz.

Fig. 5. San Antonio Las Cañadas. La iglesia y la mayoría de las casas se encuentran a lo largo de la barranca; unas cuantas casas modernas se encuentran en las terrazas en la ladera de la colina.

La parte Suroeste de la barranca de San Antonio, es un área montañosa cortada por cañones estrechos y profundos que se drenan por medio del río Comulco. Sus aguas principales yacen en cañones inclinados donde no hay posibilidad de aldeas o de tierras de cultivo. Algunos tributarios cortos pero muy inclinados entran del flanco del cerro Paredones que se unen en Río Salado en la parte Occidental de Calipan. La Barranca de los Mangos se introduce en el Valle cerca de Calipan. Tiene su fuente de origen cerca de la misma columna vertebral de la sierra, más allá del caserío de Tecoltepec. Terrenos amplios, de caña de azúcar y el hecho de que el ingenio haya sido construido ahí, proporcionan evidencia de que el agua puede ser tomada de él. Esto no puede juzgarse con seguridad en lo que se refiere al agua traída de grandes distancias vía abajo en el Valle y alguna parte que es usada abajo de Calipan, se dice que proviene cerca de San Sebastián Zinacatepec. La sección que está relacionada con la irrigación y que

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habrá de aparecer en un volumen posterior, participará de manera más completa en este aspecto de la cultura actual del Valle.

Fig. 6. Cactáceas y arbustos espinosos cerca de la boca del Arroyo Lencho Diego. Los “cardones” tipo candelabro (Lemaireocereus weberi) está fructificando; la planta que tiene ramaje angular es la Escontria chiotilla; La forma mas pequeña con protuberancias redondeadas es el nopal de tuna (Opuntia sp.).

Coxcatlán se ubica o se sitúa en la boca de la barranca de Soyolapa, que es la fuente de agua para uso doméstico y de irrigación de los huertos y jardines en el pueblo. Arriba del pueblo, las terrazas, las pirámides y las plazas que escalan la espuela al costado sur de la barranca, marcan el sitio del centro ceremonial del antiguo Coxcatlán. Se menciona por parte de algunas personas en Coxcatlán que los ancianos primero trajeron agua al pueblo de la barranca, pero ya sea que haya sido traído para aquellos que remodelaron la espuela de la montaña, es difícil de decirlo. La Barranca de Aterango, un canal más corto y más inclinado, se une a la barranca de Soyolapa aproximadamente a dos kilómetros abajo de Coxcatlán. Al sur se encuentra una serie de arroyos, algunos más cortos y otros más largos, que drenan los costados occidentales del cerro Ellotzihuatl y el Cerro Chichiltepetl, el más grande de éstos es el Arroyo Coxcatlán, en cuya

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desviación al sur, se encuentran la Cueva de Coxcatlán y la Terraza de Coxcatlán debajo de la cara noroeste del Cerro Agujereado. El siguiente arroyo grande es el Arroyo Lencho Diego en cuyo costado occidental se encuentran las cuevas del Purrón y de las Abejas. Este arroyo que se eleva de los flancos sur y suroriente del Cerro Chichiltepetl, debe llevar un considerable volumen de agua durante las lluvias. Restos de una presa antigua para su manejo y diversificación del lago de irrigación, se encuentra entre los matorrales espinosos cerca de su terminal más baja. Otros tributarios del oriente son, los ríos de Tilapa, Teotitlán y San Martín, todos surgen de las laderas occidentales de la sierra y traen abundante agua durante una buena parte del año. Para decir de manera segura y con autoridad justamente cual de los arroyos, y barrancas arriba mencionados, fluiría al Valle como corriente viva, de no haber sido por la interferencia del hombre, requeriría examinar cada una de las tendencias de tal interferencia. Ciertamente muchos acarrean un flujo subterráneo de volumen considerable. La gente de las barrancas utiliza un método ingenioso para desviar este flujo sin el uso de presas, que pudieran ser deslavadas o ensalitradas o que se podían ir llenando. Ellos primero cavan una zanja diagonal al través del canal, en un punto donde haya la oportunidad de atrapar el flujo subterráneo. La terminal de la corriente de arriba de tales zanjas, pudiese alcanzar una profundidad de dos o más metros. Rellena de piedras, grava rústica y arena del lecho del río, la zanja sirve simultáneamente como un trabajo de desviación y un filtro de la terminal más baja de la cual, una corriente de agua clara fluye hacia el acueducto que la lleva al pueblo, a las huertas y a los jardines. Tales obras o trabajos de desviación, se dice que están inmunes al daño con la excepción de las inundaciones que causan erosión severa. Los tributarios occidentales del Salado, son mayores y mucho más largos que aquellos del lado oriental. El más cercano a Tehuacán es el Río Zapotitlán, que se introduce al Valle cerca del caserío de Xaco, justo al occidente de San Gabriel Chilac. Se le une inmediatamente el arroyo de Texcala, una corriente efímera, que drena un valle amplio justo atrás de la cordillera de montañas que encara a Tehuacán y que ahí forma la pared occidental del Valle, el flujo en el Zapotitlán no es grande, ya que su drenaje yace casi completamente dentro de la parte más árida del área que estamos mencionando. Una vez que alcanza el Valle su curso es casi paralelo al del

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Salado hasta que llega a Axusco donde gira o torna hacia el oriente para unirse al Salado cerca Tlachica. Próximo a la dirección suroriente se encuentra el Río Hondo o Calapilla. Su fuente de origen es la Mixteca Alta de la cual fluye primero en una dirección generalmente hacia el Norte y toma una desviación, primero hacia el nororiente y al oriente y posteriormente hacia el suroriente; finalmente se une al Salado un poco debajo de Ignacio Mejía, aproximadamente a 10 kilómetros sur suroeste de Teotitlán del Camino. Su curso y sus arroyos tributarios continúan hacia los valles estrechos y profundos con costados que escurren las precipitaciones y ofrecen una escasa oportunidad para el cultivo. Cerca del Hondo y dentro de la curva de su curso se encuentra el río Xiquila. Este surge cerca de Nativitas y Coixtlahuaca en Oaxaca y también fluye hacia el norte, hacia el oriente y hacia el suroriente, para unirse al Salado aproximadamente a 3 kilómetros abajo de la unión con el Hondo. De igual manera que el Hondo, fluye al través de valles estrechos y profundos. Aunque ofrece muy poca oportunidad para el cultivo, sus aguas que alimentaron un acueducto antiguo que está descrito en la discusión de irrigación que aparecerá en el volumen siguiente. Aunque los Valles de estas dos corrientes no sostienen una población densa, ellos y el río San Pedro, un tributario del Río Grande, dan acceso al país de los mixtecos, cuyas conexiones culturales parecen haber sido algunas veces muy cercanas. El asentamiento moderno principal del Valle es Tehuacán. Una ciudad moderna de 31,734 habitantes (Censo de 1960, Tamayo 1962: III, 417). Se encuentra a una elevación de 1676 metros. Y es considerablemente más frío y fresco que los pueblos que ya hemos mencionado. Las ruinas de Tehuacán Viejo se encuentran esparcidas a lo largo del Banco Oriental del Río, aproximadamente un poco más de 2 kilómetros, por una distancia de 2 o 3 kilómetros. El viejo pueblo, abandonado a fines del siglo XVI y a principios del siglo XVII, había sido ocupado desde los tiempos Postclásicos tempranos. Tehuacán, es el centro de distribución del área circundante y punto de encuentro de los productos agrícolas y de los bienes elaborados. Estos últimos incluyen las sogas, las canastas, los sombreros de palma, algunos de los cuales son traídos de Santa María Ixcatlán (Cook 1958). Las plantas embotelladoras, la industria principal de Tehuacán, utilizan el flujo de varios manantiales para

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proporcionar muchos de los refrescos y agua embotellada que se vende en México. Los rebaños de ovejas y cabras han sobrepastoreado el área circunvecina, lo que ha contribuido enormemente a forzar la erosión de los flancos y el piso del Valle. La matanza anual se decía que llegó a producir hasta 125 mil canales. Muchos pequeños productores agrícolas, producen en conjunto que van desde las flores y verduras, hasta los granos incluyendo el maíz, el trigo y la cebada. El Valle, que se encuentra entre los centros productores de granos de México (Tamayo 1962:IV, 296) Smith (1965) basándose en la información recolectada durante el verano, no refleja actividades agrícolas de la temporada de invierno cuando se cultiva el trigo y la cebada. Gran parte de los granos pequeños se consumen localmente., pero algunos se embarcan hacia otras partes. Algunas plantas secadoras de alfalfa se han establecido recientemente, y en tanto su producto terminado se utiliza localmente, una parte de ello sale del Valle. Tres grandes tiendas de alimentos proporcionan granos y productos relacionados al Valle. El valor del estiércol y fertilizantes tiene gran apreciación, y los resultados del uso del fertilizante son muy evidentes donde el campesino puede comprarlo. Un rancho moderno y nuevo, proporciona leche fresca a Tehuacán y a las regiones adyacentes. Varias plantas avícolas grandes, que se han construido para proveer de pollos y huevo a Tehuacán y los mercados en otras ciudades.

Fig. 7. Arroyo de Atexcala. Este ancho arroyo se une al Río Zapotitlán justo arriba de Chilac. Las colinas en su costado extremo son parte de la Cuesta de San Marcos en la cual se encuentra el Cañón de Tecorral.

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Fig. 8. Casas de Apala con vista al Valle de Tehuacán.

Fig. 9. Edificios con paredes de adobe y techos de palma soportados por tablas de maguey en la parte norte de Tehuacán. La estructura del lado derecho tiene un vestíbulo de caña; la caña sobre una estructura completa el terminado.

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Aunque la ciudad de Tehuacán es un centro de población, hay pueblos a lo largo del Valle y en las tierras altas que lo rodean. Aferrándose al costado de las montañas en las zonas del bosques de robles, con casas que tienen cimientos excavados, parecidos a las madrigueras de las marmotas se encuentran pueblos como Apala, que ve abajo hacia Coxcatlán y Calipan (figura 8), las gentes de las partes altas, cultivan cuidadosamente las parcelas que le rodean y bajan al Valle a trabajar y a intercambiar los productos y frutos que se dan en las partes altas a cambio de bienes de manufactura o sea mercancías y productos de los trópicos. Esta relación ha perdurado durante muchos años, probablemente desde los tiempos Precolombinos. En al menos algunas instancias los pueblos de las partes altas, son subsidiarios de los pueblos de los Valles, y alguna vez proporcionaron productos a ellos como tributo (ver a Cook 1958). El Valle es como una mezcladora gigantesca de lenguajes, principalmente de la rama MacroMixteca, (Swadesh 1959) en la cual una palanca agitadora ha sido insertada. Ha sido una arteria principal del comercio entre la planicie central elevada y el Valle de Oaxaca, utilizada por los indios, los españoles, los mexicanos desde tiempo inmemorial. La lengua franca de los comerciantes, se ha basado en el náhuatl o en el español. La cultura basada en el mediterráneo, traída de España, se ha ajustado al Valle y ha dado un sabor persistente pero, podríamos decir que el tono aborigen aún permanece. Los pueblos del Valle pueden estar ocupados por gente de una rama lingüística aborigen o por aquellas de varias ramas. Consecuentemente, enlistando algunos pueblos pequeños del Valle, de acuerdo a Tamayo (1962: III 465) Tlacotepec, Tepanco, San Gabriel Chilac y Zapotitlán Salinas; están ocupados por popolocas de Puebla; la mixteca ocupa una parte de Tehuacán, y los parlantes mazatecos, ocupan la terminal Sur Oriental del Valle. Sus pueblos principales son Teotitlán del Camino, Cuicatlán y Huautla de Jiménez-este último, ubicado en las tierras altas al nororiente de Teotitlán. De acuerdo a Cook de Leonard (1953:425), la gente de Coapan son de habla nahuatl. Algunos enclaves pequeños de Chinanteco y Cuicateco, se encuentran en Cuicatlán (Tamayo 1962:3, 454-75). Un remanente de hablantes Ixcatecos vivían en Santa María Ixcatlán hasta tiempos muy recientes, pero no existe información para demostrar si es que este asentamiento se ha desaparecido o desvanecido en los últimos años, como muchos otros en los alrededores (Cook 1958). Las oportunidades para el fácil intercambio de ideas, de bienes elaborados, y otros elementos de la cultura, existen en los mercados semanales que se efectúan en la mayor parte de los pueblos más grandes. Tales oportunidades deben haber existido en los tiempos aborígenes, proporcionando

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agencias al través de las cuales muchos rasgos arqueológicos lograron una amplia difusión. La conformación de pueblos mayores es uniformemente mediterránea y en ellos, las paredes exteriores de adobe o los bloques de concreto y los techos de teja o laminas de metal, son los prevalecientes. Los patrones aborígenes de la construcción de casas aun persisten no obstante, y de ellos se encuentran ejemplos en las paredes externas de los pueblos en la casa ocasional que se establece por si misma. A las casas se le pueden poner muros de adobe, de carrizo, de caña, de paja o mimbre, o en las partes más cálidas del Valle, con hojas de palma. Los techos usualmente son de palma, generalmente con una estructura de tablas de maguey (pencas de maguey aplanadas). El techo de hoja de palma, es el material de techo más aceptado en las partes más cálidas del Valle. Las diferencias en estilo de construcción de casas, puede correlacionarse con la herencia cultural del grupo lingüístico del casero, o con su status económico. La facilidad relativa con la cual varios tipos de material puede obtenerse también, ejerce algún control en la decisión (ver a Cook 1936-1939). En el periodo del pasado reciente, la población del Valle de Tehuacán ha atravesado por diversas vicisitudes. La población original consistía de bandas o grupos esparcidos, que tal vez llegaban a números de 12 a 24 gentes en total, quienes resolvían su existencia recolectando comida de plantas silvestres, utilizando trampas y matando cualquier ser viviente al alcance (MacNeish 1962:31). Esta población creció, pero fue ampliamente retenida por su identidad genética (ver capítulo 6). A pesar de la suma de tendencias culturales que se recibían al través de los contactos efectuados con otros grupos de gente. Ultimamente alcanzó una figura calculada por MacNeish, en 5000 veces la población original o sea de 60,000 a 120,000 gentes, previo a la Conquista (MacNeish, 1962:41). Muchos de los pueblos existían mucho antes de la Conquista. No todos están enlistados en los muchos trabajos de S. F. Cook en colaboración de L. B. Simpson y Woodrow Borah, una circunstancia que sin duda alguna puede atribuirse al material en la cual estos intelectuales han basado su investigación, a los papeles de tributo del imperio de Moctezuma y a las revisiones españolas de estos registros. La mayor parte del Valle de Tehuacán, quedó bajo el señorío de Teotitlán del Camino, un estado independiente aliado al Imperio Azteca, pero no tributarios a los Culhua-Méxica. Por esta razón, sin duda alguna, los trabajos extremadamente importantes de Cook y sus colegas, pasan por alto

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pueblos poblados actuales tales como Altepexi, Chilac, Miahuatlán y Zinacatepec, casi todos ellos son con certeza algunos pueblos antiguos fundados en tiempos Postclásicos y por que no decirlo, en algunos casos anteriores 1548 1565 1568 1580 1595 Axotitlán, (Axusco) 4,218 Chapulco 752 565 983 Coxcatlán, 2538 1870 1472 1298 Cuicatlán, 1043 1020 Ixcatlán, 726 564 Quiotepec, 990 1078 891 Tecamachalco, 47825 48423 17688 19750 14400 Tecomavaca, 594 586 413 Tehuacán, 6650 12627 7788 2288 Teotitlán del Camino, 4158 4009 2798 Tepanco, 10406 Tlacotepec 10862 Zapotitlán 4445 8400 6056 4945 Total 69721 Suma de 1565 figuras no representadas: 25, 480. Total posible en el momento inmediato posterior a la Conquista: 95,201 Fuentes: 1548, Borah y Cook 1960; 1565, Cook y Simpson 1948; para otros años, Cook y Borah 1960.

La lista adjunta que menciona los pueblos en el Valle de acuerdo a los diferentes estudios, con las poblaciones en las fechas indicadas. Es difícil reconciliar algunas de estas cifras, pero damos por hecho que el área cubierta en un conteo, pudieron variar en otros conteos del mismo pueblo. Por ejemplo; observé Fig. 10. Albergue de caña y paja en la parte suroriental del valle Tehuacán con cifras que varían. ampliamente de una lista a otra, como el caso también de Zapotitlán. Al llegar a un total en lo que se refiere al Valle, hemos agregado los pueblos enlistados por Cook y Simpson, mismas que no aparecen en otras

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listas, pero que no han utilizado valores más elevados de Tehuacán, Zapotitlán, Tecamachalco y Quiotepec, mostrados en su conteo. Sería posible tomar las cifras arriba mencionadas, en un enfoque un tanto mezclado y ajustarles por medio de una serie de manipulaciones aritméticas, cuya validez de tal procedimiento sería más cuestionable. En tanto que Cook y Simpson pudieron alcanzar la cifra referente a la población de México en tiempos de la Conquista por tales medios, no podemos estar seguros que la población del Valle de Tehuacán sufrió presiones idénticas. Parece ser seguro decir, que las figuras de MacNeish son tal vez muy conservadoras. Después de la Conquista, la población de México, sufrió un lamentable descenso rápido. El tener a los indios en trabajos forzados, ocasionó que muchos de ellos murieran, especialmente aquellos que habrían de trabajar en las minas. Comunidades urbanas completas, murieron de hambre y frío cuando huyeron a las montañas y a los bosques para escapar de las cadenas de los conquistadores. Las enfermedades traídas por los europeos, así como por los esclavos africanos, acortaron aún más la fila de sobrevivientes. Durante la epidemia de 1576-1578 por ejemplo, sesenta mil personas murieron solamente en la ciudad de Tepeaca y sus alrededores (Cook 1949:26). Las autoridades en España tomaron medidas para evitar muertes posteriores de productores de riqueza, pero antes de que las medidas correctivas pudieran aplicarse, el descenso en la población fue drástico. La población de México en el tiempo de la Conquista, se calcula de manera variada de haber sido alrededor de 9,120,000 (C.A, Nieves, mencionado por Tamayo 1962: III, 384) o de 11 millones (Cook y Simpson 1948). El cálculo de Cook y Simpson ha sido generalmente aceptado, pero no al principio sin la ridiculización de algunos. Con el paso del tiempo, más y más intelectuales se han inclinado más a que el cálculo de Cook y Simpson es demasiado bajo, y uno ha sugerido que el cálculo para la mixteca debería por lo menos duplicarse (Cook y Borah 1960: 2n). Es evidente que había una población aborigen muy densa, que rebasaba los 11 millones, (Borah y Cook 1963) han incrementado esta cifra hasta 25 millones 200 mil. Si damos por hecho que la población del Valle de Tehuacán hubiese declinado aproximadamente las mismas proporciones, nuestro cálculo de la población en la Preconquista del Valle, excedería ampliamente el cálculo de MacNeish. Dobyns (1966) habría de incrementar el cálculo de la población nativa de México central de Cook y Borah a una figura de 25 millones 200 mil, hasta aproximadamente 30 millones. Su estudio enfatiza la amplitud de la población que siguió la primera epidemia de viruela. Si una parte importante de la

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población fue borrada por la epidemia de 1545, como pudo haber sido el caso, tal parece que las cifras de MacNeish son ciertamente conservadores y tal vez deban de duplicarse. Alrededor de 1548 la población de México, se cálcula que haya sido aproximadamente de 6 millones 300 mil (Borah y Cook 1960, corregido por Cook y Borah en 1960, “Corrección”). 60 años más tarde, se establece en 1,1375,000 o 1,075,000 (Cook y Borah 1960). Una cifra de 4 millones 500 mil en 1799, es proporcionado por M. Abad y Queipo (Tamayo 1962: III, 384). Hay una buena posibilidad que estas diferencias, puedan ser atribuibles a las diferencias del área cubierta por los cálculos y que algunos grupos que están incluidos por Abad y Queipo que fueron excluidos por Borah y Cook. El espacio para reconciliar estas diferencias no está disponible. Tal como hemos visto, algunos pueblos en el Valle de Tehuacán parecen haber sido omitidos de las cifras de Borah, pero esta aparente solución, pudiera resultar de su inclusión en el conteo de otras comunidades. Algunas descripciones breves de los pueblos del Valle, son proporcionadas por Antonio de Alcedo (1786). Se describe que Coxcatlán estaba habitado por 180 familias de indios, 60 de españoles mestizos y mulatos. Cuicatlán se le describe como ser la casa de 125 indios cuicatecos que hicieron mucho trabajo de la sal y que cultivaron mucho maíz, frijol y algodón, de los cuales hicieron pañuelos que son su principal producto de negocio de intercambio. De Santa María Ixcatlán, Alcedo describe que incluyendo sus suburbios, estaba compuesta por 500 familias de indios que estaban involucrados en el cultivo y comercio del grano y de la vainilla. Quiotepec… tiene 42 familias de indios zapotecos que comercian con frutos y granos. Tecamachalco… situado en las faldas de la colina le rodea, con agua que corre a las calles que es traída a las casas y con la cual ellos cultivan muchos pedazos irrigados y jardines que producen flores, frutas y verduras, y jardinería interminable y granos que hacen que el campo sea muy fértil y placentero, la población incluye 122 familias de españoles 17 mestizos, 30 de mulatos y 245 de indios. Tehuacán de las granadas, así llamado por la abundancia de las exquisitas granadas que produce, tiene abundantes manantiales salinos que son el centro de una parte del comercio, como son las frutas y semillas que la gente

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de Tehuacán produce y la pesca que efectúa la corriente hacen que el pueblo sea fértil… las aguas que enriquecen e irrigan los campos son suaves y de sabor agradable pero, están llenas de partículas de nitratos, de tal manera que se coagulan y petrifican el suelo en las zanjas y los conductos al través de los que pasan, de tal manera que forman bordos tan duros como si fueran de albañilería, de vez en vez deben retirarse de tal manera que puedan circular; como un resultado de estos campos parecen estar llenos de cimientos como ruinas de antiguos edificios: este mismo nitrato que se coagula en los campos, es un solvente de piedras y las arenas en vejiga... ellos hacen un gran negocio con la harina y la carne debido a la gran cantidad de trigo que reúnen en las haciendas del distrito (solo en el Valle de San Pablo hay 22), y con éstos proveen a la plaza de Veracruz, y las provincias adyacentes tan lejanas como la Habana y Campeche. Viven en esta ciudad muchas familias de españoles, mestizos, mulatos y más de 2080 familias indígenas, excluyendo más de 300 de las primeras y muchas más de las últimas que viven en las haciendas en el campo. Las aldeas o pueblos bajo su jurisdicción, son San Gabriel Chilac, San Miguel Eloxochitlán, San Marcos Mazapetan, Santa María Coyomeapan, San Pedro Teotitlán, San Pedro Chapulco, Coxcatlán, Acatepec, Miahuatlán y San Pablo Zoquitlán. Tepeaca, Provincia y Alcadía Mayor de amplia extensión y generalmente de clima cálido aunque tiene lugares que son templados y otros donde hace frío. Abundan de ovejas de cuya lana hacen textiles que son su principal negocio: también produce mucho trigo, cebada, y otros granos, cuyas cosechas son abundantes y no en menor forma las frutas, las flores y los productos de jardín: en el renombrado Valle de Balzaguillo, que es amplio, hay 56 haciendas de cultivo… la población incluye 80 familias de españoles 102 de mestizos y 481 de indios. En la capital provincial, hay 26 haciendas de cultivo ocupadas por 177 familias indias quienes ahí hacen abundantes cosechas de trigo, cebada y otros granos, y solamente del trigo 1000 fanegas al año. Fig. 11. Una zanja de irrigación fosilizada cerca del Riego era parte de un antiguo sistema que se originaba cerca de San Lorenzo.

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Alcedo enlista los cuatro pueblos llamados Tlacotepec, de los cuales solo uno corresponde a la descripción de Tlacotepec en el Valle de Tehuacán. Alcedo atribuye a la locación de “Santa Cruz”: “al centro administrativo de la parte de la Alcaldía Mayor de Tepeaca, que yace al pie de algunas colinas estériles pedregosas, que tienen un clima seco y que la provisión de agua es extremadamente escasa por lo que ellos utilizan la escasa lluvia que recogen en una gran cisterna, desde la cual ellos la reparten de manera económica a los habitantes que está compuesta de 18 familias españolas, 27 mestizos o mulatos y 162 familias indígenas que hablan Chocha y Mexicano y que se sostienen matando ganado y ovejas y por una gran cosecha de grano que recogen”. Las cifras utilizadas por Tamayo muestran que alrededor de 1871 la población de México había alcanzado un total de 9,097, 056. Parte de este incremento, puede ser atribuible a la gente de sangre europea y africana quienes vinieron o quienes nacieron en México. El total aproximado, quedó en este nivel hasta 1880 cuando empezó un lento pero constante incremento. En 1895 el primer censo general, marcaba la población de México en 12,632,427. En 1950 había alcanzado aproximadamente 25,791,017. El octavo censo general marcaba 34,923,129 en 1960 (Tamayo 1962: III, 384). Estos dos últimos censos, mostraban que Tehuacán había incrementado de 23,209 a 31,724, San Gabriel Chilac había incrementado de 5,790 a 6,131, y Ajalpán de 5,073 a 6,931 (ibid: 417). El crecimiento de ciudades como Tehuacán, puede ser atribuible en parte al movimiento de gente en las regiones rurales en busca de empleo. Pero el incremento en la población de pueblos tales como Chilac, se puede atribuir principalmente a las condiciones mejoradas que afectan la salud pública y a la posibilidad de cultivar más productos comestibles como resultado la mejora en las obras o trabajos de irrigación así como las prácticas agrícolas. La población actual del Valle, está agrupada en pueblos entre los cuales se ven parcelas bien cultivadas de tierra irrigada o de desierto no cultivado donde las cabras pastorean entre los arbustos, incluyendo al mezquite que algunas veces se corta para que puedan comer las hojas, las vainas y los renuevos. La concentración de la población en los pueblos modernos puede ser un fenómeno posterior a la Conquista. Puede reflejar esfuerzos de los conquistadores españoles de agrupar a los indios en pequeños grupos, de tal manera que sean más fácilmente controlados, o por otra parte pudiera posiblemente reflejar la agrupación de la gente que trabajaba en las haciendas, cuyas ruinas se ven en el área. Los restos arqueológicos, especialmente del tiempo Postclásico de Venta Salada, inmediatamente de la Preconquista, pueden encontrarse cerca de los muchos pueblos existentes y por lo tanto

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parece más probable que el patrón de asentamiento es muy antiguo, especialmente en vista del hecho de que algunos pueblos ya se mencionan en documentos Precolombinos.

Fig. 12. Yunta jalando el arado y atados por un yugo, cerca de Peñafiel.

Como en gran parte de Mesoamérica, los hombres que trabajan la tierra hacen grandes viajes diarios a sus campos y regresan a la casa en la noche. Los hombres del Valle entonces toman burros, mulas o llevan caballos con ellos donde hay cargas de forraje o cultivo que pueden llevarse de regreso y no como regla traen tales cosas en sus espaldas. Los hombres trabajan sus tierras irrigadas, de acuerdo al tiempo que se les asigna para recibir el agua de las zanjas de irrigación. El campesino voltea su tierra con un arado de madera simple o con punta de acero o de fierro, utilizando un yugo de bueyes. En lugar de yugo que permanece en el cuello de los bueyes y que se mantiene en lugar por un arco que circula al cuello, los campesinos de Tehuacán utilizan un yugo que es amarrado a los cuernos del animal. El arado se lleva a cabo bajo una variedad de condiciones. La propiedad de la tierra es comunitaria por medio del ejido o puede ser de pertenencia privada. En tanto que los grupos de hombres traen sus bueyes y arados para arar en un tiempo determinado, las circunstancias bajo las cuales el arado se puede llevar, varían de acuerdo a la propiedad de la tierra. Cualquiera que fueran las circunstancias, las gentes que aran son expertos, pueden voltear un campo sin el beneficio de cualquier instrumento visible a no ser del arado y

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Fig. 13. La Cuesta de Altepexi. En cuya superficie se encuentra el Llano de la Tasa.

los bueyes, de tal manera que el agua se disperse de manera pareja sin encharcarse. Durante los años recientes, la práctica de fertilizar los campos por medio de fertilizantes químicos, ha sido aceptado con el consecuente incremento en la productividad de la tierra. El costo del fertilizante es un factor que afecta fuertemente a su uso más amplio. Al occidente de Tehuacán, en la carretera a Zapotitlán, existen campos irrigados y bien cultivados más allá de los cuales se encuentra la villa o la ciudad o pueblo de Santa María Coapan, una comunidad indígena a quienes la gente de Tehuacán, significa un importante mercado para sus tortillas y sus productos de varios tipos. La carretera del Valle de Tehuacán a Teotitlán del Camino, desciende abruptamente sobre el bordo de la terraza en la cual se encuentra Tehuacán al dirigirse hacia San Diego Chalma y San Pablo Tepetzingo. Tepetzingo se puede vanagloriar de ser una estación para las recuas de burros, que bajan de los pueblecitos en las barrancas y en la sierra hacia el norte y al oriente. Abajo de la terraza de Tehuacán, se alinea en campos irrigados en ambos lados de la carretera. La principal zanja de irrigación, fluye de manera paralela a la carretera, ya sea escondida detrás de una cortina de carrizo, (Arundo donax L.) o en una zanja abierta que proporciona tanto provisión de agua para bañarse así como para efectos de lavandería. Más allá de Tepetzingo, el piso del Valle se hace más ancho al entrar a una larga y gradual ladera en la orilla del Llano de la Tasa (elevación 1374 metros). Aproximadamente a unos 10 kilómetros de Tehuacán en el camino a San Gabriel Chilac y su caserío dependiente de Xaco, se ramifica.

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Una vez más se convierte en un descenso abrupto en las afueras al oriente del pueblo de Altepexi (elevación 1230 metros) y sus aldeas dependientes, el primer asentamiento de tamaño importante por el cual atraviesa la carretera. Altepexi yace 446 metros abajo de Tehuacán y su clima es consecuentemente más caliente, cerca de Ajalpan se encuentran varios hornos de ladrillos de buen tamaño, cuya arcilla se obtiene de la planicie adyacente. Las paredes de los fosos de arcilla han expuesto o se han dejado al descubierto muchos restos arqueológicos, y es que en estos fosos se encontraron los sitios conocidos como Ajalpan, las Canoas y Coatepec. Las paredes cortadas de estos fosos revelan hacia la parte de arriba, pequeñas bandas o estrías de suelo mineral y aparentemente material vegetal, una sobre la otra en una secuencia alternativa. Estos depósitos de apariencia rítmica que han ido formando la superficie de la planicie, pudieran muy bien ser el resultado de la irrigación de un río que aún no habría cortado una barranca profunda en la cual actualmente fluye el Salado. Los restos de la zanja de irrigación, “fosilizados” por la precipitación de minerales en el agua que se ven a lo largo de la carretera entre Tehuacán y San Lorenzo, son a los que Alcedo se refiere. Los restos de otras zanjas de irrigación están muy difundidas a lo largo del Llano de la Tasa. Algunos conducían a San Gabriel Chilac, otros daban cara a la terraza que está arriba de Altepexi, preservando en la piedra cada torsión o desviación y vuelta del curso del agua. Siguiendo al sur a lo largo de la carretera de Ajalpan, uno llega cerca de San Sebastián Zinacatepec (elevación 120 metros). Este pueblo. muy “indio” está habitado por parlantes mazatecos. Al occidente se encuentra San José Miahuatlán, cercano al Río Zapotitlán al través del cual se encuentra el caserío de San Mateo Tlacoxcalco. Uno ve una parcela pequeña ocasional de caña de azúcar después de salir de Tepetzingo, pero la caña se convierte únicamente en una cosecha principal al sur y al oriente de Zinacatepec, ya que la elevación en Zinacatepec es suficientemente baja para asegurar noches cálidas para la caña. Un ingenio azucarero opera en la antigua hacienda de Calipan (elevación 1100 metros), la cual yace sobre el piso del Valle en su costado nororiental. la caña que para este ingenio, se cultiva en cualquier espacio adecuado a lo largo de la terminal sur del Valle y en otras ubicaciones que le son favorables, tales como las terminales más bajas de las barrancas principales. Al sur oriente de Calipan, se encuentra Coxcatlán (elevación 1200 metros), de igual manera que Calipan ubicado en las laderas nororientales que se encuentran a 200 metros sobre el

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piso del Valle. Vía abajo se encuentran los pueblos de Tilapa (elevación 890 metros) y Teotitlán del Camino (elevación 1067 metros), también ubicados al pie de las colinas. Tanto Coxcatlán como Teotitlán son pueblos antiguos. Sus sitios son adyacentes a importante sitios arqueológicos con montones piramidales, plazas y espacios terraceados. Por lo tanto, parece probable que son comunidades modernas que de alguna manera son la continuidad de pueblos que se remontan por lo menos a tiempos Postclásicos. A corta distancia abajo de Coxcatlán el Valle se hace más estrecho, ya que hay pequeñas colinas que lo rodean en ambos lados. La tierra arable consecuentemente, está restringida a la vecindad inmediata del río y a los márgenes tipo terraza de las corrientes tributarias. En las colinas orientales se encuentran los albergues de roca conocidos como la Cueva de Coxcatlán, Cueva de las Abejas y Cueva del Purrón. El gran sitio Postclásico de Venta Salada, yace en un resto de terraza casi a nivel entre el Río Zapotitlán y el Río Salado, casi directamente enfrente de la Villa de Coxcatlán. En el cruce del Arroyo Lencho Diego, en el cual se encuentran las Cuevas del Purrón y de las Abejas, la elevación de la carretera ha descendido a 850 metros sobre el nivel del mar. La confluencia de este arroyo y del Río Salado a una distancia aproximadamente de 1.7 kilómetros hacia el occidente, es 150 metros más baja. No obstante, el Cerro Prieto, entre el Calapilla y el Salado, forma el banco derecho del Salado que se precipita, solo a 3 kilómetros corriente abajo. Las colinas se empiezan a cerrar a partir del banco izquierdo del Salado, también. Ignacio Mejía yace aproximadamente a 9 kilómetros corriente abajo de la confluencia y a una elevación de 742 metros considerablemente debajo de él. Teotitlán está a 325 metros sobre Ignacio Mejía, en el Río Teotitlán que vacía en el Salado en esta última comunidad. Aquí el río comienza a cortar hacia abajo: la elevación de su lecho cae 175 metros en una distancia aproximada de 20 kilómetros, hasta Santa María Tecomavaca. Al pasar por San Juan de los Cues, ha cortado una garganta que en algunos lugares se aproxima a una profundidad de 200 metros. Menos de 10 kilómetros corriente abajo, el río Salado se une al río Grande a una elevación aproximada menor a los 500 metros antes de torcer hacia el oriente para cortar al través de la Sierra Madre de Oaxaca, que se yergue a más de 1600 metros sobre el río en cada brazo. La tierra cultivada no es abundante en las partes bajas del Río, aunque hay un poco de ella en Tecomavaca. Cuando el Valle fue explotado, para buscar sitios arqueológicos corriente abajo remontándose hasta Tecomavaca, por razones prácticas el

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trabajo arqueológico fue concentrado entre Teotitlán y Tehuacán, o el Riego que es adyacente. De Tehuacán a Teotitlán, la distancia por carretera es aproximadamente de 64 kilómetros: en línea directa casi 16 kilómetros menos. El promedio gradiente del piso del Valle, se encuentra en las proximidades de los 19 metros por kilómetro, pero esto es engañoso ya que los primeros 300 metros consisten de un descenso de la terraza de Tehuacán hacia el Llano de la Tasa, y los siguientes 133 metros descienden de su borde dos descensos más bien inclinados, la cuesta de San Marcos y de Altepexi, separadas por un estrecho de descendencia lenta y larga. De Altepexi hacia Teotitlán en descenso más o menos parejo. El Río Zapotitlán, sigue un curso generalmente hacia el suroriente hacia el Río Salado casi desde el momento que irrumpe en el valle arriba de Chilac. Entre Venta Salada y Axusco, el río continúa en un curso cercanamente paralelo, girando abruptamente en Axusco para fluir hacia el oriente para unirse al Salado, cerca de Tlachica. Una franja estrecha de tierra arable yace a lo largo de Zapotitlán: hacia el sur de Axusco se hace más ancha en un pequeño tramo. Hay poca agua para la irrigación, con excepción del flujo de los ríos que debe tomarse de ellos por muchos kilómetros corriente arriba para elevar el agua a los niveles de los campos. Las grandes haciendas que antiguamente ocuparon el Valle y sus ruinas, se pueden ver hoy día entre los campos y los pueblos. Casi sin excepción fueron quemadas y saqueadas durante la Revolución de 1910-1917, cuando sus tierras fueron expropiadas para la restauración de los ejidos a las aldeas de las cuales se les había tomado. Fig. 14. Estanques modernos para evaporar la salmuera proveniente de los manantiales salinos cerca de Zapotitlán Salinas.

En el costado occidental del Valle de Tehuacán, se encuentran varios grupos de manantiales salinos. Los más prominentes y de más fácil acceso son aquellos cerca de los pueblos modernos de Zapotitlán Salinas de Barranca en el Medio Ambiente y Subsistencia

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Valle de Zapotitlán. En localidades en esta área, la sal se prepara por medio de la evaporación de la salmuera que fluye de los manantiales y después parcialmente purifica la sal. La industria de la sal se remonta a los tiempos Precolombinos, tal como lo demuestran los miles de montones en el Valle de tehuacán, que fueron construidos para sostener los filtros al través de los cuales se pasaban la salmuera para quitarle las impurezas. El filtrado era concentrado hirviéndola en vasijas de cerámica y luego calentando la salmuera concentrada, hasta que el agua se evaporaba y daba como resultado la torta de sal. La torta entonces se llevaba para comerciar o se enviaba como tributo a los señores. Cerca del Cerro Pelón, y al occidente de Petlanco, montones de sal en una cantidad casi innumerable, se concentran cerca de otros grupos de manantiales salinos. El nexo con el pasado Precolombino es muy fuerte en el Valle. Aunque los habitantes del Valle parecen estar ampliamente aculturados, hay muchos indios y costumbres indias que aún persisten de una u otra forma. Al través de esta circunstancia feliz, ha sido posible interpretar el uso de muchos artefactos y determinar los usos que se le daban a muchas plantas, dando vida a la investigación arqueológica como pocas tienen la fortuna de hacerlo.

