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LA CALLE

EL DÍA, martes 24 de abril de 1979

Temas isleños Junto a la fotografía que ilustra estas líneas, una relación —breve— sobre el Puerto de la Cruz en 1910. Aquí, blanca y con rojez de tejas, la ciudad que hace sesenta y nueve años tenía 1.580 edificios —822 de ellos en el casco y los restantes en los barrios y caseríos—y, en total; 6.102 habitantes. Aquí, la ciudad que fue, la que hoy ocupa un muy destacado lugar en el amplio concierto del turismo nacional e internacional. Y, dice la breve relación:«Corresponde al partido judicial de La Orotava, diócesis de Canarias, y está situada en la costa septentrional de la isla de Tenerife, al NO, de la cabecera del partido, a la cual sirve de puerto, que en otro tiempo fue el más importante de la isla, cerca del Valle de La Orotava, Terreno pedregoso y volcánico: produce principalmente plátanos, tomates, patatas y vinos. Telégrafo, teléfono, giro postal; consulados de los Estados Unidos, Inglaterra y Venezuela; estación marítima de primera clase; aguas mineromedicinales del balneario «Thermal Palace» y procedentes del manantial de San Teimo. En la imagen, aquel Puerto de la Cruz al que, desde Liverpool, llegaban los vapores de la Yeoward Bros para, fondeados a la gira, embarcar los huacales de plátanos que les llegaban en los fuertes, bien construidos botes caleteros, aquellos que, a lentas paladas —a boga reposada— servían perfectamente un tráfico esencial para la agricultura del Norte tinerfeño. Y sigue la relación que, sin duda, está llena de interés por cuanto sirve de comparación con la realidad actual; «Alumbrado eléctrico, servicio de automóviles a Tacoronte e Icod; escuelas nacionales; colegios particulares para niños y niñas; teatro, cinematógrafo y varios salones; diversos hoteles, como el Gran Hotel Taoro, el Marquesa, el Martiánez y el Monopol; hospital;

La antigua ciudad marinera

El Puerto de la Cruz, ciudad tendida en la playa y frente al Atlántico isleño sociedades recreativas: Antiguo Casino, Casino del Puerto, Casino La Nueva Unión y Círculo de Iriarte». El antiguo Puerto de La Orotava, el actual Puerto de la Cruz cosmopolita, entonces tenía la mar —«su» mar— pintada de barcos fruteros, de goletas y balandras del

cabotaje insular y, hace poco más de medio siglo, allí lució la estampa magnífica del «Cap Polonio». Fue escala memorable en la que, al mando del capitán Ernest Rolin, el «liner» alemán —con la contraseña de la Hamburg-Sudamerikanische a tope— dio fondo en aquellas aguas a las órdenes del entonces práctico, el capitán Brunetto, uno

de aquellos magníficos marinos tinerfeños que se formaron en la buena y difícil escuela de la navegación a vela. Aquí, el Puerto de la Cruz que, dice la relación citada, entonces tenía «importante exportación de calados y de fruta a los países del Norte. Iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Peña y que tuvo su origen en una ermita levantada en 1603. La población es notable por su jardín Botánico de aclimatación de plantas exóticas, encontrándose en él vegetales propios de todas las partes del mundo. Sus principales plazas son las de la Iglesia y de la Constitución». El Puerto de la Cruz de los grandes hoteles y avenidas, el hoy del turismo nacional e internacional, tenía —según la citada relación— 298 habitantes en Las Arenas y 60 en Punta Brava; San Antonio figura en ella con 192 y, La Paz, con 43. Hoy, con la ciudad en auge, un reflejo de aquella —pequeña, envuelta en la capa del silencio y la tranquilidad— que primero alzó el estandarte del turismo y, en épocas anteriores, con Garachico fue puerto y puerta de la isla toda. La vieja ciudad marinera tiene ecos de la época de los veleros y, también, de los empenachados vapores que por ella recalaban. Conserva la bélica estampa del castillo de San Felipe que, frente a la mar alta y libre —casi a la sombra de las nuevas y altas edificaciones— pone aires de antaño en la ciudad de hoy. Ciudad de ayer y de hoy —ciudad de siempre— el Puerto de la Cruz se nos aparece en la imagen tendido sobre la playa y frente a la mar que entonces era camino sin linderos para los barcos que por allí recalaban, para los que eran vehículos de su importante comercio y, al propio tiempo, de aquel turismo que hoy llega por las rutas del aire.— J.A. Padrón Albornoz.

