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Este libro está escrito por alumnos y alumnas de Taller de escritura creativa (hivern 2009) - GES Institut Obert de Catalunya

Declaración de intenciones

Cristian Delgado Asencio (BCN) Jordi Arumí Parramón (MP) Ricardo Belmonte González (SG) Rosa Loire Miró (BCN) Ricardo Belmonte González (SG) Mª Dolores Martin Venzal (BCN) Montserrat Carbonell Rosell (BD) Martín Mañosa Marcos (BCN) Eduard Bosch Blanco (PE) Lorena Montes Miño (SR) Virginia Alvarez Sola (BCN) Francisco Gomez Merino (BCN) Miguel Pamies Bartolomé (BCN) Jordi Monteverde Mauri (AM) Pilar Pérez Robles (SE) Jordi Rodriguez Garcia (BCN) Yaiza Garriga Sorolla (AM) María del Castillo Ortiz Ramos (BCN) Esta selección corresponde a la mitad de los trabajos realizados en este módulo. Todos son excelentes y con estilo. Pero hemos seleccionado un poquito de lo mejor de cada uno.


Un tablero Un tablero de ajedrez tiene 64 cuadrados identicos dispuestos en mosaico de color blanco y negro. Hablando claro, todas las historias personales son iguales, en un principio caes en un terreno blanco y las cosas parecen ir bien hasta que otra figura quiere ocupar tu lugar, o te amenaza para que dejes tu pequeĂąo espacio de felicidad para ocupar, segĂşn el tipo de persona que seas, uno igual u otro mas oscuro. Caigas donde caigas, sera siempre defensa o ataque, y tanto puede ser en la esquina superior derecha como en la inferior izquierda. Cambia la jugada, cambian las fichas y la reflexion en el trasfondo siempre es la misma, y da igual que edad, nacionalidad o religion tengas, todos somos lo mismo, venimos de un mismo lugar y procedemos de una misma epoca, por lo que seremos del mismo modo, los mismos de siempre, solo que nos creemos distintos al resto. Cristian Delgado Asencio (BCN)


Huellas del camino Ya lo dijo el poeta: Caminante no hay camino, se hace camino al andar.... La vida es un camino que hay que seguir y una novela que escribir y no hace falta ser escritor, simplemente dejarse llevar por las emociones y experiencias y plasmar en un papel las huellas que vamos dejando en el camino: recuerdos, sentimientos, vivencias, emociones... Lo verdaderamente importante es querer caminar, tener un rumbo más o menos definido y cargar con una buena mochila para guardar las experiencias que viviremos durante nuestra ruta. Esta es la novela que podemos escribir cada uno de nosotros, simplemente hace falta un poco de voluntad y dejarse llevar... Jordi Arumí Parramón (MP)

Como un pintor Dicen, que un pintor cuando se instala delante de una tela blanca, el pánico le agarrota la mano que sostiene el pincel. Normalmente, primero hace bocetos y solo, cuando cree que su mente ve con claridad lo que tiene que trasalar al lienzo empieza. Escribir debe suponer un proceso parecido: escribir borradores, borrarlos una y otra vez, para volver a rehacerlos, hasta que cree poder enlazar las ideas que están en su cerebro. Escribir sobre unos mismo, pienso, que debe ser más dificil que escribir sobre otras personas o materias. A pesar de que digamos lo contrario, no nos conocemos, tan solo lo creemos. Quizás, deseamos que los demás nos vean como nos gustaría ser. Ricardo Belmonte González (SG)

Aguas embravecidas (...) Para empezar os comentaré que siempre he querido escribir una historia, concretamente la historia de mi vida. Recuerdo que por mi mente volvían las imágenes de las escenas ya vividas y las ideas fluían como un torrente de aguas embravecidas, pero justo en el momento de quererlo plasmar sobre papel, ocurría que mi mente no guiaba de la misma forma el lápiz, así que después de leer y observar el gran desorden caótico que había delante de mi, me encolerizaba y terminaba por romper el papel. (...) Rosa Loire Miró (BCN)


Escribir sobre los otros

Antonia Martín Una de las mujeres que más me ha impresionado en toda mi vida, por su carácter, su tenacidad ante las adversidades y su empeño en vencerlas fue, y sigue siendo, Antonia; Antonia Martín según su DNI. Físicamente puede pasar desapercibida pues, su mediana edad, su 1,74 m. de estatura, sus 80 Kg. de peso. no la diferencian de la mayoría de las mujeres. Tiene pelo negro cortado a media melena que acentúa su feminidad, los ojos los tiene un tanto juntos, enmarcados por unas cejas unidas, que dan a su fisonomía un aire de cierta comicidad. Es su fuerte carácter el que, cuando se la conoce, la hace ser superior a muchas otras personas de su mismo sexo. Se casó con 21 años cumplidos, a los diez meses era madre de un niño. Su vida matrimonial fue un desastre: marido amorfo y sin personalidad ni cultura, que gastaba en los bares casi todo lo que ganaba como pintor de paredes. Cuando había cumplido los 30 años, de acuerdo con sus padres, pidió la separación conyugal. Fue un proceso traumático, pero le forjó el carácter para la posterioridad.


Desde hace 15 años, trabaja como taxista en Lleida. Al principio le costó que fuese aceptada de buen agrado por los demás compañeros de profesión, mayoritariamente hombres. Con el tiempo se fueron dando cuenta que era tan válida, o más, que muchos de ellos. Trabaja las mismas horas. El turno de noche no lo cambia con otro taxista y, si alguna vez ha tenido percances con clientes, los ha resuelto personalmente o con la ayuda de la Guardia Municipal. El trabajo es duro, por las horas de dedicación, por el estrés del tránsito, por las obras viales y la cantidad de tiempo sentada ante el volante. Los clientes son tema para un estudio detallado. Los hay mudos; otros, todo lo contrario, locuaces hasta la extenuación; desconfiados; mal educados; marranos; y de noche: con urgencias para ir a el hospital, o bien, cargados de alcohol. Estos últimos, al ver que es una mujer la taxista, pueden llevar a situaciones extremas. En las paradas, mientras espera clientes, se entretiene en una aficiones que ha ido adquiriendo sin saber como ni cuando empezaron: La lectura de las esquelas mortuorias y los anuncios eróticos. Cuando descubre alguna esquela o anuncio que, por su originalidad, le llama la atención lo recorta y, una vez en casa, lo pega en los álbumes correspondientes. Este tipo de coleccionismo da pié a bromas por parte de los compañeros, algunas subidas de tono, que Antonia admite de buen grado, pues tiene asumido que la profesión que ejerce, todavía, es machista y que es ella, con tres compañeras más, las que tienen que ir haciéndose huecos para equilibrar el fiel de la balanza, con la esperanza de que algún día estará equilibrada. (...) Ricardo Belmonte González (SG)

Eduardo Castillo En Reus, una bonita población de Tarragona, vive Eduardo, un joven estudiante de informática, tiene el pelo rizado como su padre, pómulos prominentes y marcados, es delgado, con una elevada estatura. Los veranos de su niñez los paso en una pequeña aldea de la Cordillera Penibética, “El Cañuelo”, una pequeña pedanía de Priego de Córdoba. Ahí fue, cuando comenzaron sus aficiones por los juegos de rol.