Fig. 15. Restos de estanques prehistóricos de sal al occidente de Petlanco. Los montones que sostenían el mecanismo de filtrado han sido destrozados por los cazadores de tesoros.

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REFERENCIAS: Alcedo, D. Antonio de, 1786 Barrera, 1946 Borah y S. F. Cook, 1960, 1963 Calder贸n Garc铆a, 1956 Cook, S. F., 1936-39, 1949, 1958 Cook, S. F. y Borah, 1960 Cook, S. F. y Simpson, 1948 Cook de Leonard, 1953

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Dobyns, 1966 MacNeish, 1961a, 1962 Maldonado-Koerdell, 1964 Paddock, 1966a Smith, C. E., 1965a Swadesh, 1959 Tamayo, 1962 West, 1964

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CLIMA E HIDROLOGIA

CAPITULO 4 CLIMA E HIDROLOGIA Douglas S. Byers

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l Valle de Tehuacán disfruta de un clima cálido seco. Las lluvias se dan ahí principalmente en dos periodos de seis a ocho semanas entre a mediados de mayo y a mediados de julio y entre finales de agosto y finales de septiembre. Los inviernos son ordinariamente secos. Tehuacán mismo, a una elevación de 1676 metros, experimenta heladas durante los meses de invierno, pero los días son tibios o aun calientes, excepto cuando el norte trae temperatura fría y nubosa. Ocasionalmente un norte traerá lluvia al valle y nieve en la parte baja de los hombros de los picos más elevados en el eje neo volcánico. En pocas palabras, durante el invierno, las ropas de lana son con frecuencia necesarias para estar cómodo. Con la aproximación de la primavera, los vientos se incrementan, y el polvo empieza a llenar el aire, y el humo de las milpas que se queman agrega a esta niebla. Cuando las lluvias inician, el aire se limpia y el sentimiento de opresión de la estación seca tardía, da paso a una frescura. Durante la estación de lluvias, la temperatura cae de su pico de estación seca y una vez más un suéter es una prenda muy cómoda. Este clima es un producto de varios factores que modifican y son modificados entre sí. Ahora nos volcaremos a un examen de ellos así como a las peculiaridades del Valle de Tehuacán. (nota) El clima es un producto de muchas variables en la atmósfera. Estas incluyen temperatura; humedad en forma de vapor de agua, nubes, y precipitación; y movimiento que surge de las diferencias en presión y densidad que existe entre las masas de aire vecinas. La última fuente de energía que da potencia a la circulación atmosférica, es el calor que se obtiene del sol. Este es recibido en mayor cantidad en las regiones ecuatoriales, que sirven como una fuente de calor. Un patrón de circulación atmosférica general distribuye ese calor de la fuente de calor hacia las regiones polares que son receptáculos de calor. La circulación exhibe facetas salientes que resultan de la rotación de la tierra y la posición y configuración de las masas terrestres. Estas incluyen una zona profunda de solanos en altitudes bajas hacia las cuales los vientos convergen de ambos Medio Ambiente y Subsistencia

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hemisferios; zonas de divergencia de alta presión, cerca de los 30º norte y sur de latitud de las cuales fluye el intercambio de vientos solanos de los trópicos y los vientos occidentales de media latitud que son profundos y anchos; y una zona de vientos orientales polares, estos últimos separados de los vientos occidentales de media latitud por una zona pobremente definida de baja presión aproximadamente a los 60º grados norte. Las elevaciones subtropicales son bien desarrolladas sobre los océanos y generalmente ausentes sobre las masas terrestres, aunque sus efectos se sienten lejos de los océanos. Las corrientes oceánicas también alejan el calor de las regiones polares. El patrón de estas corrientes, exhibe muchas semejanzas con las corrientes en la atmósfera. También tienen algún efecto sobre los climas. De estos el mejor conocido para nosotros es el calentamiento de Europa noroccidental por medio de la corriente del Golfo. El clima del valle de Tehuacán es el producto de características físicas de la atmósfera y de la posición del valle respecto a la circulación atmosférica general, particularmente respecto al cinturón de intercambio de vientos del hemisferio norte. Siguiente en importancia es la situación, entre el Golfo de México y el Océano Pacifico. El patrón de control sin embargo parece ser la topografía de México sur central. Habremos de discutir estos asuntos en orden, y luego proceder a la discusión de la precipitación pluvial en el valle de Tehuacán y sus alrededores. Se deberá tomar en cuenta desde el principio, que las discusiones del clima del valle de Tehuacán están basadas en información que es inadecuada para un estudio vasto. Aunque la serie de observaciones para muchas estaciones en México, se han recolectado por parte del Servicio Meteorológico de México desde 1921, solo unas pocas series que se inician en 1941 están disponibles en lo que se refiere al valle y a las partes que rodean de Puebla y Oaxaca. Estas son insuficientes para el estudio de un clima local. Por lo tanto debemos apoyarnos en los registros de observaciones establecidas en el valle de Tehuacán en 1955, por parte de la Comisión del Papaloapan. En estas estaciones, la información de precipitación pluvial, de temperatura, dirección y velocidad del viento, y evaporación han sido recolectadas; aunque los registros en todas las categorías no se llevan en todas las estaciones. Esta información se publica anualmente en el Boletín Hidrológico. Desgraciadamente el boletín, que cubre el año de 1961 ya no se imprime y no hay una copia actualmente disponible. El de 1963 no fue publicado, en el momento cuando este artículo se preparó debido a que el cuerpo total de la información disponible es inadecuado, este análisis de los detalles climáticos del valle de Tehuacán puede

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solamente ser tentativo. Mientras que los detalles están de acuerdo con la imagen mayor del México sur central, hay pequeñas variaciones en precipitación pluvial dentro del valle, posible de mayor importancia al explicar la ubicación de sitios y la variación de la cubierta de plantas, puede ser solo hecho como una sugerencia. Un largo registro de tal información del valle como un total, pudiese tener significado considerable para los ecólogos y arqueólogos de igual manera. Ahora volvamos a la discusión de los factores climatológicos que afectan el valle de Tehuacán, procediendo de lo más general a lo más particular. La cantidad de vapor de agua que el aire alrededor de nosotros retiene, varia directamente con la temperatura del aire. La humedad relativa expresa el vapor de agua como un porcentaje en la suma o cantidad de aire que es capaz de retener. Con un enfoque cercano de la humedad relativa al 100%, se llevará a cabo la condensación. Si la presión o temperatura de una masa de aire fuese reducida, reduciría la capacidad de esa masa de aire para retener la humedad en forma de vapor. Ya que la elevación de cualquier masa de aire cambia, hay generalmente un cambio inverso en su densidad y temperatura. El cambio en temperatura del aire seco remonta aproximadamente un grado centígrado por cada 100 metros de cambio en la altitud; la que se refiere al aire saturado cambia 1° con cada 150 metros de elevación. El aire se levantará bajo diferentes circunstancias. Cuando el aire es calentado se expande y se eleva a través de un aire mas frío como un termo. El aire será forzado a elevarse cuando su flujo lo fuerza hacia arriba sobre la masa de la tierra de las laderas, tales como los pies de las colinas de una cordillera. El aire también se elevará cuando una masa de aire más frío y por lo tanto más pesado fluya a niveles bajos, forzando al residente más caliente hacia arriba. Bajo todas esas circunstancias, el aire que se eleva se expande, su presión se reduce, y generalmente se enfrían adiabáticamente y el vapor de agua se condensa en gotas que forman nubes o que caen en forma de lluvia. De manera opuesta, el aire descendiente se comprime y se calienta cuando su elevación disminuye. Esto puede suceder al aire forzado sobre una cordillera y bajar al otro lado. Ya que se vuelve progresivamente más denso y más caliente, su capacidad para retener el vapor de agua se incrementa y se vuelve un viento secante. Esto explica el porque la cordillera que es cubierta por nubes o empapada de lluvia en su lado de viento puede permanecer clara en el lado contrario. Un viento que sopla hacia abajo de una colina en esta

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manera se le conoce como el chinook en el occidente de los Estados Unidos y como foehn en los Alpes. Cómo lo llamaban los antiguos habitantes de Tehuacán, aun no ha sido descubierto por parte del Proyecto. Donde el aire asciende o desciende hay una pequeña transferencia lateral de tal manera que la calma puede prevalecer en tales zonas. La zona ecuatorial de aire que se eleva, produce el cinturón ecuatorial de chubascos conocido sobre los océanos como las calmas ecuatoriales. Las zonas de elevaciones subtropicales, donde el aire desciende, son generalmente caracterizadas por una temperatura calmada conocida como Las Latitudes del Caballo, (Horse latitudes). La estabilidad de una columna de aire depende de su gradiente de temperatura. Entre menos rápido caiga la temperatura con un incremento en altitud, será más estable la columna de aire. El gradiente de temperatura de las masas de aire descendentes no es abrupto y por lo tanto tales masas de aire son generalmente estables. Los limites hacia el polo de los vientos cambiantes en general, pertenecen a esta categoría, son secos y generalmente sin lluvia. Cuando hay un gradiente de temperatura empinado de aire calentado en la superficie de la tierra a un aire que cubre mas frío el aire se vuelve inestable. Cuando el aire calentado se eleva, se expande y se enfría. Su capacidad para retener la humedad se reduce de manera progresiva, de tal manera que puede formar nubes. Si el proceso continúa, resulta en un aguacero. Los límites hacia el ecuador de los vientos cambiantes pertenecen en general a esta categoría. Son con frecuencia muy húmedos, que traen lluvia. Esto es especialmente cierto de la tierra que encara hacia el oriente y en las montañas. Cada año el ecuador termal, en su zona de calma y de aire ascendente y su zona limitante de vientos cambiantes y de elevación subtropical gira hacia el norte y al sur en respuesta a las estaciones. En junio, julio y agosto el ecuador termal gira hacia el norte aproximadamente a 12º, trayéndolo con la zona de aire ascendente e inestable, con sus nubes de cúmulos sobresaliente y lluvias. En este tiempo, toda Centroamérica y la mitad del sur de México están bajo el flujo de la porción menos estable de manera creciente y cargada de humedad de los vientos cambiantes. Durante el invierno del norte el ecuador termal cambia hacia el sur de su posición llevándolo consigo a la zona del aire estable descendiente de las alturas subtropicales. En este momento todo México y gran parte de Centroamérica esta bajo el flujo de una porción mas estable de los vientos cambiantes. Este cambio anual produce la estación seca de invierno y es la razón del verano lluvioso de Centroamérica y gran parte de México.

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Los vientos cambiantes soplan a través del agua del océano calentada cuando se aproximan a la costa de América Central, recogiendo la humedad del agua caliente y llevándola hacia la tierra. Pero solo es en los meses de verano que este aire lleva suficiente humedad para producir lluvias tupidas. Sin embargo algunas estaciones en las vertientes del viento de la sierra madre de Oaxaca o en elevaciones mas elevadas experimentan lluvias durante la mayor parte del año. El flujo de aire es en general de la masa de tierra de México hacia el Océano Pacifico. Como resultado, los efectos del agua del Océano Pacífico se sienten solamente en una franja costera estrecha. En el verano el viento puede estar en la playa. A lo largo de la costa del Pacífico, los vientos acarrean agua superficial de la tierra, resultado en una elevación de agua más fría de las profundidades. Las perturbaciones atmosféricas complican aún más el patrón que acabamos de describir. El aire fluye en el sentido de las manecillas del reloj producto de las elevaciones subtropicales y algo de este aire de origen tropical o subtropical se mueve hacia los polos. De manera semejante el aire de origen polar fluye hacia fuera y por necesidad hacia el ecuador. La zona en que se mezclan es turbulenta caracterizada por el paso de tormentas ciclónicas y elevaciones anticiclónicas. El aire polar más pesado fluye bajo el aire tropical más caliente, el cual se levanta y generalmente precipita algo de humedad en forma de lluvia o de nieve. El aire más caliente es llevado hacia el norte en el lado oriental de la tormenta y puede algunas veces fluir completamente alrededor del centro. El aire polar al mismo tiempo se mueve hacia el sur en el lado occidental de la tormenta y a su vez puede completar un circuito. Tales tormentas pueden crecer hasta un tamaño enorme de tal manera que el sistema pega mucho en la parte oriental de las Montañas Rocallosas en Norteamérica. En el invierno la zona de tormentas ciclónicas y las elevaciones anticiclónicas características de las latitudes medias es desplazada hacia el sur con las elevaciones subtropicales y el ecuador termal. Cuando una tormenta invernal vigorosa y grande cruza los Estados Unidos, las masas de aire frío pueden Fig. 16. Rutas de los huracanes, 1926-1955, tomadas del Atlas Climatológico, láminas 28, 29.

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fluir hacia el sur a través de las grandes planicies al Golfo de México y producir los nortes que barren la costa de Tamaulipas y Veracruz y que llegan hasta el Caribe, Centroamérica y aún al norte de Colombia. Raramente producen lluvia en el valle de Tehuacán pero pueden hacerlo en Centroamérica o a lo largo de la costa del Golfo u ocasionalmente traer nieve tan lejos como la parte baja de los hombros de los volcanes más elevados. Con frecuencia resultan en temperatura muy fría en partes del Valle de Tehuacán. La clase de perturbación atmosférica que tiene mayor efecto en el Valle de Tehuacán, es el ciclón tropical o perturbación tropical. ellos se originan en lado Atlántico de Centromérica y se les llama huracanes aquellos que tiene su origen en la Costa del Pacífico se les conoce como “chubascos”. Los orígenes, causas y los mecanismos de estas tormentas no se comprende totalmente. Parecen tener su origen del lado que va hacia al polo de los bajos ecuatoriales como una perturbación de ola en la cual se desarrolla un centro de presión baja de manera normal. Tales tormentas pueden nacer en el Océano Atlántico, el Caribe o el Golfo de México fuera de la costa del Pacífico con frecuencia de entre el Golfo de Fonseca y Golfo de Tehuantepec. Algunos nunca alcanzan la fuerza completa de un huracán, pero otros se convierten en tormentas muy poderosas con velocidad del viento de más de 180 km. /hora. Dentro de los trópicos son generalmente tormentas simétricas comparativamente pequeñas, con vientos violentas que rara vez se extiende a más de 200km del centro. Pero cuando curvan hacia al norte del Atlántico los huracanes incrementen en tamaño hasta que el viento y la lluvia pueden ampliarse a más de 400km de su centro. Tal como se da la tormenta se vuelve crecientemente asimétrica. Los rastros seguidos o las huellas seguidas de las tormentas tropicales varían de mes a mes y son en su mejor parte impredecibles (figura 16). En las etapas iniciales las tormentas generalmente se mueven hacia el occidente con los vientos cambiantes entre 8 y 25 km. por hora curvando gradualmente hacia el norte y eventualmente moviéndose hacia fuera al nororiente. Cuando la tormenta gira hacia el norte levanta su velocidad . Aquellos que se aproximan a la costa de Centroamérica en México, frecuentemente siguen hacia el norte fuera de la costa, pero algunos se tornan hacia occidente hacia tierra adentro. Aquellos que intersectan la tierra donde no hay montañas elevadas, como en el caso del Istmo de Tehuantepec, pueden cruzar al Pacífico y seguir hacia la norte a largo de la huella o senda del Pacífico fuera de la costa de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Jalisco. El cuadrante de la tormenta que yace a la derecha de la dirección del viaje es más peligroso. Por ejemplo cuando la tormenta gira hacia el norte su

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radio se incrementa en el cuadrante oriental hasta que ventisca y lluvia pueden ampliarse a una gran distancia del centro. Cuando viajan hacia el norte con velocidad creciente, las velocidades del viento se incrementa en su lado oriental para compensar su velocidad hacia adelante. En el costado o lado occidental de la tormenta con movimiento hacia al norte la velocidad es menor, la precipitación es menor y la lluvia y las ventiscas no se extiende hacia el occidente o hacia el sur tanto como cuando van hacia el nororiente. La estacionalidad de las tormentas tropicales está marcada. Aún que pueden darse casi en cualquier mes del año. Su frecuencia es mayor a final del verano a principio del otoño. Fig. 17. Precipitación media anual, 1926-1955, mostrando cantidades mayores de precipitación pluvial en la vertiente occidental de la Sierra Madre.

El periodo de finales de julio a través de la primera parte de agosto se le conoce en Mezoamérica como el veranillo, o “pequeño verano”. En este intervalo las cosechas y las plantas que empezaron su crecimiento bajo el estímulo de las primeras lluvias adquieren un crecimiento rápido. Las lluvias traídas por las tormentas tropicales suministran o proveen mucha de la humedad necesaria ya que los cultivos empiezan a madurar hacia el final del periodo de crecimiento rápido. En ausencia de una provisión de agua para irrigación, un cambio de ruta de las tormentas tropicales que resulten de sequía en agosto y septiembre puede tener efectos casi fatales en los cultivos, en los valles de tierras altas interiores como el de Tehuacán. Por lo que las tormentas tropicales traen mucha de la lluvia bienvenida hacia el sur de México donde los efectos benéficos de las lluvias de junio y julio han empezado a desvanecerse. Al mismo tiempo estas tormentas pueden traer precipitaciones torrenciales que pueden ocasionar daños severos, destruyendo los cultivos y erosionando la Medio Ambiente y Subsistencia

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tierra. En estos tiempos de curiosas corrientes y tierras bajas inundadas, ahogan a la gente y al ganado de igual manera. La frecuencia de las tormentas tropicales es impredecible, sus cursos son erráticos, y no se puede contar con ellas para llegar a cualquier parte del país todos los años. La topografía ejerce influencia fuerte en números de control sobre el sistemas de temperatura que se aproxima o se acerca al valle de Tehuacán. En primer lugar, la Sierra Madre de Oaxaca proporciona una barrera al paso de las tormentas que van hacia al oriente. Sus picos alcanzan altitudes de 2600 o más y los bordes que participan alcanzan 2000 arrojan una sombra de lluvia a través del valle de Tehuacán completo, más intensa en la terminal noroccidental, donde se puede esperar menos lluvia que en la terminal suroriental. La mayor parte de la humedad traída del Golfo de México y del Caribe por medio de tormentas y de vientos cambiantes caen en las laderas orientales de la sierra, en elevaciones entre 1000 y 2000 metros. En tres localidades que aparecen en la figura 7 fueron tomadas del Atlas Climatológico e Hidrológico (pl. 10) la precipitación anual, promedio 1926-55 fue mayor a 4000 milímetros. En el año excepcional de 1952, más de 7000 milímetros cayeron, en Cataluña. El decremento rápido en la suma de precipitación pluvial se entre los costados orientales y la cresta de la sierra donde los promedios registrados, no es mayor a 1000 milímetros. Un poco de humedad cruza la cresta del Golfo, pero la precipitación pluvial es progresivamente menor en las estaciones abajo del costado de la cordillera y en el valle de Tehuacán. Durante el mismo periodo, 1926-55, la precipitación anual en Coxcatlán promedió 833 milímetros, la Teotitlán del Camino, promedió 546 milímetros; y la de una gran área de la parte noroccidental del valle fue menor a 500 milímetro. El pico de aridez debe yacer cercano al área alrededor de Tehuacán y Zapotitlán donde la precipitación pluvial en estos años promedió 440 milímetros. 412 milímetros respectivamente. En el año excepcional de 1943 solo se registraron 78 milímetros en el medidor en Zapotitlán. Aún más la precipitación pluvial dentro del área general del valle es con frecuencia altamente localizada. En la cercana Mixteca Alta hay más lluvia que en el Valle de Tehuacán, pero solo en dos áreas más bien restringidas dentro del territorio cubierto por nuestro mapa detallado (figura 19) la lluvia anual iguala o excede a los 1000 milímetros. Registros de precipitación pluvial muestran una variación cíclica marcada en precipitación, pero las curvas paralelas no son registradas en situaciones para las cuales se dan las curvas en la placa 10 del Atlas Climatológico. Por lo tanto parece probable que estas diferencias reflejen

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diferentes orígenes de las tormentas que traen lluvia al sur de Puebla y Oaxaca. Regresaremos a este asunto en una discusión de precipitación fluvial abajo.

Fig. 18. La lluvia en el Valle de Tehuacán puede ubicarse fácilmente.

El mapa detallado de precipitación pluvial dentro del valle se basa en registros de estaciones establecidas ahí en 1955. las estaciones con registro más cortos sean utilizado como guías para dibujar las isoyetas; el mapa anual de la precipitación pluvial en el Boletín también ha sido consultado. Las discrepancias entre el mapa detallado y el mapa más general son una vez más aparentes, pero pueden explicarse en la base de diferencias en periodos cubiertos y en detalles registrado en el mapa más general. Para ilustrar la división de la temporada de lluvias en dos partes, la figura 20 muestra una precipitación pluvial semanal promedio en Altepexi durante los años 1955-60 y 1962. No pudimos obtener datos en lo que se refiere a 1961. Altepexi que yace aproximadamente en el centro del valle, no puede ser afectado mayormente por las montañas de cualquiera de los lados. En el proceso de promediar totales semanarios, los extremos de precipitación pluvial han sido minimizados, por ejemplo, con la precipitación de 280 milímetros en una tormenta, parte de la cual se dió en una semana, con el balance en la siguiente. Si la lluvia no se dió en las misma dos semanas y

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cualquiera de los otros seis años a revisión, esta muy sustancial lluvia casi sería obscurecida. Por lo tanto esta grafica no es una grafica válida de una precipitación pluvial promedio pero de una precipitación pluvial promedio sobre un corto periodo dentro de lo que parece ser un ciclo de secas. Dos picos de la precipitación pluvial son característicos de la estación de lluvias a través de esta parte de México. Los diagramas de pueblos del valle no se presentan aquí, ya que varían solamente en la suma total de lluvias, no en la distribución de la lluvia a lo largo del año. Durante la estación de secas las nubes se cuelgan en la Sierra Madre de Oaxaca. Los bosques de nubes se dan en las partes más elevadas de las cordilleras. Sin embargo los vientos cambiantes, que a hora descienden por las laderas son calentados de manera adiabática porque se vuelven vientos desecadores que traen las tormentas de polvo de marzo y abril y hacen que el calor en el valle sea opresivo y cerrado. Aún más, la dirección de lo que alguna vez fue el viento cambiante del noreste a sido cambiado por facetas topográficas para conformar las tendencias del valle. El viento prevaleciente en el Riego y en Tecamachalco mostradas en la Placa 6 del Atlas Climatológico es sur oriental y que sopla una fuerza de 4.5 –9.0 millas por hora en Coxcatlán es solano a la misma velocidad. En Teotitlán del Camino el viento prevaleciente es occidental y a solo 2.25 a 4.5 millas por hora; posiblemente como respuesta a la proximidad de la pared de la montaña hacia el occidente. Estudios posteriores de la precipitación pluvial analizan lo que se nombra “precipitación pluvial útil”. Lluvias de menos de 5 milímetros son de poco uso para los cultivos ya que hacen un poco más que humedecer la superficie del suelo y se evaporan rápidamente. De las lluvias mayores de 5 milímetros, solo el 75% se consideran estar a disposición de los cultivos, en tanto el 25% corre sobre la superficie del piso. Aún más, esa precipitación pluvial debe darse n veces cuando puede utilizarse para los cultivos en crecimiento. Si la lluvia cae cuando los cultivos no están preparados, en un volumen suficiente para suministrar las necesidades de los cultivos serán de poco uso si no hay manera de almacenarla. En base a la utilidad, la precipitación pluvial en el valle de Tehuacán se encuentra ser aún más deficiente, ya que el campesino puede contar con una probabilidad de 80% de lluvia útil en solo las siguientes cantidades: Tehuacán (El Riego), 119 milímetros; Coxcatlán,168 milímetros; Teotitlán 132 milímetros; Tlacotepec 175 milímetros y Zapotitlán 107 milímetros. En Tehuacán hay una probabilidad de 80% que lluvia útil de 24 milímetros se precipitara durante

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Fig. 19. Promedio anual de precipitación pluvial en milímetros, Valle de Tehuacán y sus alrededores, 1955-1962.

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Mayo, Junio, Julio y Septiembre; en Agosto y Octubre aproximadamente se pueden esperar 10 milímetros, en tanto que en Abril un tanto menos de 10 milímetros puede precipitarse. Hay una probabilidad de un 20 % que en 28 o más días de duración pueden esperarse en 7 de los 12 meses en Coxcatlán y en 10 en Tehuacán. El índice de evapotranspiración muestra la gran deficiencia de precipitación pluvial en la cañada Oaxaca-Puebla, ya que la evapotranspiración en todas partes excede a la precipitación pluvial en una cantidad substancial excepto en periodo breve cercano al día primero de octubre. De acuerdo a la clasificación Koeppen, la terminal sur oriental del Valle de Tehuacán pertenece a la categoría de clima Bswh’metría: lluvias durante el verano, vegetación xerófita, calor con temperatura media anual de más de 18° C, una media sobre el mes más frío arriba de los 18° C. Al noroeste de la confluencia del río Zapotitlán y el río Salado cae en la categoría de Bswh: media del mes más frío debajo de los 18 grados centígrados. Una área pequeña dentro de la categoría Aw (clima de la sabana) con lluvias periódicas y un invierno seco, se encontrará cerca de Coxcatlán. De acuerdo a Thornwaite, el clima del piso del valle cae en la categoría DdB’ 3 (árido, deficiente precipitación pluvial en todas las estaciones, con alta evapotranspiración ) en tanto los flancos caen en C 1dB’4 (que quiere decir semiárido con deficiente precipitación en todas las estaciones, templado, y evapotranspiración muy elevada) solo la terminal sur extrema del valle cae dentro de la categoría DdA’ precipitación árida deficiente en todas las estaciones y cálido. Estas subdivisiones son, de importancia para medir el grado de aridez. Alrededor de Coxcatlán incluyendo las áreas en las cuales cuevas de Coxcatlán, Purrón y las Abejas están, ubicadas, la clasificación koeppen indican un grado un tanto menos intenso de aridez. Fig. 20. Precipitación pluvial semanal promedio en Altepexi, en mm., 1955-1962.

Las temperaturas medias anuales dentro del Valle de Tehuacán varían de forma inversa a la altura en que se encuentran las estaciones. En Tehuacán (El Riego), la elevación de 1676 metros, con una temperatura anual media que se da a 18.9° C., la medias mensuales varían entre 15.8°C. en Enero y 22.0°C.

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en Abril y Mayo. La media para julio 20.0° el rango máximo se encuentra en 13.0 y 25.0° en Chilac (elevación 1219 metros), la temperatura anual media es 21.5°, con una media en Enero de 17° y en Julio 22.3°. Las medias en Coxcatlán (elevación 1200 metros) son 21.5 anual, 19.1° en lo que se refiere a Enero, 22.2° en lo que se refiere a Julio. La media en Teotitlán (elevación 1067 metros), es 23.8° con una media en Enero de 21.0°, con una media en Julio 24.3° y un rango entre 19°C. en Enero y 28 grados en Mayo. Justo abajo de la confluencia del río Zapotitlán y el río Salado la temperatura media anual es mayor a los 25°C. El examen de máximos y mínimos que aparecen en la tabla 1 demostraran que hay excepciones de esta generalización, y que son más pronunciadas en el caso de las temperaturas mínimas. Temperaturas de congelamiento se dan más comúnmente en la terminal más elevada del noroccidente del valle en los meses de diciembre y enero. Estas establecen un límite firme en la difusión de plantas perennes tiernas y árboles. También afectan la siembra del maíz, ya que no se puede cultivar con seguridad en Tehuacán en estos meses, aunque medra a una pequeña distancia Valle abajo, a una elevación más baja. Fig. 21. Distribución mensual de la precipitación máxima, 1926-1955 (Atlas Climatológico, lámina 11).

Las temperaturas mínimas resultan de un número de factores. La temperatura del aire que cubre la región sólo es una. El enfriamiento radial y el drenaje del aire son de gran importancia, particularmente bajo condiciones comparativamente despejadas de nubes así como en las áreas montañosas del campo. Sin duda estos factores combinados para producir el récord de menos 12.5°C. en Tepelmeme en 1961 de manera semejante, lecturas extremadamente bajas se pueden dar en los pueblos montañosos de la Mixteca Alta, aparentemente bajo condiciones locales favorables. Los registros de Medio Ambiente y Subsistencia

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temperatura en mayor detalle adicional a los que están disponibles serán un elemento necesario para un estudio adecuado de este aspecto del clima. Basta decir que Tepelmeme experimentó temperaturas congelantes en 5 de los 12 meses en 1962, y sólo un grado y medio sobre congelamiento en 2 meses más. Comparablemente las temperaturas bajas no se registran en las estaciones de la Sierra Madre de Oaxaca campo, sin duda un reflejo del calor y humedad llevado del Golfo de México por los vientos cambiantes. Un estudio detallado de la precipitación pluvial dentro del Valle de Tehuacán, necesita el examen de los registros de tormentas tropicales, que tal como hemos visto, pueden ser vitales para el éxito de la agricultura de temporal. El Atlas climatológico presenta análisis de tormentas tropicales en un período de 30 años que termina en 1955. Desafortunadamente pocas estaciones metereológicas estaban operando en el Valle de Tehuacán en ese entonces: Por lo tanto, la información del Valle mismo está ausente. La Comisión del Papaloapan está involucrada con toda la cuenca en su totalidad y no principalmente con el árido Valle de Tehuacán. En la Cuenca del Papaloapan, el flujo mayor proviene de ríos del lado oriental de la Sierra Madre de Oaxaca. Una tormenta puede afectar estos ríos, aunque ocasione un ligero incremento en el Salado y sus tributarios. Lo contrario también es cierto. Registros detallados de 1960, en el Valle de Tehuacán, ofrecen una orientación en el sentido de que las tormentas del Atlántico, no merecen mucho crédito en cuanto a traer precipitación pluvial al Valle tal como lo hacen las tormentas del Pacífico. Sería necesario mantener registros más largos para demostrarlo, pero los registros disponibles sugieren que éste pudiese ser el caso. Empezaremos considerando la discusión de tormentas tropicales en el Atlas Climatológico, y luego proceder a los años del 55-60 y 62. Aunque la información detallada de las huellas de las tormentas en la última serie no está disponible en la actualidad, parecemos tener suficiente información sobre la cual formular una hipótesis. Las tormentas tropicales que se originan en las Antillas Menores, el Caribe, el Golfo de México y fuera de la costa del Pacifico, tienen algún efecto en el Valle de Tehuacán. En el Atlas climatológico tenemos corridas de 17 tormentas de tal naturaleza, que se dieron entre 1926 y 1955 y afectaron la Cuenca del Papaloapan. Algunas de éstas fueron huracanes de fuerza mayor, otras fueron tormentas que no alcanzaron la fuerza de huracán, mientras que otras fueron grandes áreas de presión barométrica en el Golfo de México, que dieron como resultado movimientos amplios de masas de aire que produjeron precipitación prolongada sobre una amplia área en la Cuenca del Papaloapan.

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Tabla 1. temperaturas máximas, mínimas y medias (°C) en estaciones escogidas 1952-1962 (Las cifras en negritas son records en el periodo) Max. Aculzingo Astatla (San Miguel) Axusco Cacaloapan Calapilla Caltepec Cataluña Cd. Serdán Coixtlahuaca Coxcatlán Coyotepec Cuicatlán Chapulco Chilac Chilchotla El Riego Huautla Huapanapa Ignacio Mejia Jocotipac Lagunas Maltrata Quiotepec Salinas De Barranca San Antonio las Cañadas Tecamachalco Tehuacán Tehuipango Teopoxco Teotitlán Tepelmeme Tepeji Tlacotepec

1952 Min.

Med.

Max.

1953 Min.

Med.

Max. 35.9

1954 Min. -0.6

Med. 17.1

Max. 35.9

1955 Min. -0.4

1956 Med. 17.0

Max. 38 .9 31.0

39.0 30.0

4.0 -4.0

19.9 13.0

43.0

7.0

22.3

42.5

8.5

25.5

38.0 33.0

3.0 3.0

19.5 17.1

36.0 34 .0 32.4 43 .0

6.0 -2.0 7.0

19.7 14.0 16.4 23.4

35.0

9.0 0.0

17.5

35 .0

3.0

17.4

33.0 42.0

0.3 6.0

15.7 21.3

34.0

0.0

17.0

36.0

1.0

19.4

42.6 34.0

4.5 -4.0

25.9 18.1

41.0 33.5

32.0 40.0

-4.0 6.0

15.4 21.8

30.5

43.5 35.0 39.0 31.1 36.0 33.5

9.0 0.0 1.0 0 .9 1.0 5.0

25.2 17.5 21.8 17.1 19.2 17.4

31.0 37.0. 35.0 39 .5 36.5 33.5 41.0 31.5 29 .0

44.0

34.0

6.5

-3.0

25.0

16.9

44 .5

34.5

5.0

-5.0

25.8

17.5

43.5

34.0

6.0

-3.0

24.9

16.9

44.0

5.5

24.9

43.0

38.0

0.5

23.2

36.5

35.0

-4.0

30.0

-1.0

14.9

37.0 34.0

42.5 33.0

8.0 -8.0

24.0 16.3

43 .5 33.0

5.5 -2.0

24.7 16.9

42.0 32.0

4.5 -6.0

23.6 16.1

41.5 33.5

5.5 -8.5

23.7 16.4

29.0 30.0 40.0 32.5

33.0

1.0

17.7

34 .0

-2.0

18.1

34.0

1.0

17.3

34.0

0.0

17.3

33.0

Para ver la tabla completa haga doble clic en ella. Para cerrarla, un clic fuera de ella.

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Fig. 22. Temperaturas mínimas, en grados centígrados, en el Valle de Tehuacán y sus alrededores. 1955-1962.

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Las tormentas tropicales que llegan a la cuenca del Papaloapan, no necesariamente al Valle de Tehuacán, con mucha frecuencia se originan en el Caribe, las Antillas Menores o en el Atlántico más allá de ellas. Casi todas son tormentas poderosas de gran fuerza. Los huracanes Hilda y Janet de Septiembre de 1955, que afectaron el área alrededor del Pánuco, y un huracán sin nombre de 1941 que llegó a la costa del Estado de Veracruz, son tormentas típicas que se originan en las Antillas Menores. Las tormentas que se originan en el mar Caribe siguen un patrón diferente. Tal huracán en Septiembre de 1944, trajo consigo severas inundaciones a la Cuenca del Papaloapan. Las tormentas tropicales que se originan fuera de las costas de Campeche y Tabasco, se disipan algunas veces con rapidez. Otros se convierten en huracanes como el huracán Gladys de principios de 1955, que produjo varias inundaciones en las cuencas afectadas. Las tormentas que se originan en el Golfo de México tienen un efecto sustancial en la cuenca del Papaloapan, únicamente si se forman fuera de la costa de Veracruz. Las tormentas que se originan en el Pacífico pueden seguir a la costa occidental rápidamente hacia el oriente y cruzar el sur de México. Estas afectan la Cuenca del Papaloapan, aunque no producen lluvias intensas como las tormentas que se originan en el Caribe y en las Antillas menores. La ruta de 7 tormentas que se dieron de 1932 a 1955, han sido graficadas y se ha podido analizar la precipitación pluvial. Aquí discutimos algunas de estas tormentas en lo que se refiere la forma en que afectaron al Valle de Tehuacán; la precipitación pluvial al oriente de la Sierra Madre fue mucho más intensa. En septiembre de 1944, un huracán que nació en el Caribe al occidente de Jamaica. El decimonoveno fue en el canal de Yucatán, en la mañana del 19 estaba en el canal de Yucatán; en la mañana del 20 llegó a la playa en la punta de Yucatán cerca de Puerto Juárez. En la noche del día 21 se había disipado sobre el Istmo de Tehuantepec. No obstante parecía haberse regenerado como una tormenta menos violenta y con movimiento hacia el norte, con su centro fuera de la costa de Veracruz. Esa tormenta trajo lluvia al Valle de Tehuacán en las siguientes cantidades: En el 21 de 10 a 30 milímetros, con una precipitación más intensa en los flancos inmediatos de la Sierra. El 22, de menos de 30 milímetros a más de 50 milímetros, con una precipitación más pesada en los flancos de la sierra Madre y en la Sierra Mixteca, mientras que no cayó lluvia en el centro del Valle entre Tecamachalco y Ajalpan; el 23 entre 50 y 100 milímetros cayeron sobre la Sierra Mixteca y en la parte baja del Valle, pero en la parte alta del Valle, de Altepexi hacia el Noroeste la precipitación fue de 10 milímetros o menor.

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Un huracán se formó en Octubre de 1950, al sur del área en el cual el huracán de Septiembre de 1944 nació. Cruzó Yucatán, pasando por Tulúm y Mérida. Entonces giró hacia el occidente y hacia el suroccidente para llegar a la costa al sur de Veracruz. El 10 de Octubre produjo lluvia en cantidades que variaban de nada en la vecindad o cercanía de Tecamachalco a más de 50 milímetros en Teotitlán, excepto por una área alrededor de Calipan, Coxcatlán y Venta Salada, donde no cayó lluvia. El 11 de Octubre lluvias ligeras de 0 a 10 milímetros se precipitaron en gran parte del Valle, pero el área sin lluvias se extendió hacia el noroeste a lo largo del lado oriental del Valle de Coxcatlán. El 12 de Octubre, cayeron lluvias de 0 a 5 milímetros de Tehuacán hacia el suroeste a lo largo de los flancos de las montañas y se esparcieron hacia el oeste para influir gran parte del Valle de Zapotitlán. En conjunto el 10, 11 y 12 de Octubre la tormenta produjo de 10 a 20 milímetros de lluvia entre Tecamachalco y Tilapa con hasta 50 milímetros en la Sierra y entre Tilapa y Teotitlán en la punta sur extrema del Valle del Salado la precipitación pluvial se extendió a más de 50 milímetros. En 1955 el huracán Gladys tomó forma fuera de la costa de Campeche y Tabasco en Septiembre primero, y siguió un curso que tomó hacia el norte paralelo a la costa. Produjo lluvias intensas y generales a lo largo del Valle y de más de 80 milímetros a lo largo de la Mixteca Alta. Una faceta importante de ésta tormenta fue en el centro de una precipitación intensa en el Valle de Zapotitlán. En la tabla que se acompaña las precipitaciones diarias en milímetros durante la vida de un huracán en estaciones selectas en el Valle ilustra la naturaleza aislada Altepexi El Riego Calapilla Chilac Quiotepec Salinas Teotitlán Zapotitlán Coxcatlán

Sept 3 Sept 4 Sept 5 Sept 6 Sept 7 130. 60.0 25.5 32.5 2.0 17.5 23.0 44.5 34.5 3.5 11.3 38.2 30.5 32.4 10.3 41.2 6.0 74.5 31.5 3.6 2.1 9.0 25.6 44.5 19.5 26.6 15.5 88.4 67.1 1.4 28.5 34.8 32.5 35.5 13.5 33.0 20.0 80.0 66.0 2.0 58.5 58.5 32.5 38.5 52.0

de la lluvia producida por tales tormentas. Aunque la yuxtaposición de Chilac y Quiotepec en esa tabulación parece señalar un movimiento de la tormenta, o por lo menos como una célula activa, de norte a sur no tenemos formación adecuada para determinar tal movimiento.

