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RELATOS. PRIMER CAPรTULO DE UNA FUTURA NOVELA. Alumnos de 3ยบ ESO.


CAPITULO 1 ¿DE DÓNDE VIENE LA NIEBLA? Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla… Paul iba mirando al suelo, parecía que la niebla fluía de este, daba un aire de terror, pero Paul fue rápido a encontrarse con su abuelo, fallecido, al que recordaba mucho ya que más que su abuelo él fue más su amigo siempre habían estado juntos y su muerte le había afectado mucho. Nada más acabar de rezar a su abuelo Paul volvió a su casa. Su casa era más bien un apartamento de dos plantas, abajo se hallaba la cocina, el salón y un pequeño cuarto de baño, en la parte de arriba se distribuían cuatro habitaciones, la de Paul tiene muchos juguetes de su infancia en las estanterías, un escritorio lleno de papeles, con un armario empotrado y la cama era desplegable, la de Cariba, la hermana mayor, era muy grande con un tocador un armario empotrado la cama estaba llena de cojines morados y rosas y un escritorio muy ordenado, la de los padres de los niños era muy simple con un armario de punta a punta de la habitación la cama en frente de este. Su madre, Emily, es rubia de ojos muy oscuros y de cuerpo esbelto. Su padre estaba en casa solo en vacaciones de Navidad y de verano, era moreno de ojos marrones y una constitución muy fuerte. Cariba es como su madre, casi idéntica solo se diferencia de ella en el humor heredado de su padre. Paul es más parecido a su padre, pero los ojos son los que tenía su madre, él tenía 14 años. Paul después de ir al cementerio fue a buscar a su amigo Jake que vive enfrente de él y tiene los mismos años. Se iba al instituto a las nueve menos cuarto como todos los días, esa mañana fueron hablando de la niebla, en ese pueblo la niebla no era habitual más bien se podría decir que solo había habido niebla dos veces el aquel año pero habían sido nieblas altas. Una vez en el instituto, que es bastante grande sin embargo, no lo suficiente como para tantos alumnos como había, este, estaba dividido en tres plantas, abajo las salas de reunión y las de profesores, en la segunda las clases de primero a tercero de la eso y en la tercera estaban las clases de cuarto de la eso y primero y segundo de bachiller, todo el mundo hablaba de esa extraña niebla de la mañana, y cuando entraron en clase el profesor de geografía, Noé, un hombres serio pero de carácter amable, casi calvo, de ojos marrones y de tez blanca, les dijo: -Esta niebla no es motivo de preocupación, chicos, solo es producida por una serie de evaporación de las aguas subterráneas. Los encargados de controlar estas


aguas han tomado medidas para eliminar cierta cantidad de estas porque si no se empezarían a provocar humedades en algunos edificios, después de evaporarlas se recogerán por una serie de métodos para que no vuelvan a filtrarse. El ayuntamiento avisó por carta a muchos habitantes pero no todas las cartas han llegado porque ha habido recortes de personal en correos y por lo tanto no has y carteros suficientes para funcionar tan rápido como se quisiera por lo tanto a muchos les llegaran más tarde. Los alumnos se empezaron a tranquilizar, y al final de la jornada ya no se habló de la niebla. Jake y Paul se fueron a comer a sus respectivas casas y les contaron lo que les había dicho Noé, el profesor de geografía. Después de comer Jake fue a casa de Paul para hacer los deberes y hablaron de la niebla: -No sé cómo se ha podido almacenar tanta agua como para tener que recurrir a este recurso de evaporar agua.-dijo Paul. -Yo tampoco, me parece que no están muy bien los almacenamientos subterráneos. Paul y Jake estuvieron hablando mucho sobre todo lo ocurrido, hicieron dibujos de cómo se podría arreglar pero no sabían si les harían caso ya que a pesar de que entendían mucho sobre todo aquello no dejaban de ser niños.


CAPÍTULO 1. Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla, o que esa mañana como ya hacía tradición no se encontró con el viejo Adolfo que visitaba a su difunta esposa. Entró al cementerio para darse una vuelta y comprobar que toda estada igual y mirar la gran brújula que había en el centro del altar mayor. A medida que se fue acercando podía ver un cuerpo con un sombrero pero no estaba de pie, sino tumbado. Cuando llegó vio al viejo Adolfo desplomado sobre la brújula. Rápidamente salió corriendo hacia la comisaría que se encontraba a dos manzanas. Cuando llegó a la comisaría le explicó todo al policía e inmediatamente se pusieron en camino. Allí seguía el viejo Adolfo en una de las peores y macabras maneras de morir tenía clavos en las palmas de las manos y sobre los pies, había muerto clavado a la brújula y con la sangre derramada un dibujo en forma de cruz sobre su pecho. El policía fue avisar a más refuerzos, cuando vinieron entre todos los que estaban presentes le quitaron de la brújula y le envolvieron en mantas para ofrecer un funeral al día siguiente. Paul estaba traumatizado por todo lo visto así que fue a la iglesia para buscar consuelo un el padre Joffre. Cuando atravesaba la calle pasó el pregonero anunciando una ejecución de un hereje. Paul entró a la iglesia para hablar con el padre y para su sorpresa le encontró dando voces y empujando a su monaguillo. Al ver que entró Paul se calmó e intentó disimular. -Padre puedo hablar con usted sobre lo ocurrido en el cementerio. -Claro hijo, siempre tengo tiempo para todos mis hijos, cuénteme. Paul le contó todo y el padre Joffre reaccionó de una manera inesperada, hizo una mueca de felicidad y se fue hacia el altar. Paul extrañado por esa mueca se fue hacía su casa pensando en esa mueca tan rara, en su puerta se encontró al policía, que quería hacerle unas preguntas. Paul le contó todo lo que había visto y la extraña mueca del cura. El policía le contó que a él tampoco le gustaba demasiado el cura, era demasiado interesado por ciertas cosas. Cuando llegó la tarde Paul fue a la ejecución del hereje y vio al padre Joffre con las manos cerradas con los puños como si desease la ejecución de ese hombre a toda costa. Después del acto se le acercó su vecina Sandra quería invitarle a cenar y hablar en privado con él, Paul aceptó. Llegó la hora de la cena y la primera pregunta de Sandra fue lo que había pasado en cementerio, Paul se lo volvió a contar y ella se puso un tanto nerviosa. -Sandra… ¿Te pasa algo? Estás muy nerviosa.