Las lechugas y las razones de don Domingo Cruz Díaz Don Domingo Cruz Díaz, que vive en Los Campitos, lugar de residencia que «le va» enormemente, porque es un enamorado del campo —no sé si vive allí porque le gusta el campo o le gusta el campo porque vive allí—, me escribe a propósito de un tema abordado en una de mis pequeñas crónicas. Se refería mi intrascendental trabajo a una estampa bucólica que ofrecía a los lectores y en la que se veía a un pastor cuidando a su rebaño de ovejas, en las inmediaciones de la carretera de La Esperanza, cerca de lo que se llamó siempre el Rodeo Alto. Y me preguntaba yo hasta cuándo podremos tener oportunidad de contemplar, aunque sea de vez en vez, estampas como la señalada; que le unen a uno más a la tierra y son capaces de llevarle la serenidad al espíritu. — Estampas como esa —dice don Domingo Cruz Díaz— se veían, hace unos 60 años, a montones, cuando la gente no tenía que hacer pluriempleo para poder pagar el coche, la nevera o la televisión. Y añade: — No sé si el ovejero de la estampa habrá muerto, pero de lo que sí estoy seguro, es de que sus hijos lo menos que hacen es cuidar ovejas. Tengo la seguridad de que estarán de camareros en los hoteles del Puerto de la Cruz o que habrán estudiado la carrera de profesores de Educación General Básica y estarán ahora de secretarios en alguna Central Sindical. Don Domingo Cruz, que une a su innegable sentido del humor, una veta de sen-

Lea JORNADA

timentalismo y de amor a la tierra que le vio nacer, expresa más adelante:

mero; como aquel viejo jardinero de los hermanos Alvarez Quintero cuidaba su rosal. Y el que entrega lo — Creo que a esos hom- que tan amorosamente ha bres es a los que se debió le- cuidado, no soborna, sino vantar un monumento en que rinde un sincero y eloalguna ocasión, pues fueron giable tributo a la amistad. unos auténticos esclavos de — Se habla mucho —signe su trabajo. Día y noche y. diciendo el señor Cruz domingos y fiestas, al'pie de Díaz— de fomentar la ganasu ganado. Hoy, los albañi- dería, y yo me pregunto: ¿Y les, carpinteros, mecánicos quién es el que le va a echar y demás trabajadores ma- de comer a ese ganado? Dinuales, apenas termina el cen también de plantar hiviernes, ya se están prepa- gueras, y vuelvo a pregunrando para irse de vacacio- tar: ¿Y quién es el que va a nes a la playa o al monte. Y coger los higos? Porque de aquel ovejero, sí, también las pocas higueras qué queiba de excursión al monte, dan en Los Campitos, se pero a buscar zarzas y helé- caen al suelo y no,hay nadie chos para echarles a las que vaya a recogerlos. No ovejas en los años de escaEh la fotografía puede verse perfectamente cómo las urbanizaciones turísticas están cabe duda de que desde la sez. empleando una táctica de penetración en el Valle de La Orotava, cuyo verdor y granmesa de un despacho se ven Seguidamente mi comu- las cosas de color de rosa, deza, al contemplarlo, fue motivo de que Alexander Humboldt se arrodillara para dar nicante agrega: gracias a Dios.— (Foto Mujica) pero no es lo mismo escribir — Por otra parte, es lógico u ordenar que cavar. que estas estampas vayan Y termina diciendo mi fueran capitanes, y luego no en el fondo de sus razona- morir las más importantes desapareciendo, porque el agricultor amigo: hubiera quien tirara la ama- mientos, que irónicamente de nuestras parcelas agrícotrabajo del campo es muy — Lo que pasa es que to- rra a tierra. exagera, hay indudable- las, como ese Valle de La duro y la juventud le huye, dos nos hemos empeñado en No voy a darle toda la ra- mente una veta de verdad. Orotava, donde las edificay hay que decir que muchos ser arquitectos, médicos o zón a don Domingo Cruz, Cada día nos estamos vol- ciones turísticas están realijóvenes de hoy casi nacen ingenieros y vivir a lo gran- por mucha lechuga que me viendo más de espaldas al zando una táctica de peneya fumando grifa. Sin em- de, y eso no puede ser. Es pudiera traído, que campo, atraídos por la vida tración verdaderamente bargo, si seguimos así y des- como si en un barco todos tampoco haber ha sido tanta, pero holgada y fácil, y dejando alarmante.— Hugo Masan di. cuidamos nuestra tierra, que es la que debe suministrarnos nuestros alimentos esenciales o básicos, llegará el día en que no tendremos más remedio que volver a ella. Y verá usted a muchos señoritos de hoy plantando papas con sus guantes puestos y empuñando la azada. Que también sería una estampa r.econfortable y bucólica, como dice usted. Debo decir que no es la primera vez que don Domingo Cruz Díaz se comunica conmigo y que en más de una ocasión me ha expuesto sus teorías sobre el estado agonizante del agro canario. Tampoco es la primera vez que me trae unas lechugas y unos rábanos, lo que no puede interpretarse en modo alguno como soborno, puesto que, en primer lugar, no tiene porqué sobornarme, y en segundo término, porque lo que me ha traído no ha sido LOS AGRACIADOS DE ¿ES USTED?,— Así de felices y sonrientes estaban estos dos muchachos, colaboradores de la Cn-


LA ANTIGUA CIUDAD MARINERA