Aquel verano del 98 cuando el solo tenía 12 años conoció a Marcos, vivía en Madrid, estaba en casa de sus abuelos. Al principio todo comenzó como un juego, se inventaban aventuras, historias. Después se pusieron un reto había que inventar un juego, una historia en la que participaran los del pueblo, pero no lo tenían que saber. Tenían que escoger a sus futuros actores, para que pudieran interpretar el guion, pasaron días y la historia no avanzaba, ¿sobre qué tema iban ellos a escribir? Entonces una tarde de aquel caluroso verano del mes de Agosto, Eduardo comienza a espiar disimuladamente, las conversaciones que tiene su vecino por teléfono, lo había escuchado en varias ocasiones, terminar chillando y colgar. Le intrigaba, quien podía haber al otro lado de la línea, que alteraba de aquella manera al hombre, día tras día se repetía la misma historia. El vecino era un hombre amable, jovial y dicharachero, cuando lo veía siempre tenía una sonrisa para él, no pasaba día que no le preguntara por su padre, le recordaba continuamente como había sido su niñez, siempre le decía lo mismo, “me parece estar viéndolo, te pareces tanto”. Espiar a su vecino se convirtió en una obsesión, esperaba impaciente aquella llamada, con la esperanza de escuchar algo, que le delatara de quien se trataba. Pero cada día lo mismo, gritar y colgar. Pasaron las semanas, estaban ya los últimos días de Agosto, la historia siempre se repetía. Eduardo estaba deprimido, el verano se terminaba, pronto tendría que volver a casa, se mordisqueaba el nudillo de un dedo, como solía hacer cuando estaba apenado desde que era muy pequeño, de pronto observó que aquella tarde el teléfono no sonó, nadie gritó ni colgó, al hombre no lo había visto en todo el día, aquello le tenía intrigado, se pasó la noche en vela, preocupado. A la mañana siguiente alguien llegó a la puerta del vecino, había escuchado el timbre, se asomó a la ventana, en la calle ante la puerta una joven tenía un niño en los brazos, el hombre abrió la puerta. "Padre como siempre me cuelgas, no te he podido explicar".

Mª Dolores Martin Venzal (BCN)


Eloísa Márquez 13 de febrero de 2009. Querido diario, Mañana es San Valentín, el día de los enamorados, ese día en que las parejas celebran su amor. Yo no lo celebraré con nadie en especial. Lo haré con todo aquel que quiera verme actuar en las Ramblas con mi nuevo disfraz. Llevo toda la semana preparándolo. Qué bonito va a ser que cada vez que alguien me eche una moneda yo le lance una flecha de amor. En la pastelería ya tienen pasteles con forma de corazón. Mañana, si consigo suficiente dinero, me lo compraré. Eloísa 14 de febrero de 2009. Querido diario, Te escribo ahora, recién levantada, porque es la única manera de quitarme este mal de humor con el que me levanto todas las mañanas. Hoy he de estar bien, para transmitir la felicidad y el amor que representa mi nuevo personaje, Cupido. Luego te cuento. Ya estoy de vuelta. Espero no mancharte mientras escribo. ¡Qué rico está el pastelito! El nuevo disfraz ha sido un éxito. Un niño quería que le lanzara una flecha pero no tenía dinero. A cambio me ha regalado un punto de libro muy bonito. Otro para la colección. Voy a tener que dejar de leer tanta revista de actualidad y a empezar con los libros para usarlos. Cuando venia hacia aquí, como siempre y sin darme cuenta, silbando, un señor me ha dicho algo muy bonito: “Ese sonido sólo lo emiten los ángeles”. Eloisa MONTSERRAT CARBONELL ROSELL (BD)


El hombre (I) ¿Comprende usted el significado que tiene el firmamento? Sí, creo que lo comprendo. Pero sepa usted que fui yo quien lo hizo, dijo llorando. Al oír estas palabras, el joven imberbe miró absorto al anciano de larga barba blanca y envuelto por un alo especial, sin alcanzar a cruzar su mirada con él. El anciano, por vez primera, se sentía abatido y compungido, él que lo había sido todo y había dominado a todos, veían menguar sus ansias de poder y dominación, superado por todos los aconteceres. La brisa dio paso a un fuerte viento huracanado y las nubes negras presagiaban un final desolador. Los dos hombres desde la colina divisaban lo que antaño fueran parajes paradisíacos, llenos de desmesura. Ahora terremotos, maremotos y otros desastres se apoderaban de la tierra. Zeus había intentado por todos los medios poner orden en el firmamento, pero sus avatares amorosos le habían distraído de sus obligaciones. Jugueteó con la cinta entre sus dedos sarmientosos, moderadamente alargados, que mantenía en secreto su más preciado documento. Rompió a llorar de nuevo, mientras la naturaleza parecía enfurecerse ante la incertidumbre de sus acciones. Arrancó con firmeza la cinta y desenrolló el documento, el mismo que dio origen a todo y el mismo que ponía fin para siempre. Martín Mañosa Marcos (BCN) El hombre (II) ¿Comprende usted el significado que tiene el firmamento? Sí, creo que lo comprendo. Pero sepa usted que fui yo quien lo hizo, dijo llorando. Todo por culpa de ese día. decidí ir a un buscar un paquete de cigarrillos en el bar de al lado de casa. Cuando bajé, vi que no tenia dinero suficiente, así que fui hacia al banco y allí es donde pasó la desgracia. Entré en el banco y me puse detrás de la cola que había formada. Unos minutos mas tarde, cuando ya era mi turno, entraron por la puerta unos hombres con un antifaz, que les tapaba completamente la cara, y que llevaban unas pistolas en la mano.


Dos horas y media mas tarde, estábamos en el suelo de la oficina del banco. Y cuando los atracadores disponían a marcharse, uno de ellos se le mostró la cara porque se le rompió el antifaz, yo era el único que le vi la cara, porque se lo volvió a poner rápidamente. El desastre fue que aquel atracador me había visto. Cuando por fin los atracadores se había ido, fue cuando llego la policía y nos interrogo a todos. Horas mas tarde llegue a casa y me encontré una carta en la puerta de la entrada. La abrí y observe que era una amenaza del atracador, que horas antes me había atracado. La carta me advertía que no llamara la policía, y que tenia dos misiones; la primera no decir como era el ( el atracador) y la segunda matar al señor Juan de la calle Bermúdez, y que si no lo hacia mi familia estaba en peligro. Después de llorar horas y horas me dispuse a matar a ese señor. Unos minutos mas tarde estaba dentro de la casa del señor Juan en la calle Bermúdez. Era una casa oscura, llena de cuadros antiguos. Fue cuando observaba los cuadros, que vi al señor Juan. Le apunte con la pistola y dispare. El hombre, de unos 80 años, cayo inmediatamente al suelo; yo corrí hacia él y le pedí perdón por lo que acababa de hacer. Unos instantes después me llamaron en el móvil y era el atracador. El hombre me felicitó por el trabajo realizado, mientras yo estaba sumergido en una lluvia de lagrimas. El atracador me dijo que mi familia ya estaba a salvo y que no me preocupara por ella. Y ahora, estoy aquí señor comisario, explicándole a usted lo que me paso. En el medio de la montaña mirando el firmamento, para que nadie pueda localizarme Eduard Bosch Blanco (PE) El hombre (III) ¿Comprende usted el significado que tiene el firmamento? Sí, creo que lo comprendo. Pero sepa usted que fui yo quien lo hizo, dijo llorando. Se que él no me comprende, es normal. Tampoco se acuerda ya, que es mi hijo. Sus recuerdos fueron borrados para poder estar aquí conmigo pero esa era la condición. El único recuerdo palpable que


me queda de lo que antaño fue mi hijo es la carta que sostengo aquí en mi mano. Si supiera cuanto me arrepiento de crear, no solo el firmamento, sino también el mundo en el que viven todos ellos. Si llegasen a saber la realidad en la que se encuentran encerrados. ¿Que es lo que harían? Se atreverían a salir de este “mini mundo” que les he creado solo a ellos? Puede que algunos piensen que fui egoísta pero qué iba hacer? Los iba a dejar a la deriva en un mundo que se consumía desde dentro? Lloro tanto por dentro como por fuera, mi pena es grande tan grande cómo lo fue mi orgullo antaño. Ya hemos llegado al siglo 24 y apenas hace 2 dos eran todos libres de vivir dónde quisieran. Estaban en un mundo tan benévolo como cruel, yo al ver lo que sucedía no pude que menos que crear esta cúpula gigante en lo que antaño fue la Luna. Este es su mundo. Ahora lo llaman Tierra igual, pero lo que no saben ninguno de ellos es que todo es un montaje creado por mí, no solo el firmamento, sino también la salida del sol, y por su puesto la aparición de la Luna. Sus mapas han sido retocados y viven aquí en lo que antiguamente fue el siglo 20. Pero no saben nada... por eso lloro... -Perdone, ¿ Porque llora? -Lloro por mi hijo. Lorena Montes Miño (SR) En el tren La estación está prácticamente desierta, tan sólo espera la llegada del tren una joven con el cabello teñido de verde y rapado casi al cero, vestida de manera informal con unos tejanos rotos y desgastados y una camiseta con dibujos infantiles, que le confieren una apariencia juvenil. Viaja ligera de equipaje y se dispone a subir el peldaño del tren, tras echar un último vistazo al pueblo que se otea al fondo de la estación. Al poco tiempo entra en el compartimento del hombre, que se afana por secar sus lágrimas ante la presencia de la joven, mientras le cae el trozo de papel al suelo. La joven se agacha y lo recoge, entregándoselo con una tímida sonrisa que esbozan sus labios. Se