- Es que…ahora que hablas un poco del padre Joffre...un día estaba rezando y el padre se me quedo mirando el escote, es más me empezó acariciar y tuve que salir corriendo, desde entonces no voy a la iglesia me da miedo ese hombre. -Ese hombre no es normal, oculta algo serio y no descarto la posibilidad de que esté relacionado con la muerte del viejo Adolfo. A la mañana siguiente volví al cementerio y pasé por la comisaría el policía me vio y decidió acompañarle, así hacía una inspección. Cuando entraron en el suelo tenía unas manchas de sangre ambos muy extrañados fueron hacia la brújula. Allí encontraron al monaguillo del padre Joffre de la misma manera que el viejo Adolfo. En su frente se podía leer la palabra hereje. Ambos pensaron en el padre Joffre, cuando levantaron la cabeza pudieron observar que en todas las tumbas ponía hereje. Salieron corriendo hacia la comisaría para ir a por más policías pero encontraron a una fila de gente gritando que habían matado a cinco mujeres. Paul y el policía mandaron a más policías para que envolviesen al monaguillo mientras que ellos iban a ver lo sucedido con las mujeres, todas muertas en la iglesia, cada una en una columna con un cuchillo atravesado en la boca y con clavos. Se quedaron perplejos al ver tanta muerte pero la palabra hereje no cesaba. Allí estaba Sandra, una de las mujeres muertas era su hermana. Paula se acercó y la consoló pero cuando se acercó observó que los vestidos de ellas no eran los suyos si no unas sotanas de un cura. Cuando vieron al cura por lo único que se preocupó eran por sus sotanas. Ya fue cayendo el día y el policía y Paul decidieron hacer guardia en el cementerio escondidos entre las tumbas. Al cabo de unas horas oyeron un grito desgarrador y a dos hombres portando un cuerpo, el policía y Paul salieron corriendo hacia ellos consiguieron arrebatarles el cuerpo y apresaron a uno de ellos, al otro lo mataron cortándole el cuello. Al que apresaron le preguntaron porque hacia eso y les contestó que él era un sicario de una buena persona y en ese momento se mordió la lengua y se mató a sí mismo. Cuando abrieron la manta encontraron a otro vecino del pueblo. Lo dejaron todo en el cementerio y fueron inmediatamente a por el cura, él sería quien estaría detrás de todas esas macabras muertes. Cuando llegaron a su casa se encontraron al cura decapitado, sentado en una silla con su cabeza sujetada por sus manos. Y en su escritorio una carta: Si os pensáis que he sido yo, estáis muy equivocados, como también lo estabais conmigo, he sido un hereje, lo soy y lo seré hasta que alcance el infierno, a quien buscáis es alguien más interesante, insospechado y que os puede matar ahora mismo. En efecto apareció un hombre enmascarado con una catana que le rajó de arriba abajo al policía. ¿Y Paul dónde estaría?


CAPÍTULO 1. Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla...Después de haber ido al cementerio para ponerle flores a su madre que había muerto hace cinco años atrás. Después se dirigió hacia el instituto que le tocaba examen a primera hora de lengua, el no había estudiado nada. No sabía qué hacer porque nunca había suspendido un examen, el iba pensando en eso y no le daba mucha importancia a la carretera cuando de repente escuchó un ruido muy raro que provenía de la iglesia. Paul entró allí y solo vio a Tomas, el sacerdote del pueblo. Paul le preguntó: -¿Qué ha pasado? He escuchado un ruido muy raro. -Nada hijo…nada… Pese a lo que le dijo Tomas él había visto que caían unas gotitas rojas de su mano. Salió de la iglesia pero después de dar como seis pasos volvió a escuchar ese mismo ruido, parecía como el de una niña que llorara. Paul volvió a entrar en la iglesia y vio al padre Tomas tumbado en el suelo, no sabía que hacer, a quién llamar…Entonces oyó unas voces desde fuera él fue a pedir ayuda. Después de un cuarto de hora más o menos vino la ambulancia junto con la policía y preguntaron quien había llamado a la policía y quién lo había visto primero. Paul contestó: -Yo señor, iba por la calle para ir al instituto y oí un grito dentro de la iglesia, vi al padre Tomas y le pregunté qué había pasado, me dijo que nada pero yo vi como si le goteara sangre de la mano. Después me volví a ir y de repente otra vez ese grito, miré hacía dentro y lo vi tumbado en el suelo. -¿Entonces oíste un ruido? -Si como si una niña llorara.


