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ÉL DÍA

OPINÍOI^ ItitiiiHiiíira^^^

ACCIÓN

ESA DE

LA IMPORTANCIA DE UN ACENTO Un palmero residente en Santa Cruz, desde hace micho tiempo, había dicho que tenía ganas de ver un equipo de fútbol de su isla natal, actuando en Santa Cruz V el sábado último vio el anuncio del ToscaliAcero y se dijo para sus adentros: «Esta es -la mía». €1 hombre, e! domingo, después de ver la salida óeios veleros que participaban en ia Regata .Internacional se fue a su casa a descansar un poco —&\ partido TenerifeCelta no ke interesaba— para personarse a Sas ocho y media .-s-n ei Estadio, a fin de ver el equipo de Los Llanos de Andarte frente a ios toscaleros. Estaba en ia grada, había aplaudido algunas jugadas de los visitantes, hasta que el Tosca! metió dos de sus goles, y entonces le dijo a alguien estaba a su 'lado: —Estos palmeros son de -un desastre. —>¿Oué palmeros?, preguntó éste. —Los de! Aceró. —Si este equipo no es el Aceró, sino el Acero, u-n equipo de ta 'Península.' —¡'Pues sí que está bueno!, comentó el palnrero Para tina vez que vengo al fútbol a -ver a los de mi isla, y me dan el «timo de -la estampita»... Y agregó: —rYa yo veía desde e! principio que no se «acentuaba» mucho el buen j-uego de 'los visitantes. ¿ESCISIÓN POLÍTICO-MUNICIPAL? Eí sábado último, los funcionarios municipales celebraron la festividad de su patrón a Santa Bisa de Casia. Y con tai motivo se reunieron en «sendas comidas d'& her mandad». Decimos esto, porque en lugar de una, que er-a lo correcto, hubo dos comidas. Es decir, que los citados funcionarios se organizaron en dos grupos y cada uno siguió su «senda». Unos se fueron a Árafo, mientras los otros emprendían el camino de los Realejos. ¿Ha habido ya una escisión entre- los funcionarios municipales, como se lleva ahora en -e*! terreno político, y cuenten ya con un «ala centro» y un «ala izquierda»? Lo •ignoramos, pero es de suponer que más bien se trate de una incompatabilkJad gastronómica entre ios «eficaces» y ios «no eficaces». €s decir, que a un sitio acu dieron los «eficaces», los que comen y beben más, y eí otro, ¡os «no eficaces», los que están hechos polvos de) estómago...

IEMPRE

Rumbo a las Sermudas, en primer término e! bricbarca «Sagres», de la Marina portuguesa» y ai fondo la fragata «Christian Radien».—(Foto: Juan Hernández). Desde e! Dique del Esta a Los Llanos» desde ei Monte de . las 'Mesas e Vistabella, iodo Santa Cruz de Tenerife fue un balcón —enorme balcón— en Sa tarde de! pasado domingo. En todos los muelles del puerto, en toda la amplia zona cosiera y en las laderas suaves de nuestras montañas, un público ávido de contemplar aquella estampa de antaño que, verdaderamente irre petible e insuperable, pusieron en aguas de Santa Cruz los cuarenta y ocho veleros participantes en la prueba náutica organizada por la Sail Training Association. En la mar tranquila, la estampa gris y bélica del «Oquen do» que. con sus sirenazos y rojas bengalas iba dando forma a las esbeltas siluetas que voltejeaban a la espera del momento de la salida. Con todo e! trapo largo, el brJcbarca «Kruzenshtern» venía proa a tierra casi desde Anaga mientras, con el aparejo desaferrado, los restantes esperaban la señal de partida. 'Mar afuera, dos cascos blancos —«Calagaribaldi» y *Proffesor Shclnyogolev»— y, sobre el m-gro deí «Opale», un supertanqus francés» el azul del brasileño «Maringa» que, en el «avante poca» de las entradas, arrumbaba a la bocana del puerto. Luego, nuevos colores en las aguas santacruceras. Fue primero el «Mayorga» el que, con su casco rojo, destacó sobre el azul y, casi en su estela, el «Villa de Agaete» zarpó rumbo a Las Palmas. Todo se desarrolló con matemática precisión. Sirenazo^ y bengalas da atención por parte del «Oquendo» y, justo a la hora prevista, los veleros de ia clase «A» —«Juan Sebastián de Eícano», «Sagres», «Dar Pomorza», «Kruzenshtern», «TovariS'htíh», «Ghristian Radich», «Regina Maris» y «Phoenix»— comenzaron a ves tírse de blancas lonas y, con esa lentitud y majestuosidad del barco de vela puro, pusieron proa a la línea de salida, Veías blancas sobre la ma? de Santa Cruz y, con ellas. otras rojizas -—peculiares hace años de las «barges» del Mar del Norte— y las azulea de una goleta de casco negro y fino. Luego, cuando llegó e?

