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L'AVENTURA DE LLEGIR

Guia de recursos

AL VOLTANT DE...

Territori Marsé


Territori Marsé […] Este sujeto, sospechoso de inapetencias y como desriñonado, podría ilustrar no sólo una manera de vivir, sino también la naturaleza social del mundo en que uno vive: mientras el país no sepa qué hacer con su pasado, jamás sabrá qué hacer con su futuro. De ahí la pupila descreída y la estatura escasa, escépticos los hombros, incierta la sonrisa y oscuros sus designios […] Hay en los ojos harapientos, arrimados a la nariz tumultuosa, una soñolienta nostalgia […] La escarcha triste de la mirada y el incongruente rizo indómito son memoria de una adolescencia que le fue escamoteada. La niñez indigente y callejera, flanqueada por las altas


tapias imperiales de lo prohibido, clama todavía en esa cara aniñada y en ese pelo ensortijado. […] Su actividad soñada es dimitir de todo, incluso del tiempo y del espacio. De ahí quizá su actividad real: matar el tiempo y el espacio con espejismos que reflejen el rojo sol de la verdad.

Juan Marsé: Premio Cervantes [2008], 23 de abril de 2009, Día del Libro [Barcelona?]: FNAC, [2009]


NOVEL·LES El amante bilingüe Barcelona: Planeta, 2001, pàg. 52

En la explanada frente a la catedral merodeaban gitanas pedigüeñas con criaturas en brazos. Viniendo del callejón, el viento helado de febrero formaba remolinos y arrastró una blanquísima bolsa de plástico hacia la escalinata. Con una melancolía súbita, Marés constató la blancura inmaculada, etérea, del plástico a merced del viento. Salían y entraban de la catedral pausadas señoras con mantillas y abrigos negros, el cielo estaba desplomado y gris. Un mendigo derrotado por los años y las penas, la mugre y el rencor tendía la mano a las beatas.


Caligrafía de los sueños Barcelona: Lumen, 2011, pàg. 9

Torrente de las Flores. Siempre pensó que una calle con este nombre jamás podría albergar ninguna tragedia. Desde lo alto de la Travesera de Dalt inicia una fuerte pendiente que se va atenuando hasta morir en la Travesera de Gracia, tiene cuarenta y seis esquinas, una anchura de siete metros y medio, edificios de escasa altura y tres tabernas. En verano, durante los días perfumados de fiesta mayor, adormecida bajo un techo ornamental de tiras de papel de seda y guirnaldas multicolores, la calle alberga un grato rumor de cañaveral mecido por la brisa y una luz submarina y ondulante, como de otro mundo. En las noches sofocantes, después de la cena, la calle es una prolongación del hogar.


Canciones de amor en Lolita’s Club Barcelona: Random House Mondadori, 2005, pàg. 37 Desfilan a su derecha playas desiertas y zonas rocosas, batidas por el oleaje. Durante un trecho, observa a dos muchachos montando a pelo un brioso caballo negro a lo largo de la rompiente. Sobre los acantilados del Garraf, arroja la botella vacía por la ventanilla. Poco después avista Castelldefels, aminora la marcha y circula flanqueado por palmeras y pinedas. Ya estás en casa. Cámpings desiertos, instalaciones deportivas y pequeños hoteles cerrados. La resignada voz de su padre, como si la oyera: Se trabaja poco, estamos fuera de temporada. En efecto, muchos chalets y bloques de casitas pareadas parecen deshabitadas. La gasolinera, el centro comercial, algún chiringuito solitario. Hay poca animación, una sensación de invierno prolongándose más de la cuenta en toda la zona costera.

Confidencias de un chorizo Barcelona: Planeta, 1977, pàg. 174 En medio de tanta burricie e intolerancia, me tomo un carajillo. Por lo demás, camarada, que les den muy por el saco a todos. Y en tanto el poder sigue usufructuando en exclusiva la memoria de unos hechos que nos pertenecen, arrebatándonos las señas de identidad y prohibiéndonos hacer el recuento de lo ocurrido, bríndate por nosotros, por nuestras humildes aventis y por nuestra insobornable voluntad de contárselas a quien quiera oírlas. Recibe un abrazo de tu colega en patrañas y aventuras. Sarnita