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Otras tormentas tropicales que no alcanzan la fuerza de huracán pueden producir más lluvia en el Valle de Tehuacán, que los huracanes de fuerza mayor. Sin embargo el patrón de precipitación pluvial producida es tan irregular como la lluvia que resulta de los huracanes. En tanto que en un día cualquiera durante tal tormenta pudiese no caer lluvia en un solo punto, aunque aguaceros fuertes pudiesen caer en las cercanías, al día siguiente puede traer de 20 a 50 milímetros de lluvia. La precipitación pluvial más intensa puede provenir durante la temporada de huracanes, un período que comprende a finales de Agosto y Octubre. En el periodo de 30 años de 1926-55, se registraron un total de 450 tormentas tropicales provenientes de huracanes o de intensidad cercana a los huracanes. De este total, 127 tormentas se originaron en las Antillas Menores o más allá; 5 llegaron a la Cuenca del Papaloapan, 2 pasaron a una distancia aproximada de 100 kilómetros; 6 pasaron a una distancia de 100 a 400 kilómetros, y 114 giraron hacia el norte a más de 400 kilómetros de distancia. El Caribe fue el lugar de nacimiento de 98 tormentas, de las cuales 5 llegaron a la Cuenca del Papaloapan, 8 pasaron dentro de los 100 kilómetros y 14 a una distancia de 100 a 400 kilómetros. Fuera de las costas de Campeche y Tabasco se conformaron 17 tormentas; 3 de ellas llegaron a la Cuenca del Papaloapan, 2 pasaron a 100 kilómetros de distancia, y 12 pasaron entre 100 y 400 kilómetros de distancia. Ninguna de las tormentas que se originó dentro del Golfo de México pasó dentro de los 100 kilómetros de la Cuenca del Papaloapan; como resultado su efecto es ligero. Un total de 135 tormentas se originaron en el Océano Pacifico y siguieron un curso paralelo a la costa occidental. De éstos solo 3 pasaron dentro de los 100 kilómetros de la cuenca y 2 estuvieron entre 100 y 400 kilómetros de distancia, y 130 estuvieron a más de 400 kilómetros de distancia. Las tormentas que se originan en el Pacífico y que llegan a la playa numeraron 14, de las cuales 4 llegaron a la Cuenca del Papaloapan y 5 pasaron a una distancia de 100 kilómetros. En las 450 tormentas, 3.8% llegó a la Cuenca del Papaloapan, 4.4. % estuvieron a 62 kilómetros; 10.9% estuvieron de 100 a 400 kilómetros de distancia, en tanto que la gran mayoría, 80.9%, pasó a una distancia de más de 400 kilómetros y tuvo poco o ningún efecto en el drenaje del Papaloapan. Desafortunadamente la información referente a las tormentas tropicales no está incluido en el Boletín Hidrológico que cubre los años de 1955-1959 y el Boletín 3, del año de 1961 no está a disposición. Por lo tanto, tenemos sólo el Boletín 12 y el Boletín 14 de 1960 y 62, en los cuales podemos basar nuestro análisis.

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Durante el año de 1960 se dieron 7 perturbaciones tropicales en el lado del Atlántico y 7 se trasladaron a la costa del Pacífico. Entre las tormentas del Atlántico hubo 5 cuyos rastros las alejaron del Valle de Tehuacán, tan distantes como el sureste de los Estados Unidos y el Océano abierto. Durante los periodos de su vida, ninguna lluvia intensa de gran importancia se precipitó en la Cuenca del Salado, ni durante la vida de la tormenta conocida como Anete que nació del Istmo de Tehuantepec un 9 de Junio, que viajase con un curso noroccidental retirado de tierra, pasando de los libros de registro el 13 de Junio. Poco después de que pasara Anette, Bonnie nació en la costa de Guatemala el día 18 de Junio para trasladarse a la costa Pacífica y morir en el Golfo de California el 25 de Junio. Las lluvias generales, algunas veces intensas, se dieron en la Cuenca del Salado entre Junio 12-29. La lluvia general se dió del 4 al 7 de Julio cuando no había tormentas tropicales. El huracán Abbey, nacido en las Islas Vírgenes el 11 de Julio, murió al estrellarse contra la Sierra Madre de Oaxaca el 16 de Julio, mientras que el huracán Celeste estaba tomado forma en Honduras. Esta tormenta pasó por la costa del Pacífico y perdió su identidad como huracán en Julio 21. La lluvia general e intensa se dió en la cuenca del Salado en Julio 16-20. Una vez más la lluvia general cayó entre Agosto 14 y 26. Aunque la lluvia intensa en el Valle durante Julio coincidió con el paso del huracán Diana que salió de la costa de Oaxaca, entre Julio 17 y 19, la lluvia más intensa en Altepexi, Calapilla, Salinas de Barranca, Teotitlán y Zapotitlán cayó el 24 de Julio cuando no se había reportado una tormenta tropical. Otro período de lluvia empezó el 29 de Agosto. El día 28 fue el día de precipitación más intensa del año en Huautla de Jiménez, aunque solo una de las estaciones del Valle –Calapilla, reportó lluvia medible y solo 0.4 milímetros. Las lluvias se generalizaron el 29 y el 30 cuando Estela tomó forma en Honduras. Esta tormenta pasó cerca de la costa de Oaxaca antes de irse hacia el noroeste en el Pacífico el 9 de Septiembre. Las lluvias generales e intensas se dieron en las estaciones del Valle entre Septiembre 5 y 8, pero no hubo lluvia en absoluto en Huautla. El 19 de Septiembre, Coxcatlán recibió 140 milímetros de lluvia; Altepexi 88.0; Calapilla 56.5; Salinas de la Barranca 55.9; Teotitlán 90.6; Xiquila 51.5 y Zapotitlán 57.0. Huautla recibió sólo 13.8 milímetros. Esta precipitación pluvial se puede haber originado de la tormenta tropical conocida como V2 que tomó forma en el canal de Yucatán el 16 de Septiembre y se movió hacia el occidente hacia la Sierra Madre de Oaxaca, donde terminó su carrera el 20 de Septiembre.

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El único año adicional entre 1955 y 62 de lo cual tenemos un registro detallado de tormentas tropicales y de precipitación del Valle es el año de 1962. Durante ese año, se reportaron 13 perturbaciones tropicales entre los 15° y los 25° N. Latitud norte y 90° y 105 longitud oeste. Las rutas de la mayoría de éstas tormentas las alejó alguna distancia del Valle de Tehuacán. Dentro del mismo Valle se dieron lluvias sustanciales coincidentes con sólo 2 tormentas V12 y Berenice –ambas en la vertiente del Pacífico. Hubo también lluvias en Acultzingo y Lagunas coincidentes con estas dos tormentas. Aunque sólo ligeras lluvias se reportaron en el Valle, hubo lluvia más generosa en la vertiente del Atlántico coincidente con el paso de V3 de Tabasco a Tampico, cerca de la playa. Uno puede ver una posible correlación entre los dos eventos. La lluvia generalmente cayó en el Valle y en sus bordes oriental y occidental desde el 31 de Agosto hasta el 3 de Septiembre y continúo de manera local durante uno o dos días más en diferentes estaciones. El Boletín Hidrológico no registra tormenta tropical en éste intervalo. Debería de observarse que pocas tormentas tropicales pasaron lo suficientemente cerca del Valle en el año de 1962 para que pudiesen tener algún efecto. Sin información detallada no es posible estar seguros de las precipitaciones pluviales coincidentes con tales tormentas en realidad son ocasionadas por ellas. Las condiciones de tormenta generalmente están asociadas con áreas de baja presión barométrica que puede en realidad traer las lluvias. De estas áreas de baja presión pueden desarrollarse o surgir tormentas tropicales bajo condiciones favorables, que atraen más atención que las tormentas mayores y menos violentas. Consecuentemente se puede ver que la temporada de huracanes no es algo con lo que se pueda contar para traer lluvias al Valle. Un estudio posterior en detalle es de importancia para determinar si las tormentas del Pacífico son de mayor importancia como fuentes de lluvia. Hemos observado sobre todo que un aspecto cíclico notorio es característico de la precipitación de lluvias de la región. El intervalo del ciclo no es claramente evidente en la información disponible. El Atlas Climatológico hace referencia a un período de lluvia abundante de 1926 a 1937, seguido por un período de deficiencia de 1937 a 1951, seguido por una precipitación abundante de 1952 a 55. La precipitación anual del periodo 194162, tal como aparece publicado en el Boletín Hidrométrico 14, hace ver que es muy claro que la precipitación pluvial fue baja en muchas estaciones sobre el tramo de unos pocos años, pero que las lluvias abundantes vienen en intervalos, excepto en Huatusco que está afuera de nuestra área del mapa, en la vertiente del Golfo donde un período de baja precipitación pluvial persistió de

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1945 a 54. En muchas estaciones en la Cañada Oaxaca Puebla ese intervalo fue interrumpido por un año de buenas lluvias en 1947. Si se traza la precipitación pluvial en una escala logarítmica, la importancia de las cantidades de precipitación pluvial se eliminan. En lugar de ello deberemos tener una representación gráfica de la tasa de variación de año con año y en esta manera poder comparar las estaciones con precipitación pluvial mínima con aquellas donde la precipitación pluvial es abundante. Estas gráficas parecen demostrar que la precipitación pluvial sobre el área fluctúa de acuerdo a por lo menos 2 y 3 patrones más bien característicos, que una vez exhibidos por las estaciones en el Valle y especialmente en el Valle suroriental y que son exhibidas por estaciones en la vertiente oriental. Un tercer patrón posible puede aparecer en Oaxaca y en las estaciones de las vertientes occidentales. Un registro mucho más amplio sería necesario para establecer la realidad de ésta división. Fig. 23. Precipitación pluvial en estaciones escogidas, 1941-1962, en mm. en la escala logarítmica. Izquierda: oriente de la cresta de la Sierra Madre de Oaxaca. Derecha: occidente de la cresta.

La lluvia, cuando viene, puede golpear con la fuerza de un aguacero, cortando las barrancas y erosionando las laderas desprotegidas. Su efecto en los campos de las laderas, en los flancos de las colinas es máximo. Aunque carecemos de información referente a la intensidad de la precipitación ideal en muchas de las estaciones del Valle, el Boletín Hidrométrico 14 enlista, para 4 estaciones en el Valle, las cifras de máxima intensidad en términos de milímetros de acuerdo a los minutos de duración. Adjuntamos la siguiente tabla:

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Minutos de duración

Calapilla 7/5/59

5 10 15 20 30 45 60 80 90 100 120 240

62.0 61.5

Quitepec 5/29/49 240.0 156.0 132.0 112.5 86.4 66.2 47.7 36.5

4.5 33.8 17.6

30.0 25.8

Salinas de Barranca 6/10/59

Xiquila 9/3/62

100.0

57.0

62.0

38.0

48.6

26.1

37.6 20.7

20.0 10.3

Quiotepec, con 240 milímetros por hora durante cinco minutos recibió 20 milímetros de lluvia en ese intervalo. Sobre un intervalo de 10 minutos la intensidad fue de 156 milímetros de lluvia. La precipitación pluvial de más de 2 horas a un rango de 25.8 milímetros por hora trajo 51.6 milímetros en Salinas de la Barranca, no lejos de Zapotitlán Salinas, la intensidad máxima de 100 milímetros por hora durante 30 minutos produjo 50 milímetros de una precipitación pluvial total de 86.3 milímetros. El 10 de Junio de 1959. En Xiquila el 3 de Septiembre, de 1962, 27.5 milímetros de un total de 43 milímetros durante el día cayeron en media hora. La mayor parte de ese total cayó en 4 horas, dejando solo 1.8 milímetros para precipitarse durante el resto del día. Tales cantidades de agua que caen sobre un suelo seco o casi seco, desprotegido de vegetación, son capaces de producir un intenso deslave en un intervalo muy corto. Muy pronto las barrancas se llenan con piedras y una corriente de lodo. Las barrancas mayores llevan piedras de tamaño considerable, y en las barrancas, pedruzcos del tamaño de la cabeza de un cochino. Si esta agua puede expanderse sobre una vasta planicie de inundación en un piezo intermitente, una buena parte de ello se sumergirá. Tal es el carácter del terreno en el Valle de Tehuacán donde raramente ocurre lo anterior. De acuerdo a las tablas de descarga, las respuestas de las corrientes en el Valle es casi instantáneo, y el flujo muere rápidamente. Consecuentemente aunque el río Zapotitlán llevaba 13.1 m 3 por segundo, el día 10 de Junio de 1959 sólo llevó 0.485 milímetros cúbicos por segundo el día 11 de Junio. La alteración amplia de la cubierta de plantas naturales acompañó la extensión de la agricultura a nuevas partes del Valle, y Miranda (1948: 344-

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46), ha observado que grupos de cactus pueden resultar de la intervención humana. La alteración en la zona de roble- pino hubiese sido severa, especialmente si las prácticas agrícolas antiguas estaban basadas en el sistema de quema y roza, tal como parece ser probable en vista de su uso muy difundido por los campesinos indígenas hoy en día. Con el crecimiento en la población y el desarrollo de la agricultura, se llevaron a cabo incursiones adicionales sobre la cubierta de las plantas al cortar árboles del bosque para despejar nueva tierra para cultivo, para leña, o como combustible para quemar la cal para las estructuras que estaban cubiertas de yeso o estuco. Cuando los inclinados costados de la montaña eran trabajados para el cultivo, tal alteración convertía al suelo en un factor susceptible al deslave. Cuando el regolito en el cual se desarrollan los suelos no derivaba de la roca acídica, el tepetate tipo caliche se formaba, haciendo que el suelo fuera casi impermeable a la húmedad a profundidades relativamente poco profundas. Tales circunstancias en combinación deben haber ocasionado que la tabla del agua empezará a decaer, un fenómeno que probablemente tuvo su incepción en tiempos Clásicos al final. La pérdida de campos marginales ante la erosión y una tabla de agua reducida puede solo haber servido como un estímulo para el desarrollo de campos irrigados en el piso del Valle. La introducción de ovejas y cabras por parte de los europeos debe haber acelerado el proceso de erosión. Durante el curso de una investigación botánica de la Cuenca Alta del Papaloapan, Miranda hizo interesantes observaciones referentes a la erosión. Al discutir las partes más elevadas de la cuenca, él hace notar (1948:346 48) parafraseando a Miranda dice: ...alrededor de los 1,400 metros en el distrito de Cuicatlán y sobre los 2,200 metros alrededor de Tehuacán, la vegetación xerófita se detiene abruptamente y es sustituida por el bosque de roble y pino. Las granjas en esta zona casi producen exclusivamente cultivos de temporal, especialmente frijol y maíz que ellos proveen en los mercados en la parte baja. Los bosques en esta zona están siendo derribados activamente para establecer nuevas tierras de cultivo, ya que la tierra en general está muy inclinada, la erosión progresa rápidamente. Las lluvias intensas retiran grandes cantidades de lama amarilla y este es el color dominante de los ríos y riachuelos. Las areniscas rocas cerca de Cuicatlán dan un color rojo a los riachuelos, pero no a los grandes ríos. Con lluvias intensas hacia las partes más elevadas y sin lluvias las más bajas el volumen de los ríos crece inmediatamente y las aguas turbulentas se tiñen de amarillo. Parece, por lo tanto como si las actividades inmoderadas de agricultura y de clareo en las vertientes inclinadas las partes arriba de la cuenca fueran responsables de la acción erosiva reciente en lugares donde la aridez del

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clima y la irregularidad de las lluvias ya están produciendo por sí mismas una ersosión activa. En antiguos tiempos, los bosques de roble y pino deben haber cubierto de manera pareja toda la parte alta sobre los límites anotados arriba. Ahora están muy reducidos debido al despeje; sin embargo uno puede encontrar manchas grandes de bosques muy hermosos en lugares más remotos de los pueblos (mi traducción). En la página 362 Miranda observa que la erosión es muy intensa en todas las partes superiores de la cuenca. Esto parece ser la fuente de la mayor parte de el material de detritos acarreado por los ríos cuyas aguas nunca se aclaran en alguna temporada del año. Él observa que a partir de las causas naturales la erosión es más intensa en esta zona debido al relieve relativamente inmaduro y ondulado, la aridez del clima que no permite desarrollar una cubierta vegetal densa, y la irregularidad de las lluvias que vienen de repente en ciertas épocas del año y envían a los ríos sobre sus bancos. Sin embargo es en su visión que la responsabilidad en el crecimiento enorme de erosión debe ser manejado por el hombre, especialmente los residentes de las zonas altas con sus prácticas agrícolas irregulares, su inmoderado despeje o limpia de los bosques para establecer nuevas áreas de cultivo, sus actividades agrícolas llevadas a cabo sin precaución alguna, aún sin campos inclinados, y también algunas veces los fuegos y el sobrepastoreo de sus ovejas y cabras. Fig. 23. Precipitación pluvial en estaciones escogidas, 1941-1962, en mm. en la escala logarítmica. Izquierda: oriente de la cresta de la Sierra Madre de Oaxaca. Derecha: occidente de la cresta.

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Fig. 25. La agricultura es practicada algunas veces en campos de laderas o vertientes inclinadas.

El descenso de la tabla de agua y consecuentemente la disminución de los manantiales y pozos se remonta por lo menos a 2 siglos queda claro en los registros de los pueblos abandonados en el norte de Oaxaca, justo al occidente de la cañada. El actual pueblo de Santa María Ixcatlán yace sólo a 24 kilometros, a vuelo de pájaro al occidente y norte de Cuicatlán. Está situado en un pequeño Valle rodeado por colinas en tres de sus costados y drenado por el río Ixcatlán, un tributario del río San Pedro, que a su vez drena al río Grande no muy lejos al sur de Quiotepec. El pueblo ha sido sujeto de un estudio detallado por parte de Cook 1958, quien describe su situación, como “el centro de un macizo montañoso amplio de forma triangular, cuyo ápice está formado por la confluencia del río Hondo y el Río Salado aproximadamente a 10 kilometros al sur de Teotitlán del Camino. El lado oriental del triángulo sigue al río Grande hacia el sur hacia la comunidad de Tomellín, del lado occidental sigue al Xiquila a sus aguas cerca de Coixtlahuaca. La base es una línea arbitraria de Coixtlahuaca a la cabecera de las aguas del Río Apoala, de aquí al río Grande en Tomellín”. Cook da la elevación de la plaza de Santa María como en 100,950 metros, pero la elevación en el Boletín Hidrométrico 14 es de 1,850 metros. Es claro que esto no varía sustancialmente de las partes más elevadas del Valle de Tehuacán. No obstante la precipitación anual es mayor en Santa María Ixcatlán que en cualquier estación del Valle mismo de Tehuacán. Las fluctuaciones en la precipitación pluvial se dan en Santa María tal como lo hacen en el Valle de

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Tehuacán, siendo los extremos en 1955-62 en 1,063 milímetros en 1955 y 378 milímetros en 1957. La distribución de la precipitación pluvial a lo largo del año corresponde a aquellas estaciones en el Valle de Tehuacán, habiendo un pico en junio y julio, y un segundo pico en septiembre y opctubre. En respuesta a este ciclo, se llevaron al cabo dos siembras de maíz –uno las milpas altas de la montaña para aprovechar las condiciones más húmedas, se llevó al cabo a finales del invierno, de febrero a marzo. Terminó con la humedad del suelo y la lluvia arrastrada por los raros aguaceros de invierno, pero maduró bajo los efecos de las lluvias de la estación temprana. La segunda siembra se llevó al cabo antes de las primeras lluvias de tal manera que pudiese recibir su húmedad para efectúar la germinación y crecimiento temprano. Esta cosecha alcanzó su madurez debido a las lluvias posteriores y fue cosechada en Noviembre y Diciembre. El calendario de una siembra semejante es típico de gran parte de Centroamérica bajo el régimen climatológico en el cual hay dos picos de lluvia. (La Farge y Byers 1931:77.) la falla o la no presencia de la primera de las estaciones de lluvia para materializar la siembra puede originar un desastre en ambos cultivos. Cook estaba preocupado por uno de los cambios a largo plazo en la precipitación pluvial. Él cita la existencia de pijitas y parásitos en los árboles del bosque y una carencia de plántulas como evidencia de un bosque en deterioro, y aduce la información de los nativos que los bosques fueron alguna vez más amplios con una evidencia posible en apoyo a la propuesta de que ha habido una reducción en la precipitación pluvial total. Él continúa sugiriendo como una alternativa a la pérdida de precipitación pluvial efectiva al escurrimiento como un resultado del proceso de erosión establecido por los habitantes mismos a través de muchos años de cortar leña, a través de la práctica de la agricultura de quema y roza, y finalmente a través de los efectos devastadores de la crianza de ovejas y cabras. Él cita entonces varios pequeños pueblos –los pueblos despoblados, -existieron alguna vez al noreste de Ixcatlán. De acuerdo a uno de los informantes de Cook, cuatro pueblos yacen en el lado norte del río Seco, ampliandose hasta cerca del río Salado –San Miguel Nopalapa, San Jerónimo, Santa Cruz y San Cristóbal, y 3 de ellos estaban en el lado sur de la corriente – San Juan Viejo, Santiago y San Antonio Nopala. Cook visitó el sitio de San Juan Viejo y observó “a través de un profundo cañón del río Seco al norte… cuatro lugares abiertos o pelones en lo alto en un lado de la montaña. Esto no puede ser otra cosa que los sitios desgastados erosionados de los cuatro pueblos de la última línea”,... es decir en el lado norte del río. Cook cita aún posteriormente “evidencia documental irrefutable que se remonta a 1578 que

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involucra a personas de Santiago Nopala, San Juan Coyula, el último en nombrarse que se dice que era el equivalente de San Juan Viejo. Los registros de una parte exploradora envíada en 1773 para definir los límites de Ixcatlán muestran que ellos visitaron un lugar “que llaman Santa Cruz, un pueblo viejo y deshabitado donde hay 2 huertos de árboles frutales”(este y las traducciones abajo del español son mías). Un documento fechado en 1778, de Coixtlahuaca, menciona “…..y aunque este pueblo de Ixcatlán tenía otros pueblos subordinados en su tiempo, nadie vive en los distritos donde estaban, ya se han ido se han vuelto completamente silvestres y totalmente estériles, y sólo las ruinas de sus iglesias pueden verse”. Así que es claro que estos pueblos fueron abandonados en alguna vez entre fines del siglo XVI y los finales del XVIII. Cook cita dos posibles causas, incluyendo un cambio en el clima resultante en menos lluvia y una disminución de provisión de agua efectiva como resultado de la deforestación y erosión del suelo, pero él no siente que la evidencia justifique la aceptación de uno y la tal exclusión del otro. Él confirma “ciertamente no hay evidencia visible de agua en el presente, y ninguna posibilidad de agricultura redituable en la cuenca árida y estéril del río Seco. Todo esto pudiera servir para argumentar de una disminución de agua inducida por un cambio de clima. La desecación gradual parece clara ya que antes de 1600 el área podía sostener a siete pueblos que originalmente deben haber sido de un tamaño regular”. Hay una escasa evidencia histórica que se refiere a la provisión de agua; sin embargo, un extracto de las Relaciones Geográficas del siglo XVIII reimpreso por Cook como apéndice uno que confirma el parte: “el pueblo antes mencionado (Santa María Ixcatlán) no es muy dotado abundantemente con las fuentes de agua, ya que sólo tiene un río, que llega a su final despues de descender media legua, y un pobre pozo y toda esta agua es de calidad regular, y 2 pequeños arroyos que también llevan agua un tanto revuelta (sólo en temporada de lluvia). La aldea está situada en una formación tipo terraza en el río Ixcatlán. Esto parece haber sido una zona de inundación tal como lo describe Brunet en el capítulo abajo. Subsecuentemente el río ha cortado a través de esta faceta tipo terraza y al hacerlo ha reducido la tabla de agua. Los pozos modernos utilizados para el suministro de agua de la aldea actual están en la punta corriente arriba de esa terraza. Cook discute adicionalmente la posibilidad que la aldea haya estado en un Valle maduro sobre el cual estaban las laderas boscosas o de arbustos espesos y tierra de pastoreo descansando sobre un suelo maduro. La alteración de esta cubierta por parte de la actividad humana abriría

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la caja de pandora y dejaría que las aguas de inundación sueltas, con erosión consecuente, depósitos y formación de barrancas eventuales. En la presencia o ausencia de plantas domesticadas Cook ve una guía tanto de clima como de la precipitación pluvial. El se refiere a un tributo de dos cargas de algodón pagadas en 1553 por el pueblo de San Miguel Huautla (no Huautla de Jiménez un pueblo de las Tierras Altas Mazatecas al oriente de Teotitlán). Sin importar la corrección de la traducción de Ixcatlán como “Lugar del Algodón”, Cook sugiere que si el algodón pudiera cultivarse en Huautla, podría cultivarse en Ixcatlán. Él continúa diciendo que “el algodón de tipo antiguo requiere más calor y humedad que el que hay en Ixcatlán, o Huautla) hoy en día. Aquí se puede predecir un cambio de clima”. Con relación a las plantas y animales, las Relaciones Geográficas continúan: Los árboles frutales incluyendo los chicozapotes que fructifican en los meses de Julio y Agosto, y también hay caña de azúcar y zapotes negros en las partes bajas del pueblo y además muchos árboles de guaje y algunos árboles de papaya; también hay magueyes para pulque y anonas (chirimoyas) y todos no son muy abundantes: la misma se puede decir del maíz de 6 meses, sembrado y cosechado en ese intervalo. Cook confirma que “hoy día hay pocos (unos 20 o 30 zapotes muy pocos guajes y anonas y no hay papaya ni caña de azúcar” “la extensión virtual” de esas plantas domesticadas semi tropicales se atribuyen a un cambio en el clima, después de inferir que no hay una pérdida de interés en los árboles frutales debido a que la gente ha conservado el zapote, han introducido el higo, se hayan sostenido las moras y han introducido algunos árboles resistentes a la sequía en los últimos años. Él sugiere que la erosión y la desecación del suelo no pueden ser invocados y que un cambio de clima debe haberse dado. De acuerdo a Cook, “la alteración más bien profunda del medio ambiente físico” durante los últimos cientos de años”, ha conducido a gente de Ixcatlán de la agricultura diversificada a únicamente al cultivo del maíz, a la manufactura o fabricación de sombreros hechos de hojas del palmeto abundante (Brahea dulcis), una planta de condiciones áridas. Si, ahora nosotros cambiamos del trabajo de Cook a la hipótesis de Brunet (capítulo 5) de una tabla de agua permanentemente rebajada, vemos que es posible interpretar todos los fenómenos enlistados por Cook como una resultante del dren de los recurso de agua y de una reducida tabla de agua ocasionada por la erosión de las corrientes. Los efectos de este ciclo son aún

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más acentuados por el rápido escurrimiento de la precipitación, a su vez ocasionando una declinación de precipitación efectiva que tiene el mismo efecto en las plantas como una declinación general en la precipitación. Si este fuese el caso del Valle de Ixcatlán, también se debe haber aplicado al Valle de Tehuacán. Pero en analogía podemos inferir que con una tabla de agua más elevada y con una precipitación pluvial efectiva mayor, es probable que el aspecto del Valle de Tehuacán en 1500 era menos áspero y árido que el del presente y que los zapotes, chicozapotes, aguacates, papayas y sin duda otros frutos y plantas que se plantea que no crecían en el Valle de Tehuacán sin irrigación podrían encontrarse en realidad hasta hace unos dos siglos en puntos adecuados o en las barrancas que conducen cuesta abajo de la Sierra. Tales barrancas se deben haber encontrado con mucha probabilidad en la ladera que lo que están en el presente, especialmente en la cercanía de las cuevas de Coxcatlán, Purrón y de las Abejas donde ahora hay un poco más de precipitación pluvial que en las partes centrales occidentales y noroccidentales del Valle. Tal propuesta da una creencia posterior debido a los comentarios de Wagner 1964: 253 en lo que se refiere a especies en extinción y asociaciones en ubicaciones adecuadas en el dren superior del Papaloapán, casi con seguridad incluyendo el Salado: “La cubierta original debe haber sido muy diferente del actual y Miranda 1948” sugiere que un clima local debe haber sido un bosque de mezquite de Prosopis Juliflora. Nadie excepto Flannery (capítulo 8) ha aducido hasta el momento una buena razón para creer que el clima del Valle de Tehuacán ha sufrido mucho cambio en los tiempos postglaciales. No hay evidencia que la sub-etapa Valderan de la glaciación Wisconsin de la Cuenca de los Grandes Lagos trajese cambios climáticos mayores al Suroeste de los Estados Unidos (Martin 1964). En las condiciones aborígenes del bosque de mezquite postulado por Miranda, hubiese habido áreas de pastizales tales como los postula Flannery para el ambiente requerido por el antílope y las liebres del tiempo del Ajuereado temprano. En ausencia de cualquier registro de polen de los tiempos antiguos en el Valle, uno está forzado ya sea a postular un periodo de un clima más frío y un tanto más húmedo, una postulación para la que no tenemos apoyo, o aceptar el punto de vista de Miranda.

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En relación a la diferencia del clima y a la precipitación pluvial en los tiempos del Pleistoceno, Brooks (1949 59) ha señalado que las condiciones glaciales intensificarían las condiciones invernales actuales. El frente polar sería empujado hacia el sur, incrementando el contraste en temperatura en los lados opuestos y así incrementando las tormentas. Enseguida vendría un pequeño pero intenso cinturón ciclónico con un cinturón estrecho de vientos cambiantes poderosos. La fisura ecuatorial de baja presión se profundizaría como resultado de éstos cambios. Fuera de las grandes capas de hielo hay una evidencia de precipitación pluvial mucho mayor (nevadas en las montañas) en dos de los cinturones, uno a lo largo de nuevas rutas de tormentas a una distancia corta hacia el Ecuador de los bordes de hielo, y el otro a lo largo del Ecuador. El anterior da pie al surgimiento de los Grandes Lagos de la Gran Cuenca de América y del interior de Asia, y a un gran número de glaciares de montaña, el último a lagos incrementados enormemente de Africa del Centro y a los glaciares de Kenya, Kilimanjaro, Ruwenzori y parte de los Andes. Entre estos dos cinturones la evidencia de mayor precipitación es más indefinida e irregular. Uno puede observar que en el presente invierno es la temporada seca en el Valle de Tehuacán y en la parte central y norte de México. Los inviernos fríos no incrementarán la precipitación, ya que la nieve cae sobre el Citaltepetl, el Popocatepetl y el Iztlaciuatl durante las lluvias de verano, y solo rara vez bajo condiciones del invierno, donde usualmente se derrite la nieve. Parece no haber bases para ampliar al Valle de Tehuacán el “Período pluvial” del ciclo climático desarrollado en la parte suroeste de los Estados Unidos por Anteys (1955). Un trabajo reciente de Aschman (1958), Martin (1933), Martin y auxiliares (1963) y Mehringery Haynes (1965) ha arrojado la duda de la realidad del “Ciclo Climático Neotermal”. Un estudio hecho por Bryan y Gruhn (1964) señala las falacias involucradas al ampliar tal ciclo. Si es que realmente existe más allá de la zona ecológica en la cual se desarrolló como un medio para fechar las ocupaciones aborígenes o para el propósito de inferir condiciones climáticas para las ocupaciones aborígenes fechadas en Nortea0mérica. Extender el periodo pluvial al Valle de Tehuacán parece particularmente injustificable, debido a que el suroeste de los Estados Unidos yace en la vía del flujo de los vientos del lado con inclinación hacia el polo de la zona de divergencia sub-tropical que ahora se encuentra cerca de los 30 grados norte. Estos últimamente se convierten en solanos y contribuyen a las tormentas

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ciclónicas de las latitudes medias. El Valle de Tehuacán por otra parte, yace dentro de la zona de los vientos cambiantes que se originan de la misma fuente, pero que fluyen hacia la zona de convergencia ecuatorial. Hay por lo tanto una barrera considerable a cualquier extensión, aunque hipotética de la fase climática postulada de Antevs hacia el Valle de Tehuacán. Varios modelos climatológicos del tiempo de la glaciación del Pleistoceno, incluyendo el de Brooks, postulan el estrechamiento de una zona de desplazamiento ecuatorial de las zonas sub-tropicales de divergencia –los altos sub-tropicales ahora cerca de los 30° de latitud. Debe haber sido necesario que hayan sido acompañados en el estrechamiento del cinturón de los vientos cambiantes y un incremento en su fuerza. También se postula que el giro estacional el sistema de vientos tropicales y sub-tropicales fue reducido en amplitud. Una reducción en la anchura de la zona de los vientos cambiantes pudo sólo servir para mover la porción más seca de este cinturón más al sur, y una reducción en amplitud de la oscilación estacional que serviría para evitar la porción más húmeda girar tan lejos al norte en el verano. Hay consecuentemente una buena posibilidad de que en el tiempo del Pleistoceno Tardío, el Valle de Tehuacán pudo haber estado menos irrigado pero posiblemente más frío, como el clima que se aproxima al de San Juan Sinagua en el norte de San Luis Potosí. Debido a esta posibilidades requeriría una serie de fechas de radiocarbón en lo que se refiere a las facetas glaciales en los picos del eje neovolcanico, o una serie de fechas de radiocarbón para un número de perfiles de polen que reflejen los cambios climáticos con la finalidad de establecer una correlación aceptable de las fases climáticas aún no descubiertas en el Valle de Tehuacán con las hipotéticas en los Estados Unidos. REFERENCIAS: Antevs, 1955-1962 Aschmann, 1958 Atlas climatológico e hidrológico, 1956 Boletín Hidrológico, 1955-60, 1962

Brooks, C. E.P., 1949 Bryan y Gruñí, 1964 Byers, H. R., 1959 Collier, 1964 Cook S: F., 1936-39 1958 Hess, 1959

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Hubbs y Roden, 1964 La Farge y D. S. Byers, 1931 Martin, 1963, 1964 Martin y auxiliares, 1963 Mehringer y auxiliares, 1965 Miranda, 1948 Riehl, 1965 Tamayo y West, 1964 Vivo Escoto, 1964 Wagner, 1964

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CAPITULO 5 ESTUDIOS GEOLÓGICOS Jean Brunet

E

n este capítulo el término “Valle de Tehuacán” aplica únicamente a esa parte correspondiente a la cuenca completa de Tehuacán que limita al noroeste con Tepanco de López y San Andrés Cacaloapan, ambos en el estado de Puebla., en el lado oriental con las cordilleras de la Sierra Madre de Oaxaca, incluyendo de noroeste a suroeste la sierras de Acutzingo, Zongolica y Mazateca., en el suroeste con la sierra de Zapotitlán, y en la terminal suroriental con los alrededores de Teotitlán del Camino en el estado de Oaxaca. El área así definida, comprende la parte central de una cuenca continental Cenozoica formada de un brazo del mar del Cretácico. La cuenca fue rejuvenecida durante la época Cuaternaria como resultado de su captura por parte del río Santo Domingo, y así se volvió parte de la cuenca del río Papaloapan en el cual descarga el Santo Domingo. El río Salado y sus tributarios, -de superficie, subterraneos o artificiales, drenan este sector norooccidental de la cañada o garganta. Este estudio se refiere no solo al valle mismo, pero tambien lo relacionan con una franja mas o menos amplia a lo largo de los hombros de las montañas que le rodean y con la unión del Valle de Zapotitlán, brevemente tal como se mencionará más tarde. En el campo buscamos llevar al cabo transversales esencialmente paralelas, perpendiculares al eje del valle, es decir orientadas de manera aproximada nororiente-suroeste. Estas transversales nos permitieron recolectar de manera más bien rápida las muestras y observaciones necesarias para preparar el estudio geológico. Ciertos detalles, especialmente aquellos que se refieren a la hidrogeología, fueron estudiados cerca de la ciudad de Tehuacán, en la antigua Hacienda conocida como “El Riego”, y en las cercanías de Ajalpan y Tilapa, todos ellos en el estado de Puebla. Se dedujo que ellos podían proporcionar algunos hechos directamente relacionados a la arqueología. El mapa muestra que la región cubierta por esta investigación comprende aproximadamente 1600 kilometros cuadrados pero que el área total incluye aproximadamente 2000 kilómetros cuadrados, gracias al relieve, el cual desgraciadamente no podía ser cubierto con suficiente detalle debido a la carencia del tiempo y especialmente a la carencia de medios adecuados de acceso, particularmente en las regiones montañosas. Después de recorrer en

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jeep casi 12,000 kilómetros en esta región, tomamos un grupo de tramos en nuestra observación, y como una consecuencia de los defectos resultantes en este estudio. La muy larga historia que parte de la cristalizacion de la corteza de la tierra, hace aproximadamente unos 4,500 millones de años, hasta el inicio del Jurásico, está escondido a la vista en el Valle de Tehuacán. En su mejor parte, uno puede agrupar ciertas estructuras geológicas que son claramente muy viejas bajo el término de “complejo basal”. Hemos estudiado este complejo basal de los flancos de la Sierra Mazateca y a lo largo del camino del pueblo de Coxcatlán hasta San Pablo Zoquitlán y en la Sierra de Acultzingo donde posiblemente representa al Paleozoico o el inicio del Mezosoico (Triásico). Puede regresar o retroceder 500 millones de años. Está fundamentalmente compuesto de rocas metamórficas, esquistos, pizarra y areniscas con cemento calcareo que muestra los rastros de metamorfismos dinámicos (ver nota 1 bajo el título de Análisis de Muestras Manuales abajo), las areniscas contaminadas por material volcánico (2), cuarcitas (3), gneiss, esquistos de mica (4) y mármoles (5) así como rocas que con frecuencia se alteran de manera importante y que sufren intrusión por parte de los diques volcánicos. Estos últimos son particularmente visibles a lo largo de la carretera a Huautla de Jiménez, Oaxaca, en la Sierra Mazateca. Este complejo basal, ha estado sometido a numerosas alteraciones tectónicas y volcánicas, de las cuales los pliegues y los trazos de dinamometamorfismo, los diques y la arenisca con desechos de lava son evidentes. Aunque el complejo basal está compuesto de rocas que uno pudiera sospechar fueron de origen marino, se ha deformado y transformado a tal grado por vía del metamorfismo que uno no puede descubrir su historia. Siguiendo a Salas (1949) los geólogos se refieren al complejo basal de la región de Santo Tomás con Otlaltepec y Acatlán como el “Esquisto de Acatlán” y este pudiese ser el mismo complejo basal como el que se da en la parte suroeste en el Valle de Tehuacán. El término “Complejo Basal” se prefiere aquí porque incluye numerosos tipos de rocas mas bien que los esquistos por sí solos, y debido a que indica mejor nuestra ignorancia en la materia. Volveremos a mencionar que el complejo Basal es visible donde la erosión ha expuesto y aún la ha atacado de manera considerable- en la parte sur de la Sierra de Acutzingo, en la Sierra Mazateca, y también a unos 20 kilómetros al occidente de Zapotitlán Salinas, en la región de Santo Tomás o Otlaltepec. Esta parte del Mesozoico, es mas fácilmente estudiada en la región bajo la investigación, ya que está bien expuesta en la Sierra de Zapotitlán y en la parte norte de la Sierra de Acultzingo, al oriente del Cerro Colorado de Tehuacán Cerro de los Cuarteles.

