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DOLOMITI EXTREME TRAIL

NO APTO PARA DISFRUTAR Texto: Bea García Fotografía: Dolomiti Extreme Trail

A aquellos corredores de larga distancia que llevan ya un tiempo en este mundillo que cada vez capta más adeptos, cuando oyen hablar de una ultra en Dolomitas piensan en Lavaredo. Pero no, hay más y mejor vida más allá de ese punto. Es la Dolomiti Extreme Trail. Dolomiti Extreme Trail, a simple vista, puede parecer un nombre pensado en clave marquetiniana para atraer a corredores. Pero no, realmente es extrema. Una carrera no apta para aquellos que buscan trotar tranquilamente por cómodos senderos. Eso sí, una carrera para aquellos corredores que busquen una prueba con una atención excelente por parte de la organización donde no falla ningún detalle de cara al corredor. Tres distancias para elegir: 103 kilómetros y 7.150 metros positivos, 53 kilómetros y 3.800m positivos, y 23 kilómetros y 1.000 metros positivos. Una cifra muy destacada: corredores de 39 países 60

divididos en las tres distancias (Hawaii, Rusia, Argentina, Colombia, Finlandia, USA…). Algo muy especial ha de tener una carrera para que acudan corredores de la otra punta del mundo, a parte de que si acabas te den los mitificados puntos para el Ultra-Trail du Mont-Blanc que evidentemente aquí también se pueden conseguir en las pruebas de 103 (5 puntos) y 53 (4 puntos). Las dos distancias más destacadas partían el sábado a las 5.00 y 5.30 respectivamente, mientras que la distancia más reducida, la de 23k, salía el domingo a las 08.00. Ya es conocido que el tiempo en Dolomitas no es muy


agradecido y la previsión meteorológica para el fin de semana no era del todo positiva, aunque había ido mejorando en los últimos días. La última hora del viernes por la tarde predecía lluvia para 24 horas después, así que al menos los corredores de las pruebas de 103 y 53 podrían tener una plácida salida. Un punto favorable era que las temperaturas no bajarían mucho, aunque en montaña nunca se sabe, y sobre todo en altura. El material obligatorio incluía, entre otras cosas, una chaqueta impermeable y una camiseta térmica. Ambiente previo El horario de recogida del dorsal era muy amplio entre el jueves y el viernes. Aun así, mayoritariamente el viernes se empezó a vivir el ambiente de la carrera por la calles del precioso pueblo de Forno di Zoldo. Se podían ver la cara de sorprendidos de los corredores de las pruebas de 103 y 53 cuando al recoger el dorsal les decían que ya podían recoger su premio de finisher antes de empezar,

unas zapatillas de trail de la marca que patrocinaba la prueba, lejos de la típica camiseta que evidentemente se podía comprar si la querías. Este año la organización había preferido entregarlas antes a todos los corredores para mejorar la gestión. Un detalle que creo que es de muy agradecer es que el briefing del viernes para todas las carreras fuese en tres idiomas con tres personas que iban haciéndolo una en cada lengua (italiano, inglés y castellano). He estado en carreras donde este importante detalle no se tiene en cuenta, concretamente en una en la suiza alemana dónde el briefing se hizo exclusivamente en alemán y los corredores extranjeros nos quedamos sin la información útil. En el briefing se informó que los dos tramos marcados como peligrosos (antes del kilómetro 40 y después del 85) se habían eliminado por la cantidad de nieve que había, pero que la distancia y el desnivel se mantenían, algo que la mayoría de corredores agradeció. La prueba de 103k daba comienzo a las 5.00 del 61


DOLOMITI EXTREME TRAIL

Roca y perfiles abruptos, dos distintivos dolomíticos.