-Bueno no te asustes por lo que acabas de ver lo investigaremos, ahora puedes irte al instituto, lo mas importante no cuentes nada a nadie hasta que logremos saber con certeza lo que ha pasado aquí. -Vale, no contaré nada, ¡Hasta luego! -¡Hasta luego! Después llego al instituto un cuarto de hora tarde y como tenía examen la profesora le pregunta: -¿Qué te ha pasado Paul? -Nada profesora que me había dormido. -Entonces no te puedo hacer el examen no sería justo para ti, ni para tus compañeros que te deje más tiempo a ti, por tanto te lo haré mañana. -Vale -Ahora siéntate y no hagas ruido. Se sentó en una mesa del final de la clase y se puso a pensar en lo que había pasado antes. Cuando tocó el timbre se sentó con su amiga Karen. A segunda hora les tocaba no religión entonces podían hablar. El le contó lo que le había pasado antes, aunque no tenía que contar nada él se lo contó. Después Karen le preguntó: -¿Cómo vas a oír como una voz de una niña? -No se pero te lo juro si que la oí. -A lo mejor era una niña de la calle. -No venía de la iglesia. Después de clase le pidió a Karen que si le podía acompañar a la iglesia ella le dijo que si. Cuando llegaron a la iglesia no había nadie, entonces entraron dentro y lo vieron todo igual que cuando iban a misa los domingos, menos una cosa: La cruz de la pared estaba al revés, eso significaba que alguien tuvo que matar al padre Tomas.


CAPÍTULO 1. Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla, que aún no había amanecido o la mezcla de las dos cosas. Mientras Paul buscaba una determinada tumba comenzó a notar como un extraño sopor iba apoderándose de su cuerpo y para cuando se quiso dar cuenta estaba flotando en el aire, aunque no veía el cielo, solo veía un techo blanco a menos de un palmo de su cara. Por alguna extraña razón que no comprendía no podía moverse, le dolía cada vez que lo intentaba. de repente notó que algo cambiaba. Poco a poco el aire que le sujetaba iba perdiendo densidad hasta que cayó de golpe contra el suelo. Ya habían pasado dos horas como pudo comprobar por su reloj cuando se le empezó a desentumecer el cuerpo, se fijó en donde estaba, no había nadie más en aquel habitáculo en el que solo había una puerta metálica cerrada a cal y canto, paul estaba confuso no podía explicarse como había llegado ahí, fijándose mejor empezó a ver extraños símbolos en las parédes. Pasadas tres horas más paul no sabía que hacer, había encontrado una nota en la puerta en la que ponía "si quieres salir resuelve el problema" , de que problema hablaba, no lo sabía, solo sabía que tenía que salir de ese lugar como fuera. Al cabo de dos horas más pensando se fijó en que la pared tenía unos orificios minúsculos practicamente invisibles pero que se podía soplar por ellos. Cada vez paul estaba más confuso y más cansado, llevaba nuchas horas sin comer. Sin embargo poco a poco y sin darse cuenta estaba avanzando hacia la solución del problema, aquella habitación cada vez iba revelándole más cosas que a simple vista eran imposibles de percibir, lo primero eran los símbolos, luego había visto como una de las valdosas del suelo cambiaba de color según pasaba el tiempo y nunca era blanca como el resto de baldosas, al abrirla había descubierto un grifo, despues estaba lo de los agujeros y lo de la nota,¿qué querrian decir todas esas cosas? Despues de una hora Paul había dado con la solución del problema, todos los símbolos de la habitación formaban una serie con un orden lógico, hacía un rato que lo


había descubierto pero no sabía como comunicárselo a quien le hubiera metido ahí. Había probado gritando pero nada. Al rato empezó a darse cuenta de que algunos símbolos parecían letras y que había algo escrito en algún lenguaje extraño que Paul no conocía, las palabras eran estas

"ecssoa cnnrg irbe el o". se pasó un día entero pensando en las palabras

ecribiéndolas con agu en el suelo hasta que dió con la solución. Si cogía la primera y la cuarta letra de cada palabra y la segunda y la quinta y la tercera y la sexta se formaba escribeo conrl sange . Eso hizo, se mordió el pulgar y escribió la solución en la puerta la que poco a poco comenzó a abrirse.


CAPITULO I Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla... ¿Por qué sería? Lo único que había cambiado era que habían puesto unas macetas repletas de flores, y que el domingo pasado habían enterrado a la Srta. Garcés .Paul era un hombre de cuarenta y cinco años de edad, tenia una estatura mediana, con el pelo canoso y el rostro apenado continuamente, al igual que sus ojos verdes. Iba al cementerio desde hacia cinco años, se sentaba junto a la lápida de su mujer, y recordaba lo que había hecho durante el día, miraba el cielo y saludaba a los que iban llevar flores a otras lápidas. Esa tarde el suelo estaba cubierto, hasta la altura de sus rodillas, de una densa niebla, casi asfixiante. Pero eso no le preocupo se sentó junto a una lapida que citaba: “Mª José Martínez 1968-2002. Reflexiono sobre las clases que había impartido esa mañana y sobre el cielo lleno de nubarrones oscuros. De repente se oyó un ruido extraño, como si alguien le estuviese dando golpes a una superficie de madera, levantó la mirada pero no vio absolutamente nada, solo esa espesa niebla que cada vez era mayor. Y volvió a sus pensamientos. Cuando llego a su casa, como siempre, encendió las luces y se fue a cenar, pero sobre la mesa de la entrada había un papel doblado por la mitad. Lo cogió extrañado, ¿quién podría haber entrado a la fuerza simplemente para dejar una nota?:

No vuelvas a ir al cementerio, desde el entierro de la Srta. Garcés, ya no es seguro, es una advertencia… Paul abrió los ojos tanto como pudo, ¿qué quería decir eso? Pensó que sería una broma pesada, pero aun así se asusto. Cenó y se fue a su habitación, pero no concilió el sueño… ¿De quien podría ser la nota?¿por qué era peligroso ir al cementerio? ¿y qué relación tenía con la Srta.Garcés? Al terminar de impartir sus clases de literatura, se dirigió como de costumbre, al cementerio. Al llegar, para su sorpresa, descubrió que la niebla seguía igual de espesa, pero había otro cambio. Había un hombre delgado y alto junto a la tumba de la Srta. Garcés. No le vio muy bien a causa de la niebla, así que se acercó. Ese hombre no era del pueblo, jamás le había visto en los veintitrés años que llevaba viviendo allí. -Perdone, ¿es usted familiar?- dijo señalando la lápida -No- dijo girando levemente el rostro- pero la conocía bastante, y cuando me informaron de su muerte vine inmediatamente.