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Fig. 26. Panorama del Valle de Tehuacán, mirando al noroeste en el camino de Teotitlán-Huautla, a. Otros puntos son: b, Cerro Tepetroje; c, montañas del Nudo Mixteco; d, ubicación aproximada de las cuevas del Purrón y de las Abejas; e, Cuesta de Altepexi; f, Sierra de Zapotitlán; g, Cuesta de San Marcos; h, Cerro de la Mesa de Tehuacán; i, colina y caserío de Chichiltepec.

En la Sierra de Zapotitlán, el límite nororiente y oriente de esa parte del Mesozoico, forma un arco convexo que encara al pueblo al Tehuacán. Atraviesa los alrededores de la antigua hacienda de Cipiapa (cerca de San Bartolo Teontepec) y atraviesa la carretera entre Huajuapan de León, Oaxaca y Tehuacán a 11 kilometros al occidente de Tehuacán. Enseguida incluye la Sierra de Miahuatepec y la Sierra de Atzinge y finalmente se une al valle del Río Hondo, el cual forma aquí la frontera entre los estados de Puebla y Oaxaca, alrededor de los 18 grados con diez minutos norte. Esta frontera topográfica corresponde a los finales del Cretacico Medio y los inicios del Cenozoico. Aunque se cree que está presente en la Sierra de Atzingo*, (nota) el Cretácico superior parece estar ausente en esta región. Los depósitos de invertebrados de San Juan Raya, en el interior del Valle de Zapotitlán, pudo por mucho tiempo atraer la atención de los geólogos y estimular el estudio de los estratos Mesozoicos de la región. Recordemos brevemente las principales fases representadas en el Cenozoico Medio y Superior de la región, y sus características. El Jurásico es continental con la excepción de la parte norte de la región que esta siendo revisada. Incluye dos formaciones distintas entre las cuales las relaciones estratigráficas no son claras la formación Matzitzi, descrita por Aguilera (1906) al sur de Zapotitlán y los“Lechos Rojos” en las cercanías al Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 27. Cerro de la Mesa y alrededores visto desde el Calvario de Coapan, j. Otros puntos son: a, Sierra de San Bartolo; b, Cuesta del Yeso; c, carretera entre Tehuacán y Huajuapan de León, Oaxaca; d y e, canteras en Cuesta del Yeso; f, Sierra de Tecamachalco; g, suelos grises y otros depósitos del Cuaternario; h, planicie del Cerro de la Mesa; i, barranca pequeña con depósitos del Cuaternario; k, Cueva del Riego; l, antigua hacienda El Riego; m, canal la Presa del Valsequillo; n, Tehuacán; o, Santa María Coapan.

sur de la Sierra de Santa Rosa. Ambas consisten de areniscas y conglomerados, pero las camas o lechos rojos en general exhiben una fase más arcillosa que la formación Matzitzi. El Cretácico, siempre es claramente marino. En el Cretácico inferior o grupo Puebla uno encuentra en orden estratigráfico normal a la formación de Zapotitlán, la formación San Juan Raya, y luego la Formación Miahuatepec. La formación Zapotitlán, en casi su totalidad tambien incluye calizas con rudístidos y neridítidos. Se le asigna al Barremiano. Dos miembros son distinguidos -el Agua del Cordero y el Agua del Burro. La formación de Zapotitlán se encuentra en toda la región rodeando la carretera de Tehuacán a San Juan Raya, entre las afueras de San Antonio Texcala y el lugar llamado Mata Calabaza en el lado más extremo de Zapotitlan Salinas. La formación de San Juan Raya, que se encuentra al occidente de la formación de Zapotitlán alcanzando las afueras de San Nicolás Tepostitlán, no es tan amplia como Aguilera creía, (1906). Se ha asignado al Aptiano. Su litología es semejante a la de la formación precedente.

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Fig. 28. Calizas alternativas y plegadas, margas y yeso de la Cuesta del Yeso, en el Km. 7, de la carretera Tehuac谩n-Huajuapan de Le贸n.

Fig. 29. Extracci贸n de caliza margosa y yeso de la cantera en e en la figura 27.

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Fig. 30. Sedimentos laguníferos expuestos en el Cerro Agujereado. La Cueva de Coxcatlán, yace abajo en la cara expuesta, el talud de la excavación muestra la amplitud lateral del refugio.

En la vecindad o cercanía del caserío de San Juan Raya se puede encontrar una abundancia de aproximadamente 10 especies fósiles (Calderón García 1956. 70): la Pteritrigonía plicacostata (Nyst y galiotti), el Tylostoma aguilerai Alencaster, Nerinea sp., Neithea sp., Pyrazus scalariformis Nagao, Corbis (Sphaera) corrugata Sowerby, Cerithium bustamantii (Nyst y galiotti), Isognomon lamberti (Mûlleried), “Cyprina” sanzi Landere, Exogyra acuticosta (Nyst y galiotti). Uno también ve ostras y corales. Durante una de nuestros viajes, un estudiante encontró una porción de lo que parece ser la mandíbula de un crustáceo. Este espécimen está ahora en estudio. La formación de Miahuatepec conforma la Sierra de Miahuatepec y la Sierra de Atzingo. Comprende calizas con chets negros y lechos margosos y exhibe muchos dobleces o pliegues. Los geólogos quienes han estudiado la región dudan en asignar una edad precisa a esta formación., es cierto que está intercalado entre las formaciones precedentes y el Cenozoico. En la Sierra de San Bartolo y los altos que le rodean el Cretácico o Medio-el Albiano y el Cenomaniano, están representados por la Formación Cipiapa. El nombre de la antigua hacienda de Cipiapa, cerca de San Bartolo Teontepec. Actualmente se utiliza en un sentido mucho más restringido que el de Aguilera. La formación está compuesta de calizas con nódulos de chet así como zonas dolomitizadas. Son ricos en fósiles-rudístidos, foramníferos, algas Medio Ambiente y Subsistencia

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etc. y son referidos como Trinity-Albiano interior (Applin, 1955, Calderón García 1956) o el Albiano Cenomaniano superior (Viniegra y López Rubio en Calderon García 1956). El orden cronológico iniciando con el Cretácico Superior y continuando hacia el Cenozoico, la evolución de la Cuenca de Tehuacán fue marcada por lo siguientes episodios escenciales: 1.- Etapa orogónica principal y el inicio del aislamiento del futuro Valle de Tehuacán del Golfo de México. 2.-Depósito de sedimentos de laguna, ricos en material salino, en particular yeso fibroso asociado principalmente con yeso de “cabeza de lanza”. Estos sedimentos laguníferos están bien representados en las siguientes regiones: Cuesta del Yeso entre las laderas de la Sierra de San Bartolo y las cercanías de la Sierra de Atzingo, Calvario de Santa María Coapan., Calvario de San Sebastián Zinacatepec, y cercanía de Coxcatlán., Pueblo Nuevo., San José Tilapa y Teotitlán del Camino. También se les puede ver a lo largo de la carretera de Tehuacán a Veracruz, entre las afueras de Tehuacán y el kilómetro 260 cerca a Chapulco. Una fase lateral aproximada consiste de “Conglomerados Rojos” derivados de la erosión amplia de las nuevas cordilleras. A partir de ellas se forman en particular el Cerro Colorado de Tehuacán y el Cerro Colorado de Ajalpan. 3.-Nuevos movimientos orogénicos marcan el aislamiento final del valle del mar y el cierre de los depósitos de las lagunas. 4.- Formación de un gran lago cuyos elementos, frecuentemente consistían en travertinos, están hoy bien conservados en la parte noroeste del valle, en las cercanías de Tepanco de López, el Cerro de la Mesa, y las cuestas de San Marcos y Altepexi y también tal vez en las cercanías del pueblo de Axusco. Estos sedimentos son discordantes con los anteriores y muestran una estratificación horizontal perfecta. Algunos cortes finos permiten la descripción dada en la figura 33, que enlista los sedimentos de arriba hacia abajo. Cómo puede uno clasificar y fechar estos conjuntos?. La búsqueda de los macrofósiles no dió resultado, aunque se había hecho anteriormente, especialmente durante las preparaciones para el Vigésimo Congreso Geológico Internacional en 1956, y por parte

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Fig. 31. Cerro Colorado de Tehuacán.

nuestra en el verano de 1964. Por lo tanto recolectamos algunas muestras con el objeto de buscar microfósiles. Análisis de algunas secciones delgadas, cuyos resultados fueron proporcionados a nosotros por el doctor Jacques Butterlin, no nos dieron la mínima orientación cronológica (ver notas correspondientes). Los conglomerados rojos corresponden exactamente con aquellos de la parte norte del estado de Oaxaca. Pertenecen a la formación Huajuapan y son por lo menos en forma parcial una perspectiva lateral de los sedimentos tipo laguna lacruste mencionados arriba. Estos sedimentos son tradicionalmente nombrados como formación de Tehuacán (Aguilera 1906) no obstante, uno podría reservar el último nombre para la parte rica en material salino y de esta manera reducir aún más la extensión de la antigua “formación Tehuacán de Aguilera” El restante travertino lacustre que es discordante con los sedimentos salinos pudiese entonces llamarse “Formación del Cerro de la Mesa”, en honor del Cerro de la Mesa que se eleva detrás de la antigua Hacienda del Riego. La Formación del Cerro de la Mesa representaría por lo tanto la terminación del Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 32. Cerro Colorado de Ajalpan y el Calvario de San Sebastián Zinacatepec.

Cenozoico continental en la región y tal vez el inicio del Cuaternario. La secuencia estratigráfica entonces se convierte tal como se demuestra en la figura 35. Es posible que la formación de Tehuacán es en parte posterior a la formación Huajuapan. Es decir su parte superior sin duda corresponde a los lechos de Yanhuitlán de Salas (1949). La presencia de fósiles vertebrados ha hecho posible que se asigne una era del Eoceno-Oligoceno a los conglomerados rojos del estado de Guanajuato (Fries 1955). Uno pudiese asignar la misma edad a las formaciones de Huajauapan y Tehuacán (Calderon Garcia 1956). La formación del Cerro de la Mesa equivaldría en edad, aproximadamente al Mio-Plioceno en edad. Con la finalidad de completar la información estatigráfica del Cenozoico, se señalará que la region de Axusco y cerca de Chilac contiene un cierto número de estratos, cuyas correlaciones no son claras, debería definitivamente ser asignada a la formación Tehuacán utilizando el término en

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su sentido restringido. Estas incluyen calizas (notas 16,17) areniscas (18), breccias (19) y así sucesivamente.

Fig. 34. Cerro de la Mesa, visto desde el canal de irrigación al norte de El Riego.

El vulcanismo era de importancia limitada unicamente en la región de Tehuacán, aunque es indudablemente responsable por una parte de la mineralización de las aguas subterráneas. Algunas unidades volcánicas en el valle han sido conocidas desde hace tiempo. Ellas incluyen por ejemplo las andesitas de la laguna de San Bernardino cerca de Santa Catarina Otzolotepec. Un mapa publicado por L Blásquez en 1957 muestra un volcán en la región de las colinas de San Marcos, al sur de la antigua estación hidroeléctrica número dos de Tehuacán, pero no hemos encontrado nada para que corresponda a esto. Por otra parte, entre Chilac y Atzingo encontramos un complejo volcánico (20, 21) cuya superficie no pudo definirse con exactitud. En el otro lado del valle, al oriente de Ajalpan, estudiamos unidades de manera breve- lavas, rocas cataclásticas (22), y tufos volcánicos (23) de un volcán que sea tal vez bastante importante. Hay también algunos diques basálticos del Cenozoico, (24) visibles en cortes expuestos a lo largo del camino de la carretera entre Tehuacán y Huajuapan de León. Uno de estos se muestra en la figura 36. los cortes fueron visitados por miembros del Vigésimo Congreso Geológico Internacional en 1956. Antiguamente las venas volcánicas se encontraron en el subsuelo de la ciudad de Tehuacán a profunidades aproximadas de 80 metros de acuerdo a L. Blásquez. No es posible determinar mucho lo que se relaciona a la edad de la mayoría de estas unidades volcánicas. Pero es probable que se remonten a la segunda mitad del Cenozoico.

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La terminación del Cenozoico no está claramente marcado en el Valle de Tehuacán y es problable que los depósitos lacustres de la formación del Cerro de la Mesa, se remonten un tanto a los tiempos del Cuaternario inicial. La formación del valle actual. Las características presentes del Valle de Tehuacán, y particularmente el hecho que es hoy un valle y no una cuenca interior, se puede atribuir a un evento que probablemente haya tomado lugar durante el Cuaternario Primario. La erosión frontal por parte del Río Santo Domingo, una fluente del Río Papaloapan, dió como resultado la captura, por parte del Río Santo Domingo, del lago en el cual se depositaron los sedimentos del Cerro de la Mesa y de la formación del Cerro de la Mesa. Esto probablemente ocurrió cerca del sitio actual de Quiotepec, Oaxaca.

Fig. 36. Dique basáltico expuesto a 10.1 Km. en la carretera Tehuacán-Huajuapan. Este dique es posiblemente más reciente que el que se cita en la nota 24. a, rocas de la formación Zapotitlán; b, d, carretera y dique; c, dique basáltico con venas calcíticas y marcas de alteración; e, calizas y margas de la formación Tehuacán.

La vieja cuenca sedimentaria estaba limitada de manera aproximada por los siguientes puntos que empiezan del norte y giran en sentido de las manecillas del reloj: Cd. Serdán, Atzizintla, las Cumbres de Acultzingo, Santa María del Monte, San Pablo Zoquitlán, y Coyomeapan, todas en el estado de Puebla; luego Teopoxco, Concepción Pápalo, Aloapan, San Jerónimo Sosola, Coixtlahuaca y Jicotlán en el estado de Oaxaca; y finalmente una vez más en el estado de Puebla, Acatepec Atenayuca, Xochitlán los alrededores de Tecamachalco y Quecholac. El lago entonces limitado se extendía en ambos lados de una línea que recorría aproximadamente los siguientes puntos San Medio Ambiente y Subsistencia

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Gabriel Tetzoyocan, San Miguel Zozutla, Tepanco de López, Tehuacán y el curso del Río Salado penetrando a Oaxaca, de aquí a través de Quiotepec y el curso del Río Grande de Cuicatlán a la región del Cañón del Tomellín. Las laderas en las montañas de alrededor, eran drenadas por rios que existen hoy en día –El Río Salado, Río Tehuacán, Rio Hondo, Río de Parián, Río Grande de Cuicatlán y sus numerosos tributarios. Antes de la captura de la cuenca, estas corrientes eran más cortas, independientes entre sí, y descargaban al lago. Tal era la hidrografía en el tiempo de la captura del antiguo lago. Algunos comentarios de interés antes de esta captura se pueden encontrar en Barrera, quién refiere a ellos como un “caso de piratería” por parte del Río Papaloapan (1946: 24 y figura 10). Continúa explicando como la erosión frontal del Río Papaloapan, -actualmente su tributario, el Santo Domingoconectaban la antigua cuenca cerrada con el valle inferior del Papaloapan, consecuentemente acarreando drenaje de las aguas del lago. Uno debe enfatizar la importancia extrema de esta captura a la evolución geomorfológica de la región. El viejo sistema lacustre -estable en equilibrio y funcionando, uno pudiera decir, cómo un sistema cerrado– Eran transformados de manera abrupta en un área de intensa erosión. Era un área con dos cabezas, que comprendían un sector norooccidental, que drenaba hacia el suroriente por medio del Río Salado, y una parte Sur-Suroriental que drenaba hacia el norte y al oeste por medio del Río Grande de Cuicatlán. Tal arreglo, o drenaje en forma de T es bastante característico de los patrones del drenaje capturado (ver figura 37). La cuenca lacustre, situada a unos 1,700 metros sobre el nivel del mar y menos de 200 km. de él, se vaciaba de sus recursos acuíferos en 2 procesos complementarios. Primero, el lago desapareció y con él, el nivel base de las corrientes que lo alimentaban. Luego estas corrientes, encontrado laderas e índices de erosión características de torrentes, incrementaban la rapidez con la cual el agua era drenada de las montañas vecinas. Las consecuencias de todo esto están marcadas. Las reservas de agua en las montañas de alrededor han disminuido con algo de demora, pero permanentemente, ocasionando que el nivel básico hidrostáticose hunda más bajo con el paso del tiempo. Habremos de discutir este punto en detalle en la sección que abajo se describe y que trata acerca del distrito de la antigua hacienda del Riego. El resultado neto, es que el valle se vuelve más seco y aún más parecido a un desierto. En lo que se refiere a este último punto podemos hacer una observacion. No hay razón para creer que el clima como un fenómeno general pudo haber cambiado durante las últimas etapas del

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Fig. 37. Captura de la cuenca Tehuacán-Cuicatlán por parte de un tributario del Río Papaloapan. a, Sierra de Zapotitlán; b, Tehuacán; c, Orizaba: d, Córdoba; e, Zongolica; f, Sierra de Zongolica; g, Teotitlán del Camino; h, extensión del antiguo lago cerrado en la cuenca Tehuacán-Cuicatlán; i, Quiotepec; j, Cuicatlán; k, Huautla de Jiménez; l, sitio de captura del antiguo lago por parte del Río Santo Domingo; m, Presa Presidente Miguel Alemán; n, Golfo de México; o, Alvarado, Veracruz.

Cuaternario. No obtante, los microclimas del valle han progresado hacia una aridez aún más marcada debido a la desaparición del agua. Los sedimentos Cuaternarios que en la antigua cuenca pueden clasificarse bajo tres rubros: 1. Material incrustado o depositado en diferentes partes del valle por medio de manantiales ricos en minerales, –en sílice, carbonatos, nitratos, cloruros, sulfatos, etc. Estos se encuentran a lo largo del borde del Cerro de la Mesa, entre San Lorenzo Teotipilco y el Riego. La alineación de los manantiales en la región no se puede atribuir a una falla, como algunas veces se ha pensado, si no que a la dirección general del frente de erosión del Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 38. Sección WSW-ENE entre la de Sierra de San Bartolo, a, y San Antonio Cañadas, h. Otros puntos son: b, Cuesta del Yeso; c, Cerro de la Mesa; d, antigua hacienda El Riego; e, Tehuacán; f, Rió Salado; g, Cerro Colorado de Tehuacán; h, depósitos incrustados a lo largo de la cara del Cerro de La Mesa; j, suelos grises y otros depósitos recientes; k, aluvión; l “complejo basal”; m, niveles Jurásico; n, Zapotitlán, San Juan Raya, y formaciones similares; o, formación de Cipiapa; p, dique basáltico; q, formación de Tehuacán; r, formación del Cerro de la Mesa; s, “Conglomerados Rojos” de la formación Huajuapan; t, extrusión andesítica.

Fig. 39. Travertino encostrado cerca de El Riego.

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Fig. 40. Detalle del Travertino encostrado mostrando impresiones de plantas.

travertino de la formación del Cerro de la Mesa. Depósitos posteriores de material incrustado se encuentran a lo largo de los costados de las cuestas de San Marcos y Alepexi, cerca del Cerro Tepetroje (25 26) y el Cerro Pelón (27 28). También de interés es un manantial tipo geiser en la cumbre de la colina llamada Petlanco que deposita cloruros y sulfatos, y a cuyas aguas se le atribuyen propiedades medicinales. 2. Aluvión –Arcillas, arenas, gravas esparcidas entre los alrededores de San Diego Chalma y la parte baja del valle. En la siguiente sección veremos que este aluvión está sufriendo una evolución geomorfológica un tanto fuera de lo común –un “relleno interno”, este aluvión es cubierto frecuentemente con una coraza calcarea o “caliche” la cual reduce ampliamente su fertilidad. Probablemente no deberíamos extraer cualquier inferencia climática de la presencia este caliche. Simplemente resulta de la sabresaturación de bicarbonatos de las aguas capilares y circulantes de una gran parte del valle. 3. Los depósitos de las laderas se dan particularmente alrededor del Cerro Colorado de Tehuacán, Cerro Colorado de Ajalpan, y el antiguo macizo formado por el complejo basal en la parte suroriental del valle, tal parece que estos depósitos se acumulan el pie de la Sierra de Zongolica, una circunstancia que se explica por el hecho que este lado del valle tiene laderas más inclinadas Medio Ambiente y Subsistencia

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y más secas y es por lo tanto incapaz de retirar el desecho que se está formando de manera constante. Los fenómenos de la “geología actual” son un estudio interesante del valle de Tehuacán, especialmente en conexión con las relaciones entre la erosión y la sedimentación por una parte, y el equilibrio ecológico por la otra. Nosotros regresaremos este estudio en la siguiente sección. Uno pudiese dar gran importancia al fenómeno Karstiano en este valle, pero no creemos que amerite que ellos sean considerados la clave a los problemas geormorfológicos, porque en general, cerca de Tehuacán las zonas calcareas son alteradas y posteriormente arrastradas por la erosión sin pasar por la “evolucion en el lugar” que es característica de los fenómenos Kársticos. En particular las arcillas formadas por la descalsificación están totalmente ausentes en esta región. La fauna Cuaternaria, anotamos, incluye Parelephas columbi Falconer, cerca de San Jerónimo (Aguilera 1906) -Parelephas columbi variedad felicis Freudenberg- entre el Riego y la Ciudad de Tehuacán (Mûllerried 1931) y algunos restos remanentes no identificables de un proboscidio que se encontró durante el verano de 1964 en el fondo de un pozo cerca de Altepexi. La iniciación del programa de la Comisión del Papaloapan de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, ha resuelto parcialmente los efectos o ha detenido parcialmente los efectos nocivos de la erosión y de la sequía. Este programa beneficia a Tecamachalco y a Tehuacán con aguas del Río Atoyac poblano congregadas por la Presa de Valsequillo. El Valle de Atoyac tiene una historia que es parecida a la del Valle de Tehuacán, habiendo así un antiguo lago que fue capturado. Las partes más bajas del Valle de Tehuacán a su tiempo, se benefician de las aguas recolectadas en la parte más elevada. Pero en cualquier evento los suelos se desarrollan pobremente, a excepcion tal vez de la región de las plantaciones de caña, de Calipan en la parte baja del valle. Los suelos son en general, suelos grises mezclados con grava del aluvión. La actividad volcánica y tectónica no parece haber afectado la región durante el Cuaternario. Solo reajustes tectónicos pequeños se notan en los lechos salinos de la Cuesta del Yeso; este fenómeno está bien expuesto a lo largo del camino de Tehuacán a Huajuapan de León, entre el kilómetro 5 y el kilómetro 10.5 aproximadamente. La figura 41 es un mapa generalizado que muestra las estructuras geológicas principales en la región de Tehuacán. Para ser más fácilmente

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Fig. 41. Mapa geol贸gico tentativo del Valle de Tehuac谩n.

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Fig. 42. Diagrama de block para mostrar la relaci贸n de facetas topogr谩ficas.

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inteligible insertamos un diagrama de bloque (figura 42) preparado del mapa y que hace uso de todos los datos topográficos disponibles y altimétricos. Vemos ahí, insertado entre las estructuras antiguas pertecientes al complejo basal y el Mesozoico, lechos de laguna y de lagos del Cenozoico continental, seguidos por lechos que representan el fin del Cenozoico y del Cuaternario- travertino, del aluvión, de los depósitos de laderas, etc.

Fig. 43. Sección de la Cueva del Riego, que muestra facetas geológicas y de irrigación: a, planicie del Cerro de la Mesa; b, travertino estratificado; c, travertino encostrado; d, frente de erosión al final del rejuvenecimiento de ésta parte del valle; e, Cueva del Riego; f, fuentes modernas de agua subterránea; g, h, i, pozo de la red “El Huizache”; j, canal prehispánico; k, masa de tierra y roca derrumbada; l, dren que va de los manantiales de San Lorenzo a una parte más baja del valle; m, antigua embotelladora de agua mineral; n, galería subterránea colapsada; o, galería moderna; p, basura; q, suelos grises y otros depósitos recientes.

Evolución Hidrólogica, Alrededores del Riego. Los párrafos precendentes, han enfatizado el papel importante del rejuvencimiento del valle al acelerar la erosión que revive y disecta las estructuras de lagunas y de lagos de la antigua Cuenca de Tehuacán. La reduccion de agua en el valle y en las montañas que le rodean es un resultado Medio Ambiente y Subsistencia

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de este fenómeno, que también sigue de manera precisa una ley matemática de la aceleración. La buena fortuna permitió el estudio y el descenso de la tabla de agua con el paso del tiempo, no solamente en el valle pero en sus flancos de igual manera, en el valle gracias a un viejo excavador de pozos nacido en San Diego Chalma, quien en el curso de sus 70 años vió el agua de los manantiales secarse de manera lenta, para ser encontrada de ahí en adelante en pozos de mayor y mayor profundidad, que van de 10 a los 12 metros. En los análisis de las laderas del valle fue posible debido a una serie de observaciones en la vecindad inmediata de los refugios de roca del Riego, y cerca de la antigua hacienda del mismo nombre. Estas observaciones serán presentadas abajo. La curva trazada a partir de esas observaciones indica, adicionalmente, el tiempo aproximado mediante el cual los canales de irrigación Prehispánico, preservados por una cubierta travertina calcarea estuvieron, en uso. También pudimos determinar la secuencia en la cual un cierto número de canales fue utilizado.

Fig. 44. Cueva del Riego. El crecimiento exuberante a lo largo del pie de La Mesa es característico, tal como son las epífitas que crecen en los árboles así como las plantas xerófitas de los taludes.

La sección tranversal (figura 43) representa de occidente a oriente y de arriba hacia abajo las siguientes facetas: el abrigo de roca del Riego a 22.5 m

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sobre la presente tabla de agua; un cierto número de viejos manantiales, cuyos rastros son preservados por el travertino incrustado; los canales fosilizados Prehispánicos del mismo travertino; y algunas galerías subterráneas poco profundas colapsadas; y finalmente, galerías modernas de aproximadamente 10 metros de profundidad, utilizadas para conducir el agua obtenida de las fuentes subterráneas a la superficie. Una de estas galerías hoy día suministra el agua a la planta embotelladora del Riego. Aunque el método de construcción de las galerías más antiguas es similar al que se usa para las galerías “filtrantes” modernas, en las galerías más antiguas, estamos tratando con estructuras cuya intencion es llevar el agua del pie de la montaña a partes más bajas del valle y no recolectar agua filtrada en su camino. Es por esta razón que hablamos de galerías subterráneas; ellos son verdaderos acueductos subterráneos. En el mismo orden, he aquí la información cronológica correspondiente. Hace aproximadamente 7000 años una verdadera caída de la tabla agua dejó depósitos travertinos en la Cuenca del Riego, un refugio que debe haber permanecido muy húmedo hasta hace uno 4000 años. Varios textos antiguos hablan de “trincheras” o zanjas construidas para irrigación en el tiempo de la Conquista o un poco después, una palabra que sugiere una zanja abierta con una profundidad aproximada de un metro. A principios del siglo XX, las galerías tenían la profundidad de unos “cuantos metros” de acuerdo a un maestro o pocero a quién nos hemos referido. Estas son galerías subterráneas abandonadas con profundidad de 3 a 5 metros previamente mencionada. Fig. 45. La galería subterránea observada en la letra n de la figura 43.

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Para definir precisamente la edad de las galerías “modernas” conservamos una red llamada “El Huizache”, que fue excavada en 1964. En esta región de caliza porosa, la presencia de agua (nivel hídrico) está cercanamente relacionado al límite superior de la “zona de cementación” (nivel hidrostático). La curva que se muestra en la figura 46 confirma que los niveles más elevados sucesivamente en los cuales el agua que se obtenía representa niveles en una edad mayor creciente. Esto hace posible fechar los canales Prehispánicos con una precisión relativamente completa. Aquellos que irradian del Riego se utilizaron entre el año 1000 d.C. y la Conquista Española y tuvieron un máximo uso hasta alrededor del 1200. Este fechado aplica a la busca de canales y galerías, tanto “fósiles” como modernas que radían directamente del Riego. Otros sistemas de irrigación que se originan en San Lorenzo Teotipilco, cruzan el distrito alrededor del Riego y corren a aproximadamente 10 metros sobre las galerías que hemos discutido. Se deduce que de estas observaciones que cuando uno está estudiando un fascículo de canales, un ensamble tipo abanico que se origina de un solo manantial, el más antiguo es el más elevado, y de manera inversa, aquellos en el nivel más bajo son los más recientes. El mismo método geocronológico pudiera aplicarse con resultados fructíferos en la región de las cuestas de San Marcos y Altepexi. La Vecindad o Cercanía de Ajalpan Uno puede decir que la erosión progresa al elevar la cuenca del drenaje. En el Valle de Tehuacán esto significa, que poco después de la captura de la cuenca por parte del sistema del Río Papaloapan, la erosión estuvo muy activa en las partes más bajas del valle, alrededor de San Juan de los Cues, en la vecindad de Teotitlán del Camino. La erosión posterior afectó más fuertemente las regiones alrededor de los pueblos de Venta Salada y Coxcatlán, luego Ajalpan y Chilac. Hoy la evidencia más fuerte de erosión se ve en la cercanía de Tehuacán, especialmente en la zona de los “Conglomerados Rojos”-Cerro Colorado de Tehuacán. Uno observa ahí la presencia de múltiples hondonadas, o cañadas- la Cañada de San Antonio, por ejemplo. Hacia el norte en las cercanías de Tepanco de López, la erosión es más débil, pero se puede predecir su ampliación en el futuro. El material predominantemente sedimentario desgarrado de las regiones fuertemente atacadas por la actividad erosiva no es necesariamente acarreado más allá de la cuenca más baja del Río Papaloapan, y por esa razón a las aguas del Golfo de México. Después de ser arrastrado a una distancia relativamente corta se precipitan las secciones intermedias del valle. Por algunos miles de

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años tales depósitos se han estado acumulando en la región alrededor de Ajalpan. Por lo que el valle intermedio esta relleno en proporción al rango de erosión en las partes más altas. Es claro que a la vez, este relleno del valle intermedio es atacado por la erosión y ampliamente disectado o cortado, -un fenómeno que se ve claramente en los alrededores o afueras de Ajalpan. Cuando es difícil, entonces separar la erosión y la sedimentación, se vuelve posible entender el fenómeno en su totalidad. El desequilibrio creado por la captura de la antigua cuenca por un tributario del Río Papaloapan, ponen en movimiento un fenómeno complejo que afecta la evolución del relieve. Estos se expresan en un cambio de la actividad de erosión hacia la parte noroccidental del valle. Una vez que la erosión ha despejado parte del valle, es sucedida por la sedimentación que rellena parte del valle que ya está despejado. La misma intensidad de esta sedimentación trae consigo un nuevo desequilibrio del sistema y se inicia una nueva fase de erosión

Fig. 46. Diagrama utilizado para fechar canales prehispánicos, c, en las cercanías de la Cueva del Riego, a. Los niveles de agua se proporcionan en escala aritmética; entre los años 8000 a.C y 1964 d.C. Medio Ambiente y Subsistencia

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expresada en la escala logarítmica. b, función que expresa la correlación entre la tabla de agua y el tiempo; d, trincheras construidas para la irrigación alrededor de año 1519; e, antiguas galerías colapsadas; f, galerías modernas; g, función hipotética del canal abandonado de San Lorenzo que pasa al oriente del Riego; h, situación actual de éste drén.

Ni el término “cono aluvial” ni “terraza” es adecuado para describir el amontonamiento de tierra alrededor de Ajalpan. Uno pudiese proponer la expresión de “aluviacion intermedia” o “relleno intermedio” o “aluviacion sucesiva”. Si este relleno intermedio empezó en el Pleistoceno, el descubrimiento en un pozo cerca de Altepexi de fragmentos de hueso de un proboscidio extinto probablemente remontándose al Pleistoceno Superior, sugiere que ciertamente empezó entonces, -en que se desarrolló totalmente en la región alrededor de Ajalpan durante tiempos relativamente recientes. Si tomamos en cuenta los depósitos estratificados de numerosos restos arqueológicos en los sedimentos, los rellenos del área debe haber involucrado o incluido un periodo de algunos miles de años. Los sedimentos consisten principalmente de arcillas y grabas, que están más o menos finamente estratificados. Es obvio que la evidencia arqueológica recaiga en una sucesión cronológica en el orden en el cual aparecen los especímenes en el corte estratigráfico bajo revisión, los objetos más profundos obviamente serían los más antiguos. Uno debe a excepción de los entierros hechos en tumbas excavadas durante los periodos de sequía temporal de una zona a otra, una situación en la cual el fechado puede hacerse únicamente por medio de la determinación del nivel de la boca de un tiro la tumba. La mismas observaciones se aplican al Río Zapotitlán. La zona interesante arqueológicamente hablando de aluviación intermedia se extiende hacia el suroccidente del pueblo de Chilac. Algunos restos aparecieron en una exposición a lo largo del banco del Río Zapotitlán exactamente a un kilómetro al sur de la plaza del pueblo donde una mandíbula humana asociada con dos puntas de hueso y algunos tepalcates de cerámica salieron a la luz. Estos se remontan aproximadamente a principios de la presente era. Es actualmente posible escoger algunas terrazas en las afueras de Chilac. Es fácil de identificarlas en el arroyo de San Marcos, donde tres terrazas pueden separarse en terrenos morfológicos y fechados por medio de su contenido arqueológico. Mequitongo: las Presas Prehispánicas. Las presas de Mequitongo, cerca de San Jose Tilapa, están en el arroyo Lencho Diego entre la carretera de Tehuacán a Teotitlán del Camino y los albergues de roca llamados Purrón y las Abejas. Las presas fueron construidas Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 47. Sección transversal del Valle de Tehuacán hasta Zapotitlán Salinas, a, y Ajalpan, d. Otros puntos son: b, Sierra de Miahuatepec; c, Cuesta de Altepexi; e, Cerro Colorado de Ajalpan; f, Río Comulco; g, “relleno intermedio” del área de Ajalpan; h, Río Salado; i, Calvario de Zinacatepec; j, niveles del Jurásico; k, formación de Zapotitlán; l, formación de Miahuatepec; m, formación de Tehuacán; n, formación del Cerro de la Mesa; o, formación de Huajuapan; p, rocas ígneas.

en un ambiente geológico caracterizadas en su mayor parte por lechos y yesíferos continentales del Cenozoico inferior arenisa marga, caliza margosa y yeso fibroso cuya alternanacia es regular todas ellas rocas que son muy fácilmente trabajadas y que se utilizaron para contruir las presas y las estructuras adyacentes. El fondo del antiguo lago represado, ahora casi invisible debido al aluvión, fue sin duda formado por las antiguas terrazas del sistema de corrientes que cortan el Arroyo Lencho Diego. La cuenca de recolección tomo forma en la parte sur extrema de la Sierra de Atzingo (Cerro Chichiltepec; inferior -y medio?- Cretácico y complejo basal). En lo que a las presas se refiere, sin desear de infringir el dominio de los colegas; nos gustaría proponer aquí algunas ideas para establecer un método o “procedimiento geológico” para el estudio de las antigua presas artificiales. Aquí le consideramos presas artificiales a todas aquellas estructuras masivas hechas por el hombre más o menos cuya intención es retener por lo menos temporalmente, un considerable cuerpo de agua, y por la misma razón, la modificación del relieve natural al grado que pueda ser necesario para la consecución de esta finalidad Se deben admitir algunos principios básicos, en particular el siguiente: el estanque sobre una presa a llenarse con sedimentos prácticamente desde el

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Fig. 48. Chilac y sus alrededores: a, formación de Miahuatepec; b, formación Tehuacán; c, depósitos Cuaternarios; d, rocas ígneas; e, San Juan Atzingo; f, San Gabriel Chilac; g, mandíbula humana encontrada en abril de 1964; h, San Mateo Tlacoxcalco.

momento de su construcción. Consecuentemente en el caso de las presas superpuestas, los depósitos aluviales que corresponden horizontalmente con cada etapa de la estructura son contemporáneos a la etapa a la que corresponden. En efecto si la construcción de una presa requiere uno o varios años el lapso de tiempo requerido para sedimentación de la cuenca, se medirá en la mayoría de los casos en decenas de años. Esto es especialmente cierto donde la erosión es muy activa como lo es en la mayoría de los valles de la Planicie Mexicana y de las regiones conectadas, tales como la Sierra Madre de Oaxaca y la Sierra Madre del sur. Desde el punto de vista geológico y aún arquelógico, tales intervalos usualmente eluden nuestro análisis y puedan considerarse como unidades demasiado pequeñas para medirse en la historia Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 49.

