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LA ÉPOCA En la vida pública de Jovellanos se pueden señalar dos etapas que coinciden con los reinados de Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788-1808), concluyendo con un trágico epílogo final: la Guerra de la Independencia. La primera de ellas está marcada por los proyectos reformistas de carácter ilustrado. Carlos III acomete una serie de reformas que, sin quebrar el orden económico, social y político del Antiguo Régimen, incrementen la riqueza y el bienestar del país y sus gentes. Esta política se conoce como Despotismo Ilustrado, se inspira en el modelo francés y responde a la máxima “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. En ella intervienen ministros como Esquilache, Aranda, Floridablanca y Campomanes (con el cual colabora Jovellanos desde 1778), y en muchas de las reformas emprendidas el balance es positivo. La segunda comprende el reinado de Carlos IV. Esta época, especialmente turbulenta para la historia de España, está influida por dos acontecimientos europeos: la Revolución Francesa (1789) y el Régimen Napoleónico. Carlos IV es un rey débil que no consigue evitar el enfrentamiento entre los españoles de ideas progresistas (liberales y afrancesados) con los partidarios de la tradición y el conservadurismo (Iglesia y nobleza) ni la invasión napoleónica. En medio de una grave crisis económica, con el temor al contagio revolucionario del país vecino, la monarquía suspende las reformas, entrega el gobierno a Manuel Godoy que lleva a cabo una política titubeante (oscilando entre las reformas y el autoritarismo), con una clase política mediocre que margina a los hombres de talento y que acaba conduciendo al país al desastre de 1808. Pravia a finales del siglo XVIII es una pequeña villa de unos mil habitantes, capital de un concejo que incluye los actuales de Pravia (excepto las parroquias de Quinzanas y Cordovero), Soto del Barco, Muros de Nalón y Cudillero y que en el censo de Floridablanca contabiliza 16.331 habitantes, con una gran dispersión de la población en las zonas rurales. El concejo se divide en parroquias y estas se agrupan en “cuartos” (de los Valles, de la Oteda, de las Luiñas y de la Meruca). La mayor parte es territorio de realengo, aunque subsisten los cotos señoriales de Muros, San Pedro de Bocamar y Villavaler. La economía se basa en la agricultura, la ganadería y la pesca, y las actividades artesanales y comerciales son escasas y relacionadas con aquellas. Esta es una época de prosperidad económica para las capas dominantes de Pravia. Ligada a un incremento de las rentas señoriales de la nobleza, algunos palacios se renuevan o amplían y otros se construyen de nuevo. Las capas bajas de la población viven en condiciones precarias y la emigración a la capital del reino o a América es una salida para muchos.

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LOS PROTAGONISTAS La relación de Jovellanos con Pravia está marcada por el matrimonio de su hermano Francisco de Paula con María Gertrudis del Busto y Miranda, heredera de un mayorazgo en Pravia.

