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I

VIA

DE

DACCION Estaba ya expirando. Bl hijo saiió de ia fiabltacién y comeníó tristemente: —Murió sin decir ni pío. —Pe!ro otorgó testamento, ¿no es así?, le preguntó ei Ho. —Sí, naturalmente. Siempre el que caifa, otorga...

TEMAS DE SIEMPRE

Los viejos "cDcties

Un alto en e! camino Ihacía los pueblos del Norte tinerfeño.' Tenerife 'vfilve dtasde hace mnos taños (aquella utopía de (lias >auit'0p!!stas qme, oom inaph diez, Iban» puesto tedia la >aimr pil'Sia geografía 'junto a su puerta: ell puerto de Santa Cruz. 'Les <címtais db asfalto, te que tanta sii'grtificiaoióm tuviie¡roo en ¡eil ititevmpo ido —por fe que tanto <siys piraran Vías generaciioroesi que tarw —son una smagniífioa reail.idiad tanto teaisa él Norte como te ciía ell Sur, aquel lejano1 Sor 'al que se 1 legaba a ilomos de lo*s pequieñO'S vta'po-re-s db je que, cetro s¡us inecjiois bortes cálieteros, vi-sitabaní ítodos ilos tened'eros y «poerlitas» dte1 :la costa titnerfeña. los rápid'os autobuses poo©n ;su¡s brii'I brotes isiillíyeíteis todas 'lias oa¡nreteras die ilsa i¡»la y sws 'esitampaís, ¡rápidía¡s, por "paradoja !son d!e ante lia tantiguta fo*o y 'l«a amanrltenta ihoj'a, que está so brie ía mies a de trabajo. Y ésita d¡¡oe itexítiua^meTute: «Relación de fe empresas de carnuiajes qme prestan iser vicio 'periódico desde esta pobliajtíión a -lais ¡demias dteil iir,teTiw de !Sa lisíia die Tenerife. 'Hay en la 'actualidad, ade¡más d¡e imuichos «oannuiaijeís ée alqiuiíler, tres iemprestais que f^1corren di ariamente li'as canretenais oonsitroidlas. Una de -ellas, íiía ídell Sw de esta 'i's'le, cuyo empre'siari.o lo e>s don- Joan Antonio Díaz, que .parte d«6' eista toap'rtiall >a il'as 3 de tía- tarde (bacila Gürmar, corri'e'ntdo wn trayeoto de 50 ki" llósneitros. Atraviesa ©n su martíh'a miuüitituíd de canarios y ios pueiblos d'ell ¡Rosario, Candelaria y Arafo, ¡llegando &\ térmii'roo de su viaje »a llias cisneo horas dte su s-a^da, vndiuts'O e¡ tiempo que :!nvi!©rlie ©n rnudlaír e¡! tiro en iel parador die Barranco Hondo, ta saiida de Güímar pana esta ioapitall se verifica a> ¡bs 5 die !te ¡míañana, y lle-ga ía. Hias 9 ó 9 y mniedliía deii día, lhaci:en"do en ella ¡uina per nfiainencia de ®e'rs !hona¡s ajproAhora, en cuestión de tos y en viaje cómodo, se llega a ii!a¡ ciudad! que, con su «puertito» —>hoy zona plena de perspectivas— aítandía ai tráfico die exportación (frutería, tráfico iimpos'iible por aquella visa no acandicioroada oi rece'menda-bre para ell tnansiportQ de ¡ios huacales de plátano® y latadbs 'de tdmaites. Y «ligue ib irdaoión: «la otna eimip^s-B, que hace e1! servicio ipcr eil 'Norte y di" yo empresario !íoi e!s don. Pedro B<uen>aüuerrt<e Seigiura, llega hoy hasita los Re-afeps y eil Puetto de ¡la Orot^vsa. Recorre Suasta acpieltos, que es la mayor dtisttancüa, iuni wsyeGt® óe 58 killómtetros. Sa'l'a de esta capit»atl >a las 6 die lüa imaifVania y a •te 2 dte U(a tardie; y ¡de la Orotava a!í 'am»anieceir y _a ibs 3 d¡e la tarde. ¡En su. tránsito atnavle-so p-or lia ciudad d¡e ¡Lai laguna-, cuya ¡población ireoorre en toda su 'lopgiítud de Oriente a Poniiente, y por <|os puieiblos die Taco'ronrbe, ©ayzial, Matanza, Victoria y Santa Úrsula, llegad j

do a te' Víl!>a de La Orotaiva a 12 id!©! d¡i)a y a Ibs. 8 de Ha respeotivainTeníte. A esta capital llega también ia ¡las ¡ 1 2 deil ftlií'á; idé^imodo qoe hece umta permanienolia ©n ella d© dos ihortais, ¡y ¡a lias ooho de úa notíhe», ¿Qué dieohr s>oibrs ílíais 'Jíníeaíj ciitadiais? Ahí «está, ¡oaisti d ai! canee d© b -miaño, leil Vall¡e y toda H'a empLiía zona que, pronto, 'mejorará aún ¡más ©u¡s víes die comunisioacíón, zona a íla

que —hace 50 anos— también se jiba e*n -los fruteras de¡i cabotaije o en Jos «;Fuerteveintura», «Garrue^a^Hi'&rro» o «Lanzanote», aquieillos «corral;! los chfCOs» que yia no están en la mar -isleña, pero isí en e1! recuierd'G die muchos. «la ¡tercera- .empresa, die <la que es 'empresario don Francisco Rodrí'guez, !haice só>ío un viíaijie d'iario' entre1 esta ciudad: y ¡b 'de La laguna, 'racorrseodo kilómetros. Sale a ías