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pasada de una región en particular. Esta premisa hace mucho más fácil interpretar eventos pasados, ya que nos permite considerar la masa de una presa como una faceta lateral de su propio aluvión y viceversa. Otro principio es este: la capacidad total del estanque reterido por una etapa en la construcción de la presa es representado por el correpondiente cuerpo del aluvión. Finalmente, la localización de zonas de mayor depósito de grava no tiene conexión con conceptos tales como corriente arriba y corriente abajo, por lo menos en la operación y en el alcance de una presa, pero depende principalmente en las turbulencias del agua. Ciertamente la grava se acumula donde el flujo está forzado en un pasaje de confinamiento, tal como en las esclusas y compuertas, los arcos de los puentes, los canales estrechos y así sucesivamente. Esperamos que estos conceptos, ya discutidos en el campo con los arqueólogos del proyecto, puedan haber ayudado en la recontrucción de la historia de Mequitongo. Aquí de manera breve, está mi propia interpretación de esa historia: (1) situación primitiva natural, (2) primera presa y estructuras contemporáneas (3) segunda y tercera presas (separadas por un flujo de lodo), (4) cuarta presa (5) abandono de la región (6) regreso de la gente durante el tiempo Posclásico 7() situación actual. Esta interpretación se ilustra en la figura 49 En la larga historia geológica del Valle de Tehuacán, el evento más significativo es la captura de la antigua cuenca cerrada de Tehuacán-Cuicatlán (la Cañada Poblana Oaxaqueña ) por parte del Río Santo Domingo, una captura que puso en movimiento la pérdida de las reservas acuíferas de la región y completamente cambió su apariencia. El valle que se volvió más y más seco, sin embargo permitió al hombre establecerce ahí, adaptarse progresivamente hasta que pudo sacar ventaja de sus escasos recursos acuíferos, gracias a su ingenio. Es una paradoja que esta misma aridez, ha preservado a los arqueólogos los detalles de una civilización desvanecida del Valle de Tehuacán. Sin ella, nunca hubiéramos estado concientes de ellos. Notas en las Muestras de Mano 1. Espécimen T083, número de sección 451 por parte de A. Sotomayor. Notas de campo: arenisca; camino de Coxcatlán a Zoquitlán (23 kms del primero, 5 kms del último). Descripción macroscópica: roca clástica con color ligeramente grisáceo. Textura: samítico clásico. Componentes del detritus:

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cuarzo, fedespatos, calcita y mica: cementos: calcita c; clasificación: arenisca calcarea. Comentarios: La roca muestra evidencia de metamorfismo dinámico 2. Espécimen T087, sección número 452 por A. Sotomayor. Nota de campo: arenisca; camino de Coxcatlán a Teotitlán a 18 kms del primero y 10 kms del último. Descripción macroscópica. Roca clástica friable, color rosa. Textura de samítico clásico. Componentes del desperdicio: cuarzo, material cilificado, feldespatos, algunos minerales ferromagnésicos. Cemento: arcillas Kaolínitas, cloritas, óxido. Clasificacion: arenisca de cuarzo contaminada por material volcánico. Comentarios: la roca no esta totalmente desarrollada 3. Espécimen de T092, sección número 453. por A. Sotomayor. Nota de campo: arenisca; camino de Coxcatlán a Zoquitlán (11 kms del primero y 17 kms del último). Descripción macroscópica: color blanco café y negro. Textura: granoblástica. Minerales: cuarzo, hematita, clorita, limonita. Clasificacion; cuarcita. Origen: roca metamórfica. 4. Espécimen T094, sección número 454. por A. Sotomayor. Nota de campo: esquistos de clorita descrito de clorita; de la carretera de Coxcatlán a Zoquitlán (a 8.5 kms del primero y 19.5 kms del último). Descripción macroscópica: color gris y café rojizo, foliada. Textura: granoblástica en zonas. Minerales: cuarzo, magnetita hematita, clorita, sericita, limonita, granito. Clasificacion: cuarzo zonificado. Origen: roca metamórfica formada de una roca sedimentaria. 5. Espécimen T099, sección número 455, por Arturo Sotomayor. Nota de campo: mármol, carretera de Coxcatlán a Zoquitlán (1.5 kilómetros del primero. 22.5kms del último). Descripción macroscópica: roca masiva, compacta, de color verde claro. Textura: granoblástica. Minerales: calcita, cuarzo, anfíbolos. Clasificación: mármol. Origen: roca metamórfica. 6. Espécimen: T064, sección no., 64-2332. Por el doctor Federico Bonet y Enrique Riva Palacio. Notas de campo: breccia calcareo; barranca en la primera corriente se encontraba después de cruzar el Río de Zapotitlán (o Río Chilac) en el camino de Chilac a Atzingo. Descripción: breccia calcarea roja; que consiste de una martriz de caliza, matriz silicificada con abundantes óxidos de hierro y restos foraminíferos. Esta matriz incluye los siguientes constituyentes: (de hasta 4 cms de diámetro) caliza con foraminíferos, con pequeñas cantidades de material microcristalino y muchas cámaras globigerinas; b) caliza microcristalina, de grano fino con microvenas recristalizadas, con considerables óxidos de hierro y raros fragmentos

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foraminíferos; c) caliza microcristalina de grano medio con texturagranoblática, sin fauna; d) caliza microcristalina de grano fino con numerosas venas recristalizadas delgadas, feldespatos, óxidos de hierro, numerosas cámaras de globigerina y otros foraminíferos, en particular un espécimen bien conservado de Rotalípora sp y también P. Trejoi y Calsisphaerula innominata. Comenterios: la presencia de estos fósiles nos permite asignar una etapa (Cretácica Superior solo a los fragmentos que los contiene), en tanto a la breccia misma puede ser de una etapa posterior. La apariencia de la roca sugiere los “conglomerados rojos” Cenozoico Inferior que son muy comunes en muchas áreas de México. Fig. 50. Presas en Mequitongo; canal o compuerta de exclusa expuesta en el banco del arroyo en la estructura de la izquierda No.15 en la figura 49, 7. Se puede ver el relleno de grava en el fondo.

7. Espécimen T001, sección número 64-2324. por parte del Doctor Federico Borrel y Enrique Riva Palacios. Notas de campo: lechos horizontales de travertino; Cerro de la Mesa, 200 mts al occidente del manantial del Riego, cerca de Tehuacán. Descripción: caliza de marga de color crema-café, parcialmente recristilizada y extremadamente silicificada. A pesar de la diagénesis hay restos biogénicos que probablemente correspondan a moluscos, briozoarios y algas; carecen de fauna característica. 8. Espécimen T003, sección número 64-2325. por el Doctor Federico Borrel y Enrique Riva Palacio. Notas de campo: lechos horizontales de travertino; Cerro de la Mesa, 200 mts al occidente del manantial del Riego. Descripción; arcilla de grano fino, arcillosa y seudocolítica de color café claro; Medio Ambiente y Subsistencia

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la matriz contiene pequeñas cantidades de caliza microcristalina, con contituyentes clásticos. (de tamaño pequeño y medio) de cuarzo, de feldespatos sódicos y potásica subangular e irregular; parte llenas de calcita espática granoblástica y raras hojuelas de mica, la mayor parte de las seudo-coliticas están parcialmente silicificadas. Algunos restos de moluscos, un espécimen pobremente conservado de Globochaete alpina? y otros restos biogénicos demasiado pobremente preservado para poder ser identificados. 9. Espécimen T184, sección número 460, por A. Sotomayor. Notas de campo: travertino Cerro de la Mesa tres kilómetros al occidente del manantial del Riego. Descripción microscópica: color café y roca gris oscuro con zonación. Textura: cryptocristalina, constituyentes: calcitas, arcillas, zonas silicificadas (con calcedonio, cuarzo y ópalo). Clasificación: caliza con zonas silicificadas. Origen roca sedimentaria. 10. Espécimen T152, sección número 458, por A Sotomayor. Notas de campo: caliza lacustre; camino de Puebla a Tehuacán cerca de Tepanco de López. Descripción macroscópica: roca de color rojo con venas de hematita y calcita. Textura. Granular cristalina. Minerales: calcita, calcita secundaria hemátina, cuarzo, feldespatos, limonita, arcillas, Clasificación: de calcita. Origen: roca sedimentaria. 11. Espécimen T173, sección número 64-2340. Por el Dr. Federico Bonet y Enrique Riva Palacio. Notas de campo: calcita lacustre, colina de San Marcos aproximadamente a 5 kilómetros al sur de Tehuacán (6 kilómetros en el viejo camino directo de Tehuacán a Chilac). Descripción: color café, granos medios, calcita microcristalina, ligeramente arcillosa con granos irregulares de calcita más fina microcristalina; carece de fauna. 12. Espécimen T 033, sección número 64-2326. Por el Dr. Federico Bonet y Enrique Riva Palacio. Notas de campo: marga, Cenozoico inferior continental, corte localizado a 8 kilómetros en la carretera de Tehuacán Huajuapan de León. Descripción: marga calcarea color café ocre con fragmentos muy pequeños e irregulares de cuarzo clástico subangular, y con numerosos granos de calcita, algunos de los cuales son romboédricos, óxidos de hierro. Carecen de micro fauna. 13. Espécimen T116, sección no. 64-2339, por el Dr. Federico Boner y Enrique Riva Palacio. Notas de campo: caliza, camino de san Gabriel Chilac a San Juan Atzingo, a 100 metros después de cruzar el Rió Zapotitlán (Chilac). Descripción: calcita de grano fino, color verde microcristalino ligeramente

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arcillosa con oxidos de hierro de grano fino. Restos de moluscos y ostras calcificadas. Carece de la micro fauna característica.

Fig. 51. Presas en Mequitongo: la parte superior de la presa puede verse a la derecha aunque está escondida en el arbusto de la izquierda. El camión está al final de la presa cerca del número 450 en la figura 49, 7.

14. Espécimen T 153, sección no. 64-2337 por el Dr. Federico Bonet y Enrique Riva palacio. Notas de campo: caliza, a dos kilómetros al sur de Tehuacán al pie del Cerro Colorado (Tehuacán viejo). En el nivel de las terrazas del Rió Salado. Tal vez de una edad más reciente que la T033 y T166. Descripción: caliza microcristalina de grano fino de color café, con venas llenas de calcita cristalina espática, ligeramente arcillosa, numerosas radiolarias calcificadas: Globigerina sp y Nodosaria sp. Carece de micro fauna característica. 15. Espécimen T039, sección no. 64-2337, por el Dr. Federico Bonet y Enrique Riva palacio. Notas de campo: Caliza conglomerítica cristalizada, corte localizado a 8 kilómetros de Tehuacán a Huajuapan de León. Descripción: caliza microcristalina de grano fino y medio, ligeramente arcillosa con óxidos de hierro, ciertas partes están fuertemente recristalizadas. Restos de moluscos, equinodermos ostrácodos, algas recristalizadas. Carece de micro fauna característica.

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16. Espécimen T140, sección no. 64-2335, por el Doctor Federico Bonet y Enrique Riva Palacio. Notas de campo: caliza, a un kilómetro al sur occidente de Axusco, en las cimas de las primeras colinas frente al Cerro Tepetroje. Descripción color café, de caliza macrocristalina de grano fino, con geodas alineadas con calcita, ligeramente granular, ligeramente arcillosa carece de micro fauna característica. 17. Espécimen T077, sección no. 449. Por A Sotomayor. Notas de campo: caliza con constituyentes alterados; barranca en la primera corriente más allá del Rió Zapotitlán (Chilac) en el camino de Chilac a Atzingo. Textura: clástica. Constituyentes fragmentos calcareas clásticos de organismos, restos de microfósiles calcita, óxidos microcristalinos y cuarzo secundario criptocristalino. Clasificación “calcirudita” silicificada”. 18. Espécimen T062, sección no. 445 por A Sotomayor. Notas de campo: arenisca, 200 metros más allá del Rió Zapotitlán (Chilac) en el camino de Chilac a Atzingo. Descripción: macroscópica y de textura: roca clástica samítica. Constituyentes: componentes de detritus (basaltos, cuarzo, arenisca, calcita, feldespato cuarzo) y cemento, (calcita clorita). Minerales secundarios: limonita clorita. Clasificación arenisca “lítica”. 19. Espécimen T137, sección no. 64-2334. por el Doctor Federico Bonet y Enrique Riva palacio. Notas de campo: brecia calcarea; laderas del Cerro Tepetroje, aproximadamente a tres kilómetros al suroeste de Axusco, Descripción: breccia contemporánea con fragmentos subangulares (diámetros hasta de 4 centímetros), de caliza microcristalina de grano fino y de color café, con abundantes venas recristalizadas, óxidos de hierro y un poco sílica secundaria, restos de moluscos no frecuentes, radiolario calcificada, foraminífera tan desechos que son imposibles de identificar- todos en matriz de caliza silicificada granular con abundantes óxidos de hierro y una calcita bien cristalizada. Carece de fauna. 20. Espécimen T079, sección no. 450. Por A. Sotomayor. Notas de campo: lava; barranca en la primera corriente más allá del Rió Zapotitlán (Chilac) en el camino de Chilac a Atzingo. Descripción: macroscópica: color rosa a café rojizo. Textura: afanítica. Constituyentes: labradorita, hematita, magnetita y pyroxenas. Clasificación: basalto. 21. Espécimen T076, sección no. 448. Por A. Sotomayor. Notas de campo: lava retrabajada, barranca en la primera corriente más hallá del Rió Zapotitlán (Chilac), en el camino de Chilac a Atzingo. Descripción:

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macroscópica: roca porfirítica masiva con ligero color gris. Textura: porfirítica con genolitos. Minerales primarios: andesina magnetita, ortoclase. Minerales secundarios cuarzo, calcita, clorita, óxidos. Comentarios la roca muestra evidencia de granito xenolítico y de lavas. Clasificación: porfiria andesítica. 22. Espécimen T071, sección no. 446. Por A. Sotomayor. Notas de campo: Camino en las montañas aproximadamente a 3 kilómetros al oriente de Ajalpan. Descripción macroscópica: gris oscuro masivo y roca y color café con venas de cuarzo. Textura: cataclástica. Constituyentes: cuarzo microclina, plagioclasas, clorita, sericita, limonita cuarzo secundario. Clasificación cataclástica. 23. Espécimen T072, sección no. 447, por A. Sotomayor. Notas de campo: tufa volcánica, carretera en las montañas aproximadamente a 3 kilómetros al oriente de Ajalpan. Descripción macroscópica: grano fino roca de color verde. Constituyentes: ceniza volcánica de grano fino, plagioplasas, óxido, calcita, clorita; devitrificación de material original. Clasificación: tufa volcánica de grano fino (tufa de ceniza). 24. Espécimen T044, sección no. 444, por A. Sotomayor. Notas de campo: dique a unos 200 metros antes del puente de Moctezuma, Tehuacán Huajuapan de león camino de Tehuacán a Huajuapan de León (entrando por San Antonio Texcala). Descripción macroscópica: roca masiva de color gris ligero. Textura: afanítica, y afírica. Constituyentes: labradorita augita, magnetita, hematita, clorita, limonita. Clasificación basalto de augita. 25. Espécimen T138, sección no. 457, por A. Sotomayor. Notas de campo: viejo manantial, ladera del Cerro Tepetroje al suroeste de Axusco. Descripción macroscópica: breccia rojo café. Textura: Clástica. Constituyentes: del detritus: caliza, arenisca, esquisto, cuarzo, feldespato, granito, Cemento: calcita, hematita. Clasificación: breccia calcarea. Origen: roca sedimentaria hidroclástica. 26. Espécimen T136 sección no. 476, por A. Sotomayor. Notas de campo: breccia calcarea; ladera del Cerro Tepetroje al suroeste de Axusco. Descripción macroscópica: breccia rojo café. Textura: Clástica Constituyentes: fragmentos de calcita, esquisto rocas alteradas, cuarzo, feldespato, hematita, arenisca, clorita. Cemento: calcita, hematita. Clasificación: breccia calcarea. Origen: roca sedimentaria hidroclástica.

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27. Espécimen T157 sección no. 459 por A. Sotomayor. Notas de campo: breccia calcareo, entre el Cerro Pelón y Río Salado; cerca de Pueblo Nuevo, Puebla, Descripción macroscópica: breccia blanca, crema y color café. Textura: clástica. Componentes del detritus: caliza, roca silicificada, cuarzo feldespato, calcedonia. Clasificación: breccia calcarea. Origen: roca sedimentaria hidroclástica. 28. Espécimen T157b. sección no. 64-2338. por el Doctor Federico Bonet y Enrique Riva palacio. Notas de campo: breccia calcarea, entre Cerro Pelón y Río Salado cerca de Pueblo Nuevo (Puebla), Descripción: gris verdoso, de grano medio fino, caliza microcristalina, y regularmente arcillosa, con óxidos de hierro y vetas recristalizadas. Carece de fauna. REFERENCIAS Aguilera, 1906 Applin, 1955 Barrera, 1946 Blásquez, 1957 Calderón García, 1956 Fries y Aux., 1955 Mûllerried, 1931 Salas, 1949.

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CAPITULO 6 ESQUELETOS HUMANOS James E. Anderson

D

urante las excavaciones en el Valle de Tehuacán, el material humano esqueletal que representaba, aunque solo de manera fragmentaria, a más de 70 individuos fueron recuperados de siete sitios y de ocho de las nueve fases de la secuencia prehistórica cultural. La importancia de estos huesos ya se en su antigüedad.(los 6 primeros entierros pertenecen a la Fase del Riego de aproximadamente 6500 a 5000 años A.C) y en su excavación científica en un contexto cultural confechado conocido. Los huesos son representantes de un tiempo de secuencia de la transición que representa la transición de recolección de economía de cacería a la del tiempo agricultores de tiempo completo que vivieron en comunidades de tamaño importante. Este reporte surge de dos intervalos que pasé en Tehuacán restaurando y estudiando el material de los esqueletos en enero y julio de 1964*. Mi énfasis en este reporte ha sido más bien descriptivo que métrico, con una tensión particular a las variaciones morfológicas y a la patología del hueso y del diente. Los objetivos que guiaron el trabajo incluían: la provisión de información de la población básica para el uso en la interpretación del registro arqueológico; la descripción de morfología esquelética para futuras comparaciones como información disponible de otros sitios; la búsqueda de tendencias temporales que muestran una micro evolución; la correlación de descrubimientos biológicos con el cambio cultural y el estudio de la incidencia de la enfermedad en las poblaciones tempranas del Nuevo Mundo. Medí los cráneos y los huesos largos de acuerdo alas técnicas descritas por Ashley Montagu (1960) y calculé la estatura en base a la longitud de los huesos de las extremidades, utilizando las formulas de Trotter y Gleser, 1958. La edad de individuos inmaduros fue determinada por la etapa de erupción dental y el progreso de fusión epificial. Ya que las sinífisis pubis era raramente disponible para estudio en los esqueletos adultos, solo la edad relativa podría juzgarse en base de los cambios degenerativos en los huesos, el grado de desgaste de los dientes tal como se relaciona al nivel cultural del estado del cerramiento de sutura. El examen de la pelvis, el cráneo y las áreas de las articulaciones del esqueleto apendicular ayudaron a determinar el sexo de los esqueletos. Cuando otras áreas eran equívocas, de los criterios de la pelvis tal como los describe Genovés 1962 se les daba prioridad. También el tamaño de Medio Ambiente y Subsistencia

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la superficie de unión, particularmente el diámetro de la cabeza femoral, fue utilizado para determinar el sexo más que la longitud y la robustez de los huesos largos (Anderson 1963). Las tablas 2 y 8 resumen la información de los entierros para cada uno de los sitios donde se encontraban los restos de los esqueletos humanos. Algunos de los esqueletos se les dieron número de entierros en el campo, otros restos fragmentarios se les concedieron números en el laboratorio, y unos pocos restos son identificados por el nivel de excavación en el cual se encontraron Tabla 2. Entierros de la Cueva del Riego los entierros. Nicho Occidental (Tc 35w), Por Fase y Nivel Número de laboratorio o Edad Sexo Comentarios de campo

Venta Salada Zona I

Zona 2

Zona 3 Palo Blanco Zona 4 El Riego Zona 5 Ajuereado Zona 6 No clasificado

A B C D E L1:1 L1:2 L2:1 L2:2 L2:3 L2:4 L2:5 L3:1 L3:2

Adulto Adulto Adulto Adulto Adulto debajo de 6 meses Adulto Adulto Recién nacido 2-4 Años 5 Años 6 Años 13 Años Adulto

F F M F M ? F F ? ? ? ? ? F

Solo fragmentos infracraneales Fragmentos de esqueleto Casi completo a excepción cráneo Fragmentos de esqueleto Parcial incluyendo mandíbula Fragmentario Fragmentario, sin cráneo No hay cráneo, piernas quemadas Fragmentario Casi completo e intacto Mayor parte del esqueleto, parte del cráneo Mandíbulas y otros fragmentos Fragmentario, cráneo y dientes Fragmentario, cráneo y dientes

L4:1 L4:2

Adulto 11 Años

M Fragmentario, parcialmente quemado Fragmentario, parcialmente quemado

L5:1

Adulto

F Fragmentos cremados

L6:1

Adulto Adulto

? Fragmentos de la mandíbula F Casi completo, tumba saqueada

En la siguiente descripción de los entierros, el orden sigue la secuencia cronológica establecida para el Valle de Tehuacán, iniciando con el material más antiguo y procediendo hacia el presente. El material esta agrupado de acuerdo a la fase cultural. Fase del Ajuereado Medio Ambiente y Subsistencia

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Este es la etapa más antigua, que terminó antes del año 6500 a.c. La población consistía de microbandas nómadas cuya subsistencia dependía de la recolección de plantas silvestres, de la cacería y del trampeó de la caza. El único material esquelético recuperado de esta fase, un fragmento de lado izquierdo de una mandíbula de un adulto, se encontró en el Nicho Tabla 3. entirerros del Sitio El Riego (Tc 35e), por Nivel (Toda la Fase Ajalpan) Número de Laboratorio ó de Campo

Edad Sexo Comentarios

Venta Salada

Zona B

B:I B:II B:III

Adulto Adulto

Huesos largos y M mandíbula M Fragmentos F? Fragmentos

Zona C

C:I

Adulto

F

C:II Palo Blanco Zona D

D:I D:II D:III E:I

Zona E

Adulto Adulto Adulto

?

Fragmentos

M F ? ?

Fragmentos Fragmentos Fragmentos Fragmentos

Tabla 4 entierras de Cueva de Coxcatlán (Tc 50) por Fase y por Nivel Número de laboratorio o de campo

Edad

Venta Salada

7

Adulto

Palo Blanco El Riego

1

15 Meses

Zona XIV

2 3

5 Años Debajo de 6 meses

4

Adulto

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Sexo Comentarios Mandíbulas, dientes, otros F fragmentos Completo, tejido ? disecado Casi completo, ? cráneo roto ? Casi completo Chamuscado, M casi completo

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5

Adulto

6

Debajo de 6 meses

F Casi completo Casi completo, ? cráneo roto

Tabla 6. entierro de Quachilco (Tr 218) Por Fase

Palo Blanco Santa María

Número de Laboratorio o de campo 1 2

Edad Sexo Adulto Adulto

Comentarios

M Ni cráneo ni dientes M Casi completo

3 8 Años ? Casi completo 4 Adulto M Casi completo 5 6 Años ? Cráneo, dientes y otro fragmento 6 Adulto F Dientes, esqueleto, fragmentario 7 Adulto M Dientes, parte del cráneo, otros huesos 8 Adulto M? Ni cráneo ni dientes 9 Adulto M Fragmentario NOTA: Los fragmentos encontrados en la Zona A son problamente parte del entierro 1. Los fragmentos recuperados de las zonas B, B', C y C' son probablemente parte de los entierros 2-9 en particular el entierro 5.

Tabla 7.

Entierros de la Cueva de Purrón (Tc 272 Por Fase y Nivel Número de laboratorio o de campo

Edad

Sexo Comentarios

1

Adulto

F Fragmentario

Adulto Adulto

Palo Blanco Zona : C-E Abejas Zona M

Zonas O-P Coxcatlán

Adulto

? Fragmento tibial ? Fragmentos pélvicos Fragmentario partes M agregadas de la zona Fragmentos pélvicos y ? calcáneo derecho

Zonas P-Q

Adulto

Cuboide, calcáneo, ? fíbula

Zonas N-O

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3

Adulto

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Zona Q1 Zona Q1-R El Riego Zona R

Tabla 8.

2

Adulto Adulto

Fragmentos de costilla, vértebra ? lumbar M Esqueleto parcial

4

Adulto

F Esqueleto parcial

Entierros de la Cueva de Coatepec (Ts 368e) Por Fase y Nivel Número de laboratorio ó de campo

Edad

Sexo Comentarios

Joven Subadulto

? Fragmentos ? Fragmentos

1

17 Años

? Fragmentos

3 Zonas C

2 Años Adulto

Zonas C1

Adulto

Zona D Ajalpan

Adulto

? Fragmentario ? Fragmentos de fémur Fragmentos de ? boveda, dientes Dos fragmentos ? frontales pequeños

Zona K

Adulto

Venta Salada

Zona A Palo Blanco Santa María

Subadulto Zona K1 Zona K2 Zona K 3

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Adulto 2

Adulto Adulto

Mandíbula quemada, ? boveda, , talus Fragmento ? mandibular Talus izquierdo ? quemado Fragmentos M iofracraneales Frontal derecho, maxilar izquierdo, ? dientes

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Occidental de la Cueva del Riego. La barbilla es cuadrada o bilateral en forma con eminencias mentales conmínentes. El foramen mental es doble. Solo dos de los dientes se encuentran en su lugar. El primer femoral está desgastado casi hasta el cuello, exponiendo su cámara de la pulpa y dando como resultado un abceso aplical. El tercer molar esta inclinado hacia el espacio anteriormente ocupado por los dos molares que se habían perdido desde hacía mucho tiempo cuyos alvéolos han sido reabsorbidos. Fase el Riego Este periodo se extiende aproximadamente, de los años 6500 a 5000 a.c. la gente subsistía en una economía de cacería de bajo nivel en la estación de secas y explotaba la vegetación exhuberante en la época húmeda de lluvias. El material humano proviene de tres sitios: el Entierro 4 en la Cueva de Purrón, los Entierros 2-6 de la Cueva de Coxcatlán y un entierro fragmentario de la Zona 5 del Nicho Occidental de la Cueva del Riego.

Fig. 52. El cráneo del Tc 50, entierro 4; fase del Riego; varón adulto; reconstruido a partir de 58 pedazos de hueso quemado. Notar el borde supraorbital continuo, la perforación infraorbital grande, y la región zigomática que aparece en posición vertical en la vista lateral y plana cuando se le ve desde abajo.

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Tc 272; Entierro cuatro. Este esqueleto fragmentario de la Cueva del Purrón se remonta aproximadamente al año 6000 a. C. El hueso es suave y friable y profundamente manchado por el ocre rojizo. La bóveda craneal está sumamente deformado y la región frontal esta aplastada. Los huesos temporales están completos pero el esqueleto facial está representado solamente por el zigomático izquierdo. Hay dos fragmentos mandibulares y nueve dientes sueltos. Los huesos de las extremidades están presentes, pero están muy dañados, principalmente en las superficies de las articulaciones. Todos los segmentos de la columna vertebral están presentes pero la mayoría de ellos en mal estado de preservación. El esqueleto es probablemente de una mujer, juzgando de la delicadeza de sus bordes suproorbitales y los procesos mastoides, de protuberancia parietal marcado, y las marcas musculares indiferentes en la región de la nuca, la conformación femenina de la muesca isquiática derecho y una cabeza del femoral del diámetro de solo 40 mm. Aunque la suturas de la bóveda de este adulto permanecen distintas, hay un proceso de envejecimiento en la osteofitosis de los márgenes del cuerpo vertebrado. La estatura se calculó a partir de la longitud del ulna como 167.68 +- 4.6 cm. o aproximadamente 5 pies 6 pulgadas. Este cálculo puede estar distorsionada ya que cae fuera del rango de los otras estaturas calculadas para mujeres que se dan en la tabla 12 abajo. Fig. 53. El Cráneo del entierro Tc 50, entierro 5; de la fase del Riego; corresponde a una mujer adulta. Observe la ramificación mandibular corta y amplia; eversión mandibular, región malar vertical; tuberosidad cigomaxilar prominente; y espacio estrecho para los huesos nasales.

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El neurocráneo parece corto, con su mayor altura sobre las protuberancias parientales marcadas. El índice craneal se calcula en 78.3 el cual está en el rango mesocraneal. Los únicos huesos Wormianos son pequeñas incluciones en la sutura lambdoide y no hay una cresta sagital o una sutura metópica. En ambos lados hay muescas supreorbitales pero los vasos y los nervios no dejan surcos o acanaladuras del hueso frontal. Los bordes suproorbitales son continuos a través de la línea media. La región occipital consiste de un montón bajo y un borde, ambas placas timpánicas son ligeramente engrosadas pero no tienen dehiscencias. Un fragmento de una mandíbula derecha muestra la resorpción completa de su hueso alviolar, siguiendo la pérdida de todos los dientes posteriores. Los dientes anteriores están severamente desgastados en una modalidad asimétrica, con inclinaciones oblicuas en una o más de las superficies exponiendo la dentina de la corona y dejando crecientes cortas de esmalte proyectado en la superficie oclusar. Un premolar tiene una lesión de caries en la región cervical de su superficie distal que se ha abierto a la cámara de la pulpa. Hay un aplanamiento del fémur, pero no de la tibia: el índice platimérico es de 71.9; y el índice platicnemico es de 74.2. No hay una muesca del vastus o un tercer trocanter, sino que una apertura septal grande está presente en el húmero izquierdo. Las facetas anteriores y medias del calcaneo son discretas. Las superficies articulares de ambos rótulas tienen áreas hoyosas centrales diagnósticos de osteoartritis temprana. Los fragmentos de cuerpo vertebral muestran osteofitosis moderada. Hay una fractura soldada de la terminal discal del radio izquierdo con el característico “tenedor de la cena”, pero no hay signos de fractura en el ulna. El Tc 50. Entierro 2. Este entierro que proviene de la Cueva de Coxcatlán es el esqueleto casi completo de un niño de 5 años que se encontró en la misma tumba con el esqueleto de un niño aún más joven (Entierro 3) las cabezas de ambos niños habían sido separadas de sus cuerpos y fueron intercambiadas en el entierro. Aunque todas las partes del cráneo que pertenecen adecuadamente al Entierro 2 estaban presentes, el cráneo no pudo ser reconstruido. La región occipital pudo haberse roto antes del entierro y había una evidencia de chamuscado. La edad del niño se calculó en 5 años en la base de la siguiente evidencia: todas las partes de hueso temporal se han fusionado y el crecimiento lateral de la placa timpánica esta casi completa. Su orilla lateral es acordonada, y las dehiscencias están presentes de manera bilateral. El proceso mastoide se

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está bien desarrollado para la edad del cráneo. La fusión del condilar a la parte escuamosa del hueso occipital está incompleta. Todos los dientes de leche han brotado, y las coronas de los primeros molares permanentes están justo en el margen alveolar. Las epífisis de las extremidades se han fusionado. La vértebra del atlas consiste de los arcos neurales derecho e izquierdo no fusionados y un segmento de arco anterior separado. Su foramen transversal no se ha formado totalmente. Las vértebras del eje están completas excepto la fusión del os apicis óseos y el cerrado del transversarium foramen. Las otras vértebras cervicales tienen arcos neurales fusionados, pero dos arcos no se han fusionado al centrum. Las ocho vértebras toráxicas superiores tienen arcos completamente unidos a su centra pero las cuatro inferiores muestran una fusión reciente. En el área de la región lumbar y en el centro están bien fusionadas, excepto el L4-L5 que muestran espina bífida (ver fig. 65b). El arco neural de los elementos sacros se ha fusionado al ala, pero este último no se ha fusionado con el cuerpo. El canal sacro es ampliamente abierto en la parte posterior en su longitud total. Hay una seudoepífisis en el primer metatarso. En cada lado del cráneo hay un hueso wormiano grande en una muesca parietal. Las muescas superorbitales son bilaterales, pero no se ven acanaladas. Hay una tuberosidad prominente principalmente en el proceso zigomático de la maxila. El único desgaste mostrado por los dientes es el aplanamiento de las cúspides o eminencias dentales y de los morales residuos. El incisivo central izquierdo se perdió y este shocket es el sitio de un abceso alviolar. TC50. Entierro 3 .El esqueleto es de un niño menor a 6 meses de edad. El cráneo ha sido cambiado en el entierro con el cráneo del entierro 2. Están sin fusionar: sinfisis menti, las partes de hueso occipital, la sutura metópica y la epífisis de las extremidades. Las partes escamosas y petrosas del hueso temporal se han fusionado, pero el anillo timpánico no muestra signos de crecimiento lateral. Las coronas de los dientes deciduos se están formando, y sus alveolos están abiertos. En la fusión de la columna vertebral de las dos mitades, el arco neural no ha empezado. Tc 50. Entierro 4. Este es el esqueleto de un varón mayor, cuya mayoría de huesos están quemados. El esqueleto se encontró en una tumba con los Entierros 5 y 6. El sexo se determinó por medio de los abultandos bordes de los cojs y de las marcas de la nuca, de las proporciones sacras de los varones y la muesca isquiática y lo robusto de los huesos de las extremidades. Las suturas craneales están obliteradas y hay una enfermedad degenerativa avanzada de las articulaciones.

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El cráneo fue reconstruido a partir de 58 piezas. Su bóveda es mesocraneal en proporciones. Los bordes superorbitales son continuos. La región facial es plana con grandes tuberosidades zigomaxilares y malares. La región occipital tiene forma de montón. La forma de la barbilla es medio bilateral y hay una eversión craneal ligera y un arco milohideo en ambos lados. Las mandíbulas no tienen dientes con alveolos resorbidos, a excepción de las tres raíces de los dientes cortos. La atrición avanzada había expuesto la cámara de la pulpa de estos y de esto, resultó un abceso apical. La estatura calculada a partir de la longitud de la tibia es de 165.1+3.27 centímetros; o 5 pies, 5 pulgadas. La mayoría de las superficies de las articulaciones disponibles, especialmente las articulaciones apoficiales de las vértebras cervicales, muestran señas de osteoartritis. Osteofitosis de los cuerpos vertebrales más marcados en la región lumbar. Una fractura a causa de compresión de la tercera vértebra toráxica ha ocasionado que su cuerpo tenga forma de cuña y que se fusiona al cuerpo vertebral arriba por una gran osteofita en el lado izquierdo. La quinta vértebra lumbar exhibe eponteobisis del anterior desdice del cuerpo se muestra por medio del reborde de la periferia del primer cuerpo sacral. Fig. 54. a, Niño de 2-4 años, Tc 35w; fase Venta Salada; con tuberosidad típica grande. b, Tc 35w, Entierro C; varón adulto; fase Venta Salada. c, Tc 35w; proveniente de un entierro saqueado; mujer adulta. d, Tr 218, Entierro 2; varón adulto; fase Santa María; la infección treponemal destruyó la mayor parte de la bóveda.

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Hay una fractura sanada antigua del quinto metatarso derecho. Las fracturas están presentes en el hueso largo del radio izquierdo y el ulna, donde se dió una cicatrización con considerable angulación. Dos fragmentos de costilla también muestran señas de una fractura soldada Tc 50. Entierro 5. El esqueleto de una mujer adulta se encontró con los entierros 4 y 6. El sexo se determinó sobre la base de los criterios pélvico y craneales, así como por el diámetro de la cabeza del femoral de sólo 39 mm, aunque la sutura de la bóveda son aún diferentes, los cambios degenerativos a lo largo del esqueleto sugieren por lo menos una edad media. La calavera o cráneo fue completamente reconstruido. Los huesos wormianos se dan como inclusiones en la sutura lambdoide así como en los huesos de la muesca pariental bilateral. La región facial es plana con tuberosidades malares pequeñas y un tubérculo marginal, pero con un enorme tuberosidad cigomaxilar formada conjuntamente con los dos huesos. El montiendo occipital se extiende desde el lambda al inión. La barbilla es media en su conformación. La eversión gonial es evidente, y hay arcos bilaterales milohiodes. El prognatismo alviolar maxilar aparente ha resultado de la pérdida de muchos dientes. El foramen espinoso está abierto mediamente en ambos lados. La artritis temprana de la articulación temporo mandibular, se muestra por medio de las áreas erosionadas en ambas eminencias articulares. La mitad de los dientes se habían perdido y los alveolos se reabsorvieron. El desgaste avanzado en los restantes dientes dejó superficies oblicuas, exponiendo la dentina secundaria y algunas veces la cámara de la pulpa. Las crecientes agudas de esmalte permanecen en las superficies oclusales. El paladar está erosionado por la extensión de los abcesos alviolares. La estatura calculada de la longitud fibular, es de 159 +- 3.24 cm; que equivalen a 5 pies, 3 pulgadas. Tal vez aún más que su colega, el Entierro 4, este esqueleto esta confuso con cambios degenerativos y traumáticos. La osteoartritis está presente en ambas caderas, ambas articulaciones primometatarsofaragiales, en las articulaciones acromioclaviculares, la articulación del tobillo izquierdo y las articulaciones apofisicas vertebrales. Hay una osteofitosis avanzada en todas las regiones de la espina vertebral.

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Las fracturas de compresión se dan a través de la columna vertebral: C4, C5,T4 y T7 han sido aplastadas hasta aproximadamente la mitad de su espesor normal, y los cuerpos del T8 y T12 se han adquirido la forma de cuña. Fig. 55. Cráneo de Tr 218, Entierro 7; varón adulto; fase Santa María; índice craneal, 82.2. Observe la inclinación frontal, el occiput vertical, y la forma de “mecedora” del bordo inferior de la mandíbula.

La escápula izquierda exhibe señas de una antigua fractura del cuerpo que sanó con infección. De un defecto central grande 3 líneas de fractura radían a la periferia del hueso. Los fragmentos se han traslapados ligeramente uno con otro, dando a la región de sanación una apariencia plegadiza. A lo largo de la línea de fractura se encuentran agujeros regulares redondos que representan abcesos que fallaron sin ser contenidos por la delgadez de la lámina de la escápula. Tres costillas izquierdas que están debajo de la escápula también muestran señas de fracturas sanadas. Ambos húmeros tienen aperturas septales pero no hay una muesca del vastus o tercer trocanter. Tc 50. Entierro 6. El tercer componente del entierro múltiple, es el esqueleto de un niño menor de 6 meses de edad. El cráneo está seriamente fragmentado. La inmadurez se muestra por la carencia de fusión del mentí de la sínfisis, las partes de hueso occipital, los arcos neurales vertebrales y las epífisis de la extremidades. Las cuatro partes del hueso temporal se han fusionado pero no habido crecimiento lateral del anillo timpánico. Tc 35w, Zona 5. Este nivel de la Cueva del Riego, contenía una cremación consistente de pequeños fragmentos de las extremidades, de las vértebras y del cráneo. La delicadeza de los huesos sugiere que era una mujer adulta. Un diente canino cremado muestra evidencia de caries cervical.