sienta tras colocar sus pertenencias y deja su mirada perdida en el paisaje... Tras algunas horas de viaje y varias miradas encontradas, los dos extraños comienzan a entablar una conversación. Ella le explica que ha decidido abandonar su pueblo leonés para probar nuevas oportunidades en la capital española, ha roto con su novio tras diez años de noviazgo y ha cambiado su "look" tradicional por algo menos convencional. Junto con una amiga, que la espera a su llegada, planean montar una nueva clínica veterinaria. Al escuchar las palabras esperanzadoras de la joven, el hombre rompió a llorar. Él también quisiera romper con su pasado, pero él no tenía pasado. Entre sollozos balbucea su historia, un castillo de naipes que se acaba de desmontar... Él, que había sido aparentemente feliz con su familia y su vida, acababa de verla truncada por una verdad oculta. En el lecho de muerte, la que fuera su madre le había confesado que había sido abandonado al nacer por su madre biológica, cuyas señas guardaba celosamente en aquella cajita aterciopelada, que tantas veces había intentado abrir desde que era niño. Allí estaba la dirección de su madre, en Madrid, y allí se dirigía para reconstruir su vida... Martín Mañosa Marcos (BCN)

Julia Hacia tiempo que Julia no experimentaba una sensación tan agradable, tan mística, envolvente y tranquilizadora. Era tan dulce la sensación que incluso los pensamientos y los recuerdos parecían haberla abandonado. Estaba echada en la cama, la sabana blanca que cubría su frágil cuerpo dejaba entrever el delfín tatuado en su sien, le pareció que destellaba con menos intensidad que de costumbre, pero no le dio importancia. Se sorprendió al ver a Carlos en la habitación, sentado a su lado, durmiendo. De repente un recuerdo inundó su mente: estaba lloviendo, ella y Carlos diez años atrás, estaban en un bar sentados uno enfrente del otro. De fondo se oía el bolero “reloj no marques las horas”. Celebraban su final de carrera de veterinaria, profesión que ya siendo niña, había soñado ejercer. De pronto Carlos le cogió la mano y acercó su rostro al suyo hasta rozarle la mejilla y le susurró al oído: “te quiero, te querré siempre”. El recuerdo se desvaneció. Julia se agarró a su almohada que siempre llevaba consigo fuera de casa. Con su almohada se sentía


más segura y la noche no se le hacia interminable intentado conciliar el sueño. Pero esta vez, no tubo la sensación de seguridad. La agarró con más fuerza y un nuevo recuerdo volvió a inundar su mente: en la habitación de un hospital se miraba al espejo y no se reconocía. Tenia los ojos tristes, la nariz grotesca, el rostro hundido y su pelo, que siempre lucia con colores provocativos, había perdido su brillo. Su cuerpo ya no era femenino. Julia adivinó la sombra de la mujer que havia sido. Una mujer querida y amada, pero también engañada y humillada al descubrir el romance de Carlos, su marido, con su mejor amiga. Entonces fue cuando sucumbió. El hombre que la había traicionado, estaba ahora sentado al lado de su cama. ¿Por qué? De repente oyó una canción conocida “reloj no marques las horas” y de nuevo la sensación de tranquilidad. Ya no sentía ningún rencor hacia Carlos. Luego lo comprendió. - Julia –murmuró Carlos acariciándole su mano. - Julia, Julia –volvió a murmurar con mas fuerza. - Doctor, doctor –gritó Carlos mientras salía de la habitación. Los ojos de Carlos se humedecieron y mientras apagaba el bolero, dejaron escapar un par de lágrimas. Jordi Arumí Parramon (MP) Un hombre está sentado en el vagón de un tren, llora Un hombre está sentado en el vagón de un tren, llora, saca un trozo de papel del bolsillo, lo mira, llora con más fuerza. El tren se para “Papa, acuérdate de llamarme cuando llegues”. Un beso Roberto. No había dejado de pensar en él en toda la noche, ni por un instante. Le debió meter la nota, cuando le acompaño a la estación, ¡seguramente!, pensó. El tren había salido de Córdoba, hacia Barcelona, a las 12 de la noche, el chico le dejaba en la estación y marchaba con unos amigos, a tomar unas copas, era viernes. Había llegado no sabía cómo a Tarragona, por megafonía se escucha una voz, indicando a los pasajeros que el tiempo de parada en la estación, va a ser de 1 hora, por problemas técnicos. Algunos pasajeros deciden bajarse a tomar alguna cosa, él se encuentra cansado abatido, la noche ha sido larga, muy larga. María su mujer, le había llamado al poco tiempo de comenzar el viaje y le había dado la mala noticia, Roberto, su hijo, había tenido un accidente.


Por su mente pasó su corta vida, solo tenía 18 años, estaba en toda su plenitud, no podía hacer otra cosa que pensar en él. Ese niño inquieto y extrovertido, vivaz y entusiasta, así es su hijo Roberto. Alto, delgaducho, con el pelo rojo, como su madre. No tenía todavía, los 5 ó 6 años, cuando ya comenzaba a destripar todo cacharro que tuviese algún mecanismo. En casa no había tornillo en su lugar, sus juguetes le resultaban aburridos, él iba mucho más allá, necesitaba saber experimentar, los ordenadores eran su pasión, los desmontaba y los volvía a montar. Sus inquietudes y sus habilidades, le llevaron a convertirse en un joven programador informático. Ese año lo había contratado una gran multinacional en Córdoba, se traslado a esa ciudad. No tardó mucho en tener nuevos amigos, se juntaban los fines de semana para hacer alpinismo, en Sierra Morena. Su padre había aprovechado una cita con un cliente, para pasar a visitarlo. Se admiraban mutuamente, compartían la misma afición por la lectura, desde muy niño le gustaba las novelas de Cortázar, tal vez él tuvo algo que ver en eso, en casa siempre había alguna novela a mano, como quien no quiere la cosa, las dejaba a su alcance. De sus lecturas su hijo aprendió a imaginar mundos nuevos, historias imaginarias, que le forjo su carácter fantasioso. Lo que no sabía era, lo que su hijo comentaba y hablaba a sus amigos de él, su padre era su ejemplo a seguir, lo idolatraba. Un pitido intenso lo volvió a la realidad, el tren se ponía en marcha, no se había fijado en la estación, era de un color ciruela desteñida, se escuchaba el fuerte alboroto, típico de las estaciones, se percibía un olor asfixiante, casi irrespirable. De pronto se acordó, el accidente Roberto, tenía que regresar. En la siguiente estación se bajo, cogió el tren hacia Córdoba, el viaje se lo pasó pensativo, rezando por él. Al llegar a la estación, fue Roberto quien lo recibió, el accidente solo había sido un susto. Había habido suerte, y un fuerte abrazo les fundió. Mª Dolores Martin Venzal (BCN) Obsesión El contenido del maletín rojo le proporcionó la primera pista. Lo cierto es que presentía desde hacía ya algún tiempo que su marido le escondía algo. Y no es que fuera una celosa compulsiva como su amiga de confidencias, pero pondría la mano en el fuego y no se


