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Nadie es realmente libre si arrebata a otro su libertad, del mismo modo en que nadie es libre si su libertad le es arrebatada. Tanto el opresor como el oprimido quedan privados de su humanidad. Cuando salí de la cárcel ésa era mi misión: liberar tanto al oprimido como al opresor. … La verdad es que aún no somos libres; sólo hemos logrado la libertad de ser libres, el derecho a no ser oprimidos. No hemos dado el último paso, sino el primero de un camino aún más largo y difícil. Ser libre no es simplemente desprenderse de las cadenas, sino vivir de un modo que respete y aumente la libertad de los demás. La verdadera prueba de nuestra devoción por la libertad no ha hecho más que empezar. He recorrido un largo camino hacia la libertad. He intentado no titubear. He dado pasos en falso en mi recorrido, pero he descubierto el gran secreto. Tras subir a una colina, uno descubre que hay muchas más colinas detrás. Me he concedido aquí un momento de reposo, para lanzar una mirada hacia el glorioso panorama que me rodea, para volver la vista atrás hacia el trecho que he recorrido. Pero sólo puedo descansar un instante, ya que la libertad trae consigo responsabilidades y no me atrevo a quedar rezagado. Mi largo camino aún no ha terminado. Aquesta obra està sota una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España. Informació sobre el Racó Alternatiu a: bibliotecacerdanyola.blogspot.com.es/p/raco-alternatiu_24.html

Acabes de llegir un fragment de l’autobiografia de NELSON MANDELA, El largo camino hacia la libertad © Trad. de Antonio Resines i Herminia Bevia. Adaptació: Racó Alternatiu Disponible a Biblioteques Públiques de la Xarxa: 92(Man)Man.

Textos del Racó Alternatiu per a la Motivació 12 El largo camino hacia la libertad de Nelson Mandela EL DÍA DE LA INVESTIDURA me sentí abrumado por la sensación de que nos encontrábamos en un momento histórico. A lo largo de la primera década del siglo XX, poco después de la amarga guerra anglo-bóer, los pueblos blancos de Sudáfrica habían resuelto sus diferencias y erigido un sistema de dominación racial sobre los pueblos de piel oscura de su propia tierra. La estructura que crearon fue la base de una de las sociedades más duras e inhumanas que el mundo haya conocido. En la última década del siglo XX, aquel sistema había sido derribado para siempre, siendo sustituido por otro que reconocía los derechos y libertades de todos los pueblos al margen de cuál fuera el color de su piel. Aquel día había llegado gracias a los inimaginables sacrificios de miles de los míos, gente cuyos sufrimientos y valor jamás podrán ser evaluados ni recompensados. Aquel día sentí, como he sentido tantos otros días, que no era más que la suma de todos los patriotas africanos que me habían precedido. Aquel largo y noble linaje había llegado a su fin y ahora recomenzaba su andadura conmigo. Me resultaba doloroso que fuera imposible agradecerles su generosidad y que no hubieran tenido oportunidad de ser testigos de lo que su sacrificio había logrado. La política del apartheid creó una herida profunda y duradera en mi país y en mi gente. Todos nosotros necesitaremos muchos años, o generaciones, para recuperarnos de ese profundo dolor. Pero las


décadas de opresión y brutalidad tuvieron también un efecto imprevisto: … dieron lugar a hombres de tan extraordinario coraje, sabiduría y generosidad, que es posible que jamás vuelva a haber nadie como ellos. Quizá sea necesario llegar a niveles de ignominia como los que habíamos padecido para que surjan personalidades tan sublimes. En el subsuelo de mi país hay una gran riqueza en minerales y gemas, pero siempre he sabido que su principal riqueza es el pueblo, más valioso y resplandeciente que el más puro de los diamantes. Fue de aquellos compañeros de lucha de quien aprendí el significado de la palabra valor. Una y otra vez he tenido ocasión de ver cómo hombres y mujeres arriesgaban y entregaban sus vidas por una idea. Les he visto soportar toda clase de agresiones y torturas sin ceder ni un ápice, haciendo gala de una fuerza y una tenacidad más allá de todo lo imaginable. Tuve ocasión de aprender que el valor no consiste en no tener miedo, sino en ser capaz de vencerlo. He sentido miedo más veces de las que puedo recordar, pero siempre lo he ocultado tras una máscara de audacia. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino el que es capaz de conquistarlo. Jamás perdí la esperanza de que se produjera esta gran transformación. Siempre he sabido que en el fondo del corazón de todos los seres humanos hay misericordia y generosidad. Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende, y si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar, ya que el amor surge con mayor naturalidad en el corazón del hombre que el odio. Incluso en los momentos más duros de mi encarcelamiento, cuando mis camaradas y yo nos encontrábamos en situaciones límite, alcanzaba a distinguir un ápice de humanidad en alguno de los guardianes, quizá tan sólo durante un segundo, pero lo suficiente para reconfortarme y animarme a seguir adelante. La bondad del hombre es una llama que puede quedar oculta, pero que nunca se extingue. … No nací con hambre de libertad, nací libre en todos los aspectos que me era dado conocer. Libre para correr por los campos cerca de la choza de mi madre, libre para nadar en el arroyo transparente que

atravesaba mi aldea, libre para asar mazorcas de maíz bajo las estrellas y cabalgar sobre los anchos lomos de los bueyes que marchaban por las veredas con andar cansino. Mientras obedeciera a mi padre y respetara las costumbres de mi tribu, ni las leyes de Dios ni las del hombre me afectaban. Sólo cuando empecé a comprender que mi libertad infantil era una ilusión, cuando descubrí, siendo aún joven, que mi libertad ya me había sido arrebatada, fue cuando comencé a añorarla. Al principio, cuando era un estudiante, sólo buscaba mi propia libertad, una libertad pasajera… Posteriormente, ya como un hombre joven empecé a añorar otras libertades básicas y honorables: la de realizarme, ganarme la vida, casarme y crear una familia, la libertad de no tener obstáculos para vivir mi vida respetando la ley. Pero poco a poco fui comprendiendo que no sólo no era libre, sino que tampoco lo eran mis hermanos y hermanas. Vi que no era sólo mi libertad la que estaba en juego, sino la de todo aquel que se pareciera a mí. Fue el deseo de lograr la libertad para que mi pueblo viviera con dignidad y respeto hacia sí mismo lo que movió mi vida, lo que transformó a un hombre joven y asustado en un hombre audaz. Eso fue lo que convirtió a un abogado respetuoso con la ley en un delincuente, a un marido amante de la familia en un hombre sin hogar, lo que obligó a un hombre que amaba la vida a vivir como un monje. No soy más virtuoso o sacrificado que cualquier otro, pero descubrí que ni siquiera podría disfrutar de las escasas y restringidas libertades que se me concedían mientras mi pueblo no fuera libre. La libertad es indivisible. Las cadenas que tenía que soportar cualquier miembro de mi pueblo eran las mismas que nos ataban a todos. Las cadenas que ataban a mi pueblo eran las cadenas que me ataban a mí. Durante aquellos largos y solitarios años, el ansia de obtener la libertad para mi pueblo se convirtió en un ansia de libertad para todos los pueblos, blancos y negros. Sabía mejor que nadie que es tan necesario liberar al opresor como al oprimido. Aquel que arrebata la libertad a otro es prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes de los prejuicios y la estrechez de miras.


Textos per a la Motivació 12