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Resumen. Siete individuos de la Fase el Riego están representados provenientes de tres sitios: en la Cueva del Purrón, el entierro sencillo ampliado de un varón adulto, en la Cueva de Coxcatlán dos entierros múltiples, uno que consiste en dos niños cuyas cabezas han sido retiradas y cambiadas a otro consistente de tres individuos, un varón mayor cremado, una mujer un tanto más joven y un infante, en la Cueve del Riego una mujer adulta cremada. Los cráneos fueron uniformemente mesocraneánicos, con una protuberancia occipital baja en la parte más elevada de la bóveda se da sobre las protuberancias parientales. Las caras son planas con una tuberosidad maxilar cigomaxilar prominente aún en niños. El patrón inusual y el estado avanzado de desgaste de los dientes es probablemente resultado de material vegetal fibroso y firme que era jalado a través de los dientes durante la masticación. Los dientes se desgastan hacia debajo de manera oblicua, dejando una creciente esmalte en la corona y a menudo exponiendo las cámaras de la pulpa. La pérdida de dientes bajo estas condiciones era extrema. La caries no es común y cuando está presente, resulta de la impactación de alimento de entre los dientes. La incidencia muy elevada de fracturas sanadas exhibida por medio de los dos esqueletos de la misma tumba, es notorio. Fase de Coxcatlán. Este periodo se remonta aproximadamente al año 5000 a.c. hasta el 3500 a.c. que corresponde a la agricultura incipiente, pero todavía hay una gran dependencia de los alimentos silvestres. El material esqueletal de esta fase, esta compuesta de solo los Entierros 2 y 3 de la Cueva de Purrón, fechados aproximadamente en el año 4300 a.c. y algunos fragmentos que se encontraron en las capas relacionados del mismo sitio. Tc 272, Entierro 2. Este esqueleto dañado de un varón adulto más bien es curiosamente incompleto curioso, careciendo del antebrazo izquierdo y la extremidad baja. La bóveda craneal difiere considerablemente de cualquier otra de los sitios de Tehuacán. Es relativamente larga y baja con alguna elevación detrás de las protuberancias de parietales marcados. El índice craneal calculado es 68.3 hay un occipucio con forma de montículo prominente. Los bordes súper orbitales son pesados continuos, casi rectos, se extienden el ancho completo de la orbita y se mezclan con el margen supra orbital. Detrás de ellos, la región

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postorbital parececonstricta, aunque el diámetro frontal mínimo de 88 no es extremadamente pequeño. Los mastoides son grandes y masivos con enormes “torus” sopreamiatal y un foso sopreamental triangular profundo. La mandíbula tiene fuertes eminencias mentales que resultan en una concavidad subsinfisial. Hay versión gonial. La imagen dental semeja aquella que se ve en la Fase el Riego, con una atricion oblicua marcada, que produce crecientes de esmalte en las superficies oclusivas de los dientes. Hay evidencia de tres abcesos y de enfermedad periodontal se muestra en la recensión marcada del margen alveolar y de la exposición de las raíces. Los huesos de las extremidades limber parecen ser largos, rectos, y muy robustos. La línea áspera es espectacular. La estatura se calcula a partir del largo de l fémur es de 168.8 mas menos 3.8 cm. (3 pies, 6 pulgadas). La osteoartritis aparece solo en las articulaciones apofisiales cervicales. Esto y el reborde periférico de los cuerpos encruces en la transversal ría forajida: dos costillas muestran señas de fracturas sanadas. Tc 272, Entierro 3, Este entierro consiste de una mandíbula, cinco dientes superiores flojos y el esqueleto infracraneal fragmentario de un adulto probablemente de un varón. Las coronas de la mayoría de los dientes han sido desgastadas hasta dejarlas casi planas, exponiendo la dentina. El esmalte forma un anillo en la superficie oclusa que rodea una zona deprimida de dentina. El tercer molar izquierdo inferior no esta desgastado, evidentemente no estuvo expuesto así que tiene una lesión de caries en un foso distolingual profundo en su corona. La mandíbula robusta y tiene una forma medíobilateral de la barbilla. La única patología observada los fragmentos intracraneales es el reborder avanzado de un cuerpo vertebral lumbar. Tc 272. Fragmentos. Los fragmentos de cuboide adulto, del calcáneo, de la fibula, de la costilla y las vértebras se encontraron en las zonas Q1, Q y P de la Cueva de Purrón Fase de las Abejas Durante este periodo abarcando aproximadamente del año 3500 A D. 300 A:C., la población del valle alterno entre los campamentos de caza durante la epoca de secas y las casas tipo foso en las terrazas de los ríos durante la epoca de lluvias. Se cosechó una importante cantidad de comida por medio del cultivo. Desgraciadamente solo tenemos un entierro de esta fase y unos pocos

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pedazos del hueso de la extremidad inferior de la zona M de la Cueva de Purrón

Fig. 56. El cráneo del Tr 218, entierro 4; varón adulto; fase Santa María. Observe el borde supraorbital continuo, margen subnasal confuso; prognatismo alveolar; cresta suprameatal fuerte. La mandíbula muestra el ángulo crestado y con proyección hacia fuera.

Fase de Purrón. Esta fase, que duró de aproximadamente del año 2300 a 1500 a. c., es el segmento menos atendido de la secuencia. La cerámica se produjo por primera vez durante este periodo. No se ha recuperado material esqueletal de los 2 pisos excavados. Fase de Ajalpan Esta fase duró de 1500 a. c. a aproximadamente 900 a. c. La población consistía de agricultores de tiempo completo que ocupaban pequeñas aldeas. El material esqueletal, que representaba, tal vez doce individuos a provino de dos sitios: Coatepec (Ts 368e) y Ajalpan ( Ts 204 y Ts 204e.) Ts 368e, Entierro 2. Estos restos de Coatepec consisten de pocos fragmente de un esqueleto adulto, principalmente de la pelvis y la escápula, con evidencias de quemado. La muesca isquiática corresponde a un varón.

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Ts 368e zona K. Este nivel contenía lo que son probablemente las partes de dos individuos: (a) un fragmento quemado de la mandíbula de un adulto con los dientes quemados y sus coronas rotas. Hay evidencia de pérdida de dientes, tanto antes y después de la muerte. Hay también fragmentos de costillas, parte de la bóveda craneana en la cual el hueso es muy grueso y un talús izquierdo. (b) un fragmento del lado izquierdo de una mandíbula de un subadulto con 3 molares. El primer molar tiene cúspides romas, el segundo se perdió después de la muerte y la corona de un tercero que no alcanzó ha brotar yace en su alveolo. Fig. 57. Dos cráneos inmaduros que muestran diferentes formas de la bóveda. Arriba: Tc 50, Entierro 1, fase Palo Blanco. Abajo: Tc 35w, Zona 2, 2 a 4 de edad, fase Venta Salada. Las medidas se proporcionan en la tabla 10.

Ts 368e, Zona K1, contenía un talús izquierdo quemado. Ts 368e, Zona K3, dió un fragmento de un hueso frontal derecho y parte del maxilar Izquierdo con 3 dientes. La atrición ha expuesto a la dentina en el incisivo lateral, pero solo ha desgastado la cúspide del canino y del primer premolar Ts 204, Entierro 1. Este entierro del sitio de Ajalpan consiste de muchos fragmentos dispersos, de muchos huesos largos y una mandíbula parcialmente restaurada de un adulto cuya robustez sugiere que sea un varón. La barbilla es de forma medio-bilateral. Muchos dientes se han perdido con la resorción consecuente del proceso alveolar. Las cúspides están desgastados, exponiendo la dentina en sus núcleos. Dos premolares comparten caries y aproximal Medio Ambiente y Subsistencia

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resultante de la comida incrustada entre ellos, un canino tiene una lesión de caries cervical. Ts 204, zona F, contenía fragmentos de huesos probablemente representando a dos individuos: (a) Fragmentos de costilla, el largo de un húmero, una rótula derecha, y un pedazo de mandíbula derecha con alveolos vacíos que se deben a la pérdida de dientes posmortem. La forma de la barbilla es medio-bilateral y no hay eversión gonial. La robustez esqueletal general sugiere que este individuo era probablemente varón. (b) fragmentos de costillas, un radio izquierdo de adulto, y una mandíbula con la barbilla de forma mediana. A la pérdida de dientes, le siguió la resolución del hueso alveolar. Ts 204, Zona G, dió como resultado un fragmento frontal y un parental izquierdo, el hueso largo del húmero izquierdo, los fragmentos del condilo femoral, y el ramus mandibular izquierdo de un varón subadulto. Los bordes suborbitales son continuos y se extienden hasta la mitad del ancho de la órbita. El diámetro frontal mínimo es de 95. La raíz de los huesos nasales es amplia. El tercer molar no había brotado todavía. Hay una eversión gonial ligera y no hay un arco milohiode. El ancho del ramus es de 34 mm y su altura de es 57 mm. Ts 204 Zona G1, contenía partes de dos individuos: (a) un fragmento de hueso frontal con márgenes supraorbitales agudos, probablemente de una mujer adulta; (b) la cabeza del húmero con un diámetro de 0.41 mm. y un fragmento de condilo femoral, y una rótula izquierda de varón adulto con unos pocos espolones óseos que se extiende hacia el ligamento del cuadriceps. Ts 204, Zona H, contenía fragmentos de un esqueleto de adulto de sexo indeterminado: una terminación proximal de ulna derecha, costillas, mandíbula izquierda, y premolares sueltos. El fragmento mandibular muestra la pérdida de dientes premortem. Las coronas premolares no están desgastadas y una exhibe una gran caries cervical mesial. Resumen.- Si sostenemos la diferencia de los huesos en cada nivel, los fragmentos de los componentes de la fase de Ajalpan representan 5 individuos de Coatepec y 7 de Ajalpan. Un esqueleto de cada uno de los sitios es un subadulto. La ausencia de esqueletos de niños puede ser notoria. Se encontró evidencia de quemado en solo un esqueleto. El patrón de la atricción dental ha cambiado con el giro hacia la economía agrícola. El desgaste no es tan severo y

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ya no es oblicuo. La pérdida de dientes sigue siendo seria, pero es causado por la caries Fase de Santa María Durante esta fase que se remonta a aproximadamente 900 a. c. a aproximadamente 200 a.c., una población de campesinos de tiempo completo que utilizaban la irrigación, vivía en las aldeas orientadas alrededor de una comunidad mayor con estructuras ceremoniales. El material esqueletal proviene de 8 entierros en Quachilco y de ciertas zonas en Coatepec. Tr 218, Entierro 2. Este esqueleto casi completo de varón adulto de Quachilco es uno de los especímenes más interesantes entre los materiales humanos. Gran parte de la bóveda del cráneo está perdida. El examen de las áreas restantes suministra la explicación de su fragilidad. Una osteítis extendida del neurocraneo, perdonando solamente a dos temporales escamosos, ha erosionado la superficie externa de una manera irregular y en algunas áreas ha completamente penetrado en el cráneo. Rodeando estas lesiones difusas existen placas desigualmente depositadas de hueso nuevo. La apariencia irregular de “comido por gusanos” es típica de una infección treponemal, probablemente sífilis. La barbilla es bilateral en forma, y muestra alguna eversión gonial, hay una osificación bien marcada del ligamento apical hacia el margen anterior del magnun del foramen. El desgaste ha expuesto a la dentina en los dientes incisivos y caninos, pero solo ha desgastado las cúspides en los dientes posteriores. Seis dientes tienen caries, y cinco se perdieron y los alvéolos se resorbieron. El amontonamiento ha dado como resultado una rotación mesial ligera, del incisivo central izquierdo superior y la erupción lingual del incisivo lateral izquierdo inferior. La estatura determinada a partir de la longitud de la fíbula, es de 157.3 más o menos 3.24 centímetros (5 pies, 2 pulgadas). Se encontró poca osteofitosis en la columna vertebral excepto en el C3 y C4, que están marcadamente rebordeados y fusionados entre sí en el cuerpo y en las apófisis, pero no en las láminas. Tr 218 Entierro 3, Este es el esqueleto casi completo de un niño de 8 años. El primer molar permanente, se encuentra en el plano oclusivo, como lo están los 4 incisivos superiores. Los dientes posteriores caducos estaban

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suficientemente desgastados como para exponer la dentina. Se muestra amontonamiento en la rotación mesial de ambos incisivos permanentes centrales superiores Las muescas supraorbitales son bilaterales. La tuberosidad típica cigomaxilar es enorme y el mentón tiene forma medio-bilateral. Todas las vértebras muestran unión de la mitad de sus arcos neurales que en la regiones cervical y toráxica superior, se han fusionado a su centro. El segmento del arco anterior del atlas y la os ápicis del eje no se han fusionado. El transversarium del foramen está ausente en el lado izquierdo de C6 y C7. Fig. 58. Lado derecho de la bóveda, Tc 272, Entierro 2; varón adulto; fase de Coxcatlán. b, lado izquierdo de la bóveda, Tc 272, Entierro 4; mujer adulta; fase del Riego. c, d, lados derecho e izquierdo del cráneo, Tr 218, Entierro 2, que muestran la destrucción de la bóveda a causa del treponema.

Tr 218, Entierro 4; El esqueleto casi completo es de un varón adulto. La calavera mesocrántica tiene muchos huesos wormianos pequeños en la sutura coronal derecha. En cada uno de los lados se encuentra un foramen supraorbital, pero no hay inersiones en el hueso frontal. El borde suborbital es una barra baja larga continua, que se mezcla con el margen orbital superior. El mentón es bilateral en forma, y también hay eversión gonial. En el lado izquierdo una espuela anteromedial se proyecta hacia el óvalo del foramen. El desgaste ha expuesto a la dentina en los dientes anteriores y ha desgastado las cúspides de los dientes posteriores. Hay muchos fosos en el esmalte de los molares; dos son de caries. El amontonamiento es resultado de

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la rotación mesial y la erupción labial de los incisivos centrales inferiores y en el desplazamiento lingual del incisivo central izquierdo inferior. Hay una artritis de articulación acromionclavicular y una ligera ostiofitosis vertebral. El sacro consiste de solamente 4 elementos y tiene articulaciones accesorias con L5. Tr 218, Entierro 5. Este entierro consiste de restos fragmentarios de un niño de 6 años de edad. El primer molar permanente ya brotó. La dentina está expuesta en los incisivos y hay facetas de la cúspide en los dientes caducos posteriores. El mentón es medio bilateral, y la eversión goniana es prominente. No hay arco milohiode pero hay foraminas mandibulares accesorias en cada uno de los lados. Tr 118, Entierro 6. Este entierro consiste de dientes y fragmentos de hueso de una mujer adulta. El mentón es bilateral, y hay una eversión goniana. Los dientes anteriores, han expuesto la dentina. , Los dientes posteriores tienen facetas de la cúspide. Ha habido erupcion labial y rotación del canino derecho inferior. Los incisivos centrales inferiores estan desgastados severamente con una ranura en sus superficies labiales que corre hacia abajo y hacia la derecha. El esmalte de todos los dientes parece estar motrado. Hay un foramen anómalo en la parte superior derecha de la superficie anterior del manubrio. Tr 218, Entierro 7. Este espécimen consiste del cráneo, dientes y esqueleto infracraneal fragmentario de un varón adulto. La bóveda es alta, corta y redonda y el índice craneal calculado es de 82.2. Los bordes suborbitales son continuos. El occipucio tiene forma de montículo. El mentón es medio bilateral en forma, y existe eversión gonial. Sólo 3 dientes están presentes, la mayoría de ellos se perdieron antes de la muerte y el hueso alveolar se ha resorbido. Uno de los dientes tiene caries. Hay facetas accesorias entre L5 y S1. El sacro esta dañado en el nivel de su cuarto cuerpo de tal manera que es imposible decir el número de segmentos sacrales. Hay una ligera osteofitosis de la región lumbar inferior. Tr 218, Entierro 8. El esqueleto infracraneal fragmentario es de un adulto, probablemente de un varón. No están representados huesos o de las extremidades inferiores.

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Tr 218, Entierro 9. Este entierro consiste de fragmentos de cráneo, mandíbula y partes infracraneales de un varón adulto. Los dientes anteriores han expuesto la dentina. El esmalte de los molares está caracterizado por fosos y fisuras, 6 de los cuales se volvieron sitios de lesiones de caries. Ts 368, Entierro 10. Este entierro fragmentario de Coatepec representa a un niño de 2 años de edad. El Ts 368, Zonas C, C1, y D. Material humano esparcido de estos niveles consiste en fragmentos de un fémur adulto y de la bóveda craneana y de un premolar inferior con cúspides desgastadas. Fig. 59. a, Parte posterior del cráneo de un niño de 2 a 4 años de edad, Tc 35w, que muestra 10 huesos wormanianos en la sutura lambdoide derecha. b, detalle de la cara izquierda, Tc 50, Entierro 1, un niño, fase Palo Blanco; una sutura infraorbital aún es diferente y limita con un foramen infraorbital accesorio. c, la superficie interna de la rama mandibular, Tc 50, Entierro 7, de la fase Venta Salada, que muestra un arco mioloide sobre una ranura que se forma alguna distancia del foramen mandibular. d, un fragmento mandibular de Tc 35w, fase del Ajuereado, con un foramen mental izquierdo doble.

Resumen: El material humano de la fase Santamaría consiste de 6 adultos y 2 niños de Quachilco, y un niño y por lo menos un adulto de Coatepec. Ciertas observaciones generales pueden hacerse: (a ) no hay evidencia de hueso quemado. (b) las bovedas craneales son más cortas, más elevadas y más redondas (c) los dientes están menos desgastados, pero los fosos de esmalte y fisuras se han vuelto un sitio para las caries. (d) el amontonamiento de los incisivos y las ranuras labiales de los incisivos inferiores de un individuo, se pueden correlacionar con los ornamentos de

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labio en este complejo. (e) dos individuos tienen articulaciones lumbosacrales accesorias. Fase Palo Blanco La población de 200 a.c. ha 700 d.c. había desarrollado una economía agrícola más sofisticada y vivían en aldeas orientadas a las ciudades sagradas de la cúspide de la colina. Los esqueletos de este complejo, consisten de entierros individuales de las cuevas de Coxcatlán y Purrón, de Quachilco y Coatepec así como huesos dispersos de los dos nichos de la Cueva del Riego. Ts 50, Entierro número 1. El esqueleto de un niño de 15 meses de edad en la cueva de Coxcatlán está completo. Algo de tejido blando se ha disecado y conservado. La bóveda craneal es corta y ancha sin protuberancia prominente. El polo posterior parece ser asimétrico debido a un occipucio izquierdo más prominente, y hay un surco supralamboide ancho. Las tuberosidades cigomaxilares son muy grandes. La región del mentón es mediana en forma y hay inversión gonial. Los dientes caducos están completos excepto los segundos molares que no han brotado y los caninos que están a la mitad del camino hacia el plano oclusal. La vértebra atlas está en tres segmentos y su foramen transversarium está incompleto. Ni el segmento de los dientes ni los os apicis se han fusionado al eje, aunque el arco neural esta unido al centrum. Los espolones o espuelas que rodean el foramen transversarium, casi se encuentran. Los mitades de el arco neural o de las otras vértebras cervicales se han unido, pero el centrum permanece discreto en cada uno de ellos. El foramen transversarium está casi cerrado. La quinta vértebra cervical tiene un elemento lateral separado en cada costado que forma el borde externo del foramen transversarium. Este foramen es doble en el lado derecho del C7. En otras regiones los arcon neurales no se han fusionado al centrum. Tr 218, Entierro 1. El esqueleto fragmentario de Cualchico de un varón adulto, no poseía cráneo o dientes. Hay ligeros cambios artríticos en las articulaciones de las extremidades. Tc 272, Entierro 1. Este esqueleto fragmentario de la Cueva de Purrón representa a una mujer adulta. Los tres dientes flojos, no muestran mucho

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desgaste, pero uno de ellos muestra caries. Hay osteofitosis temprana en la lumbar inferior y en la región sacra. Ts 368, Entierro 1. Este entierro de Coatepec es un esqueleto infracraneal parcial de un joven de aproximadamente 17 años de edad. Las epífisis del codo se han fusionado, pero las del hombro y de la muñeca no lo han hecho. La unión de la cabeza al hueso largo del fémur ha iniciado. La sínfisis pubis está bordeado transversalmente, y las vértebras están completas con excepción de sus centros secundarios. Hay una apertura central grande en el único húmero disponible, el del lado izquierdo. Tc 35w, Zona 2. El Nicho Occidental de la Cueva del Riego, contenía un esqueleto que consistía de muchos fragmentos dañados de un hueso friable, parcialmente quemado con accreciones cristalinas negras en la superficie. La edad representada por el esqueleto se calcula de 11 años. Hay facetas de desgaste en las cúspides de los primeros molares permanentes y los segundos molares, empiezan a brotar. La epífisis del hueso largo no se ha unido. En la columna vertebral los arcos neurales y el centra se han unido. El eje muestra fusión reciente de os ápicis, pero el segmento de los dens, ha estado unido al cuerpo por largo tiempo. Ts 35w, Zona 4. Este nivel, contenía el entierro fragmentario de un varón adulto. Los huesos muestran varios grados de quemado. Tc 35c, Zona D y E. Fragmentos que probablemente representan a 4 individuos se encontraron en dos niveles del Nicho Oriental de la Cueva del Riego: a) Un varón adulto con caries oclusiva en un premolar. b) Una mujer adulta con solo un desgaste dental ligero. c) Un recién nacido y de los restos quemados de un adulto de sexo indeterminado. Resumen: El material que representa la Fase Palo Blanco, fue recolectado de 6 sitios y consisten en 10 individuos, principalmente fragmentarios, de los cuales tres son inmaduros y tres muestran señas de quemado. Los dientes muestran menos desgaste que en los periodos anteriores y un incremento en la incidencia de caries. Fase Venta Salada. El material más reciente, proviene de la fase Venta Salada, aproximadamente del año 700 d C. al año 1540. Hubo 5 entierros y muchos restos parciales del Nicho Occidental de la Cueva del Riego y restos

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fragmentarios del Nicho Oriental del entierro 7 de la cueva de Coxcatlán y fragmentos que representan a dos individuos de Coatepec. Tc 35w, Entierro A; del Nicho Occidental de la Cueva del Riego, provino un esqueleto infracreaneal fragmentario agudamente intemperisado de una mujer adulta. Tc 35w, Entierro B. Este es el esqueleto parcial de una joven mujer. Los dientes muestran muy poquito desgaste. El esmalte de los molares está enredo con fosos y fisuras, la mayoría de los cuales fueron obstruida con un depósito de cálculo y solo uno de los cuales es sitio de carieslas superficies bucales del canino derecho inferior y el primer premolar están involucrados con una lesión cariática profunda que parecen haber sido precedida por una fisura traumática. Hay una área de periostitis mínima en el hueso largo de la tibia derecha. Fig. 60. a,b,c, El desgaste oblicuo avanzado característico de los dientes de los esqueletos más antiguos, muestra dentina expuesta así como crecientes de esmalte remanentes. d, Dientes de una fase posterior muestran poco desgaste; numerosos fosos o perforaciones en el esmalte en las coronas molares no son resultado de la caries porque en la vida fueron efectivamente obstruidas por cálculos.

Tc 35w, Entierro C. El esqueleto casi completo y la calavera craneoparcial representan un varón adulto. La superficie anterior del cigoma es más bien oblicua que vertical, tal como era el típico de los primeros esqueletos: El esqueleto facial esta ruger una tuberosidad malar grande, un tubérculo marginal, y tuberosidad cigomaxilar. Los dientes están completos y muestran poco desgaste. Profundos fosos de esmalte en las coronas del molar están obstruidos con los calculos y no son cariosos.

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La estatura calculada a partir de la longitud del fémur y de la fíbula es de 163.8 más o menos 3.18 cm. (5 pies, más 5 “). Tc 35w, Entierro D. El esqueleto infracreaneal parcial y un segmento de la mandíbula derecha, representan a una mujer adulta. Uno de los tres dientes disponibles está parcialmente destruido por la caries. El acetábulo es poco profundo, alargado hasta obtener una forma ovalada, tiene un borde anterior pobremente definido. Tc 35w, Entierro E. Los fragmentos de cráneo de este esqueleto parcial de un varón adulto estan quemados hasta adquirir color negro. Hay evidencias repetidas de osteoartritis y una fractura antigua soldada de la muesca de la fíbula izquierda. Tc 35w, Zona 1. Este nivel contenía restos fragmentarios de dos individuos: a) un infante de menos de 6 meses de edad, b) una mujer adulta. Fig.61. Evidencia de dientes amontonados en las mandíbulas del Tr 218, de la fase de Santa María. a, Incisivos centrales brotaron labialmente y que son rotados medialmente. b, El incisivo central izquierdo se desplaza lingualmente y el incisivo lateral izquierdo se rota distalmente. c, El incisivo lateral izquierdo se inclina lingualmente. d, El canino derecho broto labialmente.

Tc 35w, Zona 2. Un gran revoltijo de huesos de este nivel cuando fue puesto en orden representa 5 individuos, una mujer adulta y 4 niños. a) Las extremidades superiores de la mujer adulta estaban asociadas entre sí en el entierro, pero el esqueleto restante fue quemado y esparcido. Un diente molar muestra una vieja fractura de una cúspide y una lesión cariática cervical. No hay cambio degenerativo en las superficies de las articulaciones de las vértebras. b) Algunos de los fragmentos son los del recién nacido. Medio Ambiente y Subsistencia

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c) El esqueleto de un niño de dos a cuatro años tiene un cráneo intacto. Los elementos del hueso temporal se han unido, un foramen en la placa timpánica está casi cubierta, pero el crecimiento lateral de la placa no está completo. Las partes condilares del hueso occipital se han unido l aparte escamosa pero no con la parte basilar. Todos los dientes caducos están presentes. La bóveda craneana es corta, amplia y alta con una región casi frontal craneal, una área muy plana acerca del inión. La región occipital izquierda es más prominente que la derecha, y ambos parietales sobresalen lateralmente. No hay un os inca, y los huesos wormianos se dan solos en la mitad derecha de las sutura lamsdoide, en la muesca parietal, y en el asterión. Hay una tuberosidad cigomaxilar grande y un foramen mandibular accesorio en cada uno de los lados. La vertebra del atlas está en cuatro segmentos y los espolones o espuelas que incluyen una foramen transversario apenas se tocan. El segmento del dens de los ejes no está unido. El foramen trasnversarum de la tercera vertebra cervical está incompleto en el lado derecho, pero completo y doble en el lado izquierdo. Tal foramen doble se da también en el lado izquierdo del C5 bilateralmente en el b6. No se han fusionado las epífisis de las extremidades. d) Algunos de los restos fragmentarios son los de un niño de cinco años de edad. La dentadura caduca, está completa, y la primera corona molar permanente está bien formada en su alveolo. Las mitades del arco neural vertebral están unidas entre sí y algunas se han fusionado a su centro. La imposibilidad de fusión de los arcos neurales de los segmentos sacros en esta edad sugiere espina bífida. No se han fusionado las epificis de las extremidades. e) La mandíbula y pocos fragmentos infracreaneales de un niño de 6 años exhibieron una dentadura caduca completa. Los primeros molares permanentes casi estaban en plano oclusal. La foramina mandibular accesoria está presente bilateralmente. Tc 35w, Zona 3. Este nivel contenía restos fragmentarios de los cráneos y los dientes de 2 individuos: a) un joven de 13 años cuyos dientes mostraban ligero desgaste y b) de una mujer adulta con la dentina expuesta en el diente anterior y caries cervical en uno de los premolares. Tc 35e, Zona B. Una tumba en el Nicho Oriental en la Cueva del Riego contenían los restos fragmentarios de 3 individuos: (a) una mujer adulta, (b) un

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varón adulto, (c) las partes del cráneo y dientes requemados, de un niño de 15 meses de edad. Tc 35e, Zona C. Este nivel del nicho oriental contenía fragmentos que representaban a dos individuos: (a) un niño menor a dos años de edad y (b) una mujer adulta con los huesos requemados. Los dientes frontales de este último están desgastados hasta exponer la dentina, y las cúspides de los diente posteriores están romos.Dos dientes se perdieron antes de la muerte. Uno de los molares tiene caries. Tc 50, Entierro 7. Este entierro de la Cueva de Coxcatllán es de una mujer adulta representada por las mandíbulas y los dientes, una parte del cráneo que no se pueden reconstruir y fragmentos infracraneales principalmente de las extremidades superiores. Las placas timpánicas están ligeramente engrosadas con foramina marginal, pero sin dehincencias. Hay arcos milohioides muy largos en ambos lados de la mandíbula. La dentina está expuesta centralmente en los dientes anteriores y en las cúspides linguales de los molares maxilares. Muchos fosos en el esmalte y fisuras están presente en las superficies oclusales de los molares, una de las cuales está involucrada con caries. Estos dientes muestran caries cervical. No se ven cambios degenerativos en las articulaciones las superficies de la articulación disponible así como en las vértebras. Tc 368, Zona A. Este nivel de Coatepec contenía unos pocos pedazos de hueso de 2 individuos, a) un niño, y b) un adolecente. Resumen: de los tres sitios que tenemos los restos, la mayoría de ellos son fragmentarios, de doce adultos y de diez niños. El hueso quemado proviene de tres diferentes entierros multiples. En la Zona 2 del Nicho Occidental de la Cueva del Riego, una mujer adulta con las extremidades inferiores cremadas fue enterrada con cuatro niños, cuyas edades están tan espaciadas que pudieran ser de la misma familia. En el Nicho Oriental de la cueva una mujer adulta y un varón adulto fueron enterrados con el esqueleto quemado de un niño de 15 meses de edad, y una mujer adulta cremada fue enterrada con un infante. Los dientes de la fase Venta Salada están menos desgastados y se les caracteriza por fosos y fisuras en el esmalte. Un depósito grande de cálculos, parece haber protegido parcialmente los dientes de la caries.

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Los cráneos muestran señas de aplastamiento occipital y una ladera más oblicua hacia el aspecto facial del cigoma, aunque la tuberosida cigomaximilar permanece promiente. Los cráneos Craneometría Con rara excepción los cráneos recuperados estaban muy dañados pues estaban muy fragmentados. Se les reconstruyó cuanto fue posible, pero la distorsión resultante fue con frecuencia suficiente para invalidar las medidas. La tabla 9 resume los datos de nueve cráneos con medidas confiables. Los índices craneales caen en los rangos mesocránicos o branquicránicos. Los cráneos más recientes, tienden a ser de cabeza, más redonda y mostrar un ligero grado de aplastamiento occipital asimétrico. Fig. 62. a, Mandíbula virtualmente desdentada, Tc 50, Entierro 4, fase del Riego. Raíces retenidos de ambos caninos han expuesto las cámaras de la pulpa y estaban rodeadas de abscesos. b, El arco dental inferior derecho, Tc 35w, Entierro B, fase Venta Salada; que muestra caninos y premolares cariados. c, caries aproximal de las premolares inferiores derechos, Ts 204c, Entierro 1, fase Ajalpan. d, Dientes inferiores Tr 218, Entierro 6, fase Santa María; los incisivos centrales están severamente desgastados por la ranura labial que corre hacia abajo y hacia la derecha.

Las medidas de dos cráneos inmaduros se dan en la tabla 10 y las fotografias de su contorno de la boveda aparecen en la figura 57. El Tc 50, Entierro 1, es más largo en relación a su ancho y tiene una región occipital abultada que es más prominente en el lado izquierdo y está demarcada sobre un sulcus supralambdoide. Las variaciones de forma neurocraneal son evidentes en los siguientes cráneos: Tr 218, Entierro 7, tienen una región frontal inclinada agudamente y Medio Ambiente y Subsistencia

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casi un occipucio aplanado casi vertical. El Tc 272, Entierro 2, el único individuo dólicocránico (índice craneal 68. 2) parece largo y estrecho como se ve desde arriba, con un montículo occipital muy prominente, con una protuberancia parietal bien marcada,y una constricción postorbital. El Tc 272, Entierro 4, en perfil tiene una masa elevada en las parientales y un estrecho montículo occipital. Morfología Los bordes supraorbitales, están bien marcados, continuos y se amplían al menos a la mitad del camino sobre los márgenes orbitales, con los que se mezclan y los bordes supraorbitales, se dan en 69% de los 26 lados o costados, el resto solo tiene un foramen. En un caso solo los vasos supraorbitales y el nervio fisuran la superficie del hueso frontal. Los foraminas infraorbitales parecen muy grandes y en el 25% de los cráneos en que aparecen tiene un foramen supermedial hacia el sitio común. En 26% el canal hipoglosal está dividido por una partición osea. La forma más común de los huesos nasales es la de un relog de arena (el 80% de los cráneos con la region facial intacta) y estos 2 huesos se encuentran en una unión redondeada en el 62%. Los huesos nasales son muy estrechos en los primeros cráneos, pero más amplios en los cráneos de los horizontes más recientes correspondientes a Palo Blanco y Venta Salada. 93% han borrado los márgenes subnasales, tal como se muestra la figura 54. La región facial de los jóvenes y los viejos se distingue por una tuberosidad cigomaxilar prominente (ver figura 54). Este y el abocardado del cigoma contribuyen al perfil facial vertical y al contorno facial recto como se ve desde abajo; todo lo cual se muestra bien en el cráneo del Tc 50, Entierro 5, ilustrado en la figura 53. Este aplanamiento facial es menos prominente en entierros más recientes, tales como los cráneos que se muestran en la figura 54 b y c, donde la tuberosidad cigomaxilar es menos pronunciada y el perfil facial es más oblicuo. De 30 placas timpánicas, el engrosmaiento del margen lateral se encontró en 27% y una dehiscencia de 23%. El polo posterior del cráneo esta compuesto de un montículo occipital en el 89% de la muestra. En el interior del hueso occipital, el ranura del signo sagital superior oscila hacia la izquierda al 25% de los cráneos.

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Tabla 9.

Medidas de Craneos Adultos, por Fase (en mm.)

Indice facial Altura superior de la cara Indice superior de la cara Altura nasal Anchura nasal Indice nasal Altura orbital Anchura orbital Indice orbital Anchura alveolar Longitud alveolar Indice alveolar * Calculado

Tr 218-2

Tr 218-4

Tr 218-7

Tc 35e-B

Tc 35w-C

Venta Salada

Tc 272-2

Santa María

Tc 50-5

Sexo Longitud Ancho Altura Medula Craneal Indice Craneal Basión-nasión Basión-prastión Min. Frontal Indice longitud altura Indice ancho altura Diámetro Altura total de la cara

Coxcatlán

Tc 50-4

El Riego

M 179.0 137.0 126.0 147.3 76.6 102.0

F 174.0 136.0 136.0 148.7 78.3 97.0 99.0 85.0 78.2 100.0 132.0* 100.0*

M 198.0* 135.0*

M 171.0* 140.0*

M 185.0* 143.0

M 168.0 138.0* 141.0* 149.0* 82.2* 97.0* 101.0

F

M

86.0 70.4 92.0 135.0*

54.0 21.0 38.9 33.0 41.0* 80.5*

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75.8* 60.0 45.5 44.0 23.0 52.3 38.0 42.0 90.5

68.2

81.8* 105.0* 105.0* 96.0*

77.3*

88.0

92.0

140.* 134.0*

144.0* 131.0

95.8* 80.0 57.1 53.0 24.0 45.3 38.0 40.0 95.0

91.0* 78.0 54.2* 56.0 24.0 42.9 35.0 40.0 87.5 62.0 58.0 107.0*

98.0

98.0

84.0* 102.1* 138.0* 113.0

137.0*

81.9* 70.0 50.7* 50.0 22.0* 44.0* 36.0* 42.0* 85.8* 59.0 51.0 116.0

68.0 49.6* 50.0 27.0 54.0 32.0 41.0 78.2 67.0 55.0* 122.0*

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Tabla 10. Medidas de Craneos Inmaduros Venta Salada Tc 35ew-L2 Años)

Longitud Ancho Altura Módulo Craneal Indice Craneal Basión-Próstico Basión-Nasión Ancho Frontal min. Indice longitud altura Indice ancho altura Diámetro Bicigomático Altura total de la cara Indice facial Altura sup. de la cara Indice sup. de la cara Altura nasal Anchura nasal Indice nasal Altura orbital Anchura orbital Indice orbital Ancho del Ramus Altura Sínfisis Diámetro Bigonial Altura del Ramus * Aproximadamente

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142.0 149.0 107.0 132.7 105.0 71.0 72.0 85.0 75.4 71.9 101.0 79.0 78.2 50.0 49.5 36.0 18.0 50.0 28.0 32.0 87.5 25.0 21.0 73.0 33.0

Palo Blanco (2-4

Tc 50-1

(15 meses)

150.0 130.0 115.0 131.8 86.6 69.0 78.0 79.0* 76.6 88.4 92.0 69.0 75.0 45.0 48.9 34.0 17.0 50.0 31.0 32.0 96.9 20.0 18.0 65.0 32.0

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Tabla 11. Medidas de Mandíbulas de Hom. y Muj. (en mm)

Ancho mín. del Ramus Rango Número Medida Altura de Sínfisis Rango Número Medida Ancho Bigonial Rango Número Medida Altura del Ramus Rango Número Medida

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Hom

Muj

34-40 8 36.7

30-37 6 33.9

34-41 4 38.2

28-40 5 33.8

92-105 6 100.4

86-103 5 95.2

57-72 7

55-65 6

63.4

58.4

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La sutura palatina transversal ya sea recta o comba anteriormente, a excepción de un espécimen en el cual comba posteriormente. No se encuentra torus palatinus. Las anomalías más raras incluyen un os inca, 2 cráneos con un foramen ispinosum que está abierto medialmente, y se da una apariencia unilateral de una espuea osea que divide parcialmente el óvalo del foramen, una faceta precomdilar en el margen anterior del foramen magnun y un ligamento osificado del ligamento apical a esta área. No hay ejemplos de puenteo pterigobasal, ni de proceso paramastoide, ni de sutura metópica, ni os japonicum, o quilla sagital. Aunque la muestra es apenas adecuada, sugiere tendencias temporales hacia menos aplanamiento facial, huesos nasales más anchos, y una muesca pariental menos distinta en el hueso temporal y la ausencia de engrosamiento de la placa timpánica. Las mandíbulas. La tabla 11 resume 4 medidas tomadas de 4 a 8 mandíbulas varoniles y de 5 a 6 mandíbulas femeniles. Tal como es costumbre las medidas de los varones son mayores que de las mujeres, pero en conjunto, las dimensiones no revelan una tendencia temporal. Generalmente las mandíbulas son bastante robustas con marcas de músculos fuertes, particularmente en el ángulo. Hay una eversión del angulo de 55% de 20 individuos y una eversión en el 15%. La eversion gonial no muestra una tendencia secular (dentro de los límites de la pequeña muestra, se da en los niveles de todo el tiempo) no está limitada a los varones, se encuentra en el 50% de las mujeres, y no está en función de la edad (está muy bien dasarrollada en las mandíbulas jóvenes tales como las del Tr 218, Entierro 5, que corresponde a un niño de 6 años). En la mayoría de los individuos, la parte central de la superficie externa del ramus está abultado o rugoso. La línea oblicua externa que se extiende hacia abajo del borde anterior del ramus forma un torus redondeado en el 71% de las mandíbulas que representan esta área, sin diferencias importantes de tiempo, sexo o edad en su incidencia. El proceso coronoide varía en forma, en la sección transversal. Una de las 16 mandíbulas con esta área intacta, tres son triangulares en la zona transversal, 8 tienen un borde exterior agudo, 3 un borde posterior agudo, y dos son de forma irregular. No hay diferencia

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evidente sexo o edad, pero la forma triangular se da sólo en 3 esqueletos primarios. Típicamente en las mandíbulas, el borde inferior del cuerpo está profundamente muescado anterior a la región gonial prominente. Este borde en 4 mandíbulas, está lo suficientemente curvado para permitir que el hueso oscile cuando se coloque en una superficie plana. La mitad de las mandíbulas tienen una forma de mentón medio bilateral. La forma medial está confinada a las mujeres. De 7 mandíbulas inmaduras, 3 son mediales en la forma del mentón, 3 son medio bilaterales y una es bilateral. Cuatro de las quince mandíbulas con una superficie interior intacta del ramus no tienen lingula proyectante sobre el foramen mandibular. Esta condición no se da en esqueletos más recientes. En dos de los quince, las foraminas mandibulares accesorias están presentes. Una de éstas, Tc 35w, L2:5, tiene un foramen extra grande en la izquierda y dos más pequeños en la derecha. Aparece un arco milohiodeo en 10 de los 38 sitios (26%). Un espécimen (Tc 50 Entierro 7 figura 59c) tiene un puente sobre la ranura milohioide que empieza en una apertura osea a una distancia del foramen mandibular. Sólo hay un ejemplo de foramen mental doble, que se encuentra en el fragmento de una mandíbula izquierda de un adulto de la Zona 7 del Tc 35w, ilustrado en la figura 59d. La figura 56 ilustra la apariencia más común de las mandíbulas de Tehuacán con una eversión gonial, muesca el borde inferior, y un torus en la línea oblicua externa. La dentadura Amontonamiento Las únicas evidencias de amontonamiento de dientes se dan en cuatro entierros de Fase Santa María en Quachilco: Tr 218 Entierro 2, 3, 4 y 6 (figura 62). En cada caso incluyendo el entierro 3, (el esqueleto de un niño de seis años) hay una rotación y desplazamiento de incisivos. El entierro 6, también muestra una erupción labial y una rotación del canino inferiror. En la superficie labial de los incisivos centrales inferiores de este individuo hay una ranura oblicua profunda desgastanda en la dentina de la corona. La presencia de relleno de labio en esta fase, sugiere una explicación de esta ranura y tal vez lo refente al desplazamiento de los incisivos.