Tenía el rostro pálido, y estirado; desgastado por los años. Debería tener unos treinta y tantos años casi cuarenta. -Nunca le había visto por aquí- aunque la Srta. Garcés, no era muy social -Mire, esto no es de su incumbencia- se puso frente a Paul para lanzarle una mirada fulminante y después se marchó, despareciendo entre la niebla. Paul se dirigió a su sitio habitual, pero no podía hacer lo habitual, en vez de eso pensó en ese hombre tan misterioso, y en la nota que encontró el día anterior. ¿Guardarían algún tipo de relación? ¿Y de ser así, por que iba estar en ese cementerio tan “peligroso”? Había demasiadas preguntas sin respuestas. Estaba absorto en sus pensamientos cuando escucho el mismo ruido, unos golpes en una madera, como en una puerta, pero hoy eran mucho más ansiosos… Dio un respingo, se puso en pie, y se dirigió aprisa a su casa, ni siquiera se molesto en mirar de donde provenía el sonido después de las cosas que le habían ocurrido. Al llegar a su casa, se dio cuenta de que tenia la nevera vacía. Cogió las llaves del coche y se fue al supermercado. Al volver aparcó su coche en la acera de enfrente de su casa, y se dirigió a la puerta. Sintió unos ojos clavados en su espalda. Se giró pero no vio nada más que una alta y delgada silueta en el descampado que se extendía delante de la casa. Pensó que serian imaginaciones suyas. Hizo la cena y se fue a dormir. Al despertarse, se quedo un rato en la cama ya que era sábado y no tenía trabajo. Llamaron a su puerta, así que se levantó deprisa, se puso su bata y se dirigió a la entrada. -Hola Paul, ¿has visto a ese hombre tan extraño que ha llegado al pueblo? Dicen que ha reservado una habitación en el hostal para el fin de semana- se trataba de Ana, la llamaban “la cotilla del pueblo”, era una chica de baja estatura, de pelo claro, ojos oscuras y voz aguda. A Paul le gustaba hablar con ella, por que desde la muerte de su mujer iba del trabajo al cementerio, y del cementerio a casa, así que no se esteraba de lo que ocurría en el pueblo. Y Ana era la persona idónea para in formarle. -Le conocí, o más bien hable un poco con el ayer, junto a la lápida de la Srta. Garcés- se hizo a un lado para que pudiera pasar, entró rápidamente y se sentó en el sofá. -Dicen que eran amantes, pero no ha hablado con nadie, de todas formas nadie se atreve a dirigirle la palabra, pues es un hombre muy extraño- estaba muy habladora esa mañana -El jueves al llegar a mi casa, encontré una nota- no sabia si se lo debía contar pero no le parecía un secret


-¿Qué ponía? ¿y que tiene que ver eso con este hombre? ¿Era de el?- se estaba impacientando, así que Paul se levanto para volver con el papel en la mano, que le dio a Ana. Estuvieron toda la mañana hablando de aquel hombre, de la nota y del cementerio, luego Ana se fue, y Paul siguió con su rutina, comió y se fue al cementerio. Antes de irse a su “lápida favorita”, inspeccionó con la mirada el cementerio, aunque era casi imposible por esa niebla… Nada mas sentarse escuchó de nuevo aquellos golpes, se levantó rápidamente y se dirigió al final del cementerio de donde provenían aquellos golpes. Volvió a escucharlos, corrió hacia esa tumba, y para su sorpresa, descubrió que se trataba de la de la Srta. Garcés, recordó la nota, a aquel hombre y salió corriendo. Sabia que alguien le perseguía y puesto que no le llamaban ni le pedía que parara, imagino que no seria buna idea pararse a ver de quien se trataba. Sus piernas ya no podían más entonces aflojó su carrera, y pudo escuchar con mas atención -¡Paul! Para por favor, que soy yo, ¡para! Era Ana, Paul paró y dio media vuelta. -¿Qué te ocurre? ¿Por qué has salido corriendo?- Paul llegó a donde estaba Ana¡Pero si estás pálido! -Estaba…-paro un momento para coger una bocanada de aire y poder continuarEstaba en el cementerio, como de costumbre y… -Respira, coge aire-Ana dirigió a Paul al banco más cercano para que se sentaran- ¿Ya? -Estaba sentado donde siempre y he oído unos golpes, los mismos que he oído desde el jueves pero esta vez e querido averiguar de que se trataba- Ana abrió tanto los ojos con el relato que si podrían se le hubieran salido de las órbitas- y cuando me acerqué a la lápida de la Srta. Garcés, he oído unos golpes, como si estuviera viva… -Pero eso es imposible lo comprobaron el forense y los policías- se levantó de un salto agarró de la mano Paul, y tiró lo mas fuerte que pudo con sus delicadas manos -¿Qué haces?- Paul intentó resistirse a los tirones -Vamos a ver que porras ocurre en ese cementerio, y la tal Srta. Garcés Entraron en el cementerio, con esa niebla espantosa que les llegaba por la cintura. Al acercarse al final del cementerio, descubrieron esa silueta alta y delgada, aun que les resultó curioso, puesto que habían estado en la calle del cementerio y no había pasado nadie. De aquel hombre misterioso salió una estruendosa risa forzada -Paul, Paul, Paul… - dio un paso al frente- así que lo has descubierto…