Un día volveré Barcelona: Lumen, 2000, pàg. 16 Ciertamente, ahora nos parecía ya lejos el tiempo feliz de las aventis, en las que todo había resultado siempre inmediato y necesario como la luz, duro y limpio como el diamante. Ahora, a la distancia de seis o siete años, cuando ya habíamos cambiado la escuela por el taller, el colmado o la taberna, sentíamos algo así como si el barrio hubiese empezado a morir para nosotros; mayores para seguir invocando fantasmas sentados en corro, pero no lo bastante todavía para dedicarnos plenamente a ligar chavalas en el baile del Salón Cibeles o el de la Lealtad en el verano, el largo balcón sobre la calle Montseny abarrotado de chicas con sus vestidos estampados de sobacos húmedos, sofocadas por las apreturas y los achuchones, y nosotros piropeándolas groseramente desde la calle…


El embrujo de Shanghai Barcelona: Lumen, 2002, pàg. 81 El día siguiente es domingo y amanece despejado y luminoso, con viento y un cielo tan azul que perturba su memoria anestesiada por propia mano, el recuerdo quizá de esta misma luz en ese jardín y en días más felices, mientras cruza la ciudad un tranvía y desfilan tras el cristal de la ventanilla los plátanos reverdecidos y las fachadas soleadas, las palmas amarillas en los balcones y la gente que pasea tranquilamente llevando niños de la mano. Y siente en el corazón la punzada que otras veces ha sentido: forastero en tu propia ciudad, extranjero en tu propio país, así es como te sientes cuando has sido cegado por el odio y la pólvora como lo fue él durante tanto tiempo…

Encerrados con un solo juguete Barcelona: Lumen, 1999, pàg. 108 Bajaron hasta la plaza Lesseps y saltando se mezclaron con la gente que hormigueaba en la boca del metro, cuyo olor cálido, en algún rincón de la memoria, aún les hablaba de bombardeos. Viajaron de pie tras el respaldo de un asiento y Tina ensayaba el efecto de su perfil sobre un fondo de caras anónimas, oscilantes y resignadas; sonreía, estiraba el cuello y atusaba sus cabellos húmedos. Él sabía que no pensaba más que en su cabecita lustrosa y negra, cuidadosamente despeinada, en la pintura roja de su boca y en la mirada de alguien allí cerca. Segura ya de que la miraban, le hizo un cariñoso mohín a Andrés y le cogió la cara con las manos arrimándose a él con toda la brutal indolencia que le permitía su deseo de que la imaginaran poseída, segura y feliz.

Esta cara de la luna Barcelona [etc.]: Seix Barral, 1982, pàg. 61 Miguel se detuvo junto al bordillo. Estaba en la calle Balmes. Tenía sed de cerveza. El sol de mediodía asomaba apenas entre una masa abultada e inmóvil de nubes grises. Los coches se alineaban a lo largo del bordillo, un poco inclinados, sus carrocerías lanzando a ratos pálidos destellos. Dos hombres gruesos, con sombreros oscuros, miraban lentamente un coche de color rojo, descapotado, moviendo la cabeza en sentido afirmativo y con expresión grave.


La muchacha de las bragas de oro Barcelona: Planeta, 2002, pàg. 54 Había dejado atrás la adolescencia retraída en el pueblo, la traición al mar y al oficio paterno; había narrado la huida del hogar en el 34, el duro aprendizaje en un periódico de provincias y el decisivo salto a Barcelona; había descrito la sórdida pensión del Paralelo, evocado el hambre como una entidad literaria, los estudios inacabados de Derecho, los sueños febriles y la magnificada soledad; había confesado después, dialécticamente instalado en la duda, su adhesión juvenil al esfuerzo bélico-heroico y su bautismo de fuego (que vergonzantemente acababa de sustituir por una humilde caída en las letrinas del destacamento, rompiéndose la pierna)…

Las mujeres de Juanito Marés Madrid: Espasa, 1997, pàg. 98, fragment d’Últimas tardes con Teresa El descubrimiento del Carmelo significó para la criada una esperanzadora afirmación de principios: la misma materia degradada y resignada de la cual estaba hecho su amor parecía haber conformado aquel barrio casi olvidado, aislándolo, confinándolo fuera de la ciudad, reduciendo todos sus sueños a uno solo: sobrevivir. Paseaban por los senderos de la ladera occidental, entre los pinos y los abetos del parque del Guinardó, remontaban la colina, y en lo alto se paraban a mirar a los niños que manejaban sus cometas: contemplaban el Valle de Hebrón, Horta, el Tibidabo, el Turó de la Peira y Torre Baró gris por la distancia y las brumas del invierno.

