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Los estudios desconocidos del Che Guevara A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia - Néstor Kohan

Hay hábitos de lectura y escritura que son propios y específicos de su personalidad. Es claro. Ya en su adolescencia —cuando apenas tenía 17 años— el joven Guevara comienza a elaborar un Diccionario de filosofía. Esa problemática siempre lo cautivó. Empezó a cultivarla y a indagar en ella incluso antes de estudiar medicina y le siguió siendo fiel hasta los últimos días de lucha en Bolivia. Pero no todo se agota en su pasión personal. Además, hay elementos comunes que están presentes en todos los exponentes de la tradición revolucionaria del marxismo, cuyos integrantes entienden la política como una actividad que debe estar fundamentada —al menos, ése es el ideal compartido— por una meditada concepción social acerca de la historia y del papel que los sujetos juegan en ella. La obsesión por el estudio y la perseverancia de escritura que el Che expresa en estos Cuadernos de lectura de Bolivia tiene entonces que ver con un tipo de racionalidad histórica y política. Para ese tipo de racionalidad —que el neoliberalismo y el posmodernismo pretendieron, infructuosamente, borrar del mapa durante el último cuarto de siglo XX— la palabra escrita, la argumentación conceptual, el estudio de las categorías teóricas y la elaboración de una explicación filosófica del mundo son irremplazables. No constituyen simples “pasatiempos” o formas más o menos complejas de ocupar los espacios vacíos que deja la lucha clandestina irregular, sea en la selva o la ciudad. Por el contrario, en esas atentas lecturas del Che y en esas prolijas anotaciones se sintetiza toda una racionalidad política que concibe a la lucha popular como algo trascendente en el terreno ideológico colectivo y otorgador de sentido pleno a la propia vida individual. Es decir, como algo completamente ajeno a la búsqueda del provecho personal, a las transacciones motivadas por el ascenso social, las prebendas familiares o cualquier otra forma desideologizada de corrupción, típica de la politiquería burguesa de nuestros días y el discurso pragmático que, despreciando todo estudio, toda teoría y toda filosofía, inevitablemente la acompaña.

Pensar y actuar desde las periferias (o el eurocentrismo, enfermedad senil de la teoría marxista) La publicación de estos materiales de Ernesto Guevara apunta a rescatar la reflexión teórica que aportaron al marxismo —en tanto método y concepción del mundo universal— los revolucionarios latinoamericanos. Aún hoy, en no pocos círculos intelectuales, se presupone que los trabajos teóricos que realmente vale la pena conocer están circunscriptos a los idiomas inglés, francés y alemán. ¿Y el resto del mundo? “El resto del mundo aporta interesantes y «exóticas» experiencias prácticas de lucha... pero la cuestión teórica decisiva es nuestra”. Ese pretendido axioma habitualmente no se dice ni se confiesa, pero de hecho se piensa. Es un secreto a voces. Semejante provincianismo intelectual no es propio ni exclusivo de la izquierda, ni siquiera de la marxista. Sin embargo, al adoptarlo como criterio propio, muchas veces esta última termina siendo cómplice de las formas predominantes en que se reproduce en nuestra época la ideología dominante. El Che Guevara reflexiona en castellano. No en cualquier lado. En el Tercer Mundo. No en cualquier ámbito. En el seno de la dirección política de la Revolución Cubana y a lo largo de distintas experiencias guerrilleras e insurgentes, antimperialistas y anticapitalistas (desde el Congo hasta Bolivia). Por eso incomoda tanto. Porque descentra y desconoce las

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En la Selva  

Diario de Che en Bolivia, por Nestor Kohan

En la Selva  

Diario de Che en Bolivia, por Nestor Kohan

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