-¿Descubrir que?- Paul estaba aterrorizado- ¿Quién eres tu? -Soy el amante de Rosario Garcés- dio otro paso más en la dirección de Paul, este había puesto a Ana detrás de el- y los golpes que acabas de oír son los de sus patéticos intentos de salir de su tumba- sonrió con ganas, aunque Paul se horrorizaba cada vez más- ya debe quedarle poco… -¿Tu le has hecho esto?¿Y para que has venido? Paul se arrepintió de lo que había dicho tan pronto como acabó la frase, quería escapar y salir corriendo pero estaba paralizado, al igual que Ana -Aquí las preguntas las hago yo- rugió aquel extraño, y en el acto saco de su gabardina un enorme puñal afilado- ¿que os parece este plan?- dijo dando un paso más, ahora estaba a escasos metros de la posición de Paul- os cuento mi historia y despuésensanchó su sonrisa todo lo que pudo- os mato. Paul balbuceo unas palabras irreconocibles así que aquel extraño, o más bien, aquel asesino, prosiguió.

Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla... Pero la niebla no era motivo de esa estraña sensación, en Gaunchville siempre había niebla ya que está situado al norte de gran Bretaña, era como si hubiese alguien más, como un resplandor oculto por la gran capa d niebla que no dejaba ver más de 2 metros alrededor. De pronto Paul vio una sombra, todavía no se podía contemplar que podía ser pero se parecía a una persona, mientras se iba acercando se daba cuenta de que era un anciano deteriorado por la edad , tendría unos 90 años y le costaba andar, de pronto Paul se paró y el anciano le dijo : -Paul, llevo observándote todos estos 5 años- dijo el anciano con una voz ronca pero que casi no se le oía-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó Paul con un tono asustadizo-me lo dicen los muertos, exactamente tu tío- respondió el anciano con un tono afirmativoPaul pensó que estaba loco porque, ¿Cómo podrían hablarle los muertos a una persona?, pero también pensó que no conocía de nada al anciano y este sabía su nombre. El anciano se intentó acercar a Paul que directamente sin pensárselo dos veces salió corriendo y no paró hasta perderlo de vista. El chico quiso salir del cementerio con muchas prisas y mientras andaba hacia la salida se encontró con el anciano otra vez,


¿Cómo podía ser posible con tantos años y estar en la salida antes que el chico?, era algo que Paul se preguntaba con bastante miedo, salió otra vez corriendo y casi llegando a la salido se cerraron las puertas, Paul estaba tan asustado que no supo que hacer y se quedó en shock varios segundos, al volver de su estado el anciano estaba en frente suya y negó con la cabeza, como si Paul hubiese cometido un error.


CAPITULO 1. Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla… Nada más entrar en el cementerio, oyó un extraño ruido. No sabía lo que era pero aún así Paul entró todavía más adentro. Era un niño muy curioso y aventurero, tal vez por eso no tenía muy buenos recuerdos de su pasado… Cuanto más se adentraba en aquel cementerio, más espesa era la niebla y más frío hacía. Con cada paso que daba, se sentía más alejado del pueblo… más alejado de la vida. El ruido cada vez se hacía más fuerte y eso le empujaba a seguir hacia delante. Al final de la niebla, vio un rayo de luz. Era como si fuera el claro de un bosque. Decidido, se acercó a aquella luz. Cuando llegó vio una tumba en mitad del claro, estaba semiabierta. Se aproximó a ella dispuesto a ver qué había dentro. Cuando llegó, se agachó y con la luz del móvil alumbró el fondo. O bien la tumba era muy profunda o la luz del móvil tenía poco alcance. Fuera lo que fuese, no veía el fondo. De repente notó un aliento frío en la nuca. Del escalofrío que le dio, se le cayó el móvil en aquella tumba semiabierta. Pasaron unos cuantos segundos pero no se oyó el ruido del móvil cayendo al suelo, por lo que dedujo que debía de haber alguien en el fondo y el móvil podía haber caído sobre él. Después de haberse parado a pensar en dónde podía haber caído el móvil, recordó que había notado hace menos de un minuto un aliento frío en la nuca. Se giró lentamente con miedo a lo que pudiera haber detrás de él y vio un rostro pálido, con ropas harapientas y sin pupilas en los ojos. Pegó un grito y salió corriendo a refugiarse detrás de la tumba. T odo aquello le parecía muy extraño. Ya eran las ocho y media de la mañana y durante los 5 años que llevaba yendo a aquel cementerio nunca lo había visto con niebla. Y, lo que era todavía más extraño, era que solo había luz en la zona donde estaba esa tumba. Temeroso, levantó la mirada y vio a aquel ser extraño en el límite entre la niebla y el claro. Si aquel ser hubiera querido hacerle daño, ya se lo habría hecho. Pero, a lo mejor quería hacerle daño y no podía. A lo mejor no podía por la luz del sol. Recordó que él estaba al lado de la tumba, expuesto al sol, cuando notó el frío aliento. Una cosa estaba clara, estaba atrapado. Si salía de aquella zona ese ser podría atraparle, pero, si se quedaba allí, tarde o temprano se haría la noche y le atraparía igualmente. Sentado en el suelo, apoyado sobre la tumba, se planteó la opción de bajar a recuperar su móvil pero dos razones le hicieron abandonar su idea: uno, no disponía de


ninguna linterna para alumbrar dentro de la tumba ni de ninguna cuerda para luego poder subir más fácilmente, y dos, vio una silueta entre el espesor de la niebla que parecía hacerle un gesto con la mano como indicándole que se dirigiera hacia él. Dudó un instante y volvió a dirigir la mirada hacia el extraño ser: seguía ahí, inmóvil. Parecía no tener vida. Volvió a mirar a la silueta que le indicaba que se dirigiera hacia él. Se levantó y fue corriendo hacia donde estaba la silueta. Nada más traspasar el umbral entre el claro y la niebla, se sintió más inseguro, más expuesto a los peligros del cementerio. Cuando llegó a donde estaba la silueta, se dio cuenta de que era la rama de un árbol agitándose debido al viento. Estaba perdido, perdido en el cementerio.