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Fig. 63. a, Esternón, Tr 218, Entierro 6, fase Santa María, con un canal óseo oblicuo grande que pasa a través de la parte superior derecha de la superficie anterior del manubrio. b, Tc 272, Entierro 1, fase Palo Blanco, que muestra una apariencia irregular con una muesca del cartílago costal primero en vías de calcificación. c, Bajo la superficie de una costilla izquierda, Tc 50, Entierro 4, fase El Riego, mostrando un tubérculo artrítico expandido. d, Fractura soldada de 2 costillas, Tc 272, Entierro 2, fase Coxcatlán.

Desgaste El grado y patrón de desgaste de los dientes cae en tres categorías muy diferentes relacionadas a la fase cultural y por lo tanto reflejan los hábitos dietéticos. El “patrón primitivo” se ven en mandíbulas de las Fases del Ajuereado, el Riego y Coxcatlán. Una dieta fibrosa áspera ha desgastado severamente las coronas de los dientes exponiendo la dentadura y eventualmente la cámara de la pulpa. Las características usuales del patrón son, la superficies oblícuas desgastadas de los dientes, la apariencia confusa de un arco dental en el cual cada diente se inclina en dirección diferente, y las crecientes agudas del esmalte permanente en la superficie oclusal después el resto de la corona ha sido recortada. Estas características se ilustran en la figura 60.

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La complejidad de este patrón de desgaste puede apreciarse mejor al describir el estado de cada diente en una de estos primeros cráneos por ejemplo, el entierro Tc 272. Los únicos dientes superiores restantes que, son los únicos cuatro en cada lado del arco y el canino izquierdo el cual se desgasta pasada la unión de cemento-esmalte. En el lado derecho, M3 aún muestra los contornos de la cúspide, pero la cúspide mesolingual está desgastada, exponiendo la dentina. El M2, aún tiene cúspides bucales redondeadas cubiertas por esmalte, pero la mitad lingual de los dientes esta agudamente, ahusada exponiendo la dentina en todo su trayecto a la raíz lingual descubierta. Una creciente de esmalte permanece en el lado distal de la superficie oclusal. La superficie lingual ahusada anteriormente ocluida con el costado bucal del M2 inferior. El M1 es biconvexo en el plano buco lingual y no hay restos de esmalte en su superficie oclusal. El PM2 está agudamente inclinado bucalmente, dejando solo una creciente de esmalte lingual pequeña y aguda. En el lado izquierdo del arco maxilar, los costados PM2 bucalmente y todo su esmalte están desgastados. De manera semejante, el M1 no tiene esmalte restante, pero se inclina lingualmente. M2 y M3 muestran mucho menos desgaste. Los contornos de la cúspide están aún presentes. En el arco dental inferior son los dientes anteriores los que permanecen, a excepción del izquierdo inclinado del M3 que está rodeado por una cavidad de absceso. El M2 izquierdo está presente pero no está sostenido en su base. Los incisivos centrales faltan, pero los incisivos laterales están presentes y son imagen a espego uno del otro, inclinandose agudamente en el plano mesiobucal y con una creciente de esmalte distolingual aguda como los últimos remanentes del borde incisivo. Ambos caninos tiene crecientes de esmalte en sus márgenes bucales. Dos premolares permanecen en el lado izquierdo y uno en el derecho. Su esmalte está completamente desgastado, y ambas superficies tanto lingual como bucal son convexas. El grado marcado de desgaste exhibido en este premier patrón puede atribuirse a la dieta áspera abrasiva de la gente que recolectaba gran parte de sus alimentos de la vegetación natural, entre los cuales el maguey y varios cactus son prominentes. Las superficies oclusales oblicuas inclinadas en varios planos fueron el resultado principalmente de material de plantas fibroso que está siendo arrancado oblicuamente a través de los dientes para desgarrar los tejidos más comestibles. Con un desgaste avanzado, la apertura de las cámaras de la pulpa y la resultante pérdida de dientes, las relaciones oclusales cambiantes se volvieron causa secundaria de la apariencia errática del patrón dental.

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Un patrón intermedio se encuentra en los dientes de la Fase Ajalpan. Generalmente, el grado desgaste de estos agricultores de tiempo completo continuaba siendo elevado, tal vez debido en parte a contribución abrasiva de los morteros de piedra en los cuales se molía la comida. Ya no hay más muestras de desgaste oblicuo y las crecientes de esmalte con proyección del periodo anterior. Las coronas de los premolares y los molares están desgastadas pero su desgaste es plano. Hay alguna evidencia que los dientes anteriores estaban sujetos a un desgaste considerablente menor que los dientes posteriores. Estas son características usualmente asociadas con la dentadura de las poblaciones de cazadores y recolectores en otras áreas del Nuevo Mundo. El patrón posterior de desgaste está compartido por individuos de las Fases de Santa María, Palo Blanco y Venta Salada -o con la dentadura de la mayoría de los pueblos agricultores. Aquí la cantidad de desgaste es ligero. Las cúspides molares y premolares están romas por facetas oclusales. La atrición es generalmente un tanto mayor en los dientes anteriores- característicamente con una línea delgada de dentina expuesta en el borde que se usa para morder de los incisivos, y en los individuos mayores, un punto de dentina rodeada por el esmalte de la cúspide canina roma. La figura 60d, es una fotografía de los dientes de un adulto de la fase Venta Salada que no muestra desgaste excepto a pequeñas facetas de algunas cúspides molares. Pérdida de Dientes La pérdida de dientes post mortem, es elevada en los entierros secundarios perturbados en los cráneos de la fase Venta Salada de ambos nichos de la Cueva del Riego. La incidencia de pérdida de dientes debido a la patología dental muestra un interesante gradiente en el tiempo. El número de dientes perdidos post mortem durante cada fase fue totalizado y expresado como un porcentaje del número y sitios de dientes en las mandíbulas disponibles. La tabulación que acompaña muestra la alta incidencia de pérdida de dientes en la economía de cazadores y recolectores, disminuyendo cuando se adopta la agricultura. El decremento dramático en pérdida de dientes entre los dos últimos grupos, ambos agricultores de tiempo completo, están correlacionados con un decremento de la caries significativo, aunque no espectacular, el cual será descrito abajo:

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Fase Riego-Coxcatlán Ajalpan Santa María Palo BlancoVenta Salada

Incidencia 57/137 6/16 34/ 125 8/128

% de dentadura perdida 41.6 37.5 27.2 6.2

Ya que la incidencia de pérdida de dientes cambia, también lo hace la etiología. En las primeras fases, el villano causal era la combinación de una dieta abrasiva y de los hábitos de masticar que inició la secuencia que conducía hasta el desgaste, una oclusion traumática la exposición de la cámara de la pulpa y la introducción de microorganismos, hasta la pérdida de dientes de alvéolo infectado. La adopción de la agricultura, suministró una dieta más suave y sustituyó las caries por el desgaste como la principal causa de pérdida de dientes. La enfermedad periodontal, tal como se diagnostica por parte de la porosidad del hueso alveolar y recesión del margen alveolar con una exposición de las raíces de los dientes, es más prevaleciente en las primeras fases. Tal como era de esperarse, la incidencia de los abscesos alveolares disminuye con el tiempo. Caries Es difícil diseñar una manera significativa de reportar la incidencia de las caries por que no podemos estar seguros de la proporción de dientes que fueron causados perdidos debido a las caries. En este estudio, la incidencia se reporta como un porcentaje de dientes que aún permanecen en la boca. Anticiparíamos, por su puesto, un incremento de la tasa de caries con la transición a la agricultura, debido a la dieta alta en carbohidratos provee un ambiente alentador para las bacterias orales y debido a que la dieta más suave produce poco desgaste en los dientes para borrar los fosos en la superficie del esmalte y que sirve como sitios probables para el inicio de la caries. Cuando la incidencia de la caries se calcula en para los varios periodos, el patrón cambiante se encuentra en la tabulación que se acompaña. Tal como se esperaba, los dientes de los primeros periodos están raramente involucrados. Ciertamente, solo dos casos de caries están presentes en el material del Riego y Coxcatlán: uno es una caries aproximal de un impacto traumático de comida entre dos dientes y el otro se da en el foso oclusal en el tercer molar no opuesto donde el desgaste no podía radicar en un sitio precariático. Medio Ambiente y Subsistencia

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Fases El Riego Coxcatlan Santa Maria La Venta

Incidencia 1/24 1/38 15/87 11/96

Porcentaje de caries 4.2 2.6 17.2 11.5

Aunque la incidencia de caries incrementa con lo transición a la agricultura, el incremento no es tan grande como se anticipaba en los descubrimientos en otros sitios o como se esperaría de un número mayor de fosos de esmalte en las superficies molares. Entonces también, el decremento durante la fase de Venta Salada requiere una explicación. Esta respuesta probablemente yace en el agua rica en minerales del valle, los suelos de los cuales están depositados en los dientes al como un cálculo pesado que efectivamente obstruye los sitios cariosos potenciales. La mayoría de los dientes de Venta Salada proviene de la Cueva del Riego, y tiene un depósito de cálculos mayor que los dientes de otros sitios. Al preparar los especímenes, los fosos de esmalte se encontraron después de un trabajo considerable en el escamado de los dientes. El Esqueleto Intracraneal Medidas La medición precisa fue posible en relativamente pocos huesos de la extremidades debido a las delicadas terminaciones articulares. Las fórmulas de Trotter y Gleser (1958) en los esqueletos mongoloides fueron usadas para calcular la estatura, los resultados se resumen en la tabla 12, ya que una de las siete mujeres y uno de los ocho varones para quienes se calculó la estatura quedaron fuera del rango de los cálculos remanentes, estas dos figuras o cifras fueron omitidas al llegar a las estaturas promedio de lo que se refiere a cada sexo. Las alturas de las seis mujeres restantes tuvieron un rango 156.1 y 161.3 centímetros y promediaron 158.5 centímetros o sea 62.4 pulgadas. Las siete estaturas de los varones tenía un rango de 163.8 y 171.8 centímetros y promediaba 167.2 centímetros o sea 65.8 pulgadas. Si las estaturas calculadas Tc 272, Entierro 4, Tr 208 Entierro 2 están incluidas- la primera siendo una mujer más bien alta y el segundo un varón muy bajito- el promedio de cada sexo resultó el mismo 166 centímetros o 65.3 pulgadas. Un índice bajo intermembral de 66 indica que las piernas son más bien largas en proporción a las extremidades superiores. El índice braqueal es elevado, con un rango de 74 a 80, indicando un antebrazo relativamente largo. Para este índice, Comas (1960) reporta un rango de 73.2 a 74.5 en Europeos y 76.9 a 78.2 en los indios americanos. El índice crural de aproximadamente 87

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indica un fémur relativamente corto en relación a la longitud de la tibia. Los índices platicménicos reflejan la mínima cantidad del aplanamiento de la tibial presente. Los valores van de 58.7 a 74.2 con una medida de 67.1 los índices de bajo 630 son considerados platicménicos. Los platicménicos van de 71.9 a 96.0 un incremento gradual en este índice con el tiempo muestra una tendencia a la reducción en el grado del aplanamiento del femoral largo. La media para el periodo del Riego es 75.0 en lo que se refiere al periodo de la Paz en Santa María es de 78.5 y en lo que se refiere al periodo de Venta Salada es de 82.2. La longitud de las diáfisis de esqueletos inmaduros se midió para ayudar en la determinación de la edad. Estas cifras se dan en la tabla 13. Morfología Esta sección resume la incidencia de ciertas variaciones en los huesos del esqueleto infracraneal. Las escápulas tienen típicamente un borde medio tipo convexo, un ángulo interior romo un acromón rectangular y una parte supraespinosa que forma un triángulo bajo. También tienen un muesca supraescapular, relativamente profunda en individuos de los primeros niveles y casi indiscernibles en aquellos del periodo de la Venta Salada. Una apertura septal se presenta en casi la mitad de los húmeros femeninos pero nunca en los húmeros masculinos. No hay caso de un tercer procanter del fémur o una muesca vastus en la rótula. La así llamadas facetas agachadas no son ni tan comunes ni tan prominentes como la mayoría de las series de los atragalos de los indios americanos. En la mitad de los individuos, las facetas talares media y anterior del calcáneo están unidas. De once vértebras del atlas intactas, tres tienen coraminas anómalas bilaterales en el arco posterior y dos tienen un puente sobre la arteria vertebral. Hay pocos ejemplos de transversarium del foramen doble, pero el daño ha reducido el número de vértebras cervicales intactas para convertirla en una muestra insuficiente. Dos columnas vertebrales tienen facetas articulares accesorias entre la L5 y SL. Ambos individuos provienen del nivel de Santa María en Quachilco. Patología Los especímenes patológicos de los sitios de Tehuacán pueden clasificarse dentro de cuatro categorías: traumas, infecciones, degeneraciones, y anomalías congénitas.

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Tabla 12. Hueso Utilizado Mujer Tc 35w-A Tc 35w-D Tc 35w-L2:1 Tc 35e-B:l Tc 50-5 Tc 272-1 Tc 272-4 Hombre Tc 35w-C Tc 35w-E Tc 50-4 Tr 218-2 Tr 218-4 Tr 218-7 Tr 218-8 Tc 272-2

Ulna Radio Húmero Húmero Fíbula Fíbula Ulna

161.3 156.8 160.1 156.1 159.4 157.4 167.8

+ + + + + + +

4.66 4.66 4.25 4.25 3.24 3.24 4.66

63.3 61.7 63.0 61.4 62.8 62.1 66.0

Fémur y Fíbula Radio Tibia Fíbula Tibia Radio Radio Fémur

161.3 166.3 165.1 157.3 171.8 165.5 168.8 168.8

+ + + + + + + +

4.66 4.60 3.27 3.24 3.27 4.60 4.60 3.80

64.5 65.5 65.0 62.0 67.7 65.2 66.4 66.4

Tabla 13.

Clavícula Húmero Radio Ulna Fémur Tibia Fíbula

Altura Calculada Estatura Estatura en en cm. Pulgadas

Longitud de Diáfisis Inmaduro (en mm.)

Tc 50-2 (5 años)

Tc 50-3 (Debajo de 6 meses)

Tc 50-6 (Debajo de 6 meses)

Tc 35w-L2 (2-4 años)

Tc 35w-L2 (5 años)

Tr 218-3 (8 años)

Ts 368-3 (24 meses)

81 148 199 166 160

48 69 56 64 78 67 63

43 62 59 75 60 -

63 108 83 93 141 117 113

130 104 114 167 140 138

167 129 145 228 188

88 95 117 -

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Fig. 64. a, Traslape artrítico de la parte plana del dens del atlas y una exostósis en forma de abanico del ápice del dens, Tc 50, Entierro 4. b, C5-7 del mismo entierro, que muestra un avance artrítico de las articulaciones del apófisis. c, segmento de la columna vertebral cervical, Tr 218, Entierro 2. Los osteofitos grandes se proyectan hacia abajo partiendo del frente del cuerpo del eje. C3 y C4 se fusionan. d, Artritis y osteofitosis avanzada de las vértebras cervicales, Tc 50, Entierro 5. Rebordeo o traslape de la articulación uncovertebral envuelve o rodea el transversarium del foramen y en el lado izquierdo de la quinta vértebra lo obstruye totalmente.

Traumas Los esqueletos de 21 adultos son suficientemente completos para determinar la presencia o ausencia de lesiones en todas las partes del cuerpo. De estas, cinco muestran evidencia de fracturas sanadas de un total de 18 huesos: un cuerpo escapular los huesos largos de dos radios y firular, una metatarsal quinta y cinco costillas y siete vértebras. De los cinco esqueletos, de las dos fases anteriores representadas (el Riego y de Coxcatlán), cuatro tienen fracturas sanadas: Tc 272, Entierro 4, fractura del coles del radio izquierdo (figura 68b); Tc 272, Entierro 2, 2 costillas (figura 63d) Tc 50 Entierro 4. Una fractura de compresión tipo cuña en la tercera vértebra torácica (figura 65c) y fracturas del quinto metatarso y huesos largos del radio izquierdo y de la ulna (figura 68ª); Tc 50 Entierro 5 de

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la escápula izquierda (figura 67), tres costillas y seis vértebras, dos de las cuales tienen deformidades tipo cuña (figura 65d). En contraste solo una fractura, un hueso fibular izquierda en (Tc 35W, Entierro E) aparece en los 16 esqueletos adultos de las tres fases posteriores; Santa María, Palo Blanco y Venta Salada. La marcada disminución en evidencia de trauma sin duda alguna refleja la adopción de una manera sedentaria de vida y misma que es más sencilla. Deberá notarse que entre las muchas fracturas de los periodos anteriores ninguna es del hueso largo de la extremidad inferior. Una persona con tal lesión probablemente no hubiera podido regresar a la cueva. Infección La elevada incidencia de abscesos mandibulares que siguen a la exposición de la cámara en varios dientes severamente desgastados ya ha sido descrita. El resultado más espectacular de la infección en esta colección es el cráneo erosionado del Tr 218 Entierro 2 –el resultado de treponematosis (figura 58c y d). La naturaleza compuesta de la escápula fracturada del Tc 50 Entierro 5 está confirmada por las áreas múltiples de infección a lo largo de las líneas de fractura. Una evidencia posterior de infección es la periostitis ligera del hueso tibial en el Tc 35w, Entierro B. Degeneración La enfermedad de articulaciones degenerativas es evidente en un alto porcentaje de los esqueletos adultos de Tehuacán. La osteofitosis de los cuerpos vertebrales está presente en 10 de 14 columnas intácticas, 7 de ellas que muestran etapas avanzadas del proceso (figura 64). De éstas, 4 tiene participación de las articulaciones apofisiales. En el Tc 50, Entierro 5, el reborde artrítico ha envuelto al travesarsarium del foramen de las vértebras cervicales con la oclusión resultante de la arteria vertebral en uno de los costados. Once de los 19 esqueletos de adultos muestran la erosión de reborde y la eburnación causado por la osteoartritis en algunas o en todas las articulaciones. Los ejemplos se ilustran en las figuras 63 y 69.

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Fig. 65. a, Atlas, Tr 218, Entierro 4, visto desde atrás. La marca de la izquierda es un foramen del arco posterior anómalo, en la derecha, un puente lateral incompleto sobre la arteria vertebral. b, L5 del Tc 50, Entierro 2, corresponde a un niño de 5 años de edad. Los arcos neurales fallaron en su fusión en éste y en el L4 y en todos los segmentos sacrales: un caso de espina bífida. c, Fractura por compresión del T3, Tc 50, Entierro 4; un osteofito fusiono su cuerpo anteriormente a la vértebra de arriba. d, Una fractura por compresión del T12, Tc 50, Entierro 5.

Anomalías congénitas Las anomalías suficientemente severas como para considerarse patológicas aparecen en tres esqueletos: el Tc 35w, Entierro D, tenía una dislocación de cadera congénita bilateral mostrada por el acetábulo poco profundo con un margen deficiente (figura 69) a) Espondiloslitesis de la 5º vértebra lumbar es evidente en el entierro 4 del Tc 50 (figura 66c). La espina bífida de las dos últimas lumbares y todas las vértebras sacras es evidente en el Entierro 2 del Tc 50 (figura 65b). Comparaciones Al comparar el material de Tehuacán con el de otros sitios, esperaríamos responder a cuatro preguntas: ¿Cómo difieren los primeros esqueletos de Tehuacan de aquellos de los indios americanos recientes?. ¿Se parecen al material mexicano reciente más que a otros grupos del Nuevo Medio Ambiente y Subsistencia

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Mundo? ¿Hay semejanza entre los especimenes de los hombres primitivos de varias localidades en las Américas?. ¿Las afinidades distantes muestran en comparación con los esqueletos de Asia del mismo nivel de tiempo?. Es decepcionante que las respuestas a estas preguntas no se puedan encontrar aún. Hay pocos sitios de los cuales los esqueletos del hombre primitivo han sido recuperados. La serie de Tehuacán, debido a su tamaño, condición y largo periodo de tiempo no puede producir información métrica válida, aunque las observaciones morfológicas más importantes están a su disposición para su comparación. Desgraciadamente, sin embargo muy poca descripción morfológica ha sido publicada acerca de las poblaciones osteológicas más recientes, aunque los datos métricos están a disposición. Una investigación preliminar de algo del material comparativo por lo menos pondrá el escenario para intentos futuros para responder a estas preguntas.

Fig. 66. a, Frente del L5 y del sacro, Tr 218, Entierro 4. El sacro sólo tiene 4 elementos y sólo hay 5 vértebras lumbares. b, Vista lateral del L5 y del sacro, Tr 218, Entierro 7. Ambos especímenes muestran facetas articulares accesorias. c, Vistas anterior y, d posterior de la región lumbosacra, T50, Entierro 4. Hay una espondiololistesis del L5.

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Debido a su ubicación mexicana y probable antigüedad, es natural que nuestras primeras comparaciones deberán hacerse con el Hombre de Tepexpan (De Terra y auxiliares 1949). Las tabulaciones que enlistan las medidas en mm. del cráneo de Tepexpan y del cráneo de un hombre de Tehuacán, Tc 50, Entierro 4 (de la fase del Riego). Las dos son muy similares métricamente hablando difiriendo principalmente en lo que es una talla más pequeño del Tc 50, el Entierro 4 y en la región nasal más amplia de Tepexpan en el cual se parece algo de los cráneos más recientes de Tehuacán. Ninguno de ellos tiene una quilla sagital y ambos tienen bordes supraorbitales en forma de “V” y una región occipital de forma de montículo. Las condiciones dentales hacen imposible calcular la altura facial y el grado de prognatismo. En ambas, los huesos nasales parecen estar pellizcados y el margen nasal inferior es demarcado de manera indistinta de la cara. Longitud craneal Ancho craneal Baion bregma Módulo craneal Indice craneal Indice de longitud-altura Indice de anchura-altura Anchura frontal mínima Diámetro vizigomático Altura orbital Anchura orbital Indice orbital Altura nasal Anchura nasal Indice nasal Anchura del ramus altura del ramus diámetro vigoneal *Calculado

Tepexpan Tc 50-4 179.0 179.0 143.0 137.0 136.0 126.0 152.6 147.3 79.9 76.6 76.0 70.4 95.1 92.0 99.0 86.0 140.0 *135.0 *34.0 *33.0 40.0 *41.0 85.0 *80.5 49.0 54.0 25.0 21.0 51.0 38.9 36.0 36.0 58.0 104.0 92.0

Ambos tienen tuberosidades cigomaxilares y malares prominentes y un perfil vertical de la cara lateral. Las mandíbulas son semejantes, con un ramus amplio y baja eversión gonial, un borde inferior del cuerpo con muesca y una línea oblicua externa prominente. Ninguno de los dos tiene un torus mandibular o palatino

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Aunque ha habido considerable pérdida de dientes y resorción alviolar en el hombre de Tepexpan, los dientes remanentes muestran el desgaste oblicuo avanzado con crecientes de esmalte oclusal que es característico de los primeros dientes en Tehuacán. las condiciones dentales similares se encuentran en el material craneal de Santa María Astahuacán (Romano 1955) que tiene una fecha de radiocarbón de 9670 antes de Cristo +- 400 años. Una sola mandíbula ha perdido el tercer molar y ambos incisivos centrales. Cuatro dientes tienen crecientes de esmalte lingual en tanto que en el primer premolar el desgaste ha retirado todo el esmalte y expuesto la cámara de la pulpa. Tal como se da en los especímenes de Tehuacán, el desgaste oblícuo varía en su plano de diente a diente: bucal, distal, distolingual y mesiolabial. Un cráneo de varón del mismo sitio se parece al Tc 50, Entierro 4 en el sentido que tienen bordes de los cejas con forma de V, un montículo occipital una eversión gonial y un margen subnasal borrado. Difiere sin embargo en su quilla sagital ligera y en la ausencia de aplanamiento facial característico. No hay sutura metófica, arcos milohioides o forámina múltiple, pero hay una dehiscencia en cada placa timpánica. La tabla 14, compara cinco índices métricos de ciertos cráneos del Nuevo Mundo a los cuales se les ha adscrito una antigüedad considerable. Métricamente el cráneo del Tc 50, Entierro 14, se parece al de Tepexpan y al de Sauk Valley más que a otros. El cráneo del hombre de Brown Valley de Minesota (Jenks 1937) es más largo y más elevado con una región nasal más ancha y órbitas más altas. Aunque hay una eversión goneal ligera, en la mayoría de los respectos, la mandíbula no se parece al patrón de Tehuacán en que tenga un ramus alto y que no hay engrosamiento de la línea oblicua externa y una muesca de su borde inferior. El margen subnasal es agudo. Confina al hombre, descubierto (Walker y auxiliar 1937) que fue descubierto a pocas millas de Lagoa Santa en Brasil, difiere al tener una bóveda más larga y más elevada, una región nasal más ancha y orbitas casi cuadradas. Un examen de las fotografías publicadas, no obstante, reveló ciertas semejanzas morfológicas con el material de Tehuacán: Una tuberosidad cigomaxilar prominente, los malares verticales aplanados coronalmente y una mandíbula con un ramus ancho y corto con una eversión gonial. El prognatismo subnasal es espectacular. Excepto en los dientes anteriores, el desgaste no está muy avanzado.

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El Calvarium de Punim (Sullivan y Hellman, 1925) de Ecuador central, difiere grandemente del de Tehuacán no solo por su bóveda más larga, su región nasal más ancha y sus órbitas rectangulares bajas, pero en su bóveda escafoide y en la ausencia de verticalidad malar. El cráneo de Sauk Valley (Jenks y Wilford, 1938), aunque semejante al de Tehuacán en los índices reportados, difiere al mostrar una construcción postorbital marcada, una inclinación frontal más aguda, una cresta sagital ligera, y un ramus mandibular mucho más alto (71.5 mm vs. 58 mm en Tehuacán) Durante la excavación del sitio del Risco en el valle de México (Mayer Oakes 1959) se recuperó un esqueleto completo, un reporte del cual no ha sido publicado. El contexto cultural es el periodo Postclásico temprano, con una fecha de aproximadamente 800 años después de Cristo. Debido a ciertas semejanzas al material de Tehuacán será descrito brevemente aquí. El esqueleto es de una mujer de veinticinco años de edad. Su estatura es de 158.1 +- 3.24 cm la coloca dentro del rango de las mujeres de Tehuacán. Las proporciones de las extremidades son como las de los esqueletos en

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Tehuacán: Un antebrazo relativamente largo (índice braquial de 79.6), un fémur corto (índice claral, 68.2) y piernas largas en relación a las extremidades superiores (índice intermembral 68.2). No hay aplanamiento del hueso de la tibia (índice platicnémico 70.0) pero el aplanamiento femoral se muestra en el índice platimérico de 74.3 Fig. 69. a, Acetábulo derecho, Tc 35w, Entierro D, esta alongado, poco profundo, y tiene un margen anterior deficiente; la condición es bilateral. b, La cabeza traslapada y rebordeada y quemada del primer metatarso, Tc 50, Entierro 5. c, Falange media del tercer dedo del mismo entierro, rebordeada próximalmente para aceptar un oscículo cesorio. d, Trapezoides, Tr 218, Entierro 4; en la izquierda del “dedo de la bota” se alarga por medio de un osteofito poroso.

Tabla 14.

Información Comparativa de los Cráneos del Nuevo Mundo. (en mm.) Indice Craneal

Indice Longitud

Indice Ancho

Indice Nasal

Indice Orbital

Tehuacán Tc 50-4 Tepexpan Brown´s Valley Confins Sauk Valley Punín

76.6 79.9 73.5 69.2 74.2 71.0

Altura 70.4 75.9 73.6 80.0 73.3 66.0

Altura 92.0 95.1 100.0 114.0 98.6 94.0

38.9 51.0 46.5 48.9 46.5 59.6

80.5 85.0 92.8 94.2 80.5 69.2

Lagoa Santa

70.7

74.3

104.7

50.7

86.4

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El Risco Longitud cranial Ancho cranial Basion-bregma Módulo cranial Indice craneal Indice de longitud y altura Indice de ancho y alto Ancho frontal mínimo Diámetro bicigomático Altura orbital Ancho orbital Indice orbital Altura nasal Anchura nasal Indice nasal Altura del ramus Ancho del ramus Altura de la sínfisis Diámetro vigonial

172.0 139.0 134.0 148.4 80.8 77.8 96.4 84.0 *129.0 33.0 39.0 84.7 50.0 26.0 52.0 66.0 37.0 37.0 93.0

Tehuacán Tc 50-5 174.0 136.0 136.0 148.7 78.3 78.2 100.0 88.0 *132.0 38.0 42.0 90.5 44.0 23.0 52.3 *60.0 37.0 *31.0 101.0

*Calculado

Las cercanas semejanzas craneométricas se ilustran en la tabulación que acompaña la cual compara el Risco con el craneo femenino del Entierro 5 del Tc 50, un esqueleto de la fase del Riego. Las medidas se dan en mm. Morfológicamente el Risco muestra las siguientes semejanzas: bordes supraorbitales en forma de V, un montículo occipital, márgenes subnasales difusas, una placa timpánica engrosada y una región malar más bien plana. El patrón mandibular de Tehuacán está también presente, con un ramus corto y ancho, un torus en la línea oblicua externa, un borde inferior de muesca y una eversión gonial. Difiere en sus huesos nasales muy amplios, una bóveda un tanto escafoide y en la ausencia de una tuberosidad cigomaxilar. Hay prognatismo alveolar considerable. El desgaste ha aplanado la superficie oclusal de los dientes, exponiendo la dentina en la base de las cúspides Entre las poblaciones del Nuevo Mundo fuera de México, el complejo morfológico de Tehuacán se encuentra más cercano, suficientemente extraño entre los esquimales. De las nueve cualidades enlistadas como características de los esquimales (Oschiensky, 1964), seis son típicas de los primeros cráneos de Tehuacán: huesos nasales estrechos, malares verticales, placa timpánica gruesa, eversión gonial, ramus amplio corto y un margen inferior cóncavo recto de la mandíbula. Las características esquimales que no se ven en los cráneos de Tehuacán son la quilla sagital, el torus palatino y el torus mandibular. Aunque hay una considerable semejanza en la morfología de la

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cara, la mandíbula del hueso temporal, los cráneos esquimales son considerablemente mayores, más largos y más ásperos que los de Tehuacán REFERENCIAS: Anderson J. E., 1963 Ashley Montague, 1960 Comas, 1960 Genoves, 1960, 1962, 1964 Jenks, 1937 Jenks y Wilford, 1938 MacNeish, 1961a, 1962, 1964b Mayer-Oakes, 1959 Oschinsky, 1964 Romano, 1955 Sullivan y Hellman, 1925 Terra, Helmut de, 1949 Trotter y Gleser, 1958 Walter y auxiliaries, 1937

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CAPITULO 7 CODICE BORGIA Y LA FASE “VENTA SALADA” Robert Chadwick y Richard S. MacNeish

L

as investigaciones arqueológicas del área que rodea al Valle de Tehuacán, demuestran la existencia de restos de las culturas aborígenes terminales conocida arqueológicamente como la fase Venta Salada, dentro de una región más bien definida que es la coterminal aproximadamente con el dominio de la reconquista del señorío de Teotitlán del Camino, un enclave político independiente dentro del imperio Azteca. Por esta razón, damos por hecho que la información documental acerca de la gente del Valle de Tehuacán y el señorío de Teotitlán pudiera complementar nuestro conocimiento de la fase Venta Salada. A pesar de la importancia del área tanto en lo político y como en lo ceremonial en el tiempo de la Conquista, el material documental referente a Tehuacán o al señorío es escaso (Nicholson 1955:177), el valle no estaba sujeto a las investigaciones etnográficas tales como la que fue conducida por Burgoa en Oaxaca o por Sahagún en el Valle de México. Un poco de información acerca de la región, puede no obstante, ser obtenida de fuentes del siglo XVI tales como Ixtlixóchitl, Torquemanda, Motolina, Román y Zamora, Herrera y de las Relaciones Geográficas de Coxcatlán y de Teotitlán del Camino. Los estudios del siglo XX efectuados por Edward Seler, Francisco del Paso y Troncoso, Joaquín Paredes Colín, Gorgonio Gil, Robert H. Chadwick, Carmen Cook de Leonard, Eduardo Noguera, Henry B. Nicholson y Alfonso Caso, han dado luz a la información que conlleva la antigua historia del Valle de Tehuacán. Mejor para nuestros propósitos que las fuentes secundarias antiguas o modernas son los manuscritos pictóricos o “códices”que se refieren a la historia o a la religión, que fueron pintados por las manos de los indios mismos. Muchos pueblos indígenas de México, entre ellos los Aztecas, los Mayas, los Zapotecas, y los Mixtecos, pintaron tal tipo de libros en tiempos prehispánicos, posteriores, o durante los años inmediatos a la Conquista española. Algunos de ellos tienen inclusive comentarios escritos en español o en Náhuatl para explicar los dibujos. Algunos de estos libros que se doblan, por alguna razón de contenido y estilo, estaban ligados a algunos intelectuales con esa parte de México en la

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cual se encuentra en el Valle de Tehuacán y al menos uno de ellos ha sido ligado al Valle de Tehuacán en sí mismo (Seler 1963:101:103 ). Los libros importantes consisten de seis manuscritos que se refieren a asuntos calendáricos rituales en los que se ha llamado el grupo Borgia “debido a que el Códice Borgia es el más importante entre ellos”. Los otros cinco son los códices Laud, Féjérvari Mayer, Cuspi, Vaticanus 3773 y El Manuscrito Mexicano número 20 de la Biblioteca Nacional de París (Robertson 1966:298 ), el reverso del Códice Porfirio Díaz ha sido situado en el mismo grupo por Nicholson (está en imprenta). Además de un sistema jeroglífico común y una preocupación común en lo que se refiere a los asuntos religiosos, un estilo gráfico distinto-compartido con un grupo de códices genealógicos históricos de derivación identificada y reconocida como Mixteca, ha proporcionado las bases para clasificar estos manuscritos en conjunto y para atribuirles un origen Mixteco (Robertson 1966:309). Durante una revisión acuciosa de los códices del grupo Borgia observamos que las vasijas de cerámica descritas en el Códice Borgia son semejantes a los tipos característicos de la fase Venta Salada. Aún más, los tipos de alfarería o cerámica más repetidos en Venta Salada, se dan en la región general del señorío de Teotitlán y son características de esa región y de esa fase cultural. No se dan más al sur en la cerámica contemporánea del complejo de cerámica de Monte Alban V, en Oaxaca o al norte en el periodo Cholulteca I, III, de Puebla o en la adyacente Tlaxcala o en los periodos Aztecas del Valle de México. Tales tipos de cerámica no han sido descubiertos al oriente del Valle de Tehuacán, en manifestaciones culturales tales como Zempoala I-IV, en la Isla de los Sacrificios o en el Cerro de las Mesas en Veracruz. Ninguna excavación se ha llevado al cabo aún al occidente del Valle de Tehuacán. Congruentemente, empezamos una comparación de los materiales descritos en el Códice Borgia, así como de los artefactos representativos de la cultura material de Venta Salada. Como resultado, hemos llegado a la conclusión de que el Borgia y la fase de Venta Salada tiene una relación muy cercana, parece probable que el Códice Borgia se originó en el señorío de Teotitlán, con la cultura caracterizada como de la fase de Venta Salada y muy posiblemente dentro del mismo Valle de Tehuacán. Si nuestras suposiciones son correctas la escasa información documental, de la fase de la Venta Salada puede ser incrementada con información derivada de uno de los documentos

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religiosos prehistóricos mas adornados y complejos de la parte central de México, es decir el Códice Borgia. Antes que presentemos la evidencia para conectar el Códice Borgia con la cultura de Venta Salada en la región de Tehuacán, deberemos de mencionar algunas palabras del códice mismo. El conocimiento más antiguo, se remonta a la última parte del siglo XVIII, cuando era posesión del cardenal Stefano Borgia en Veletri, Italia. A través de él, llegó a la Biblioteca para la Propagación de la Fe en Roma. Detalles de este manuscrito fueron publicados por primera vez por el barón de Humboldt en 1813. Y fue editado por vez primera Lord Kingsborough en 1830. Y el primer estudio importante del documento fue llevado al cabo por el intelectual alemán Edward Seler (19041909 ), estudiosos más recientes, incluyen a Caso, Nicholson, Robertson y otros que han agregado información adicional para el análisis del códice. El códice manuscrito Borgia esta pintado en ambos lados de una tira de cuero animal, probablemente de piel de venado, hecha de 14 piezas separadas que dan una longitud aproximada de 10 metros y que se doblan en 39 hojas cada una de ellas 26.5 por 27 centímetros (Lehman 1905:2511 ). El códice es en su mayoría un libro de rituales y ceremonias y tal vez servía como un manual para los sacerdotes y los adivinos (Nicholson: en imprenta ). Aunque sus glifos han sido descifrados, alguna de sus escenas rituales completas no han sido aún interpretadas totalmente. El códice en sí mismo (CB 1963 ) y una traducción española del comentario original de Seler (Seler 1963 ) han sido publicados recientemente en México. Varios autores han especulado en lo que se refiere a su lugar de origen. Seler originalmente creía que provenían de la costa del Golfo de México pero posteriormente llegó a la conclusión que fue pintada en el área de Tehuacán – Coxcatlán –Teotitlán del Camino. Caso, asombrado por las semejanzas entre el Borgia y las pinturas del altar descubierto en Tizatlán, Tlaxcala -particularmente una presentación del Dios Tezcatlipoca- estaba convencido de su origen entre Tlaxcala-Puebla. Cholula recibe un fuerte apoyo de otros autores y unos más marcan o señalan la costa del Golfo como el posible lugar de origen. Nosotros creemos que los argumentos más fuertes son aquellos que apoyan una atribución Mixteca, pero revisar toda la evidencia en contra de todas las teorías rebasa el alcance de este escrito. Nuestro propósito principal es señalar las observaciones que nos han hecho creer que el Códice Borgia fue pintado por gente cuya cultura material conforma la fase de Venta Salada dentro del área de distribución de esa cultura, El señorío de Teotitlán del Camino del cual se incluye el Valle de Tehuacán.

