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La igualdad entre los niños y las niñas a la hora de jugar. Carlos era un niño al que sus padres abandonaron por su economía cuando tenía un mes. Lo dejaron en un callejón oscuro a las 6 de la mañana para que nadie los viera. Pasaron 3 horas y el anciano Rodolfo lo encontró porque estaba llorando. Él se lo entregó al orfanato del pueblo, donde lo cuidaron y lo alimentaron bien. A los 2 meses de estar allí una familia fue a adoptar a un bebe de unos 3 o 4 meses porque la mujer ya tenía unos 55 años y no tenía hijos, pero quería uno para cuidarlo junto a su marido en su casa de campo. Vieron muchos y no se decidían hasta que vieron a Carlos, que les pareció un niño noble y responsable. Le dijeron al encargado del orfanato que querían llevarse a Carlos para su casa y le preguntaron que si estaba vacunado y listo para ya llevárselo directamente y le dijeron que estaba todo perfecto y que no tendría que hacerle nada. Al irse el pequeño al pasar por una tienda vio un oso de peluche rosa que le encanto así que se puso a señalar el peluche y su madre lo vio señalando así que se lo compró. Él ya estaba feliz con el oso, su primer juguete. Dormía, jugaba, comía con él y no lo soltaba. Fueron pasando los años y en el primer día de primaria se llevó el oso como cuando lo hacía en infantil. Los niños se burlaban de él porque los otros jugaban con coches, pelotas y a él eso no le gustaba. Le decía a su madre que no entendía porque se burlaban de él, puesto que para él cada uno puede jugar con lo que quiere. Ella le dijo que no lo podía saber porque ella nunca sería así. Al día siguiente no llevo al oso y les preguntó porque se reían de él y le contestaron todos: ¡porque eso es de niñas! Se quedó ofendido y les explicó lo que era la igualdad entre los niños y las niñas. Lo comprendieron a la perfección así que desde ese día ya no se


burlaban ni se reían de él. Probó un día a jugar al fútbol y pareció ser muy bueno así que siguió y siguió en un club llamado Los Jardines. Quiso ser futbolista de mayor, de medio centro ofensivo para atacar y pasar a la vez. Con 21 años lo fichó un equipo de primera división española para jugar allí y tener una cláusula de 400.000 euros al año durante 4 años. Su vida acabó muy bien, claro que cuando se jubiló compró la tienda en la que compró su oso todavía en perfecto estado que guarda como si fuera una reliquia.


Relatos igualdad 2017  

Relatos de 5º y 6º presentados al concurso del Centro Cívico

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