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Escuela Normal Urbana Federal del Istmo.

MI HISTORIA DE VIDA EL SUJETO Y SU FORMACIÓN COMO DOCENTE

Maestra: Gisela Cueto Zarate 01/11/2013

BEATRIZ MORALES Alumna: Rosa Beatriz Morales Ruiz 1º “C”


MI HISTORIA DE VIDA. Rosa Beatriz Morales Ruiz

Una madre dedicada por completo al hogar, un padre con más defectos que virtudes y un pequeño de tres años, eran los integrantes de la familia a la que una madrugada se sumaron dos cuerpos y una sola alma, esta, tuvo que dividirse en Escila y Beatriz, la pareja progenitora decidió para que siempre permanecieran unidas (de alguna manera), le antepondrían a sus nombres asignados: Rosa. Ellos ignorantes hasta ahora al igual que una de esas mitades, no consideran que entre ellas, como entre todos, su unión se debía al tiempo compartido y a ese embrollo de sentimientos que naturalmente aflora al mirar a esa(s) personas que te respetan, apoyan, cuidan, enseñan... Una de esas mitades, soy yo: Rosa Beatriz Morales Ruiz, la fecha de mi nacimiento es 19 de abril de 1994, soy originaria de Juchitán de Zaragoza Oaxaca, ciudad en la que radico. Desde pequeña las diferencias entre Rosa Escila, mi hermana, y su servidora eran grandes sobre todo físicamente. Fui gordita, por lo cual se me dificulto un poco aprender a caminar, pero “tremenda”, como dice mi mamá; mientras cursaba mi educación preescolar fui desenvolviéndome en distintas actividades pero en especial en la danza folklórica; me caí de la hamaca, golpee mi boca en una banquetita y me rompí un diente, a raíz de este incidente usé varias prótesis dentales que poco me duraban pues las mordía hasta romperlas; me quede encerrada en una bodega de la escuela, me rompí otro diente en la resbaladia, y ejecute una que otra travesurilla... en fin, podría excusarme diciendo “todo fue propio de la edad”, pero prefiero dejarlo a su criterio. En esta misma etapa fui bautizada con mi hermanita en la iglesia católica, desde ese tiempo San Vicente me ha echado un ojito y un poco más que eso... Al cumplir seis años ingrese a la escuela primaria “Centro Escolar Juchitán”, institución en la que permanecí durante los seis años que este nivel exigía. Recuerdo, me apasionaba mucho asistir a clases, todas me divertían y la escuela era inmensa para mí. Mis calificaciones fueron de excelencia los primeros cuatro años, en ese lapso de tiempo incursione en la poesía, canto coral, oratoria, concursos de conocimiento, deportes como el futbol y el básquetbol; mientras esto sucedía en la escuela por las mañanas, en las tardes visitaba a una tía a la que asistía en un principio porque se había fracturado un pie y no podía valerse por sí misma, después esa fractura sano, y mis abuelas también empezaron a necesitar ayuda. Mi tía solo tenía un hijo que en ese tiempo decidió hacer su propia vida. Así que más que ayuda (pues tenía unos escasos añitos vividos) era una compañía. Para mí se convirtieron en mi familia, con quienes pasaba la otra mitad del día que la escuela me


dejaba libre, disfrutando y acostumbrándome a tal grado que cuando deba la hora de volver a casa con mamá y hermanos a dormir, pedía quedarme más tiempo… mi mamá se enojaba mucho si yo lo externaba, eso siempre me desconcertó pues quien en un principio me llevo a esa situación sin que yo la deseara fue ella. Con mis abuelas aprendí muchas cosas. En sus mejores tiempos ellas habían sido comerciantes, por lo que quise experimentar en mi escuela; convencí a mi gemela para que juntas hiciéramos globitos llenos de harina y los vendiéramos en el salón, ella acepto, ahorramos para nuestros insumos, los compramos y ¡fue todo un éxito!, bueno hasta que la maestra nos dijo que ya no lo hiciéramos porque distraíamos a los niños de clase, con la amenaza de que si no lo hacíamos nos llevaría a la dirección. Cuando cursaba el cuarto grado mis papás se separaron, mi mama se deprimió mucho, pero debo confesar que eso debió haber pasado desde mucho tiempo atrás. No le guarde rencor a mi papa como mis hermanos, sino todo lo contrario, al ingresar a la secundaria fue cuando más lo visitaba, y si llegaba a la casa de visita era yo quien le servía de comer y le atendía; sin duda es una lástima que nunca lo haya valorado. En los últimos años de primaria baje “relativamente” de calificaciones, pero la secundaria la inicie con mucho entusiasmo, y también con muchos problemas en el hogar, tenía diferencias principalmente con mi hermano mayor y mi mamá. Tuve muy buenas calificaciones y amigas, con las que me disguste por niñerías, cursando el segundo grado de secundaria con una sola amiga, eso sí, muy divertida. Ese año falleció mi abuela paterna a la cual quise mucho y me hubiese gustado frecuentar mas pero… en fin, ese fue un difícil acontecimiento, luego de ello me enferme de hepatitis y deje de asistir a la escuela un par de meses, nunca había faltado tanto, lo malo fue que ya no tenía ganas de regresar; el ambiente escolar se tornaba difícil, siempre fui un alumna competitiva, mis compañeros también pero digamos de diferente manera. Conocí amistades ajenas a la Institución académica a la que asistía las cuales me enseñaron (a su manera), a desarrollar otros valores. Para estudiar la preparatoria escogí el plantel del CBTis ubicado en mi población sin embargo mi mamá decidió que estudiaría en el COBAO de Espinal tal como mi hermano, mientras que a mi hermanita la envió al CBTis de Ixtepec porque ella escogió una especialidad que ahí impartían. Los primeros meses estuve deprimida o algo así, no me gustaba el ambiente, me desesperaban las clases, los maestros, los alumnos; pero me adapte enfocándome al aspecto académico, más que a cualquier otra pequeñez. Fue así como descubrí mi gusto por “Lectura y redacción”, y posteriormente “Filosofía”, concurse en estas dos áreas académicas llegando a nivel regional, y en el ámbito cultural participe en una dinámica llamada “Encuentro académico” en la que califique a nivel estatal, me otorgaron el segundo