sábado ya con el cielo prácticamente claro, así que no hizo falta frontal. La prueba empezaba en asfalto y en bajada, cosa que permitió a los corredores empezaron calentar rápidamente. Ya hace unos años que los comenzamientos de este tipo de pruebas tiene un ritmo muy alto sin tener en cuenta que quedan muchas horas por delante y el podio sólo se lo juegan unos pocos, el resto sólo aspiran a acabar y disfrutar, aunque es cierto que algunos luchan también por quedar lo más arriba posible en la clasificación. El asfalto duró poco y ya la prueba entró en su terreno de juego: senderos húmedos y bosque profundo dieron paso al protagonismo de las piedras. Los 325 corredores de esta distancia fueron estirándose al pasar un pequeño atasco de unas de las primeras subidas. Al poco de empezarse constató ya el alto número de voluntarios, que en total era de 350 para todas las pruebas. Se notaban que eran habitantes de los pueblos de la zona. La temperatura y sobre todo la humedad hacían que 62

aunque el sol no hubiese salido todavía se pudiesese correr tranquilamente en manga corta. Paisajes espectaculares, aunque era recomendable no apartar mucho la vista del camino porque había trampas naturales en forma de ramas, piedras húmedas, hojas… que podían dar algún susto. Los consejos no son buenos pero un solo detalle para esta carrera: vi a dos corredores resbalarse y romper un bastón, así que para una prueba como ésta mejor llevar bastones menos ligeros y más robustos, con resistencia suficiente para aguantar este tipo de accidentes. Prueba sin tregua La prueba no daba tregua. Enseguida se pudo ver que bajaba o subía, pero el llano y la pista no abundaban para nada. Los avituallamientos eran excelentes, no faltaba de nada; tampoco la sonrisa y amabilidad de los voluntarios. Y cada poco, y sobre todo en las zonas de peligro, a parte de los típicos carteles, había siempre algún voluntario para alertarte que hacía falta


Montañas que seducen por su verticalidad.

prestar atención. Había algún tramo de nieve pero con cuidado no había ningún peligro. El tiempo mantuvo unas temperaturas altas hasta que llegó la tarde con unas ligeras gotas y acabó con una gran cortina de agua que cayó intensamente. Ya por la mañana se vieron algunos abandonos, pero con la lluvia aumentó el número. Y en el punto clave, el kilómetro 53, ya atravesado el meridiano de la carrera y donde los corredores que querían tenían un bolsa de vida que habían entregado a la organización previamente a la salida, veías a los que se quitaban la ropa mojada para ponerse ropa seca y un poco más de abrigo pensando en la noche, y los que ya tiraban la toalla y decidían que la carrera se acababa allí. Y ya tenían su mérito porque habían sido unos 53 kilómetros intensos y duros. La noche llegaba con cielo bastante despejado, y las temperaturas bajaron un poco. Hizo falta abrigarse. Los protagonistas de la noche fueron los caminos llenos de barro, muy llenos, donde la zapatilla quedaba enganchada y no la podías sacar. Y las subidas

donde dabas un paso hacia delante y cinco hacía atrás; y las bajadas que tramitabas derrapando e intentando no comerte ningún árbol. También había zonas de aguas embarradas que ya total, pasabas por el medio porque intentar saltarlas de noche, corrías el riesgo de caerte. Y así fue avanzando la noche. Aquí me lanzaré y sí daré un consejo: hay que guardar fuerzas para el final porque hasta que no faltan 3 kilómetros para el final se ha de luchar duro: todavía queda desnivel positivo y terreno técnico. Como siempre, el momento de cruzar la meta es espectacular para uno mismo pero si encima el ambiente lo acompaña, todavía más. Una bonita medalla de madera es el detalle final. En la distancia de 103 kilómetros con un 70% de finishers, Petter Restorp (Suecia) con 13:02:11 y Daniel Montelli (Italia) con 18:54:28 fueron los ganadores en las categorías masculina y femenina. El año que viene más. Arrivederci! dolomitiextremetrail.com 63

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REVISTA TRAIL julio/agosto 2018: "No apto para disfrutar"  

Crónica carrrera Dolomiti Extreme Trail

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