9 ;de 'lia (mañana, llega a La iag unta de 10 y m&dm <a 11 y retorna de esta pabfeoíón a iía-s 3 die 'la tarde, llagando e esta ciudad 'de Saota 'Cruz >a 'l'as 4. En los .días festivos dteii veramo, no ¡neg¡resai :ha»sta l<as cinco d;e ¡b tarde. L& sailvd'a ¡de todos asios oarrifajes «sa halla s-iituadia a*l finalizar !|ia calle d'e ;b Luz, donde princiipia b carretera». Los viejos «coches d:e 'hora'»» con di acompasado trote de sus caballos 'abrieron toda una e.tapa: en ¡bi hi-stori-a de Jas comrRinioaciones de sita lislb. Tein'Dnlrfó! soñó con trenes, con liocomoíonais que a todo vapor? manchasen -el verde de ©us •oampos. Poro a^ueli sueño no pasó de proyecto y, ¡en Üíugiar •de ij'as hu'meamtíes iloooim'OtO1rasf Vinneron los tranvías, aquellos cuya '¡instalación está lí'gad'a (a»l nomlbre de don Feriando De iM'assy, e<l joven lingeniero belga que para siempre quedó &n ¡lia is-la. Otras etapais d'el transcurOtras etapas d¡e»l transporte vinieron ¡en épooas 'posteriores. Pero, die todas formas, en los 'wejos oaimino'S parece aún resyenian ¡los ecos die las farreas ¡herradura® dfe los «'coches de hora». J. A, Padrón Albornoz

Todas las «Cartas al Director» me .parecen excelentes, si bien estimo que -las mismas de-ben desenvolverse dentro d unas reglas de juego: ¡a brevedad y ¡a diari'daá Hay que iir a exponer e*! asunto, pien-so yo, die la manera más concreta posible, ir derechamente «al toro», y dentro de esa brevedad que tanto gustaba & Gracián: «lo bueno, si breve, dos veces bueno». •Puede que algunos temas necesiten de un mayor espacio para desarrollarlos, pero cuanto más «sujete uno los tmaohos», mejor; más se lee lo que uno quiere exponer y se evita que el lector dé el tema de todo, porque puede fatigarse. Como lector, como lee tor que lo soy de las «Cartas al Director», tengo que decir.. que me encanta mucho más cuando abro .la página y veo sei's o siete cartas pequeñas, que cuando veo sólo una o dos, pero grandísimas. Me gusta mucho más enterarme de lo que opinan o quieren expresar seis o siete personas en unas líneas, que un-a o dos, que por ¡lo general se van por los cerros de U be da, con consideraciones que se saile.ro materialmente de! tema, Me parece que ¡pana las divagaciones 'literarias, políticas o religiosas, debe disponer el periódico de otra-s secciones más cualificadas, donde eíl interesado por estos temas pueda encontrar lo que busca. Hace poco saltó a --las páginas de EL DÍA, en «Cartas al Director», el tema del divorcio. Me parece una cuestión apar s ion ante y he leído con sumo interés todo lo que se ha publicado al respecto, pero insisto en lo de la brevedad. Yo prefiero opiniones, apoyadas en unos cuantos argumentos, y sin tantas citas, por favor, de íla Biblia, Dos o tres, a lo más, porque siempre visten bien, peno no convertir la «carta» en un auténtico compendio bíbli-, co. Y por otra parte, como digo, claridad. Supongo que todas, o

Los concursantes del viernes en e!i .programa «Un, dos, tres», se parecen a la grúa mumi'cipai en que, cuando me'nos te ¡o esperas, «sa llevan ©1 coche». El Tosca! se enfrenta hoy en el Estadio al BoüuHos. Co* mo nosotros tenemos aquí también una playa que se llama del Soilullo, que pertenece 8 La Orotava, suponemos que los toscaieros se habrán estado entrenando #///. Por lo. menos, para irse haciendo al 'nombre, que es bastante difícil, deportivamente hablando. —¿Has visto la conmoción que ha habido en Europa por la eliimiinaotón del Reas! Madrid par e<í Tenerife?, me dijo aiiguien. —¡A ver si me vas a decir que los terremotos se de» be-n también a eso,..! Como se sabe, se ha celebrado un campeonato pro vincia! de tenis entre los médicos. —Fíjate, ese tiene mejor toque de raqueta, comentó un espectador. —Si, pero su contrincante es más «Seguro»... de Enfermedad. Un peatón es un hombre «con los pies en &l suelo». Porque no se ha vuelto loco llenándose de letras, ai comprar uin coche... A L T O B £ R

