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«Hautacuperche, pastor y caudillo gomero» Indiscutible artífice de la libertad de su pueblo L pastoreo lleva aparejado en su quehacer la trashumancia, porque pastar supone el cambio de dehesas del ganado, y por consiguiente, atravesar campos, valles, montes y montañas a la búsqueda del silvestre alimento de esos protagonistas herbívoros, labor ésta que da un conocimiento exhaustivo de no sólo los parajes más recónditos, sino de la propia geografía y orografía del lugar del pastoreo, difícil y abnegado quehacer, desafiador a veces del frío, la lluvia y el calor, otras, de los peligros y acechanzas de la orografía del terreno, y las más, del esfuerzo crudo y duro que el pastoreo supone... Hautacuperche, pastorcillo gomero y trashumante, corno tantos otros, fue conocedor de toda la geografía de su tierra al frente de su «pacífico ejército y legión —es de suponer— ovina, que por los campos gomeros, por las degolladas y fondos de los barrancos, por el mismo borde de los roques y los precipicios, dentro del mismo monte y los bosques, llevaba a su ganado a degustar la silvestre y perfumada flora, riquísima y golosa para esos herbívoros personajes de mirada triste: la oveja... No poseía este joven mancebo árbol genealógico, entroncado en estirpes --de noblezas, ni apellidos aristocráticos, aunque más tarde, por su arrojo y valentía, su apellido aborigen tomara caracteres y personalidad aristócrata dentro de los histórico-heroico. No estaba integrado tampoco dentro de la sociedad —esa comunidad de humanos (?)— de la que muchos presumen, pero a la que muy pocos prestigian. Hautacuperche, «el dichoso» como históricamente se le conoce, era un sencillo pastor, que por sencillo pasaba desapercibido —como le ocurre a los genios—, pero que encerraba y poseía unas cualidades extraordinarias y nobles a la vez: la obediencia y la honradez, y el amor a su tierra y a los suyos. Su morada era ordinariamente la inhóspita caverna ancestral —que no los palacios— o el follaje y ramaje de los montes y bosques; desconocedor de las regias y aristocráticas mansiones —morada de la nobleza—; de sus techumbres de ricos artesonados y de las descomunales arañas que iluminaban y pendían de esos artesonados, no. Hautacuperche sólo conoció el artesonado bordado y tachonado de estrellas y el titilar de éstas en su trashumancia y descanso nocturno; no conoció tampoco amistades aristócratas de influencia en los círculos de la nobleza de aquel entonas, no. Sus amistades fueron su rebaño, sus compañeros, sus paisanos, el amor a su tierra y a los suyos, y de manera extraordinaria a ese rebaño suyo, al que quería con locura, prodigándole sus mejores desvelos, y a su «perro pastor», acaso su más fiel amigo y confidente, en su quehacer pastoril. Conocedor indiscutible de las mejores zonas de pastos y de menos peligro para su rebaño; auténtico profesional en el uso del astia, que ayudábale a la dura tarea del pastoreo, y gracias a la cual, acudía veloz ¡n ayuda y socorro de cualquier cabeza de su rebaño; asiduo consumidor —por exigencia de su oficio— de los frutos silvestres de los campos gomeros donde pastaba su rebaño, que otras, del lactoso y abundante líquido de sus ubres y derivados, o de la carne de algún ave, a la que cazaba por habilidad y destreza, o por sorpresa; profesional asimismo del lenuaje musical del silbo, con el que contactaba con sus compañeros o convecinos, cuando la

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En el antiguo desembarcadero de «los platillos», las embarcaciones con los marinos que, francos de servicio, venían a tierra. Con ellas las de los del servicio portuario y pesca de bajura

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Santa Cruz de ayer y de hoy

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De cuando, hace 81 años, arribó la Escuadra española ACE unos días, en el Muelle Sur lucieron sus estampas grises y estilizadas los buques que integran el Grupo Aeronaval de la Marina de Guerra española. Con el «Dédalo» —insignia del contralmirante Benítez Carrasco— las corbetas «Infanta Cristina» y «Cazadora» atracaron donde, días antes, lo hicieron los destructores «Marqués de la Ensenada» y «Gravina» y las fragatas «Baleares» y «Cataluña». Santa Cruz de Tenerife, puerto tan ligado a la Armada, hace ahora 81 años que recibió en sus aguas la primera visita de una gran fuerza naval de nuestra Armada. En los anales del puerto, nombres y más nombres —«Numancia», «Berenguela», «Tornado», «Isla de Cuba», «Infanta Isabel», etc.— que ya son historia y siempre se evocan empenachados de humo y envueltos en lonas blancas y repletas de brisa marine-