Gaspar Melchor de Jovellanos, (Gijón, 1744 – Puerto de Vega, 1811) es el cuarto de los hijos varones de don Francisco Gregorio de Jovellanos, regidor y alférez mayor de Gijón, y doña Francisca Ramírez de Jove. Pertenecientes a la nobleza local, tuvieron en total trece hijos, cuatro fallecidos en la infancia. Era habitual en aquella época dar una formación militar o eclesiástica a los segundones de las familias nobles y, por eso, mientras Miguel se preparaba para hacerse cargo de la hacienda familiar, Alonso y Francisco de Paula ingresaban en la marina y Gaspar comenzaba sus estudios eclesiásticos. A las cuatro hermanas, de las que Josefa será la más conocida, se les concertaron matrimonios. Tras estudiar filosofía en Oviedo y derecho canónico en Osma, Ávila y Alcalá, se decanta por la judicatura. Obtiene con veintitrés años la plaza de Alcalde del Crimen en la Audiencia de Sevilla y con treinta la de Oidor, ocupando un puesto en su sala de gobierno. La sevillana es una etapa de formación intelectual, especialmente en economía política, por su contacto con los círculos ilustrados de la capital andaluza como el de Olavide. En 1778 consigue plaza en Madrid como Alcalde de Casa y Corte, bajo la protección del tinetense Campomanes. Entra a formar parte de las Reales Academias de la Lengua, de Historia y de Bellas Artes y en otras instituciones como la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Se prodiga en una fructífera producción literaria que abarca multitud de campos: poesía, teatro, historia, arte, economía… Y desde Madrid insta a su hermano Francisco de Paula a tomar iniciativas de mejora para Gijón, al tiempo que hace valer su influencia para llevarlas a cabo. Su suerte cambia tras la muerte del rey Carlos III, en 1788, cuando el nuevo rey Carlos IV, y su esposa María Luisa, ante el estallido de la Revolución Francesa al año siguiente, da un viraje reaccionario y emprende, a través de la Inquisición, una fuerte represión hacia los “afrancesados” que encarcela a su amigo Cabarrús, destierra a Jovellanos por intentar defenderlo y aparta del poder a Campomanes. El de Jovellanos es un destierro encubierto porque le nombran encargado de la Comisión de Minas en Asturias, pero la verdadera intención es apartarlo de Madrid. Cuando llega a Gijón, en 1790, con cuarenta y seis años, está en la plenitud intelectual y política. Además de esos trabajos para el desarrollo de la minería y las comunicaciones, con especial empeño en la carretera a Castilla por Pajares, y su producción literaria, la gran obra de Jovellanos es el Real Instituto de Náutica y Mineralogía. De ese período datan varias estancias en Pravia que describe en sus diarios y cartas. En 1798 parece que es reconocido su trabajo. Es nombrado embajador en Rusia y, poco después, ministro de Gracia y Justicia. Pero enseguida vendrán tiempos amargos; las reformas fracasadas en el ministerio, el envenenamiento, la muerte de su hermano, el regreso a Gijón, la delación y deportación a Mallorca, el arresto en la cartuja de Valldemossa y la cárcel incomunicada en el Castillo de Bellver. El motín de Aranjuez, con la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV, propicia su libertad. Pero son tiempos convulsos: se produce la invasión napoleónica, con el ofrecimiento de un 4


ministerio por parte de José Bonaparte, que rechaza; participa, en cambio, en la Junta Suprema Central y en las Cortes de Cádiz. Cuando desde allí regresa por un breve tiempo a un Gijón gravemente dañado por la invasión francesa, la muerte le sorprende en Puerto de Vega en 1811, huyendo de una nueva ocupación de la ciudad.

Francisco de Paula (Gijón, 1743-1788) era un año mayor que Gaspar, que lo describe como brillante en el trato personal y con gran sentido del humor. Ingresa en la armada y como oficial participa en diversas misiones en América. Según cuenta Jovellanos, su padre concierta la boda con Gertrudis del Busto por tratarse de un matrimonio ventajoso en lo económico, y Francisco de Paula, a regañadientes pero “inclinado a complacer a su buen padre”, accede. La ceremonia se celebra por poderes en la iglesia parroquial de San Andrés de Pravia en 1774, al tener que embarcar precipitadamente para América en El Ferrol. Regresa a España en 1778 y los esposos pueden reunirse temporalmente, porque al poco tiempo Francisco tiene que embarcar de nuevo debido a la guerra contra Inglaterra. Más tarde De Paula es nombrado comandante de la compañía de guardiamarinas de El Ferrol, y el matrimonio fija allí su residencia. En 1784 obtiene el retiro, conservando el sueldo de capitán de navío y el derecho a usar el uniforme de guardiamarina. Habiendo fallecido sus hermanos mayores, hereda el mayorazgo y regresa a Gijón, donde desempeña el cargo de Alférez Mayor y se convierte en el brazo ejecutor de los proyectos de su hermano como la ampliación del puerto, la construcción del muro de San Lorenzo o el desecamiento de el Humedal. Será el primer director y profesor de matemáticas en el Instituto de Náutica y Mineralogía, para el que cede un edificio de su propiedad.

Gertrudis del Busto había nacido en la localidad de Báscones, municipio de Grado, y heredado el mayorazgo de la casa de Busto. Éste había sido consolidado por Álvaro del Busto, marino que participó en varias expediciones en Suramérica en la segunda mitad del siglo XVI. Jovellanos describe a su cuñada como “de firme y robusta complexión” aunque “había adolecido en los tres años de ausencia de varios achaques ». Y este fue uno de los motivos, aparte sus propias dolencias, por el que Francisco de Paula solicitó el retiro. No tuvieron descendencia. Jovellanos insinúa algunas desavenencias del matrimonio y ausencias de Gertrudis en sus posesiones pravianas. Debió de existir afecto entre Jovellanos y su cuñada en el tiempo que vivieron en la casa familiar. Al fallecer en 1788, Francisco de Paula deja en herencia algunos bienes a Gertrudis pero lega los dos mayorazgos, Jovellanos y Busto, a Gaspar con la condición de pasar a la viuda una pensión. En ese momento surgen las diferencias que acaban resolviéndose por mediación del obispo de Oviedo. A pesar de estos roces, Jovellanos seguirá mostrando en sus escritos y correspondencia un gran respeto hacia Gertrudis, la cual fijará su domicilio en Avilés.

