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-Tenerife, domingo, 7 de febrero de 1988—

DÍA

rtU£¿i del domingo

ESENTA y seis años después de la última escala de la «Nautilus» en Santa Cruz de Tenerife, su homónima, nacida a la mar en los astilleros gaditanos de La Carraca, continúa en activo en nuestra Marina de Guerra. Buque de línea airosa, con proa lanzada y de abanico, la actual «Nautilus» en poco recuerda a aquella de tres palos —rápida y maniobrera— que como buque-escuela tanto y tan bien sirvió durante años y años. En ella se formaron los que escogieron la dura carrera de la mar y, con un cargamento de ilusiones y esperanzas, embarcaron en la corbeta que mucho sabía de la ruta diabólica del Cabo de Hornos, de pamperos y nortazos, así como de las singladuras en la zona de los «rugientes cuarenta». Aquella primera «Nautilus» era la clásica corbeta que cruzaba la mar con la limosna de la brisa en el blanco y despegado velamen. La "otra —la de hoy—nació de los «sloops» y «avisos» que entre las dos guerras mundiales se incorporaron a todas las Armadas para la lucha antisubmarina. La que hace años —muchos años— fue dada de baja de las Fondeada frente a la carretera de San Andrés y calle de la Marina, la «Nautilus» luce toda su gracia marinera. En primer término listas de la Armada, iba por la el remolcador «General Antequera» que, justo por su proa, tiene al «Águila de Oro», aún con el aparejo auxiliar de goleta mar con el soplo de Eolo y, la actual es, con sus gemelas, uno de los primeros buques que en la Marina de Guerra española se equiparon con motores diesel y —sin chimeneas—- dan salida a los gases de la combustión por evacuación lateral y a la altura de la línea de flotación. La corbeta «Nautilus» nació a tajosamente con los vapores «Nautilus», don Fernando Vi- esfuerzos de Villaamil y el capi- unos meses antes en los astillela mar en 1866, año en que res- —«Lightning», «Champion of llaamil —el marino español que tán de fragata don Juan Puente y ros ingleses de la Armstrongs, en baló por una de las gradas de los the Seas», «Red Jacket», creó el primer destructor que Besave, pronto quedó preparada Elswick, y bien lucía su esbelta astilleros de la John Eider and «Cutty Sark», «Thermopylae», hubo en las Marinas del para su utilización como buque- estampa marinera de dos palos en caída, a son de la chimenea Co., en Glasgow, para etc.— sí participó en la carrera mundo— narra cómo, cuándo y escuela. En septiembre de 1889 —y tras de mucha guinda. De apostade—clasificada como «clipper»—- por una mejor y más completa para qué se adquirió el amarrahacer tanto la «carrera del té» a construcción naval con su casco do «clipper» de airosa línea y es- dos cruceros de instrucción por ro en aguas de Santa Cruz, el el Mediterráneo— la «Nautilus», «Isla de Cuba» había regresado puertos de China como la «carre- «composite». La arquitectura na- tampa marinera. al mando del comandante Puen- de un crucero a las costas de Río ra de la lana» a los de Australia. val había llegado al límite de la «La práctica de mar —escribió Barco fino y muy marinero, resistencia de los materiales y, Villaamil— se hace más precisa te y Besave, se hizo a la vela des- de Oro y, al mando del comaneran sus principales dimensiones con su novedad y efectividad, el hoy que ayer en la instrucción del de Cádiz y, ya en franquía, dante Guerra, con los toldos da59 metros de eslora por 10 de sistema mixto abría un horizon- personal joven. Antes, las nave- arrumbó a Santa Cruz de Tene- dos y los tangones zallados, sesmanga y 8 de puntal a la cubier- te de amplias perspectivas y po- gaciones eran más frecuentes y rife. Tras una escala en Funchal, teaba en las aguas tranquilas del ta alta. Los calados eran de 5 me- sibilidades. Y en este nuevo ca- continua la enseñanza e instruc- la corbeta siguió viaje y, el día puerto. tros a proa y 5.20 a popa, con un pítulo, el de los «clippers» con ción marinera; ahora, desde que 15, estaba a la vista de Santa Tal era la estampa que Santa desplazamiento correspondiente casco «composite», sí destacó el movimiento de los buques im- Cruz, cuya mar se encontraba Cruz de Tenerife —su puerto— de 1.700 toneladas. El casco era con su gallardía de líneas la plica gastos de combustible, se pintada de barcos, pero sobre presentaba cuando, con todo el «composite», o sea, con la qui- «Nautilus» que, el 13 de mayo de navega muy poco y no hay oca- todo de veleros