riéndolas, la espectacularidad y colorido de los «spinnakers». Allá iban los cuarenta y ocho veleros con su sereno navegar y estelas tranquilas. Las grandes cangrejas del «Juan Sebastián de Elcano» relucían al sol y, con ellas, las rojas cruces del Descubrimiento lo hacían en las velas

de la «Sagres» lusitana». En todos los grandes veleros —«Christian Radich», «Dar Pomorza», «Kruzenshtern», *Tov-aris'bch», «Phoenix», etc.— un aire antiguo. Allá iban los veleros que por unos días nos regalaron de nuevo el ya casi olvidado crujir de los obenques, ei flamear al viento de

los foques y el canto mudo de las gavias, juanetes y estays, música que casi ha desaparecido de ios mares y que, por suerte, nos volvió con este regalo inapreciable de la poca poesía que aún cruza los océanos. Sobre la mar tranquila — «mar planchada», me dijeron en cierta ocasión en ei Alcalá sureño y pescador— cuarenta y ocho finas estampas marineras con todo el trapo lar go. Junto a ellas, estelas rápidas de embarcaciones tínerfeñas —las de! adiós emocionado— y la estampa elegante del «Oquendo» mientras, mar afuera, un «RA» de la Marina ponía en el azul el blanco río de espumas rotas que surgía de bajo la bovedilla. Desde el Dique del Este a Los Líanos, desde el Monte de las Mesas a Vistabeíla, iodo Santa Cruz fue un balcón —inmenso balcón— sobre «su» mar,, E! pasado domingo, la ciudad volvió a vivir tiempos idos, no sólo para ella, sino también para el mundo todo, Fue, como en 1958 y 1970, meta de las pruebas náuticas organizadas por ia Sail Training Association y, pasado mañana, otra nueva estampa velera en estas aguas con la llegada del «Goroh Fock»», buqueescuela de la Marina de Gue rra alemana que, en su prime? viaje, ya visitó estas aguas. El pasado domingo, 'e! adiós emocionado de fa ciudad marinera por vocación y tradición, eí adiós a la estampa —irrepetible e insuperable— de cuarenta y ocho veleros en las aguas de Santa Cruz de Tenerife. J. A. Padrón Albornoz

ALTOBER

CON LA ISLA A

TR .fdBHL,

UN TRISTE DESTINO

ALAMEDA DEL DUQUE DE SANTA ELENA Santa Cruz, que no tiene abundancia de zona verde, ni mucho menos, a pesar de que la podía 'haber tenido, pues aquí las más variadas especies arbóreas se dan como las rosquillas, algunas de las pocas de que dispone, las tiene, en cambio, abandonadas. Me voy a referir simplemente hoy a la Alameda del Duque de Santa Elena, que, a la misma entrada de ia ciudad, viniendo del mar, podría ser un lugar encantador y de reposo, a la sombra de los árboles, sobre todo en los días caniculares que ya ahora empiezan a perfilarse. Aunque parte de la referida Alameda estaba ocupada por lo que fue Comandancia de Obras y Fortificaciones, uno, que ya tiene sus años, recuerda que aquél era un lugar preferido de los santacruceros en el verano, y mucha gente llegaba a afirmar que, como en aquel rincón de la ciudad, no había mejor fresco en parte otra alguna. La verdad es que se conjugaban allí la fresca brisa proveniente del mar con la espléndida sombra que reparten aquellos antañones árboles. ¿Qué 'ha sido del proyecto de remodelación de la Alameda del Duque de Santa Elena, del que se ha 'hablado en la prensa en repetidas ocasiones? ¿Qué pasa con ese asunto? ¿Habrá entrado a dormir el sueño de los justos en alguna gaveta de las oficinas municipales? Lo ignorarnos. Pero lo que sí sabemos es que, mientras •aguarda la hora de su resurrección, o de su reactivación, como dicen- ahora • los é.cono: rviitf>4-rtr*