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ITINERARIO Salimos por fin; pasamos el barco de Forcinas y entramos en el coto de Pronga, que es redimido. A él pertenece Quinzanes de Arriba, la cual, con Quinzanes de Abajo, que es coto de Valdecarzana, forma otra diferente parroquia. Este coto está contenido dentro del camino de Pravia. La Reguerina de Beifar es el divisorio de Pravia y Pronga con Grado, pues en él, caminando entre mediodía y oriente, empieza la jurisdicción de Candamo y ya le pertenece. Desde lo alto se ven sobre el río los apostales de Cornellana y el Cabildo, ya pertenecientes por foros a varias casas, y a la opuesta orilla, en lo alto, el lugar de San Tirso de Candamo, que es muy poblado, plantado y cultivado. A la izquierda del camino empieza mucho viñedo, y luego se descubre el lugar de Espinosa, perteneciente a la parroquia de Fenolleda, cuyo lugar e iglesia se encuentran y atraviesan en una revuelta. Del otro lado se ven los términos del lugar de Aces, y más alto los de Gurullos. San Román de Candamo Más viñedos, y en ellos muchos frutales; el río abajo; a la derecha, San Romano; excelente casa de campo situada en alto, al norte del Nalón, y como a un tiro de su orilla, ampliada por el señor don Fernando de Valdés Quirós, […] abuelo del actual poseedor, el capitán de navío don José Valdés Flórez, y padre del teniente general y ministro de Marina, del mariscal de campo y del brigadier de los reales ejércitos, don Antonio, don Rafael y don Fernando Valdés Bazán. En la fachada hay un escudo nuevo del blasón de esta familia y otro muy antiguo de la misma, por el apellido Cuervo, que se trajo aquí de Pravia por el Sr. don Fernando [Cañedo], y son seis cuervos, y abajo dice en letra alemana: Luis Cuervo de Arango me f... Hay en esta casa una bella galería que ocupa los lienzos de sur y poniente con arcos y columnas de buen jaspe rojo sin pulir. La posesión adyacente es fértil y extendida. A una distancia y a la parte del mediodía se ve un viejo torrejón de la casa de Benavides, con su pedrero, lanceras y saeteras, señales de casa fuerte. Dícese fundado en el siglo XVI por Juan Bernaldo de Miranda; pero habiéndose mandado derribar las casas fuertes en las Cortes de Toro de 1480, no es creíble que otras se levantasen de nuevo. Hay mucho arbolado, viñedo y heredades de sembradura, con prados secanos y de riego, una fuente con nombre de Fuenmayor y un molino arruinado que se va a restablecer. […] Comimos muy bien; después de siesta vimos los prados con gran plantío de avellanos, la fuente y molino; bajamos a la orilla del Nalón, que corre por el mediodía; corrimos su vega; vimos el lugar de Candamín y la hacienda que disfrutan los parientes Cañedo y Vigil por derecho de sangre, y más adelante Gurullos, […]. Era ya noche cuando llegamos a la vega; pasamos el barco y seguimos a pie hasta casa, donde estaban los [marqueses] de San Isidro. A la cama, sin cenar. Agones Tomamos el camino de Cañedo, dejando el puente de Agones y el Aranguín a la derecha. Estando en lo alto entramos por una saltadera a una viña de la casa grande, para bajar a las de la hacienda de Retuerta, de mi hermana D.ª Gertrudis (que llamo por zumba su vizcondado). Consta esta hacienda de una buena viña, varios grandes prados, una pumarada, muchas tierras de maíz, un buen molino con la casa, horrio y demás oficinas rústicas convenientes. La situación es muy ventajosa: alta y en pendiente para las viñas; honda, llana y bien soleada para lo demás. El río Aranguín la atraviesa, entrando por el norte y corriendo por toda ella al sur. Sus aguas y las de la presa del molino riegan una gran parte de ella y pueden regar la restante a poca diligencia. En unas y otras hay buenos pescaderos de truchas, lampreas, anguilas y esguines; tiene cerca una buena porción de monte, y, gozando de un suelo craso y fuerte, viene a ser una de las mejores posesiones de este país. Ni es de poca consideración la proporción de admitir las mejoras que se quieran. En una ladera que está sobre el molino se pudiera hacer una excelente quinta con exposición al mediodía, que sería, sin duda, cuanto 6


