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La sociedad contra el medio ambiente: Una destrucción en red Nos hemos multiplicado como células incontrolablemente; estas generan cáncer y producen la muerte; nosotros con nuestras actividades orientadas a la destrucción de todo lo que se mueve en el aire, agua, tierra, estamos generando mucho más que ello y estamos a punto de matar a un gigante que nos cobija en su vientre: El planeta tierra. (E.B.R)

Eduer Bernilla Rodriguez. Sociólogo (consultor, asesor, investigador, ponente y docente universitario en diversos temas sociales, ambientales, interculturales, tecnológicos, educativos), ebr_85_03@hotmail.com Facebook: Tecnosocialización sociología del conocimiento

La dinámica de la globalización, y la aceleración del crecimiento económico, incontrolado y espoleado por la búsqueda constante de competitividad han conducido a una destrucción masiva del medio ambiente. Tanto en áreas rurales como en las periferias de las grandes metrópolis, se está produciendo un deterioro irreversible del equilibrio ambiental que amenaza con degenerar en verdadero desastre ecológico. En ser humano vive no solamente en el medio ambiente, formando la gran comunidad de vida, él vive también en sociedad por eso hay una ecología social. La ecología social, es la ciencia o disciplina que trata de las formas como las diversas sociedades se relacionan con la naturaleza, con los recursos que ella brinda (minerales, agua, aire, árboles, frutos, flores, etc.), ve también las formas como se produce lo que necesitamos para vivir (acequias para riego, andenes para la siembra en las alturas, reservorios), ve también como se distribuyen estas riquezas (equidad entre los miembros de la sociedad para disfrutar de esas riquezas naturales) y cómo el ser humano mantiene un equilibrio con los sistemas ecológicos que son tan importantes para que haya la preservación de las condiciones que facilite vivir a la humanidad de manera adecuada, con calidad de vida. Resulta que nuestra civilización actualmente explota de manera ilimitada los recursos que ofrece la naturaleza. En todas las partes el hombre está siendo voraz en la destrucción de la tierra. En el aire atenta contra todo lo que se mueve, en el agua atenta contra todos los seres que allí habitan. Para poner solo un ejemplo en la Región Lambayeque en los puertos de Santa Rosa, San José y Pimentel la mayoría de pescadores se han dedicado a depredar a las caballas, jureles, y otras especies desde muy pequeñitas; pero no sólo eso es lo que la humanidad hace; sino que también en las diversas playas se arrojan vidrios, cartones, bolsas, botellas descartables por toneladas a través de los desagües y las prácticas diarias de verano. Con esto se está atentando directamente contra las especies como fitoplancton, del cual se alimenta el krill, de este se alimentan diversas especies de peces y de esos peces la humanidad. Diariamente caen toneladas de materiales sólidos, los cuales obviamente están tapando y desapareciendo a las especies de fitoplancton. Por ese lado ya hemos empezado a romper nuestra red social con la naturaleza y la naturaleza con nosotros, como diría Marx “El hombre atenta tanto contra la naturaleza que ésta tomará venganza” y ya lo hace en diversos lugares del planeta. Para el creador de la palabra biodiversidad, Edward Wilson, el ser humano se ha convertido en el satán de la tierra, ha transformado el edén en un morticinio y el paraíso ocupado en un paraíso perdido: Al satán mencionado no le importa nada más que el placer de disfrutar sin límites de cada uno de los productos que encuentra en el vientre del 1


planeta; los minerales son extraídos de todas las canteras donde se las ubique por más difíciles que parezcan, a los peces se les mata y se les consume por más pequeños que ellos estén. No hay reglas, normas, ni leyes que impidan a la fuerza de este ser humano global destruir su hogar, su espacio, su paraíso. La cultura nuestra vive de dos infinitos. En primer lugar en el infinito de los recursos de la tierra que podemos explotar, explotar y explotar sin límites porque el horizonte ecológico es inmenso; pero eso es una ilusión, un craso error porque en todo los rincones del planeta hay seres humanos y todos tenemos de alguna u otra manera el esquema mental de que lo natural se regenera, que lo natural es eterno; cuando ya hemos matado a nuestro planeta, es como si a un insecto se le clavara miles de agujazos en el cuerpo. La explotación de nuestro sistema se hace de manera incontrolada, todo el mundo hace lo que quiera con ella y la destrucción se está multiplicando como la multiplicación de células, que al no ser controlados terminan generando cáncer en el cuerpo humano, realmente parece que cada ser humano representa una célula y las actividades perversas en contra de la naturaleza se multiplican hasta generar su destrucción total. Resulta que en realidad la tierra es pequeña, con recursos limitados y muchos no renovables. El otro infinito es que podemos seguir desarrollando infinitamente y eso es dañino, destructivo, fatal para nuestro sistema ecológico. Por un lado los países ricos como China, Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia e Italia siguen creciendo en base a los recursos naturales que extraen de los países que hoy en día son calificados como pobres, en vías de desarrollo o tercermundistas. Los análisis se han preocupado hasta hora de muchos conceptos, se han producido miles de debates en torno a ellos; pero no se ha aterrizado aun en soluciones concretas para la humanidad. Los países como la China son los que menos quieren compartir sus riquezas en favor de la conservación del medio ambiente según las últimas cumbres sobre esta problemática. Esto hace ver que estamos ante un sistema imperante que favorece solo a un puñado de ciudadanos del mundo, en términos numéricos veinte por ciento de la humanidad consume ochenta por ciento de todos los recursos naturales, esto es lo que ha generado dos tipos de injusticia: social y ecológica.