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En enero de 1905, don Eduardo Cobián y Roffigman fue nombrado ministro de Marina en sustitución de don Marcelo Azcárraga y Palmero y, para febrero, se programó visitase CanaricS una agrupación naval compuesta por lo mejor que entonces estaba a flote y, para más adelante, un nuevo programa de construcciones para la Marina; éste, que sustituiría al de Sánchez de Toca, comprendía la construcción de ocho acorazados de 14.000 toneladas y una serie de torpederos y submarinos. El 5 de febrero de 1905, el puerto ofrecía —al amanecer— su diario regalo de barcos a Santa Cruz. Fondeado frente al antiguo castillo de San Pedro, el cañonero «Doña María de Molina» que, al mando del teniente de navio Manuel Calderón, el día anterior había llegado procedente de Cabo Juby. En el corto Muelle Sur operaban los vapores ingleses «Naranja» y «Congo»; este último, de la Eider Dempster inglesa, había sido fletado para, como correíllo, reforzar las líneas interinsulares y, al mando del capitán Morris, había llegado procedente del Puerto de Tazacorte y escalas con pasajeros y carga.

Rumbo al Sur se alejaba otro «paquete» de la citada Elders Dempster, el «Teneriffe», que, el día anterior había llegado de Liverpool y, tras descargar y hacer consumo, zarpaba rumbo a Dakar y su amplio itinerario por los puertos occidentales de África. De vuelta encontrada se cruzó con los «Golden Eagle» —luego el tan recordado «Águila de Oro»-, «Machrie» y «Tenerife», todos fruteros del cabotaje, mientras que otros dos, los «Ajaxx» y «Gavilán», doblaban Punta Anaga procedentes de Garachico y Puerto de la Cruz. Poco a poco, la negra humareda que se alzaba en la raya lejana del horizonte se cambió por las estampas marineras de los buques de guerra españoles que, en línea de fila, cayeron luego a estribor y quedaron navegando en franca demanda de la zona asignada para fondear. Con férreo estrépito de cadenas primero lo hizo el acorazado «Pelayo» —en el cual izaba su insignia el almirante Lazaya y venía al mando del capitán de navio Enrique Barrena Ruiz— y, tras él, el crucero «Carlos V», mandado por el capitán de navio Antonio Llopis. Posteriormente fondearon los cruceros «Cardenal Cisneros», «Princesa de Asturias» —capitán de navio Bouyón—, «Río de la Plata», capitán de p fragata Menacho, y «Extremadura», al mando del también capitán de fragata Estrada. Aproados al tiempo reinante, los buques zallaron los tangones y, pronto, a ellos se amarraron los botes y falúas de vapor que se habían arriado al tiempo que se daban los toldos. Intercambio de visitas —botes a boga arrancada y falúas con leves penachos de humo y vapor— y, con la llegada del vapor «Wennington Hall» con carga de carbón para las gabarras y almacenes de Hamilton y Compañía, terminó aquel día histórico para Santa Cruz. Al día siguiente, procedente de Cádiz arribó el vapor correo «Hespérides» que, al mando del capitán Maestre, venía con pasajeros y carga. Atracó en el Muelle Sur —en el antiguo documento gráfico lanza al aire sus tres palos y contraseña de