pudiera apetecer el gusto. El abrigo de la tierra y los buenos montes cercanos convidan al cultivo de morales y cría de gusanos de seda y de colmenas. Gozando de todas las aguas del río, pudiera tener una buena ferrería, pues hay proporción de multiplicar los montes, sobre tenerlos muy a la mano, o, por lo menos, de poner un machuco, que no sería de corta utilidad. Una huerta de frutales y hortaliza, un mejor cultivo de la pumarada, el plantío de mayor número de avellanos en las lindes, el de mayor número de frutales enanos y ventilados en las viñas, podrían subir el rendimiento de esta posesión increíblemente, y la marquesa de Agones, vizcondesa de Retuerta [su cuñada Gertrudis], sería la primera rica fembra de toda la redonda. Escoredo Misa a las seis y media en el oratorio de casa. Salida a las siete y media por el puente y lugar de Agones, hijuela de Pravia. […] Pedazo de camino recientemente compuesto. Lugar de Escoredo, donde tienen casa los de Arango. Espesa la niebla, venciendo enteramente al sol, y se hace más y más húmeda y fría. Villafría, bien digna de este nombre por su temple, que no ha desmentido en este día. Belandres Parroquia de San Juan de Piñera, lugar y casa de Belandres, punto de nuestro viaje. Buen edificio, bien aseado y ventajosamente situado sobre el mar de Cudillero. Vense desde un balcón que mira al oriente algunas casas de la población de este puerto y el cabo del Espíritu Santo, por entre el cual y el de la Arena sale al mar el Nalón. En medio de los dos, y como media dentro del mar, está la famosa Peña de la Deva, grande y elevada, que obstruye la barra de la ría. Esta es la que dicen que deshará el ingeniero Muller con la nueva máquina inventada para vencer tales objetos. Vese también el cabo que forma con el de Peñas la ensenada de Llumeres o Bañugues, y el cabo de Peñas, muy avanzado en el mar, con inclinación al poniente, y su gran centollo o peña más avanzada, y un grande espacio entre los dos. A la parte del norte se ve el bellísimo lugar de Villademar y la casa de los Sierras, canónigos de Oviedo, perteneciente a esta misma parroquia. Lo demás que se averigüe se dirá después, aunque el tiempo promete poco bueno. La Concha de Artedo Pasamos luego a ver la concha de Artedo, que se halla cerca de un barrio de tres o cuatro casas, llamadas de la Magdalena por una ermita que hay allí. El lugar de Artedo, que es una pequeña aldeíta de la parroquia de San Martín de Luiña, está más interior y en una graciosa vega, por cuyo extremo occidental viene el río de Candalina y se mete en el mar por bajo de los enormes montones de morrillos, que es lo único que se ve en la playa. La concha es ancha y profunda, saliendo las dos puntas muy afuera; dicen ser muy limpia y de mucho fondo. En la altura de la izquierda se ve el lugar de Lamiño [Lamuño]. No hay puerto ni pesca; un solo barco anda al mar, que se soborda en la playa, y en ella hay una casita para resguardar los aparejos. De la otra parte de la punta occidental está la ensenadita de Salamir y Candiales, de la misma parroquia de San Martín, donde desagua el río Esqueiro, que divide sus términos de los de Soto de Luiña. En ésta se hallan las ensenadas de San Pedro, de Oviñana, de Albuerne y de Novellana. 7