Capítulo 1 Como todas las mañanas desde hacía cinco años, Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla. Pero ese olor era repugnante, intentó seguirlo y finalmente llegó a la tumba donde descansaba su antepasado Loren, que en este caso era el abuelo de su madre. De pronto comenzó a temblar la tierra y asomó una mano de aquella tumba. Éste es el argumento que Paul contó a su madre. Ella asombrada de lo ocurrido se quedo pensativa y recordó aquella nota, la que encontró bajo la almohada de su abuelo. Paul se dio cuenta de que su madre ocultaba algo, ya que su cara de horror no era nada normal. Le preguntó qué pasaba, y su madre le contestó que, su bisabuelo estaba vivo. Paul, cuestionó que cómo era eso posible si, según le habían contado, murió hace nueve años. Margaret, su madre, le respondió que encontró una nota en la almohada de su bisabuelo. Si leéis esto, significa que ya habré sido enterrado, pero no que yo esté muerto. El día que falleció tu abuela, fuimos al cementerio y allí fue enterrada, pero como ya sabéis está en la última fila, junto a los demás fosos recién escavados. La noche de aquel mismo día soñé con el cementerio, un sueño de lo más raro, ya que yo estaba asomado a la fosa que había al lado de la de tu abuela, y de pronto me empujaba alguien, un hombre, por lo que parecía, me recordó a la “muerte”. Este hombre llevaba una afilada guadaña y el rostro cubierto por un gorro. Tras el susto me levanté sobresaltado y decidí ir al cementerio. Ya era de día, sobre las 8 y media de la mañana. Me acerqué a la lápida de tu abuela y vi que en ella, en lugar de estar escrito: AQUÍ YACE LIRA 28 DE SEPTIEMBRE DE 1996 TU MARIDO, HIJOS Y NIETOS NO TE OLVIDAN

Ponía: NUNCA DEBISTE VENIR


Capítulo 1: El misterio en el pueblo Como todas las mañanas desde hace cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, esta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacia diferente. No se tal vez era la espesa niebla que no permitía la misma visibilidad de días anteriores. Se percibía miedo en el ambiente como si algo no fuera habitual, escuchándose una especie de ruidos y de tierra removiéndose, como si alguien estuviera cavando. De repente al fondo, Paul vio una sombra que se acercaba lentamente y tambaleándose y aterrorizado salio corriendo sin mirar atrás… A la mañana siguiente, su curiosidad por lo ocurrido le podía, y volvió al cementerio a investigar pero no vio nada extraño, excepto al enterrador que estaba realizando su trabajo con otro difunto. La espesa niebla continuaba rodeando la zona y entre ella decidió ir a casa de su amigo Rubén a contarle lo sucedido el día anterior. Ruben se quedo anonadado al oír la historia y quedaron en ir investigar juntos a la mañana siguiente. Ese día se levantaron con una mezcla de miedo y emoción por la aventura que iban a correr y fueron al cementerio. Una vez allí, Rubén comenzó a temblar y le dijo a Paul que no quería entrar a lo que le contesto que sino no averiguarían el motivo de esos ruidos y sobre todo aquella sombra misteriosa que Paul vio aparecer a lo lejos y que le hizo salir del cementerio sin poder mirar atrás. Tras convencerle, al final decidieron entrar e ir hacia la zona donde escucharon los mismos ruidos, cerca del río, que Paul comento a su amigo y los dos quedaron paralizados y expectantes al verse inmersos entre esa espesa niebla que les envolvía y que incluso tenia hasta un olor especial, como un horno de castañas, que no conseguían adivinar que era. De repente, comenzaron a escuchar de nuevo esos sonidos de tierra removiéndose, como si alguien estuviera escarbando con sus manos buscando algo enterrado. El olor se hacia cada vez mas intenso cuanto mas se acercaban y la niebla cada vez mas densa. Estaban a punto de irse despavoridos… Esos ruidos y ese olor les causaban pánico. Fue entonces cuando de repente, a tres metros delante de ellos, vieron la misma sombra que vio Paul el día anterior, pero esta vez estaba quieta, no se movía, y parecía hasta que les estaba diciendo que se acercaran, con el ademán de sus manos….


CAPÍTULO 1. Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla... A

unque notó algo raro Paul se acercó a la tumba de su difunta esposa, como

siempre se sentó delante de esta. Al rato se dio cuenta de que la niebla se había hecho mucho más densa que antes ni siquiera podía ver la puerta del cementerio, lo último que sintió fue un golpe en la espalda y todo se quedo negro. El agente de policía Michael Smith no podía creer lo que veían sus ojos, Paul, el anciano que vivía al lado de la iglesia, había aparecido inconsciente en el cementerio y se había despertado hablando de unos monstruos que le habían atacado. Michael se acercó al anciano que estaba rodeado por las escasas personas que habitaban el pueblo de Little Village, todos parecían muy asustados y le contaron a Michael que el cura había encontrado a Paul sin conocimiento tumbado delante de la tumba de su mujer, el policía se acercó al anciano que no paraba de murmurar y de repente Paul se abalanzó sobre Michael y dijo: - Los antiguos demonios han vuelto al pueblo y van a acabar con todo el que se cruce en su camino. - A qué demonios se refiere – Contesto Michael.- A los verdaderos propietarios del pueblo, han venido a por lo que es suyo. Inmediatamente después Paul sacó una pistola del bolsillo y puso fin a su vida. Michael salió del cementerio muy apenado por la muerte de Paul, pero no podía evitar hacerse las preguntas: ¿Qué atacó a Paul? ¿Porqué llevaba una pistola en el bolsillo? Y la más importante ¿Porqué le habían atacado? A