que lanzaban al trapo largo, la «Nautilus» dobló lla, roda, codaste y forros de ma- 1922, arribó por última vez a siones de adquirir hábitos mari- aire las flechas finas de sus pa- Anaga y, tras caer a estribor, los machos y masteleros. dera, mientras que las cuader- Santa Cruz de Tenerife. puso proa a tierra. Cargado el neros en el transcurso de la caFrente a la playa de San Anto- aparejo, la corbeta conservó el En el mundo frío de los núme- rrera. Ante esta realidad, y tenas, baos y sobrequilla eran de hierro. Con aparejo de fragata, ros y las estadísticas podemos niendo en consideración que a nio, el vapor inglés «Propitious» trapo necesario para arrumbar al la arboladura y jarcia eran me- encontrar la causa de la muerte mi entender la base de toda ins- dejaba resbalar por las planchas fondeadero asignado y, ya en él, tálicas. Así nació a la mar aquel de los grandes veleros, el por qué trucción para el oficial de Mari- el cargamento de carbón gales desde los varaderos cayeron las «clipper» que, con el nombre de de que la mar quedase huérfana na es la práctica de mar, propu- que abarrotaba sus bodegas y anclas y, girando con suavidad, «Carrick Castle» y al aire el de las blancas lonas repletas de se el año 86, siendo oficial del que venía destinado a las gaba- la «Nautilus» viró y quedó «Red Duster», se aprestaba a me- sol y brisa. La causa principal Ministerio del ramo, y en pro- rras y depósitos de Hamilton. aproada al tiempo reinante. Sodirse con sus rivales de la mis- era una: el progreso. La apertu- yecto que se me encomendó es- Cerca, la fragata «Ariadne», de bre el negro y fino casco —de líma nacionalidad y a los ameri- i ra del Canal de Suez —el 16 de tudiar, la adquisición de tres bu- la Marina alemana, lucía su es- nea preciosa y precisa— los pacanos matriculados en Balti- noviembre de 1869— acortó las ques de vela con objeto de em- belta arboladura y, entre los pa- los, masteleros y mastelerillos se derrotas de los vapores, factor plearlos en dar instrucción a los los trinquete y mayor, en cande- proyectaban sobre la ciudad mamore. Las estelas gloriosas que de- que acentuó la decadencia de los Guardias Marinas y a otras cla- lero se alzaban dos chimeneas rinera que, por vez primera, acojaron los «clippers» continúan veleros y, si algunos quedaron en ses del vasto personal de nues- que dejaban escapar dos leves gía al antiguo «clipper» de Auspenachos de humo. Había llega- tralia y la China. —lo harán siempre— abiertas en la mar —años más tarde se inten- tra Armada». do dos días antes y, al mando del los corazones de los marinos y sificó la navegación a vela con En los siguientes días, cerca La «Carrick Castle» había comandante Claussen von Finck, poetas. Blanca la estela, blancas nuevas construcciones— ya el las velas, el recuerdo de aquellas canto del cisne había sonado para sido adquirida por el Gobier- venía de Kiel y Darmouth con fondearon numerosos vapores de no español para traer desde In- guardiamarinas de la Escuela todo tipo y tonelaje —eran los singladuras maravillosas —de ellos. Los «clippers», diseñados y glaterra el material adquirido Naval de su país en viaje de prác- buenos tiempos del puerto aquellos barcos pletóricos de arcarbonero— y, entre ellos, desmonía y gracia marinera— no construidos para poca carga y para la defensa submarina de ticas. Casi a la sombra del castillo de tacó el trasatlántico «Miguel podrá borrarse mientras la belle- buena marcha, quedaron en las bases navales. Costó menos za impresione los sentidos. puerto por falta de flete y, con los la compra que el flete que se San Pedro, se encontraba fondea- Martínez de Pinillos» que, al Con los «clippers» nació toda masteleros y mastelerillos cala- pedía por el transporte y, tras do —nuevo, flamante— el cruce- mando del capitán Abrisqueta, se una época nueva en la historia de dos, el «Carrick Castle» espe- el viaje, el velero —ya con el ro «Isla de Cuba», uno de los dirigía a La Habana que aún era la navegación y, si el «Carrick ró el desguace que, por fortuna, nombre de «Nautilus» y bande- más modernos buques de la Ar- española; el mixto alemán «Erna Castle» no ganó la fama de aque- no llegó. En su obra «Viaje de ra española— quedó amarrado mada española. Gemelo del «Isla Woermann», el trasatlántico inllos otros que compitieron ven- circunnavegación de la corbeta en Cádiz hasta que, gracias a los de Luzón» había sido botado glés «Tainui» —que luego fue es-