San Martín de Luiña En esta última [Novellana] acaba de establecerse parroquialidad separada con la advocación de Santiago; pero hay un pleito escandaloso con los vaqueros, a quienes no se quiere dar la sagrada comunión sino a la puerta de la iglesia, ni dejar internarse en ella a los divinos oficios. Es el caso que los hijosdalgo tienen lugar preferentemente en la iglesia para toda concurrencia. Los plebeyos, conformes con esto, pretenden lugar preferente a los vaqueros, y éstos luchan por no ser menos que los plebeyos. ¡Cuándo querrá el cielo vengar a la mayor parte del género humano de tan escandalosas y ridículas distinciones! Me avergüenzo de vivir en un país que las ha criado y las fomenta; pero al cabo la razón vengará algún día las injurias que hoy recibe de la ignorancia. Muros de Nalón En la costa, antes de llegar a su embocadura, y a nuestra izquierda, dejamos dos sitios muy señalados por sus nombres, uno de la Atalaya, porque debió haber allí un antiguo castillo, que está cerca de la ensenada de Cudillero, y otro, Arancés, poco más al oriente, que puede muy bien derivarse de Aram Caesaris. Este río divide las parroquias de Piñeras de la de Muros. Esta es también de buen suelo, arbolado y cultivo; su población dispersa, a reserva de un trozo que llaman la plaza, donde están la iglesia y algunas casas. Allí, o cerca, está la casa fuerte de Valdecarzana con dos torreoncillos merlonados al lado de la puerta, sobre la que hay tres escudos, uno escondido entre las hiedras, el de en medio con las armas de Cienfuegos, y el otro con otras que no son las de Miranda. San Esteban de Pravia [Desde Muros] Se baja mucho y mal camino para llegar al puerto de San Esteban de Boca de Mar, lugar de la misma parroquia. Está en la orilla occidental de la ría, escondido en un recodo que hace el cabo del Espíritu Santo, por otro nombre Canto Pravia. Su población también dispersa, fuera de las cercanías del muelle, que es un maleconcillo pequeño y casi arruinado: quince pies de agua. Si se limpiase esta barra, cuyos estorbos son unas peñas que estrechan y casi cierran la entrada, y un banco de arena más al oriente de ellas, pudiera hacerse aquí uno de los mejores puertos de Asturias y acaso de toda la costa cantábrica. Frente está el lugar de la Arena de Pravia, casi sobre el banco dicho, porque allí es donde se depositan las arenas que dan al Nalón los muchos ríos y las altas cadenas de montes primitivos que vierten a él. Más internado en la ría, y sobre un cerrillo que domina su orilla oriental, está el castillo llamado de Muros, por la parroquia a que pertenece, y de San Martín por su iglesia, y de Pravia por la capital del concejo, que está cercana. Están enteras su torre y parte de las cortinas, y representa muy bien. Dicen, no obstante, estar muy ruinoso y enteramente abandonado. Es de la casa de Valdecarzana. Al pie de él hay un barco que era de los vecinos, y que pidió y logró de la corte, «porque si no – decía – no podía guardar el castillo». […] Saliendo de San Esteban para volver a Pravia, se ve desde lo alto, en la orilla oriental, la hermosa parroquia de Soto y la casa de los Pontes, que la domina. Está situada en otro cerrillo algo menos elevado que el castillo. El río describe una curva por su pie, que se tiende como a recibirle. Se ve en lo más alto la cerca de la huerta, y en ella un mirador que debe penetrar desde lo más interior de la ría hasta el más lejano horizonte del mar, con toda la campiña de en torno. Sitio ameno, bien plantado y cultivado y en todo favorecido de la naturaleza. Entre este sitio y el castillo hay un grupo de casas nuevas que forman un lugar llamado también El Castillo; en lo alto se ve la parroquia de San Pedro de la Corrada, y al pie, la de Ribera.