Noches de Bocaccio Barcelona: Alfabia, 2012, pàg. 8 Hace ya bastantes años, en la época en que la noche barcelonesa era un Titanic navegando alegre y confiado, lejos todavía del iceberg asesino (nadie pensaba en el hielo salvo al solicitar un whisky o el trago habitual), estaba yo tomando copas en la barra aterciopelada de Boccaccio, cuando, inesperadamente, un joven dibujante de cómics y prestigioso ilustrador, al que solo conocía de vista, recaló a mi lado aferrándose con ambas manos a una botella. Parecía extenuado y empapado, como un náufrago escupido por el oleaje promiscuo de la noche. A nuestra espalda, en las concurridas mesas de la gauche divine, chapoteaban las salutaciones, las conversaciones cruzadas y las risas.


La oscura historia de la prima Montse Barcelona: Lumen, 2000, pàg. 9 El verano pasado, el viejo chalet de tía Isabel fue condenado al derribo. Cercado por rugientes excavadoras y piquetas, aquel jardín que el desnivel de la calle siempre le mostró en un prestigioso equilibrio sobre la avenida Virgen de Montserrat, al ser ésta ampliada quedó repentinamente como un balcón vetusto y fantasmal colgado del vacío, derramando un pasado de aromas pútridos y anticuados ornamentos florales, soltando tierra y residuos de agua sucia por las heridas de sus flancos.

Rabos de lagartija [Barcelona]: Lumen, 2001, pàg. 78 Algunas tardes, al ponerse el sol, se eleva desde el fondo una efusión rojiza de polvo, como el resplandor de un incendio; podrían ser niños o ratas asustadas. El tajo se ensancha y pierde altura unos metros más abajo, y se corta bruscamente en la ladera rocosa y cuajada de ginesta sobre la Avenida Virgen de Montserrat, cuyo sinuoso trazado cuelga a su vez sobre el Parc de Les Aigües y el Guinardó. Al atardecer, la brisa emboca el angosto cañón trayendo consigo los timbrazos alegres de las bicicletas que se deslizan sobre el asfalto de la Avenida y las voces de hombres y mujeres que saliendo del trabajo se dejan ir cuesta abajo sin pedalear, desde los altos del barrio hasta Horta, ellas soltando el manillar para atarse con ambas manos el pañuelo a la cabeza o sujetarse el vuelo de la falda, riéndose, y ellos piropeándolas con una mano en la cintura.

CC BY-SA Núria i JC


Ronda del Guinardó Barcelona: Crítica, 2005, pàg. 167 El Camino de la Legua serpenteaba entre altas tapias semiderruidas a lo largo de más de un kilómetro, hasta alcanzar la falda del Guinardó orlada con volantes verdes de pistas y chumberas y franjas de tierra caliza. A sus espaldas, la ciudad se apretujaba hacia el mar bajo una lámina rosada y gris. Rosita divagaba en torno al futuro musical del Trío Clavagueras; si supieran solfeo podrían ganar concursos en la radio y se harían famosos y ya no tendrían que andar por ahí con el saco a la espalda acorralando gatos y escarbando basuras.

Señoras y señores Barcelona: Tusquets, 1988, pàg. 173 Autorretrato Siempre pertrechado para irse al infierno en cualquier momento. El rostro magullado y recalentado acusa las rápidas y sucesivas estupefacciones sufridas a lo largo del día, y algo en él se está desplomando con estrépito de himnos idiotas y banderas depravadas. Las facciones se traban, compulsivas, antes de desmoronarse. Se trata de un sujeto sospechoso de inapetencias diversas y como deslomado, desriñonado y despaldado. Ceñudo, maldiciente, tiene la pupila desarmada y descreída, escépticos los hombros, la nariz garbancera y un relámpago negro en el corazón y en la memoria.

Si te dicen que caí Barcelona: Debolsillo, 2003, pàg. 19-20 Se juntó con el corro sentado en la acera y le hicieron sitio rápidamente, algunos frotándose las manos de impaciencia: cuenta, Sarnita. ¿Seguimos con la aventi de ayer o inventamos otra? Sigue: la chica sabía demasiado, corría peligro. Una cresta de hierba brota en la acera frente a la bragueta abierta de Luis. Calles sin pavimentar, tapias erizadas de vidrios rotos y aceras despanzurradas donde crecía la hierba, eso era el barrio. El montón de basuras en la esquina Camelias y Secretario Coloma parecía más alto y repleto de sabrosas sorpresas, pero era que el nivel del arroyo, después de la última venida de aguas, había bajado.


