BCN WEEK 093 - Semilla

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LA SENDA DEL SUEÑO by Sergi Bellver Nuestra versión oficial de la odisea humana es una crónica mutilada que olvida las potencias de lo invisible, como si se pudiera dar noticia de una singladura hablando del velero y callando los vientos que lo empujan. En un tiempo en el que la razón se acerca cada vez más a las esquinas de lo mensurable, como decía André Bretón, “tal vez la imaginación está en condiciones de retomar sus derechos” y de devolverle al hombre, de una vez por todas, su verdadera dimensión como sujeto actor y deseante de una vida completa. Convertido en una suerte de Hervey de Saint-Denys contemporáneo, aunque a una sabia distancia de reclamar cualquier legado (supera la losa freudiana y también el guirigay paracientífico, pero no rechaza cualquier discurso coherente y estimulante, por herético que sea), Jacobo Siruela se ha propuesto pilotar una nave insólita que, en El mundo bajo los párpados, viaja a través de nuestra otra Historia, la que han escrito los sueños en nuestra psique pero también la que inscriben a diario en todo aquello que nos lleva de la vida a la muerte, entre lo visible y lo oculto. No es este, sin embargo y a pesar de su soberbia bibliografía de referencia y de los ocho años que el autor ha trabajado en él, un libro sólo documental, ni un mero anecdotario del sueño, ni una propuesta que se conforme con el terreno del ensayo. Es todo eso, pues el libro ha sido concebido y tramado con un criterio que no ha renunciado en ningún momento al rigor y a la excelencia (como es ya sello habitual en todos los títulos

de la editorial Atalanta y que en este deleitará al lector profano e interesará también al estudioso), pero va más allá, ya que además de una escritura pulcra e hilvanada, El mundo bajo los párpados ofrece, sobre todo, una audaz y apasionada vindicación del sueño como motor vital y campo de conocimiento que trasciende la simple evasión onírica. La exposición inteligente se hace eficaz pero al mismo tiempo respira una entrega encendida de Jacobo Siruela al tema y, por los vasos comunicantes de una lectura desprejuiciada, esa misma luminosidad calará del texto al lector, dejándole la impresión de que se le han abierto las puertas de una senda nueva y arcana a la vez. Dividido en cuatro capítulos, el texto tiene momentos maravillosos, ideas que dejan eco, desde la paradoja del joven Descartes que bebe de tres sueños para destilar el racionalismo que ha heredado Occidente hasta el brillante capítulo final en el que se presenta el mapa del sueño como un itinerario de descubrimiento de la muerte, como una exploración simbólica de las sombras que luego vendrán a sellarnos los párpados, pero, tal vez, a “abrirnos los ojos” a un mundo otro que se conecta de innumerables modos, bajo la opacidad de las cosas, a nuestra experiencia no consciente.

EL RUIDO Y EL TURIA

EL SALDO DEL ODIO

CARLOS MARZAL

HANS KEILSON

No es habitual que un autor cambie la vía poética por la narrativa (o viceversa) sin que su tren descarrile. El poeta Carlos Marzal, sin embargo, ya mantuvo el tipo en su novela Los reinos de la casualidad y ahora, con los relatos de Los pobres desgraciados hijos de perra, alcanza un doble logro: conservar aquella cruda potencia lírica de Metales pesados, pero modular esa voz de manera coherente en el difícil terreno del cuento. Una lectura apresurada puede anotar en este libro cierta voluntad cronista de un espacio (el valenciano) y de un tiempo (el de la propia educación sentimental) concretos, pero ambos son poco más que pretextos para que la alquimia genuina de Marzal suceda en cada relato. Queda rastro del poeta en el narrador pero en este caso no es un equipaje del que no haya sabido desprenderse, sino la impedimenta del soldado que se expone, que se sirve de la literatura para dar la cara. En otro sentido, el modo en que cuento y vida se trenzan y diluyen en Los pobres desgraciados hijos de perra recuerda a narradores como Halfon o Aramburu, pero con una mirada más cortante e incómoda. Marzal acude a Faulkner no sólo para titular su trabajo, sino también para despojar de escrúpulos su prosa y mentir, justo a tiempo, para escribir verdad.

Polanski trató el tema de la venganza absoluta en su película La muerte y la doncella (1994), en la que la víctima se encuentra con su antiguo torturador. Chéjov abordó en el cuento “Enemigos”, una de sus obras maestras, el sutil enfrentamiento entre dos sujetos que derivarían en arquetipos de clase pero que, en todo caso, experimentaron un conflicto real. Hans Keilson va varios pasos más allá y, con su novela La muerte del adversario, nos ofrece un singular tratado del odio, un odio simbólico, catártico y vertical que jamás sale a cuenta. El victimario de un dictador condensado en un individuo judío que se convierte en resistente ético pero, a la vez, en observador fascinado por la fuerza del antagonista, como si en un holocausto el inocente reparara en la poética brutal de las llamas. La literatura es aquí estrategia de supervivencia y testimonio encriptado ante el entramado sutil e implacable de la violencia. Y entre uno y otro matiz, fluye esta novela contundente, honesta y original que Keilson tuvo el coraje de escribir en un tiempo de demencia colectiva, una época en la que los engranajes del mundo rugieron como nunca y la tragedia del bien y el mal fue una rueda a punto de colapsar. Una soberbia e imprescindible novela que Minúscula, una vez más, ha editado con su acostumbrada exquisitez.

Los pobres desgraciados hijos de perra • Carlos Marzal • Tusquets

La muerte del adversario • Hans Keilson • Minúscula

El mundo bajo los párpados • Jacobo Siruela • Atalanta

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