La justicia social se expresa a través de multiplicación de las desigualdades sociales, hambre en diversos pueblos, pobreza, exclusión, en palabras del ecologista social, Leonardo Boff “una humanidad crucificada: con esto la fachada social de la tierra, muestra un rostro demacrado, pobre, triste, desamparado, hambriento”. La injusticia ecológica por su parte se expresa a través de la destrucción de los ecosistemas, cada 2


año desparecen a raíz de la explotación sin límites, sin control de parte de la humanidad tres mil quinientos especies y cada especie es como un libro abierto, donde estaría posiblemente la solución para las enfermedades de la humanidad como el SIDA, Alzheimer, Cáncer, Hepatitis y otras enfermedades. Tenemos miles, millones de plantas curativas, gozamos de la presencia de miles de especies animales que también contribuyen a la salud de la humanidad; sin embargo se le ha quitado su habitad, se le ha cazado, se le ha matado, se le ha desaparecido y ahora parece imposible encontrar la solución a problemas tan sencillos de salud porque ni siquiera tenemos una cultura o práctica social naturista como lo tuvieron nuestros ancestros, hemos involucionado porque la mayoría no conocemos ni siquiera las propiedades de los alimentos que consumimos; mientras que nuestros ancestros, en su mayoría, conocían las especies curativas. Los seres humanos en nuestra práctica diaria de una u otra manera siempre nos vinculamos directamente a la destrucción de nuestro sistema ecológico. Un ejemplo muy práctico, que alumbra una realidad muy compleja tiene que ver con la construcción de los vertederos de desechos fecales o desagües construidos a gran escala en casi todos los rincones del planeta. En la actualidad a todos los gobiernos regionales y locales se les ha metido en el cerebro colocar desagüe, incluso en cada uno de los caseríos alto andinos. Así que se ha convertido en obras prioritarias, de primera necesidad para la humanidad de cualquier pueblo; pero como en todo espacio, hay siempre dos polos (negativo y positivo) en este caso la lógica es la misma o similar. Se ha instalado desagüe a lo largo de todos los caseríos que están ubicados en torno a las cuencas en los diversos ríos que van a dar sus aguas a las grandes ciudades de la costa. Para ilustrar el gran problema socioecológico basta observar un pequeño suceso a lo largo de la cuenca del Rio Penachí, río que alimenta al Rio Motupe y que luego forman lo que se conoce como el valle La Leche, en la Región Lambayeque. En torno a la cuenca del Rio Penachí, se ubican tres centros poblados no muy grandes, demográficamente hablando. El primer Centro Poblado es Penachí, el cuál en promedio tiene unos 500 pobladores, la misma cantidad de ciudadanos encontramos en el C.P Kerguer y La Ramada. Sólo para el caso de estos tres centros poblados si tomamos como promedio mil (1000) usuarios de los servicios de desagüe, estamos hablando de quince mil litros (15 000) de orina al mes (si tomamos como referencia 15 litros de orín por poblador); si centramos la mirada en el excremento de los pobladores y calculamos esta sobre la base de que cada poblador excreta 400 gr por día, entonces por poblador al mes tenemos 12 000 gr o 12 kg, esto a escala de los 1000 pobladores, lo cual indica que se produce 12 000 kg o 12 toneladas de excremento. Esa es la cantidad de orinas y excrementos que circula cada mes por el Río Penachí.