quemaría, si afirmaba que había una mujer en medio de todo esta maraña. Llevaba varias noches justificando sus tardanzas con reuniones en la oficina, cuando sabía a pies juntillas que él no estaba allí. Fue un día ordenando la ropa cuando descubrió un doble fondo en la parte posterior del armario, donde había un maletín rojo. Sabía de la existencia de ese maletín porque iba unido a las tardanzas de su marido. Sabía que el contenido del mismo le daría la respuesta de lo que estaba pasando, tal vez incluso de quien era ella. Justo en ese momento entró él en casa y tuvo que cesar en su empeño por descubrir los secretos que guardaba aquel maletín. Mientras se disponía a preparar la cena, él le adelantó que no preparase nada para él ya que tenía una cena con unos clientes muy importantes a los que, posteriormente, tendría que llevar de copas. Ya le avisó que llegaría tarde y que no le esperase despierta. Aquella noche, por supuesto, no pudo dormir. Sabía que no existían tales clientes, si no que estaba con la otra. ¿Cómo si no podría explicarse que ya no la deseaba? Por fin, le oyó entrar. Con un ojo entreabierto, le vio entrar en la habitación con el maletín rojo. Pasó la noche en vela y no veía el momento en que amaneciese y su marido se levantase para ir a la oficina. Fue una de las noches más largas y sin duda, una noche que cambiaría el transcurso de su vida. Una vez oyó cerrar la puerta, se apresuró para rastrear su ropa. Tal y como sospechaba, encontró carmín en los cuellos de su camisa. Desesperada, lloró y lloró y tras los lloros, una especie de cólera invadió su cuerpo. Cogió el maletín, lo golpeó, zarandeó, pisoteó… y finalmente, lo reventó. Las plumas volaron por toda la habitación, el neceser de los cosméticos se desparramó por la alfombra y entre lentejuelas encontró un pase vip, invitando al show de una de las mejores drag queen de la ciudad. Quedó atónita al reconocer en aquella foto a su marido. Martín Mañosa Marcos (BCN) 30 corazones No se lo dijo nunca a nadie, tal vez era una mania nueva, eran sus secretos. Las cosas que nunca podria compartir, porque sabia que si lo contaba a alguien lo mirarian mal. De todas maneras tampoco tenia a quien con tar sus cosas.Y afin de cuentas solo era un entretenimiento, se habia fijado una meta cuando llegase a tener 30 corazones lo dejaria y se dedicaria a otra cosa. No le iba a llevar mucho tiempo,


esa era la ventaja de vivir en el ultimo piso y tener una buena terraza, era el mejor de los sitios para cazar. Los corazones los guardaba en botes de cristal con alcohol en la nevera. Cuando la abria los podia ver, al lado las carnes y las salchichas. Esta semana le tocaban dos palomas mas y ya habria llegado a los 30. Virginia Alvarez Sola (BCN) Foto en negativo Habían pasado años desde que no miraba las fotos de familia, un trabajo del cole relacionado con su vida en imágenes le llevó a desempolvar las cajas repletas de fotos. Se pasó horas recopilando las que le parecieron más significativas, días viendo las que tenia olvidadas, los años vividos pasaron por sus manos. Al fondo de unas de las cajas apareció una foto en negativo, la puso al trasluz, en ella pudo apreciar a una niña, le resultaba familiar. Cuando tuvo ocasión la llevo a velar, cuál fue su sorpresa, en la foto estaba su madre, el que creía que nunca había sido niña. Mª Dolores Martin Venzal (BCN) El muro y la ciudad. Era un chico de 24 años, hacia apenas 2 años que por culpa de un conductor ebrio tuvo un accidente de coche, a consecuencia quedo postrado en una silla de ruedas para toda su vida. Era una persona de carácter fuerte, del brillo de sus ojos siempre había destellado vida, una ímpetu irrefrenable por hacer cosas, por no estar parado ni un minuto. Toda esa energía, pese a su juventud, le había hecho asumir rápidamente su nueva vida. Siempre le había gustado jugar al basket-ball, y era muy bueno. Se propuso entrar en un equipo para discapacitados, todos los días iba a entrenar con el fin de adaptar su juego a su nuevo estado y poder destacar cuando vaya a hacer la prueba para entrar en el equipo. Como cada tarde se dirigía a entrenar, su destino era un nuevo polideportivo que se encontraba a apenas 6 calles de su casa. Cuando se encontraba a mitad de camino, al cruzar un desierto


callejón, en su camino se cruzo un coche, estaba aparcado justo delante de la rampita de acceso del bordillo. No podía bordear la calle y tenía que subir a la acera, siempre había sido una persona luchadora y no iba a permitir que ese obstáculo le hiciera retroceder. El bordillo parecía alto, pero conforme intentaba subir a la acera, se le hacía mas y mas alto, en un momento dado le dio la sensación que había topado con un muro en medio de la ciudad. Una persona que pasaba por allí se ofreció a ayudarle, pero él se negó, esa era su lucha y había tomado la determinación de ganar. Una vez arriba, se detuvo unos segundos, tomo aire y noto una sensación excepcional que recorría todo su cuerpo, se sentía totalmente satisfecho, al momento vio un hombre que se acercaba corriendo, se detuvo junto al coche y dijo con una voz compasiva: -Lo siento de verdad, lo he tenido que dejar solo cinco minutos para ir al estanco. Nuestro anónimo personaje, lejos de pensar en increpar al conductor, solo intentaba recordar cuando era conductor, si algúna vez había dejado su coche delante de alguna rampa, dándose cuenta de lo fácil que era crear un muro en medio de la ciudad. Miro directamente a los ojos del conductor, con una mirada firme y decidida, dijo con la voz llena de orgullo: -No pasa nada. Se dio media vuelta y continuo su camino, decidido, con la determinación tomada de escalar cualquier muro q se interpusiera en su camino Francisco Gomez Merino (BCN) Roturas Ella siempre estaba ocupada en su trabajo como modista, trabajaba día y noche, pues su trabajo le gustaba y la ente del pueblo le admiraba. Todo el mundo decía que Ana no solo arreglaba las roturas de la ropa sino también aquellas que tenemos en nuestro corazón.


Ana tenia ya sesenta años y a su edad ya tenia mucha experiencia sobre la vida. La gente del pueblo la quería y la admiraba pues gracias a sus consejos se habían arreglado muchos problemas del pueblo, que si no hubiese sido por ella abrían acabado en graves peleas. Ella era la que arreglaba las roturas de todos. Lorena Montes Miño (SR) Negra suerte Negra suerte. Ya lo tenia, ya era mío. El seis, el siete, el ocho y el nueve; treinta corazones. Una carta más y me saco la escalera. Que vida más perra; a un paso de tenerlo todo y no tengo nada. Cerdo, cerdo y mil veces cerdo; te hubiera devuelto el dinero que te debo y me largaba de aquí, del barrio, y no me volverías a ver el pelo, desgraciado. Míralo, ahí viene; con el Joselito. Negra suerte. Miguel Pamies Bartolomé (BCN)

El misterioso maletín negro En la comisaria de la calle 33 se escuchó por la emisora de radio la voz de su compañero Patric, informando al inspector del robo de una valiosa obra de arte en un Museo situado en centro de la ciudad. Junto al marco vacio se encontraba un maletín de color negro, Patric lo examinó cuidadosamente, lo cogió con suma delicadeza y trasladó a la comisaría cumpliendo escrupulosamente con todas las normas de seguridad para no contaminar la prueba. Una vez en comisaría el inspector Juárez observó con detenimiento el maletín, forzó la cerradura con sumo cuidado y con gran habilidad como si de un autentico profesional del hurto se tratara, al abrir el maletín y examinar con detenimiento su contenido, sus ojos se abrieron de par en par, no era posible, no le podía estar ocurriendo esto a él, al parecer el contenido del maletín negro le proporcionó la primera pista clave para descifrar un caso que hacía más de 30 años que estaba sin resolver, se trataba de un asesino en serie de policías, del cual no disponían de mucha información, puesto que actuaba como uno de ellos y ahora entendía el porque.


