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alberto villar campos Periodista

Presos rapados y el INPE ni se despeina

E

l coronel PNP Tomás Garay Durand, nada menos que el director del penal más hacinado de nuestro país, recordará dentro de algunos años que una de las decisiones que pintaba como la menos controvertida de su gestión casi le cuesta el puesto. En menos de diez días, el responsable de dirigir un reclusorio que alberga hoy a más de 8 mil presos –cuando

debería solo tener 2.500– fue temporalmente removido de su cargo luego de que la Defensoría del Pueblo y el propio jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), José Pérez Guadalupe, no estuvieran de acuerdo con su decisión de cortar el cabello a los internos. Polémica o no, la Inspectoría General de la policía concluyó que su decisión se amparaba en el Código de Función Penal, que establece que el director

debe velar por el aseo de los internos. Ayer el director volvió a su puesto y dijo que mantendrá su decisión porque la disciplina de los reos del penal es una prioridad. Entre otras cosas, a Garay se le reconocen las diez requisas que ha hecho en sus casi seis meses como jefe del penal, una cifra alta en comparación con sus antecesores, y en las cuales se han decomisado armas, cuchillos, celulares, droga, licor y ¡600 gallos de pelea! Sí, está leyendo bien: en Lurigancho los presos se amontonan en el piso para dormir, pero sobra espacio para criar aves. Si hacemos un cálculo simple, veremos que cada tres semanas, en promedio, los agentes que custodian el penal de Lurigancho debieron sacudir colchones, abrir rejas y escudriñar en paredes falsas para incautar un material fresquito e ilegal, listo para la

comercialización y la violencia dentro de los pabellones. ¿Cómo entró eso allí, quién lo dejó entrar? Pensemos un momento antes de aplaudir algo que es, a todas luces, una monumental falla en nuestro endeble sistema carcelario. Sería, pues, como celebrar a la Sunat cada vez que decomisa discos piratas en Polvos Azules, sabiendo que al día siguiente un paquetón igual de material llegará allí para seguir vendiéndose. Pérez Guadalupe, la Policía Nacional y el Ministerio de Justicia no hallan aún la forma de resolver la crisis en los penales, pero parece que se sintieron más cómodos incomodándose con pequeñísimas piedras en el zapato como la que Garay les puso en su camino. Y ello pese a que una infinidad de reportajes, incluidos los de este Diario, y la propia Defensoría del Pueblo,

hacinamiento imposible

las cárceles se siguen llenando de presos

— José Luis Pérez Guadalupe, jefe del INPE, sostuvo que este año las cárceles del país recibirán a 12 mil presos más, una cantidad que antes llegaba en cinco años. Actualmente hay 56 mil presos en todo el país, pero los penales tienen capacidad para albergar solo a 28 mil. palabras del jefe del inpe

hacer cumplir la ley con autoridad y respeto — “Vamos a hacer cumplir la ley dentro de las cárceles. Y lo vamos a hacer con autoridad y respeto”, dijo Pérez Guadalupe cuando asumió su cargo en el 2011. Lamentablemente, hasta el momento se trata de una promesa incumplida.

que también alzó su voz de protesta en este vergonzoso entuerto, les han dicho mil y una veces lo que ya se sabe: que los penales son cocinas que siguen horneando mafias y extorsionadores, amasando agentes penitenciarios que aceptan dinero a cambio de dejar pasar camiones llenos de cerveza para las juergas de los días de visita, y que reciben a delincuentes que no se despeinan cuando entran a pasar una temporada más tras las rejas. Son tiempos de alarma en los que mensualmente entran mil presos más a las cárceles del país, pero el INPE tiene un déficit de 3 mil agentes penitenciarios para custodiarlos. Es insólito, es cierto, pero eso sí que no es cuestionable, ¿o sí, señor Pérez Guadalupe?


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