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la Compañía de Navegación e hacía de correíllo pese a su Industria— para realizar opera- bandera y tripulación inglesa; ciones y hacer consumo y, por en esta ocasión, siempre al la noche, ser despachado para mando del capitán Morris, proLas Palmas —de donde regresa- cedía de Hermigua y escalas. ría a Santa Cruz- por la firma Ya en linea de fila, los buBrage, Marco y Cía. ques del almirante Lazaya puTras el «Hespérides», nume- sieron proa a Las Palmas y, de rosos vapores fondearon en la vuelta encontrada, se cruzaron dársena —«Oswestry Grange», con el viejo «León y Castillo» uno de los «blancas» o «cristos» que, al mando del capitán Ghide la Houlder; «Avon», «Thekla rino, venía de Arrecife, Puerto Bohlen», un «paquete alemán»; de Cabras y el citado puerto de «Santa Cruz», uno de los «tori- la capital grancanaria. Y allá ses» noruegos, etc.— y, si bien fueron los buques que, durante no se aprecian sus estampas unos días, hicieron historia marineras en la imagen, tam- —buena historia— en aguas de poco se captaron entonces las Santa Cruz dé Tenerife. de los buques de guerra, pero sí De ellos, el «Pelayo» había siel momento de la llegada de las do contratado cuando era miembarcaciones con los francos nistro ae Marina el almirante de servicio al antiguo desem- don Juan Bautista Antequera barcadero de «los platillos», el que, tinerfeño, bien supo dotar mismo que a partir de 1913 a la Armada española de un bumás se conoció por el de «la que que entonces, por la décamarquesina». da de los 80, era tan necesario. Durante los días que los bu- Estuvo a flote hasta 1925, año ques estuvieron en puerto —el en que se vendió para desguadía 15 aparejaron rumbo a Las zar en Holanda. El «Carlos V» Palmas— fueron varios los ac- tuvo la misma triste suerte en tos celebrados en su honor. 1931 —se le corrió soplete en la Compartieron fondeo con tra- ría bilbaína— y, por lo que ressatlánticos notables —«Sopho- pecta al «Cardenal Cisneros», el cles», uno de los «verdinos» de mismo año de'1905, concretala Aberdeen Line; el italiano mente el 28 de octubre, tocó los «Centro América»; «Gothic», un bajos de Meixidos, en la costa «mamaria de cuatro palos»; el gallega, y se hundió. alemán «Santos», el «Duca di El «Princesa de Asturias», Caliera», también italiano, gemelo del «Cardenal Cisneros» etc.— pero, el día 9, arribó el y el «Cataluña», fue dado de ba«León XIII», de la Trasatlántica ja en 1929 y, con el últimamenEspañola. Venía de Genova y te citado, vendido para desguaescalas con la cámara comple- zar en Bilbao. ta y, una vez hizo las operacioLos «Río de la Plata» y «Exnes de carboneo y la aguada, tremadura» se dieron de baja por la firma Viuda e Hijos de La allá por los primeros años 30 y, Roche, siguió a Buenos Aires al el «Doña María de Molina» mando del célebre capitán Des—que no figuraba en la fuerza champs, el hombre que, con el naval del almirante Lazaya, «Montserrat», en dos ocasiones pues estaba de apostadero en —una desde Santa Cruz de TeSanta Cruz— ya lo había sido nerife— burló el bloqueo que la unos años antes. Marina USA había impuesto En «los platillos», las faenas durante la guerra del 98 en de carga y descarga con los aguas de Cuba. pescantes —que así se denomiCuando los buques españoles naban las pequeñas grúas— y, comenzaron a zarpar, ya el por la proa del «Hespérides», la puerto de esta capital bien luTitán en su labor de dar mayor cía su estampa habitual, con línea de atraque al Muelle Sur. toda la mar pintada de barcos. Dos goletas por la popa del En fondeo, el «Medie» —otro de vapor correo y, más afuera, inlos grandes «mamarias de cuacompleta la visión de la mar tro palos»— hacía carbón y la con las estampas empenachaaguada antes de seguir el viaje das y los gualdrapazos de las que, iniciado en Melbourne, velas. terminaría en Londres. Tras él En primer término, a la somhabía llegado desde Sydney un bra breve de la farola felizmen«verdino», el «Nineveh» en esta te rescatada, las embarcacioocasión, y de Dunkerque para nes de los buques de guerra y, Buenos Aires, el «Amiral Ricon ellos, las de la pesca de bagault de Genouille», uno de los jura y las que, pintadas de ne«franceses blancos» —o de «las gro, estaban al servicio de las estrellas», si se prefiere— de la empresas carboneras con gabacentenaria Chargeurs Reunis. rras fondeadas frente a las Con ellos, el Teide», de la Forplayas y al redoso del corto wood inglesa, el «Tamesi» de la muelle que las abrigaba de los Maurel et Prom, naviera de tiempos del Sur. Marsella cuyos vapores —que Un buen y antiguo amigo me aún nos visitan— eran conociha traído la vieja tarjeta postal dos por «franceses de los manique, aquí reproducida, bien nos ses» dada que tal era, en elevadice de unos buques —los del aldo porcentaje, la carga que mirante Lazaya— que hace 81 abarrotaba sus bodegas para, años llegaron moliendo espuluego, obtener aceite vegetal. mas y rompiendo mares al ritCon los vapores del cabotaje mo de sus alternativas. Fueron, —«Golden Eagle», «Gavilán» y como los que nos visitaron hace «Tenerife»— el «paquete» inglés unos días —nos visitarán siem«Baúl ama» procedente de Dapre— la sal íntima de la vida kar y su compañero de contramarinera de Santa Cruz.— Juan seña «Congo» que, repetimos, A. Padrón Albornoz