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La primera escala tinerfeña de la corbeta «Nautilus»

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pañol bajo la contraseña de la Trasatlántica— y, con los «Desterro», «P&mpa», «Matabele» y «Nubian», dos pequeñas goletas con toda la aventura en sus velas: una, la francesa «Hirondelle», se dirigía a la Guayana y, la otra, la inglesa «Alerte», iba arrumbada —vía Ciudad del Cabo-— a Sydney. La tripulación completa de la corbeta «Nautilus» estaba compuesta por 209 hombres y, ya el día 22, comenzó a arranchar a son de mar para —en las primeras horas del día siguiente— hacerse de nuevo a la vela. Al amanecer del día 23, por el Sur recaló el vapor alemán «Valparaíso», de la Hamburg Sudamerikanische con pasajeros y carga general en tránsito, venía de Buenos Aires y escalas para, tras rellenar carboneras y hacer la aguada, seguir a Rotterdam y Hamburgo. El «Valparaíso» — que con bandera chilena y rebautizado «Don Matías» se hundió por colisión en julio de 1908— cayó a una banda para dar paso franco a la «Nautilus» que, poco a poco, iba largando trapo y ganando arrancada. Mientras, tras Punta Anaga apareció el vapor francés «Les Vosges» y, por el Sur, en la raya lejana del horizonte se alzaba la negra y espesa columna de humo que anunciaba la próxima arribada del «Pernambuco». Este era otro vapor mixto de la Hamburg Sudamerikanische —de 2.027 toneladas y capacidad para unos 300 pasajeros— que, en 1894, pasó a la Woermann con el nombre de «Kurt Woermann» y, tras un par de escalas en nuestro puerto, naufragó por varada en Costa del Oro. Frente a Santa Cruz, con todo el trapo largo y enmarcada por los «Valparaíso», «Les Vosges» y «Pernambuco», la «Nautilus» ofrecía su estampa fina y marinera mientras, con su tajamar, rompía la tierna corteza del Atlántico, toda la mar larga y tendida que le llegaba desde lo hondo del océano. En el antiguo documento gráfico que ilustra estas líneas, la «Nautilus» ofrecía su estampa fina y marinera mientras, con su tajamar, rompía la tierna corteza del Atlántico, toda la mar larga y tendida que le llegaba desde lo hondo del océano. En el antiguo documento gráfico que ilustra estas líneas, la «Nautilus» fondea frente a Santa Cruz, frente a la antigua carretera de San Andrés y la parte alta de la calle de la Marina. Arriba, las antiguas casonas — las de la Casa África, almacenes de la Compañía Escandinava, las casas de las familias Clavijo y Pisaca, etc.— y, en primer término, el remolcador «General Antequera» que, justo por su proa, tiene la estampa graciosa del «Águila de Oro» con su aparejo de goleta y la chimenea de su máquina auxiliar. Con la antigua gracia y donaire de la ciudad marinera, las estampas de los barcos que, con sus siluetas sencillas y la blancura de sus velas, eran el regalo diario —buen regalo— que, día a día, la mar ofrecía a Santa Cruz.

Juan A. Padrón Albornoz

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LA PRIMERA ESCALA TINERFEÑA DE LA CORBETA NAUTILUS  

Artículo de Juan Antonio Padrón Albornoz, periódico El Día, sección "Santa Cruz de ayer y hoy", 1988/02/07