Últimas tardes con Teresa Barcelona: Debolsillo, 2006, pàg. 43 En su falda escalonada como un anfiteatro crece la hierba de un verde sombrío, salpicada aquí y allá por las alegres manchas amarillas de la ginesta. Una serpiente asfaltada, lívida a la cruda luz del amanecer, negra y caliente y olorosa al atardecer, roza la entrada lateral del parque Güell viniendo desde la plaza Sanllehy y sube por la ladera oriental sobre una hondonada llena de viejos algarrobos y miserables huertas con barracas hasta alcanzar las primeras casas del barrio: allí su ancha cabeza abochornada silba y revienta y surgen calles sin asfaltar, torcidas, polvorientas, algunas todavía pretenden subir más arriba en tanto que otras bajan, se disparan en todas direcciones, se precipitan hacia el llano por la falda norte, en dirección a Horta y a Montbau… Al pie de la escalera de la ermita de los Carmelitas hay una fuente pública en medio de un charco en el que chapotean niños con los pies descalzos: rosa púrpura de mercromina en nerviosas espinillas soleadas, en rodillas mohínas, en rostros oliváceos de narices chatas, pómulos salientes y párpados de ternura asiática. Más arriba el polvo, el viento, la aridez.

CC BY AndyP.


CONTES

«El fantasma del cine Roxy» Barcelona: Lumen, 2000, pàg. 52. A: Teniente Bravo El espacio mágico del Roxy lo ocupan hoy las glaciales dependencias de un Banco. Desde la calle, al anochecer, cuando el reflejo neurótico de los faros de los automóviles se desliza a lo largo de la fachada de cristal, en su amplio vestíbulo cifrado en mármol y felpudo se ha visto en ocasiones navegar silencioso y esbelto entre la niebla a un transatlántico en ruta hacia Nueva York y a Charles Boyer acodado a la borda con su abrigo negro y su fular de seda, elegante pasajero transcontinental de achampañada sonrisa parisina contemplando, más allá del mar apacible y plateado y del punzante recuerdo de un amor contrariado, el tráfico ruidoso y enloquecido de la plaza Lesseps.

«Historia de detectives» Barcelona: Lumen, 2000, pàg. 15, 41-42. A: Teniente Bravo Me quedé parado unos segundos bajo la lluvia fina, junto al morro del Lincoln. Ante mí se abría el Campo de la Calva, una explanada negruzca y encharcada al final de la calle, sobre la falda de la colina festoneada de ginesta. Un barrio tan alto, tan cerca de las nubes, que aquí la lluvia todavía está parada antes de caer, solía decir Marés. Esta plataforma sobre la colina había sido proyectada como plaza pero aún no era nada, un barrizal; a un lado había una hilera de casas bajas con la taberna de Fermín y la papelería-librería, y al otro lado nada, el declive del monte y los pinos y castaños con Vallcarca al fondo. Lo llamaban Campo de la Calva porque los moros de Regulares jugaron aquí un partido de fútbol con la cabeza cortada y rapada de una puta, y dicen que de tanto patearla y hacerla rodar, la cabeza se quedó lisa y pulida como una bola de billar, sin nariz ni ojos ni orejas, y que la mandíbula se soltó y que al final del partido la enterraron con la boca abierta. […] En los días luminosos, desde la zona alta de la ciudad, desde esta calle que se encabrita en la colina como si quisiera mirarse en el Mediterráneo, la vista alcanza muy lejos mar adentro y el corazón se engaña: el barrio soleado dormido es una atalaya sobre un sueño que no acaba de discurrir… Pero en los días grises, la mirada se enreda en el zarzal de neblinas y humos rasantes que atufan el laberinto de Horta y La Salud, y no consigue ir más allá. La ciudad se aplasta remota y gris, como una charca enfangada, un agua muerta.


«El jorobado de la Sagrada Familia» Pozuelo de Alarcón: Espasa Calpe, 2003, pàg. 189. A: Cuentos completos He estado ausente de Barcelona algún tiempo y al volver encuentro el templo de la Sagrada Familia ligeramente escorado hacia la derecha, según se mira situándose uno de pie —­a ser posible con un whisky en la mano y tres o cuatro ya ingeridos— frente a la pavorosa fachada de la Pasión. Lo comento con algunos vecinos y amigos y me dicen que sí, que algo raro está pasando, que se han visto bandadas de turistas huyendo del templo, pero que torcido no está.