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necesidad y el peligro lo exigían. Joven curtido por el sol y el aire, por la sequedad abrumadora del clima —unas vecesque otras, por el frío de las cumbres y los montes, desafiando a los elementos y el peligro, a los que no temía. Elegido como «el dichoso» y Caudillo libertador del pueblo gomero en esa asamblea de la Baja del Secreto, para llevar a cabo una misión trascendental dentro del atenazado vivir de su pueblo, a tenor del despotismo opresor del conde, porque en ese pastorcillo se conjugaban extraordinarias virtudes: humanidad, civismo, valor, arrojo etc. Las necesarias y precisas para quebrar el gánigo: asesinar al conde, porque en ello estaba enjuego la libertad y el vivir del pueblo gomero... Para los que conozcan la rebelde orografía gomera, la abismal profundidad de sus barrancos, y las verticales «bandas» de éstos, lo inaccesible de muchos parajes y Uigares: valles, degolladas, etc.; los ancestrales caminos y vericuetos que aún perviven; los que conozcan la demarcación que abarca la Degollada de Peraza hasta Vegaipala —escenario la primera— de la acción heroica, cívica y guerrera de este personaje en la Cueva de Guahedun, en que el camino discurre por el mismo borde de los precipicios abismales y profundidades; para los que presentes en esa cueva de abismal entorno y paraje, que a pesar de los siglos sigue conservando el sabor ancestral y heroico: la Degollada de Peraza, forzosamente tendrán que supervalorar la difícil, tremenda y heroica misión de Huatacuperche, que ni la oscuridad de la noche, ni el sobrecogedor silbido de la fría y he lada brisa nocturna —cual sarcástica carcajada brujera— como aquellas de la Laguna Grande donde las brujas (?) acudían a bailar; ni la peligrosidad del abismo en esa nocturnidad; ni el miedo a la muerte, diezmaron su ánimo para llevar a cabo la misión que se le encomendara, y de la que él era el único responsable, porque es sobrecogedor situarse en la Degollada de Peraza en la oscuridad de la noche, y rememorar «in situ» los hechos que a tenor de la historia allí sucedieron, intentando vivirlos, porque el nerviosismo y el miedo se apoderará de nosotros en esa soledad nocturna, tremendamente deprimente para el que no está acostumbrado. Sin embargo, Hautacuperche, conocedor, palmo a palmo, de toda la geografía y orografía gomera, jamás fue presa del miedo. Por ello estimo es de justicia, asomar a las columnas de EL DÍA a Hautacuperche y a su quehacer heroico —irrepetible ya- de este aborigen pastor gomero que desde la altura de la Degollada de Peraza levantó heroicamente el estandarte de la libertad de su pueblo, y como tal caudillo merece toda la gratitud y reconocimiento de los suyos, porque gratitud supone agradecimiento a un bienhechor, mientras el olvido, supone descuido, y lo que se descuida termina por perderse, y esa tierra no puede perder ni olvidar a un personaje que es protagonista de su propia historia y que parece haber caído en el descuido, porque si ocurriera en el olvido sería imperdonable... •

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Artículo de Juan Antonio Padrón Albornoz, periódico El Día, sección "Santa Cruz de ayer y hoy", 1986/03/02