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las patas bien cargadas de tomillo; y pacen madroños por doquiera, jara y sauces glaucos y azafrán colorado y jacintos azules y resinosos tilos. Hay para todas ellas un único descanso, un único trabajo. Salen muy de mañana corriendo por las puertas; no hay tiempo que perder; y cuando a la tarde el véspero las llama otra vez a que dejen los pastos en los campos, entonces a las casas se vuelven y atienden del cuerpo los cuidados; suena un ruido, zumban por todo alrededor de umbrales y piqueras. Luego llega el silencio, cuando en las alcobas ya están recogidas, y el sueño las invade, sus miembros agotados. Mas no se alejan mucho si llueve de su albergue ni se fían del cielo cuando soplan los euros, antes bien se abastan de agua alrededor, seguras en el castro, al pie de las murallas, y cortas excursiones intentan y a menudo sostienen piedrecicas, como el lastre que llevan en aguas encrespadas las barcas inseguras, con ellas se equilibran por las vacías nieblas. [Las abejas trascendentes] Asombra una costumbre que es grata a las abejas, que ni quieren la cópula ni a Venus indolentes abandonan sus cuerpos o paren con esfuerzo: ellas mismas, en cambio, escogen con la trompa las crías de las hojas, de las delgadas hierbas, ellas mismas procuran un rey y sus pequeños ciudadanos, y erigen la corte nuevamente y los reinos de cera. A menudo, incluso, las alas contra duros peñascos se quebraron en su errante vagar, y bajo los bagajes el alma se dejaron: tanto aman las flores y tanta es la gloria de fabricar la miel. Así, aunque de su breve vida el fin les llegue, pues no va más allá del séptimo verano, sin embargo perdura la raza inmortal y aguanta muchos años la dicha de la casa y se cuentan abuelos de abuelos. Así es que ni el Egipto venera de tal modo a su rey ni la Lidia anchurosa o los pueblos de los partos o el Hidaspes medo. Mientras el rey les dura [61]

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Las geórgicas de virgilio en verso alejandrino (2)  

Traducción de Antonio Castellote

Las geórgicas de virgilio en verso alejandrino (2)  

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