Esa era la clave, ahora tan solo quedaba atar cabos, y no revelar a nadie el contenido del misterioso maletín, ahora él y las cuatro paredes de su despacho serían testigos del monstruo que se escondía detrás de esa mascara, de repente se puso las manos en el rostro y tapándoselo rompió a llorar cómo un niño. Cuando por fin recobró la serenidad, se preguntó el porque del maletín, quizás el ladrón quería desviar la atención del robo del cuadro, es muy probable que se pudiera tratar de un chantaje, o posiblemente fuera la única forma que encontró el ladrón para desenmascarar al auténtico asesino en serie. Y así fue como gracias al maletín negro, se resolvieron los crímenes del sádico asesino en serie de policías más buscado de la historia después de Jack el destripador. Rosa Loire Miró (BCN)


Escribir sobre nosotros mismos: nos reescribimos

Camarles El delta del Ebro está repleto de canales que provienen del río del mismo nombre y que conducen sus aguas a los arrozales y huertas que ocupan la mayor parte del territorio deltaico. Es en estas tierras donde tiene lugar nuestra historia. Luis, un muchacho de nueve años es el protagonista de nuestro relato.Este chaval tiene a su cargo el cuidado de su madre, que vive sentada en una silla de ruedas, consecuencia de un accidente de tráfico en el que murió su marido y ella quedó muy malherida y condenada a no poder andar nunca más.Además de ir a la escuela, debe encargarse de la compra y del cuidado de algunos animales que crían en el corral de la masía, rodeada de arrozales, y de un color blanco intenso que deslumbra cuando el sol le da de lleno. Un dia, Luis se dirigia, montado en su bicicleta, a la población de Camarles que está a unos dos quilómetros de su hogar para hacer lo de todos los días:asistir a clase y, a la salida, hacer la compra cotidiana.De repente, oyó unos gritos desesperados y se detuvo para averiguar de donde procedían.Se acercó al lugar de procedencia y vió con horror a una niña que daba zarpazos en el agua del canal, en el cual se había caído, intentando desesperadamente mantenerse a flote y consiguiéndolo a duras penas porque estaba agotada de chapotear en el agua. Luis no lo dudó:cogió una cuerda que llevaba en el portabultos de la bicicleta, se la ató a la cintura y a uno de los muchos árboles que crecían a lo largo de las riberas del canal, se tiró al agua y fue nadando hacia la chiquilla.Cuando consiguió llegar hasta ella, la cogió fuertemente por la cintura y la fue arrastrando hasta sacarla del canal.La niña que lloraba atemorizada y Luis la fue consolando hasta que dejó de llorar. Un coche que pasaba por el lugar cargó a ambos y los llevó hasta el pueblo.La niña resultó ser la hija de unos de los terratenientes del


lugar el cual, al enterarse del suceso, lleno de gratitud, tomó a su cargo a Luis y a su madre a los cuales nunca más les volvió a faltar de nada. Jordi Monteverde Mauri (AM) Kiko: forjar un futuro Como cada dia Kiko se dirigía con su coche a la obra, pese a ser verano el cielo estaba un poco encapotado y empezaba a chispear levemente. A pesar de estar durante 12 años trabajando en la obra, con sus 29 años tenía muy buen aspecto ya que practicaba deporte desde que era un adolescente. Era una persona de talla mediana, de complexión atlética y en sus movimientos denotaba bastante agilidad, tenia los cabellos negros y desde siempre le había gustado llevarlos cortos, sus ojos eran de un color verde oscuro y normalmente tenía una mirada bastante alegre y despreocupada. Se acababa de levantar y decidió poner la radio para despejarse, sonaban las noticias y como cada dia desde hacía ya casi un año estaban hablando de la crisis. La expresión de su cara se torno rígida, pese a que todavía no había sufrido las consecuencias de la crisis en sus carnes cada dia se enteraba de más conocidos que se estaban quedando en el paro, pero eso no lo desanimaba. El siempre había sido una persona positiva, austera pero con ambiciones. Su falta de motivación y las malas amistades hicieron que dejara de estudiar muy joven, hecho del que se arrepintió antes de que pasaran dos años que fue el tiempo que estuvo en el paro perdiendo el tiempo con sus amigos, perdido por la vida sin tener ni la más remota idea de lo que podía hacer consigo mismo.


Fue una extraña época en su vida, a pesar de querer trabajar no tenía ni idea de cómo empezar a buscar un empleo, eso le llevaba a un ciclo en el que se levantaba a las dos de la tarde para luego pasar toda la noche en la calle con sus colegas, esperando a que algo pasara y lo cambiara todo… Todo cambio una mañana de otoño cuando el teléfono sonó haciéndole sobresaltar de la cama, era su amigo Iban, un chico al que conocía desde los párvulos y se puede decir que era lo más parecido que se puede tener a un hermano. Iban era una persona con mucha vida en su mirada, hiperactiva, con iniciativa y aun no siendo muy sensato siempre tenía muchas ganas de hacer cosas. Con un tono jubiloso le dijo que había encontrado trabajo como peonen un obra para realizar trabajos en pladur, añadió que estaban buscando tres personas más. Era una noticia estupenda y Kiko tardo muy poco en ofrecerse. Kiko y sus cuatro amigos se dispusieron a trabajar el pladur. No tardaron en percatarse de cómo funcionaban allí las cosas, empezando desde cero podías aprender un oficio con el que poder ganarte la vida, sus mayores preocupaciones se disipaban y se abría todo un abanico de posibilidades ante sus ojos. Algo tan simple como un trabajo de peón para ellos era como una segunda oportunidad. Tenían muchas ganas de aprender y ascender en ese nuevo mundillo, cosa que no fue muy difícil ya que sin ellos darse cuenta se había creado un juego: cada uno de ellos intentaba ser más rápido y todos tenían afán de ser mejor que el resto de sus compañeros. Esa ansia de competir entre ellos les hizo alcanzar su objetivo casi sin darse cuenta, en tan solo dos años ya eran oficiales de primera y podían acceder a un buen trabajo dentro del sector. Pasaron los años y aunque de una forma más madura esa competencia todavía se hacía presente. Cada uno de ellos hizo su camino, aunque casi todos optaron por hacerse autónomos, esa era la mejor opción teniendo en cuenta que estábamos en pleno auge de la burbuja inmobiliaria, era una época dorada. Kiko estaba en su coche, parado en el denso tráfico matutino de la diagonal, sin poder parar de pensar en la crisis. Era una persona que le daba muchas vueltas a las cosas, inconscientemente siempre había tenido la necesidad de tenerlo todo calculado para poder quedarse tranquilo. Después de tantos años de bonanza y despreocupación veía venir como se le avecinaba una nueva época de precariedad laboral y futuro incierto, se veía otra vez como cuando era un adolescente. Eso le comía por dentro.


No sabía si era peor la situación en la que se encontraba o el hecho de no poder hacer nada para remediarlo. Sentía que solo podía aguantar el empuje y esquivarlas como pudiera. Sentado en su coche barajando diferentes opciones le vino a la mente una idea que le había dado su madre. Su madre siempre había sido una mujer muy luchadora, ella sola había tirado su familia adelante, todo un ejemplo a seguir. Llevaba ya semanas animando a su hijo a sacarse la ESO para poder optar por algún tipo de oposiciones. A Kiko le agradaba la idea de ser bombero, de hecho siempre le había llamado la atención pero llevaba ya muchos años sin estudiar, de hecho aunque estuvo matriculado en el colegio hasta los 15 años se puede decir que dejo de estudiar literalmente en sexto de EGB. Sacarse la ESO lo veía como algo viable ya que podía estudiar por internet igual que hacia su madre haciéndose algo totalmente compaginable con su trabajo y sabia que tarde o temprano con esfuerzo la podía tener, lo que realmente le echaba para atrás era la gran dificultad para aprobar unas oposiciones a bombero, pero no dejaba de ser una opción aunque solo fuera para quitarse esa sensación de impotencia que le corroía por dentro, había llegado el momento de planteárselo seriamente. Francisco Gomez Merino (BCN)