l día siguiente Michael fue a la casa de Paul, dentro no vio nada fuera de lo

normal pero cuando salió al jardín, descubrió una pequeña puerta en el suelo que debía dar a un sótano. Cuando entró se sorprendió enormemente al ver que estaba prácticamente cubierto de hojas de periódico, textos escritos a ordenador e incluso


manuscritos antiguos. Michael analizó intrigado algunos de ellos y descubrió que todos ellos hablaban de un tesoro oculto que databa de 1765 cuando al fundar el pueblo, todos los habitantes se pusieron muy contentos cuando encontraron un tesoro de los piratas pero empezaron las disputas, estas fueron tan cruentas que al final después de una guerra solo una familia consiguió sobrevivir y decidieron enterrar el tesoro para que no causara más daño a nadie. Cuando Michael salió de la casa de Paul ya entendía mejor la situación pero se frenó en seco al ver a un hombre encapuchado mirándole fijamente desde el otro lado de da accera.


CAPÍTULO 1. Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla húmeda y fría que le daba al día un aspecto tenebroso o quizá seria porque se estaba acercando el día en que falleció su madre por un accidente en el cual fue atropellada por un coche, después de tanto tiempo aun se le viene a la mente el recuerdo de su madre tendida en el suelo ensangrentada con la piel fría y pálida como si se tratase de un bloque de hielo. El coche por el que fue atropellada se dio a la fuga se pasaron día si y día también intentando buscarle ya que un vecino del pueblo vio el número de la matricula pero no lo encontraron hasta los tres años de su fallecimiento. Se trataba de un vecino del pueblo de al lado un joven de unos 18 años recién sacado el carnet ahora estaba en la cárcel por atropello y fuga. Su padre desde el fallecimiento no había levantado cabeza siempre estaba triste sin ganas de hacer nada llorando y llorando tendido sobre su sofá con el que siempre se sentaba con madre y tapado con la manta que le había hecho ella habían sido unos años muy duros para nuestra familia mi hermano a los pocos meses de la muerte de madre se fue a vivir a estados unidos ya que le ofrecieron un trabajo muy bueno de abogado donde iba a ganar mucho dinero. En el pueblo todo el mundo la tenía mucho cariño ya que había ayudado a pobres, enfermos, huérfanos todo lo que nadie había hecho desde aquel 11 de noviembre nada había sido igual para nuestro pueblo no se veía a tanta gente en la tienda. Regresando a casa de entre la niebla apareció una chica muy guapa alta delgada con la piel clarita y ojos azueles como madre tenia el pelo ondulado y moreno me quede tan asombrado por su parecido con madre que corrí asombrado frente a la silueta de aquella mujer cuanto mas me acercaba mas transparente se volvía aquella asta que llegue a la pared de una casa donde había luz de una farola y la silueta había desaparecido por completo. Llegué a casa helado y pensativo por lo que había sucedido en ese trayecto. Cuando llegue a casa mi padre vio mi cara y me pregunto que si me había ocurrido algo. Yo se lo conté el dijo que era imposible que habría sido una alucinación mía ya que madre llevaba cinco años que no estaba con nosotros yo no le creí yo seguía pensando que podría ser madre pero no estaba del todo seguro y entonces decidí ir a la biblioteca del pueblo que era de Marcus un vecino de nuestro pueblo que le gustaba mucho leer. Cuando llegue le conté lo que me había pasado el me dio un libro que iba sobre apariciones de ángeles de seres queridos que se habían muerto y habían venido a traernos un mensaje suyo de el pasado.


Me quede asombrado con sus palabras que me había dicho, me daba mucha intriga el mensaje que nos quería decir madre sobre su pasado. Cuando se lo conté a padre no se lo creía el decía que era imposible que viniera madre a decirnos algo, yo seguí creyendo que madre había venido a decirnos algo no se el que pero quería decirnos algo. Una noche mientras dormía vi una luz en el pasillo, me levante a ver que era pero cuando abrí la puerta ya había desaparecido pensé que podría ser otra vez madre que venia a decirnos su mensaje pero me parecía raro que si venia a decirnos su mensaje porque cuando me acercaba a ella desaparecía era una duda que nadie podría resolvérmela ninguna persona. Me volví a ir a la cama, cuando me levante por la mañana me vestí y lo primero que hice fue ir al cementerio haber si podría descubrir algo mas sobre aquella silueta. En la lapida había una nota con una letras escritas en un papel amarillento y muy extraño las letras se veían muy borrosas no se entendía nada de lo que ponía y decidí llevárselo a Marcus el bibliotecario ya que el era muy listo y sabia muchos idiomas. Cuando llego la tarde fui a llevárselo, el me dijo que no le llevaría mucho tiempo una mañana. Entonces decidí irme a casa y no molestarle más. En mi trayecto de vuelta a casa me fije en el lugar donde me encontré a aquel rostro tan parecido a madre y que tanta intriga tiene para mí desde aquel día.