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Fig. 70. Variaciones del glifo Cuchillo de Pedernal del códice Borgia, lámina 2 y 15, así como glifos similares en tepalcates de la cerámica rayada de Teotitlán proveniente de un sitio importante de Venta Salada.

Un glifo de Cuchillo de Pedernal grabado en una vasija de un sitio de Venta Salada cerca de Tilapa (Tr-75) constituye una evidencia importante de conexión cercana entre el Códice Borgia y la fase de Venta Salada de la secuencia cultural de Tehuacán. El símbolo grabado en este tepalcate (figura 70, izquierda), es idéntico al que se usó a lo largo del Códice y que se usaba como un ornamento central del pecho del Dios Tezcatlipoca en la lámina 17 del Borgia. Aunque los códices del grupo Borgia y los códices de genealogía Mixteca indican el día de Cuchillo de Pedernal en un número de variedades del glifo, todas exhibiendo una semejanza general pero diferiendo de manera amplia en el detalle, esta forma en particular sólo se encuentra en el Códice Borgia. Un segundo tepalcate del mismo sitio de Venta Salada (figura 70) a la derecha, también está grabado con un glifo. Este glifo se asemeja un tanto a otro símbolo de Pedernal en el Borgia pero tal vez esté más cercano a las variaciones que aparecen en el Códice Laud y que se ilustran en la figura 71, junto con los glifos de varios códices relacionados entre sí. Otra indicación que en el Borgia puede haber sido pintado en la región de Venta Salada es el probable símbolo de fecha en la piedra de escultura del Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 71. Glifos referentes al Cuchillo de Pedernal de diversos c贸dices.

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“Telamacatl” o piedra de los gladiadores, de Tehuacán ahora en el Museo Regional de Puebla. Esta gran piedra sin duda alguna provino de algún sitio del Cerro de la Mesa, al norte de la ciudad. Conlleva un símbolo “rayo” que en alguna forma se asemeja muy cercanamente al símbolo del año en Códice Borgia (placas 27,28,51,52,71) que es el único manuscrito del grupo Borgia que muestra este símbolo en particular (Nicholson: en imprenta). El símbolo difiere de la versión común “A-O” de la Mixteca en la que carecen del elemento de la “O” que entrelaza a la “A” o “rayo” de acuerdo a Nicholson, está situación también se asemeja a las formas del símbolo en el que se encontró en Teotihuacán, Texmelucan y ocasionalmente en Monte Alban. La semejanza entre la presentación de este símbolo en una escultura de la base del sitio de Venta Salada y las presentaciones del mismo símbolo en el Códice Borgia sugieren una relación muy cercana entre el manuscrito y el valle de Tehuacán. Otros artefactos de Venta Salada, de los cuales los más convincentes son varios tipos de cerámica, también proporcionan evidencia de una conexión entre la fase de Venta Salada y el códice Borgia. El tipo de cerámica de diagnóstico de Venta Salada, con el Teotitlán Ranurado, parece ser dominante entre las formas de cerámica descritas en el Códice Borgia. De acuerdo a la evidencia arqueológica presente, esta cerámica no es de tipo recidente en las afueras de la región del antiguo Señorío de Teotitlán del Camino. No ha sido registrado en Cholula en el centro de Puebla, ni en Zempoala en el centro de Veracruz, ni en el Valle de Monte Alban en Oaxaca. La decoración más común de Teotitlán Ranurado, consiste en 2 o 3 líneas paralelas que forman una banda horizontal. A menudo dos juegos de líneas paralelas horizontales separadas por líneas verticales forman rectángulos. Algunas veces en lugar de las líneas verticales, las líneas diagonales dividen las bandas en diamantes o triángulos. Uno o más de los círculos, cuadros, espirales, tallados, aparece en casi la mitad de las áreas así limitadas. El círculo de un rectángulo diamante dibujado con líneas dobles, es la decoración más común en las vasijas de Borgia. En algunas instancias, tanto en el Borgia como en Teotitlán Ranurado, una banda de elementos “U” yace a manera banda de rectángulos y el reborde de las vasijas. En muy pocos casos el elemento Ranurado consiste en un diseño de escalonado relleno con líneas entrecruzadas. Los rectángulos o los triángulos de doble perfil que usualmente llevan un círculo en el centro también se usan de otras maneras en el Códice: en las láminas 12-19, 24-26, 51, 55-59, 61-72, y 76 como una parte de los diseños decorativos en las prendas de vestir, y en la lámina 21 como parte de la

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decoración de un marcador del juego de pelota: en las láminas 23, 40, y 71 en los discos solares: en las láminas 25,60, 64, 71, y 76 en los escudos; en la lámina 49 en un árbol, y en las láminas 51, 55 y 56 en los bastones. Aunque este inventario no es de manera alguna exhaustivo, su importancia yace en el hecho de que los elementos dominantes del diseño de tipo cerámico de Teotitlán Ranurado también se encuentran entre los diseños más populares en el Códice de Borgia . Estos diseños en el Borgia aparecen en vasijas de dos colores, amarillo, café y gris, los colores de Teotitlán Ranurado, aunque este tipo es más negro que gris. Por lo que la conexión cercana entre las vasijas Borgia y la cerámica arqueológica del tipo de Teotitlán Ranurado se demuestra por el uso no solo elementos decorativos similares sini que también de colores similares. La correspondencia entre las formas de vasijas que se muestran en el Códice Borgia y aquellos de los ejemplos arqueológicos de Teotitlán Ranurado de Venta Salada es asombrosamente cercano. Estas semejanzas se ven en el rango de formas y accesorios y la relativa frecuencia de cada uno de ellos. La forma más popular de la vasija de Teotitlán Ranurado, tanto en los ejemplos arqueológicos como en los dibujos de Borgia, es un tazón de fondo plano con paredes resplandecientes. Los tazones o copas son relativamente raros y las ollas de fondo plano y de cuello resplandeciente con dos agarraderas son extremadamente raras. Algunos tipos de soporte de vasijas se muestran en el Códiceescalonado, cabezas de animales y de pesas o “bulbo” son idénticos a los tres estilos que se encuentran en la cerámica de la fase de la Venta Salada. Una investigación preliminar demuestra que este inventario de soporte de vasijas se ve únicamente en el Códice Borgia y en ningún otro. El tipo cerámico Coxcatlán Rojo se encuentra en vasijas de fondo plano con pies escalonados y diferentes, y verticales a paredes ligeramente resplandecientes se puede ver en las placas 8 y 60 del Borgia. La alfarería roja con pies escalonados, no se encuentran fuera de la provincia cultural de Venta Salada. Entre los tipos de cerámica más común al Códice Borgia es encuentra uno en el cual los elementos “V” decoran una vasija de forma cilíndrica elevada (lámina 6 y 18 ). Nosotros creemos que la “V” representa el sobrepuesto cónico del Coxcatlán Aspero, un tipo en el cual los vasos cilíndricos grandes, son comunes. El Códice también muestra este tipo con pies esféricos (láminas 11, 14, 23, 63, 65). Los ejemplos de esta cerámica o alfarería y las descripciones del Borgia, generalmente tienen un acabado de superficie blanca el cual algunas veces es decorado con bandas rojas. Los

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especímenes arqueológicos similares, sólo han sido reportados de las regiones de Cholula y de Venta Salada.

Fig. 72. Tepalcates de Teotitlán Rayado y vasijas del Códice Borgia, láminas 3, 4, 70, 67, 69, 65.

Otro tipo de cerámica distintiva, el Negro Coxcatlán sobre Naranja (amarillo en el códice) parece estar representado por tazones de base plana y resplandeciente ocasionalmente con agarraderas y se caracteriza por diseños escalonados negros, usualmente llenos con rayado. Un ejemplo clásico de este

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tipo se muestra en el pánel medio, del lado derecho, de la lámina 57 del Borgia. Semejanzas menos asombrosas se ven en otras artesanías. Una de éstas es el Gris Coxcatlán. Un tazón de este tipo, con pies decorados escalonados, puede verse en la lámina 57. Los ejemplos arqueológicos tal como se muestra en la figura 75, generalmente tienen un diseño estampado en la parte del fondo del interior. El segundo tipo es el Polícromo Coxcatlán. Los especímenes arqueológicos de este tipo tienen fondo blancocrema de este tipo con diseños naranja-café bordeados con motivos lineales rojos finos. El tipo parece mostrarse no obstante con colores un tanto diferentes, en la lámina no. 61 de Borgia, en la parte superior central. La tercera técnica o estilo es una vasija tipo vaso que tiene un diseño escalonado rojo en un fondo crema (lámina 44) de manera similar a nuestro tipo de Coxcatlán, Rojo sobre Crema. Fig. 73. Soportes de vasijas de la cerámica de Venta Salada y del Códice Borgia, láminas 57, 69, 1, 2.

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La apariencia en el códice Borgia de dos de las formas de vasijas características de la cerámica de Venta Salada, también pueden ser significativas. Las láminas Borgia 1-8, 26 y 47, por ejemplo la forma de base de pedestal característica de la cerámica de Venta Salada es evidente. La segunda forma distintiva es el Xantil, una vasija antopomórfica policroma normalmente con una cabeza desproporcionadamente grande en un cuerpo pequeño. La boca generalmente está abierta, de tal manera que cuando la figura hueca se coloca sobre un quemador de incienso, el humo sale de ella. Paddock (1966:229) ilustra varias de estas vasijas de las cercanías de Teotitlán del Camino y Noguera (1940: lámina 6) ilustra un Xantil que encontró cerca de Calipan. Los Xantiles se sabe que son de Cholula, Veracruz, y otras regiones, pero debido a su frecuencia en el Valle de Tehuacán, nosotros los consideramos ser un rasgo diagnóstico de la fase Venta Salada. En la parte baja de la lámina 38 del Borgia una vasija que puede ser Xantil se describe de tener forma del Dios de la lluvia,Tlaloc. Este hallazgo tiene puntos en común en el brasero de Tlaloc en el Valle de Tehuacán descrito e ilustrado por Bernal (1965b). Un Xantil que Seler adquirió en Teotitlán del Camino y la cara del dios Xochipilli en el códice Borgia mostraban tantas semejanzas que condujeron a Seler a creer que el códice fue pintado en las cercanías de Teotitlán (1963:I-101-103). Tal vez el único artefacto completamente nuevo que el Borgia puede agregar al complejo de cerámica de Venta Salada es una pipa de barro. En la lámina 58 en la fila de en medio en el pánel derecho, la Diosa Xochitquetzal sostiene en su mano lo que parece ser una pipa de codo para fumar, con un tazón en forma de vaso. El códice Borgia describe muchas facetas de las cerámicas común a ella y al complejo cerámico de la fase Venta Salada. Si hubiésemos que aplicar a las vasijas de Borgia los mismos métodos y técnicas que utilizamos para clasificar los miles de especímenes arqueológicos, saldríamos con grupos de atributos que conforman los siguientes tipos de Venta Salada: Teotitlán Ranurado, Coxcatlán Roja, Coxcatlán Aspera, Coxcatlán Negro sobre Naranja, Coxcatlán Gris, Coxcatlán Rojo sobre Crema, Coxcatlán Polícromo y los Xantiles de Tehuacán. Consecuentemente si nosotros consideramos cada descripción de cerámica en el códice Borgia como una vasija de cerámica tendríamos muy pocas dudas de considerar el Códice como un componente de la fase Venta Salada. Tomando como base el Coxcatlán Polícromo, el Coxcatlán Rojo sobre Crema, el Coxcatlán Aspero y el Coxcatlán Negro sobre Naranja así como Xantiles de Tehuacán, uno pudiese seriar la colección cerámica y consecuentemente colocar al Borgia en la última mitad del periodo

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Venta Salada. La predominancia del Teotitlán Ranurado-incisivo y de los otros tres tipos tendría que colocar cerca de la última mitad del periodo, es decir de1100 a 1300 D . C .

Fig. 74. Tepalcates correspondientes al Coxcatlán Aspero con nudos cónicos y vasijas con decoración semejante dibujada en el Códice Borgia, láminas 18 y 63.

Consideremos lo representativo de los edificios y las estructuras que aparecen en el Códice Borgia. Las casas o las plataformas del templo son los dos tipos principales, ya sea pirámides truncadas simples de uno a cinco escalones que conducen a la parte superior (láminas 10,12,14) o pirámides construidas en tres a seis escalones cada una con su panel y base demolida (láminas 35, 37, 42). Muchas son mostradas con bandas rojas y blancas o con páneles que nos dan una idea que fueron cubiertas con yeso y posteriormente pintadas. El uso de la plataforma como una base para la construcción permanece hasta el día de hoy.

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Fig. 75. Arriba: Tazón del Coxcatlán Gris (muestra equivalente a la mitad de su tamaño) y un Tazón del Códice Borgia, lámina 57. Abajo: Tepalcate de Coxcatlán, Policromo y una vasija del Códice Borgia, lámina 61.

Cinco tipos de construcciones aparecen en tales plataformas. La mayor parte de ellas en sección transversal. Los pisos están formados por la parte superior de la pirámide. Las paredes y lo que parecen ser las losas en las que descansan los techos, se muestran como rectángulos estrechos. El piso y la losa se extienden un tanto más allá del muro. Esos edificios que se muestran es la sección a través de la puerta de la entrada y la pared posterior no tienen pared frontal y la estructura adquiere una forma de “L” invertida girada en cualquiera

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de las direcciones. Desde este punto de vista, la losa en la parte superior pudiera haber sido en realidad un dintel. El artista tal vez no puede concebir un tramo sin el apoyo de un dintel.

Fig. 76. Tepalcates del Coxcatlán Rojo sobre Crema y una vasija del Códice Borgia, lámina 44, con diseños y colores similares.

Muchas casas tienen una proyección tipo ojal o anillo curioso fijado en el muro exterior. Con mayor frecuencia el ojal se muestra como si se proyectase de la pared de atrás (láminas 10, 12, 14, 37, 47, 49, 51, 64, 68). Solo dos veces se muestra como proyección de cualquiera de los costados de un templo que se muestra en la elevación frontal (láminas 13 y 49) y para nada en absoluto en el resto de las casas, ya sea en la elevación de enfrente (láminas 62, 63, 65, 66) o en la elevación del costado (láminas 25, 26-33-35, 55, 61, 74). El último tipo de casa tiene la misma forma de las que arriba se mencionan. La pared anterior o de atrás, no obstante, no solo es un bloque Medio Ambiente y Subsistencia

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rectangular sino que una serie de dos o tres cursos separados, cada uno más ancho que el que se encuentra debajo de él (lámina 5-8-12, 18, 55, 61). Una vez más, la pintura sugiere que estas estructuras fueron cubiertas por yeso y luego pintadas. De manera más común, ellas fueron pintadas en rojo y delineadas en blanco. Aunque unas cuantas son totalmente rojas, algunas son negras con bordes grises y algunas muestran discos rojos con un fondo negro y una tiene discos amarillos y azules en un fondo rojo. Los techos que tienen una variedad de formas cubren estas construcciones, que pudieran ser templos o casas. Todos parecen estar fijados en plataformas de templos. Los templos tienen una forma ya sea de pico o están planos. Estos últimos son menos comunes y parecen ser de dos tipos generales: aquellos con parapetos planos (lámina 45) y aquellas que sus parapetos están cubiertos con “almenas”. Aquellos con “almenas” incluyen tres subtipos, que consisten de aquellas con merlones o almenas redondeadas (lámina 45), merlones escalonados (lámina 13) o con merlones piramidales escalonados (láminas 50, 51, 68) algunos de estos techos planos parecen haber sido pintados y estaban enyesados. Fig. 77. Trasero de Tlaloc de la región de Tehuacán (cortesía del Instituto Nacional de Antropología e Historia).

La palma, el material más común para el techo, puede ser aplicada sobre un marco hecho en estilos diferentes. Los más comunes son los techos sencillos que parecen ser la sección transversal de un triangulo truncado estos tienen un polín externo falso que se ve en la parte superior (láminas 45, 47, 55, 66). Algunos de los mismos carecen de polín externo (lámina 18,62,64,65). Casi tan comunes son los techos de gablete que caen para bajar a los aleros aplanados que pueden representar los pórticos. Este tipo de techo aparece sin Medio Ambiente y Subsistencia

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un polín externo (láminas 3,4,12,61) con tanta frecuencia como el que aparece con uno (láminas 2,8,36,55). El tipo menos común de techo aparece en el códice (láminas 14,40) parece haber sido una estructura cónica, y también tiene aleros con proyección. Otro y muy distinto en tipo es el techo Chocho-Popoloca. Estos techos son techos del gablete, cuya proporción superior cuelga, el techo con relleno gablete en cada terminal y mas bien parece una oreja. El gablete de esta parte superior proyectando estar cerrado por alerones verticales (láminas 34,37,40,49,51). La lámina 49, en la parte baja izquierda carece del alerón vertical al final del gablete pero por otra parte es muy similar. Fig. 78. Esta construcción, posiblemente una capilla, en Tehuixtla, Puebla, ilustra la supervivencia del uso de plataformas de piedra

Una conexión entre el Borgia y las cercanías del Valle de Tehuacán parece existir en los dibujos de techos de palma “orejones” de acuerdo a Cook de Leonard , este tipo de techo es una de las características sobresalientes de la gente de habla Chocho-Popoloca al occidente del valle (1953: figura 58). Aparentemente no se encuentra entre los Mixtecos de Oaxaca o los Chochos en el área de Temazulapan–TejupanCoixtlahuaca (Cook de Leonard 1953; Paddock, comunicaciones personales 1965). Su descripción en el Borgia puede ayudar a eliminar a las regiones de Tlaxcala y Cholula, y la mayoría de la Mixteca alta de

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Fig. 79. Construcciones con parapetos planos. El parapeto puede tener merlones redondeados o escalonados y con anillos que aparecen proyectándose desde los costados y la parte posterior. Códice Borgia, láminas 45,13, 50, 68.

igual manera, de las consideraciones en cuanto a los lugares en los cuales el Códice pudo haberse originado. Los techos similares en estilo a aquellos de los Chocho-Popolocas aparecen en una descripción pictórica Mixteca, el Códice Sánchez-Solís, cuyo origen exacto se desconoce, pero no necesariamente implica que nuestra tesis sea inválida. Aunque los Códices Bodley, Nuttall, Selden y Viena, muestran techos similares en forma a muchos que aparecen en el Borgia, el techo diferente de tipo orejon del área Chocho-Popoloca no aparece en ninguno de ellos. El códice Borgia contiene referencias más eleboradas del ciclo de Venus un relato del cual los documentos Aztecas solo hacen mención muy escasa (Robertson 1963:162) que los otros Códices rituales de su grupo. Hay una evidencia documental de la importancia del culto de Venus en Teotitlán del Camino (Román y Zamora 1897: I, 170). De acuerdo a Krickeberg (1956:262-63) en el Valle de Tehucán parece haber sido la única localidad en Mesoamérica fuera de la región Maya donde los cálculos del ciclo del planeta Venus fueron hechos con frecuencia. Esta parece ser una indicación posterior de la cercana conexión del Borgia con el Valle de Tehuacán, ya que el Borgia es uno de los tres manuscritos que contienen una Fig. 80. Construcciones y habitaciones. Códice Borgia, láminas 62, 66, 61, 55, 46, 14.

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corrección en el ciclo de Venus (Beyer 1965:41-93 ). Los otros dos son el probable Códice Cuicateco, el Porfirio Diaz y el Códice genealógico Mixteco, el Nuttall (Ibid .209). Hemos notado semejanzas entre las formas cerámicas pintadas en el Borgia y los especímenes arqueológicos actuales, y entre los techos que aparecen en el Borgia y los tipos de techo moderno en el Valle de Tehuacán, y su región inmediata al occidente. También hay semejanzas entre otras formas de artefactos que se muestran en el Códice Borgia y los tipos arqueológicos conocidos de la fase Venta Salada. Desgraciadamente la cultura material del área que circunda, es tan escasamente conocida que es difícil dar por hecho el valor de los artefactos como evidencia de una cultura material única de Venta Salada. Hemos discutido la evidencia para conectar el Códice Borgia específicamente con el Valle de Tehuacán. Creemos que la relación resumida abajo, indica que el Códice Borgia fue pintado en el Valle de Tehuacán, por gente de una cultura general de la fase Venta Salada (1) Glifos del Borgia diferentes que para la versión fuera de lo común de Pedernal y para una versión poco común del símbolo del año A-0 que se da en los artefactos de Venta Salada. Fig. 81. Construcciones con techos “orejones”. Códice Borgia, láminas 51, 49.

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(2) Los tipos de cerámica nativas del Valle de Tehuacán y el diagnóstico de la fase Venta Salada son diseñados en el Códice. (3) Casas con techo gablete de oreja como los que se encuentran en las casas Popolocas en el occidente del Valle de Tehucán y que aparecen en el Códice Borgia. (4) El culto del planeta Venus y sus concomitantes ceremonias tratadas en el Códice Borgia y que fueron practicadas en el Valle de Tehuacán.

Fig. 82. Un techo “orejon” Chocho-Popoloca en Acatepec, Puebla.

Tomemos la información contenida en el Códice Borgia así como los otros tipos de evidencia relacionados al Valle de Tehucán, e intentemos complementar la información cultural derivada de la arqueología de la fase Venta Salada. Las fuentes documentales agregan poco a la información en lo que se refiere al patrón de subsistencia local que hemos derivado arqueológicamente (ver el capítulo 15). En términos de sustento, los documentos mencionan el maíz, calabazas, frijoles, pero ninguna de las otras plantas domesticadas de las que nosotros encontramos evidencias arqueológicas tales como los cacahuates, la guayaba, el zapote, y el aguacate. Con excepcion hecha del maguey, de la Opuntia, existe aun menos información acerca de plantas silvestres. Aunque hay descripciones de un número de animales, el Borgia, no contiene Medio Ambiente y Subsistencia

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información específica de lo que se refiere a la carne como una fuente de alimento. La información referente a la preparación de la comida es igualmente débil o ligera en los documentos. Las pinturas Borgia muestran a la vieja Diosa del cielo moliendo maíz con una mano cilíndrica en un metate de tipo muy semejante a nuestros ejemplos arqueológicos y las Diosas del agua del maíz preparando el nixtamal (lámina 43 en las esquinas inferiores izquierda y derecha ). Otras pinturas o dibujos muestran recipientes que contienen el pulque o fermentación (lámina 2) o vasijas en las cuales las cosas, principalmente las deidades o sus representaciones humanas están siendo hervidas (lámina 7). Fig. 83. Caserío de Tehuixtla, Puebla, mostrando techos “orejones”.

La gente haciendo fuego por fricción con implementos de madera como los que encontramos que aparecen en las láminas 49 y 51. Tal como se mostrará posteriormente, toda esa información puede derivarse de los análisis de las colecciones arqueológicas. Las actividades de subsistencia no son registradas con amplitud en los manuscritos rituales. El Borgia, incluye dibujos que muestran un venado lanceado (láminas 22, 52), animales silvestres marcados probablemente para el sacrificio por los símbolos que llevan (láminas 13,20,21; Seler 1963:I, 219), y los jaguares golpeados por Cuchillo de Pedernal (láminas 10,24), pero estos nos dicen poco de sus prácticas de cacería. La figura o dibujo de un hombre atrapando pescados con una red de sumersión cuya forma es como la de un bastón de Lacrosse (lámina 13) revela y nos muestra un paralelismo cercano a una escena similar en el Códice Vaticano 3773, lámina 32.

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Fig. 84. Molienda de maíz, elaboración de fuego y pesca con red. Códice Borgia, láminas 9, 51, 13.

Fig. 85. Juego de pelota con aros decorados, víctima del sacrificio así como el Dios Tezcatlipoca. Códice Borgia, lámina 21.

En el Códice Borgia también existen dibujos de canchas de juego de pelota en la forma de una “H” aplanada; los anillos que se muestran en el juego de pelota dan la impresión de que están hechos de piedra (láminas 21,35,40 y 42) y parecen ser restos de anillos que se encuentran en sitios posteriores en el Valle de Tehucán. Contrastan de manera significativa con las canchas que no tienen anillos en Oaxaca y en la Mixteca. Con Excepción de Códice Nutall (lámina 54) los Códices genealógicos Mixtecos muestran canchas de pelota sin anillos (Bernal 1965 a: 807) esta es una evidencia posterior de un nexo entre el Borgia y la fase de Venta Salada. Las imágenes más bien estilizadas de los cuchillos del Borgia, las navajas, de las puntas de pedernal, y grandes puntas de atlats, no nos dicen más acerca del trabajo pedernal que lo que hemos aprendido del estudio de los materiales arqueológicos. En ninguna parte del Borgia existe un grabado de arco y flecha, no obstante el hecho que encontramos muchas pequeñas puntas que en la colección arqueológica son normalmente clasificadas como punta de flecha, y a pesar del hecho de que Motolina (1903) hablaba de gente del valle de Tehucán como grandes arqueros. Medio Ambiente y Subsistencia

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Fig. 86. Industrias y artefactos: caracol, malacate de arcilla, Atlatl de madera y lanza dardos, collar de cascabeles de concha, trono de madera y un comerciante con una banda tejida para la cabeza, cordón torcido en Z, y recipiente de tela cruzado para llevar sus pertenencias. Códice Borgia, láminas 9, 64, 16, 54, 6, 55. Observe las diferencias en la vestimenta de los varones.

La única forma de implemento de hueso en el Códice es una daga, (posiblemente eleborada en un fémur) que algunas veces es mostrada como que se entierra en el ojo de una víctima de sacrificio (placas 10,16), sostenida simbólicamente con una espina de maguey (láminas 22,48,59) o en otras circunstancias (lámina 22), Los arqueólogos generalmente llaman a esto, una lezna de hueso largo. Pocas representaciones de herramientas de molienda se encuentran en el Códice o en los documentos anteriores. Solo se muestran cinceles prehistóricos de base circular (láminas 1,3-5,12,59 ), manos y metates (láminas 9 y 43) y posiblemente se muestran morteros de piedra o molcajetes. Estos se parecen a las herramientas de Venta Salada.

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El trabajo en concha es representado por caracoles de concha (láminas 9 y 24), gorgueras de conchas triangulares (lámina 55,57) gorgueras redondas de puntas múltiples (lámina 21,25) y gorgueras de concha oliva. Aunque no encontramos ninguno de los tipos mencionados en excavaciones, encontramos conchas oliva recortadas, que pueden haber sido utilizadas como brazaletes de cascabel, (lámina 55) así como collares (láminas 55, 56, 64), aretes (lámina 64) cuentas de conchas esféricas y de disco, fragmentos de lo que posiblemente fueron gorgueras de concha redonda. Todos estos también se muestran en el códice Borgia. La evidencia grafica del códice Borgia proporciona conocimiento derivado de la colección arqueológica de artefactos perecederos. Aquí uno realmente deriva más información de fuentes documentales que de los materiales excavados. Fig. 87. Mujeres finamente ajuareadas. Códice Borgia, láminas 59, 16, 9.

Una industria del trabajo de la madera amplia aparece en el Borgia. Las pinturas de los atlatls (por ejemplo ver lámina 25) y de los dardos de atlatls o astas de lanza probablemente hechas de madera se exhiben a lo largo del manuscrito. Igualmente comunes son las manijas triangulares en madera largas para cuchillos o dagas (por ejemplo, lámina 19). Las agarraderas normalmente están pintadas en amarillo o café aparentemente, que estaban hechos de madera. Otros implementos de madera incluyen cachiporras, que tienen forma de bat bastones de cricket, con navajas de obsidiana insertadas, un azadón tipo hacha con el cual el Dios Tláloc está cultivando un campo de maíz (lámina 20; cf volumen II de esta serie, figura 138); “Escudos” redondos pequeños (lámina

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17) que se muestran en las manos de individuos, “bastones” en las manos de sacerdotes (lámina 2) largos bastones de tipo caña que son cargados por los mercaderes (lámina 4,21) y “palos de sonajas” y un bastón algunas veces rayado y con una punta aguda que posiblemente haya sido usado para fines de la música (lámina 49, 56, 73). Ciertamente los hoyos para el fuego y los fogones son mostrados en los paneles más bajos de las láminas 49, 50, 51 y 52 estaban hechos de madera. En la lámina 18, el Dios sol, Tonatiuh parece estar sosteniendo una cuchara de madera y en la lámina 3, la diosa del fuego parece llevar un cascabel de guaje. En la lámina 70 también parece haber la descripción de una vara para excavar, en esta instancia que se utiliza para empujar algo hacia un tanque de agua. La madera debe haber sido utilizada en la construcción de algunas facetas arquitectónicas tales como techos y dinteles y probablemente para el mobiliario, por ejemplo, el trono en la lámina 6. Una clase de objeto llamado “banderola” en la traducción española de Seler (1963) aparece en el Borgia; sin duda alguna había sido una agarradera de madera. Seler creía que la porción de la bandera estaba hecha de tela de corteza de árbol. El también creía que el ornamento de papel utilizado por las víctimas del sacrificio era del mismo material (1963: I, III, derecha). La tela de corteza, y los batidores de corteza aparecen entre los restos arqueológicos de la fase de Venta Salada. Un estudio más cercano del Borgia sin duda alguna daría como resultado o exhibiría a otras herramientas de madera, pero aún esta investigación superficial, da evidencias conclusivas de que se trabajaba la madera. Entre los artefactos perecederos dibujados en el Borgia los textiles son tal vez los que se muestran con más frecuencia. Los comerciantes o mercaderes en la lámina 55, llevan sus mercancías en canastas tejidas y utilizan tiras de correa para este propósito. En la lámina 19 hay una pintura de lo que parece ser un petate. Una cuerda de dos cabos probablemente de un hilo de fibra áspera, se muestra tanto en un torcido en forma de Z (lámina 3 sección 15 del fondo: lámina 6 sección 39) como en un torcido en forma “S” (en la lámina 3 sección 15 arriba). Las ruecas o malacates se muestran en dos formas generales, conos truncados o malacates, (lámina 16) y discos convexos planos (lámina 12) todos estos materiales aparecen entre los artefactos de la fase Venta Salada. La ropa de hombre generalmente hablando es menos ornamentada que la del atuendo femenino. El artículo predominante de la vestimenta del hombre es la tela del lino. Esta prenda, probablemente de una talla única hecha en el

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telar de espalda, eran usadas entre las piernas y se envolvían alrededor de la cintura. La parte final del frente pasa sobre la envoltura y cuelga abajo de las rodillas, en tanto la terminal de la espalda está generalmente atada con un nudo cruzado, es una terminal libre que a veces cae a los tobillos. Algunos hombres vestidos con ornamentos elegantes, utilizan ropas decorativas alrededor de las caderas y capas con flecos y tal vez usan ropas tipo poncho que caen del cuello hacia la cintura (lámina placa 9). Pocos varones utilizan lo que parece ser una capa sobre sus hombros. La vestimenta de la mujer muestra más decoración y el ancho de algunas faldas y capas sugiere que estos objetos eran hechos ya sea por pegar tiras de un telar o tal vez utilizando ropa de un telar ancho. Las mujeres generalmente utilizan faldas muy decorativas que se extienden un poco más abajo de las rodillas. Igualmente adornadas son las capas de los hombros y los ponchos. Los ponchos rectangulares (quechquimitl) cuelgan del cuello hacia la cintura con esquinas punteadas. Otros ponchos muestran un borde sinuoso redondeado. Personajes exóticamente vestidos de ambos sexos, a menudo utilizan sandalias tejidas. Como aquellas de los ejemplos arqueológicos, la suela tejida es generalmente tan corta, que los dedos se muestran sobresaliendo de ella. Las sandalias también tienen lo que parece ser un talón rectangular tejido que se extienden hasta la correa del tobillo. La manera de atarse las correas varía. Algunas se amarran con una sola cinta hacia el frente, algunos con una doble cinta o con una correa alrededor del ojillo. Las sandalias con un atado redondo pequeño sobre el empeine que aparecen al través del Borgia, difieren de aquellas que aparecen en otros códices del grupo. Los especímenes excavados parecen duplicar los tipos Borgia, especialmente las sandalias con el pequeño ojillo sobre el empeine.(fig. 88) Aun algunos de los tocados de la cabeza tales como el que utiliza Quetzalcoatl en la lámina 9, incluyen algunas partes tejidas. Generalmente hablando, no obstante, los tocados de la cabeza son tan complejos y tan variados que no pueden ser descritos en este Fig. 88. Sandalias con diversos tipos de agujetas y sostén para el talón. Códice Borgia.

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contexto. Si ellos representan la artesanía de cualquier industria, a diferencia de los fabricantes de máscara: los molineros o los que fabrican sombreros, el más destacado es el de los trabajadores de la pluma y de los joyeros. La joyería o industria de fabricación de ornamentos, está representada por mucho más que las partes de los tocados de la cabeza, más de 15 variedades de ornamentos se muestran que van desde simples narigueras u orejeras, a una gran variedad de objetos intrincados que incluyen aun una mano humana (lámina 13). Casi hay tantos tipos de narigueras como de labieros. Muchas figuras usan collares y aunque estos parecen ser solo de 5 o 6 tipos básicos, aproximadamente tiene una docena de tipos de gorgueras o pendientes pueden ser agregados a ellos. Cinco tipos de brazaletes, algunos con accesorios y doce tipos de bandas para las piernas o ligas se usan justo abajo de la rodilla aparecen en los dibujos. Los códices dan evidencias de otras actividades tecnológicas, muchas de las cuales estaban en las manos de artesanos, cuya especialidad era un producto. Obviamente no la menor de éstas eran la de los artistas, que no solamente pintaron el códice Borgia, sino también otros códices, murales, figurillas, etc. Estilos altamente desarrollados, habilidades y micelaneos, testifican que había una escuela y una disciplina desarrollada sobre muchas generaciones por un gremio de artesanos expertos. La actividad consumada ha hecho que nos sea posible reconocerlos en su trabajo. Los artefactos que hemos conocido únicamente en fragmentos extraídos de las excavaciones. Estudios posteriores del Códice Borgia, pudiesen incrementar nuestro conocimiento de la vida religiosa y ceremonial de la gente que es responsable de los restos materiales de Venta Salada. Aunque no podemos con certeza ubicar al Códice Borgia en el Valle de Tehuacán, hemos podido señalar ciertas semejanzas asombrosas entre los dibujos del Códice Borgia, por un lado y los rasgos arqueológicos y una forma distinta moderna de techo, por la otra. La excavación detallada de los numerosos sitios Clásicos, y Post-clásico dentro de las fronteras del Valle de Tehuacán, estaban más allá de los propósitos y alcance del Proyecto Botánico Arqueológico de Tehuacán, que fue diseñado para buscar los inicios de la agricultura y la civilización al través del establecimiento de una secuencia arqueológica completa, tal como se explicó en el Capítulo 1. Ciertamente los cercanos paralelos entre el Códice Borgia y la fase Venta Salada de aquel punto secuencial hasta la necesidad de investigación posterior tanto en el Valle y las áreas adyacentes al occidente. Con seguridad existe en el Valle un registro más completo de representaciones pintadas en algunos de los sitios mayores de

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Venta Salada, y nosotros tenemos confianza que ellos confirmarán nuestra hipótesis. REFERENCIAS: Bernal, 1965a, 1965b Beyer, 1965 Caso, 1927 Cook, 1953 Códice Cospiano (Bologna), 1898 Códice Fejérváry-Mayer, 1901-1902 Código Bodley,1960 Código Borgia,1904-1909, 1963 Código Laud. Código Nuttall, 1902 Código Selden II, 1964 Código Vaticano 3773 (Vaticanus B), 1902-1903 Código Vindobonensis, 1929 Krickeberg, 1965 Lehmann, 1905 Motolinía, 1903 Nicholson, 1955, en imprenta Noguera, 1940 Paddock, 1966b Robertson, 1963, 1964, 1966 Román y Zamora, 1897 Seler, 1904-1909, 1963

Medio Ambiente y Subsistencia

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UN RESUMEN DE LA SUBSISTENCIA

Medio Ambiente y Subsistencia

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LA PREHISTORIA DEL VALLE DE TEHUACAN