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las firmas del 7° PÍA Temas isleños

Del candray al bermeano H

ACE unos años, fueron Wain —productos de los talleres novedad en aguas de de la misma empresa— alcanSanta Cruz de Teneri- zan 11 nudos de media régife las flotillas de bermeanos men normal. Parte del equipo que, rumbo a las costas del Se- auxiliar ha sido construido por negal, iban a la zafra anual del Azcue y, normamiente, cada atún. barco lleva una tripulación de En el Muelle Sur, casi a la 16 hombres. sombra de la farola, los berEstos dos bermeanos de casmeanos de casco arrufado y co de acero señalan un nuevo valiente —todos pintados de hito en el desarrollo de la pesca alegres colores— quedaban en el puerto de Santa Cruz de abarloados mientras hacían Tenerife, donde tal industria consumo y la aguada y, al pro- comenzó casi con la conquista pio tiempo, para muchos pa- y población. seantes mostraban en los tan«La pesca en Santa Cruz —diques el cebo vivo, la parrocha ce Poggi y Borsotto en su céleesencial para sus capturas. bre guía de nuestra ciudad— esEn pocos, muy pocos años, tá reducida a alimentar el conlos bermeanos se impusieron sumo de pescado fresco que haen Canarias y, conservando lí- cen los habitantes de esta poneas y alegres colores, aún po- blación; y cuando la cosecha es nen su buen navegar, su buen demasiado abundante, como hacer en las faenas de la pesca. sucede con alguna frecuencia y Pero un nuevo hito ha quedado muy principalmente respecto señalado desde que, el pasado del pescado que aquí conocemiércoles, en la Dársena Pes- mos con los nombres de sardiquera fueron entregados los na, chicharro, boga y caballa, Gara y Jonay, primeros ber- que a veces arriban en considemeanos con casco de acero que rables cardumes, se exporta lucen la matrícula tinerfeña. para la vecina Ciudad de La Los Gara y Jonay, de 120 to- Laguna; pues este importantísineladas de registro bruto y mo ramo de industria no se ha 27,95 metros de eslora, fueron explotado convenientemente». construidos en Bermeo por Esto ocurría allá por 1880, Construcciones Echevarría y, fecha en que Santa Cruz era con motores Burmeister and base de «sesenta y ocho barqui-

llas dedicadas a la pesca, de construcción particular, cuyo verdadero nombre es candray, que son unos barcos finos, ligeros, de dos proas arrufadas, las cuales proas están cubiertas en la misma forma que los castilletes de los barcos de travesía, a las que los pescadores llaman leites, y se emplean en esta pesca 300 hombres». Estas embarcaciones, todas de bajura, utilizaban diversos artes —desde la caña hasta la red— en sus faenas que, por la noche, se hacían a la luz de antorchas de madera de tea. Allá por 1772, Bartolomé Antonio Montañez y Matías Rodríguez Carta iniciaron —en el edificio que aún se alza en la costa y que años más tarde fue lazareto— una industria de salazón de pescado. Luego hubo otro intento, en 1838, que con las goletas «Teide» y «Tinerfe» inició —sin éxito posterior-^- la pesca de altura. Posteriormente vinieron años mejores y, hasta después de la segunda guerra mundial, una flotilla de goletas y balandras navegaban desde las Islas al «vivero» y al «salpreso». Hoy, a la vista de los bermeanos, el recuerdo de los veleros que faenaban frente al gran silencio de

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África, aquellas goletas de palos y masteleros de mucha guinda, amigas del sol, del agudo sol sahariano. Vino luego la etapa de los arrastreros —Luis Pozuelo, Remy-Mac, los dos Caperochipis, etc.— y, desaparecidos los veleros, se inició la de los «neveros» que, pequeños y valientes en la mar, fueron cediendo ante nuevas unidades de más capacidad y tonelaje. Y, por fin, llegaron los bermeanos que, primero en tránsito, luego con Santa Cruz como base, aquí se nos han quedado para siempre. Primero de madera, ahora de acero, conservan la estampa graciosa y marinera de sus antecesores, si bien adaptados a las condiciones de las zonas donde han de faenar. En el Atlántico isleño, dos bermeanos de Echevarría —puros bermeanos— con el respaldo de la industria naval del Norte peninsular tan ligada a Tenerife. Los Gara y Jonay, matriculados en Santa Cruz, escribirán, sin duda, nuevo capítulo en la historia de la pesca en Canarias.

Juan A. Padrón Albornoz


DEL CANDRAY AL BERMEANO