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Los estudios desconocidos del Che Guevara A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia - Néstor Kohan

Es probable que, aunque la crítica de Guevara supera ampliamente el rechazo inmediato y pasional del stalinismo para intentar penetrar en sus causas históricas, existió una esfera de la crítica donde el lector se queda con gusto a poco. Es en el problema de las formas de democracia revolucionaria y socialista donde el Che no siempre profundiza, pues sus críticas se apoyan más en otras dimensiones de la política, la economía y la subjetividad. Aunque en sus impugnaciones se pone en funcionamiento una reflexión de conjunto que va mucho más allá de la fácil (e inoperante) demonización personal de Stalin o de cualquier otro dirigente soviético, al lector de sus escritos le queda por momentos la impresión de que el Che dirigió su cuestionamiento contra la falta de sentido revolucionario, de estrategia política combativa y de moral comunista en los dirigentes de esos países, dejando en un segundo plano el análisis de los mecanismos institucionales necesarios para reemplazar en el socialismo a la democracia burguesa y a la república parlamentaria, en tanto formas supremas de la dominación política capitalista. Es cierto e innegable que en “El socialismo y el hombre en Cuba” Guevara alerta que: “Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo) [...] No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa [...] Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica [...]”. Esa aguda advertencia del Che, concentrada en el problema de la carencia de instituciones específicamente nuevas y revolucionarias que potencien la participación política popular durante la transición al socialismo, no debería pasar desapercibida. Sin embargo, esas líneas no dejan de ser una advertencia, un señalamiento, una sugerencia, un registro del problema. No su examen detallado, ni su análisis pormenorizado ni, mucho menos, su resolución. El Che apunta sus dardos contra la gestión económica mercantil, la injustificada jerarquización privilegiada de los funcionarios, la burocratización y los efectos que estos fenómenos generan en la conciencia y la subjetividad. Pero, en el medio de esas críticas, todas justas y brillantes, se deja sentir la ausencia de una reflexión más extensa, más sistemática o más detallada sobre las formas políticas que podrían prolongar a lo largo del tiempo —más allá del impulso heroico revolucionario de los primeros años— el entusiasmo comunista del hombre nuevo y la mujer nueva. Porque si el Che tuvo una preocupación central en su vida y en su trayectoria política, ésa fue precisamente la de mantener vivos, en forma permanente, la pedagogía del ejemplo y el espíritu de vanguardia, mediante los cuales los dirigentes revolucionarios y su organización política pueden y deben forzar la marcha histórica dentro de lo que objetivamente es posible (e incluso, más allá de lo posible). Esa marcha no puede terminar, piensa Guevara, más que con el triunfo de la revolución mundial y el socialismo a escala planetaria. Ahora bien, ¿cómo mantener el impulso de vanguardia a lo largo del tiempo? ¿Cómo lograr la recreación cotidiana de esa mística revolucionaria luego de años y tal vez décadas de haber triunfado sobre la burguesía? Si la juventud es para el Che “la arcilla fundamental de nuestra obra. En ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera”, ¿cómo hacer para que las nuevas generaciones sigan viviendo la revolución con la misma pasión, el mismo entusiasmo, el mismo romanticismo y el mismo frenesí de los primeros momentos? Para resolver esa continuidad en el tiempo, se torna necesaria una reflexión más profundizada y extensa sobre 45

En la Selva  
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Diario de Che en Bolivia, por Nestor Kohan

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