Sara Sirena Sara piensa como planear sobre el espacio y el tiempo, su mirada dulce como la miel y de ojos almendrados, ha heredado una piel canela como la de mama. Su melena negra y ondulada le da un toque exótico he isleño, solo le falta ponerse unas flores hawaianas en su cuello y ponerse a bailar con un vaivén de caderas. Se pasea por la orilla del mar, piensa que si se sumergiera en el océano se volvería sirena. Vive en un mundo de fantasía desde el día que murió papa no es la misma, quiere volar, nadar, correr, huir, se ha inventado un mundo hecho a su medida. Quiere ser sirena y alcanzar los profundos misterios que esconde el mar. Su sonrisa deja ver unos dientes blancos y brillantes que cautivan a casi todo el mundo, es sensual y su figura hipnotiza a todo aquel que la ve pasar. Sus caderas están bien alineadas y sus andares cortan el viento a cada paso que da. La timidez que envuelve su figura, la sumerge en un mundo salvaje por conquistar, pero ella no quiere ser


descubierta, solo busca un fin en su mente, el reencuentro con papa. La pequeña Sara, solía alimentarse de hortalizas, ella creía que si alguna vez se engullía un solo pedazo de carne, su cuerpo empezaría a inflarse como un globo. Un buen día Sara se vio comprometida, ya que le estaban insistiendo en probar, esos canelones que su tía Angustias preparaba siempre en el día de navidad. Su mente volvía a imaginar que si en algún momento comía un solo trozo de esa masa con carne, se convertiría en algún sapo horroroso, ó quizás en la madrastra de la cenicienta. Ella solía decir, si sintiera que cuello abajo le bajara un solo trozo de carne, haría pagar a todos por su castigo. Entonces se convertiría en la madrastra de la cenicienta, mala y perversa. Para ella su vida tenía que ser a su modo de ver y no dejaba que nadie le obligara hacer lo que ella consideraba inadmisible. Dado su forma de vivir, no accedió a probar esos deliciosos canelones, así que su mente voló he imaginó que el querido gatito de su vecina se engullía esos canelones y de repente veía como ese pequeño animalito entró en una rápida metamorfosis, convirtiéndose en un horroroso sapo verde. Así que, pudo ver por ella misma, que realmente era más fuerte su fantasía y no comería jamás alimentos que procedieran de la carne. Finalmente siguió con su vida vegetariana y aburrida, por el miedo a convertirse en algún monstruo horroroso. Pensó que los vegetales eran un antídoto, contra los venenos de las carnes, por lo tanto seguiría consumiendo vegetales hasta lo último de sus días. Sara es soñadora y divertida, pero a la vez añora la presencia de su papa, su vida cambió en el momento en que lo perdió. Vive en su mundo de fantasía y se refugia en su forma de vivir y ver las cosas, solo come hortalizas, desde el día que papa se marchó, su mente recuerda el día catastrófico, en que sentados en la mesa ingirió alimentos derivados de la carne y desde ese día, papa fue empeorando asta que murió. Un buen día Sara, pasea por la orilla del mar, sus piernas delgadas y finas parecen no acababan nunca, recorre la arena y se adentra en el agua, se transforma en sirena, sus piernas comienzan a cambiar de forma, de repente mil colores adornan su figura, unas pequeñitas escamas azules y verdes transforman su tronco inferior, ella confundida se adentra en el mar sacudiendo una inmensa cola que parece no acabar, de repente está en el fondo del mar, su piel se convierte en oro ilumina todo el fondo, los peces se agrupan a su alrededor, y como si le hicieran reverencia empiezan a danzar en círculos y en espiral, la alegría la invade, su voz dulce melosa y


plañidera comienza a discurrir en la melodía mas bonita que jamás se escuchó en el fondo del mar. Una desorbitada fuerza se apodera de Sara las ondas se expanden fuertemente por todo el océano, su voz parece resonar como un vendaval que inunda cada gruta, cada hueco, cada cueva, todo se transforma al paso de su voz, cosas maravillosas empiezan a suceder a su alrededor, el mundo acuático se está metamorfoseando fantásticamente. Alguien la llamaba desde lo profundo del mar, pensó entre si que aquel era su mundo, quería quedarse allí, y comer plancton como el resto de los seres que la rodeaban. En su mente un objetivo, una mente, reencontrarse con papa. En un segundo dentro de la confusión, a lo lejos ve acercarse una luz destellante fuerte parpadeante, blanquecina como la nieve, sin tener tiempo de reacción de repente se le acerca aquella luz maravillosa, de dejaba entre ver una figura de hombre con los brazos abiertos, dispuesto a dar un abrazo. Los ojos de Sara se abrieron como si se quisiera engullir la sombra, de repente Sara inmóvil empezó a llorar fuertemente, sus lágrimas se mezclaban con el agua del mar, y se fundió en un abrazo junto aquella sombra de hombre. Sara estaba feliz, alegre, contenta llena de vida, su reencuentro fue un deseo, un milagro, un regalo de dios. Su padre vino a visitarla, tan fuerte era su pena, que sin quererlo ella transmitió al mundo mágico, su tristeza y desesperación por no tener a su papa con ella. Un deseo tan fuerte, que recorrió el espacio, los cielos, asta lo último de la tierra, y su deseo se cumplió. Lo único que debería hacer era sumergirse en el mar, cada vez que quisiera ver a papa. La contradicción de Sara se tornó del revés. Empezó a cambiar de hábitos y a intentar comer como el resto de las personas, esa sensación de perdida fue desapareciendo de su vida, dado que, cada vez que quería ver a papa, solo tenía que dirigirse aun lugar, para disfrutar de su presencia y de la belleza del fondo del mar. Pilar Pérez Robles (SE)


Domingo en moto Como cada domingo por la mañana,la gente se reune en el mismo sitio,misma hora.Saludos,abrazos,gente nueva... Se respira buen ambiente para pasar una buena mañana rodeado de amigos. En fila india,las motos forman una serpiente gigante que avanza lentamente. Cada vez que paran en un semáforo,las motos son blanco de miradas,de niños y mayores.Como si fueran extraterrestres los moteros lucen sus cascos,sus trajes,en sus caballos de dos ruedas que llama la atención de los niños. Salen de la ciudad...se dirigen al puerto de montaña,tranquilidad,poco trafico,silencio,solo el ruido de las motos.Siguiente parada,en el mirador,la gente aparca su moto y contempla el precioso paisaje. Un pequeño descanso,la brisa del aire,el sol de la mañana,la tertulia sobre motos no pueden faltar,las reivindicaciones tampoco. Los moteros proponen nuevas ideas para ser escuchados, en un ambiente distendido, camisetas, pegatinas, manifestaciones, todo lo que se puede hacer es poco para ser escuchados por las administraciones. Los guardarrailes, la pintura deslizante, son una de sus principales reivindicaciones, también la mala imagen que se tiene de ellos. Acto seguido son sorprendidos por una gran luz, el cielo,incandescente,es un meteorito enorme que impacta contra el mar,se forma un cráter enorme en medio del mar,la gente entre sorprendida y asustada observan el espectáculo visual. En dos minutos todo volvió a la normalidad, se hace el silencio, aún con el shock de lo vivido intentan coger su moto y seguir la ruta. Se hicieron fotos, grabaron videos con sus móviles y poco mas tarde vieron llegar un grupo de científicos en un helicóptero en busca de esa roca incandescente. Tras estar observando un rato y ver como los científicos no daban


hallado el meteorito decidieron seguir la ruta, aunque tardaran tiempo en olvidar ese acontecimiento Después de lo vivido y hablado...la siguiente parada el ansiado almuerzo,las "butis amb mongetes" no podían faltar. Hacen sitio en el restaurante ante tal numero de comensales,después de sentarse y despojarse una gran capa de ropa(chaqueta,guantes,pañuelos etc..)el almuerzo es una excusa para reunirse y hablar,reír etc.. Después de mas o menos una hora,almuerzo,café,les toca volver a subir en moto e iniciar la vuelta a casa.Una mañana agradable en compañía de amigos. Esta fue una mañana de domingo un poco especial en la vida de los moteros,los paisajes,la montaña,el restaurante perdido en la nada,la tertulia,las curvas,el meteorito,lo bueno y lo malo de la carretera, siempre acaban volviendo, miran al cielo,a ver si el día acompaña, hoy han tenido suerte. Jordi Rodriguez Garcia (BCN) Aquel barco siempre volverá Cuando vivía en Almería, por las tardes solía ir al puerto para mirar hacia el mar, siempre a la misma hora. Aquel mar resplandeciente como el cielo, de un color plateado y brillante como el oro, con sus aguas onduladas, chisporroteantes y agitadas por el viento fuerte, abrasador y caliente de Poniente. Cada día veía como los barcos de pescadores volvían de faenar, entre ellos el de su padrino, que la recibía con alegría y entusiasmo, por esto ella cada jornada seguía el mismo ritual. Años después en Barcelona una tarde a la misma hora se encontró en el puerto frente al mar, pasó por su memoria como un flash, el