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vulgar centro de aparcamiento de vehículos, sino que está albergando en su interior unas máquinas ruidosas y escandalosas; es decir, iodo lo contrario del destino que corresponde a aquel sitio urbano, que está llamado a ser islote de quietud y de descanso, en medio del fragor automovilístico del sector que lo rodea. Pero no es eso lo peor, sino que se ha autorizado, además, una especie de tascas o barracas, donde se expende toda clase de bebidas e incluso se 'hacen churros, y, en torno a las cuales, de noche, merodean algunas personas sin escrúpulos que no se paran en problemas a la hora de tener que «aligerar la vejiga» en aquellos propios contornos» incluso junto mismo a las referidas tascas. No es que seamos partidarios de que se mantengan allí los aparcamientos, pues ya hemos calificado éste de triste destino de la hermosa Alameda; pero, puestos a dejar algo en aquel sitio, mientras se resuelve, esperemos algún día, el proyecto de referencia, nos parece un absurdo que el Ayuntamiento reste esos lugares tan escasos para los vehículos a fin de instalar allí, cual queda dicho, unos tíosvivos y unas barracas. ¿No deben tener preferencia los aparcamientos? En fin, que, en verdad, no comprendemos todas estas cosas. ¿Qué problemas existen para que una zona que es propiedad de! Ayuntamiento, sin necesidad de expropiación alguna y sin edificios que perturben, no sea adecentada con la prioridad que su enclave se

Y, en segundo lugar, ¿cómo se pueden autorizar allí unas instalaciones ruidosas como las que actualmente ocupan aquella zona, no sólo como decimos por su alboroto, sino también por la falta de elemen tos de higiene, y iodo esto en perjuicio de unos aparcamientos, que a fin de cuentas perturban menos? Y es que hay cosas que j uno no llega a entender. LADISLAO

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No hay cosa que más jeringue que cuando diga algo me salgan con que estoy trópico. Aunque no usen esa palabra. Como eí que me dijo días pasados que no sabía lo que decía. Lo que quería decir es que estaba trópico. Y 'yo no estoy nunca trópico porque cuando digo algo sé bien lo que me digo. O@ estudios no tengo muchos, pero he leído bastante y cuando le» le cojo sentido a la lienda. No soy como aquel que leía y ns> pronunciaba. Un día estaba deletreando, como si leyera en el «Catón», y va y dice: «A, ele, al; de, a, da: be, a, ba: «¡Ferrojo!». Eso es estar trópico. Sabía que era algo de fechar y soltó !o primero que se le vino a la choza. Cuando se tienen los años que yo tengo, aunque no se haya estudiado mucho, se han aprendido bastantes cosas- Y el que salo dice lo que sabe, no puede estar trópico nunca, El que lo está es el que se mete a hablar de lo que no sabe por falta de entendederas y no pueda callar la boca cuando hablar? los demás. De uno sé que se puso a hablar de los guanches y dijo que Guía de Isora se llamaba así porque una princesa llamada Isora tenía un perro que le servía de guía. ¡Miusté, tamaña alilaya! Eso sí que es estar trópico, per© de verdad. Como aquella mujer de la finca del Partido» cuandc el dueño, al que todos los días le hacía la comida, guisándole papas con pescado, una vez que se sintió con la madre un POCO revirada, le llevó chocolate y le dijo que se lo hiciera. Y ¥a la mujer y le trai un plato lleno de una cosa negra. Y va el dueño y pregunta: «Pero, cristiana» ¿qué es eso?». Y dice efc «Lo que su mercé me trajo». ¡Le había guisado ©I chocolate ccm papas! ¡Si estaría trópica! JUAN DE LA ISLA

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UN ESPECTACULO INSUPERABLE  

Artículo de Juan Antonio Padrón Albornoz, periódico El Día, sección "Temas de siempre", 1976/05/26

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