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Este ejemplo ilustra el modo como estamos rodeados de orina y excremento en todo la Región Lambayeque, si miramos de manera global, el problema, es aún más gravísimo. Anteriormente este problema no se manifestaba de ese modo porque los pobladores de estos pueblos alojados en las cuencas, cabeceras de cuenca o cercanas a ellas, hacían sus necesidades fisiológicas en lugares abiertos, en muchos de los casos se iban a sus chacras y cada uno de estos residuos fecales se descomponía de manera muy natural y servía de abono a sus plantas; esto parecía hacer menos daño al planeta; al contrario contribuía con su ciclo normal. De pronto el hombre pensó que esto de botar las heces por cualquier parte estaba muy mal y que era muy sucio de parte de estos pobladores, se optó por construir en un primer momento sus letrinas, pozos ciegos y otros. Después se pensó que era necesario canalizar las heces y orinas en tubos de desagüe, así se le hizo, se canalizaron todos los desechos fecales y se les envió hacia los pozos (en la mayoría de los pueblos andinos) ubicados en una quebrada y de estas se deslizan directamente a los ríos. En el caso del desagüe del Centro Poblado Penachí, éste desemboca justamente en la quebrada que está debajo del pueblo y desemboca directamente en el Rio Penachí, en la parte más baja está Kerguer el cual hace lo mismo. La quebrada de desagüe lleva también esas aguas al rio del mismo nombre, lo mismo hace la Ramada. Más a la parte de la costa hay caseríos, pueblos que consumen agua directamente del rio. Estas aguas son destinados para consumo humano (no cuentan con agua potable) cogen agua de la fuente, es decir el río. Hasta el momento, ninguna autoridad local de los distritos de Chochope, Motupe o Salas han dicho algo al respecto. Los pobladores por cuestiones culturales parecen estar poco interesados en el tipo de agua que consumen, las costumbres de estos pueblos dicen que las aguas del rio nunca se ensucian “el rio bota toda las cochinadas al canto o esquina” anuncian los pobladores, es por ello que la mayoría llena sus poronguitos, baldes o cualquier otro depósito al centro del rio. El agua en todas sus dimensiones sigue siendo un ente cien por ciento natural y cien por ciento cultural para el hombre. A lo largo del Valle Chancay en la otra cara de la Región Lambayeque sucede lo mismo, pues la mayoría de las aguas que alimentan a este valle provienen de las cuencas, subcuencas y microcuencas de Cajamarca. A lo largo de ese recorrido se han identificado más de 50 vertederos de basura, 29 vertederos de desagüe de los pueblos asentados por esa zona y unos 59 vertederos de desagües por minerales, todas estas aguas finalmente son canalizadas hasta el Valle Chancay; pero ojo hay también una parte de estas aguas que son consumidas por los pobladores de los 4


diversos Distritos de las Provincias de Chiclayo y Lambayeque. Entonces la pregunta es ¿Estamos consumiendo agua de calidad? ¿El agua que utilizamos día a día es realmente pura? ¿Estamos consumiendo agua que puede atentar contra nuestra salud? ¿Qué hacer ante estos problemas que afectan no sólo a la Región Lambayeque sino a la Humanidad Global? En la Región Amazonas el rio más contaminado por desagües y actividades humanas es el Utcubamba. Este rio tiene en su recorrido a cinco provincias: Chachapoyas, Luya, Bongará, Utcubamba y Bagua: Cada uno de estas provincias cuenta con varios distritos y en su mayoría los desagües y vertederos van dar a los ríos de las diversas ciudades.

Una particularidad que llama la atención muchísimo, en la Región Junín, especialmente en la Provincia de Yauli La Oroya es el modo como la población utiliza al río Yauli como tubo central del desagüe, vale decir que la mayoría de los pobladores de esta ciudad han instalado sus tuberías de desagüe directamente al rio, ya que esta pasa por el centro de la ciudad. Estas aguas más abajo se unen a un rio de renombre y en cuyo seno se ubica la central hidroeléctrica más grande del Perú: El Mantaro.

En la mayoría de los casos en estudios de cuencas y microcuencas las diversas instituciones como Autoridad Nacional del Agua, Autoridad Regional de Agua, EPSEL (consumo humano), Autoridades Locales del Agua (ALA), juntas de usuarios y otros no cuentan con estudios concretos y de actualización constante sobre la calidad y cantidad de agua, esto debido al poco presupuesto que se invierte en el estudio de los mismos, escasos profesionales con perfiles y competencias para realizar dichos estudios, falta de equipos especializados para el análisis de los diversos problemas de calidad del agua. Compete no solo a estas instituciones sino a la humanidad entera de las grandes ciudades, de los distritos, de los centros poblados y caseríos articular esfuerzos, socializar ideas, propuestas, necesidades, propósitos para solucionar estos problemas de contaminación del agua. En síntesis, para alcanzar un desarrollo sostenible, primero tenemos que alcanzar una sociedad sostenible, una sociedad en la que todas las interacciones entre los seres 5


humanos nos lleven a cuidar nuestra red de relaciones con los otros seres vivos, con el espacio fĂ­sico y con todo lo que existe en nuestro entorno.

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La sociedad contra el medio ambiente una destrucción en red  
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