recuerdo de aquellas tardes esperando a su padrino en otro puerto, pero en aquel mismo mar. Hacía años que no sabía de él. Tenía una estatura imponente: de espaldas anchas, el rostro curtido, quemado por el sol y el viento, como es habitual y característico de los hombres de la mar. Entonces ella cuando llegó a su casa decidió coger el teléfono y llamarlo. Sonaron varios tonos, al otro lado nadie descolgó. Inquieta y temiéndose lo peor, decidió que en cuanto tuviese ocasión iría a visitarle. No pasó mucho tiempo cuando se presentó en su domicilio y se sorprendió al ver a unos desconocidos que le abrieron la puerta; su padrino no. Era un matrimonio de mediana edad, el barrigudo con la cabeza pelada, de frente despejada y una profunda mirada. Ella era diminuta de ojos celestes y una mirada audaz. La casa no había cambiado, desprendía el mismo olor perfumado y discreto de siempre. Era amplia, liviana sin demasiada decoración. Sus paredes blancas como la nieve iluminaban toda la estancia. Tal vez me he equivocado, pensó, estos le explicaron la situación, que no era otra que verificar sus temores. Regreso a Barcelona, de camino a casa pasó por el puerto, casualmente era la misma hora de la espera diaria de su niñez, divisó un barco a lo lejos y paró el coche, no podía ser. Entonces esperó unos minutos a que el barco se acercara, ella estaba alborozada e inquieta, emocionada lloraba de alegría. El mar estaba brillante e intenso, enrojecido por el sol del atardecer. El barco se iba acercando serpenteante y armonioso, rugiendo con sus velas ondeando al viento, era grande y majestuoso. Resplandecía como el sol, esos momentos fueron mágicos, eternos, estaba volviendo a aquellas tardes de su niñez. Pero cuando el barco llegó, se esfumó. Mª Dolores Martin Venzal (BCN) Perico en su primera aventura Después de unos años en los que la sociedad de un país, que podía haber sido imaginario pero que tristemente existió, esta quedó dividida en tres grandes grupos: los vencedores, los vencidos y los que supieron aprovecharse de las circunstancias para sobrevivir y/o medrar. Perico, era un niño de diez años de una familia formada por los padres y dos hijos que formaban parte del bloque de los vencidos,


aunque él ignoraba dicha condición. Era un niño como la mayoría de las familias de obreros; espigado, de cabellos rubios, rasgos corrientes, ojos grandes que observaban con curiosidad lo que pasaba a su alrededor, mente que intentaba analizar lo que captaban sus ojos y sentidos sin llegar, la mayoría de las veces, a comprender. Un niño del montón. El año 1946, y las circunstancias, le produjeron un cambio profundo en su vida. Murió el padre de una enfermedad que coloquialmente denominaban “un mal feo”. La madre, con muy escasos recursos económicos, aceptó el ofrecimiento que le hizo una hermana de su difunto marido, que vivía en pequeño pueblo de la provincia de Teruel, para enviar al hijo mayor, Perico, a pasar con ella el tiempo que fuese necesario y así pudiera mejorar su maltrecha economía. Así empezaron las aventuras del protagonista: el viaje y la estancia lejos de su familia, de sus compañeros y de su Barcelona. Una tarde, acompañado de un familiar, lo montaron en un tren en la estación de Francia; era un vagón de los de la época, de tercera clase, con asientos de madera, quizás no demasiado limpio, hecho que no le importaba ni tampoco apreció. Era un tren de verdad con su máquina humeante y todo. Iba a viajar por primera vez en su vida. Las veces que leyendo los libros de aventuras, había soñado con viajes a tierras lejanas llenas de dificultades, que él con destreza y valentía vencía, saliendo siempre airoso. Por fin iba a ver mundo de verdad, no tan solo con la imaginación. Notó que el tren se ponía en marcha, lanzaba unos fuertes silbidos, primero lentamente pero poco a poco cogía velocidad. A través del cristal de la ventanilla veía el humo de la máquina elevarse hacia el cielo en blancas volutas hasta desaparecer, como pasaban rápidamente los campos, los árboles y las casas. Perico estaba embobado con el espectáculo que desfilaba ante sus abiertos ojos. Nunca antes había tenido aquella sensación tan placentera de alegría. Poco a poco fue obscureciendo. Ya no se distinguían las siluetas de las cosas, tan solo se apreciaban las luces de la lejanía o de alguna estación. El sueño lo vencíó. Cerró los ojos y se acurrucó


en el asiento. Entre los ajetreos del vagón, seguía soñando en viajes maravillosos y en aventuras. Por la madrugada, llegaron a Sagunto. En esta estación tenían que hacer transbordo para coger otro tren que les llevaría hasta el pueblo de destino. Comieron un poco de pan del que llevaban. A las pocas horas montaron en el otro tren y siguieron hasta el lugar previsto, donde llegaron al mediodía. Una vez estuvieron en casa de la tía, fue presentado y tuvo que darle un beso en una mejilla. No parecía mala mujer, pero si muy seria y mandona, acostumbrada a luchar sola en la vida. No demasiado alta, de cuerpo rechoncho y fuerte, de cara redonda, ojos pequeños e inquisidores, nariz corta y algo achatada, los cabellos recogidos en un moño que empezaban a teñirse de blanco por las canas. Vestía con sencillez y con un delantal, o mandil, a cuadros. Al hablar, su acento le pareció extraño; ella se dio cuenta de ello y le preguntó: ¿No habías oído hablar con acento maño, chico?- No señora, le respondió-, -No me llames señora, soy tu tía. El niño bajó la cabeza, y contestó -No tía, no lo había escuchado nunca. Con esto saldaron la cuestión. Lo mandaron lavar las manos y se dispusieron a comer. Así empezó la estancia aragonesa que había de prolongarse algo más de un año. El pueblo tenía como nombre, y lo sigue teniendo, Sarrión. Era un pueblo pequeño, según le dijeron, de unos 500 habitantes. Tenia una iglesia grande, con una torre con su campanario, cuyas campanas tocaban los cuartos de hora y las horas, estas últimas con un sonido más fuerte. La cerraba una gruesa puerta de madera en la que se apreciaban unos agujeros, que según supo al cabo de un tiempo, los habían producido los disparos que había hecho unos “rojos”. En una de las paredes principales había una placa de mármol con una dedicatoria a los “Caídos por Dios y la Patria”. El templo estaba situado en la única plaza del pueblo. Lo pudo conocer bien ya que, pronto la tía habló con el señor Cura y lo enrolaron como monaguillo. Aprendió a contestar en latín, cuando


correspondía, en los actos litúrgicos en se requería su presencia: misas, bodas, bautizos, entierros... No sabía lo que significaban las palabras que decía, lo que importaba, era que no se equivocaba al declamarlas. En aquellos tiempos es posible que no hubiera oído hablar de los loros. La escuela estaba situada en la misma calle donde vivía su tía. Daba la impresión de haber sido, en otro tiempo, un almacén, que había sido habilitado una parte, para albergar a unos veinte niños. Las niñas iban a un convento situado cerca de la iglesia, al que regían media docena de monjas. El señor maestro no era del pueblo, había nacido en otro cercano todavía más pequeño. Entre los habitantes de ambos pueblos se tenían cierta inquina, hecho que se demostraba en los motes con que se denominaban unos a otros. Motes no demasiado indulgentes y hasta insultantes, que los alumnos nunca se atrevían a decirlos delante de él. Siempre vestía con chaqueta gris, un tanto gastada por el uso, y camisa azul obscuro. En cuanto a la enseñanza, los temas de aprendizaje eran básicamente: religión católica, aritmética, geografía de España, canciones patrióticas y una serie de “consignas” que había que memorizar y recitar cuando el señor maestro así lo requería. La materia que con más interés y más tiempo explicaba, era la historia de España. En ella destacaban los grandes reyes que habían existido, y sus proezas: Los Reyes Católicos, Carlos I de España y V de Alemania, Felipe II Alfonso XIII y Franco. Aunque este último no había sido monarca podía estar en la lista pues, gracias a él, la Patria se liberó de los peligros que la oprimían y se empezó a caminar con paso firme hacia la prosperidad. Las “consignas”, tenían un aspecto especial, si, cuando el maestro preguntaba a algún alumno la que correspondía al día, este la recitaba sin errores, con la entonación adecuada y era capaz de dar una explicación de lo que quería decir. Podía avanzar en los asientos de los pupitres sólo hasta diez sitios, por tanto, los que se sentaban en los primeros lugares, era los más aprovechados en dicha materia. Perico guardó, durante un tiempo, una medalla con una cinta con los colores de la bandera española, por haber defendido el primer puesto durante un mes. El señor maestro y su tía le felicitaron por su aprovechamiento. Aparte de las horas que tenía que emplear en la escuela, en la iglesia y en las memorizaciones, le quedaba tiempo para jugar con los demás chavales a pelota mano en el frontón o haciendo