CAPÍTULO 1 Como todas las mañanas desde hacía cinco años Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, ésta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacía diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla, la oscuridad del invierno o el olor a humedad del aire. Cuando llegó a aquel lugar se encontró una sombra de rodillas en la tumba de su madre, el intentó acercarse, pese que había algo que le decía que no lo hiciera. Aquel ser se asustó al ver que Paul se aproximaba a él y desapareció entre la espesa niebla. Paul se quedó pensando en que podía haber visto arrodillado en la tumba de su difunta madre, o si por el contrario, aquella sombra había sido producto de su imaginación. El joven estuvo pensando en esto toda la tarde pero no se lo explicaba, decidió no contárselo a nadie porque temía que lo tomaran por loco. Al día siguiente Paul fue a visitar a su madre pero con una cámara de fotos colgada al cuello, para ver si ese ser volvía a aparecer y sacarle una fotografía, y así poder demostrar a la gente lo que había visto con una imagen. Cuando llegó allí la sombra estaba en el mismo sitio que el día anterior, Paul orgulloso cogió la cámara y le sacó una fotografía, ésta al sentir el flash de la cámara lanzó un gemido al aire y desapareció. El chico de quedó paralizado y después de un rato sin pestañear, se fue corriendo de aquel lugar. Llegó a su casa, se dirigió a su habitación para poner las fotos en el ordenador y ver de nuevo al espectro. Pero su emoción pasó a convertirse en terror al ver las imágenes, en las fotografías aparecía la tumba de su madre, los árboles del jardín, las personas que estaban en las demás tumbas…, pero ni rastro de aquel ser. Era como si hubiera desaparecido de la imagen, como si nunca hubiera estado allí y todo hubiera sido producido por la imaginación de Paul. Paul se quedó mirando la imagen hasta que decidió olvidar todo lo sucedido, pensar que aquello lo había imaginado y que no existen esas cosas era lo mejor que podía hacer. Así pasaron los días, los años, y Paul se fue olvidando de lo sucedido, sin dejar de acudir a su cita diaria con su madre, ya que la sombra no volvió a aparecer por allí. Cuando el chico cumplió 22 años decidió que, ya que había acabado la carrera de fotógrafo en julio, debía irse de su casa, dejar a su padre con su hermana pequeña e ir en busca de la fotografía más increíble e impactante que nunca nadie haya visto. Se despidió de su familia y terminó de guardar las maletas en el coche, se dirigía a Londres, y le quedaba mucho camino por delante. Una vez allí buscó un piso para comprar y un sitio dónde poder trabajar, pero esto segundo no lo encontró, parece ser que nadie necesita un fotógrafo. Salió de su casa


para ir a pasear por la cuidad y sacar unas cuantas fotografías, pasó por el cementerio de la ciudad y recordó que no había ido a despedirse de su madre, así que decidió entrar para ver el lugar. Estaba dando un paseo sacando fotos a estatuas que adornaban el lugar y se quedó de piedra cuando alzó la vista y vio la sombra que tanto le atormentó sus años de juventud, la sombra con la que tantas veces había soñado, la sombra que se encontró arrodillada en la tumba de su madre. Paul no supo qué hacer, hasta que se decidió a avanzar hasta aquel ser e intentar verlo de cerca, cuando se acercó se aterrorizó al ver que el rostro de aquel espectro pertenecía al rostro de su madre fallecida.


CAPÍTULO 1 Como todas las mañanas desde hacia cinco años, Paul fue hasta el cementerio del pueblo. Sin embargo, esta no era una mañana como las demás. Había algo en el ambiente que la hacia diferente. No sé, tal vez era la espesa niebla, o los numerosos coches que había aparcados enfrente del cementerio. “¡Qué curioso!”, pensó Paul, tal vez haya fallecido alguien… Paul aceleró el paso, la curiosidad lo comía por dentro. Al llegar a la puerta pudo divisar entre la niebla la presencia del alcalde y del párroco acompañados por una gran masa de gente que se abalanzaba sobre aquellos dos curiosos personajillos. De repente Paul fue arrollado por dos policías que corrieron junto a la muchedumbre., todos les dejaron espacio y estos tras hablar con el alcalde y el párroco y hacer varias fotos, rodearon todo con un cordón policial. Paul lo observaba todo desde la distancia de la puerta, anonadado. ”¿Qué habrá pasado?” se preguntaba una vez más Paul. Se aproximó un poco más y pudo distinguir a su buen amigo Robin entre la gente. Eran compañeros de clase aunque ya se conocían desde antes. Era un chico un poco más bajo que Paul, moreno, con los ojos de color marrón claro. -¿Qué ha pasado Robin? -Pues, esta mañana la Señora Helkin vino al cementerio a visitar la tumba de su maridola señaló, se hallaba sentada en un banco, con el rostro pálido. Los dos policías parecían estar matándola a preguntas- y se encontró con el cuerpo de Ficher. -¿Ficher? ¿Está muerto? -Más bien le han asesinado… Su cuerpo ha aparecido junto a esta lápida con una puñalada en el pecho y una marca en el brazo. Al parecer también debieron de entrar a robar a su casa. La policía piensa que hubo un forcejeo entre Ficher y los ladrones. - Pero… ¿Quién ha podido matar a Ficher? Era un hombre solitario, se pasaba el día cuidando y limpiando el cementerio… apenas tenía vida social, no podía tener enemigos… -No sé, a mi también me parece raro… -Y, ¿el alcalde y el párroco? -Han venido al recibir la llamada de la Señora Helkin, tampoco se explican lo ocurrido. -Y tú, ¿cómo te has enterado? -Han llamado a mi madre para contárselo, ya sabes lo cotilla que es la gente.


-¡No menos que tú!- Ambos rieron. Después de esto Paul se alejó a visitar la tumba de su padre como hacía todos los días. Depositó unas flores nuevas que había comprado con sus ahorros, no obstante siguió vigilando desde allí lo que pasaba. Al poco tiempo una ambulancia se llevó el cuerpo de Ficher. “Pobre hombre” se dijo para sí mismo Paul. La muchedumbre se alejó poco a poco y el párroco y el alcalde desaparecieron tras ellos. Esa tarde el pueblo esta conmocionado y aun así no se tocaron las campanas de la iglesia para anunciar su muerte, ni se habló nada de que se fuera a celebrar su entierro o un simple velatorio. Era como si nadie quisiera saber lo ocurrido o quisieran olvidarlo, tal vez esconderlo…


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