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Pravia A las cuatro en Peñaullán; allí, con López [Arango], conversación sobre la posibilidad del puente; cortado el canal al río entre dos peñas; hecho el puente en seco; sacadas las aguas a correr bajo de Peñaullán por el curso actual hacia el Tiñoso; vendido el terreno del actual lecho para indemnizar el costo; establecido un pontazgo para el mismo fin; luego, un malecón desde la peña exterior de Peñaullán hasta la que está enfrente; obra que, con un camino de comunicación a la capital y la mejora del puerto de San Esteban, haría de Pravia el pueblo más rico y poblado del contorno; sería el paso a Galicia; el centro del tráfico interior desde Avilés a Luarca por la costa, y hasta Oviedo, por el centro. Al doblar la cuesta empieza a aparecer la deliciosa y grande vega de Pravia, con varios senos abiertos por el río entre hermosos y bien cultivados montezuelos. Se ve la villa, capital del concejo, retirada a la otra parte del río, en alto, y corriendo la orilla San Esteban de Muros sobre la ría navegable. De la parte de acá está el lugar de Soto, donde tienen también casa y hacienda los Pontes. Lugar de Las Riberas, hermoso, bien poblado y cultivado. Peñaullán, mala bajada al embarcadero; pásase el barco, y se halla un pedazo de nueva y buena carretera, por la cual se sube a la villa. A la izquierda de ella, una fuente llamada La Fontana, con asientos. Noche; llegada a la casa del Busto; buena cena y buena cama. Por la tarde a ver la Casa de Estudios: edificio cuadrado, dos aulas al lado de la puerta para leer, de ocho por trece pies de cabida; cátedra para el maestro; otras dos para gramática; dos maestros y dos clases de ella; el uno, Palicio; el otro, Molina, sacerdote; todos tienen buenas habitaciones. En el piso principal, en medio, el Ayuntamiento: una sola pieza. Patio sobre muy mezquinas pilastras o columnas polígonas almohadilladas. Dotación [650 ducados]. Pravia; su casco, noventa vecinos; la parroquia, que es de mucha extensión, trescientos lugares. Visita de Molina, maestro de rudimentos latinos. ¡Qué malas ideas acerca de la enseñanza! Su sueldo, 150 ducados; el de mayores (Palicio), 300, y el de primeras letras, 200, y todos casa; los niños dos horas de clase por la mañana; las dos clases de latinidad, juntas. Esta mañana se oyó misa en casa; fuimos después a la de la Colegiata, que es una iglesia de tres naves, de buena y sencilla arquitectura, harto grande y aseada, y que prueba las grandes ideas con que emprendió esta fundación el Sr. D. ... González Arango por los años de 1713. Pensó fundar canonjías, y quedaron sólo capellanías pobremente dotadas. Pasamos luego a la iglesia parroquial de San Andrés, que muestra bastante antigüedad en el arco toral punteado y las columnitas con capiteles de imaginería, que pertenecen al gusto y época de la arquitectura asturiana. No hay en esta iglesia antigüedad más notable que un 9


sepulcro que se halla en la capilla de los Inclanes, situada al lado del evangelio, y es una urna alta de piedra de grano, sostenida sobre cuatro leones, y en su cubierta y costados tiene veinte escudos, adornados con cinco flores de lis cada uno. […] El párroco ofrece reconocer el depósito de las reliquias. Paseo a Nuestra Señora del Valle, donde se hace un malecón para sostener una plazoleta ante la capilla. Se cree aparecida la imagen; es de barro cocido y forma moderna. Apuesto a que no sube del siglo xvi. [Narciso] López [Arango] nos acompaña. (Cuaderno séptimo. Viaje 31º. Gijón-Pravia-Gijón) Santianes Santianes; aquí la casa que posee Salas. Registro prolijo de la iglesia. En una capillita dedicada a Cristo crucificado, a los pies de ella, lado de la epístola, y en la pared de la capilla del mismo lado, está un pedazo de inscripción, corroída la piedra y por uno y otro ilegible; percíbese, sin embargo, lo siguiente ........................... CUMTA... (CH)RIS... ECCLESIA ........................... FAM ULUS GRATIAM A DEI AD ........................... El JUGIS A CHRISTO ........................... R NOS DIDATA DOMUS ........................... TAMUS FAMULI DEI ........................... UT NON ADTOLLAT SION. Reconocimos el altar mayor, y bajo de la piedra o mesa del altar hay una columna con cabeza cuadrada, donde podrán conservarse reliquias, y en la arca que las contenga alguna inscripción; el cura dice que la descubrirá, pero temo que no. En la torre, bajo la ventana, hay un cuadrado relleno de obra moderna, donde pudo estar el célebre laberinto de don Silo.

Los textos pertenecen a los cuadernos cuarto (viaje 8º, del 13 de al 17 de julio de 1792) y séptimo (viaje 31, del 30 de junio al 13 de julio de 1797) de los Diarios de Jovellanos y han sido seleccionados por Salvador Fernández , profesor de Historia del IES de Pravia. La obra completa de Jovellanos puede consultarse on line en: http://www.jovellanos2011.es

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El antiguo concejo de Pravia tras los pasos de Jovellanos