correrías por cercanos campos. Además, de vez en cuando, su tía le mandaba llevar a apacentar tres ovejas o a recoger hierba para alimentarlas cuando estaban en el corral . Por las noches, una vez cenados, rezaban el Rosario o leían en voz alta párrafos de algún libro religioso. Un recuerdo que le quedó grabado fue el día de la matanza del cerdo, antes de la Navidad de aquel año. Era un animal grande, gruñón y como su nombre lo definía, un cerdo. Vinieron unos vecinos, lo degollaron, y una vez muerto lo chamuscaron para eliminar las cerdas, lo descuartizaron y estuvieron muchas horas haciendo embutidos. Aquel día se pusieron las botas de comida frita, roscas y pan. Pasaban los meses. En primavera, la escuela tuvo visita. Unos señores de la capital hicieron una inspección. Conversaron con el maestro, leyeron algunas de las redacciones que habíamos hecho durante el curso, hicieron algunas preguntas sobre las mismas. Como resultado de todo ello, Perico se enteró de que, además de otros seis compañeros, había sido elegido para una beca de estudios que le permitiría cursar el bachillerato en un centro de la capital y, si se aplicaba, incluso seguir en la universidad estudios superiores. Para optar a dicha beca se necesitaba la autorización escrita de la madre. El hecho desencadenó la vuelta del muchacho a su Barcelona. La madre intuía que la lejanía y el tiempo de los estudios podría hacerle perder a su hijo, además, como existía otro hermano, consideraba justo que ambos tenían que tener las mismas oportunidades ante la vida. A principios de septiembre, fueron a buscarle, volvió a montarse en los trenes, esta vez en dirección opuesta, y al día siguiente, soñoliento y tiznado por el hollín de la máquina de vapor volvió a la ciudad que le vio nacer. Había acabado su primera aventura por las tierras peninsulares. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, el recuerdo de aquel año quedó guardado en algún recóndito espacio de su mente. A veces intentando hacer memoria, se mezclan los recuerdos con la imaginable, como un sueño antiguo del que es difícil separar lo vivido con la fantasía. Ricardo Belmonte González (SG)


La huida Cuando Marcus Sloane salió del vestíbulo de la estación, el tren ya había marchado. Sin perder un instante, acostumbrado como estaba a toda clase de situaciones difíciles, nuestro héroe fue a buscar a la persona que estaba al mando en ese lugar. El problema principal era que Amanda iba en el tren que acababa de perder. Su novia se había quedado dormida en el compartimiento y él no quiso despertarla cuando pararon en el andén y decidió llamar por teléfono a sus superiores; pensó que quizás en el despacho del apeadero podría averiguar si estaban cerca de la frontera. Por un momento sonrió al pensar en el comentario de su jefe sobre su mediocre acento alemán y la recomendación que le hizo de que lo mejorara si no querian ser descubiertos. Amanda y Marcus escapaban de Berlín, donde habían completado con éxito, una peligrosa misión. En esos momentos, todo el ejercito nazi debía estar persiguiéndolos, y especialmente el malvado oficial con una cicatriz en su mejilla derecha. Pero ahora, Marcus debía pensar en como reunirse con Amanda en Suiza, lejos de sus enemigos. Las noticias que recibió del jefe de la estación fueron terribles. Al parecer, el tren en el que viajaba su novia no podía reducir la velocidad debido a un problema mecánico. Mientras tanto, Amanda despertaba ajena a lo que estaba sucediendo y al no saber donde estaba su prometido, decidió salir del compartimiento para buscar a Marcus. Era difícil mantener el equilibrio porque la velocidad del tren iba en aumento. Los pasajeros, asustados, iban saliendo al pasillo sin entender lo que ocurría, pero entre ese grupo Amanda descubrió a un oficial alemán que la miraba fijamente. Cuando el hombre se dirigió hacia donde ella estaba, Amanda pudo reconocer la horrible cicatriz de su mejilla. - Miguel ¿ Quieres dejar el tren y venir a cenar? ¡Y no olvides lavarte las manos! - Sí mamá, ahora vengo. El niño se levanta del suelo y mira el tren de juguete que le han traido los Reyes, luego apaga la luz y sale corriendo de la habitación. Miguel Pamies Bartolomé (BCN)


Hablar en sueños Tras la muerte de Julio, se obsesiono de tal manera, que hasta en los sueños no podía descansar. Una noche, se le apareció con un ramo de flores, la volvió a besar y se marchó. Todo era muy confuso. Creía que se estaba enamorando de su difunto amigo. Cenaba con el, paseaba, iba al cine y tenía largas conversaciones como las tenía cuando estaba en vida… Hasta sonar el despertador. Andrea, sabía que nada de esto le iba a traer ningún bien. Tardo mucho tiempo, en saber y creer, que nuestro cerebro nunca descansa, es muy sabio y a veces hasta nos traiciona. El subconsciente, ese otro gran traidor, guarda hasta aquel mínimo detalle, aquel que no queremos recordar. ¿Todo fue fruto de su imaginación? Nunca lo sabrá, ¡Hay tantos misterios! Sólo quiere dar gracias, de tener ese contacto con su amigo. Yaiza Garriga Sorolla (AM)


Nos atrevemos con la poesía

Flor de carmesí, anclada sola triste sueña mi vida. Aves de paso, suben y bajan solas, viven sin miedo. Pilar Pérez Robles (SE)


Las palabras se escapaban del muro de su prisión, una mujer, un grito, un arañazo, un empujón. No permitas que te humille, no cedas a esta sinrazón, busca un camino, huye, dibuja una sonrisa, guarda tu alegría, navega en tu interior. Anhela aquellos sueños que tejiste y olvida a ese amor, un amor que no te quiere y que daña tu corazón. Sus palabras latigazos en el alma, sus golpes son puñales en tu interior. No cedas a sus palabras, no bebas de su rencor, olvida a ese hombre que te daña huye de ese monstruo que solo te causa dolor. María del Castillo Ortiz Ramos (BCN)


Flor de verano insecto en su rama desea calor

Yaiza Garriga Sorolla (AM)


El rap de las tres mujeres Tres mujeres tejen y tejen mientras envejecen, la vida pasa y son esclavas de su tarea él la mira y ni parpadea, que sera de estas mujeres al lado de este semejante que no deja de mirarlas con ese semblante una huida seria la solución pero el las vigila sin perderlas de vista mientras una de ellas llama su atención aprovechan para desarmarlo y atarlo huyen en busca de una nueva vida y dejar atrás esta movida ahora son libres y felices y como decían en los cuentos comieron perdices. Jordi Rodriguez Garcia (BCN)


Las palabras se escapaban del muro abrazadas a la muchedumbre ese noviembre del ochenta y nueve en Berlín. --Entre los olivos bajo llave cerrado más allá de miradas siempre guardo un secreto uno, que no me has contado --La caída de la hoja fue distinta este año; bajamos al parque nos sentamos en el banco frente a la acacia y no hablamos pero estuvimos más cerca de lo que nunca hemos estado. Miguel Pamies Bartolomé (BCN)


La caída de la hoja fue honrosa. El árbol viejo y yermo, indicó su última voluntad. Jordi Arumí Parramon (MP)


¿Dónde deja el puñal el águila cuando se acuesta en una nube? La tira cielo abajo, cuando nadie la mira.

Vuelan de cuatro en cuatro se van a perder Qué triste cielo. Yaiza Garriga Sorolla (AM)


¿De qué se ríe la sandía cuando la están asesinando? Ríe sin querer; el frío del acero le hizo cosquillas. Miguel Pamies Bartolomé (BCN)


Profesora del Módulo: Bea Marín Peralta Institut Obert de Catalunya Àmbit de la Comunicació

Muchas gracias

Ficciones nº 1 - Invierno 2009  

Es una publicación del módulo Taller de escritura creativa - GES - IOC

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