Page 101

Los estudios desconocidos del Che Guevara A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia - Néstor Kohan

Si la afirmación crítica del Che sobre el trotskismo hubiera tenido alcance general, no se entendería porqué lo invita a Ernest Mandel a participar de la polémica sobre la teoría del valor y las categorías mercantiles en la transición al socialismo (dicho sea de paso, en esa polémica del Che con Charles Bettelheim y Carlos Rafael Rodríguez, Mandel apoyó las posiciones de Guevara..., mientras este último publica la intervención de Mandel en la revista del Ministerio de Industrias 143 ). No era entonces la totalidad del pensamiento trotskista lo que cuestionaba Guevara; su actitud ante la intervención de Mandel en la polémica económica lo deja bastante en claro. (c) En el pensamiento político de Trotsky (al menos como lo expone en su Historia de la revolución rusa) tiende a predominar una estrategia insurrecionalista de toma del poder de tipo rápido por parte de los revolucionarios, como sucedió en la experiencia histórica sobre la que reflexiona Trotsky: la revolución rusa de octubre de 1917. Todos los historiadores acuerdan que al Comité Militar Revolucionario —presidido por Trotsky— no le llevó más que unas pocas horas apoderarse de los principales centros de poder de la burguesía rusa (el Palacio de Táurida, las oficinas de correos y las estaciones de ferrocarril, el Banco Nacional, las centrales telefónicas, las plantas de energía eléctrica, entre otros). A esta insurrección rápida sucedió la toma del poder y, más tarde, la creación de un ejército revolucionario (cuyo principal comisario político fue V.A.Antonov Ovseenko, quien había dirigido la toma del Palacio de Invierno). En Rusia primero hubo una insurrección, luego se tomó el poder y recién después de eso los trabajadores y el pueblo formaron su propio ejército. En el pensamiento político del Che Guevara —centrado no en la Rusia zarista de 1917 sino en las condiciones de América Latina bajo dominación económica, política y militar norteamericana— tiende a predominar, en cambio, un tipo de estrategia de largo plazo, basada en la guerra popular prolongada que combina todas las formas de lucha, con un ejercicio de planificación donde se combinan las acciones clandestinas de sabotaje urbano, lucha sindical y estudiantil con la insurgencia rural. La construcción de un poder revolucionario y una fuerza político-militar capaz de confrontar con los aparatos de represión latinoamericanos (apoyados y asesorados por las Fuerzas Armadas norteamericanas a través de todo un sistema de bases militares) no podía hacerse después de tomar el poder sino antes, pensaba Guevara. La presencia aplastante del imperialismo yanqui en nuestra América, alertado desde 1959 y dispuesto a no permitir “nuevas Cubas”, obligaba a asumir el desafío de enfrentar a los aparatos de represión con una fuerza político-militar construida desde antes de la toma del poder (es más, el Che pensaba que sin la conformación e intervención de esta fuerza era imposible tomar el poder en América Latina). Esta disímil caracterización del pensamiento estratégico entre Guevara y Trotsky seguramente podría explicarse a partir del terreno de lucha principal que cada uno observa como prioritario. No resultan casuales esas innovaciones defendidas por Guevara ya que en su lectura política de la revolución mundial el escenario principal de confrontación se había desplazado al Tercer Mundo, constituido por países capitalistas insertos en el sistema mundial, subdesarrollados y dependientes, con gran atraso rural y una numerosa población campesina (mucho más numerosa, todavía, si se la compara con las grandes capitales europeas en las que Trotsky depositaba prioritariamente —aunque no exclusivamente— sus esperanzas para futuras revoluciones). 143

Véase el análisis de este debate, en nuestro Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder. Obra Citada. También pueden consultarse la intervención de Mandel en Ernesto Che Guevara y otros: El gran debate sobre la economía en Cuba. Obra citada. 101

En la Selva  

Diario de Che en Bolivia, por Nestor Kohan

Advertisement