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Los estudios desconocidos del Che Guevara A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia - Néstor Kohan

posesión de los materiales escritos por algunos dirigentes e intelectuales asesinados. El escandaloso e ilegítimo robo de los Cuadernos de lectura de Bolivia del Che Guevara no fue algo único e irrepetible. Con ellos sucedió lo mismo que con los “papeles perdidos” que la Marina argentina robó impunemente al escritor y militante revolucionario Rodolfo Walsh, cuando acabaron con su cuerpo (porque con su ejemplo todavía no pudieron y nunca van a poder). Los militares bolivianos hicieron exactamente lo mismo que los policías y militares argentinos, cuando estos últimos le robaron los papeles, sus manuscritos inéditos y su archivo personal al sociólogo marxista y militante revolucionario Silvio Frondizi, a quien fusilaron por la espalda y tiraron su cuerpo en un basural de Buenos Aires. De este modo perverso, los militares bolivianos asesorados por la CIA pretendieron desaparecer no sólo el cuerpo del Che Guevara —ya asesinado a sangre fría, mutilado en sus manos y enterrado sin identificación—. Además, se esforzaron por hacer desaparecer su pensamiento. Por eso, durante ya demasiado tiempo, mantuvieron cuidadosamente en un oscuro cajón de archivo militar —como si se tratara de un vulgar expediente burocrático de oficina— sus Cuadernos de lectura de Bolivia, redactados por el Che en forma paralela a su famoso diario de campaña, conocido mundialmente con el título Diario del Che en Bolivia o Diario en Bolivia a secas (publicado rápidamente por Fidel en aquella época para impedir que la CIA lo manipulara contra la Revolución Cubana).

Las lecturas de Bolivia y el laboratorio mental del Che Estos Cuadernos de lectura de Bolivia constituyen un indicio importante para continuar explorando el laboratorio mental del Che Guevara. Tomar conocimiento de ellos nos permite penetrar en ese ámbito privado donde se comienzan a elaborar nuevas ideas a partir de la lectura atenta y la reflexión crítica sobre las producciones anteriores. En la historia del marxismo son varios los textos —siempre publicados en forma póstuma— que han cumplido este papel, imprescindible a la hora de reconstruir la génesis y el desarrollo de determinada concepción teórica y política. Para mencionar sólo algunos pocos ejemplos (incluyendo únicamente los más importantes), podríamos recordar las Notas de lectura de 1844 de Marx, donde el revolucionario exiliado en París extractaba y anotaba fragmentos enteros de los economistas clásicos (estas notas de lectura, publicadas en castellano por Adolfo Sánchez Vázquez con el título Cuadernos de París, fueron la base documental que Marx utilizó para elaborar inmediatamente después los famosos Manuscritos económico-filosóficos de 1844). En este mismo género también se deberían incluir las célebres anotaciones que Lenin [1870-1924] hacía en los márgenes cuando leía y extractaba largos fragmentos de la Ciencia de la Lógica de Hegel durante su exilio suizo, en medio de la primera guerra mundial y la crisis terminal de la II Internacional (publicadas posteriormente bajo el título de Cuadernos filosóficos). Lo mismo vale para las anotaciones manuscritas de Trotsky sobre Lenin, la dialéctica y el evolucionismo, reunidas en sus Cuadernos de notas de 1933-1935 (aparecidos en inglés en 1986 y recientemente publicados en nuestro idioma). Seguramente no pocas lecturas y reseñas bibliográficas de Antonio Gramsci, incluidas en sus Cuadernos de la cárcel, conforman uno más de los innumerables ejemplos similares. Los apuntes, reflexiones y materiales teóricos del Che Guevara, incluidos en los Cuadernos de lectura de Bolivia, se inscriben en esta larga tradición de textos clásicos que, desde el

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En la Selva  

Diario de Che en Bolivia, por Nestor Kohan

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