lugar, entonces me di cuenta de lo poco que tolero las injusticias pues mis maestros estaban conscientes de la trampa en la que yo había caído, pero no hacían más que felicitarme y decirme “así son esos”, “pero tu estuviste bien”; cuando esto ocurrió me sentí tan ingenua y decepcionada al escuchar a mis maestros dándome casi mente el “pésame” con sus comentarios por el asesinato del concepto de aquel evento estatal en el que me había esmerado y había sacrificado clases para asistir a Huahuapan de León en donde se llevó a cabo ese evento, que sin duda no lo merecía. Decidí hacer todo de mi parte para externar mi inconformidad, cuando llegamos de nuevo al Istmo y luego a la escuela me dirigí al director del plantel con mi diploma en mano y se lo devolví, ese pedazo de papel no tenía ningún valor para mí, seguramente en Oaxaca, a otro maestro-estudiante le sería motivo de orgullo, desde luego lo devolvimos acompañado de una carta que yo misma redacte, cuidando todavía “no herir susceptibilidades”, el director al principio no comprendía (y no sé si comprendió) el porqué de mi actuar. Me repetía constantemente: -El veredicto es irrevocable. - ya lo sé, le decía. Tras pasar ese trago amargo, conocí a una compañera de otro grupo en el bachillerato que me vendió a sabiendas de mi gusto por la lectura una revista llamada Guidxizá (Nación Zapoteca), la compre, valía diez pesos, para mi esos fueron los mejores diez pesos invertidos en toda mi vida, su contenido me pareció tan interesante que busque a la compañera para preguntarle respecto a la publicación, me comento que era editado por el Comité Autonomista Zapoteca “Che Gorio Melendre”, me encontraba maravillada. Seguí investigando en la red de esta organización y decidí contactarlos para integrarme a su equipo, pronto recibí respuesta y se me explico que se trata de un trabajo voluntario, que incluía cooperaciones de los integrantes para solventar los costos de cada actividad ya que no los patrocinan ni grupos políticos ni el gobierno, eso me agrado aún más y desde ese entonces (2011), colaboro con este gran equipo en quienes no solo veo a compañeros sino también a mi familia Melendre, como les nombré. En el 2013 ya siendo integrante formalmente, me asignaron la Comisión General de Logística y el proyecto de Cine para Todos, en los que trabajo de la manera más gustosa jamás imaginada. Llegado el momento, al terminar la preparatoria, me encontraba en la disyuntiva de salir del istmo para realizar mis estudios a nivel profesional, -opción que mis padres preferían-, o quedarme en la región, continuar con mis proyectos personales y prepararme a la par. Durante esta etapa de aproximadamente seis meses de duración mis familiares, compañeros y amigos, cuestionaban la decisión que había tomado de quedarme en el Istmo, pese a todo me inscribí en el Tecnológico del Istmo, allí estudie un año la carrera de arquitectura, poco


menos de ese tiempo basto para que me diera cuenta que no me apasionaba lo suficiente, así que decidí con apoyo de mi mama y preocupada por la mala educación en la población, ingresar a la Escuela Normal Urbana Federal del Istmo, atraída sobre todo por los temas de investigación y las metodologías. Es aquí a donde ha venido a seguir creciendo esa media alma, más que dispuesta aprender y entender muchas cosas más, especialmente las que le serán útiles para el proyecto de vida en él que se mueve su cuerpo físico. •


Mi historia de vida