CON LA ISLA A CUESTAS

CERCERICOS

LAS "CA De 13 co-rifd ar'o. Yo sov u-r apasionado, i o qae en e! í'.'itbo'l se diría «uro hinche'», de las «Cartas ai Disector». Cada día, por La mañana, si no es ¡o primero que hago, :-o>r ,o ^enos en lo que mas me detengo, a! echan!e el primar -epaso a<! penód'leo, es 3,1 'a sección de referencia. Y s« que como a mí, les ocurro a muchos. Nada más cunoá-j M«ue saber cómo reaeci'Ojid'n y piensan quienes ooroviven con nosotros en la m^sirna ciudad, en la mtisma isla o e^n i a m s.ma provincia, coooce-r sas o-obiemas más aipreimü-anies, aunque roo esté en manos de uno resolverlos; enterarse de qué cosas son jas que mas p r eocupan ahora a .muchos cíe nuestros convecinos, si a ma-xha efi ¡a Liga; de! Tenerife, e' que le arreglen unos oaches que hay en las cercan las de sus casas, ;l<a carestía 09 los aumentos o la necesidad de embailses pana l-a agrlcü-itiia, a fin de que no se vaya ¿i! mar y se psenda iirrempsibiemente toda esa agua que ha caído precisamente en los últiraos días, en ios que hasta en Santa Cruz hemos tenido • granizo. Hace ¡poco, no más de una s-e-rnana, leí una «canta» dtí unos señores que habían tenudo la s-anta paciencia de fotografiar todos los auto-móviles que, en la Avenida Trea de Mayo, habían atravesado un paso de cebra con semáforo rojo. Daba el comi'emzo de la matríícu¡!a, la marca dol vehícuc ío y el color de! mlsimo. Aparte de que pone de relieve un cívico coimportaíTOeintO' oiiuda-* daño y una meticuíosíd'ad' extraordOroaria, me hizo gracia la tranqui^'da'd que hay que tener para ponerse a efectuar esa labor áe fiscalización, sin obligatoriedad alguna; aunque, eso sí, por el propio interés, ¡pues parece ser que los mismos, los firmantes, son de ¡los que atraviesan caminan do diariamente dicho1 paso de cebra, con el consiguiente ríes* go de ser aücanzados.

¿Por qué tanto protestar de i a UEFA y no de! Tenerife? ¿No le ha impuesto también nuestro equipo representativo al Rea! Madrid Ja sanción de no poder jugar el ®ño que viene la competición europea de Campeones de Copa?

Hay palabras que se me vienen a las mientes, por haberlas oído en otra ocasión, en tiempos pasados, y que todavía !a gente vieja repite por ahí, sin que pueda dar con io que quieren decir. De algún tiempo a esta parte, con esto de irlas apuntando o aprendiendo, para sacarles guasca después, rne ocurre que ando siempre jurgando, como hurón en madriguera, para pescar dichos y palabras de la tierra. Que en esto de buscar tales cosas lo mismo da decir que se cazón, como que se pescan, dlendo de ur.fe parte para la otra. Y mismo puede decirse del hu ron como de la caña. Cuando hallo o me suena una palabra que no conozco o que tenía o!vidado, como cernícalo sobre paloma caigo sobre ella. Días atrás, viendo a un chico que daba vueltas detrás de otro, pegué un salto al oír decir a una mujer: «¡Párate parado, muchas, que pareces un cercerico!». Yo lo había oído decir muchas veces antes. Pero entonces me pareció más raro, porque hacía tiempo que no lo oía. Y le pregunté a la mujer: «Oiga, cristiana, ¿qué es un cercerico?». Se me quedó fija, más seria que un cuarto de especies, y va y me dice: «Pues, ¿y yo qué sé?». ¡Míáparayeso! Resul ta que no lo sabía tampoco. Lo decía por haberlo oído dañantes. «Dando vueltas como un cercerico». Todo el mundo lo dice. Y ahora resulta que nadie sabe ¡o que es un ceroerlco. Tiene que ser algo que da vueltas. Como un trompo. Ni e! lambido de siempre sabe lo que es un cercerico.

casi todas, irán escritas a máquOna, porque si no, rne supongo al encargado de las mismas, en la Redacción del ¡periódico, viéndoselas y deseándoselas para interpretar ,1o que se quiere decir «a mano». Repito que me parece ésta una d;e las secciones más interesantes de EL OÍA, porque uno, que cada vez se está desinterés ando más por todo, todavía le queda esa pequeña curiosidad de saber lo que piensan y por lo que se preocupan '¡os más próximos a nosotros, nuestros convecinos. Aparte de que con esas «Cartas al Director» se ha logrado que se resuelvan muchos problemas. HUGO MASANDI

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JUAN DEL A ISLA

por

EL CORDOBÉS*'SE


LOS VIEJOS COCHES DE HORA