INFANTIL El detective Lucas Borsalino La fuga del río Lobo Madrid: Alfaguara, 2012 Madrid: Alfaguara, 1996

CINEMA Momentos inolvidables del cine Barcelona: Carroggio [etc.], 2004

El Pijoaparte y otras historias Barcelona: Bruguera, 1981

Un paseo por las estrellas Barcelona: RBA, 2001

HISTÒRIA La gran desilusión Barcelona: Seix Barral, 2004

SOBRE L’AUTOR AMELL, Samuel La narrativa de Juan Marsé, contador de aventis

Juan Marsé: Premio Cervantes [2008], 23 de abril de 2009, Día del Libro

Madrid: Playor, 1984

[Barcelona?]: FNAC, [2009]

DÍAZ DE CASTRO, Francisco J. Juan Marsé: ciudad y novela. «Últimas tardes con Teresa: organización del espacio y producción de imagen»

Juan Marsé, su obra literaria: lectura, recepción y posibilidades didácticas

Palma de Mallorca: Universitat de Palma de Mallorca, 1984

ERICE, Víctor La promesa de Shanghai: adaptación de la novela El Embrujo de Shanghai de Juan Marsé Barcelona: Plaza & Janés, 2001

GABIKAGOJEASKOA, Lourdes Eran soñadores de paraísos: nostalgia y resistencia cultural en la obra de Juan Marsé Madrid: Biblioteca Nueva, 2011

HEINEMANN, Ute Novel·la entre dues llengües: el dilema català o castellà Kassel: Reichenberger, 1996

Barcelona: Horsori, 2005

KIM, Kwang-Hee El cine y la novelística de Juan Marsé Madrid: Biblioteca Nueva, 2006

Los mundos de Juan Marsé: homenaje al Premio Cervantes 2008 Madrid: Ministerio de Cultura, 2009

Ronda Marsé Canet de Mar: Candaya, 2008

I Simposium Internacional Juan Marsé: días 3-4-5 de noviembre, 2003, Universitat de Barcelona Barcelona: CRAV-UB, 2003 [DVD]


SHERZER, William M. Juan Marsé: entre la ironía y la dialéctica

WILLIAMS, Marla J. La poética de Juan Marsé Madrid: Pliegos, cop. 2006

[Madrid]: Fundamentos, 1982

ARTICLES BONET, Laureano «Juan Marsé en sus verdades verdaderas (I parte)». A: Insula

MARSÉ, Juan «Juan Marsé se enfrenta a Juan Marsé». A: Qué leer

Madrid: Insula, 1946-, núm. 755 (novembre 2009), pàg. 1-32

Barcelona: Comunicación y Publicaciones, 1996-, núm. 162 (febrer 2011), pàg. 59-62

BONET, Laureano «Juan Marsé en sus verdades verdaderas (II parte)». A: Insula Madrid: Insula, 1946-, núm. 759 (març 2010), pàg. 1-32

CARRERAS i VERDAGUER, Carles «La ciutat de Barcelona a les novel·les de Joan Marsé». A: Revista catalana de geografia Barcelona: Institut Geogràfic Català, 1978-, núm. 1 (desembre 1985), pàg. 46-58

JANSA, Mercedes «Juan Marsé presumeix d’“anòmal” per escriure sempre en castellà». A: El Periódico (Cultura) Barcelona: Primera Plana, [1997]-, 21 d’abril de 2009, pàg. 5

LAHOZ, Use «Ajuste de cuentas». A: El País (Babelia)

MARSÉ, Juan «Letras: Juan Marsé». A: El Cultural [Madrid]: Prensa Europea, 1999-, 4 de febrer de 2011, pàg. 8-13

RIUS, Cristina «Entrevista Joan Marsé». A: Avui (Cultura) Barcelona: Premsa Catalana, 1976-2011, 22 de novembre de 1998, pàg. 10-11

ROBLES SÀRRIES, Xavier «En la casa del “marsismo”». A: Esquire Madrid: Spain-Media Magazines, 2007-, núm. 19 (maig 2009), pàg. 171-175

ZANÓN, Carlos «Territori Marsé». A: Time Out Barcelona Barcelona: Sàpiens, 2008-, núm. 155 (febrer 2011), pàg. 10-16

Barcelona: El País, 1982-, 5 de febrer de 2011, pàg. 4-6

Les obres de Juan Marsé han estat traduïdes a diverses llengües. A la biblioteca podreu trobar les traduccions a les següents: alemany, anglès, francès, hongarès, italià, lituà, polonès, romanès i txec.

Guia elaborada per la Biblioteca El Carmel-Juan Marsé


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Territori Marsé  

Per celebrar els 80 anys que ha complert el nostre escriptor favorit, Juan Marsé, hem preparat aquesta guia que segueix l'obra literària de...

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