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Impreso por Beatriz Pulido Flores. Prohibida su reproducción.

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EL MUNDO. MARTES 1 DE FEBRERO DE 2011

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CON MUCHA CARA / «No hablo un japonés perfecto, pero no paro» / «Los primeros años acabé harto de todas esas fiestas en las que se improvisaban tablaos» / «Creo que aún queda mucho por hacer con la imagen de España en Asia y especialmente en Japón» / «Yo no he sido de tomar ningún tipo de droga. A mí háblame de un chute de bótox, de ácido hialurónico...»

ALBERTO CALERO / PROMOTOR DEL FESTIVAL LATINO DE TOKIO, KYOTO Y YOKOHAMA

«Japón es un país de gente solitaria» BEATRIZ PULIDO

Lleva ya 16 años residiendo en Japón. Alberto Calero abre puertas al cine español en Tokio. Como armas, además de su conocimiento del medio, posee una lengua afiladísima y de difícil contención. Pregunta.— Imagino que sabe japonés... Respuesta.— Con la beca que me dieron era obligatorio un año de japonés forzado. Aquel curso fue como un campo de concentración. Era de golpe en la mesa y de gritos continuos, como en el ejército. Así desde las ocho y media de la mañana hasta las cuatro de la tarde. P.— ¿Y tiene la misma incontinencia verbal en japonés que en español? R.— Pues.... sí. Yo siempre digo que no hablo un japonés perfecto, pero no paro. P.— ¿Cuántas veces le han preguntado si baila flamenco? R.— Pocas, no doy el tipo de flamenco. No tengo aspecto de typical spanish. P.— Pero es cierto que ellos no salen del tópico de la bata de cola y las castañuelas. R.— Es verdad que los hispanófilos tienen una idea conservadora de España: creen que nos gusta el chocolate con churros, los toros y el flamenco. Los primeros años acabé harto de todas esas fiestas en las que se improvisaban tablaos y todo el mundo salía a bailar dando pisotones y gritos. A mí me daba vergüenza ese fin de fiesta. P.— ¿Qué le ha dado Japón que le negó España? R.— Ninguna cosa. Lo que más me ha dado es la seguridad, comodidad: para el trabajo y la vida. Siento mucha morriña, por eso inicié el festival de cine, para no sentir nostalgia. P.— A los japos les gusta nuestro país. R.— No a todos. De lo contrario no me hubiera costado tanto salir en los medios de comunicación con el festival. Habrá un porcentaje muy pequeño de personas otaku, yo lo traduzco como pajilleros. Son gente que está obsesionada por algo. En este caso hay otaku o frikis de lo español. Pero por delante de nosotros están los italianos, franceses, alemanes o norteamericanos. Creo que aún queda mucho por hacer con la imagen de España en Asia y especialmente en Japón. P.— Una curiosidad: ¿los políticos de allí son como los de aquí?

R.— Son la tercera potencia del mundo y no hacen más que cambiar de presidente: van casi a uno por año. Sus políticos son muy aburridos. No son nada atractivos. El país se merecería unos políticos con más garra y ganas. P.— Fumaba usted tres paquetes diarios, ¿mucho estrés o mucha fiesta? R.— Eso fue antes de ir a Japón. Yo no he sido de tomar ningún tipo de droga. A mí háblame de un chute de bótox, de ácido hialurónico o de transfusiones y te lo acepto. P.— Empezó con el Festival de Cine Gay. ¿Cuál es el nivel del cine gay español? R.— El festival estaba empezando allí y no tenía demasiados recursos, ni era atractivo para los distribuidores. Nadie con una película norteamericana de prestigio quería meterla allí. Así que yo empecé a traer películas españolas bastante buenas. P.— Pero usted se cansó de la temática gay. R.— Todo lo que suena a gay y lesbianas me carga ya un poco, a pesar de que yo lo sea. Me acuerdo que promocionamos un año el gran éxito de A mi madre le gustan las mujeres, con Leonor Watling. Los del festival no querían poner la película porque no era lo suficientemente lesbiana. Me cansan estas mentalidades tan cerradas. Por eso empecé con el Festival Latino de Tokio, Kyoto y Yokohama, P.— En ese festival latino ha aumentado mucho el número de espectadores. R.— Empezamos con 800 espectadores y ahora tenemos 12.000. Este año hemos pues-

«El sentido del humor japonés es un poco salvaje, como el de ‘Humor amarillo’. La gente se humilla y se abofetea mucho»

Alberto Calero, promotor del Festival Latino de Tokio, Kyoto y Yokohama. /DIEGO SINOVA

RETRATO Origen. Madrid, 1969. Currículo. Después de estudiar Ciencias de la Informacion en la Complutense, y de unos años trabajando en RTVE y otras televisiones españolas, consiguió una beca Monbusho del Ministerio de Cultura de Japón. Realizó un Master en la Universidad Nacional de Tokio de Bellas Artes y Música e inició su colaboración

con el Lesbian and Gay Film Festival de Tokio y Osaka. En 2004 inició su andadura con el Latin Beat Festival en Tokio y Osaka abriendo con La mala educación. Aficiones. «Me gusta hablar con los taxistas». Debilidades. «Tengo pocas: soy zen». Virtudes. «La paciencia». Defectos. «Soy tardón».

to 30 películas, aunque lo normal son 15. P.— ¿Qué es lo más complicado de organizar un festival de cine en Japón? R.— Conseguir apoyo económico. Aquí he aprendido a tener paciencia. Este año lo he sacado de la Estación de Kyoto (como la Renfe española). P.— ¿El español más universal? R.— El deporte lleva mucho: Iker Casillas o Nadal, pero creo que en el pasado el omnipresente era Julio Iglesias. P.— ¿A qué no se ha acostumbrado aún? R.— Es un país de gente solitaria. Deberían aprender de los españoles. P.— ¿Y con quién habla? R.— Con todo el mundo. Tenía unos caseros en el piso que me decían que llevaban 20 años viviendo en el piso y conocían a tres personas y cuando iba con ellos por la calle se quedaban impresionados de que yo conociera a los vecinos. Yo necesito hacer ambiente de barrio allá donde vaya. P.— ¿Tienen sentido del humor? R.— El suyo es como el de Humor amarillo, nunca mejor dicho, un poco salvaje. La gente se humilla y se abofetea mucho.


Promotor festival